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Full text of "Biblioteca del murciano o Ensayo de un diccionario biográfico y bibliográfico de la literatura en Murcia, formado, dispuesto y compilado por don José Pío Tejera y R. de Moncada"

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BIBLIOTECA  DEL  MURCIANO 


GARCÍA    ENCISO 
Imprenta  Helénica.— Pasaje  de  la  Alhambra,  3.— Madrid.— Telé;fono  18014 


BIBLIOTECA  DEL  MURCIANO 


O 


EflSlYO  IH  M  DiHiODÉ  MM  f 


DE  LA 

LITERATURA    EN    MURCIA 

FORMADO,  DISPUESTO  Y  COMPILADO 

POR 

.  DON  JOSÉ  Pío  TEJERA  Y  R.  DE  MONCADA 

OBRA   PREMIADA   POR    LA   BIBLl.OfECÁ    NACIONAL    EN   KL    COÍÍCURSO    PÚBLICO    DE    1896 
E   IMPRESA    A   EXPENSAS   DEL    ESTADO 

XOMO  II    .       ■  . 


MADRID* 
M  C  M  X  L  I 


7H7229 


y^ 


SECCIÓN  SEGUNDA 


ENSAYO  DE  UN  CATÁLOGO  DE  AUTORES  QUE  HAN  RESIDIDO  Y  FLORECIDO 
EN   EL  TERRITORIO   MURCIANO  DESDE  LOS   PRIMITIVOS  TIEMPOS  HASTA 

FINES  DEL  SIGLO  XVIII 


A 


Abad  (Pedro). 

Obispo  de  Cartagena.— De  él  escribe 
Pérez  Bayer  en  sus  notas  a  la  Bihlioihe- 
ca  Vetus: 

«Petrum  Abad  eiusdem  Sedis  (de  Car- 
tagena) Episcopum,  auctorem  Constitutio- 
num  editarum  in  Synodo  Carthaginen- 
si  Murciae  habita  XXVII.  Novembris 
MCCCXXXI.  In  eodem  códice  &  nume- 
ro.» (De  la  Biblioteca  Escurialense,  I.  ij.  9.) 

A  la  verdad,  ignoramos  si  este  Pedro 
Abad  citado  por  Bayer,  y  que  no  halla- 
mos en  ninguno  de  los  catálogos  de 
Obispos  de  Cartagena,  será  don  Pedro 
Barroso,  llamado  aquí  Abad  por  haber 
ejercido  el  Priorato  de  Santa  María  de 
Guadalupe;  o  si  tal  vez  sea  don  Pedro 
de  Peñaranda,  no  sabiendo,  como  no  sa- 
bemos, el  año  fijo  en  que  el  segundo 
sustituyó  al  primero  en  dicho  Obispado, 
y  constándonos  únicamente:  que  en  1330 
estaba  todavía  a  cargo  de  éste  el  báculo 
cartaginés,  y  que  en  1333,  empuñándo- 
lo aquél,  fundaba  en  su  Iglesia  Catedral 
una  Pía  memoria  de  misas  por  su  alma 
y  las  de  los  Reyes,  a  favor  de  su  sobri- 
no Ruiz  García  de  Peñaranda.  Creemos, 
sin  embargo,  que  el  tal  Abad  debe  ser 
uno  u  otro  de  estos  dos  Pedros,  y  más 
probablemente  el  segundo,  quien,  como 
es  sabido,  en  el  largo  espacio  de  más  de 
veinte  años  que  gobernó  la  sede  mur- 
ciana, tomóse  siempre  grande  interés 


por  las  cosas  de  su  Iglesia,  dotándola  de 
varias  Ordenanzas  para  su  gobierno  eco- 
nómico y  administrativo,  construyendo 
la  Catedral,  el  claustro  y  el  coro  sobre 
la  antigua  mezquita,  y  edificando  en  el 
campo  de  Lorca,  para  defensa  contra 
los  moros,  una  fortaleza  que,  por  su  ori- 
gen, fué  llamada  durante  mucho  tiem- 
po la  torre  del  obispo.  ¿Será,  acaso,  este 
Abad,  el  don  Pedro  de  Toledo  de  que 
nos  habla  Cáscales,  y  errata  de  ama- 
nuense la  fecha  del  códice? 

Véase  la  voz  Escritura  en  nuestra 
Sección  de  Manuscritos. 

Abdala  Abu  Mohamad  Aladel-Bila. 

Nobilísimo  jeque  africano  del  primer 
tercio  del  siglo  xiu;  descendiente  de  la 
egregia  familia  almohade  de  Abdelmu- 
men,  imperante  en  aquella  región;  hijo 
del  célebre  y  desdichado  Abu  Jacub  Al- 
manzor,  y  hermano,  por  consiguiente, 
del  no  menos  infeliz  Rey  de  Marruecos 
Abu  Jacub  Almostansir-Bila,  también 
conocido  con  el  nombre  de  Almanzor- 
Bila. 

Alzóse  primero  con  el  reino  de  Mur- 
cia, cuya  ciudad  ocupó  con  el  favor  de 
sus  numerosos  partidarios;  y  después, 
deponiendo  por  mediación  del  Senado, 
a  Abul  Melic  Abdel  Wahid,  con  el  im- 
perio de  Marruecos,  que  gozó  tres  años, 
ocho  meses  y  nueve  días,  o  sea  hasta  su 
muerte,  acaecida  alevosamente  en  el 


4  - 


año  624  de  la  Hégira,  o  sea  de  Jesucris- 
to 1227. 

Fué  varón  tan  sabio,  como  justiciero 
y  recto  Príncipe;  y  hallárnoslo  incluido 
en  el  Códice  de  la  Biblioteca  Arábigo- 
Hispana  Escurialense,  número  1772,  en 
concepto  de  muzlim  famoso,  así  por  la 
integridad  de  sus  costumbres  como  por 
su  literatura.— Mor U7n  Ule  integritate, 
ac  litteris  ornatus  fuisse  traditur. 

Nada,  sin  embargo,  nos  dicen  de  'él 
nuestros  doctos  Cáscales  y  Lozano.  Pon- 
zoa,  estas  dos  palabras  solamente:  Se 
alsó  en  1238  (esto  es,  once  años  des- 
'  pues  de  muerto)  con  nombre  de  Rey  otro 
moro  llamado  Abdalla,  conocido  con  el 
ilustre  título  de  Alaled...  y  nada  más. 
Demos,  pues,  las  gracias,  si  algo  de  esto 
sabemos,  a  Casiri  y  a  Conde. 

Abdalla  Ben  Mohamad  Ben  Sahl  Al- 

DHARA. 

Sabio  e  ilustre  moro  natural  de  Gra- 
nada, y  residente  en  Murcia  durante  no 
escaso  tiempo,  a  lo  que  es  de  inferir. 
Floreció  en  el  segundo  tercio  del  si- 
glo xii;  fué  sumamente  instruido  en  el 
estudio  y  cultivo  de  las  matemáticas,  y 
mereció,  por  su  ilustración,  que  el  Rey 
de  la  España  Oriental,  que  a  la  sazón  lo 
era  Abu  Abdalla  Mohamad  Ben  Sad,  lo 
eligiese  para  maestro  de  su  hijo  (Abul 
Hegiag  Jusef  Ben  Sad,  sin  duda).  Mu- 
rió, en  fin,  en  la  referida  ciudad  de  Mur- 
cia en  15  de  Dilcadat  del  año  de  la 
Hégira  571,  «dejando  escritos  muchos 
esclarecidos  libros  de  ciencias  matemá- 
ticas». (Murciae— 6x0.0.  el  códice  de  Al- 
coáay —praeclaris  de  re  Mathematica 
libris  relictis,  obiit  die  15,  mensis  Dil- 
cadat, anno  Egirae  571). 

Nuestro  Lozano  no  dice  de  este  autor 

más  que  lo  siguiente:   «También  otro 

,  Abdalla  Ben  Mohamad  Ben  Sahl  Al- 

•  dhara,  gran  matemático,  quien  dejó  en 

'  Murcia  los  esclarecidos  libros  que  te- 


nía escritos  sobre  esta  ciencia,  y  fué 
sepultado  en  Murcia  por  el  año  1176.» 

Abdalla  Ben  Solimán  Aba  Mohamad. 

Conocido  también  con  el  nombre  de 
Ebn  Hanthalla.  Distinguido  caballero 
árabe,  natural  de  Granada,  y  residente 
en  Murcia  durante  algunos  años,  en 
cuya  ciudad,  así  como  en  las  de  Va- 
lencia, Játiva,  Almería  y  otras  estuvo, 
primeramente  como  viajero  estudioso, 
aprendiendo  muy  sabias  doctrinas  de 
los  claros  maestros  que  la  honraban,  y 
más  tarde  en  calidad  de  su  Gobernador, 
pasando  de  ella,  con  el  mismo  empleo, 
a  las  de  Ceuta  y  Mallorca;  y  hallando, 
en  fin,  el  término  de  sus  días  en  su  pa- 
tria, año  1215  de  Jesucristo,  o  sea  en  el 
de  612  de  la  Hégira,  feria  7  y  día  19  de 
Schaban. 

Hállase  incluido  en  la  Biblioteca  Ará- 
bigo-Hispana de  su  ilustre  paisano  Ben 
Alkhathib,  contenida  en  el  Códice  nú- 
mero 1668  de  la  Escurialense;  y  fué,  se- 
gún Casiri,  varón  elocuentísimo  y  am- 
pliamente dotado  de  singular  ingenio, 
erudición  e  inteligencia. 

Abdalla    Ben   Solimán    Abu    Mohamad 
Alansari. 

Conocido  también  con  el  mismo  nom- 
bre de  Ben  Hanthalla.  No  debe  confun- 
dirse, como  lo  hizo  Fuster  en  su  Biblio- 
teca Valenciana,  con  otro  moro  llama- 
do Mohamad  Ben-  Abdalla  Ben  Khalaf 
Alansari  (1),  de  que  en  otro  lugar  nos 
ocupamos,  por  más  que  uno  y  otro  se 
parezcan,  así  en  el  nombre  como  en  mu- 
chas circunstancias  de  su  vida. 

El  de  que  ahora  tratamos,  fué  nacido 
de  esclarecida  estirpe  en  Honda,  de  la 


(1)  Este  es  de  quien  se  ocupa  nuestro  Lozano  en  la  pági- 
na 244  de  la  Disertación  VII  de  su  Bastitania,  y  no  del 
Abdalla  Ben  Solimán,  como  dijo  Fuster  equivocadamente. 
El  primero,  según  veremos,  murió  en  Orihuela  el  día  pre- 
cisamente en  que  fué  entregada  Murcia  al  poder  de  San 
Fernando,  año  de  1242. 


—  5  — 


región  valenciana,  y  residió  por  algún 
tiempo  en  Murcia,  donde  ejerció,  como 
asimismo  en  Córdoba  y  Sevilla,  el  car- 
go de  Walí  o  Gobernador.  La  fecha  de 
su  nacimiento'  corresponde  al  año  de  la 
Hégira594  (1154  de  Jesucristo),  feria  4 
y  día  4  de  Rageb,  según  Alcoday,  o  en 
el  de  Schaban,  según  enmienda  Casi- 
ri  (1);  y  la  de  su  muerte,  en  Granada, 
al  de  612  de  la  Hégira  (1215  de  Jesucris- 
to), feria  5  y  día  4  de  Rabie  primera. 

Dejó  escritos  unos  Anales  Valencia- 
nos y  una  Biblioteca  Hispana;  obra  de 
grande  erudición  según  el  texto  del  Có- 
dice Escurialense  que  seguimos. 

Casiri:  tom.  2.°,  pág.  129.  =  Fuster. 
Tom.  1.°,  pág.  XIL 

Abdelazis  Ben  Muza  Ben  Nasir. 

Nacido  en  África:  descendiente  de  los 
antiguos  Califas  de  Damasco,  hijo  del 
célebre  Muza  Ben  Nasir,  primer  invasor 
de  nuestro  suelo,  y  él  mismo  conquista- 
dor de  las  provincias  de  Granada,  Má- 
laga y  Tadmir. 

No  se  no3  dice,  ni  sabemos  que  fuese 
literato.  Mas  por  hallarse  su  nombre 
unido  al  primer  monumento  arábigo 
que  conservamos,  referente  a  Murcia, 
y  ser  éste,  a  nuestro  entender,  de  no 
escasa  importancia,  no  hemos  podido 
resistir  a  la  tentación  de  asignarle  un 
lugar  en  los  presentes  Estudios. 

Dicho  documento,  como  habrá  podi- 
do comprenderse,  no  es  otro  que  el  Tra- 
tado de  Capitulación,  hecho  entre  el 
dicho  árabe  caudillo  y  nuestro  insigne 
Príncipe  Teodomiro  Ben  Gobdos  (2). 

Después  de  escritas  las  precedentes 
líneas,  leemos  la  verdadera  versión  del 
documento  árabe,  hecha  por  nuestro 
amigo  e  inteligente  arabista  don  Joa- 


(1)  «At  scrlbendum  Schabanl,  In  cujus  dlem  4  Incldlt  fe- 
ria 4,  Caeterum  dies  4  Regebi  est  feria  2  non  autem  4  est 
mendosus  habet  Codicis  locus.» 

(2)  Cf.  las  versiones  hechas  por  Casiri  y  por  Conde. 


quín  Báguena,  y  publicada  en  el  núme- 
ro 1075  del  periódico  murciano  Las  Pro- 
vincias de  Levante.  Hela  aquí: 

cEn  el  nombre  de  Allah,  el  Clemente,  el 
Misericordioso.  ¡Escritura  de  Abd  el-Azis 
ben  Muza  ben  Noseir  para  Todmir  ben 
Gobdos,  por  la  cual  conviene  en  la  paz. 
Sea  esta  escritura  estipulación  de  Allah 
sobre  él!  ¡Salud!— No  hará  violencia  (Abd- 
el-Azis)  contra  él  (Teodomiro)  ni  contra 
ninguno  de  los  suyos,  ni  contra  los  que  le 
sucedan;  no  será  despojado  de  su  reino; 
no  serán  muertos  ni  cautivados;  no  serán 
separados  de  sus  hijos  ni  de  sus  mujeres; 
no  serán  violentados  en  su  religión;  no 
serán  destruidas  por  el  fuego  sus  iglesias; 
no  serán  despojados  de  sus  bienes  por  no 
convertirse  (al  Islam)  y  permanecer  ínte- 
gros. Ofrece  aquel  con  quien  estipulamos 
cumplir  religiosamente  este  pacto,  y  que 
será  cumplido  en  las  siete  ciudades  de 
Aurariola,  Valentila,  Alicante,  Muía,  Bu- 
quésaro,  Gio  y  Zorca;  que  no  dará  acogida 
a  nuestros  enemigos;  no  moverá  guerra  a 
nosotros;  no  ocultará  noticia  del  enemigo 
de  que  tenga  conocimiento;  que  él  y  cada 
uno  de  los  suyos  pagarán  un  diñar  cada 
año,  cuatro  almudes  de  trigo,  cuatro  de 
cebada,  cuatro  cántaras  de  vino  añejo, 
cuatro  de  vinagre,  una  de  miel  y  una  de 
aceite.  El  siervo  pagará  la  mitad  de  esto. 
Atestiguan  de  la  verdad  de  esta  estipula- 
ción: Otsman  ben  Abi  Abdah  el  Coreixi- 
ta.— Habib  ben  Obaidah...  ben  Maisara  el 
Fahraita.— Abu  Caim  el  Hadzalita.— Fué 
escrito  este  convenio  en  la  luna  de  Racheb 
del  año  94  de  la  Hégira.» 

Abdelrahman   Ben  Mohamad  Abul- 

CASSEM. 

También  llamado  Ben  Hobaisch.  Eru- 
dito y  distinguido  moro  originario  del 
reino  de  Valencia,  y  nacido,  de  cla- 
ra estirpe,  en  Almería  a  15  de  Rageb 
del  año  504  de  la  Hégira.  Hizo  en  Cór- 
doba, en  brevísimo  tiempo,  sus  estu- 
dios, terminados  los  cuales  volvióse  a 
su  patria;  y  habiendo  sido  ésta  debela- 
da por  las  cristianas  huestes  de  Alfon- 
so VII  (1147),  trasladó  su  domicilio  a 
Murcia,  donde,  residiendo  quizás  hasta 


—  6 


su  muerte,  enseñó  públicamente,  por  el 
espacio  de  diez  años,  las  artes  de  la  elo- 
cuencia y  la  filosofía,  en  el  Real  Cole- 
gio o  principal  Academia  de  dicha  ciu- 
dad. Fué  también  sumamente  versado 
en  los  estudios  genealógicos  y  en  el  co- 
nocimiento de  antigüedades  arábigas, 
logrando  extender  de  tal  manera  la 
fama  de  su  erudición  en  estas  y  otras 
materias,  que,  según  Casiri,  llegó  a  ser 
consultado,  y  aun  tenido  como  un  orácu- 
lo, por  muchos  doctores  de  su  tiempo, 
asiáticos  y  africanos. 

Llegado,  en  fin,  a  la  edad  octogena- 
ria, halló  el  término  de  sus  días  en  la 
misma  ciudad  de  Murcia,  en  la  feria  4 
y  día  14  de  Safar  del  año  de  la  Hégi- 
ra  584,  o  sea  en  el  de  1188  de  Jesucristo, 
siendo  sepultado  fuera  de  la  puerta  lla- 
mada de  Ben  Ahmadi  (1),  y  dejando  es- 
critas varias  excelentes  obras,  entre 
ellas  una  muy  erudita  sobre  heráldica, 
con  el  título  De  Nominihus  Gentilitiis 
Familiarum  Hispanarum,  y  otra  sobre 
el  arte  militar  titulada  De  Disciplina 
Militari,  distribuida  en  muchos  tomos. 
Plures  in  tomos  distributum. 

Hasta  aquí  el  Códice  Escurialense  de 
Alcoday,  cuyo  texto  debe  bastar  a  nues- 
tro propósito.  Sin  embargo,  no  podemos 
resistir  al  deseo  de  trasladar  aquí  la  re- 
lación que  el  autor  de  la  Bastitania  y 
Contestania  trae  a  propósito  del  nom- 
bre del  sitio  que  dio  sepultura  a  nuestro 
sabio  Abdelrahman,  así  por  parecemos 
ello  cosa  curiosa,  cuanto  por  hallarse 
allí  incluidos  los  nombres  de  algunos 
ilustres  moros  murcianos.  Dicho  pasaje 
es  como  sigue: 

«...  No  representando  esta  denomina- 
ción de  Puerta  Murciana  sino  ser  la  del 
hijo  de  Ahmad,  corresponde  inquirir  so- 
bre el  moro  ilustre  que  le  transfirió  su 
nombre.  Hallo  entre  los  que  pisaron  esta 


(1)  Según  nuestro  Ponzoa,  era  la  situada  en  tiempo  de 
los  árabes  al  final  de  la  calle  de  la  Trapería  próximamente, 
y  la  misma  que  después  se  llamó  Puerta  del  Mercado. 


comarca  o  nacieron  en  sus  inmediaciones, 
esto  es  en  Balzus,  cerca  de  Almería,  un 
Musa  Ben  Ahmad,  otro  Ahmad,  hijo  de 
Murcia,  y  vulgarmente  dicho  Ben  Scha- 
tib  (1),  de  raza  ilustre,  orador  insigne, 
Poeta  incomparable,  Médico  de  profesión, 
Escritor  clarísimo.  Sus  obras  fueron  poe- 
sías varias,  descripciones  retóricas  y  una 
oficina  aromataria.  Nació  el  382  de  la  Hégi- 
ra,  año  de  Christo  993.  Otro  Ahmad,  hijo 
de  Abdelmalek,  que  murió  peleando  con- 
tra Alfonso,  hijo  del  Rey  Raymundo,  cer- 
ca de  Albacete,  Hégira  640,  y  de  Chris- 
to 1H6.—Abu  Giaphar  Ahaman  Ben 
Abrahhn,  murciano,  hijo  de  la  Capital,  o 
del  Reyno.  Estos  y  otros  semejantes  pue- 
den influir  para  rastrear  el  moro  respeta- 
ble que  comunicó  apelación  a  esta  puerta. 
Lo  singular  de  ella  es  haber  dado  sepulcro 
a  otro  mahometano  ilustre  llamado  Abdel- 
rhaman  Ben  Mohamad  Abulcassem,  na- 
tural de  Almería.  Este  en  el  siglo  xii,  por 
el  año  1147,  vino  a  Murcia,  donde  fué  Ca- 
thedratico  ya  de  Rethorica,  ya  de  Philoso- 
fia,  por  espacio  de  diez  años...,  etc.» 

El  moderno  arabista  señor  Pons  Boig- 
nes,  en  su  Ensayo  bio-bibliográfico  so- 
bre los  historiadores  y  geógrafos  ará- 
bigo-españoles trae,  además,  de  nuestro 
sabio  musulmán,  las  siguientes  noticias: 

«Aben  Hobaix  fué  eximio  filósofo,  histo 
riador  y  jurista:  uno  de  los  mejores  tra- 
dicioneros;  maestro  de  Aben  Dihya,  de 
Aben  Hanthallah  y  otros,  llegando  a  so- 
bresalir en  todos  los  ramos  de  la  ciencia, 
hasta  el  punto  que  su  saber  le  libró  del 
cautiverio,  pues  cuando  los  cristianos  to- 
maron por  asalto  a  Almería...  Hobaix  fué 
conducido  prisionero  a  presencia  de  Al- 
fonso VII,  a  quien  dijo  lo  siguiente:  «Co- 
nozco tu  origen  y  ascendencia  desde  He- 
racíio»;  y  habiendo  hablado  a  satisfacción 
del  Monarca  castellano,  díjole  éste:  «Pue- 
des partir  libremente  con  tu  familia  y 
acompañamiento  sin  ningún  peligro.» 

Bajó  al  sepulcro  en  14  de  Cafar  del  584 
(1188),  y  su  entierro  fué  suntuosísimo, 
recitando  las  preces  de  rúbrica  el  Go- 
bernador de  Murcia.  Sus  obras  deque 
tenemos  noticia  son: 


(1)    Ben  Schahid,  dice  Caslrl. 


-  7  - 


1.  Libro  de  las  expediciones  bélicas. 

Desde  la  muerte  de  Mahoma,  dedica- 
do al  Príncipe  Abu  Yacub  Yusuf .  Habla 
de  las  rebeliones  de  los  árabes  a  la 
muerte  del  Profeta;  de  la  conquista  de 
Siria,  Egipto,  Barca,  Trípoli,  el  resto 
del  África,  Chipre,  Trac  y  de  la  Persia. 

2.  Compilación  de  Lacbas  o  sobre- 
nombres. 

La  misma,  sin  duda,  que  la  citada  por 
nosotros  con  el  título  de  Nominibus 
Geutilitiis...,  etc. 

3.  Dejó  además  escritos  varios  autó- 
grafos, con  los  cuales  se  proponía  con- 
tinuar la  Affila  de  Aben  Pascual:  estos 
escritos  llegaron  a  manos  de  Aben 
Alabbar,  quien  los  aprovechó  en  su 
Tecmilla.* 

Abdelrahman  Ben  Mohamad  Ben  Abde- 
LAZis  Ben  Ayasch. 

Clarísimo  Jurisconsulto,  natural  de 
Zaragoza  y  residente  en  Murcia  duran- 
te algunos  años,  en  cuya  ciudad,  así 
como  también  en  las  de  Almería  y  Gra- 
nada, ejerció  el  cargo  de  Gobernador, 
alcanzándole  la  muerte  en  Málaga  en  el 
día  10  de  Gemad  del  año  de  la  Hégi- 
ra  636,  o  sea  en  el  de  1238  de  Jesucristo. 

Hállase  incluido  en  el  Catálogo  de 
Autores  que  constituye  el  Suplemento 
a  la  Biblioteca  Hispana  de  Alkhathib, 
contenido  en  el  Códice  núm.  1669  de  la 
Escurialense. 

Aben  Ad-Dabag  el  Ondí. 

Véase  Abul  Walid  Yusuf...  Ben 
Fierro. 

Aben  Al-Pedes. 

Véase  Abul  Hasán  Ali  Ben.  Ahmed..  . 
EL  An<parl 


Abraham  Ben  Josef  Ben    Tasfin  Ben 
Tarcon  Ben  Vartanthar  Abu  Isac. 

Así  en  Casiri.  Conde  lo  escribe:  Ibra- 
him  Ben  Jusef  Ben  Tasfin  Ben  Tarkut 
Ben  Wesiaktir.  Fué,  pues,  hijo  del  fa- 
mosísimo Rey  de  los  Almorávides  Jusef 
Ben  Taxfin,  y  de  la  bella  Taiskat,  tam- 
bién de  excelsa  alcurnia. 

En  la  Biblioteca  Arábigo-Hispana  de 
Abu  Bakero,  titulada  Alphabetum,  ha- 
llámosle  citado  como  Príncipe  o  Walí  de 
Murcia,  gran  protector  y  Mecenas  de  los 
literatos,  poeta,  él  mismo,  no  vulgar,  y 
aventajado  entre  todos  sus  iguales,  por 
sus  virtudes  militares,  debiéndose  a  su 
valor  la  conquista  de  la  fortaleza  de  Alü- 
tham,  y  muriendo,  al  fin,  víctima  de  la 
guerra,  en  la  batalla  llamada  de  Alivrat, 
con  motivo  de  una  expedición  hecha  por 
tierras  de  Barcelona,  año  de  la  Hégi- 
ra  508,  o  sea  en  el  de  1109  de  Jesucristo, 
según  Conde.  He  aquí  el  texto  del  Có- 
dice: 

«Abrahamus  Josephi  Ben  Tasphini  Fi- 
lias, Ben  Tarcon,  etc.  Murciae  Princeps, 
matrem  habuit  nomine  Taischat.  Littera- 
rum  virorum  Mecaenas,  Poeta  quoque  non 
vulgaris  extitit;  idemque  omnes  aequales 
mes  bellica  laude  longue  superávit.  Enim 
vero,  eodem  Duce,  munitissima  Arx,  quam 
vocant  Alütham...  expugnata,  est;  et  prae- 
lium  Barcinonense,  alias  Aliorat...  dic- 
tum,  anno  Egirae  508  licet  infelici  marte» 
commissum  fuit.» 

Abu  Abdalla  Mohamad   Abdelrahman 
Allakhami. 

Valenciano:  ñoreció  en  el  año  de  la 
Hégira  519  (de  Cristo  1125):  estudió  en 
Murcia,  y  murió  en  Denia:  fué  poeta,  y 
se  hallan  poesías  suyas  en  el  Códice  354, 
en  el  cual  se  encuentra  la  historia  de  los 
poetas  mas  insignes  de  España  intitula- 
da Munus  hospitii,  de  Abdalla  Ben  Ab- 
delrehman  Ebn  Alabar  Alcodhai,  valen- 
ciano y  escritor  de  este  mismo  siglo. 


Tomo  I,   pág.  95  de  Casiri.— Fuster. 
Tomo  I,  págs  VI  y  VIL 

Abu  Bakero  Mohamad  Ben  Amar  Dulua- 

ZARTIN. 

Así  en  Casiri.  Es  sin  duda  el  mismo 
que  vemos  citado  en  Conde  con  el  solo 
nombre  de  Mohamad  Ben  Omar,  y  en 
los  señores  Dozy  y  Schack,  con  el  de 
Ibn  Ammar. 

Según  el  primero  de  dichos  autores, 
nació  nuestro  Abu  Bakero  en  el  pueblo 
de  Schanabos,  jurisdicción  de  Silves, 
de  española  familia  y  humilde  cuna.  Su 
talento  y  felices  disposiciones  para  el 
arte  de  la  poesía,  que  aventajadamente 
cultivaba,  hicieron  esclarecido  su  nom- 
bre, abriéndole  entrada  a  los  más  altos 
honores  y  dignidades,  de  modo  tal,  que 
hallándose  en  un  principio  oscurecido  y 
de  todo  bien  privado,  era  al  poco  tiem- 
po tenido  y  respetado  casi  como  a  un 
príncipe  soberano. 

Codicioso  de  poder,  llegóse  a  Almo- 
tamed  Mohamad  Ben  Obad,  a  la  sazón 
Rey  de  Sevilla,  y  famoso  poeta,  de 
quien  supo  granjearse  grande  estima- 
ción, merced  a  los  muchos  testimonios 
de  su  singular  ingenio,  dados  allí  en  di- 
versos y  repetidos  certámenes  poéticos. 
Hízole  primero  su  aliado  en  una  expe- 
dición contra  Silves  (no  sabemos  con 
qué  motivo  emprendida):  miembro,  al 
regreso,  de  su  Consejo  de  Estado;  Em- 
bajador después  ante  el  Rey  de  Galicia 
Alfonso  VI;  y  últimamente  Gobernador 
de  aquella  ciudad,  una  vez  expugnada, 

Pareciéndole,  sin  embargo,  ser  pocos 
todos  estos  beneficios,  para  llenar  su 
ambición,  y  aspirando  anhelante  a  la 
dignidad  suprema,  rompió  de  pronto 
amistades  con  su  dueño,  y  entró  del  Rey 
de  Murcia  Scalabeo,  de  quien  ya  se  juz- 
gaba, no  sólo  camarada,  si  que  también 
futuro  sucesor  en  el  cetro.  Después  de 
ser  por  dicho  Príncipe  benignamente 


acogido,  obtuvo  del  mismo  el  cargo  de 
Intendente  de  Rentas,  allá  por  los  años, 
precisamente,  en  que  ejercía  el  Waliaz- 
go  de  la  ciudad  el  insigne  orador  y  poe- 
ta Althaher.  Pero  tampoco  entonces 
pudo  estar  mucho  tiempo  supeditado  a 
este  Monarca,  ardiendo,  como  codicioso 
ardía,  en  vehementes  ansias  por  obtener 
la  regia  púrpura;  razón  por  la  cual, 
viéndose  desterrado,  y  después  de  tra- 
marle algunas  secretas  conspiraciones, 
bajo  pretexto  de  que  así  obedecía  á  la 
voz  de  su  honor,  presentóle  al  ñn  abier- 
ta y  declarada  guerra,  dando  ésta  por 
resultado,  al  cabo  de  mil  azares  y  vici- 
situdes, entre  hambres,  asedios,  pestes, 
escaramuzas  y  combates,  la  elevación 
de  nuestro  héroe  al  trono  murciano,  con 
pérdida  de  la  vida  de  su  legítimo  y  des- 
dichado poseedor  Abderramán  Scala- 
beo, año  de  1081. 

No  logró,  empero,  el  usurpador  dis- 
frutar de  su  triunfo  mucho  tiempo.  Mo- 
hamad Ben  Obad,  su  antiguo  amo,  no 
le  perdía  de  vista,  y  le  asediaba  conti- 
nuamente: dentro  de  la  ciudad  cundían 
los  descontentos,  y  se  multiplicaban  los 
conspiradores:  todo  a  su  alrededor  eran 
disturbios,  revueltas  y  maquinaciones. 
Vióse,  pues,  precisado  a  mudar  de  do- 
micilio. Trasladóse  entonces,  mal  acon- 
sejado, a  la  ciudad  de  Segura;  y,  dán- 
dole allí  caza  el  Sevillano,  encontróse 
de  pronto  reducido  a  estrecho  encar- 
celamiento, y  últimamente  condenado  a 
perder  la  cabeza. 

Tal  fué  el  tristísimo  fin  de  este  hom- 
bre extraordinario,  famoso  igualmente 
por  su  ingenio  que  por  su  carácter  tur- 
bulento; de  quien  nos  dicen  nuestros 
historiadores  árabes  que  «jamás  logró 
vivir  en  paz  ni  aun  consigo  mismo»  (1). 
Su  muerte  tuvo  lusfar  en  el  año  477  de 


(1)  Abu  Bakero  Alcoday,  traducido  por  Casiri:  Qiiemad- 
moditm  ergo  ipse  aptid  se  turbuletitus,  stc  aliis  semper  in- 
fenstis  fuit;  ut  numquam  pacatus  vixcrit. 


—  9  — 


la  Hégira,  o  sea,  según  el  cómputo  de 
Casiri,  en  el  de  1084  de  Jesucristo,  en  la 
feria  6  de  Rageb. 

Por  dicho  arabista  sabemos  también 
de  este  ilustre  moro  (con  tan  negros  co- 
lores pintado  por  la  ligera  pluma  de 
nuestro  Ponzoa),  que  fué  «un  orador 
consumado,  muy  excelente  poeta.  Ge- 
neral eximio  y  varón  de  grande  ingenio 
y  destreza;  que,  en  tal  sentido,  ocúpan- 
se  de  él,  entre  otros  muchos  graves  his- 
toriadores, el  zaragozano  Abulthaher, 
el  silviense  Ebn  Alcassem,  y  el  cordo- 
bés Ebn  Besamaco;  y  en  fin,  que  dejó  es- 
critas muchas  y  muy  ingeniosas  obrase; 
de  las  cuales  hállanse  efectivamente  al- 
gunas incluidas  en  los  Códices  de  la  Es- 
curialense,  números  354  y  355. 

Tal  fué  Abu  Bakero  Mohamad  Ben 
Amar  Dulnazartin,  o  Dulnazratim,  que 
otros  llaman.— Nuestro  erudito  Lozano 
trae  también  en  su  BastiUinia  y  Contes- 
tania  traducido  este  artículo  de  Casiri; 
pero  tan  diestra,  aunque  compendiosa- 
mente, que  no  queremos  privarnos  del 
gusto  de  copiar  aquí  sus  palabras: 

«Abu  Bakero  (dice)  Portugués,  hijo  de 
Amar.  Era  hombre  de  habilidad  y  talento; 
Consejero  de  Estado,  Embaxador,  y  Gene- 
ral de  las  tropas  del  Rey  de  Sevilla;  pero 
se  indispone  con  su  amo;  viene  a  Murcia; 
entra  en  servicio  de  este  Rey;  lo  hace  Se- 
cretario de  Hacienda.  Merece  un  destie- 
rro. Es  lanzado  de  la  Corte;  corre  a  otros 
Príncipes;  trama  alianzas;  regresa  contra 
Murcia;  su  Exército  la  sitia;  los  Murcianos 
lo  rechazan;  se  endereza  contra  Muía;  rin- 
de su  fortaleza;  corta  los  víveres,  Murcia 
padece;  se  rinde;  entra  el  Tirano  y  se  co- 
rona. La  duración  de  su  cetro  fué  la  de 
tres  años.  Ni  el  Rey  de  Sevilla  le  permite 
vivir  más.  Por  todas  partes  le  da  caza.  El 
abandona  su  Murcia  por  Segura:  aquí  fué 
hecho  prisionero,  y  transportado  a  Sevilla, 
donde  pierde  su  cabeza,  en  1084.» 

Abú  Gálib  Teman  Ben  GAlib. 

Dos  escritores  de  este  nombre,  según 
el  moderno  arabista  señor  Pons  Boignes, 


son  citados  por  los  historiadores  árabes. 
En  Aben  Pascual,  en  Addabi  y  en  Aben 
Jalikan,  se  habla  de  uno,  natural  de  Cór- 
doba y  residente  en  Murcia,  varón  de 
reputada  ilustración  y  autor  de  una  obra 
lexicográfica,  «insigne  entre  las  de  su 
clase»,  sobre  la  cual  se  cuenta  esta  cu- 
riosa anécdota: 

«Dícese  que  escribió  una  obra  lexicográ- 
fica sin  igual  en  su  género,  y  cuéntase  que 
Mochahid,  de  Denia,  cuando  se  apoderó 
de  Murcia,  donde  se  hallaba  avecindado 
nuestro  autor,  le  envió  un  mensaje  anun- 
ciándole que  le  entregaría  1.000  dinares 
españoles  si  accedía  a  dedicarle  la  obra 
con  esta  leyenda...  Compuesta  por  Teman 
Ben  Gálib  para  Mochahid;  lo  que  rehusó 
el  filólogo,  diciendo  «que  por  todo  lo  del 
mundo  no  cargaría  su  conciencia  con  una 
mentira,  pues  que  él  no  había  escrito  su 
libro  para  un  solo  hombre,  sino  para  todo 
el  mundo». 

Floreció  en  la  primera  mitad  del  si- 
glo XI. 

Abu  Mohamad  Alcorthobi. 

Véase  Mohamad  Ben  Giafiar  Ben 
Khalaph. 

Abulasbag  Toa  Ben  Mohamad  Alabdari 
Ebn  Alvaeth. 

Poeta  de  mediados  del  siglo  xii,  natu- 
ral de  Almería,  y  residente  en  Alkhor, 
pueblo  entonces  de  la  provincia  de  Mur- 
cia. Fué,  según  parece,  escritor  de  algún 
talento,  y  hállanse  poesías  suyas  en  el 
Códice  de  Casiri  núm.  354. 

Nuestro  Lozano,  sin  embargo,  lo  hace 
natural  del  mismo  Alkor  (Campo  Coy, 
según  sus  conjeturas);  pero  en  verdad 
no  sabemos  de  dónde  pudo  sacar  seme- 
jante especie,  toda  vez  que  el  texto  del 
Códice  Escurialense ,  por  él  alegado, 
sólo  dice:  «Abulasbag...  Alvaeth,  en  Al- 
mería, loci  Alkhor  ad  Murciam  perti- 
nentis  íncola,  t 


10  - 


Abul  Hasán  Ali  Ben  Ahmed  Ben  Jalaf 
Ben  Mohamad  el  An^ari. 

Conocido  también  por  Aben  Al  Pedes. 
Aben  Alabbar,  según  el  citado  arabista 
señor  Pons  Boignes,  dice  que  fué  uno  de 
sus  maestros  y  que  el  sobrenombre  por 
el  que  se  le  conoce  significa  los  dos  pies. 
Que  Granada  fué  su  patria;  que  en  Mur- 
cia hizo  sus  estudios  en  gran  parte;  que 
por  testimonio  unánime  sobresalió  en  el 
estudio  de  la  lengua  árabe,  contándose 
él  mismo  como  uno  de  los  tres  únicos 
gramáticos  de  España;  que  murió  en  el 
Moharrem  del  528  de  la  Hégira  (1133),  y 
que  fué  tanta  la  gente  que  asistió  a  su 
entierro,  que  a  su  empuje  rompiéronse 
las  andas  en  que  era  conducido  el  cadá- 
ver. En  fin,  que  este  célebre  gramáti- 
co dejó  escrito,  con  destino  a  su  hijo 
Ahmed,  un  Barnamech  o  Catálogo,  don- 
de constaban  los  nombres  de  sus  maes- 
tros y  lo  que  de  ellos  había  aprendido. 
Obra  que  se  halla  comprendida  entre  el 
gran  número  de  los  Tratados  análogos 
que  cita  Abu  Beker  Ben  Jair  al  final  de 
su  obra  bibliográfica. 

Abul  Hosain  Ben  Mohamad. 

Natural  de  Zaragoza.  Fué  Secretario 
de  Abul  Walid  Albagi,  Ministro  del  Rey 
moro  de  Zaragoza,  y  después  Juez  Su- 
premo de  Murcia.  Murió  en  la  batalla 
de  Cutanda  el  año  de  la  Hégira  512,  o 
1118  de  Cristo,  de  sesenta  años  de  edad. 
Escribió:  Obra  sobre  las  tradiciones. 

Así  en  el  Diccionario  de  Escritores 
Aragoneses  de  Latasa. 

Abul  Walid  Yusuf  Ben  Abdelazis  Yusuf 
Ben  Omar  Ben  Fierro. 

Conocido  también  por  Aben  Ad  Da- 
bag  el  Ondi.  Natural  de  Onda,  donde 
nació  en  el  año  481  de  la  Hégira  (1088), 
y  residente  en  Murcia.  Gran  conocedor 
de  la  tradición  mahomética  y  de  los 


hombres  y  vestigios  de  la  misma,  por  lo 
cual  fué  considerado  como  el  «término 
y  coronamiento  de  los  tradicioneros  de 
España».  Ejerció  el  ministerio  de  la  pre- 
dicación en  su  país  por  algún  tiempo  y 
murió  en  el  546  de  la  Hégira,  o  sea  de 
Jesucristo  1151. 

En  Aben  Jair,  se  habla  de  una  com- 
posición suya  de  las  tituladas  Jihrist;  y 
el  mismo  autor  cita  otro  tratado  rotula- 
do Obscuridades  y  vaguedades.  En  el 
Mochan  y  en  la  Tecmilla  de  Aben  Alab- 
bar se  mencionan  dos  obras  con  los  títu- 
los de  Clases  de  tradicioneros  y  Clases 
de  los  principales  juriconsultos,  las  cua- 
les se  hallan  atribuidas  a  un  Aben  Ad- 
dabag,  que  es  de  suponer  deba  identifi- 
carse con  el  que  forma  el  objeto  de  este 
articulito.  Dsahabi  le  atribuye  también 
un  tratado  sobre  los  nombres  de  los 
hafices. 

Pons  Boignes:  Ensayo  bio-bibliogr. 
sobre  los  historiadores  y  geógrafos  ará- 
bigo-españoles, pág.  220. 

Águila R  (Don  Nicolás  de). 

Obispo  de  Cartagena  desde  1365  a 
1371,  que  con  seguridad  sepamos.  Tomó 
muy  principal  y  activa  parte  en  las  gue- 
rras civiles  entre  don  Pedro  de  Castilla 
y  don  Enrique  de  Trastamara,  capita- 
neando en  Murcia  el  partido  de  éste  en 
unión  de  otros  caballeros  de  lo  más  dis- 
tinguido de  la  ciudad,  cual  lo  eran,  por 
ejemplo,  Juan  Sánchez  de  Ayala,  Ra- 
món Oller  y  Pero  López  de  Ayala,  con- 
tra el  Concejo  y  demás  adictos  a  don 
Pedro,  y  obligándole  las  numerosas  en- 
conadas luchas  que  de  aquí  se  siguieron 
a  refugiarse  en  Aragón  «con  el  traidor 
del  Conde»,  según  palabras  del  mismo 
Rey  en  carta  dirigida  a  la  ciudad  de 
Murcia  en  29  de  abril  de  1367;  por  todo 
lo  cual  le  fueron  confiscadas  todas  sus 
,  rentas  «de  maravedís,  lugares  y  pan», 
hasta  el  siguiente  año  de  1368,  en  que 


-  11  - 


volvieron  a  su  poder,  merced  al  triunfo 
de  don  Enrique. 

Murió  don  Nicolás  de  1371  a  1372,  y 
fué  enterrado  en  la  capilla  de  San  Juan 
del  Claustro  de  su  Iglesia  Catedral. 

Siguiendo  el  ejemplo  de  sus  anteceso- 
res don  Juan  Muñoz  y  don  Pedro  de  Pe- 
ñaranda, escribió  en  latín  unas  intere- 
santes Constituciones,  o  Fundamentum 
Ecclesiae  Carthaginensis,  las  cuales, 
juntamente  con  otros  documentos  perte- 
necientes a  este  Obispado,  y  merced  al 
cuidado  del  Ilustrísimo  don  Diego  de 
Rojas  y  Contreras,  tuvieron  el  honor  de 
ver  la  luz  pública  en  1756  (Madrid,  por 
Gabriel  Ramírez),  bajo  el  siguiente  títu- 
lo: Constituciones  de  la  Santa  Iglesia  de 
Carthagena,  hechas  por  el  Ilustrísimo 
señor  don  Nicolás  de  Aguilar,  Obispo 
qtíe  fué  de  dicha  Santa  Iglesia,  año  de 
1366. 

«Cura  solicitamur  continua  (dice  en  la 
especie  de  preambulito  que  las  precede), 
&  urgemur  ratione  subditorum  commodis 
adherere,  quia  dum  eorum  enera  excuti- 
mus,  &  scandala  removemus,  in  ipsorum 
quiete  quiescimus,  &  fovemus  in  pace,  &  ut 
Ecclesia  nostra  Carthaginensis,  felici  due- 
la regimine  praeservetur  a  noxiis,  &  opta- 
tis  semper  proficiat  incrementis:  Proinde 
Nos  Nicolaus,  Dei,  &  Apostolicae  Sedis 
gratia,  Carthaginensis  Episcopus,  &  Capi- 
tulum  ejusdem  capitulariter  adunati  ad 
régimen  ejusdem  Ecclesiae,  &  degentium 
ineadem.nostrarumconsiderationumacies 
extendentes,  de  communi  consensu  om- 
nium,  non  praedecessorum  nostrorum  Or- 
dinationibus,  &  Statutis  detrahendo,  sed 
aliqua  ambigua  declarando,  &  aliqua  prop- 
ter  sui  contrarietatem  tollendo,  ac  alia  de 
novo  statuendo,  praesentes  Ordinationes, 
&  Statuta  in  nostra  Ecclesia  Carthaginensi 
de  caetero  observandas,  ad  perpetuara  rei 
memoriam,  redigimus  in  iis  Scriptis.» 

Ahamedo  Ben  Iahia  Ben  Ahamad  Ben 
Amira  Adhdhabbi. 

Natural  de  Córdoba,  según  Casiri,  o 
de  los  Vélez,  según  conjeturas  del  insig- 


ne orientalista  don  Francisco  Codera. 
Nuestro  paisano  don  Joaquín  Báguena, 
entendido  arabista  también,  y  a  quien 
debemos  todas  las  noticias  contenidas 
en  el  presente  artículo,  opina,  sin  em- 
bargo, que  fué  murciano,  o  por  lo  me- 
nos, que  en  Murcia  se  educó,  estudió, 
dispuso  sus  mejores  obras,  y  terminó 
sus  días.  He  aquí  sus  mismas  palabras, 
tomadas  de  un  notable  y  erudito  artículo 
publicado  en  los  números  1705  y  1706 
del  periódico  murciano  Las  Provincias 
de  Levante: 

«Opino  que  Adh-Dhabbi  pertenece  al  di- 
latado número  de  árabes  murcianos  ilus- 
tres; acaso  no  naciera  en  Murcia,  pero  a 
ella  vínose  a  vivir  en  la  tierna  edad  de  nue- 
ve años,  en  ella  hizo  sus  primeros  estudios 
bajo  la  dirección  del  inteligente  y  laborio- 
so Mohammad  ben  Chafar  ben  Ahamed 
ben  Hamid,  en  ella  pasó  la  mayor  parte  de 
su  vida,  en  Murcia  dio  sus  más  renombra- 
das y  provechosas  lecciones,  y  a  Murcia 
dedicó,  en  su  libro  El  Deseo,  las  mejores  y 
más  acabadas  páginas. 

» Pasada  en  Murcia  la  más  temprana  pri- 
mavera de  la  vida,  marchó  Adh-Dhabbi  al 
África,  visitó  las  ciudades  de  Ceuta,  Bujía 
y  Alejandría,  en  donde  al  par  que  las  cien- 
cias y  las  artes,  cultivó  la  amistad  de  los 
hombres  más  célebres  de  aquel  tiempo. 
Encontrándose  en  España,  al  regreso  de 
este  viaje,  recibió  una  carta  de  su  íntimo 
amigo  Ismael  ben  Ahmed  el  Máafiri  invi- 
tándolo a  que  le  acompañase  en  un  viaje 
científico  que  preparaba  al  Hichas;  no 
aceptó  Adh-Dhabbi  a  pesar  de  sus  vehe- 
mentes deseos,  cediendo  a  los  ruegos  de 
su  hermana  y  a  presentimientos  íntimos 
que  desgraciadamente  se  realizaron;  su 
amigo  Ismael  pereció  en  el  viaje  antes  de 
llegar  a  Hichas. 

*Tradicionista  excelente,  fiel,  verídico, 
cronógrafo  y  perito  en  la  anotación  y 
vocalisación  de  libros,  llama  a  Adh-Dhabbi 
su  biógrafo  Bedr-ed-Din  de  Bixtechi;  y  el 
cadí  Abu  Abd-Alláh  ben  Abd-el-Mélic  el 
marroquí,  dice  que  un  prodigio  de  los  ma- 
yores prodigios  de  Alláh,  en  la  rapidez  de 
la  escritura:  a  instancias  de  uno  de  los  güa- 
lies  de  su  tribu,  copió  de  viernes  a  viernes, 
la  Mowathafi  alhadits  (El  camino  trillado 


12  - 


hacia  la  tradición)  de  Mélic  ben  Anas,  fun- 
dador de  una  de  las  cuatro  sectas  ortodo- 
xas del  Islam.  Escribió,  además,  el  libro 
Principio  de  las  luces  acerca  de  la  verdad 
de  las  reliquias,  colección  de  los  libros  de 
Al-Bojari  y  de  Moslem:  otro  titulado  Los 
cuarenta  de  los  cuarenta,  y  por  último,  su 
obra  maestra,  el  diccionario  biográfico  co- 
nocido con  el  nonbre  de  Deseo  del  que  in- 
terroga acerca  de  Id  historia  de  los  varones 
de  Al-Andalus,  obra  publicada  en  1885  des- 
pués de  tan  "prolijos  como  penosos  esfuer- 
zos de  reconstrucción,  por  don  Francisco 
Codera  y  Zaidin,  y  don  Julián  Ribera,  hoy 
catedrático  de  la  Universidad  de  Zaragoza. 
«Escribió  Adh-Dhabbi  su  diccionario, 
sobre  un  libro  de  Al-Homaidi,  que  com- 
prendía las  biografías  de  hombres  ilustres 
hasta  el  año  450  de  la  Hégira,  le  continuó 
hasta  el  año  495,  añadió  mucho,  corrigió 
parte  y  suplió  las  omisiones  cometidas  por 
Al-Homaidi.  El  único  Códice  que  hoy  exis- 
te en  Europa  de  esta  notable  obra  debió 
de  ser  escrito  en  el  año  680  próximamente, 
y  se  conserva  en  la  Biblioteca  del  Escorial, 
números  1673  y  1676  del  catálogo  de  Casi- 
ri:  hallábase  maltratadísimo  por  la  hume- 
dad y  la  polilla,  desordenado,  con  hojas 
intercaladas  y  mal  puestas  (defecto  de  que 
se  resiente  la  copia  hecha  para  la  Bibliote- 
ca Nacional,  por  don  Pablo  Elias  Hodar), 
pero  en  1884,  los  señores  Ribera  y  Codera, 
después  de  una  labor  benedictina,  consi- 
guieron ordenar  las  dispersas  hojas  ya  que 
no  remediar  los  estragos  del  tiempo;  nu- 
merosas notas  marginales  en  que  se  lee: 
así  de  mano  del  autor;  Blanco  en  el  origi- 
nal; borrada  la  palabra,  etc.,  atestiguan 
que  el  Códice  Escurialense  fué  cotejado 
con  el  autógrafo  de  Adh-Dhabbi,  y  esto  ya 
es  una  garantía. 

»La  parte  murciana  de  Adh-Dhabbi  con- 
siste en  noticias  referentes  a  Albacete  y 
Elche;  una  ligera  mención  de  Ello,  sobre 
la  que  más  adelante  llamaré  la  atención, 
biografías  de  numerosos  personages  de 
Murcia,  Lorca  y  Orihuela,  con  noticias  re- 
ferentes a  la  historia  de  estas  ciudades;  y 
diversas  citas  y  referencias  a  Alicante, 
Todmir,  Vélez,  Muía,  Caravaca,  Callosa,  y 
otras  ciudades  del  principado  de  Aurario- 
la.  Esto  es  lo  que  en  ciertos  modos  pudie- 
ra llamarse  secundario:  lo  interesante  y 
principal  de  esta  obra,  consiste  en  ser  la 
única  que  nos  ha  trasmitido  el  texto  ínte- 


gro del  tratado  de  paz  entre  Abd-el-Azis  y 
Teodomiro  (que  ya  en  otro  lugar,  nosotros 
dejamos  copiado). 

»...  Hallándose  Adh-Dhabbi  cierto  día 
descansando  a  la  sombra  de  las  tapias 
de  un  jardín,  desplomóse  súbitamente  el 
muro,  y  cayendo  sobre  él  dejóle  casi  exa- 
mine: conducido  a  su  casa  falleció  en  la 
mañana  del  domingo  a  cinco  días  por  an- 
dar del  mes  de  Rabia,  postrero  del  año  599. 
Sólo  dos  cosas  pueden  censurarse  en  su 
obra  maestra:  ciertos  errores  en  nombres 
y  fechas  señalados  casi  todos  por  el  anota- 
dor  Aben  Roxaid;  y  la  falta  de  criterio 
histórico,  cometida  al  elegir  como  base  de 
su  libro,  la  selección  de  biografías  de  Al- 
Homaidi.» 

Ahmad  Ben  Abraham  Ben  Mohamad  Ben 
Khalat. 

Llamado  también  Ben  Abi  Seili.  Na- 
tural de  Granada,  y  domiciliado  habi- 
tualmente  en  Murcia,  según  Casiri.  Re- 
sidió también  algún  tiempo  en  Silves;  y 
murió  en  el  año  de  la  Hégira  514,  en 
que  tuvo  lugar  la  famosa  batalla  de  Co- 
tanda,  cerca  de  Daroca. 

Hallárnoslo  incluido  como  «varón  cla- 
rísimo por  su  mucha  erudición,  en  la 
Biblioteca  Arábigo-Hispana  de  Alcod- 
hai  Ben  Alabar,  contenida  en  el  Códice 
de  la  Escurialense  núm.  1725,  y  titulada 
Alphabeíum*. 

Ahmad  Ben  Mohamad  Ben  Afif  Ebn  Ma- 

RIVEL. 

Natural  de  Córdoba,  y  residente  al- 
gún tiempo  en  Lorca,  ciudad  que  gober- 
nó en  calidad  de  Prefecto  (bajo  el  reina- 
do, acaso,  de  Hixem  II),  y  en  donde  ha- 
lló el  término  de  sus  días,  a  17  de  Rabie 
última  del  año  de  la  Hégira  420,  o  sea 
en  el  de  1029  de  Jesucristo,  según  Casiri. 

Brilló  con  grande  fama  de  virtud  y 
ciencia,  y  hallárnoslo  incluido,  como  au- 
tor de  varias  obras,  en  la  Biblioteca 
Arábigo-Hispana,  que  con  el  título  de 
Munus  Chronologicum  Hispanum,  se 


-  13  - 


halla  contenida  en  el  Códice  de  la  Escu- 
rialense  núm.  1672. 

Dichas  obras  fueron:  un  Tratado  de 
Honras  fúnebres  (Tractatum  De  Exe- 
quiis):  otro,  dividido  en  cinco  partes, 
sobre  el  Método  en  la  enseñanza  (De 
Methodo  Docendi);  y  una  Historia  de  los 
Jurisconsultos  Cordobeses  (Historiam 
Jurisconsuliarum  Cordubensium). 

Alarcón  (P.  José  de). 

Jesuíta;  residente  en  el  Colegio  de  la 
Compañía  de  Murcia,  de  donde  fué  Rec- 
tor por  los  años  de  1738.  Conocérnosle 
como  autor  de  una  extensa  y  notable 
Carta  dirigida  desde  esta  ciudad  a  los 
Padres  Superiores  de  la  Provincia  de 
Toledo,  sobre  la  vida  y  virtudes  del  in- 
signe murciano  P.  Luis  Ignacio  Zeva- 
llos. 

Véase  éste  en  el  anterior  Catálogo  y 
Alarcón  (P.  José  de),  en  nuestra  Sección 
de  Impresos  en  Murcia. 

Alcalá  Yáñez   y   Rivera    (Dr.   Jeróni- 
mo de). 

Según  Nicolás  Antonio  y  Fernández 
Navarrete,  fué  natural  de  Segovia,  don- 
de nació  en  1563,  de  don  Fernando  Yá- 
ñez  y  doña  Petronila  de  Rivera.  Si  no 
fuese  porque  en  la  portada  de  uno  de 
sus  libros  se  dice  ser  dicha  ciudad  el 
pueblo  de  su  naturaleza,  hubiéralo  yo 
tenido  por  hijo  de  Murcia,  de  la  cual  fué 
oriundo  a  lo  que  sospecho,  y  en  donde, 
sin  duda,  hubo  de  pasar  toda  la  prima- 
vera de  su  vida  y  cursar,  por  consiguien- 
te, sus  primeros  estudios,  fundándome 
para  ello  en  el  siguiente  párrafo  de  la 
dedicatoria  con  que  dirige  el  aludido  li- 
bro al  Adelantado  de  Murcia  y  Marqués 
de  los  Vélez,  don  Luis  Fajardo: 

*Todos  mis  pasados— dice— ,  desde  mi 
bisabuelo  el  Dr.  Francisco  Yáñez,  el  doc- 


tor Alonso  Yáñez  mi  abuelo,  y  el  Dr.  Fer- 
nando Yáñez  mi  padre,  todos  sirvieron  a 
sus  progenitores  de  vuestra  Excelencia,  y 
fueron  criados  de  su  casa...,  y  últimamen- 
te, los  doctores  Juan  Yáñez  y  Leandro  Cor- 
vera  mis  hermanos,  también  sirvieron  a 
vuestra  Excelencia.  > 

Ahora  bien,  sabemos  por  Polo  de  Me- 
dina que  este  Dr.  Leandro  Corvera,  her- 
mano de  nuestro  Jerónimo,  fué  un  inge- 
nio murciano,  y  sabemos  también  que 
tuvo  siempre  a  Murcia  por  habitual  re- 
sidencia, toda  vez  que  servía,  como  an- 
tes lo  había  hecho  su  padre,  al  señor 
Marqués  de  los  Vélez  su  Adelantado. 
Luego,  o  hemos  de  suponer  que  entre  el 
nacimiento  de  Jerónimo  y  el  de  Leandro 
medió  un  considerable  espacio  de  tiem- 
po, o  habremos  de  convenir,  como  más 
probable,  en  que  ambos  hermanos,  tan- 
to el  hijo  de  Segovia,  como  el  de  Mur- 
cia, hubieron  de  vivir  y  pasar  su  juven- 
tud en  esta  última  ciudad  en  compañía 
de  sus  padres,  y  hasta  tanto  no  tener  el 
primero  la  suficiente  edad  para  poder 
consagrarse  a  los  estudios  mayores.  No 
sabemos,  pues,  el  fundamento  que  pue- 
dan tener  las  noticias  que  de  él  nos  da 
el  señor  Fernández  Navarrete,  dicién- 
donos  que  estudió  la  lengua  latina  en  su 
patria  y  que  en  la  misma  hubo  de  escu- 
char a  San  Juan  de  la  Cruz  la  explica- 
ción de  los  himnos  eclesiásticos.  El  doc- 
tor Alcalá  nos  dice   terminantemente 
que  su  padre  don  Fernando  Yáñez  estu- 
vo al  servicio  del  Marqués  de  los  Vélez, 
cosa  que  no  hubiera  podido  hacer  desde 
Segovia;  y  como  no  es  creíble  que  para 
venir  a  hacerlo  en  Murcia  o  en  su  pro- 
vincia se  dejase  en  aquella  ciudad  solo 
a  su  hijo  Jerónimo,  otra  vez  venimos  a 
parar  en  que,  si  durante  su  menor  edad 
vivió  éste  algún  tiempo  al  lado  de  sus 
hermanos  y  padres,  forzosamente  tuvo 
que  hacerlo  en  la  ciudad  del  Segura,  y 
en  la  misma  recibir  o  pulimentar  su  edu- 
cación primera,  razón  por  la  cual  no  he- 


-  14  - 


mos  querido  dejar  de  asignarle  un  lugar 
en  el  presente  Ensayo. 

Llegado  a  la  edad  de  elegir  carrera, 
decidióse  por  la  de  Medicina,  que  cursó 
en  Valencia  y  ejerció  en  su  patria,  don- 
de casó  con  doña  María  Rubión,  distin- 
guida señora  de  la  misma  ciudad,  y  en 
donde,  según  parece,  hubo  de  conquistar- 
se nuestro  Doctor  algún  prestigio  y  nom- 
bradla como  médico  y  como  escritor, 
principalmente  después  de  la  publica- 
ción de  su  famoso  Alonso,  mozo  de  mu- 
chos amos,  más  generalmente  conocido 
con  el  título  de  El  donado  hablador,  me- 
diante a  cuyo  mérito  pudo  reconquistar 
el  terreno  perdido  ante  la  opinión  con 
otra  obra  suya  escrita  anteriormente  y 
titulada  Milagros  de  Nuestra  Señora  de 
la  Fuencisla,  que,  según  parece  por  in- 
dicación del  propio  autor,  hubo  de  ser 
recibida  con  bastante  frialdad.  Final- 
mente, y  contando  ya  sesenta  y  nueve 
años,  o  sea  en  el  mismo  en  que  le  alcanzó 
la  muerte  (1632),  dio  a  luz  su  última  obra, 
titulada  Verdades  para  la  vida  cristia- 
na, no  indigna,  por  cierto,  de  estima- 
ción, y  en  donde  descuellan  los  graves  y 
saludables  pensamientos  religiosos  pro- 
pios del  anciano  que,  mirándose  ya  cer- 
cano al  sepulcro,  nada  halla  mejor  ni 
más  edificante  que  los  consuelos  inefa- 
bles de  la  religión. 

Su  mejor  obra,  sin  embargo,  como  tra- 
bajo literario,  es  El  donado  hablador, 
novela  que,  aunque  de  ningún  modo 
iguala  a  la  de  Vicente  Espinel,  cuyo 
asunto  o  pensamiento  imita,  todavía 
puede  afirmarse  que  no  carece  de  al- 
gunas perfecciones  bastante  recomenda- 
bles, cuales  son,  por  ejemplo,  la  pureza 
de  estilo,  el  gracejo  de  la  frase,  la  ama- 
ble claridad  con  que  se  refieren  los  he- 
chos, y  las  discretas  reflexiones  con  que 
a  veces  se  hallan  sazonados.  He  aquí  las 
noticias  bibliográficas  de  dichas  obras: 

—Milagros  de  Nuestra  Señora  de  la 


Fuencisla,  grandezas  de  su  nuevo  Tem- 
plo, y  fiestas  que  en  su  translación  se  hi- 
cieron por  la  Ciudad  de  Segovia,  de  quien 
es  Patrona,  año  de  1613.  Por  el  Dr.  Hie- 
ronymo  de  Alcalá  Yáñez,  Médico  y  Ci- 
rujano de  la  dicha  Ciudad.  Dirigido  a  la 
mesma  Ciudad  de  Segovia  y  a  su  Ayun- 
tamiento. Con  privilegio.  En  Salaman- 
ca. En  la  Emprenta  de  Antonia  Ramírez, 
viuda.  Año  de  MDCXV.  (Colofón.)  En 
Salamanca.  En  la  Emprenta  de  Antonia 
Ramírez,  viuda.  Año  MDCXV. 

En  8.0—180  hojas.— Signs.  (-:-)  A-X.— Portada.— V.  en  b. 
—Grabado  en  madera  que  representa  a  la  Virgen  rodea- 
da de  ángeles. — Aprobación  del  Dr.  Andrés  de  Morales 
Valderrama. — Tasa.— Erratas.— Privilegio  al  autor  por 
diez  afios.— Dedicatoria. — Prólogo  del  autor.— Versos 
laudatorios  del  Dr.  don  Gutierre,  Marqués  de  Careaga, 
Fr.  Francisco  de  Ortega,  L.  Suárez,  L.  Martín  Gómez, 
Pedro  de  Valencia,  y  Pedro  de  Ledesma  Contreras.— 
Texto. — Entre  los  poetas  del  certamen  figura  también 
nuestro  Dr.  Jerónimo  de  Alcalá. 

—Alonso  mozo  de  muchos  amos,  diri- 
gido a  don  Luis  Fajardo,  Marqués  de  los 
Vélez  y  de  Molina,  Adelantado  y  Capi- 
tán general  del  Reino  de  Murcia,  y  Mar- 
quesado de  Villena  reducido  a  la  Coro- 
na Real.  Compuesto  por  el  Dr.  Jerónimo 
de  Alcalá  Yáñez,  Médico  y  Cirujano,  ve- 
cino y  natural  de  la  ciudad  de  Segovia. 
Año  1624.  Con  privilegio  en  Madrid  por 
Bernardino  de  Guzmán.  A  costa  de  J.  de  ^„^ 
Vicuña  Carrasquilla.  wM 

En  8.°— 166  págs.,  con  8  más  de  principios.— Portada.— 
Suma  del  Privilegio  por  diez  años.- Tasa,  a  4  maravedís 
el  pliego.— Erratas.— Versos  laudatorios  de  Alonso  de 
Ledesma,  de  don  J.  Bravo  de  Mendoza,  del  Dr.  Manuel 
de  los  Ríos  y  de  dofia  María  de  Orozco  y  Vargas.— Dedi- 
catoria.—Prólogo  al  lector.— Texto.— Tabla. 

—Segunda  parte  de  Alonso  Mozo  de 
muchos  amos.  Compuesto  por  el  Dr.  Je- 
rónimo de  Alcalá  Yáñez  y  Rivera,  Médi- 
co, vecino  de  la  Ciudad  de  Segovia.  Di- 
rigida al  Dr.  don  Agustín  Daza,  Deán 
y  Canónigo  de  la  Santa  Catedral  Iglesia 
de  Segovia  y  Refrendario  de  su  Santidad 
en  las  Signaturas  de  Gracia  y  de  Justi- 
cia. Con  privilegio.  En  Valladolid,  por  jjH 
Geronymo  Morillo  Impressor  de  la  Vni-  ^^ 
versidad.  Año  MDCXXVL  (Al  final): 


-  15  - 


En  Valladolid.  Por  Gerónimo  Morillo, 
impressor  de  la  Vniversidad.  Año  de 
MDCXXVI. 

En  8.0—170  hojas.-Slgns.  (-:-)  A-V.— Portada.— V.  en 
b. — Privilegio  al  antor  por  diez  años. — Tasa.— Erratas. — 
Aprobación  del  P.  Abad  de  los  Guertos.— Dedicatoria 
suscrita  por  el  autor.— Prólogo.— Composiciones  lauda- 
torias de  don  Juan  Bravo  de  Mendoza,  don  José  de  Alda- 
na,  don  Antonio  de  Zamora  y  Tapia,  L.  Juan  de  Quinte- 
la,  L.  Juan  de  Caxiguera,  don  Fernando  Tello,  Fr.  Ma- 
tías de  Sobremonte,  L.  Diego  de  Soto,  Antonio  Balvas 
Harona.  L.  D.  Baltasar  Serrano  y  Tapia,  don  Francisco 
Oracio  de  Solier,  don  Pedro  Serrano  y  Tapia,  Alonso  de 
Ledesma,  doña  María  de  Orozco  Zúniga  y  V'argas  y  Eu- 
genio Velázquez. — Texto. 

—Verdades  para  la  vida  cristiana,  re- 
copiladas de  los  Santos  y  graves  Auto- 
res, por  el  Dr.  Gerónimo  de  Alcalá  Yá- 
ñez  y  Rivera,  médico  vecino  de  la  ciu- 
dad de  Segovia.  Dirigidas  a  la  muy  No- 
ble y  muy  Leal  ciudad  de  Segovia,  Ca- 
beza de  Estremadura,  y  a  su  muy  noble 
Ayuntamiento.  (Escudo  de  armas  de  Se- 
govia.) Con  privilegio  en  Valladolid  por 
Gerónimo  Murillo.  Impressor  del  Rey 
nuestro  Señor,  y  de  la  Santa  Cruzada. 
Año  1632. 

En  4.°— 431  págs.,  más  15  de  principios  ocnpados  prin- 
cipalmente por  varias  composiciones  laudatorias,  entre 
ellas,  una  de  Alonso  de  Ledesma  y  otra  de  Fr.  Gabriel 
Telles,  Definidor  general  de  la  Orden  de  Nuestra  Señora 
de  la  Merced. 

Según  el  señor  Fernández  Navarrte, 
entre  las  varias  ediciones  que  se  hicie- 
ron del  Donado  hablador,  defectuosas 
todas  y  llenas  de  crasos  errores,  la  me- 
nos mala  fué  la  de  Madrid,  hecha  por 
Ruiz  en  1804,  en  dos  tomitos  en  8.° 

Alfonso  X  el  Sabio  (Rey  Don). 

Nombre  de  feliz  y  gloriosísima  memo- 
ria para  todo  buen  español,  y  muy  par- 
ticularmente para  todo  buen  murciano. 
Aunque,  al  parecer,  no  residió  largo 
tiempo  en  esta  región,  no  podemos  me- 
nos de  asignarle  un  lugar  distinguido  en 
el  presente  Ensayo,  por  creer,  como 
creemos,  no  ser  posible  pronunciar  si- 
quiera las  palabras  de  Literatura  mur- 
ciana sin  consagrar  un  recuerdo  a  tan 


insigne,  esclarecido  y  justamente  alaba- 
do Príncipe.  Así  también  lo  ha  sentido 
nuestro  docto  amigo  el  señor  Baquero 
Almansa  en  su  breve  y  bien  escrito 
opúsculo  sobre  la  Literatura  en  Murcia 
hasta  los  Reyes  Católicos,  y  así  igual- 
mente deberán  sentirlo  cuantos  al  estu- 
dio de  las  murcianas  letras  se  dediquen. 
No  es  factible,  no,  en  trabajos  de  esta 
índole  dejar  de  asociar  el  nombre  de 
Murcia  a  la  gloria  inmortal  de  don  Al- 
fonso. El  la  salvó,  como  igualmente  a 
casi  toda  su  vasta  comarca,  de  la  escla- 
vitud musulmana;  él  la  pobló  de  caballe- 
ros y  oficiales  cristianos;  él  la  dio  escu- 
dos de  armas,  blasones  y  títulos  de  no- 
bleza; él  echó  los  cimientos  de  sus  famo- 
sos y  populares  Municipios;  él  restable- 
ció su  Obispado  y  el  culto  de  sus  igle- 
sias, poniendo  a  su  frente  un  varón  doc- 
tísimo; él  colmó  de  privilegios  y  mer- 
cedes a  ambos  Cabildos,  siendo  hasta 
ochenta  y  nueve  las  Cartas  reales  con 
que  los  honró  y  favoreció;  él  la  dio  el 
fuero  de  Sevilla,  amplísimo  en  liberta- 
des, y  él,  en  fin,  por  ella  tuvo  siempre 
tal  predilección  y  amor,  que  agotado  el 
raudal  de  sus  gracias,  y  no  teniendo 
mercedes  nuevas  que  otorgarle,  le  legó 
al  morir  su  propio  cuerpo. 

Sus  cabezaleros,  luego,  tuvieron  por 
más  conveniente  darle  sepultura  en  Se- 
villa contra  la  primera  voluntad  de  su 
Monarca,  y  sólo,  en  consecuencia,  nos 
remitieron  sus  entrañas,  juzgando  sin 
duda,  y  no  por  cierto  infundadamente, 
que  en  el  ánimo  del  regio  testador,  y 
para  los  efectos  de  testimoniar  su  grati- 
tud hacia  la  noble  y  perseverante  lealtad 
murciana,  lo  mismo  o  más  significaban 
aquéllas  que  su  cuerpo  entero;  como  así 
lo  manifiesta  él  mismo  bien  clara  y  ter- 
minantemente cuando  después  de  decir: 

«...  E  pues  que  Dios  quiere  que  nuestras 
debdas  sean  complidas,  pagadas  e  cumpli- 
das las  mandas,  que  el  nuestro  cuerpo  sea 


16  - 


enterrado  en  nuestro  monesterio  de  Santa 
María  la  Real  de  Murcia,  que  es  cabeza  de 
este  reyno,  el  primero  lugar  que  Dios  qui- 
so que  ganásemos  a  servicio  del,  e  a  hon- 
rra  del  rey  Don  Fernando,  et  de  nos,  et  de 
nuestra  tierra;  pero  si  los  nuestros  cabeza- 
leros to vieren  por  mejor  que  el  nuestro 
cuerpo  sea  enterrado  en  la  cibdad  de  Se- 
villa, o  en  otro  logar  que  sea  más  a  servi- 
cio de  Dios,  tenémoslo  por  bien,  en  tal 
manera  que  finque  el  monesterio  sobre  di- 
cho de  Murcia  los  bienes  e  las  posesiones 
que  nos  le  diésemos,  salvo  el  alcafar  que 
mandamos  que  aya  siempre  el  que  de 
nuestro  linage  fuere  con  Derecho  Rey  de 
Murcia...» 

Añade: 

«...  Mandamos  otrosí  que  quando  saca- 
ren el  nuestro  corazón  para  llevarlo  a  la 
Sancta  tierra  de  Vltramar,  segund  que  es 
ya  dicho,  e  que  saquen  lo  otro  de  nuestro 
cuerpo  e  lo  lleven  a  enterrar  al  monesterio 
de  Sancta  María  la  Real  de  Murcia,  o  a  do 
el  nuestro  cuerpo  oviere  a  ser  enterrado, 
que  lo  metan  todo  en  una  sepultura  assi 
como  si  nuestro  cuerpo  fuese  y  a  yazer  si 
el  monesterio  fuere  en  aquel  estado  que  lo 
nos  establecemos  e  debemos  estar;  e  sy 
non  mandamos  que  fagan  esto  en  la  iglesia 
mayor  de  Sancta  Maria  de  Sevilla...» 

Pero  el  derecho  que  los  murcianos  tie- 
nen para  apropiarse,  en  cierto  modo,  la 
inmensa  gloria  de  don  Alfonso,  fúndase 
en  motivos  aún  más  sólidos  y  trascen- 
dentales que  los  ya  apuntados  de  su 
amor,  fidelidad  y  agradecimiento  mu- 
tuos. 

Educado  el  hijo  de  San  Fernando  allá 
en  Galicia  bajo  los  auspicios  de  su  ilus- 
tre y  virtuosa  abuela  doña  Berenguela, 
y  aficionado  vivamente  a  las  coplas  y 
desires  de  sus  amigos  los  trovadores  de 
entonces,  es  cierto  que  desde  muy  joven 
hubo  de  consagrarse  al  estudio  y  apli- 
carse al  cultivo  de  la  poesía,  demostran- 
do, con  alguna  felicidad,  tener  estro 
bastante  para  responder  a  sus  inclina- 
ciones, y  haciendo  patente  no  estar  des- 
provisto de  las  felices  dotes  que  ador- 


naban a  los  más  inspirados  vates  de  su 
tiempo;  mas  aunque  esto  es  evidente  y 
aunque  también  lo  sea  el  que  por  este 
medio,  y  trayendo  a  la  España  central 
las  formas  lírico-eruditas  del  arte  culti- 
vadas en  las  comarcas  de  la  Provenza, 
Cataluña  y  Galicia,  deba  ser  considera- 
do como  el  primer  poeta  castellano  que 
introdujo  en  la  poesía  erudita  de  los  vul- 
gares el  sentimiento  lírico,  hasta  enton- 
ces apenas  iniciado  en  nuestros  antiguos 
poemas  heroicos,  es  lo  asimismo  y  debe 
tenerse  por  indudable,  que  los  más  altos 
vuelos  de  su  imaginación  y  de  su  inteli- 
gencia, que  las  más  intrépidas  ascensio- 
nes de  su  entendimiento  y  de  su  noble 
afán  por  la  ciencia  y  el  saber,  sólo  lo- 
graron desplegarse  cuando,  joven  aún 
en  edad  y  fantasía,  hubo  de  sorprender 
en  Murcia  en  1241  la  pujante,  amena  y 
variada  civilización  musulmana:  impre- 
sión fecunda  y  hecho  interesante  que 
tuvo  siempre  decisiva  inñuencia  en  to- 
das sus  labores  científicas  y  literarias, 
desde  las  Tablas  Astronómicas  y  la  fa- 
mosa traducción  del  Pantcha-Tantra, 
hasta  las  insignes  enciclopedias  del  Sep- 
tenario y  las  Partidas,  como  lo  observa 
bien  y  muy  fundadamente  el  erudito  don 
José  Amador  de  los  Ríos. 

El  otro  título,  por  el  que  los  murcia- 
nos pueden  ufanarse  con  el  nombre  y 
gloría  del  sabio  monarca,  consiste  en  la 
particular  e  indudable  circunstancia  de 
hallarse  los  más  preciosos  y  admirables 
monumentos  erigidos  por  don  Alfonso  a 
la  civilización  y  literatura  españolas, 
como  lo  son  sin  duda  el  Libro  de  las 
Leyes  y  la  Grande  et  General  Estoria; 
de  hallarse,  digo,  si  no  empegados  preci- 
samente en  Murcia,  sí,  por  lo  menos,  en 
ella  escritos  o  trabajados  en  gran  parte 
de  sus  primeros  libros.  La  razón  es  ob- 
via, por  más  que  a  la  dicha  especie  no 
se  halle  inclinado  nuestro  ilustrado  ami- 
go el  señor  Baquero,  y  aunque  por  alto 


-  17 


la  haya  pasado  el  citado  Amador  de  los 
Ríos.  Las  Partidas  se  empezaron,  se- 
gún declaración  del  mismo  don  Alfonso, 
en  la  cuiespera  de  Sant  Johan  Bautista, 
quatro  annos  et  veynte  et  tres  dias  an- 
dados del  comenzamiento  del  su  regna- 
do»,  o  sea  a  mediados  de  1256,  y  sabido 
es  que  a  principios  de  1257  estaba  el  sa- 
bio legislador  dentro  del  territorio  mur- 
ciano, como  lo  prueban  de  una  manera 
que  no  puede  dar  lugar  a  dudas  las  fe- 
hacientes fechas  de  varios  de  sus  Privi- 
legios y  Cartas  reales.  La  Academia  de 
la  Historia,  que  no  da  valor  ninguno  a 
la  erudita  observación  de  Floranes  so- 
bre que  pudieron  ayudar  a  don  Alfonso 
en  la  redacción  de  su  inmortal  Código 
los  Alcaldes  mayores  de  Sevilla  y  de 
Toledo  Fernad  Mateos,  Rodrigo  Este- 
ban, Alfonso  Díaz  y  Gonzalo  Ibáñez, 
conviene,  sin  embargo,  en  que  bien  pudo 
ser  su  colaborador  Jacobo  Ruiz,  el  de  las 
Leyes,  y  sabido  es  también  que  Maestre 
Jacobo  fué  uno  de  los  primeros  pobla- 
dores de  Murcia  (1). 

Por  lo  que  respecta  a  la  Grande  et 
General  Estoria,  menos  incertidumbre 
aún  puede  ofrecerse.  Sábese  de  un  modo 
casi  evidente  que  la  empezó  el  monarca 
de  1270  a  1271;  y  consta  asimismo,  por 
otros  varios  de  sus  Privilegios  de  indu- 
dable autenticidad,  que  en  1271,  72  y  73 
estaba  en  Murcia.  Luego,  o  hemos  de 
suponer  que  hubo  de  interrumpirla  en 
sus  mismos  principios,  para  reanudarla 
en  1274  (cosa  a  que  no  puede  asentirse 
fácilmente  por  ser  bien  chocante),  o  for- 
zosamente habremos  de  convenir  en  que 
compuso  en  Murcia  esta  obra  magna, 
si  no  en  todo^  en  su  mayor  parte;  en 
aquella  parte,  acaso,  que  de  tan  precioso 
monumento  ha  llegado  hasta  nosotros. 

Por  manera  que  así  como  al  tratar  de 


(1)  Cfr.  Obras  del  maestro  Jacobo  de  las  Leyes,  Juriscon- 
sulto del  siglo  XIII,  publicadas...  por  Rafael  de  Ureña 
y  Smettjaud  y  Adolfo  Bonilla  y  San  Martín..,  Madrid, 
MCMXXIV.  rN.  del  e.) 


otras  obras  de  don  Alfonso  los  eruditos 
Burriel,  Marqués  de  Mondéjar  y  el  pre- 
citado Amador  de  los  Ríos,  tienen  el 
cuidado  de  indicarnos  dónde  fueron  es- 
critas, bien  hubieran  podido  también 
habernos  dicho  dónde  se  compuso  la 
que  al  presente  nos  ocupa.  La  cosa  no 
deja  de  ofrecer  grande  interés  para  los 
murcianos;  y  por  ello,  y  por  ser  obser- 
vación escapada  hasta  ahora  a  cuantos 
han  tratado  de  este  primer  sabio  de  la 
segunda  Edad  Media  española,  no  pode- 
mos menos  de  hacerla  constar  dentro  de 
nuestros  modestos  renglones. 

Tales  son,  bien  que  a  muy  grandes 
rasgos  delineados,  las  principales  cir- 
cunstancias de  la  vida  literaria  de  este 
a  la  vez  insigne  y  desventurado  Prínci- 
pe (nacido  en  Toledo  a  23  de  noviembre 
de  1221  y  muerto  en  Sevilla  en  21  de 
abril  de  1284),  con  relación,  se  entiende, 
a  su  leal  y  predilecta  Murcia,  a  quien 
después  de  colmar  de  materiales  dádi- 
vas, como  dicho  queda,  concedió  ilus- 
tres títulos  y  distinciones,  ornándola  por 
fin  de  nobilísimo  blasón  enriquecido  con 
cinco  coronas  de  oro. 

En  fin,  y  para  término  del  presente 
artículo,  vamos  a  reproducir  a  conti- 
nuación aquellas  de  sus  cantigas  que 
dedicó  a  nuestra  murciana  Virgen  de 
la  Arrijaca,  y  que  rezan  del  tenor  si- 
guiente: 

«Esta  e  d'un  miragre  que  fezo  Santa  Ma- 
ría por  hua  sa  eigreia  que  e  en  a  arreixaca 
de  Mur^a,  de  como  foron  mouros  acorda- 
dos de  a  destroir  et  nunca  o  acabaron.» 

A  que  por  nos  saluar 
fezo  Deus  tnadr'  e  filia, 
se  esse  de  nos  otirrar 
quer,  non  e  maravilla. 

E  d'  aquest'  un  miragre, 
dlrel,  grande,  que  ul 
desque  mi  Deus  den  Mur^a 
et  oy'  outrossl 
dlzer  a  muitos  mouros 
que  morauan  ant'  y 
et  tljnnan  a  térra 
por  nossa  pecadilla. 


-  18  - 


A  que  por  nos  sainar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

D'  fia  elgrei'  antiga, 
de  que  sempr'  acordar 
s'  yan,  que  ali  fora 
da  Reynna  sen  par 
dentro  na  arreixaca 
et  yan  y'  orar 
genoeses,  pisaos 
et  outros  de  CeziUa. 

A  que  por  nos  sainar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

E  dauan  sas  ofertas, 
et  se  de  coragon 
aa  Virgen  rogauan, 
logo  sa  oraQon 
d'  eles  era  oyda 
et  sempre  d'  oqueijon 
et  de  mal  os  guardaua; 
ca  o  que  ela  fílla. 

A  que  por  tíos  sainar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

Por  guardar  e  guardado; 
et  porende  poder 
non  ouueron  os  mouros 
per  ren  de  mal  fazer 
en  aquel  logar  santo 
nen  de  o  én  toller, 
macar  que  x'  o  tijnnan 
ensserrad'  en  sa  pilla. 

A  que  por  nos  sainar 
feso  Deus  madt '  e  filia... 

E  pero  multas  uezes 
me  rogauan  porén 
que  o  fazer  mandasse, 
■  mostrando-mi  que  ben 
era  que  o  fezesse; 
depois  per  nuUa  ren, 
macar  ll'o  acordaron 
non  ualen  hua  billa.     ^ 

A  que  por  nos  sainar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

E  depois  a  gran  tempo 
aueo  outra  vez 
quand'  el  rei  d'  Aragón 
Don  James  de  gran  prez 
a  eigreia  de  Sée 
da  gran  mezquita  fez, 
quando  ss'  abaron  mouros 
des  Mure'  ata  Seuilla. 

A  que  por  nos  sainar 
feso  Deus  madr'  e filia... 

Que  enton  a  AUama 
lie  veeron  pedir 
que  aquela  eigreia 
fezess'  én  destroir 
que  n'  arraixaca  era; 
et  macar  consentir 


o  foi  él,  non  poderon 
nen  tanger  en  crauilla. 

A  que  por  nos  sainar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

Depós  aquest'  afleo 
que  fui  a  Mur^a  eu 
et  o  mais  d'  arreixaca 
a  Aliama  mi  deu, 
que  tolless'  a  eigreia 
d'  ontr'  eles;  mas  muy  greu 
me  foi,  caerá  toda 
de  nouo  pintadilla. 

A  que  por  nos  saluar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

Porén  muit'  a  enuidos 
enton  ll'o  outorguei, 
et  toda  a  Aliama 
foi  ao  mouro  Rei 
que  o  fazer  mandasse; 
mas  diss'  él:  Non  farei, 
ca  os  que  Mariame 
desama  mal  os  trilla. 

A  que  por  nos  saluar 
feso  Deus  madr'  e  filia.. . 

Depois,  quand'  Aboyu(;af 
o  sennor  de  Qalé 
passou  con  mui  gran  gente, 
aquesto  verdad'  e' 
que  cuidaron  os  mouros 
por  eixalc;arssa  fé, 
gannar  Murga  per  arte; 
mais  sa  falss'  armadilla. 

A  que  por  nos  saluar 
feso  Deus  madr'  e  filia... 

Desfez  a  Uirgen  Santa 
que  os  ende  sacou 
que  en  a  arreixaca 
poucos  d'elles  leixou; 
et  a  sua  eigreia 
assi  d'eles  liurou 
ca  os  que  mal  quer  ela 
ben  assi  es  eixilla. 

A  que  por  nos  saluar 
feso  Dens  madr'  c filia... 

E  porend'  a  eigreia 
sua  quita  é  ia, 
que  nunca  Mafomete 
poder  y'  auerá; 
ca  a  conqueren  ela 
et  demais  conquerrá 
Espanna  et  Marrocos 
et  Ceta  et  Arcilla. 

A  que  por  nos  saluar 
feso  Deus  madr'  e  filia, 
se  esse  de  nos  onrrar 
quer,  non  e  maravilla. 


-  19 


Almeyda  (Don  Esteban  de). 

Obispo  de  Cartagena,  después  de  ha- 
ber regido  las  Diócesis  de  Astorga  y 
León,  desde  julio  de  1546  al  23  de  mar- 
zo de  1563,  en  que  bajó  al  sepulcro.  De 
él  leemos  en  Gil  González  Dávila  (Tea- 
tro de  la  Iglesia  de  Murcia)  los  siguien- 
tes datos  biográficos: 

«Don  Esteran  de  Almeyda.  Único  de 
este  nombre;  de  nación  Portugués,  hijo  de 
don  Diego  Fernández  de  Almeyda,  Prior 
de  Ocrato.  Pasó  don  Este  van  a  Castilla  con 
la  Emperatriz  doña  Isabel;  y  era  Obispo 
de  León  en  el  año  1546.  Asistió  en  el  Con- 
cilio de  Trento,  y  volvió  a  España  con  cré- 
dito de  muy  ejemplar  Prelado.  El  Empe- 
rador, premiando  los  méritos  de  sus  virtu- 
des y  vida  le  presentó  por  Obispo  de  la 
Santa  Iglesia  de  Cartagena.  Estando  en  el 
Concilio  comunicó  muy  despacio  a  los  Pa- 
dres Laynez  y  Salmerón,  Religiosos  de  la 
Compañía  de  Jesús,  y  quedó  tan  pagado 
del  estilo  de  su  Religión  y  vida,  que  cuan 
do  llegó  a  ser  Obispo  de  Cartagena  fundó 
en  la  ciudad  de  Murcia,  para  el  bien  uni 
versal  de  los  de  aquella  ciudad  y  pueblos 
de  su  comarca,  el  Colegio  de  la  Compañía 
de  Jesús,  y  le  dotó  con  larga  y  piadosa 
mano.  Murió  el  Obispo  en  el  año  1563,  y 
diósele  a  su  cuerpo  sepultura  en  la  Capilla 
Mayor  de  su  Colegio,  al  lado  del  Evange- 
lio, en  un  costoso  sepulcro  de  alabastro, 
con  su  estatua  de  lo  mismo,  con  las  cuatro 
virtudes  Cardinales...  y  alrededor  del  se- 
pulcro, de  figuras  de  alabastro,  el  martirio 
y  hazañas  del  Protomártir  San  Estevan. 

»En  la  Sacristía  de  este  Colegio  está  el 
Retrato  verdadero  de  este  Prelado,  y  en 
su  pedestal  tiene  la  memoria  siguiente: 

DoMiNVS  D.  Stephanvs  de  Almeyda  Car- 

THAGINENSIS    EpISCOPVS    HvIVS    CoLLEGII 
FüNDATOR,    VlR    PiVS,    NOBILIS,    ErVDITVS, 

Magnanimvs.  =  Obut  die  XXIII.  Marth, 
Anni  Domini  M.D.LXIII. 

Ahora  bien,  ignoramos  si  dio,  como 
indudablemente  debió  hacerlo  durante 
el  largo  período  de  su  gobierno  en  Mur- 
cia, algunas  Cartas  Pastorales  a  sus  dio- 
cesanos; pero  el  justo  título  por  el  que 
este  Obispo  tiene  derecho  a  figurar  en 


todo  estudio  relativo  a  letraá  murcia- 
nas, consiste  el  haber  formado  e  impre- 
so en  Valencia  en  1549  el  antiguo  y  clá- 
sico Misal'de  la  iglesia  de  Cartagena, 
quien  le  es  deudora  de  esta  honrosa  me- 
moria. 

Arce  (Fray  Diego  de). 

Disputan  los  autores  que  de  la  vida  de 
este  venerable  y  respetabilísimo  sujeto 
escriben,  sobre  el  lugar  de  su  nacimien- 
to, haciéndole  unos  hijo  de  Cuenca  y 
otros  de  Madrid.  En  cuanto  a  mí,  con- 
fieso francamente  que  siempre  lo  tuve 
por  murciano,  y  que  fué  grande  mi 
extrañeza,  al  par  que  mi  disgusto,  cuan- 
do hace  ya  muchos  años,  comenzando 
a  despertarse  en  mí  la  afición  a  los  es- 
tudios eruditos,  leí  por  vez  primera  en 
los  susodichos  autores  esta  disputa,  que 
en  un  momento  y  tan  de  repente  echaba 
por  tierra  mis  inocentes  creencias.  Ya 
había  leído  yo  a  Cáscales:  sabía  que  el 
apellido  de  Arce,  desde  que  ciertos  ca- 
balleros que  con  él  se  adornaban  vinie- 
ron de  Francia  con  el  Conde  de  Trasta- 
mara  para  ayudarle  en  la  conquista  del 
trono  de  Castilla,  y  no  bien  echados  los 
fundamentos  de  sus  solares  en  las  mon- 
tañas de  Burgos,  esto  es,  desde  media- 
dos del  siglo  XIV  o  principios  del  xv  ve- 
nía sonando  en  Murcia;  hallaba  en  el 
Ayuntamiento  de  esta  ciudad,  por  el  si- 
glo XVI,  a  los  conocidos  don  Juan  de 
Arce,  don  Luis  de  Arce  y  a  otros  mu- 
chos no  menos  distinguidos  patricios 
de  este  apellido;  hallaba  igualmente  en 
nuestra  Catedral  a  los  celebrados  don 
.Juan  de  Arce,  Obispo  que  fué  de  Catan- 
za;  a  don  Francisco  de  Arce,  Inquisidor 
general  de  Sicilia,  Arzobispo  de  Paler- 
mo,  y  últimamente  a  don  Nicolás  de 
Arce  y  a  don  Juan  de  Orozco  y  Arce, 
Maestrescuela  y  Canónigo,  respectiva- 
mente, de  nuestra  dicha  Santa  Iglesia; 
sabía,  en  fin,  que  todos  estos  y  algunos 


20  - 


otros  Arces  más  de  qiie  en  lugar  opor- 
tuno tratamos,  fueron  hijos  de  Murcia; 
y  francamente,  al  encontrarme  luego 
con  un  don  Pedro  de  Arce,  Canónigo 
Magistral,  por  los  mismos  tiempos,  de 
la  citada  Iglesia  de  Cartagena,  y  a  un 
su  hermano  don  Fray  Diego  de  Arce, 
que  trabaja  e  imprime  obras  en  Murcia; 
morador,  durante  largo  tiempo,  de  los 
conventos  de  Santa  Catalina  del  Monte 
y  Real  de  San  Francisco  de  dicha  ciu- 
dad, fundadores  ambos  de  la  entonces 
famosa  y  copiosísima  biblioteca  del  úl- 
timo de  dichos  monasterios,  y  ambos 
también  iniciadores  y  agitadores  entu- 
siastas de  la  traslación  a  la  murciana 
iglesia  de  las  reliquias  de  nuestros  glo- 
riosos San  Fulgencio  y  Santa  Florenti- 
na, francamente,  digo,  que  nunca  se  me 
ocurrió  el  pensar  si  acaso  podrían  no 
ser  de  Murcia. 

Hoy  no  diré  que  me  atreva  a  perseve- 
rar en  mis  antiguas  creencias,  supuesto 
que  en  ningún  fundamento  positivo  pue- 
den apoyarse;  pero  sí  observaré  que  no 
son  tampoco  del  todo  abrumadores  los 
alegados  por  otros  en  apoyo  de  las  con- 
trarias. Así,  por  ejemplo,  los  que  hacen 
a  don  Diego  hijo  de  Madrid,  fúndan- 
se únicamente  en  que  en  cierto  soneto 
puesto  al  pie  de  no  sé  qué  retrato  de 
don  Pedro,  se  le  da  a  éste  la  filiación  de 
madrileño,  sacando  de  aquí  la  extraña 
consecuencia  de  que  también  su  herma- 
no debió  nacer  en  la  corte  (1).  Y  por  lo 


(l)  Está  ya  fuera  de  duda  que,  tanto  Fray  Diego  de  Arce 
como  su  hermano  don  Pedro,  nacieron  en  Madrid.  Y  como 
prueba  documental  aduciremos  el  siguiente  fragmento  de 
una  información,  auténtica  y  coetánea:  » 

<íAño  1581. — Fray  Diego  de  Arfe,  natural  de  Madrid. — 
Protianfa  fecha  en  la  villa  de  Madrid  por  el  s."''  licenciado 
andrcs  martines,  clérigo,  cura  propio  de  San  Migel  (sic), 
por  comj.'^^  del  muy  il.^^^  señor  don  martin  Urdanes  y 
Zenos,  Helor  de  la  Universidad  de  Alcalá  de  Henares. 

»En  la  villa  de  madrid,  a  treynta  e  vn  dias  del  mes  de 
dizienbre  de  mili  e  quinientos  e  ochenta  y  vn  años,  ante  mj 
él  presente  escrlu.",  estando  en  las  casas  y  morada  de  la 
señora  ysabel  rrodriguez,  biuda,  bezlna  desta  dha.  villa, 
madre  de  los  dhos  señores  maestro  arce  e  fray  diego  arge, 


que  respecta  a  los  que  lo  juzgan  de 
Cuenca,  aunque  es  cierto  que  en  mejo- 
res fundamentos  se  apoyan,  por  seguir, 
como  lo  hacen  todos,  a  Mártyr  Rizo, 
historiador  de  aquella  ciudad  y  contem- 
poráneo de  nuestros  don  Diego  y  don 
Pedro,  todavía  me  he  de  permitir  obser- 
var, que  así  el  citado  historiador  como 
el  reverendo  P.  González,  cronista  ge- 
neral de  toda  la  Orden  Franciscana, 
siendo  también  coetáneo  y  aun  amigo 
de  nuestro  don  Diego,  y  fundándose 
nada  menos  que  en  los  libros  de  regis- 
tros de  la  Universidad  de  Alcalá,  hacen 
a  éste,  no  sólo  oráculo  privado  de  Prín- 
cipes y  Papas,  si  que  además  Obispo 
efectivo  de  Orense  en  España  y  Arzo- 
bispo de  Salerno  en  Ñapóles;  y  sin  em- 
bargo, probado  está  por  la  cronología 
de  los  mitrados  de-  aquellas  diócesis, 
que  todo  ello  es  pura  fábula.  ¿Por  qué 
no  habrán  podido  equivocarse  en  lo  de- 
más Mártyr  Rizo,  González  y  sus  se- 
cuaces? 


el  dho  señor  licen.*^°  martinez  rrescibio  juramento  por 
Dios  nuestro  señor  en  forma  de  derecho  de  la  dha  señora 
ysabel  rrodriguez,  madre  de  los  dhos  señores  maestro  Arce 
e  frai  diego  de  arce;  la  qual,  aviendo  jurado  por  dios  nues- 
tro señor  en  forma  de  derecho,  e  siendo  preguntada  al  tenor 
de  las  preguntas  del  dho  interrogatorio,  dixo  e  declaro  lo 
siguiente: 

»A  la  primera  pregunta  dixo  que  conosgio  a  pedro  de 
arce,  que  fue  su  marido  legitimo,  según  borden  de  la  santa 
madre  yglesia  de  rroma;  y  esta  que  declara  y  el  dho  pedro 
de  arce  son  padres  legítimos  de  los  dhos  maestro  Pedro  de 
Arce  e  frai  diego  de  arce,  religiosso  de  la  borden  de  señor 
san  fran.'-®,  contenido  en  la  pregunta;  y  saue  que  el  dho 
fray  diego  de  arce  es  opositor  del  dho  colegio  de  san  p.°  y 
san  pablo  de  la  Vniversidad  de  santo  ylefonso  de  la  villa 
de  alcalá  de  henares.  E  ansi  mjsmo  sabe  quel  dho  frai  die- 
go de  arce  es  hijo  legitimo  del  dho  su  marido.  Es  de  hedad 
de  veynte  e  ocho  años  e  va  a  veynte  e  nuebe.  Y  lo  sabe  este 
testigo  porque  se  acuerda  que  el  dho  frai  diego  de  arce,  su 
hijo,  nas(;io  y  le  parió  el  año  de  cinquenta  e  tres.  Y  esto 
rresponde  a  la  pregunta.» 

El  Rector  de  la  Universidad,  en  la  comisión  que  da  al 
lic.^°  Andrés  Martínez,  cura  de  la  parroquia  de  San  Mi- 
guel, de  Madrid,  dice:  «y  agora  el  padre  fray  diego  de  arce, 
natural  desa  dha  villa».— Fol.  153,  verso. 

Biblioteca  de  la  Academia  de  la  Historia:  Colección  de  in- 
formaciones hechas  por  7'eligiosos  de  la  Orden  de  San  Fran- 
cisco para  entrar  en  el  Colegio  de  San  Pedro  y  San  Pablo 
de  Alcalá  de  Henares,  y  algunas  otras  para  graduarse  de 
Licenciado  en  Teología  en  la  Universidad  de  dicha  ciudad. 

9  —  27  —  1 


Tomo  I,  fols.  159  a  178.— Signatura 
(Nota  del  editor.) 


E  n."  20 


—  21  - 


Como  quiera  que  fuese,  propio  o  ex- 
traño, ello  es  que  entre  murcianos  habi- 
tó durante  mucho  tiempo,  y  entre  mur- 
cianos también,  trabajó  y  publicó  varias 
de  sus  obras,  razón  por  la  cual  no  hemos 
podido  menos  de  asignarle  un  lugar  dis- 
tinguido en  los  presentes  Estudios. 

Por  supuesto  que  no  debemos  confun- 
dirlo, como  lo  han  hecho  algunos  escri- 
tores, originándose  de  aquí  las  muchas 
equivocaciones  en  que  incurrieron,  con 
otro  don  Diego  de  Arce  y  Reinoso, 
Obispo  que  fué  de  Plasencia  y  Arzobis- 
po de  Salerno,  por  aquella  misma  épo- 
ca, y  muy  distinto,  por  cierto,  de  nues- 
tro claro  P.  Minorita  e  ilustrísimo  Obis- 
po de  Casano. 

Nació  éste,  según  el  común  sentir  de 
todos  sus  biógrafos,  por  los  años  de  1550 
a  1551  (1),  de  nobilísimos  padres.  Estu- 
dió en  la  Universidad-de  Alcalá,  y  asis- 
tiendo un  día  en  ella  a  la  misión  cele- 
brada por  el  famoso  orador  evangélico 
Fr.  Alonso  Lobo,  determinóse  en  él  la 
vocación  hacia  la  regla  Franciscana, 
cuyo  hábito  vistió  en  el  convento  de  la 
Observancia  de  Murcia,  según  los  auto- 
res de  la  Biografía  Eclesiástica  Com- 
pleta. Ya  profeso,  aplicáronle  los  Pa- 
dres a  los  estudios  mayores  «en  los  que 
hizo  (se  dice)  progresos  admirables,  ma- 
nifestando en  todos  un  ingenio  tan  vivo 
como  profundo  e  igualmente  airoso  y 
desenfadado».  En  1581  fué  nombrado 
Colegial  Mayor  del  insigne  de  San  Pe- 
dro y  San  Pablo  de  la  referida  Univer- 
sidad. Vuelto  al  territorio  murciano,  en- 
cargáronle las  Cátedras  de  Filosofía  y 
Teología,  que  desempeñó  los  años  pres- 
critos por  su  Instituto;  y  aplicándole 
después  al  gobierno,  obtuvo  varios  car- 
gos, siendo  uno  de  ellos  el  de  Prelado 
del  convento  de  San  Francisco  de  Mur- 


(1)  Como  hemos  visto  por  el  documento  inserto  en  la 
nota  anterior,  nació  el  año  1553.  Fueron  sus  padres  Pedro 
de  Arce  e  Isabel  Rodríguez,  vecinos  de  Madrid.  (N.  del  e.) 


cía,  que  ejerció  por  los  años  de  1593  y 
siguientes,  en  cuyo  tiempo  fué,  cuando 
comisionado  en  unión  de  su  hermano 
don  Pedro,  por  nuestro  venerable  Obis- 
po don  Sancho  Dávila  para  el  asunto  de 
la  traslación  de  las  reliquias  de  San  Ful- 
gencio y  Santa  Florentina,  estuvieron 
ambos  en  Madrid,  y  lograron,  particu- 
larmente el  primero  (pues  don  Pedro 
.cayó  al  poco  tiempo  enfermo),  captarse 
la  más  alta  estimación  y  el  más  distin- 
guido aprecio  por  parte  del  Rey  don 
Felipe  11(1). 

Dicha  amistad  fué  para  el  P.  Arce  la 
corona  de  su  carrera.  Merced  a  ella  es- 
tuvo algunos  años  de  Confesor  y  Con- 
sultor teólogo  del  Excmo.  Sr.  D.  Fer- 
nando Ruiz  de  Castro,  Conde  de  Lemos, 
y  en  virtud  de  ella  también,  o  al  menos 
por  su  recuerdo,  hubo  de  ser  presenta- 
do por  la  majestad  de  Felipe  III  para  la 
silla  de  Casano,  enclavada  entonces, 
como  es  sabido,  en  los  vastos  dominios 
de  la  monarquía  española  y  reino  de 
Ñapóles.  No  podremos  fijar  el  día  en 
que  entró  en  el  gobierno  pastoral  de 
dicha  diócesis,  ni  menos  aquel  en  que 


(1)  En  prueba  de  ello,  vamos  a  transcribir  la  carta  que 
este  monarca  le  dirigía  en  1596,  según  la  trae  el  docto  cro- 
nista de  la  provincia  de  Cartagena  en  uno  de  los  originales 
que  constituyen  el  apéndice  a  la  parte  primera  de  dicha 
obra.  Dice  así: 

«Venerable  devoto  Religioso,  amado  nuestro:  prosiguien- 
do las  diligencias  que  el  Emperador,  mi  padre  y  señor,  que 
haya  gloria,  mandó  hacer  para  que  los  nuevos  convertidos 
del  Reyno  de  Valencia,  se  instruyan  en  nuestra  santa  Fe  y 
la  profesen  perfectamente,  ha  llegado  el  tiempo  de  embiar- 
les  Predicadores  y  Confesores  que  les  enseñen  y  prediquen 
la  Fe  y  Doctrina  Cristiana,  y  la  suavidad  y  premio  eterno 
de  ella.  Porque  lo  demás  está  dispuesto  y  prevenido  como 
es  menester;  y  conviene  que  sean  los  Religiosos  de  más 
perfección  en  letras,  virtud  y  buen  ejemplo,  y  con  amor  y 
caridad  se  compadezcan  de  ellos,  y  con  paciencia  toleren  y 
venzan  su  rudeza  y  obstinación;  y  porque  sé  que  los  hay 
tales  en  vuestra  Religión,  os  encargo  que  hagáis  elección 
de  los  en  quien  concurran  estas  partes  y  calidades;  y  junta- 
mente la  de  limpieza  en  cuanto  se  pudiere...  Y  pues  en  este 
negocio  el  servicio  de  N.  Señor,  el  aumento  de  nuestra  san- 
ta Fe,  la  conversión  y  salvación  de  tantas  almas,  y  el  bien 
publico  universal  de  mis  Reinos;  y  de  todo  ello  sois  vos  tan 
celoso,  me  prometo  que  en  esto  corresponderéis  al  concepto 
y  estimación  que  tengo  de  vuestra  persona,  de  que  recibiré 
muy  acepto  servicio.  Dada  en  Aranjuez  a  13  de  Marzo 
de  15%.  Yo  el  Rey.  =  Franqueza  Secretario.> 


-  22 


lo  abandonó,  por  haber  sido  promovido 
para  el  de  la  iglesia  de  Tuy;  pero  sí  nos 
consta  con  seguridad  que  sólo  por  el 
espacio  de  cinco  años  hubo  de  ejercer 
aquel  alto  cargo,  o  sea  desde  1610  a  1615, 
en  que  hallamos  citado  un  decreto  co- 
misionando al  P.  Fr.  Alonso  de  Vargas 
para  dar  la  bienvenida  a  España  de 
nuestro  limo.  D.  Diego;  y  también  que 
no  llegó  a  sentarse  en  la  citada  sede  4e 
Tuy,  por  haberle  atajado  la  muerte, 
ocurrida,  según  común  sentir  también 
de  sus  biógrafos,  en  el  año  de  1617.  In- 
dudablemente, pues,  debió  vivir  enfer- 
mo los  dos  últimos  años  de  su  exis- 
tencia. 

«Una  de  las  mayores  y  más  nobles  em- 
presas de  este  ilustrísimo  héroe  (dice  el 
precitado  cronista  don  Pablo  Manuel  Or- 
tega) fué,  a  mi  parecer,  la  erección  de  la 
abundante  y  selecta  librería  del  referido 
convento  de  la  ciudad  de  Murcia;  de  modo 
que  por  aquellos  tiempos  era  sin  question 
la  mejor  y  más  copiosa  que  avia  en  toda 
esta  familia...  Dio  principio  a  congregar 
libros  siendo  Provincial,  y  continuó  por 
todo  el  resto  de  su  vida,  en  las  circunstan- 
cias de  que  aviendo  tenido  mucha  entrada 
y  comunicación  con  muchos  Príncipes,  así 
eclesiásticos  como  seculares,  y  con  los  su- 
getos  más  amantes  de  las  letras,  como  él 
lo  era,  y  aver  corrido  muchos  reynos  y 
provincias,  siempre  fué  con  este  cuidado; 
por  cuya  razón  no  huvo  libro  de  qualquier 
idioma  y  facultad,  que  llegase  a  su  noti- 
cia, que  no  lo  traxesse  o  embiasse  a  dicha 
Biblioteca.» 

Por  lo  que  respecta  a  su  carácter  de 
escritor,  conocémoslo  como  orador  fe- 
cundo, como  teólogo  distinguido  y  como 
literato  erudito.  Las  obras  debidas  a  su 
ingenio,  según  Wadingo,  don  Nicolás 
Antonio,  Fr.  Miguel  de  San  José  y  Fray 
Juan  de  San  Antonio,  fueron: 

1.*  «Miscellanea  Sacra».  Matriti, 
1600. 

Ibidem.  Murcia,  1606,  que  don  Nico- 
lás Antonio  cita  con  el  título  que  refe- 


riremos en  nuestra  Sección  de  Impresos 
en  Murcia. 

2.^  «Roma  la  Santa  o  de  las  mejores 
que  alcanzó  Roma  con  la  venida  de  San 
Pedro  a  ella,  y  con  asentar  en  ella  su 
silla».  Ñapóles,  1601.  En  4.° 

Ibidem.  2.^  edición.  Ñapóles,  1615. 
En  4.°  mayor. 

«Opus  (dice  el  P.  Fr,  Juan  de  San  Anto- 
nio) Apologeticum  pro  liberanda  Urbe 
Romana  a  calumniis  Haereticorum ,  in 
quo  dilucide  demonstrat  nonnisi  lividis 
Haereticorum,  et  iniquorum  oculis  Urbem 
objici  inquinamentis  foe  datam;  bonorum 
autem,  et  candidorum  virorum  libera  abs- 
que  pravo  affectu  judicantium  conspectui 
apparere  pulchris,  piisque  notis  commen- 
dabilem.» 

3.^  «Discursos  predicables  sobre  la 
salve».  Cuenca,  1601.  En  4.° 

El  P.  Ortega  asegura  que  este  tratado 
pertenece  al  P.  Melchor  de  Huélamo, 
apoyándose,  sin  duda,  en  el  texto  de 
Marrado  en  su  Bibliotheca  Mariana; 
pero  todos  los  bibliógrafos  cuyos  nom- 
bres dejamos  apuntados  estímanlo  como 
producción  de  nuestro  don  Diego;  en 
vista  de  lo  cual  sospechamos  nosotros 
si  acaso  coincidiría  éste  con  el  citado 
P.  Huélamo  en  dar  un  mismo  título  a 
sus  Discursos. 

4.^  «Sermones  de  Santos>.  Murcia, 
1606.  En  4.° 

5.^    «Sermones  de  Adviento».  Ibidem. 

6.^  «De  la  Concepción  inmaculada 
de  Nuestra  Señora».  Ibidem. 

7.*  «De  la  Expectación  del  parto  de 
Nuestra  Señora».  Ibidem. 

8.^  «Sermón  de  la  Cruz  de  Christo  y 
del  buen  Ladrón».  Ibidem,  1607.  En  4.° 

9.^  «Sermón  de  la  Natividad  de 
Nuestra  Señora».  (Sevilla  ?),  1608.  En  4.° 

Fué  predicado  en  Sevilla  en  el  referi- 
do año  de  1608  ante  el  limo.  Cardenal 
y  Arzobispo  don  Fernando  Niño  de 
Guevara  e  impreso  por  su  mandado, 
según  se  dice  en  la  portada. 


-  23 


10.*  c  Panegírico  de  N.  S.  P.  San 
Francisco.  Sevilla,  1608.  En  4.° 

Y  las  siguientes  manuscritas,  cuya 
descripción  más  detallada  reservamos 
para  el  lugar  correspondiente: 

11.*  cAegyptus  Spoliata».  Obra  teni- 
da en  alta  estimación  por  Wadingo. 

12.*  «Epístola  Apologética  a  los  Re- 
ligiosos de  la  Provincia  de  Cartagena». 
Alabada,  también,  por  Wadingo  y  por 
don  Nicolás  Antonio. 

13.*  «De  la  antigüedad  y  provecho 
de  las  librerías».  Publicada  reciente- 
mente por  el  docto  Profesor  de  la  Es- 
cuela Diplomática  don  Toribio  del 
Campillo.  Madrid,  Viuda  de  Hernando, 
1888. 

14.*  «Oración  latina  sobre  la  elec- 
ción de  Ministro  General»  (1). 

15.*  «Diálogo  del  Pintor  Christiano» . 
Obra  también  muy  celebrada  por  don 
Nicolás  Antonio. 

16.*  «Miscellanea  segunda  de  Ora- 
ciones hasta  la  Purificación». 

17.*  «Advertencias  al  Real  Consejo 
de  la  General  Inquisición  acerca  del 
Catálogo  y  Expurgatorio  de  los  libros 
vedados  que  se  mandan  reveer». 

Obra,  en  concepto  del  referido  P.  Or- 
tega, la  más  insigne  y  erudita  de  cuan- 
tas trabajó  el  fecundísimo  ingenio  del 
P.  Arce,  y  en  donde  más  cumplidamen- 
te vino  a  poner  de  manifiesto  la  profun- 
didad, sutileza  y  robustez  de  su  inteli- 
gencia en  el  conocimiento  de  todas  las 
ciencias,  artes  y  materias  en  que  estaba 
instruido,  «arguyendo  un  milagro  de 
erudición  y  universalidad  en  tan  doctí- 
simo maestro»  (2). 


(1)  Arce,  Didacus  de:  Oratio  ad  Paires  in  cotnitiis  a 
Gcneralibus  Seraphi  religionis  B.  P.  N.  Francisci  Valliso- 
leti  congrégalos,  quce  &  religiosa  disciplina;  integritas, 
<§•  óptima  ministri  Generalis  electio  sua  detur.  Anno  1593. 
En  4.» 

(Biblioteca  Nacional.— Colee.  Usoz,  n.»  94%.— Falto  de 
port) 

(2)  En  la  Biblioteca  de  la  Academia  de  la  Historia  se 
conserva,  inserto  en  un  sermonario  manuscrito,  de  letra 


AscHER  Ben  Mohamad  Ben  Margia  Alan- 

SAREO. 

Nació  en  Baeza,  de  noble  estirpe,  en 
el  año  de  la  Hégira  486,  y  fué  durante 
algún  tiempo  residente  en  Murcia,  don- 
de ejerció  el  cargo  de  Gobernador,  así 
como  también  en  las  ciudades  de  Va- 
lencia y  Granada,  muriendo  en  la  de 
Játiva,  año  de  la  Hégira  569,  o  sea  a  los 
ochenta  y  tres  años  de  su  edad. 

Tráelo  Casiri  como  autor  de  una  Co- 
lección de  Leyes  (Canonum  Collectio- 
nemj,  obra  ilustrada  con  doctas  anota- 
ciones, bien  que  no  concluida. 

Bibl.  Escur.  Tomo  II,  pág.  112. 

AsTORHC  (Sor  María  Angela). 

Nació  en  Barcelona,  a  primeros  del 
mes  de  septiembre  de  1592,  de  nobles  y 
virtuosos  padres,  que  lo  fueron  don  Cris- 
tóbal y  doña  Catalina  Astorhc.  Habien- 
do quedado  huérfana  a  la  edad  de  cinco 
años,  encargaron  sus  deudos  y  tutores 
su  educación  a  una  buena  señora  de  Sa- 
rria, llamada  Apolonia,  merced  a  la 
cual  pudo  contar  bien  pronto  la  niña 
Jerónima  (que  tal  fué  su  nombre  en  el 
siglo)  con  una  esmerada  instrucción  en 
doctrina  cristiana  y  Sagrada  Escritura, 
así  como  también  con  grandes  perfec- 
ciones y  habilidades  propias  de  su  sexo. 
Tuvo  siempre  inclinación  hacia  el  esta- 
do religioso;  pero  el  haberse  librado  mi- 
lagrosamente de  una  mortal  enferme- 
dad de  tal  manera  decidió  su  vocación, 
que  a  pesar  de  las  muchas  dificultades 
que  le  opusieron  sus  parientes,  entró  a 
la  edad  de  once  años  en  el  Convento  de 
Santa  Margarita  la  Real  de  Barcelona, 
donde  a  la  sazón  se  hallaba  su  hermana 
Isabel  Astorhc. 


de  fines  del  siglo  xvi,  un  sermón  de  Fr.  Diego  de  Arce, 
11  —  2  —  7        ... 

"*«"•  4^ •''•^• 

Cfr.  García  Soriano:  El  humanista  Francisco  Cáscales. 
Su  vida  y  sus  obras.  Estudio  biográfico,  bibliográfico  y  cri- 
tico... Madrid,  1924.  Págs.  217-224. 


24  - 


Permaneció  alli  trece  años,  según  ella 
misma  escribe:  siete  de  novicia,  y  seis 
de  profesa,  ejercitándose  durante  este 
último  período  en  trabajos  de  predica- 
ción a  las  religiosas,  y  traducción  de 
algunos  escritos  latinos,  hasta  que  por 
orden  de  su  Prelado  el  limo,  señor 
don  Luis  Sanz,  salió,  en  unión  de  cuatro 
de  sus  compañeras,  para  la  fundación 
del  convento  de  Nuestra  Señora  de  los 
Angeles  de  Zaragoza,  donde,  ejerciendo 
sucesivamente  los  cargos  de  Maestra  de 
Novicias,  Vicaria  y  Abadesa,  residió 
treinta  años,  al  cabo  de  los  cuales,  y  ya 
contando  ella  con  la  edad  de  cincuenta 
y  tres,  salió  para  la  fundación  del  de  La 
Exaltación  del  Santísimo  Sacramento 
de  MM.  Capuchinas  de  la  ciudad  de 
Murcia,  a  2  de  junio  de  1645. 

Era  en  tal  sazón  su  confesor  el  señor 
don  Alejo  de  Bojados  y  Sull,  a  quien 
principalmente  se  le  deben  todos  los 
trabajos  y  toda  la  obra  de  dicha  funda- 
ción, y  a  instancias  del  cual,  siendo  In- 
quisidor Apostólico  del  reino  de  Mur- 
cia, y  habiendo  ya  obtenido  todas  las 
licencias  y  autorizaciones  necesarias, 
pudo  la  venerable  Madre  Angela,  en 
unión  también  de  otras  cuatro  religio- 
sas, llenar  el  cumplimiento  de  su  nuevo 
cometido,  tomando  la  posesión  en  el  día 
de  San  Pedro  del  referido  año,  con  el 
mismo  grande  aparato  y  solemne  pom- 
pa que  días  antes  habíase  desplegado 
en  su  recibimiento  (1). 


(l)  Acerca  de  este  episodio  de  su  vida,  escribe  el  P.  Ze- 
vallos  lo  siguiente; 

«Con  este  plausible  aparato  y  solemne  recibimiento,  fue- 
ron conducidas  a  la  ciudad  (desde  Espinardo)  nuestras  fun- 
dadoras; y  después  de  haber  visitado  sus  principales  San- 
tuarios, y  descansado  de  tan  penoso  camino,  fueron  depo- 
sitadas en  la  Iglesia  Parroquial  de  San  Bartolomé,  de 
donde  con  el  mismo  aparato  y  acompañamiento  ilustre, 
salió  una  solemnísima  procesión,  colgadas  y  entoldadas 
las  calles,  como  se  acostumbra  en  la  festividad  del  Corpus, 
con  plausible  regocijo  y  música:  llevaba  el  señor  Deán  de 
la  Santa  Iglesia  de  Cartagena,  en  una  rica  pulida  custodia, 
el  Sacramento  Santísimo,  cerrando  la  procesión.  Inmedia- 
tas al  Palio,  las  cinco  Madres  Fundadoras,  cada  una  por  su 
antigüedad,  acompañadas  y  servidas  de  las  primeras  seño- 


En  esta  nueva  casa,  poblada  al  poco 
tiempo  de  muchas  jóvenes  murcianas, 
puede  decirse  que  la  Madre  fundadora 
no  experimentó  otra  cosa  que  tribula- 
ciones y  sinsabores;  pues  amén  de  los 
achaques  propios  de  su  edad  avanzada, 
y  de  las  muchas  fatigas  y  trabajos  ane- 
jos a  la  estrecha  observancia  de  su  Ins- 
tituto, todavía  quiso  el  cielo  poner  a 
prueba  su  resignación  cristiana  y  quila- 
tar  su  fe,  con  otras  muchas  aflicciones 
y  calamidades.  Tales  fueron,  por  ejem- 
plo, la  de  la  peste  de  1645,  en  que  tuvo 
la  desgracia  de  ver  atacadas  del  conta- 
gio a  seis  de  sus  Hijas;  la  de  la  inunda- 
ción de  1651,  día  de  San  Calixto,  en  que 
tuvo  la  Comunidad  que  trasladarse, 
para  vivir  durante  un  año,  a  la  casa  de 
los  PP.  Jesuítas  llamada  Santa  María 
del  Monte,  a  una  legua  de  Murcia  y  en 
el  sitio  llamado  entonces  Montaña  de 
las  Ermitas;  y  la  de  la  ruina  completa 
del  Convento  por  causa  de  la  segunda 
inundación  de  1654,  y  en  la  que  segunda 
vez  tuvieron  las  Madres  que  ausentarse 
y  habitar  en  el  mismo  destierro  has- 
ta la  reediñcación  del  mencionado  edi- 
ñcio. 

Últimamente,  en  1661,  habiendo  que- 
dado imposibilitada  por  la  pérdida  casi 
completa  de  sus  facultades  intelectua- 
les, vióse  reemplazada  en  el  cargo  de 
Superiora  por  la  Madre  Sor  Francisca 
Gertrudis  de  Béjar;  y  ya  en  este  estado 
de  postración  y  abatimiento  hubo  de 
permanecer  hasta  el  último  instante  de 
su  vida,  que  terminó  feliz  y  santamente 
en  brazos  del  Señor,  el  día  2  de  diciem- 
bre de  1665,  a  los  setenta  y  tres  de  edad 


I 
I 


ras  de  Murcia.  En  esta  forma  llegaron  a  su  nuevo  conven- 
to, y  cantado  el  Te  Deum  por  la  Capilla  de  la  Catedral, 
se  colocó  la  custodia  en  su  templo  dedicado  a  la  Exaltación 
de  este  divino  Sacramento;  y  nuestra  Venerable  Madre 
María  Angela,  como  Superiora,  Fundadora  y  primera 
Abadesa,  se  entregó  de  las  llaves  de  la  Clausura,  y  entró 
en  ella  con  sus  cuatro  Fundadoras...,  quedando  con  esto 
ejecutada  la  función  y  fundación  de  este  Convento  de  Ma- 
dres Capuchinas,  día  del  Apóstol  San  Pedro  del  mismo 
año  de  1645.» 


-  25  - 


y  veinte  de  la  fundación  de  su  convento 
de  Murcia. 

Inmediatamente  a  su  fallecimiento, 
comenzó  a  formarse  un  proceso  canóni- 
co relativo  a  las  virtudes  y  milagros  de 
esta  Madre,  ante  el  Ordinario  el  ilustrí- 
simo  señor  don  Mateo  Legassa  Boguei- 
ro.  Arzobispo  Obispo  de  Cartagena. 
Posteriormente,  en  épocas  diversas, 
han  seguido  haciéndose,  en  este  senti- 
do, investigaciones  y  trabajos  conside- 
rables, y  continúan  todavía  en  la  actua- 
lidad, aunque  sin  resultado  alguno  de- 
cisivo. 

Dejó  escritos,  conforme  al  testimonio 
de  su  biógrafo  el  P.  Luis  Ignacio  Zeva- 
llos,  los  siguientes  trabajos: 

I.*'  «Apuntamientos  y  cuenta  de  su 
conciencia». 

Son,  tal  y  como  los  poseyó  don  Alejo 
de  Bojados,  primero,  y  el  citado  P.  Ze- 
vallos,  después,  una  especie  de  historia 
o  vida  de  la  venerable  Madre,  escrita 
por  ella  misma,  bien  que  «sin  orden  ni 
concertada  distribución»,  en  distintas 
épocas  y  con  diversa  suerte.  Comenzó  a 
escribirlos  en  el  convento  de  Barcelona, 
siendo  su  confesor  don  Martín  García,  y 
aunque  quemados  en  un  principio  todos 
los  que  fué  redactando  durante  el  tiem- 
po de  este  su  primer  padre  espiritual, 
reprodújolos  después  por  mandato  del 
segundo,  y  juntándolos  con  los  que  pos- 
teriormente tenía  escritos,  guardólos  to- 
dos bajo  un  pliego  cerrado  con  esta  ins- 
cripción: Estos  papeles  son  de  concien- 
cia, nadie  los  lea,  sino  déselos  cerrados, 
como  están,  a  mi  Confesor,  si  Dios  dis- 
pusiere de  mi  vida.  Extraviáronse  tam- 
bién éstos,  y  enterado  de  ello  el  referi- 
do señor  Bojados,  y  conociendo  la  faci- 
lidad con  que  la  venerable  Madre  sabía 
reproducirlos,  impúsole,  a  su  vez,  esta 
obligación,  bajo  estrecha  obediencia  y 
formal  precepto,  consiguiendo  de  esta 
manera  obtener  los  preciosos  materia- 


les, que  en  manos,  luego,  del  menciona- 
do P.  Zevallos,  sirvieron  para  componer 
la  vida  de  esta  religiosa,  tan  célebre  en- 
tre los  murcianos.  Contienen  algunos 
pasajes  inspirados,  trozos  que  pueden 
ponerse  al  lado  de  los  mejores  escritos 
místicos,  y  muchas  noticias  curiosas  e 
interesantes  para  Murcia, 

2.°  «Directorio  y  práctica  espiritual 
para  la  crianza  y  educación  de  las  No- 
vicias, y  modernas  en  la  Religión,  con 
advertencias  útiles  para  ser  perfectas 
Religiosas». 

Ms.,  de  doce  hojas,  letra  original  muy 
metida  y  menuda.  No  ha  llegado  a  nues- 
tras manos,  pero  sabemos  por  el  P.  Ze- 
vallos, que  lo  poseyó,  ser  este  tratado 
una  especie  de  compendio  de  los  debe- 
res y  prácticas  religiosas,  en  que  deben 
ejercitarse  las  Novicias  para  su  aprove- 
chamiento espiritual  y  perfección  en  la 
pureza  de  su  vida;  como  asimismo  el 
hallarse  sembrado  de  útiles  consejos,  de 
provechosas  enseñanzas  y  de  muchos 
rasgos  de  elocuencia,  erudición  y  sabi- 
duría. Dedicólo  su  autora  a  las  Maestras 
de  Novicias. 

3.°  «Regla  y  Constituciones  del  Di- 
vino Amor,  para  quien  las  quiera  obser- 
var». 

Es,  como  el  anterior,  un  tratado  que 
la  venerable  Madre  dejó  formado  para 
enseñanza  y  dirección  de  «las  almas,  y 
Religiosas  profesas,  que  desearen  subir 
al  ápice  de  la  santidad,  proponiendo  lo 
mismo  que  ella  practicaba  como  Espo- 
sa de  Sangre  del  Divino  Cordero».  Con- 
tiene siete  breves  Reglas  con  otras  tan- 
tas Constituciones  que  las  declaran  re- 
lativas al  Llamamiento  de  Dios  al  al- 
ma; Correspondencia  del  alma  al  divi- 
no llamamiento;  Entrada  del  alma  en 
soledad  y  desierto  al  trato  con  Dios;  De 
la  mayor  perfección;  De  lo  apurado  de 
la  perfección;  De  la  misma  materia;  y 
Del  amor  a  las  llagas  del  Salvador,  y 


—  26  - 


caridad  de  su  coraBÓn  con  que  las  pa- 
deció: todas  ellas  esmaltadas  con  luga- 
res apropiados  de  la  Sagrada  Escritura, 
y  escritas,  según  asegura  su  comenta- 
dor, «con  teología  tan  alta,  inteligencia 
de  escritura  tan  perfecta,  fervor  de  es- 
píritu tan  de  fuego,  y  sabiduría  tan  divi- 
na, que  más  parece  infundida  de  Dios 
que  adquirida,  más  aprendida  en  la  ora- 
ción que  en  los  libros,  y  más  del  cielo 
que  de  la  tierra,  siendo  su  misma  auto- 
ra la  que  dijo  de  este  libro:  La  Regla  y 
Contituciones  del  Divino  amor,  escribí 
en  cuaderno  aparte:  La  que  me  enseñó, 
ilustrando  mi  entendimiento,  mi  Divi- 
no Señor,  con  inteligencia  y  especial 
ilustración. i 

A.°  «Admirable  Inventiva  para  avi- 
var el  amor  de  Christo,  con  el  exercicio 
de  las  virtudes,  en  su  santo  nacimiento». 

Ms,  de  27  hojas  escritas  de  su  mano 
en  la  Cuenta  de  su  Conciencia.  Cítala 
el  P.  Zevallos,  sirviéndole  de  título  a 
uno  de  sus  capítulos,  y,  según  él,  con- 
siste toda  la  idea  ingeniosa  de  esta  pro- 
ducción en  ofrecer  al  Divino  Niño  en  su 
nacimiento  una  preciosa  cuna  de  cris- 
tal, en  significación  de  su  infinita  sabi- 
duría, guarnecida  de  oro  y  de  esmaltes 
azules,  verdes  y  encarnados,  con  todo 
el  aderezo  necesario,  y  treinta  y  tres  es- 
meraldas, doce  rubíes,  cuatro  pirámides 
en  los  cuatro  ángulos  y  un  león  sobre 
la  cabecera  con  un  corderillo  manso 
grabado  en  su  pecho:  todo  en  sentido 
simbólico  y  como  tema  y  motivo  a  un 
sinnúmero  de  jaculatorias,  aspiraciones, 
afectos,  coloquios,  peticiones,  adoracio- 
nes, acciones  de  gracias  y  alabanzas  al 
Reciennacido.  Concluye  el  tratado  en 
los  siguientes  términos: 

«Y  ofrezco  este  espiritual  donativo  y 
aderezo  a  sus  Majestades,  a  eterna  alaban- 
za de  la  Trinidad  Santissima,  y  de  mi  divi- 
no humanado  Niño,  y  para  exaltación  de 
nuestra  Santa  Fe,  y  augmento  de  el  Culto 
Divino,  para  augmento  de  gracia  a  los  Jus- 


tos e  impetración  de  ella  para  los  Pecado- 
res, conversión  de  los  Infieles,  y  alivio  de 
las  Benditas  Almas  del  Purgatorio,  que 
gozen  de  la  Gloria  por  todos  los  siglos.» 

5.*'  «Monte  de  Piedad  para  alivio  de 
las  Almas  del  Purgatorio.» 

Ms.  de  ocho  hojas,  formando  cuader- 
no aparte  en  sus  Apuntamientos.  Está 
dedicado  al  Corazón  amante  de  Christo 
en  la  columna,  y  consiste  el  pensamien- 
to en  presentar  a  tan  sublime  modelo  de 
humildad,  como  un  sagrado  asilo  o  Mon- 
te Piadoso,  a  que  deben  dirigirse,  y  en 
que  deben  estar  depositadas  todas  nues- 
tras oraciones  y  buenas  obras,  «para  que 
con  ellas,  y  por  los  méritos  de  Christo 
y  el  Patrocinio  de  su  bendita  Madre» 
sean  aliviadas  las  almas  de  las  penas  del 
Purgatorio. 

«El  coraQon  de  Christo  padeciendo  en  la 
columna  (escribe  la  autora)  es  todo  el  amor 
y  recreo  de  mi  coraron,  y  el  thesoro  de  mi 
alma,  en  cuyo  Divino  Archivo  tengo,  con 
todos  mis  actos  y  obras,  encerradas  mis 
potencias,  y  assí  en  él  he  fundado  un  Mon- 
te de  Piedad  a  favor  de  las  Animas  Bendi- 
tas, tomándole  por  Depositario,  Protector 
y  perpetuo  Conservador  de  este  Monte 
Santissimo.» 

6.°  «Devoción  a  las  cinco  llagas  de 
Nuestro  Señor  Jesu-Christo,  para  impe- 
trar el  Divino  auxilio  en  tiempo  de  pes- 
te, enseñada  a  mi  alma  por  particular 
gracia.» 

Compuesta  con  motivo  del  contagio 
que  añigió  a  la  ciudad  de  Murcia  en  el 
año  1645,  y  se  compone  de  algunos  sal- 
mos, antífonas  y  una  breve  oración. 

7.°  En  los  procesos  hechos  después 
de  su  muerte  se  hace  mención  también 
de  una  Letanía  que  compuso  en  latín,  de 
Elogios  y  Alabanzas  a  ¿a  Gloriosa  Vir- 
gen, y  esclarecida  Madre  suya  Santa 
Clara;  la  cual  agradó  tanto  al  entonces 
Arzobispo  de  Zaragoza,  que,  según  se 
dice,  mandó  imprimirla  a  su  costa. 

De  viva  voz,  además,  y  por  manda- 


27  — 


to  del  limo,  don  Gaspar  Gil,  tradujo 
para  sus  compañeras  las  Madres,  el  li- 
bro titulado  Vitae  Patrum;  comentó  y 
parafraseó  el  salmo  44,  que  empieza: 
Ernctavü  cor  meuní  verbum  bonum;  y 
compuso  algunas  pláticas  y  exhortacio- 
nes espirituales  «que  hacía  en  capítulos 
y  fuera  de  ellos  para  las  Religiosas». 

Algunos  de  estos  escritos  fueron  a 
parar,  en  vida  de  su  autora,  a  manos  del 
referido  limo,  don  Gaspar  Gil,  Obis- 
po de  Vique;  otros  a  las  del  doctor  don 
Luis  Vicente  Arbués,  y  todos  luego,  a 
las  de  don  Alejo  de  Bojados,  de  quien  los 
heredó,  estando  ya  difunta  la  venerable 
Madre,  el  tantas  veces  citado  historia- 
dor de  su  vida  Luis  Ignacio  Zevallos. 

Era,  pues,  como  acabamos  de  ver,  la 
venerable  Madre  Sor  María  Angela,  ade- 
más de  una  santa  y  ejemplar  Religiosa, 
una  escritora  notable  y  fecunda.  No  hay 
en  ella  el  menor  asomo  de  afectación  ni 
de  amaneramiento;  escribe  siempre  con 
la  sencillez  y  el  candor  de  un  alma  de- 
vota, que  sólo  trata  de  revelar  a  sus  con- 
fesores los  más  profundos  sentimientos 
de  su  alma;  sus  palabras  son,  pues,  la 
más  pura  y  genuína  expresión  de  su 
conciencia;  su  estilo,  en  general  templa- 
do y  sencillo,  sólo  cobra  animación  y  se 
torna  vehemente  cuando  implora  los 
favores  del  divino  Esposo  o  refiere  las 
dulzuras  y  arrobamientos  con  que  le 
asiste  su  infinita  gracia;  sentimiento  en 
el  cual  se  hallan  inspirados  sus  mejores 
trozos  y  sus  más  ardientes  cláusulas. 

El  P.  Zevallos,  en  su  citada  histo- 
ria, nos  ha  trasmitido  muchas  de  ellas, 
y  las  Religiosas  Sor  Gertrudis  de  Béjar, 
Sor  Eulalia  Gómez  y  Sor  Teresa  Gálvez, 
escribieron  también  algunas  noticias  y 
relaciones  curiosas  sobre  su  amada  Aba- 
desa. He  aquí  el  retrato  que  nos  hacen 
de  ella: 

«La  venerable  Madre  Sor  María  Angela 
Astorhc  (dicen)  fué  de  estatura  mediana  y 


proporcionada;  sus  facciones  todas  bien 
dispuestas;  su  color,  blanco  y  encarnado; 
su  semblante,  agraciado  y  hermoso;  sus 
ojos  de  color  de  cielo,  zarcos,  grandes  y 
graves;  su  mirar,  amoroso  y  apacible;  las 
cejas,  arqueadas,  pobladas  y  rubias,  como 
lo  era  su  pelo,  y  con  muy  gracioso  entre- 
cejo; la  nariz,  derecha  y  aguileña;  la  boca, 
sin  improporción,  algo  grande;  los  pies, 
muy  pequeños;  los  labios,  gruesos,  pero 
sin  fealdad;  las  mexillas,  llenas;  el  cuello, 
famoso  y  derecho,  pero  no  sobrado;  todo 
su  cuerpo  lleno,  pero  con  débiles  fuerzas, 
enfermo,  assí  por  lo  sangriento  de  sus  ri- 
gores, como  por  el  fuego  y  el  ardor  que  el 
amor  de  Dios  refundía  en  su  corazón,  que 
la  hazia  desfallecer,  como  a  la  Santa  Espo- 
sa; y  en  una  palabra  concluye  quien  a  to- 
dos horas  la  veía  y  trataba,  que  fué  un 
compuesto  admirable  de  todas  las  perfec- 
ciones de  naturaleza.» 

Avala  (Fernán  Pérez  de). 
Véase  Pérez  de  Avala. 

AzpEiTiA  Sáenz  de  Santa  María  (Tlustrí- 
siMo  Sr.  D.  José  Antonio). 

Natural  de  Torrecilla  de  Cameros  en 
la  Diócesis  de  Calahorra.  A  los  veinti- 
dós años  era  ya  Rector  de  Salamanca, 
siendo  después  Canónigo  y  Arcediano 
de  Segovia,  Auditor  de  la  Rota,  Obispo 
de  Lugo  en  12  de  abril  de  1814,  consa- 
grado en  4  de  julio  siguiente,  y  última- 
mente Obispo  de  Cartagena  desde  1825 
a  1840. 

Conocémosle  como  autor  de  un  libri- 
to  de  Oraciones  al  Sagrado  Corazón  de 
Jesús,  y  de  algunas  Cartas  Pastorales, 
de  que  daremos  cuenta  en  nuestro  Ca- 
tálogo de  Impresos  en  Murcia. 

AzpuRú  Y  Jiménez  (Don  TomAs). 

A  don  Félix  Latassa,  principalmente, 
debemos  las  siguientes  noticias  referen- 
tes a  este  notable  escritor  del  reino  de 
Aragón,  y  residente  no  escaso  tiempo 
en  la  ciudad  de  Murcia,  donde  fundó 
una  Academia  Jurídico -Práctica,  allá 


-  28  - 


por  los  primeros  años  de  la  segunda 
mitad  del  pasado  siglo. 

Fué  de  la  ilustre  casa  de  los  Señores 
de  Pradilla,  y  nació  en  Zaragoza  el  17  de 
septiembre  de  1713,  siendo  bautizado  en 
la  Parroquia  de  San  Pablo.  Estudió  en 
la  Universidad  de  su  patria,  y  recibió 
en  la  misma  el  grado  de  Doctor  en  am- 
bos Derechos  el  13  de  junio  de  1734. 
Trasladado  a  Madrid,  ejerció  la  aboga- 
cía con  extraordinario  aplauso,  cupién- 
dole  también  el  alto  honor  de  erigir  en 
dicha  Corte  una  Academia  de  Jurispru- 
dencia, que  inauguró  en  1742,  y  siguió 
fomentando  hasta  el  de  1752,  en  que, 
habiendo  sido  nombrado  Canónigo  Doc- 
toral de  la  Santa  Iglesia  de  Murcia, 
pasó  a  residir  a  esta  ciudad,  donde, 
como  dicho  queda  y  en  las  horas  que 
le  dejaban  libre  las  graves  obligaciones 
de  esta  Prebenda,  estableció  en  su  casa 
una  Academia  Jurídico-Práctica,  con- 
forme a  la  de  Madrid  y  con  el  mismo 
éxito  y  provecho  para  esta  Facultad. 
Después  fué  promovido  para  la  Audito- 
ría de  la  Sacra  Rota  Romana  por  la  Co- 
rona de  Aragón,  y  obtuvo  luego  las  dig- 
nidades de  Arcipreste  de  Daroca,  de 
Arcediano  titular  de  la  Iglesia  de  Pla- 
sencia,  de  Tesorero  de  la  de  Tarragona, 
de  Consultor  de  la  Sagrada  Congrega- 
ción de  Ritos,  de  Encargado  de  los  ne- 
gocios de  S.  M.  Católica  en  Roma,  y 
últimamente,  de  Arzobispo  de  Valen- 
cia, siendo  además  condecorado  con  la 
Real  y  distinguida  Orden  de  Carlos  III. 
«Este  Monarca  (añade  el  señor  Latassa) 
como  los  Sumos  Pontífices  Clemen- 
te XIII  y  XIV,  con  toda  Roma,  le  mani- 


festaron en  repetidas  ocasiones  la  esti- 
mación que  les  había  merecido.  Satis- 
fizo con  ventajas  los  graves  encargos  y 
comisiones  que  se  le  fiaron,  y  su  sabi- 
duría y  destreza  política  supieron  incli- 
nar más  de  una  vez  la  balanza  del  Go- 
bierno hacia  los  intereses  de  su  Corte.» 
Murió  en  Roma  el  7  de  julio  de*  1772,  y 
se  mandó  enterrar  en  la  Capilla  de 
Nuestra  Señora  del  Pilar  de  la  Iglesia 
del  Real  Hospital  de  la  Corona  de  Ara- 
gón en  esta  Corte,  grabando  sobre  su 
sepulcro  una  inscripción,  cuyo  comien- 
zo es: 

D.  O.  M. 

Thomae  Azpuru  Caesaraugüstano 

In  Regia  Matritensi  Aula  Advocato 

S.  Cathedral  Eccl.  Cartaginen 

Canónico  Doct...  etc. 

(Siguen  los  títulos  y  dignidades  de 
que  queda  hecha  mención.)  Escribió: 

1.°  «Epístola  Pastoralis  ad  Capitu- 
lum  Clerum,  et  Populum  Ecclesiae  ac 
Diócesis  Valentinae.  Dat.  Romae  extra. 
Portam  Flamineam  24  junii  anno  1770.» 
Romae  apud  Salvioni.  En  4.°  mayor. 

Ibidem.  Valencia,  por  Josef  y  Tomás 
Ortega,  1771.  En  4.°  mayor,  de  22  págs. 

2.°  «Adhortatio  ad  Parrochos,  et  Po- 
pulum Ecclesiae,  et  Diocoesis  Valenti- 
nae.» Romae,  apud  Marcum  Paleari- 
num,  1771.  En  4.°  mayor. 

3.°  «Cuatro  tomos  de  Decisiones  de 
la  Rota.  >  En  folio. 

4.°  «Un  grande  número  de  tratados, 
discursos,  dictámenes  y  alegaciones  fo- 
renses, impresas  en  diversos  tiempos.» 

5.°  «Muchos  papeles  de  fina  política 
e  instrucción  en  sus  asuntos». 


B 


Bacas  (Don  Gregorio). 

No  nos  consta  que  sea  murciano.  Sólo 
sabemos  que  fué  Catedrático  de  Botáni- 
ca en  Cartagena  desde  1787  a  fines  del 
siglo  y  que  estudió  las  plantas  de  aque- 
llas cercanías,  según  noticia  que  de  ello 
nos  da  el  señor  Colmeiro  en  su  erudita 
monografía  titulada  La  Botánica  y  los 
Botánicos  de  la  península  Hispano-Lu- 
sitana,  por  quien  también  sabemos  es- 
cribió una  apología  de  la  Botánica  con 
el  siguiente  título:  «Oración  inaugural 
pronunciada  en  el  Jardín  Botánico  de 
Cartagena»,  que  se  publicó  en  el  Memo- 
rial Literario  de  Madrid  correspondien- 
te al  mes  de  noviembre  de  1787. 

Barroso  (Don  Pedro). 

Conocido  más  generalmente  en  la 
historia  de  la  literatura  española  con 
los  nombres  de  Maestre  Pero  Gómez 
Barroso.  Obispo  de  Cartagena;  grande 
amigo  y  protegido  de  don  Sancho  IV  y 
de  su  hijo  don  Fernando;  cultivador, 
como  el  primero  de  dichos  Monarcas, 
de  la  escuela  literaria  simbólico-orien- 
tal  iniciada  por  el  Rey  Sabio,  y  varón 
de  gran  inñuencia  seguramente  en  las 
letras  murcianas,  así  por  su  importan- 
cia y  alta  dignidad  como  por  su  saber 
profundo. 

Nació  en  Toledo  en  los  primeros  años, 
sin  duda,  del  último  tercio  del  siglo  xiii, 


siendo  sus  padres  don  Fernando  Barro- 
so y  doña  Mencía  Sotomayor.  Después 
de  conseguidas  varias  mercedes  de  los 
referidos  Príncipes,  obtuvo  en  tiempo 
de  Alfonso  XI,  y  por  su  gracia,  el  Prio- 
rato de  Santa  María  de  Guadalupe,  sien- 
do ya  Cardenal,  como  lo  era  desde  1327 
por  el  favor  del  Papa  Juan  XXII,  con  el 
título  de  Santa  Práxedes;  y  en  el  mismo 
año,  indudablemente,  o  en  el  siguiente, 
fué  cuando  tuvo  lugar  su  elevación  a  la 
silla  de  Cartagena,  que  gobernó,  cuan- 
do más,  hasta  1331,  y  aunque  otra  cosa 
haya  escrito,  siguiendo  a  Amador  de 
los  Ríos,  nuestro  ilustrado  amigo  el  se- 
ñor Baquero  Al  mansa  en  su  breve  Es- 
tudio sobre  la  Literatura  en  Murcia, 
donde  supone  que  Maestre  Pedro  Ba- 
rroso fuera  exaltado  a  la  mitra  de  Car- 
tagena hacia  1320,  cosa  imposible,  por- 
que entre  los  Privilegios  reales  existen- 
tes en  el  Archivo  de  esta  Catedral  los 
fechados  desde  la  Era  de  1354  a  1364 
(1316  a  1326)  están  expedidos  por  el  Rey 
Alfonso  XI  a  favor  del  Obispo  donjuán; 
constando  igualmente  de  los  mismos 
fehacientes  instrumentos  que  en  1332 
era  ya  Obispo  de  Cartagena  don  Pedro 
de  Peñaranda. 

Ignoramos,  pues,  de  dónde  pudo  sa- 
carse el  sabio  autor  de  la  Historia  Cri- 
tica de  la  Literatura  Española,  que 
nuestro  Obispo  Barroso  lo  fuese  ya 
en  1320;  porque  ni  en  nuestro  historia- 


30  - 


dor  Cáscales,  ni  en  Gil  González  Dávi- 
la,  ni  en  el  Catálog-o  de  los  Prelados  de 
la  Iglesia  Cartaginense,  formado  por 
don  Dieg-o  de  Rojas  y  Contreras,  uno 
de  los  más  ilustres  suyos,  se  dice  seme- 
jante cosa;  ni  acertamos  a  comprender 
tampoco  cómo  pudo  dejar  llevarse  de 
este  error  el  citado  amigo  nuestro,  da- 
dos sus  indisputables  y  acreditados  co- 
nocimientos en  la  historia  literaria  de 
nuestro  fecundo  país.  Quisiéramos  que 
tuviese  él  razón  y  que  nos  equivocáse- 
mos nosotros;  porque  residiendo  en 
Murcia,  como  él  dice,  nuestro  Obispo 
Barroso,  una  buena  parte  de  su  vida, 
más  gloria  de  ello  nos  vendría  a  los 
murcianos;  pero  la  verdad  ante  todo, 
tratándose,  como  se  trata,  de  asuntos 
históricos. 

Ni  es  tampoco  de  gran  necesidad  para 
los  efectos  que  pueden  sernos  de  litera- 
rio interés  el  que  nuestro  don  Pedro 
viviera  en  Murcia  cinco  o  seis  años  más 
o  menos;  pues  como  queda  indicado, 
por  su  dignidad  y  posición  elevadas, 
por  sus  altas  dotes  de  imaginación  y 
talento,  y  siendo,  como  sin  duda  lo  era, 
profundamente  versado  en  las  literatu- 
ras clásicas  y  de  los  Padres,  es  de  supo- 
ner, y  aun  de  tenerse  por  seguro,  que 
hubo  de  influir  grandemente  en  los  áni- 
mos que  en  su  tiempo  y  posteriormente 
dedicábanse  en  la  región  murciana  al 
cultivo  de  las  letras. 

Sin  dar  al  olvido  sus  faenas  literarias, 
como  es  de  suponerlo,  dando  crédito  a 
la  tradición  corriente  entre  literatos,  de 
que  escribió  mucho,  el  Obispo  Barroso 
tomó,  estando  en  Murcia,  muy  buena  y 
activa  parte  en  las  guerras  contra  los 
moros  de  Granada  declaradas  por  los 
Reyes  aliados  de  Aragón  y  Castilla, 
acarreándole  esto,  pero  sin  razón  justi- 
ficada, algunos  disgustos  y  desavenen- 
cias con  los  entonces  inquietos  y  rece- 
losos murcianos,  siendo  precisa  la  in- 


tervención del  Monarca  para  reducirlos 
a  la  obediencia  y  respeto  debidos  a  tan 
dignísimo  y  celoso  Prelado.  He  aquí 
cómo  Cáscales  nos  refiere  este  hecho: 

«Estando  ya  en  gracia  del  Rey  y  bien 
avenido  donjuán  Manuel,  don  Pedro  Ba- 
rroso, Obispo  de  Cartagena,  enojado  de 
ver  el  daño  y  estrago  que  dexaban  hecho 
por  el  reyno  de  Murcia  los  moros  que  bol- 
vieron  de  la  frontera  de  Valencia,  se  re- 
solvió animosamente  a  salir  contra  los 
moros  comarcanos  del  reyno  de  Granada; 
y  para  poner  esto  en  ejecución  se  salió 
desta  ciudad  a  verse  con  don  Juan  Ma- 
nuel y  comunicar  con  él  este  intento,  ha- 
biéndolo primero  hecho  saber  al  Rey,  de 
quien  era  con  grande  extremo  amado.  Los 
vecinos  de  la  ciudad,  que  supieron  que  el 
Obispo  comunicaba  con  don  Juan  y  tenía 
tratos  con  él,  se  alborotaron  de  manera 
que  se  conjuraron  a  no  recebirle  en  la  ciu- 
dad y  despojarle  la  casa  y  usurparle  los 
bienes.  Quando  el  buen  Obispo  se  vio  ata- 
jado hubo  de  darles  a  entender  su  pensa- 
miento, cómo  había  ido  a  verse  con  don 
Juan  para  hacer  con  él  y  con  la  gente  de 
Murcia  una  salida  contra  los  moros,  pero 
todo  esto  no  fué  parte  para  sosegar  los  que 
siempre  quedaron  con  sospecha  y  recelo, 
hasta  que  vinieron  cartas  del  Rey.» 

Van  dirigidas  al  Concejo,  Alcaldes  y 
Jurados  de  Murcia,  y  en  una  de  ellas 
decía  el  Monarca: 

«...  sabiendo  vos  cómo  el  dicho  Obispo 
es  mi  hechura  y  mi  merced,  y  de  quien 
mucho  fío,  y  por  ir  él  a  recebir  a  don  Juan, 
o  verse  con  él,  no  debéis  de  tener  duda  ni 
sospecha  ninguna,  pues  yo  no  la  tengo;  y 
así  os  mando  que  vista  esta  mi  carta  si  te- 
néis hecho  algún  pacto  contra  el  dicho 
Obispo  le  deshagáis  y  no  uséis  del  en  nin- 
guna manera,  ni  le  embarguéis  la  entrada 
en  Murcia  ni  le  toméis  cosa  alguna  de  sus 
bienes;  antes  os  mando  que  hagáis  por  el 
dicho  Obispo  todas  las  cosas  que  os  dixere 
de  mi  parte,  que  fueren  de  mi  servicio,  y 
guarda  desa  ciudad,  y  no  hagáis  otra  cosa 
so  pena  de  la  mi  merced.» 

Esto  pasaba  en  el  año  de  1330.  En  el 
siguiente  era  trasladado  a  la  silla  de  Si- 
güenza,  pasando  desde  allí  a  la  ciudad 


-  31  - 


de  Aviñón,  ora  por  llamamiento  del 
venerable  Benedicto  XII,  ora  porque 
estuviese  cansado  de  las  discordias  in- 
testinas de  Castilla,  en  que  tantas  ve- 
ces, por  su  autoridad  y  fama  de  docto, 
había  intervenido.  Permaneció  algún 
tiempo  en  aquella  Corte  accidental, 
donde  fundó  un  convento  de  religiosas 
dominicas  bajo  la  advocación  de  Santa 
Práxedes,  «para  que  rogassen  y  pidies- 
sen  a  la  clemencia  divina  misericordia 
por  su  alma  y  por  las  de  sus  amigos  y 
bienhechores»;  y  habiéndole  más  tarde 
sorprendido  la  muerte,  fué  sepultado  en 
dicho  monasterio  en  1345. 

De  todas  sus  obras  sólo  han  llegado  a 
nuestros  días  el  Libro  de  los  Conseios  et 
Conseieros,  especie  de  catecismo  políti- 
co, escrito  por  el  arte  de  los  famosos 
orientales  tan  en  boga  entonces  y  casi 
con  el  mismo  propósito  de  originalidad 
e  intención  didáctica  que  el  Libro  de  los 
Castigos,  de  don  Sancho,  bien  que  limi- 
tando su  asunto  a  más  reducida  esfera, 
aunque  de  mayor  interés  en  sus  aplica- 
ciones relativas,  no  ya  a  la  educación 
de  un  solo  Príncipe,  sino  a  la  enseñanza 
de  todos  los  «reyes  et  de  todos  aquellos 
que  tienen  estado  de  onra  et  poderío». 

El  ya  citado  Amador  de  los  Ríos  su- 
pone que  esta  obra  fuese  fruto  de  la 
juventud  de  Maestre  Pedro,  escribién- 
dola cuando  aún  no  tenía  dignidad  algu- 
na eclesiástica;  pero  de  ningún  modo 
podemos  creerlo  así,  por  causa  de  que 
la  tal  producción  no  sólo  revela  madu- 
rez de  juicio  y  experiencia  de  mundo, 
si  que  también  largos  estudios,  copia  de 
saber  y  grandes  y  profundos  conoci- 
mientos escriturarios  de  autores  y  poe- 
tas griegos  y  latinos  y  de  Santos  Padres 
y  Doctores  de  la  Iglesia. 

Él  mismo  nos  lo  declara  en  el  prólogo 
antes  de  demostrárnoslo  en  el  texto: 

«Dis  un  sabio  (observa)  que  en  las  cosas 
del  mundo  ninguna  non  es  acabada  com- 


plidamente.  Et  yo  Maestre  Pero,  poniendo 
los  oíos  del  cora(;on  en  esta  palabra  del 
sabio,  et  demás  pensando  que  los  omes  en 
este  mundo,  por  sabios  et  por  entendidos 
et  por  poderosos  que  seyan,  non  pueden 
beuir  en  él  syn  el  acorro  et  syn  conseio 
unos  de  otros;  et  otrosí  parando  mientes 
en  yerros  et  grandes  peligros  et  muchos 
dannos  por  malos  et  falsos  conseios,  que 
se  dan  unos  a  otros,  pugné  estudiar  con 
gran  femen fia  en  muchos  libros,  et  ayun- 
té rrassones  et  abtoridades  de  sanctos  et 
de  sabios,  et  fis  este  libro,  que  se  ordena, 
por  cuenta  de  seys  ques  más  acabada  que 
otro  cuento. » 

Además,  y  por  el  testimonio  del  histo- 
riador sobredicho,  en  el  capítulo  XVIII 
de  tan  peregrino  libro,  donde  se  trata 
de  quiénes  deben  ser  admitidos  y  quié- 
nes rechazados  para  el  conseio  de  pori- 
dat,  pónese  entre  éstos  a  los  mancebos 
«como  gente  inexperta  y  de  no  maduro 
juicio».  Luego  si  Maestre  Pedro  lo  era 
cuando  escribía  esto,  claro  es  que  él 
mismo  hubiera  desacreditado  su  obra, 
cosa  a  que  en  modo  alguno  podemos 
asentir. 

El  Libro  de  los  Conseios  et  Conseie- 
ros consérvase  en  un  precioso  Códice 
de  la  Biblioteca  Nacional,  bajo  la  mar- 
ca Bb-82,  donde  se  hallan  también  el  de 
los  Consejos  y  documentos  al  Rey  Don 
Pedro,  del  Rabbi  don  Sem-Tob,  y  el 
diálogo  titulado  Consolación  de  España. 

Bautista  (Fray  Anselmo). 

No  sabemos  positivamente  la  patria 
de  este  venerable,  como  tampoco  el  año 
de  su  nacimiento  ni  el  de  su  muerte. 
Pero  sí  nos  consta  que  floreció  en  el 
siglo  XVII,  que  profesó  la  Orden  del  Cís- 
ter  y  que  residió  durante  algún  tiempo 
en  el  histórico  Monasterio  de  Santa  Ma- 
ría de  las  Huertas,  de  la  ciudad  de  Lor- 
ca,  dejando  escritas  las  siguientes  obras: 

1.^  «Relación  de  las  vidas  de  San 
Sixto  II,  San  Inocencio,  Santa  Flora  vir- 
gen y  San  Dionisio».— Murcia,  1624. 


-  32  - 


2.*  «De  los  milagros  de  Nuestra  Se- 
ñora de  Loreto».— Salamanca  (1621?). 

3.^  «Arte  de  amar  a  Dios».— Ibidem, 
1621;  y  en  Zaragoza,  1633.— En  16.° 

Belluga  y  Moncada  (Emmo.  Señor  Car- 
denal). 

Insigne  y  virtuosísimo  varón,  a  quien 
nunca  agradecerán  bastante  los  murcia- 
nos su  ardiente  caridad,  su  santo  celo, 
sus  enseñanzas  y  sus  larguezas.  Su  altí- 
sima importancia  en  la  historia  religio- 
sa, política  y  literaria  de  España,  y  muy 
en  particular  de  Murcia,  merece  bien 
que  en  él  nos  detengamos  un  poco,  oyen- 
do a  este  propósito  lo  que  sobre  su  vida 
escribió  el  no  menos  venerable  Padre 
de  la  Congregación  del  Oratorio  de  Mur- 
cia, después  Obispo  de  Orihuela  y  Arz- 
obispo de  Valencia,  don  Simón  López, 
de  quien  ya  nos  hemos  ocupado  en  nues- 
tro anterior  Catálogo. 

«Nació  don  Luis  Antonio  Belluga  Monca- 
da y  Torre  en  la  villa  de  Motril,  del  reino  de 
Granada,  en  la  Andalucía,  el  30  de  noviem- 
bre de  1622  (1).  Fueron  sus  padres  don  Luis 


(1)  He  aquí  su  partida  de  bautismo  tal  y  como  reciente- 
mente la  ha  mandado  sacar  nuestro  distinguido  amigo  el 
señor  Conde  de  Roche,  quien  ha  tenido  la  amabilidad  de 
facilitárnosla  para  su  inserción  en  estos  Estudios. 

«Don  Antonio  Fiestas  y  Hernández,  Cura  propio  de  la 
Iglesia  Mayor  Parroquial  de  esta  Ciudad,  Certifico:  Que  en 
libro  diez  y  seis  de  Bautismos  de  la  misma,  folio  cinquenta 
y  uno,  se  encuentra  la  siguiente  Partida.  |  En  la  Ciudad  de 
Motril  a  treinta  dias  del  mes  de  noviembre  de  mil  seis  cien- 
tos sesenta  y  dos  años.  Yo  el  Lie.**"  Diego  Rodríguez  de 
licencia  del  Lic.*^"  Pérez,  Cura  de  esta  Ciudad,  Bauticé  a 
Luis  hijo  de  D.  Luis  Belluga  y  de  D.^  María  del  Castillo  su 
muger.  Fueron  compadres  D."  Juan  Belluga  Regidor  de 
esta  Ciudad  y  familiar  del  Sto.  Oficio,  y  D.^  Antonia  de 
Escabias  su  muger,  testigos  Antonio  Pérez,  Manuel  de 
Mora  y  Joseph  de  Lucena  vecinos  de  esta  Ciudad  =  Lic.'^^ 
Fernando  Pérez  =  El  Lic.*^°  Diego  Rodríguez. 

Al  margen  de  esta  Partida  se  encuentran  las  notas 
siguientes:  Fué  Colegial  mayor  en  Sevilla  =  Canónigo 
Magistral  de  Zamora  =  Canónigo  Magistral  de  Córdoba  y 
Obispo  de  Cartagena  y  Murcia  =  LIc.^°  Picardo. 

Fué  asimismo  Cardenal  de  la  Sta.  Iglesia  Romana  =  Ju.° 
Montero,  Cura. 

Creado  por  el  S.  Clemente  11  en  consistorio  secreto  a 
nueve  de  noviembre  de  1719.  Y  electo  Protector  de  España 
por  el  señor  Phelipe  V  en  el  año  de  1726  =  lÁcA°  Soriano 
Cura. 

Murió  S.  E.  en  22  de  febrero  de  1743  viernes  al  toque  del 
Ave  María  y  estuvo  tres  días  Insepulto  con  maravilloso 


de  Belluga  Moncada  y  Torre  y  doña  Ma- 
ría Francisca  del  Castillo  López  de  Haro, 
ambos  de  las  más  ilustres  familias  de  Ca- 
taluña, Castilla  y  Andalucía. 

»Don  Luis  Antonio,  con  dos  hermanas 
que  tenía,  quedó  huérfano  muy  niño,  y 
bajo  la  tutela  de  una  tía  suya:  hizo  sus  pri- 
meros estudios  de  Humanidades  en  su  pa- 
tria, bajo  la  dirección  de  los  Religiosos 
Mínimos  de  San  Francisco  de  Paula.  Des- 
de luego  se  conoció  su  aplicación  a  las 
letras,  y  a  la  Iglesia;  por  lo  cual  a  los  7  años 
lo  ordenó  de  Tonsura  el  señor  Arzobispo 
de  Granada.  El  22  de  diciembre  de  1678 
entró  en  el  Colegio  mayor  de  los  Santos 
Apóstoles  S.  Bartolomé  y  Santiago  de  esta 
ciudad,  para  continuar  los  estudios  mayo- 
res de  Filosofía  y  Teología,  en  los  cuales 
sobresalió  mucho  a  sus  condiscípulos,  y  se 
distinguió  en  el  talento  para  predicar,  en 
aquellas  tentativas  que  hacen  los  colegia- 
les según  el  instituto  del  Colegio.  Llamá- 
banle sus  condiscípulos,  o  por  burla  o  de 
veras,  el  santillo:  tales  debían  de  ser  sus 
costumbres  aun  en  aquella  edad  tan  vi- 
driosa. 

»De  esta  Universidad,  en  que  ya  se  había 
hecho  admirar  su  talento  y  aplicación,  pasó 
a  la  de  Sevilla,  al  Colegio  mayor  de  Santa 
María  de  Jesús,  el  30  de  enero  de  1686,  y 
recibió  los  grados  de  Bachiller  y  de  Doctor 
en  Teología  el  15  y  el  28  de  abril  del  mismo 
año.  Pocos  meses  después  vacó  la  Magis- 
tral de  Córdoba,  a  la  que  se  opuso  y  no 
obtuvo;  pero  dio  bien  a  conocer  sus  talen- 
tos en  los  ejercicios  literarios,  como  tam- 
bién en  la  oposición  que  hizo  a  la  Magis- 
tral de  Coria,  cuyo  Obispo  quedó  muy  sen- 
tido porque  no  se  le  daba  a  sujeto  tan 
benemérito,  y  lo  animó  para  que  fuese  a 
oponerse  a  la  Lectoral  de  Zamora.  Con 
efecto,  fué  electo  Canónigo  Lectoral  de 
esta  última  el  31  de  enero  de  1687,  a  los 
24  de  su  edad  y  recién  ordenado  de  Sa- 
cerdote. 

•Aquí  entabló  desde  luego  una  vida 
ejemplar,  así  en  la  asistencia  al  coro,  como 
en  lo  demás  de  su  conducta  verdadera- 
mente eclesiástica.  En  los  dos  años  que 
permaneció  en  esta  Santa  Iglesia,  fundó  la 


olor.  Dijo  la  hora  de  su  muerte  y  estuvo  flexible  hasta  que 
lo  enterraron,  y  ha  mandado  Su  Santidad  se  le  haga  proce- 
so. Se  enterró  en  San  Felipe  de  Neri  de  Roma.  := 

Es  copia  literal.  Motril  trece  de  mayo  de  rail  ocho  cientos 
ochenta  y  seis  =»  Antonio  Fiestas  y  Hernández.»   ■ 


I 


33  - 


Hermandad  de  Jesús,  María  y  José,  con 
doce  Hermanos,  él  uno  de  ellos;  y  movió 
los  ánimos  para  fundar  Congregación  del 
Oratorio,  aunque  no  tuvo  efecto,  porque 
sus  rentas  no  alcanzaban;  y  los  arbitrios  del 
producto  de  unas  corridas  de  toros,  y  de 
cuatro  títulos  de  Castilla,  que  le  ofreció  la 
Ciudad,  no  se  acomodaban  a  la  moral  del 
nuevo  canónigo;  como  ni  tampoco  la  do- 
nación de  una  señora  viuda  rica,  pero 
adeudada.  Pague  usted  primero,  la  dijo, 
sus  deudas,  y  entonces  admitiré  su  manda. 
«Entretanto  vacó  la  Lectoral  de  Córdo- 
ba, y  aunque  su  Obispo  de  Zamora  lo  que- 
ría mucho,  y  le  había  hecho  su  visitador 
general,  le  mandó  expresamente  que  pasa- 
se a  oponerse  a  esta  Prebenda.  Hízolo  por 
obedecer,  y  la  obtuvo  en  5  de  noviembre 
de  1689.  Aquí,  sin  más  rentas  ni  recursos 
que  su  Prebenda  y  su  fe,  con  muchas  con- 
tradicciones, que  después  se  convirtieron 
en  aplausos  y  estimación,  fundó  la  Con- 
gregación del  Oratorio  el  15  de  septiembre 
de  1696.  Hízose  recibir  por  uno  de  sus  Con- 
gregantes, y  vivió  siempre  con  ellos,  y  fué 
su  Prefecto  muchas  veces,  observando  per 
fectamente  el  Instituto,  sin  faltar  por  eso 
en  un  ápice  al  coro  y  demás  obligaciones 
de  su  Catedral  en  los  quince  años  que  re- 
sidió allí. 

«Habiendo  llegado  a  oídos  de  Felipe  V 
la  fama  de  sus  virtudes  y  doctrina,  le  nom- 
bró para  el  Obispado  de  Cartagena  a  los 
cuarenta  años  de  su  edad.  Asustóse  la  hu- 
mildad del  Lectoral  con  esta  honra;  y  para 
que  la  aceptase,  fué  menester  un  mandato 
expreso  de  su  Prelado,  el  Cardenal  don 
Fray  Pedro  de  Salazar,  del  Orden  Calzado 
de  la  Merced,  junto  con  el  de  su  Confesor, 
el  V.  Padre  Francisco  de  Posadas,  del  Or- 
den de  Santo  Domingo.  Consagróle  el 
mismo  Cardenal  y  Obispo  el  19  de  abril 
de  1705,  y  al  punto  se  puso  en  camino 
para  su  Diócesis,  de  la  que  tomó  posesión 
en  Murcia  el  8  de  mayo  siguiente.  Y  abre- 
viando ceremonias  y  cumplimientos,  co- 
menzó el  ejercicio  de  su  cargo  por  el  buen 
orden  de  su  Palacio,  persuadido  de  que, 
quien  no  sabe  gobernar  su  casa  y  familia, 
mal  podrá  cuidar  de  la  Iglesia  de  Dios.  Su 
Palacio  parecía  una  Comunidad  religiosa. 
Todas  las  mañanas  a  las  siete  se  tocaba  la 
campana  para  la  oración,  a  que  concurría 
toda  la  familia,  leyendo  su  Ilustrísima  los 
puntos  de  meditación  por  el  P.  Molina,  o 


por  el  P.  Rodríguez,  u  otro  libro  espiri- 
tual. Duraba  la  oración  hasta  las  ocho: 
se  reconciliaba,  decía  Misa,  daba  gracias 
oyendo  otra,  tomaba  un  lijero  desayuno, 
cuando  no  ayunaba,  y  se  retiraba  al  estu- 
dio hasta  medio  día,  sin  interrumpirlo, 
sino  para  dar  audiencia  a  cuantos  le  bus- 
caban, sin  negarse  a  nadie;  pero  ciñéndo- 
se  a  lo  preciso  del  negocio.  La  comida  era 
frugal,  y  solamente  la  misma  que  se  daba 
a  toda  la  familia,  con  la  cual  comía  siem- 
pre, leyendo  entretanto  un  page  algún  li- 
bro espiritual,  o  vidas  de  santos  Prelados. 
Seguíase  un  poco  de  quiete  y  algo  de  re- 
poso hasta  las  dos. 

>  A  esta  hora  solía  salir  al  campo  o  huer- 
ta, donde  se  entretenía  con  explicar  la 
doctrina  a  los  niños,  y  a  la  gente  pobre,  y 
dar  limosnas.  Retirábase  temprano,  y  que- 
ría que  todos  sus  familiares  estuviesen 
precisamente  en  Palacio  a  las  oraciones. 
Seguía  su  estudio,  o  audiencia  hasta  las 
ocho,  que  se  tocaba  a  oración  hasta  las 
nueve,  concluyendo  con  el  Rosario  y  Le- 
tanía de  nuestra  Señora.  Acabada  la  ora- 
ción volvía  su  Ilustrísima  al  estudio  hasta 
cerca  de  las  doce  que  tomaba  una  ligerísi- 
ma  cena,  y  se  recogía  a  descansar.  Todos 
los  años  hacía  con  su  familia  los  ejercicios 
de  San  Ignacio,  o  en  su  Palacio,  o  retirán- 
dose todos  a  alguna  casa  religiosa.  Este 
tenor  de  vida  guardó  siempre  sin  alterar- 
lo sin  gravísima  necesidad.  Ningún  fami- 
liar había  de  pretender  nada,  siendo  del 
cuidado  de  su  Ilustrísima,  el  remunerar  a 
cada  uno,  según  el  mérito,  el  talento  y  la 
virtud.  Ninguno  había  de  salir  de  casa  sin 
pedir  licencia;  ni  dejar  de  decir  Misa  to- 
dos los  días  los  Sacerdotes:  los  demás  co- 
mulgar dos  veces  a  la  semana,  y  la  familia 
baja  cada  ocho  días.  Asistía  siempre  que 
podía  a  la  Escuela  de  Cristo,  predicaba  en 
ella,  y  hacía  los  ejercicios  de  banquillo  y 
demás  mortificaciones. 

»En  orden  al  cuidado  de  sus  ovejas,  re- 
solvió desde  luego  visitar  su  Obispado  to- 
dos los  años  por  tiempo  de  seis  meses,  y 
cumplir  exactamente  cuanto  encarga  so- 
bre esto  el  Santo  Concilio  de  Trento.  Por 
el  mes  de  octubre  de  este  mismo  año  pri- 
mero de  su  gobierno,  había  ya  comenzado 
la  visita,  cuando  se  vio  precisado  a  inte- 
rrumpirla (por  la  siguiente  causa). 

»Las  tropas  imperiales,  que  disputaban 
a  Felipe  V  la  Corona  habían  penetrado 

3 


-  34 


por  Barcelona  y  Valencia,  llegaron  a  Ali- 
cante, y  se  acercaban  al  reino  de  Murcia. 
Con  esta  ocasión,  nuestro  Prelado  suspen- 
de la  visita,  y  publica  luego  un  excelente 
manifiesto,  en  el  cual  prueba  con  razones 
sólidas  el  derecho  incontestable  del  Mo- 
narca a  la  Corona  de  España,  y  la  obliga- 
ción de  todos  sus  vasallos  a  obedecerle  y 
defenderle:  exhorta  igualmente  a  todos 
sus  diocesanos  a  tomar  las  armas,  para 
vengar  los  ultrajes  que  las  tropas  enemi- 
gas hacían  a  la  religión  en  Alicante  y  Ori- 
huela,  profanando  los  templos,  despeda- 
zando las  sagradas  Imágenes,  violando  las 
esposas  de  Jesucristo  y  arrojando  por  los 
suelos  a  este  Señor  Sacramentado.  Tuvo 
tan  buen  efecto  esta  pastoral,  que  en  con- 
secuencia se  alistaron  más  de  tres  mil 
hombres  entre  milicias  y  paisanaje;  y  po- 
niéndose a  la  frente  su  Obispo,  acometie- 
ron al  enemigo  y  le  obligaron  a  retirarse 
con  pérdida.  También  consiguió  que  se 
rindiese  la  plaza  de  Cartagena,  ocupada 
de  tropas  inglesas,  sin  que  se  llegara  al 
abance,  que  tenía  mandado  ya  el  Duque 
de  Bervich,  general  de  las  tropas  españo- 
las. Dio  el  Obispo  cuenta  al  Rey  de  lo  eje- 
cutado; quien  se  dio  por  muy  servido; 
mandó  se  reimprimiese  el  Manifiesto  del 
Obispo,  para  instrucción  del  pueblo,  y  en 
premio  le  nombró  Virey  y  Capitán  Gene- 
ral del  reino  de  Valencia  el  11  de  julio 
de  1706,  enviándole  al  mismo  tiempo  al 
Mariscal  don  Daniel  Mahoni,  con  un  regi- 
miento de  Dragones,  diciéndole:  Te  envío 
a  militar  bajo  un  general  santo.  Cuyas 
dignidades  no  aceptó,  sino  después  de  una 
orden  expresa  del  Nuncio  del  Papa. 

»Por  este  tiempo  quiso  también  Dios 
manifestar  a  nuestro  limo,  cuánto  le  agra- 
daba que  peleare  tan  vigorosamente  por 
la  Religión  y  por  la  Patria,  con  la  voz  y 
con  la  pluma  (que  estas  eran  las  armas  que 
manejaba  este  general).  Llorando  una 
Imagen  de  yeso,  de  medio  cuerpo,  de 
nuestra  Señora  de  los  Dolores,  que  tenía 
en  su  casa  un  buen  hombre,  llamado  Fran- 
cisco López,  partido  de  Monteagudo,  en  la 
huerta  de  Murcia;  en  cuyas  cercanías  se 
hallaba  a  la  sazón  con  sus  tropas  el  Obispo 
general,  y  fué  testigo,  con  otros  infinitos, 
del  sudor  milagroso,  repetido  por  tres  ve- 
ces en  el  espacio  de  diez  horas,  los  días  8 
y  9  de  agosto  de  1706,  al  mismo  tiempo  que 
los  herejes  estaban  en  Alicante  ultrajando 


lo  más  santo  de  la  religión.  S.  I.,  después 
de  las  diligencias  convenientes,  lo  declaró 
milagroso,  y  mandó  se  llevase  la  sagrada 
Imagen  a  la  Catedral,  y  se  colocase  en  la 
capilla  de  San  Andrés,  y  se  guardase  como 
en  depósito,  hasta  que  la  Congregación 
del  Oratorio,  que  meditaba  fundar,  tuviese 
Iglesia  correspondiente,  donde  fuese  colo- 
cada como  titular;  cuyo  depósito  aceptó 
formalmente  el  Ilustrísimo  Cabildo  a  25  de 
agosto  de  1706;  obligándose  a  entregarla  a 
su  tiempo  a  la  Congregación,  a  quien  el 
señor  Obispo  la  donó,  como  consta  del 
auto  proveído  por  S.  I.  en  14  de  diciem- 
bre de  1715. 

»Este  suceso  inñamó  de  nuevo  el  celo  de 
nuestro  Prelado  por  la  Religión,  y  por  la 
Patria,  y  exhortó  patéticamente  a  las  tro- 
pas y  al  pueblo,  a  juntar  sus  lágrimas  con 
las  de  la  Virgen,  para  desenojar  a  la  Divi- 
na Justicia.  Y  para  más  bien  obligar  a 
Dios,  ordenó  que  se  hiciesen  tres  días  de 
ayuno  en  la  semana  siguiente;  que  se  ex- 
pusiese el  Señor  todos  los  días  en  diferen- 
tes Iglesias  de  la  Capital,  y  se  preparasen 
todos  para  confesar  y  comulgar  dignamen- 
te. La  misma  orden  dio  para  todos  los 
pueblos  del  Obispado.  El  efecto  fué  reti- 
rarse el  enemigo,  y  dejar  libre  el  Obispa- 
do y  al  Obispo,  para  continuar  éste  en  la 
visita  y  demás  ejercicios  privativos  de  su 
carácter, 

>  Entretanto  vacó  el  Obispado  de  Cór- 
doba, y  se  verificó  la  profecía  que  le  hizo 
el  Eminentísimo  Salazar  al  despedirle  para 
el  Obispado  de  Murcia,  diciéndole:  Vaya 
V.  S.  I.  y  sepa  que  en  todo  será  mi  sucesor; 
porque  luego  le  nombró  el  Rey  para  aque- 
lla Mitra.  Pero  la  renunció  juntamente 
con  el  Generalato,  y  aun  hizo  voto  de  no 
admitir  en  lo  sucesivo  Dignidad  alguna 
que  le  impidiese  la  residencia;  reserván- 
dose solamente  la  gracia  del  Rey,  para 
valerse  de  ella  en  beneficio  de  la  Iglesia  y 
del  Estado,  como  sucedió  muchas  veces. 
Contento  con  su  Silla  de  Cartagena,  sólo 
pensó  en  hacerse  útil  a  los  pueblos,  que  la 
divina  Providencia  le  había  confiado,  y  en 
copiar  en  sí  las  cualidades  que  el  Apóstol 
San  Pablo,  y  el  Sagrado  Concilio  de  Tren- 
to  dicen,  debe  tener  un  Obispo.  No  miraba 
la  Dignidad  como  honra,  sino  como  car- 
ga. Había  sido  su  vocación  como  la  de 
Harón,  y  así  fué  también  su  desempeño. 

«Aplicóse  todo  a  la  santificación  de  sus 


35  - 


ovejas.  No  tenía  un  instante  ocioso.  Era  su 
estrivillo  ordinario  decir:  molino  parado, 
no  gana  maquila.  Promovía  la  disciplina 
eclesiástica  y  la  reforma  universal  de  cos- 
tumbres, no  sólo  con  decretos  particula- 
res de  visita,  sino  también  con  Edictos  ge- 
nerales, imponiendo  penas  pecuniarias  o 
espirituales  según  la  calidad  de  las  perso- 
nas y  de  los  excesos.  Cuando  su  autoridad 
y  sus  exhortaciones  no  alcanzaban,  acudía 
al  Rey  y  a  sus  Ministros,  sin  dejar  piedra 
por  mover  hasta  conseguir  el  fin  propues- 
to, una  vez  asegurado  de  que  era  del  ser- 
vicio de  Dios.  Se  lo  comía  el  celo  de  la 
honra  y  gloria  del  Señor.  Todo  lo  quería 
remediar,  y  para  ello  empleaba  los  más 
eficaces  medios.  De  aquí  tantos  edictos  y 
cartas  pastorales  contra  los  trajes  y  ador- 
nos profanos,  contra  bailes  y  comedias, 
usuras  y  juegos  de  naipes;  sobre  la  paga 
de  diezmos;  sobre  las  confidencias  testa- 
mentales;  sobre  la  observancia  de  los  días 
santos;  sobre  la  reverencia  en  los  templos 
y  funciones  sagradas;  sobre  la  asistencia 
a  la  Misa  Parroquial;  sobre  el  abuso  de  los 
Oratorios  privados;  sobre  enmascarados 
nazarenos,  representaciones  de  Santos  o 
de  Misterios;  sobre  todas  las  obligaciones 
de  los  Curas,  de  los  Confesores,  de  los 
Predicadores,  y  sobre  la  disciplina  del 
clero,  etc. 

»De  aquí  tantas  fundaciones  piadosas 
para  perpetuar  el  fruto  de  su  celo,  en  Co- 
legios, Seminarios,  Hospicios,  Hospitales; 
dotes  para  doncellas,  limosnas  para  cárce- 
les, pensiones  para  misiones  y  doctrinas, 
montes  de  piedad,  etc.,  que  sería  largo 
nombrar.  Pero  digamos  algunas,  aunque 
nos  detengamos  un  poco. 

«Agradecida  la  Ciudad  de  Orihuela  al 
servicio  que  la  hizo  rechazando  de  su  Obis- 
pado las  tropas  imperiales,  cedió  a  S.  I.  un 
terreno  como  de  cuatro  leguas,  inculto, 
lagunoso  y  enfermizo.  Lo  desaguó,  lo  des- 
montó, y  lo  hizo  fructífero  con  inmensos 
gastos  y  trabajo.  En  el  espacio  de  doce 
años  se  emplearon  en  esto  más  de  ciento 
veinte  mil  pesos:  fundando  allí  tres  villas 
con  tres  Iglesias  Parroquiales,  y  tres  Curas 
dotados  competentemente.  Esta  es  la  hipo- 
teca principal  de  las  famosas  fundaciones 
siguientes  (casi  todas  ellas  en  Murcia): 

»l.  Una  casa  de  niños  Huérfanos  y  Ex- 
pósitos; la  cual  era  antes  teatro  de  come- 
dias, y  la  compró  S.  I.  a  la  Ciudad,  para 


convertir  en  ejercicio  de  caridad,  lo  qué 
era  incentivo  de  lujuria. 

>2.  Una  casa  de  Niños  Huérfanos  de 
siete  a  doce  años,  para  doctrinarlos  y  en- 
señarles oficio. 

»3.  Una  casa  de  niñas  Huérfanas  y  ex- 
pósitas. 

»4.  Otra  de  Niñas  huérfanas  de  la  mis- 
ma edad  para  enseñarlas  también  la  doc- 
trina y  labores  propias  de  su  sexo. 

»5.  Un  Colegio  de  educandas,  donde 
pudiera  haber  hasta  160,  con  un  Convento 
de  Monjas  contiguo  para  su  educación, 
con  la  advocación  de  Nuestra  Señora  de 
los  Dolores,  bajo  la  regla  de  Nuestra  Se- 
ñora de  la  Enseñanza:  sujetas  al  Ordi- 
nario. 

»6.  Una  casa  para  recoger  las  mujeres 
escandalosas. 

»7.  Un  Hospicio  de  Albergo  para  reco- 
ger los  pobres  mendigos. 

>8.  Más  de  treinta  montes  píos  frumen- 
tarios para  todas  las  ciudades,  villas  y  lu- 
gares del  Obispado  de  Murcia  y  Orihuela. 

»9.  Una  sala  para  convalecientes  en  el 
Hospital  de  San  Juan  de  Dios,  con  camas 
y  regalo  conveniente. 

»10.  El  Seminario  episcopal  de  San 
Fulgencio,  fundado  ya  por  el  Ilustrísimo 
señor  don  Sancho  Dávila  en  19  de  Agos- 
to de  1592,  lo  decoró  y  amplificó  mucho, 
aumentando  sus  rentas,  y  dotando  dos  cá- 
tedras de  Derecho  civil  y  canónico,  que  no 
tenía. 

»11.  Fundó  también  de  nuevo  el  Cole- 
gio Seminario  de  San  Isidoro,  de  veinte 
Teólogos  los  más  selectos  del  Obispado, 
con  una  pieza  separada  de  cuarenta  apo- 
sentos, con  menaje  correspondiente,  para 
que  los  directores  del  Seminario  diesen 
los  ejercicios  a  los  ordenados  y  demás 
eclesiásticos  que  mandase  el  señor  Obispo. 

»12.  Otro  Colegio  Seminario  de  San 
Leandro,  de  veinte  y  cuatro  infantes  para 
servicio  de  la  Catedral  e  instruirse  en  el 
canto  llano  y  figurado.  Con  dotación  tam- 
bién allí  mismo  para  un  Aniversario  por 
su  Ilustrísima;  y  para  celebrar  solemne- 
mente todos  los  años  la  octava  de  la  Purí- 
sima Concepción,  y  fiesta  de  los  Dolores 
de  nuestra  Señora. 

«Asimismo  más  de  veinticuatro  dotacio- 
nes y  memorias  piadosas:  1.  Para  rezar  las 
horas  canónicas  en  las  seis  Parroquias  de 
Yecla,   Cartagena,   Almansa,   Albacete, 


-  S6 


Hellín  y  San   Bartolomé   de  Murcia .  = 

2.  Para  diferentes  escuelas  gratuitas  de  ni- 
ños y  niñas,  en  las  ciudades  de  Murcia, 
Cartagena  y  Lorca,  su  huerta  y  campo.  = 

3.  Para  Botica  de  valde  a  los  pobres  de 
Murcia  y  su  huerta.  =  4.  Para  aumento  de 
camas  en  los  tres  Hospitales  de  Cartage- 
na, Lorca  y  Chinchilla,  y  socorro  de  en- 
carcelados en  estas  ciudades  y  en  la  de 
Murcia.  =  5.  Para  rescate  de  cautivos,  es- 
pecialmente niños,  niñas  y  mujeres.  = 
6.  Ocho  pensiones  en  dinero  de  200  duca- 
dos cada  una  a  ocho  Comunidades  Reli- 
giosas del  Obispado,  para  que  de  cada 
una  salgan  todos  los  años  dos  Religiosos 
graves,  doctos  y  celosos;  los  ocho  a  hacer 
misiones  por  toda  la  Diócesis,  y  en  las 
galeras  de  Cartagena,  por  seis  meses;  y 
los  otros  ocho,  por  el  mismo  tiempo,  a  re- 
correr la  huerta  y  campo,  ermitas,  luga- 
res y  aldeas  de  todo  el  Obispado,  catequi- 
zando a  los  niños  e  instruyendo  y  confe- 
sando a  las  pobres  gentes  y  a  los  moriscos 
de  la  costa.  =  7.  Para  mantener  dos  Padres 
en  la  Congregación  de  Villena.  =  8.  Para 
tres  Capellanías  no  colativas  en  la  Congre- 
gación de  Córdoba.  =  9.  Para  recojer  e 
instruir  las  mujeres  castigadas,  ya  por  la 
Inquisición  por  hechiceras  o  embusteras. 
10.  Para  aumento  de  seis  cátedras  en  la 
Universidad  y  Colegio  mayor  de  Santa 
María  de  Jesús  de  Sevilla. 

«También  hizo  algunas  fundaciones  en 
su  patria,  Motril,  cuales  son:  el  Colegio  de 
San  Luis  Gonzaga,  el  Seminario  de  San 
José  para  estudios  mayores,  la  Colegiata 
erigida  en  la  Parroquial,  con  una  magnífi- 
ca Capilla  dedicada  a  nuestra  Señora  de 
los  Dolores,  bien  alhajada,  y  con  el  servi- 
cio de  tres  Capellanes,  y  un  monte  pío  fru- 
mentario para  los  pobres  labradores. 

»Todas  estas  fundaciones  y  memorias 
piadosas,  con  las  constituciones  y  reglas 
prudentísimas,  que  S.  I.  formó  para  ellas, 
fueron  aprobadas  y  confirmadas  por  el 
Santo  Pontífice  Benedicto  XIV,  por  su 
Breve  de  15  de  octubre  de  1741,  y  por  el 
Rey  Felipe  V,  bajo  cuya  protección  las 
puso  todas  el  Obispo  para  su  mayor  sub- 
sistencia, como  también  la  Congregación 
de  Oratorio  de  Murcia,  de  la  cual  es  preci- 
so hablar  con  alguna  mayor  extensión,  por 
haber  sido  ésta  la  predilecta  de  S.  I, 

> Luego  que  vino  el  señor  Belluga  a  Mur- 
cia, como  tan  amante  del  Instituto,  que  lo 


había  fundado  en  Córdoba,  y  había  sido  su 
hijo,  aplicó  su  atención  a  erigir  la  Congre- 
gación en  esta  ciudad.  Compró  sitio,  fabri- 
có casa,  proporcionó  Iglesia,  la  Ermita  de 
San  José,  compró  varias  posesiones  en  la 
huerta  y  campo  de  Murcia  y  Cartagena, 
para  que  sirviesen  de  dotación,  hizo  venir 
de  la  Congregación  de  Valencia  a  su  Pre- 
pósito, que  lo  era  entonces  el  V.  P.  Juan 
Bautista  Verge,  bien  conocido  por  su  ta- 
lento para  las  misiones  y  por  aquel  su  li- 
brito  de  oro,  reimpreso  ya  más  de  cincuen- 
ta veces,  Meditaciones  Quotidianas.  Con- 
firió con  él  todo  el  negocio,  y  dio  facultad 
a  dicho  Padre  y  a  otros  tres  Presbíteros, 
y  un  Diácono,  que  habían  ya  empezado  a 
practicar  de  antemano  los  ejercicios  del 
Oratorio  en  la  Ermita  de  San  José,  para 
que  se  juntasen,  y  presididos  del  P.  Ver- 
ge,  eligieren  Prepósito  con  arreglo  a  las 
Constituciones.  Habiéndolo  ejecutado  así 
el  día  5  de  abril  de  1713,  recayó  la  elección 
en  el  Prepósito  de  Valencia,  quien  no  la 
admitió  sino  por  seis  meses,  y  en  enco- 
mienda, por  urgirle  la  vuelta  a  su  Congre- 
gación y  juzgar  este  tiempo  bastante  para 
enseñar  la  práctica  del  Instituto  a  los  nue- 
vos Congregantes.  En  seguida  se  nombra- 
ron los  demás  oficios,  inclusos  los  de  los 
hermanos  legos,  de  los  cuales  había  dos 
solamente.  Y  el  día  7  de  abril  del  mismo 
año,  Viernes  de  Dolores  de  nuestra  Seño- 
ra, se  celebró  y  solemnizó  la  fundación  de 
la  Congregación  con  Misa  y  Sermón,  que 
predicó  por  mañana  y  tarde  el  nuevo  Pre- 
pósito, asistiendo  a  todo  el  Ilustrísimo 
Fundador,  con  gran  consuelo  y  júbilo  de 
toda  la  ciudad.  Desde  entonces  quedó  eri- 
gida la  Congregación  y  empezó  a  practi- 
car los  ejercicios,  y  sigue  constantemente. 
El  siguiente  año  la  impetró  el  mismo  Ilus- 
trísimo Señor  Fundador  y  Congregante, 
dos  Bulas  de  Clemente  XI,  la  una  de  con- 
firmación y  aprobación  con  las  indulgen- 
cias y  gracias  consiguientes,  y  la  otra  de 
comunicación  de  privilegios  y  gracias  con 
la  de  Roma.  También  la  hizo  S.  I.  dona- 
ción de  su  Librería,  que  tenía  en  Palacio, 
de  más  de  cuatro  mil  volúmenes,  y  de  los 
cuerpos  de  los  Santos  Mártires  San  Celes- 
tino y  San  Benedicto,  con  sus  urnas. 

«Parece  increíble  que  tuviese  fuerzas  y 
dinero  para  atender  a  tantas  cosas  a  un 
tiempo,  si  no  se  supiera  su  actividad  para 
el  trabajo,  su  gran  capacidad  para  manejar 


-  37  - 


los  negocios  y  la  economía  que  guardaba 
en  todo  lo  que  tocaba  a  su  persona,  hasta 
vender  las  muías  del  coche.  Además  se 
vio  concurrir  con  sus  milagros  la  Provi- 
dencia, de  que  son  buenos  testigos  las  vi- 
llas de  Yecla,  Almansa,  Villena  y  Jumilla, 
los  años  de  la  guerra  y  el  de  la  langosta; 
que  estos  azotes,  y  el  de  la  peste,  quiso 
Dios  que  padeciese  en  su  tiempo  el  Obis- 
pado; lo  que  fué  ocasión  para  que  resplan- 
deciese más  la  fe  y  la  caridad  de  su  Obispo. 

»Se  ha  dicho  cuánto  hizo  por  la  reforma 
de  las  costumbres  y  de  la  disciplina  de  su 
Diócesis;  pero  su  celo  no  se  contentaba 
con  esto.  Puede  decirse  de  él,  como  de 
San  Pablo,  que  se  cargó  con  el  peso  de 
todas  las  Iglesias.  Para  atajar  la  relajación 
de  las  costumbres  que  se  iba  introducien- 
do con  la  anchura  de  las  opiniones  mora- 
les, compuso  e  imprimió  el  año  de  1717  un 
excelente  libro,  en  el  cual  prueba  con  eru- 
dición y  solidez  la  insubsistencia  de  los 
principios  probabilísticos  y  los  males  que 
de  su  uso  debían  temerse  en  las  concien- 
cias de  los  fieles:  dice  que  las  sumas  mo- 
rales de  pocos  años  a  esta  parte  están  todas 
atestadas  de  estos  falsos  principios,  y  de 
resoluciones,  según  ellos,  perniciosísimas: 
extractó  de  un  solo  Casuista  (el  Padre  To- 
rrecilla) 334  proposiciones;  y  juntamente 
con  otros  Obispos  de  España  delató  las 
obras,  de  dónde  las  había  sacado,  y  las 
proposiciones  al  Sumo  Pontífice  Clemen- 
te XI  pidiendo  condenara  unas  y  otras.  Al 
mismo  tiempo,  porque  tales  proposiciones 
y  otras  semejantes  no  se  hallaban  sola- 
mente en  el  expresado,  sino  en  otros  mu- 
chos Sumistas,  pedía  se  prohibiesen  todos 
los  que  de  éstos  hubiese  en  lengua  vulgar; 
y  el  que  ninguno,  sin  licencia  expresa  del 
Papa  o  de  la  Inquisición,  se  atreviese  a 
interpretar  en  adelante  las  proposiciones 
condenadas  por  la  Silla  Apostólica;  por- 
que sucedía  que  muchos  con  ese  pretexto 
o  eludían  la  condenación  o  enseñaban  peo- 
res relajaciones  que  las  condenadas. 

»Para  la  reforma  de  la  disciplina  cristia- 
na y  eclesiástica  hizo  repetidas  instancias 
al  Rey  con  escritos  sólidos  y  eruditos,  ma- 
nifestando a  S.  M.  todos  los  abusos  que 
pedían  remedio,  y  sugiriendo  las  provi- 
dencias convenientes.  Y  tenía  S.  I.  el  con- 
suelo de  encontrar  siempre  el  corazón  del 
Rey  benigno  para  oirle,  y  propenso  a  coo- 
perar a  cuanto  su  buen  celo  por  la  Religión 


y  su  fidelidad  por  el  Monarca  le  proponía, 
como  se  vio  en  infinitos  lances,  y  particu- 
larmente por  aquella  carta  circular  de  11 
de  marzo  de  1715  a  todos  los  Prelados  de 
España.  Entonces  nuestro  celoso  Obispo, 
lleno  de  júbilo,  al  ver  la  Religión  y  la  cle- 
mencia de  su  Monarca,  reproduciendo  lo 
que  había  representado  en  26  de  marzo 
de  1708,  y  en  otras  ocasiones,  le  satisfizo 
en  una  de  más  de  veinte  pliegos,  mani- 
festando ¿os  males  y  los  remedios  condu- 
centes para  cada  uno  de  ellos.  Acaba  su 
carta  insistiendo  en  que  sobre  todo  excite 
S.  M.  a  los  Obispos  a  que  celebren  Conci- 
lios Provinciales  y  Sinodales  como  lo  man- 
da el  Tridentino,  por  ser  el  mejor  medio 
de  reformar  la  disciplina  cristiana  y  ecle- 
siástica, mayormente  interponiendo  la 
real  protección,  para  vencer  los  obstácu- 
los, y  llevar  al  cabo  los  decretos  de  los 
Concilios.  Con  fecha  de  15  de  enero  de  1714 
en  Jorquera,  había  hecho  otra  representa- 
ción al  Rey  sobre  que  exhortase  a  los  Obis- 
pos a  las  fundaciones  de  Seminarios  y  Co- 
legios para  ordenandos,  y  para  la  educa- 
ción de  niñas,  especialmente  nobles. 

>Supo  S.  I.  que  los  Jansenistas  difun- 
dían la  voz  de  que  los  Obispos  de  España 
no  habían  recibido  ni  obedecido  la  Bula 
Unigenitus,  ni  podían  haberlo  hecho,  pues- 
to que  no  la  habían  examinado;  y  luego 
nuestro  Obispo  para  quitar  todo  pretexto 
a  los  enemigos  de  la  Iglesia,  y  para  des- 
mentirlos, junta  su  Cabildo  y  demás  clero 
el  día  29  de  junio  de  1718,  y  con  toda  so- 
lemnidad protexta  que  recibe  dicha  Bula, 
y  que  la  venera  y  obedece,  como  si  fuera 
dimanada  del  mismo  San  Pedro,  o  de 
Cristo.  Y  con  la  misma  fecha  escribe  a 
Clemente  XI,  dándole  noticia  de  todo,  y 
asegurándole  la  adhesión  que  asi  él,  como 
todos  los  Obispos  de  España,  han  tenido 
siempre  a  la  Silla  Apostólica,  cuyos  decre- 
tos tocantes  a  la  fe  y  costumbres,  y  dirigi- 
dos a  la  Iglesia  Universal,  jamás  han  juz- 
gado que  deben  examinarlos,  sino  obede- 
cerlos. Al  mismo  tiempo  prueba  esto  con 
mucho  peso  de  autoridad  y  de  razón. 

» Notorio  es  lo  que  trabajó  sobre  que  se 
declarase  la  omnímoda  jurisdicción  que 
por  derecho  compete  al  Obispado  de  Mur- 
cia sobre  las  cinco  Vicarías  de  las  Orde- 
nes Veas,  Segura,  Yeste,  Caravaca  y  To- 
tana.  Su  fortaleza  episcopal  era  igual  a  su 
celo  y  a  su  caridad.  Pero  un  celo  y  una 


38 


fortaleza  evangélica,  regulada  por  la  pru- 
dencia y  la  dulzura  cristiana.  Daba  a  Dios 
lo  que  es  de  Dios,  y  al  César  lo  que  es  del 
César.  En  las  muchas  y  gravísimas  dife- 
rencias que  hubo  en  su  tiempo  entre  el  sa- 
cerdocio y  el  imperio,  jamás  sacrificó  la 
causa  de  Dios  a  los  respetos  humanos; 
pero  esto  sin  ofensa  délas  partes  interesa- 
das, antes  obligándolas  más  cada  día,  y 
haciéndose  más  de  estimar  y  venerar.  Fué 
siempre  nuestro  Obispo  y  Cardenal  el  iris 
que  todo  lo  serenaba  y  componía  con  edi- 
ficación de  la  Iglesia  Universal.  Por  su 
doctrina,  por  su  celo,  por  su  vigor  apostó- 
lico, por  su  caridad  y  desvelo  por  la  honra 
de  Dios  y  bien  de  las  almas,  es  compara- 
ble don  Luis  Belluga  a  los  Ambrosios, 
Leandros,  Isidoros,  Borromeos  y  Tomases 
de  Villanueva. 

»Pero  una  lumbrera  tan  resplandeciente 
era  de  justica  se  colocase  en  candelero 
más  alto  que  el  de  Murcia  y  España,  para 
que  sus  rayos  iluminasen  la  Iglesia  toda. 
Cuando  nuestro  Obispo  estaba  más  ocupa- 
do del  bajo  concepto  de  sí  mismo,  tenién- 
dose por  incapaz  de  gobernar  el  Obispado 
de  Murcia,  y  trazando  el  renunciarlo  y  re- 
tirarse a  un  convento,  he  aqui  que  le  vie- 
ne la  noticia  de  que  el  Jefe  de  la  Iglesia  le 
ha  creado  Cardenal  (con  el  título  de  Santa 
Práxedes)  en  el  Consistorio  de  24  de  no- 
viembre de  1719.  De  tantas  tribulaciones 
como  le  ofreció  Dios  a  este  su  siervo,  nin- 
guna le  añigió  más  que  ésta.  Jamás  algún 
ambicioso  hizo  tantos  esfuerzos  para  con- 
seguir honras,  como  los  que  hizo  nuestro 
Obispo  para  eximirse  del  Cardenalato.  El 
consultó  el  punto  con  muchos  Teólogos  y 
amigos,  escribió  al  V.  Padre  Manuel  Pa- 
dial,  su  antiguo  confesor  y  condiscípulo; 
escribió  al  Rey,  al  Nuncio,  a  dos  Cardena- 
les sus  amigos,  al  Secretario  del  Papa,  in- 
teresándoles a  todos  para  que  su  Santidad 
lo  librase  de  esta  carga,  alegando  su  insu- 
ficiencia, y  además,  el  tener  desde  doce 
años  antes  hecho  voto  de  no  admitir  algu- 
na dignidad  ni  cargo  incompatible  con  la 
residencia.  Finalmente,  escribe  al  mismo 
Papa,  esforzando  sobremanera  su  preten- 
sión; ruega,  suplica,  pero  todo  en  vano; 
cuanto  más  se  resiste,  más  digno  lo  juzga 
Clemente  XI  de  la  dignidad  conferida;  le 
dispensa  el  voto,  aunque  fuese  jurado,  y 
le  manda  obedecer  sin  réplica,  y  recibir  el 
Virrete  Cardinalicio  el  12  de  marzo  de  1720. 


«Aceptada  la  nueva  dignidad,  le  fué  pre- 
ciso pasar  a  la  Corte  para  ofrecerse  con 
ella  a  su  Monarca,  y  darle  las  gracias.  Con 
esta  ocasión  encargó  el  Rey  al  nuevo  Car- 
denal que  de  acuerdo  con  el  Arzobispo  de 
Toledo  le  consultase  a  S.  M.  las  reformas 
que  convenía  hacer  en  sus  estados,  y  los 
medios  más  conducentes.  Acordaron  am- 
bos Prelados  la  celebración  de  los  Con- 
cilios provinciales  y  sinodales;  y  propu- 
sieron todo  lo  que  se  debía  observar.  En 
consecuencia,  por  carta  circular  de  30  de 
marzo  de  1721,  exhortó  el  Rey  a  todos  los 
Obispos  del  Reino  a  este  gran  negocio;  y 
a  nuestro  Cardenal  mandó  S.  M.  se  le  es- 
cribiesen a  su  Real  nombre  las  gracias 
por  el  selo  christiano,  y  cuidadoso  desve- 
lo, con  que  se  aplicaba  a  una  idea  tan 
provechosa  para  el  adelantamiento  espi- 
ritual de  estos  Rey  nos.  Son  palabras  de  la 
carta  del  Ministro,  su  fecha  24  de  marzo 
de  1721.  Con  efecto,  el  Arzobispo  de  Tole- 
do, como  Primado  y  Metropolitano,  con- 
vocó el  suyo  Provincial  para  el  día  veinti- 
nueve de  septiembre  del  mismo  año.  Aun- 
que al  fin  no  se  verificó  éste,  ni  los  otros, 
por  las  grandes  novedades  que  fueron 
ocurriendo;  y  quizás  la  mayor  para  el 
asunto,  la  ausencia  de  nuestro  Cardenal, 
que  era  el  primer  móbil  de  todo,  y  le  lla- 
mó a  Roma  la  urgencia  del  conclave,  por 
la  muerte  de  Clemente  XI  sucedida  aquel 
año,  el  19  de  marzo. 

»Arrivó  nuestro  Emo.  a  la  santa  Ciudad 
con  el  Cardenal  Borja,  ocho  días  después 
de  la  elección  de  Inocencio  XIII.  Acaba- 
dos los  cumplidos  indispensables  del  nue- 
vo Papa,  escogió  para  su  habitación  el 
Hospicio  de  San  Romualdo,  donde  comen 
zó  aquel  tenor  de  vida,  que  continuó  des- 
pués mientras  vivió  en  esta  santa  Ciudad; 
aquí  se  aplicó  principalmente  a  perfeccio- 
nar la  reforma  de  la  disciplina  eclesiástica 
que  dejó  pendiente  en  España. 

»Bien  pensado  todo  por  las  dos  Cortes 
de  Roma  y  Madrid,  pareció  camino  más 
breve  y  menos  embarazoso  que  el  de  los 
Concilios,  el  de  una  Constitución  Apostó- 
lica. Convino  el  Papa;  pidióla  el  Rey,  ofre- 
ciendo su  protección  para  que  se  observa- 
se; nombró  el  Pontífice  una  Junta  de  Car- 
denales en  que  entrase  el  señor  Belluga; 
encargóle  a  éste  trabajar  los  materiales; 
hízolo  con  la  exactitud,  brevedad  y  tino 
propio  suyo:  re  viola  el  Em.  Lamber  tini; 


-  39  - 


y  aprobada  la  Constitución  por  la  Congre 
gación  de  los  Cardenales,  la  confirmó  el 
Papa,  y  la  expidió  el  13  de  mayo  de  1723, 
empieza:  Apostolici  Ministerii.  Con  ella  se 
volvió  el  Emo.  Belluga  a  España,  para 
fomentar  que  fuese  recibida  y  observada, 
en  lo  que  no  tuvo  poco  que  trabajar. 

>Acaeció  el  siguiente  año  de  1724  la 
muerte  de  Inocencio  XIII,  y  hubo  de  vol- 
ver a  Roma  el  Emo.  Belluga,  para  la  elec- 
ción de  nuevo  Pontífice,  la  que  recayó,  al 
cabo  de  setenta  y  un  días  de  Conclave,  en 
el  Cardenal  Orsini,  Benedicto  XIII. 

•  Pretendieron  del  nuevo  Pontífice  algu- 
nos Cabildos  y  Comunidades  Religiosas 
de  España,  que  se  reviese  la  Bula  Aposto- 
lici Ministerii.  Nombró  para  ello  S.  S.  una 
Congregación  particular;  y  las  resultas  fue- 
ron, dirigir  el  Papa  tres  Breves,  uno  al 
Rey  Católico,  otro  a  los  Obispos,  y  otro  a 
los  Cabildos,  urgiendo  su  observancia  al 
tenor  de  otra  nueva  Constitución,  que  em- 
pieza In  supremo,  de  23  de  septiembre 
del  mismo  año,  la  cual  incluye  a  la  letra  y 
confirma  la  de  Inocencio  XIII,  y  en  la  mis- 
ma forma  se  promulgó  también  en  el  pró- 
ximo Concilio  Romano. 

•Viéndose  precisado  a  estar  ausente  de 
su  rebaño,  compuesto  (según  su  Eminen- 
cia dice  en  su  carta  de  despedida  con  fe- 
cha de  5  de  agosto  de  1724)  de  más  de 
300.000  almas,  y  temeroso  de  la  cuenta  que 
le  habían  de  pedir  de  ellas,  renunció  el 
Obispado,  resuelto  a  servir  a  la  Iglesia 
Romana  en  calidad  de  Cardenal  solamen- 
te. Bien  sabéis  (les  dice  a  sus  feligreses  en 
la  citada  carta  de  despedida)  de  qué  mane- 
ra me  he  portado  con  vosotros  desde  el  pri- 
mer día,  y  por  todo  el  tiempo  que  habité 
en  vuestro  país...  no  callé,  exhorté,  instruí 
de  la  manera  que  he  podido...  Por  lo  qual 
espero  ser  libre  de  la  sangre  de  aquellos 
que  hayan  perecido,  y  sé  bien  que  contra 
ellos  serán  leídas  estas  letras  ante  el  Tri- 
bunal de  Christo...  etc.  Su  Eminencia  es- 
cribió esta  carta  con  lágrimas,  y  no  se 
puede  leer  sin  enternecerse. 

»La  brevedad  de  este  compendio  no  per- 
mite que  refiramos  una  mínima  parte  de 
los  grandes  servicios  que  su  Em.  hizo  a 
la  Iglesia  los  20  años  de  Cardenal;  mas 
por  lo  que  se  ha  dicho  de  su  espíritu  celo- 
so y  de  su  carácter  infatigle,  y  por  lo  que 
hizo  en  los  20  años  de  Obispo,  se  puede 
colegir  alguna  cosa  de  lo  mucho  que  haría 


en  este  tiempo:  bastando  advertir  que 
siempre  fué  el  mismo  hasta  su  muerte. 
Solamente  quiero  añadir,  para  mayor  con- 
firmación, algunos  hechos  de  sus  últimos 
años,  que  indican  la  extensión  infinita  de 
su  celo  por  la  Religión. 

•Supo  su  Em.  que  Cirilo,  Patriarca  Ca- 
tólico de  los  Melchitas  en  Siria,  se  había 
refugiado  en  el  Monte  Líbano,  perseguido 
del  Patriarca  Cismático  Silvestre;  y  luego 
le  escribió  repetidas  veces  consolándole  y 
alentándole.  Y  al  mismo  tiempo  escribió 
al  Embajador  de  Francia  en  Constantino- 
pla,  para  que  le  protegiese  con  la  Puerta, 
Y  al  Conde  Lázaro,  noble  Melchita,  des- 
valido en  Roma,  lo  recibió  por  su  gentil- 
hombre, y  protegió  su  vuelta  dándole  re- 
comendaciones. 

•En  Alepo  promovió  la  agregación  de 
dos  Congregaciones  de  Monges  Melchi- 
tas, y  la  de  nueve  Monasterios  de  Monjas 
en  el  Monte  Líbano. 

•Emprendió  la  reducción  de  los  Coptos 
cismáticos  de  Egipto,  y  para  ello,  con  un 
Abad  Maronita,  después  Arzobispo  de 
Apamea,  dirigió  a  su  Patriarca  en  el  Cairo 
una  carta  afectuosísima,  con  muchos  rega- 
los. Y  al  mismo  efecto  compuso  un  exce- 
lente libro  contra  los  errores  de  los  Euti- 
quianos.  El  lo  hizo  traducir  en  latín  para  la 
instrucción  de  los  Misioneros,  y  en  arábi- 
go para  la  de  los  cismáticos  egipcios  y 
abisinios,  y  que  se  imprimiese.  De  que  se 
siguió  escribir  el  Patriarca  cismático  al 
Papa  y  al  Cardenal,  y  que  el  Papa  Cle- 
mente XII,  le  dirigiese  un  Breve  por  mano 
del  Guardián  de  Jerusalén,  que  pasó  al 
Cairo  a  entregarlo.  El  Patriarca  hizo  su 
confesión  de  fe,  aunque  no  como  debía  ser; 
por  lo  cual  no  se  logró  todo  el  efecto  de- 
seado; pero  se  consiguió  mucho. 

•También  escribió  al  Patriarca  de  los 
armenios  en  Constantinopla,  mostrándole 
cómo  San  Pedro  Iluminador,  primer  Obis- 
po de  los  armenios,  había  tenido  la  misma 
fe  que  los  Latinos,  y  que  los  ocho  prime- 
ros Concilios  de  Oriente,  y  sus  PP.  incon- 
cusamente habían  tenido  comunión  con  el 
Pontífice  Romano,  como  Vicario  de  Jesu- 
cristo, y  cómo  desde  que  se  separaron  ha- 
bían sido  tenidos  siempre  por  herejes. 
Hizo  pintar  una  imagen  de  San  Pedro 
Iluminador,  y  la  envió  con  la  carta.  El  Pa- 
triarca respondió  a  nuestro  Cardenal,  y  le 
envió  de  regalo  una  pieza  de  chamelote  y 


-  40  - 


dos  armiños,  pidiendo  la  bendición  Ponti- 
ficia, y  excusándose  de  no  escribir  al  Papa 
por  respeto.  Estos  primeros  pasos  daban 
esperanzas;  pero  murió  el  señor  Belluga, 
y  la  cosa  quedó  así. 

»Por  la  relación  que  hizo  a  su  Em.  el 
P.  Capuchino  Francisco  Oracio,  Prefecto 
de  la  Misión  que  Clemente  XI  había  en- 
viado al  Tibet  a  los  últimos  de  su  Pontifi- 
cado, concibió  esperanzas  de  la  conversión 
de  aquel  vasto  reino,  y  se  aplicó  con  tesón 
a  promoverla.  Escribió  una  carta  ternísi- 
ma al  gran  Lama  (o  Sacerdote  supremo). 
Compuso  un  Catecismo  dogmático,  que  se 
imprimió  en  italiano  para  el  uso  de  los 
Misioneros,  y  en  árabe  para  uso  de  todo 
el  Levante,  y  en  tibético  para  los  Tibeta- 
nos,  costeándolo  todo  el  Cardenal,  y  en- 
viando allá  un  mancebo  impresor  con  ca- 
racteres del  país,  que  introdujese  la  pren- 
sa, para  que  así  se  propagase  más  bien  la 
doctrina.  Negoció  con  Clemente  XII  el  año 
38  enviase  allí  nuevos  Misioneros  con  re- 
galos y  Breves  para  el  Rey,  y  para  el 
Lama;  y  exhortó  al  Rey  Católico  a  que 
fomentase  aquella  sagrada  expedición  con 
cuantiosas  limosnas.  El  año  42  tuvo  su 
Em.  el  consuelo  de  haber  sido  bien  reci- 
bida la  Misión,  así  del  Lama,  como  del 
Rey:  dando  éste  y  otros  dos  Reyes,  el  de 
Batgas,  vecino  al  Tibet,  y  el  de  Battia, 
vecino  al  Mogol,  decretos  de  libertad  de 
Religión. 

»Ya  pensaba  también  en  la  conversión 
de  la  Moscovia,  y  tenía  prevenida  una  gran 
provisión  de  bálsamo  de  S.  Nicolás  de 
Bar  i,  a  quien  tienen  mucha  devoción  aque- 
llos Cismáticos,  para  enviarlo  a  los  Misio- 
neros. Pero  entretanto,  presintió  la  muer- 
te cercana,  y  empezó  a  prepararse  para 
ella,  dando  orden  a  todo  maravillosamen- 
te. Mandó  que  su  cuerpo  no  fuese  abierto; 
ni  cuando  lo  hubiesen  de  lavar  o  vestir  se 
descubriese,  y  que  se  le  enterrase  en  la 
Iglesia  de  la  Congregación  de  Roma,  en  la 
bóveda  común  de  los  PP.  sin  distinción 
alguna,  y  con  el  menor  aparato  posible. 

«Agrávesele  el  mal  de  orina;  advirtióse 
inflamación  interna,  declaróse  el  mal  por 
irremediable  y  ejecutivo;  pero  su  Eminen- 
cia recibió  esta  noticia  con  alegría,  excla- 
mando: Laetatus  sum,  etc.  Pidió  con  mu- 
cho tiempo  los  Santos  Sacramentos:  reci- 
bió lunes  el  Viático,  martes  la  Extrema 
Unción,  y  el  Papa  este  día  le  envió  su  ben- 


dición. Creían  todos  moriría  este  día;  pero 
fué  tirando  hasta  el  viernes,  gastando  estos 
días  en  suavísimos  coloquios  con  Jesús  y 
su  Madre,  repitiendo  a  veces  el  anima 
Christi,  otras  el  Stabat  Mater,  y  muchos 
ratos  pasaba,-  como  S.  Felipe  Neri,  sin 
hablar  palabra,  clavados  los  ojos  extática- 
mente, y  con  rostro  alegre  en  las  imáge- 
nes de  Cristo  crucificado,  o  de  su  Madre 
Dolorosa,  que  tenía  presentes. 

«Finalmente,  llegado  el  viernes  22  de  fe- 
brero de  1743,  día  dedicado  a  los  Dolores 
de  la  Virgen,  y  en  el  que  cayó  aquel  año 
la  celebridad  de  la  Cátedra  de  San  Pedro, 
expiró  su  Eminencia  a  los  80  años,  2  meses 
y  23  días  de  su  edad,  a  la  hora  puntual- 
mente de  terminarse  el  ejercicio  de  la 
Buena  Muerte  en  la  Iglesia  del  Jesús,  a 
que  asistió  siempre  su  Eminencia  mien- 
tras vivió  en  Roma;  circunstancias  todas 
dignas  de  repararse. 

» Luego  que  se  divulgó  su  muerte  se  con- 
movió toda  Roma;  su  cuerpo  se  mantuvo 
expuesto  tres  días,  y  fué  necesario  poner- 
le guardias,  para  defenderlo  de  la  piedad 
de  las  gentes,  que  le  robaban  los  vestidos, 
le  quitaban  hasta  los  pelos  de  la  barba,  y 
le  besaban,  y  tocaban  rosarios  por  reli- 
quias. Las  alhajas  más  apreciables  fueron 
los  silicios  y  disciplinas,  que  se  encontra- 
ron en  la  papelera;  sin  otros  que  tenía  con- 
sigo en  la  cama,  y  entregó  a  un  grande 
confidente  suyo  pocos  días  antes  de  su 
muerte  con  mucho  sigilo.  El  día  siguiente 
se  hizo  el  funeral  en  la  Iglesia  de  San  Fe- 
lipe Neri,  presente  el  Papa  con  todo  el  Sa- 
cro Colegio,  y  mucha  Prelatura,  y  gran 
pueblo,  diciendo  la  oración  fúnebre  el 
P.  Galeoti.  Fué  llorado  de  algunos  emi- 
nentísimos Cardenales,  y  aun  del  Sumo 
Pontífice,  quien  mandó  se  hiciesen  los 
procesos  de  su  vida  y  virtudes  heroicas. 

•Escribió  muchas  obras,  de  las  cuales 
algunas  se  imprimieron,  y  muchas  dejó 
manuscritas,  que  formarían  no  pocos  vo- 
lúmenes. Solamente  leyéndolas  se  puede 
venir  en  conocimiento  de  su  rara  piedad, 
de  su  celo,  de  su  fidelidad  y  amor  para 
con  el  Rey,  de  su  prudencia,  de  sus  pro- 
fundos conocimientos  políticos  y  sagra- 
dos, y  de  su  animosidad,  fortaleza  y  labo- 
riosidad constante  hasta  la  muerte.  Puede 
llamarse,  sin  encarecimiento,  el  hombre 
de  su  siglo. 

»Todos  los  sabios,  los  Príncipes  y  los 


—  41 


Pontífices  de  su  tiempo  lo  estimaron  y  col- 
maron de  elogios.  El  sabio  Cardenal  de 
Polignat  le  llamaba  espejo  de  Prelados.  El 
Gentili,  en  carta  de  7  de  marzo  de  1743,  al 
Obispo  de  Tarazona,  le  dice:  hace  más  fal- 
ta tmestro  Cardenal  que  23  que  hay  va- 
cantes. Luis  XIV  le  nombraba  mi  Obispo, 
y  jamás  supo  negarle  cosa  que  le  pidiese. 
El  Rey  de  Ñapóles  le  honró  con  la  Gran 
Cruz  de  San  Genaro.  Felipe  V  le  nombra- 
ba mi  Padre,  nuestro  amigo:  le  consulta- 
ba con  frecuencia,  atendía  a  sus  repetidas 
representaciones,  y  defería  por  lo  común 
a  su  dictamen,  aun  en  los  lances  más  ar- 
duos. Cuando  el  Obispo  de  Murcia  lo  hace, 
razón  tendrá,  respondió  S.  M.  una  vez  a 
uno  que  vituperaba  la  conducta  del  Ilustrí- 
simo.  Su  hijo  Luis  I,  en  el  poco  tiempo 
que  reinó,  le  concedió  por  consolarle,  la 
gracia  de  que  renunciase  el  Obispado; 
pero  le  hizo  su  Encargado  cerca  de  la  San- 
ta Sede,  y  Protector  de  España. 

> Clemente  XI  le  llamó  invicto  Prelado 
de  la  Iglesia,  ornamento  y  lumbrera  gran- 
de de  la  religiosísima.  Nación  Española, 
luz  de  virtud  esclarecidísima,  que  debía 
colocarse  sobre  un  candelero  más  eminen- 
te que  el  de  un  Obispado  particular,  para 
que  su  resplandor  se  comunicase  a  la  Uni- 
versal Iglesia,  etc.  Benedicto  XIII,  honor 
de  España,  y  una  gran  columna  de  la 
Iglesia. 

•Finalmente,  el  sabio  Pontífice  Benedic 
to  XIV,  ensalza  sobremanera  su  celo  en 
el  Breve  Confirmatorio  de  las  fundaciones 
piadosas,  que  dijimos,  y  en  una  carta  al 
Arzobispo  de  Anazarbi,  escrita  el  19  de 
febrero  de  1743,  <nada,  dice,  podemos  ne- 
gar a  un  Cardenal  de  tanto  mérito,  anti- 
guo amigo  nuestro,  y  la  honra  del  Sacro 
Colegio,  para  que  pueda  rogar  por  nos 
otros  en  el  Paraíso*.  Y  en  otra  dirigida  al 
Obispo  de  Murcia  en  28  de  marzo  de  1743: 
*Ya  habrá  llegado  a  vuestra  noticia  la 
muerte  del  buen  Cardenal  Belluga.  Murió 
como  vivió,  conviene  a  saber,  pobre  y  san- 
to. Su  intención  siempre  recta;  su  traba- 
jar incesable  hasta  la  tíltima  respiración; 
sus  fnanos  siempre  abiertas  para  los  po- 
bres: en  una  palabra,  era  el  honor  del  Sa- 
cro Colegio. 

»E1  mismo  Sumo  Pontífice  le  compuso 
el  siguiente  Epitafio,  que  se  colocó  sobre 
la  lápida  sepulcral,  erigida  y  costeada  por 
Su  Santidad: 


D,  o.  M. 
LUDOvico.  Belluga.  Hispano 

Qui 
Ex.  episcopo.  Carthaginensi 

INVITUS.  ET  RENUENS 

A.  Clemente,  xi.  P.  M. 

IN.  S.  R.  E.  CARDINALIUM.  COI  LEQIUM  COOPTATUS 

HISPANIARUM.  APUD.  S.  SEDEM.  PROTECTOR 

JURIUM.  R.  ECCl.ESIAE.  VlNDEX 

HOC.  UNUM,  CURAVIT 

UT.  DEO,  NON.  HOMINIBUS.  PLACERET. 

VIR 

APOSTÓLICO.  PROPAGANDAE.  FIDEI.  ZELO 

FLAGRANTISSIMUS 

ECCLESIASTICAE.  DISCIPLINAE.  Assertor 

DE.  ALIMONIA.  PAUPERUM 

DE  INSTITUTIONE.  CLERICORUM 

DE.  EDUCATIONE.  JUVENTUTIS.  SOLLICITUS 

COLLEGIA.  SHOLAS.  PÍAS.  DOMOS.  SEMINARIA. 

AERE.  SUO.  FUNDAVIT. 

BENEDICTUS.  XIV.  P.  M. 

PERENNE.  HOC.  AMORIS.  SUI.  MONUMENTUM 

P.C. 

VIXIT,  ANNOS.  LXXX.  MENSES  II.  DIES  XXIIL 

OBIIT.  VIII.  KAL.  MARTIAS.  ANNO.  R.  S.  MDCCXUII. 

Hia  Ex.  TESTAMENTO 

UNA.  CUM.  S,  PHILIPPI.  NERII.  FILIIS 

FILIUS.  IPSE.  ET.  CONGREGATIONIS.  PROPAGATOR 

RESURRECTIONEM  EXPECTAT. 

Tales  fueron  las  circunstancias  de  la 
vida  y  principales  sucesos  acaecidos 
después  de  la  muerte  de  este  venerabi- 
lísimo y  extraordinario  grande  hombre, 
dechado  de  virtudes,  modelo  de  Prela- 
dos a  la  antigua  raza  y  ejemplar  espejo 
de  leales  y  fidelísimos  vasallos.  Su  in- 
clinación, sin  embargo,  más  predomi- 
nante, su  nota  más  característica,  fué 
su  firme  adhesión  a  la  Santa  Sede  y 
su  profunda  aversión  a  todo  regalismo, 
siendo,  bajo  este  punto  de  vista,  y  como 
ha  observado  bien  el  eminente  publicis- 
ta moderno  señor  Menéndez  Pelayo, 
uno  de  los  más  genuínos  representan- 
tes del  espíritu  de  oposición  contra  las 
doctrinas  reformistas  que  en  su  tiempo 
empezaban  a  iniciarse  en  España. 

He  aquí  en  qué  forma  y  con  cuan  cris- 
tiana valentía  le  habla  a  su  Rey  con  mo- 
tivo de  varios  decretos  de  éste  prohi- 
biendo la  salida  de  dinero  para  Roma  y 
mandando  fuesen  revisadas  por  sus  Mi- 
nistros las  Bulas  y  Breves  pontificios, 
después  de  haber  ordenado  la  expulsión 


—  42 


del  Nuncio  de  S    S.  de  los  reinos  de 
España: 

«...  Si  por  lo  temporal  de  los  Reynos  pu- 
diera impedírsele  su  libre  govierno  al  Vi- 
cario de  Christo,  poniéndole  condiciones 
imposibles  de  practicar,  como  es  que  se 
despache  lo  espiritual  sin  concurrir  con  lo 
temporal,  diciendo  S.  D.  M.  que  es  digno 
el  Mercenario  de  su  paga,  y  el  Apóstol: 
que  quien  sirve  a  el  Altar  a  de  comer  de 
el  Altar,  y  que  ninguno  trabaja  a  expensas 
propias,  era  preciso  decir  que  Christo  avía 
dexado  el  govierno  de  la  Iglesia  en  todo, 
o  en  parte  dependiente  de  la  voluntad  de 
los  Señores  Reyes,  conforme  conveniesse 
a  lo  temporal  de  su  Reyno,  o  condiciones 
que  pusiessen.  Y  si  por  este  mismo  motivo 
pudieran  los  Reynos  substraherse  del  go- 
vierno y  obediencia  de  Su  Santidad  en 
algo,  la  obediencia  necesaria,  necessitate 
saluHs  para  salvarse,  la  huviera  también 
Christo  dexado  dependiente  de  la  misma 
voluntad  de  los  Reyes,  conforme  convi- 
niesse  a  lo  temporal  de  sus  Reynos;  que 
esto  ya  se  ve,  Señor,  que  ningún  Catholi- 
co  puede  decirlo,  como  creemos  mui  bien 
todos  los  vasallos  de  V.  M.,  que  ni  es,  ni 
puede  ser  este  el  Real  ánimo  de  V.  M.,  y 
que  si  a  V.  M.  se  le  huviesse  representado 
seguirse  esta  consequencia  de  su  Real  re- 
solución, no  la  huviera  V.  M.  permitido, 
pues  como  dice  con  S.  Cyrillo  Alexandri- 
no,  el  Angélico  Doctor  S.  Thomás,  la  obe- 
diencia que  todos  los  hombres,  y  los  Re- 
yes todos  quiso  Christo,  que  le  diessemos 
a  su  Vicario,  es  la  misma,  que  se  le  debe 
a  S.  M.,  y  assí  dicen  estos  Santos,  que  de 
los  hombres,  y  de  los  Reyes  solos  es  creer, 
recibir  sus  mandatos,  obedecer  y  rogar; 
como  del  Papa  reprehender,  corregir,  es- 
tablecer, disponer,  ligar  y  desatar,  sin  te 
ner  en  esto  los  Subditos  ni  los  Reyes  más 
que  hazer,  que  inclinar  su  cabeza,  y  obe- 
decerle como  al  mismo  Christo,  como  por 
derecho  Divino,  están  obligados  a  ello...» 

«Y  la  razón,  Señor,  la  tenemos  aun  en  lo 
natural,  porque  como  Christo  constituyó  a 
su  Vicario  por  cabeza  visible  de  su  Iglesia, 
de  donde  se  nos  pudiesse  comunicar  en  su 
govierno  los  espíritus  de  vida  necessarios 
a  este  cuerpo  místico,  como  dice  S.  León 
Papa.  Assí  como  el  cuerpo  natural  lo  puso 
la  naturaleza  tan  sugeto  a  su  cabeza,  que 
no  quiso  dependiera  de  los  miembros  el 


impedirle  a  ésta  la  comunicación  de  sus 
espíritus,  ni  substraherse  éstos  de  recibir- 
le, sino  es  que  éstos  estuviessen  obligados, 
y  sugetos  a  ministrarle  de  su  propia  sus- 
tancia, para  que  ésta  pudiesse  comunicar- 
le sus  espíritus.  De  la  misma  forma.  Señor, 
sucede  en  este  cuerpo  místico,  y  lo  mismo 
en  el  político,  que  ni  a  la  cabeza,  que  los 
govierna  se  le  puede  impedir  por  los 
miembros  el  que  comunique  sus  espíritus 
de  Vida,  o  en  lo  espiritual  o  en  lo  político, 
negándole  lo  necessario  para  su  conserva- 
ción; ni  éstos  se  pueden  substraher  de  re- 
cebir  los  espíritus,  que  los  han  de  animar 
en  todo  lo  que  toca  a  su  govierno  político 
o  espiritual,  porque  de  otra  forma  no  fuera 
cuerpo  político,  ni  cuerpo  místico,  y  con 
siguientemente  les  faltara  la  Vida  o  políti- 
ca, o  mística,  viviendo  así  fuera  de  la  obe- 
diencia de  su  cabeza,  como  sucede  al 
miembro,  que  no  comunica  de  su  substan- 
cia a  la  cabeza,  que  no  recibe  espíritus  de 
ella,  y  assí  perece  y  muere.» 

«Ni  obsta.  Señor,  el  decir,  que  V.  M.  usa 
en  esta  providencia  del  justo  derecho  que 
tiene  a  su  natural  defensa,  y  que  el  dinero 
que  va  a  Roma,  no  pueda  servir  a  los  ene- 
migos de  V.  M.  o  ministrándoselos,  o  to- 
mándoselo ellos.  Y  que  si  de  esta  provi- 
dencia se  siguen  estos  perjuicios  en  lo 
espiritual  a  los  vasallos  de  V.  M.,  y  al  go- 
vierno de  Su  Santidad,  es  indirectamen- 
te, y  per  accidens,  y  fuera  de  la  intención 
de  V.  M.,  que  sólo  mira  a  su  justa  defensa. 
No  obsta  digo.  Señor,  lo  primero,  porque 
en  el  Reyno  es  preciso,  consideremos  dos 
representaciones  distintas.  Una  la  repre- 
sentación de  cuerpo  místico,  en  que  tene- 
mos por  nuestra  cabeza  invisible  al  mismo 
Christo,  y  por  visible  al  Papa  su  Vicario. 
Otra  representación  de  cuerpo  político,  en 
que  tenemos  a  V.  M.  por  nuestra  cabeza, 
cuyas  representaciones  se  han  como  si 
fueran  dos  personados  distintos,  5'^  tan  su- 
perior el  uno  al  otro,  como  lo  es  lo  sobre- 
natural (que  es  el  fin  a  que  mira  el  cuerpo 
místico)  respecto  de  lo  natural,  que  es  a  lo 
que  mira  el  político.  Por  donde  la  repre- 
sentación de  cuerpo  político,  que  mira  a 
la  potestad  temporal,  se  subordina  a  la  re- 
presentación de  cuerpo  místico,  que  mira 
a  la  potestad  espiritual,  como  lo  temporal 
se  subordina  a  lo  espiritual,  lo  natural  a  lo 
sobrenatural,  lo  humano  a  lo  divino,  y  lo 
profano  a  lo  sagrado;  de  tal  forma,  que  lo 


-  43  - 


temporal,  natural,  humano  y  profano, 
siempre  ha  de  servir  a  lo  espiritual,  so- 
brenatural, Divino  y  sagrado,  como  los 
medios  sirven  al  fin,  no  al  contrario...» 

«Los  buenos  vasallos  se  entibiarán  mu- 
chos en  su  fidelidad  y  amor  a  V.  M.,  y  los 
tibios  se  harán  malos,  o  a  lo  menos  lo  pare- 
cerán, porque  llebados  de  su  zelo  no  po- 
drán hablar  con  aprobación  de  estas  resolu- 
ciones, ni  sufrir  el  oir  hablar  con  tal  apro- 
bación de  ellas,  que  se  quiera  tratar  a  Su 
Santidad  como  no  corresponde  a  hijos  su- 
yos y  al  respeto  debido  a  su  sacratissima 
Persona,  y  representación;  y  todo  esto  se 
podrá  atribuir,  como  ya  se  experimenta,  a 
poco  afecto  a  V.  M.  o  por  la  malicia  de  algu- 
nos, que  quieran  hazer  acto  positivo  de  fide- 
lidad el  hablar  mal  de  Su  Santidad,  y  zelar 
el  que  ninguno  hable  bien,  o  porque  ay 
otros  tan  nimiamente  supersticiosos  en 
este  punto  de  fidelidad,  que  todo  les  ofen- 
de; y  todo  esto  entibia  a  los  buenos,  y  hace 
malos  a  los  tibios,  y  sirve  de  gran  gozo  a 
los  malos.  Y  a  lo  menos  a  buenos,  malos  y 
tibios  los  confunde  de  tal  forma,  que  ya  no 
avrá  más  distintivo  del  bueno,  que  el  que 
hablare  mal  del  Papa,  y  bien  de  las  pre- 
sentes determinaciones:  Ni  del  malo,  por 
el  contrario,  que  el  que  hablare  bien  de  Su 
Santidad,  y  mal  de  las  determinaciones;  ni 
del  tibio,  que  el  que  no  se  metiere  en  ha- 
blar ni  mal  de  uno,  ni  de  otro,  aunque  a 
unos  lo  oiga  abominar,  y  a  otros  aplaudir, 
que  todo  ello  se  experimenta  ya,  y  la  gran 
confusión,  que  esto  trahe,  y  el  perjuicio, 
que  de  todo  ello  resulta  a  V.  M.  es  notabi- 
lissimo,  principalmente  en  los  temerosos 
de  Dios,  que  son  los  mejores  y  más  segu- 
ros vasallos,  que  V.  M.  tiene,  porque  su 
fidelidad  no  tiene  otros  respetos,  que  los 
de  Dios,  y  cumplimiento  de  su  obligación; 
pues  son  mui  pocos  los  que  tienen  libertad 
para  distinguir,  lo  que  pertenece  a  los  fue- 
ros de  la  más  acendrada  fidelidad  debida 
a  V.  M.,  y  a  los  del  profundissimo  respeto 
debido  a  la  Iglesia  y  a  su  Santidad  guar- 
dando el  quae  sunt  Caesaris  Caesari,  et 
quae  sunt  Dei  Deo.  Y  menos  los  que  tie- 
nen aliento  para  despreciar  estas  vanas 
sospechas,  que  se  puedan  concebir  de  mos- 
trarse hijos  verdaderísimos  de  la  Iglesia, 
guardados  los  fueros  de  amantísimos  vasa- 
llos de  V.  M.,  y  en  éstos  será  todo  una 
turbación  y  confusión;  y  dexo  a  la  Real 
consideración  de  V.  M.  lo  demás  que  se 


puede  inferir  de  aquí,  y  el  perjuicio,  que 
en  esta  sola  clase,  que  es  la  que  anima 
los  Reynos,  recibiera  V.  M...  etc..  etc.» 

Sirvan,  pues,  también  los  preceden- 
tes párrafos  como  muestra  del  estilo  de 
nuestro  insigne  Belluga,  quien,  conside- 
rado como  escritor,  no  puede  ponerse 
en  duda  que,  con  efecto,  lo  fué  doctísi- 
mo, de  vasta  erudición,  así  en  humanas 
como  en  sagradas  letras,  y,  por  tal  con- 
cepto, no  menos  que  por  sus  virtudes, 
digno  de  singular  estimación  y  aplauso, 
sobre  todo  por  lo  que  se  refiere  a  su 
copiosísimo  libro  Contra  los  Trages  y 
Adornos  profanos;  a  sus  Edictos  y  Car- 
tas pastorales  referentes  al  mismo  asun- 
to, o  sobre  puntos  de  moral,  de  costum- 
bres y  de  Disciplina  eclesiástica;  a  su 
Manifiesto  presentado  a  la  Sagrada  Con- 
gregación de  Ritos  en  1722  sobre  el  doc- 
torado y  episcopado  cartaginés  de  San 
Fulgencio;  y  muy  especialmente,  a  su 
eruditísimo  y  bien  razonado  Memorial 
dirigido  a  la  Majestad  de  Felipe  V,  So- 
bre las  materias  pendientes  con  la  corte 
de  Roma,  donde  se  hallan  contenidos 
los  varios  preciosísimos  lugares  que  de- 
jamos trascritos. 

La  mayor  parte  de  estas  obras  se  ha- 
llan impresas  en  Murcia,  por  lo  que  re- 
servamos su  descripción  bibliográfica 
para  nuestra  Sección  Tercera,  a  que  nos 
remitimos.  Ahora  bien,  las  que  conoce- 
mos suyas,  no  estampadas  en  dicha  ciu- 
dad son: 

«Cartas  al  Papa  Clemente  XI  por  el 
Cardenal  de  Belluga  y  por  el  Colegio  de 
Maese  Rodrigo  de  Sevilla  con  motivo  de 
la  exaltación  a  la  púrpura  de  dicho  Car- 
denal.—En  Sevilla,  por  Francisco  de 
Blas.— 1720. 

En  fol.— 24  págs. 

«Libellus  qui  Sanctissimo  Domino 
Nostro  Innocentio  XIII.  Exponitur 
A'Cardinali  Belluga  Episcopo  Cartha- 
ginensi.  Super  aliquibus  ad  Disciplinam 


44 


attinentibus,  Et  Quae  punctualem  De- 
cretorum  Sancti  Concilii  Tridentini  exe- 
cutionem  respiciunt,  ut  amotis  ómnibus, 
quae  eorutn  observantiam  impediunt, 
in  Hispaniarum  Regnis  exequi  perfecté 
valeant,  uti  Episcopi  desiderant  (viñe- 
ta). Romae  M.DCC.XXI.  Ex  Typogra- 
phia  Galeatii  Chracas,  propé  Sanctum 
Marcum  in  Via  Cursús.» 

En  fol.— 127  págs.,  más  3  hojas  al  principio  sin  nume- 
rar.—SiRns.  (-i-)  A-Q  2.— Portada.— V.  en  b.— Synopsis 
omnium,  quae  in  hoc  llbello  continentur.— Texto. 

cSacra  Congregatione  Ritvvm  Emo. 
&  Rmo.  D.  Cardinali  Barberino  Ponen- 
te Hispaniarum,  si  ve  Carthaginen.  Con" 
cessionis,  &  approbationis  Officij  pro- 
prij  S.  Fulgentij  Episcopi  Carthaginen. 
Et  eiusdem  Dioccesis  Primarij  Patroni, 
cum  qualitate  Doctoris,  sub  Ritu  Dupli- 
ci  pro  Universa  Hispania.  Exponvntur 
ab  Eminentissimo,  et  Reverendissimo 
Domino  Ludo  vico  Cardinali  Belluga 
Episcopo  Carthaginensi.  Causam  Eccle- 
siae  suae  promonente,  fundamenta,  qui- 
bus  nititur  petitio  approbationis,  &  ex- 
tensionis  dicti  Officij  cum  qualitate  Doc- 
toris, &  satisñt  Animaduersionibus  R. 
P.  D.  Fidei  Promotoris.— Romae,  Typis 
Reuerendae  Camerae  Apostolicae 
MDCCXXII.  Superiorum  permissu.» 

En  fol.— 50  págs.— Signs.  A  2.— N.— Portada.— V.  en  b. 
Texto. 

Declaración  de  todo  lo  que  contiene 
y  enseña  la  Religión  Catholica.  Com- 
puesta en  italiano  por  el  Eminentísimo 
y  Reverendísimo  Señor  Cardenal  Bellu- 
ga, Protector  de  España.  Para  que  con 
breve  y  fácil  método  puedan  instruir  en 
ella  los  PP.  Misioneros  que  la  predican 
en  las  naciones  gentiles.  Dala  a  luz  tra- 
ducida en  español  el  limo,  señor  don  Jo- 
seph  Alcaráz  y  Belluga,  Obispo  de  Ta- 
razona,  su  sobrino.  Y  él  mismo  la  dedi- 
ca a  María  Santísima  de  los  Dolores, 
que  con  el  título  de  las  Lágrimas,  se  ve- 
nera en  la  Santa  Iglesia  Cathedral  de 


Murcia.  Con  licencia.  En  Zaragoza,  por 
Francisco  Moreno,  año  1742. 

En  8.0 

Constituciones  de  la  insigne  Iglesia 
Colegial  de  la  Ciudad  de  Lorca,  dis- 
puestas y  ordenadas  por  el  Em.  Sr.  Car- 
denal Belluga.— Madrid,  1759. 

En  folio. 

Cartas  (varias)  al  Rey  Don  Felipe  V 
sobre  asuntos  de  la  Bula  de  la  Santa 
Cruzada. 

Ms.  en  fol.  existente  en  la  Biblioteca  del  señor  Conde 
de  Roche. 

«Disertación  histórica  que  sirve  de 
explicación  a  algunos  lugares  obscuros, 
que  se.  encuentran  en  la  historia,  cartas, 
anegaciones,  y  Apología,  que  ha  dado 
a  luz  el  Card.í  Alberoni.» 

Ms.  en  fol.  de  14  hojas,  letra  de  la  época,  y  existente 
en  la  misma  Biblioteca. 

«Carta  al  Rey  de  España,  represen- 
tando a  S.  M.  los  inconvenientes  de  al- 
gún.«  expedición. s  de  Guerra,  fundición 
de  Plata  y  otras  cosas  &c^. 

Ms.  en  fol.  de  68  hojas  y  hermosa  letra,  su  fecha: 
cDesta  Corte  a  19  de  febrero  de  1721.»  Empieza: 

.  «Permita  V.  M.  a  mi  fidelissimo  amor, 
del  que  tan  antiguas  experiencias  V.  M. 
tiene,  el  q.  con  mi  más  profundo  respeto 
haga  a  V.  M.  una  reuerente  quanto  humil- 
de representación,  sobre  algunos  puntos 
de  grauissima  importancia,  de  q.  depende 
la  mayor  seguridad  de  la  conciencia  de 
V,  M.,  la  conseruación  y  aumento  de  su 
Reyno,  el  consuelo  y  alivio  de  sus  vasa- 
llos, el  que  V.  M.  sea  un  Monarcha  glorio- 
sissimo,  amado  en  todos  sus  Reynos,  temi- 
do de  todos  los  Reyes,  querido  de  Dios, 
como  hijo  especial  suyo,  y  protegido  de 
su  Magestad,  en  sí,  en  su  Reyno,  y  en  su 
Real  prosapia...,  etc.> 

Tales  son  las  que  hemos  visto;  pero  el 
señor  don  Ángel  del  Arco  y  Molinero, 
en  su  Estudio  Biográfico  sobre  nuestro 
Cardenal,  premiado  en  el  certamen  lite- 
rario de  la  Prensa  murciana  celebrado 
el  31  de  mayo  de  1891,  cita  además,  bien 
que  sin  darnos  ningún  dato  bibliográfi- 
co, las  siguientes: 


-  45 


— cDisertación  dogmática  por  los  de- 
rechos de  la  Santa  Sede  Apostólica,  in- 
munidad eclesiástica.» 

—«Defensa  de  los  derechos  de  Feli- 
pe V  a  la  Corona  de  España. » 

—« Alegación  canónica  por  la  exen- 
ción del  fuero  laico  de  los  Fiscales  de  la 
Curia  Episcopal,  y  otros  ministros.» 

—«Alegación  por  la  facultad  de  los 
Obispos  para  dividir  los  Curatos  y  se- 
ñalar la  porción  congrua  a  los  ecó- 
nomos.» 

—«Memorial  sobre  la  declaración  del 
Misterio  de  la  Concepción  de  María 
Santísima,  Nuestra  Señora.  > 

—«Epístola  Dogmática  ^í/  Cosmenos, 
Jacohitas,  et  altos  schismaticos.* 

—«Carta  Dogmática  a  la  Santidad  de 
Clemente  XI,  sobre  admisión  de  la  Bula 
Unigeniius.^ 

— «Elucidatio  Unionis  Eucharisticae 
assertae  a  Cardinali  Cienfuegos.» 

—  «Votos  sobre  varios  puntos  canó- 
nicos.» 

— «Vota  quam  plurima  in  causis  Bea- 
tis,  servorum  Dei.» 

—«Vota  pro  concessione  officiorum 
et  extensiones  plurium  S.  S.  Hispa- 
niae.» 

— «Disertatio  pro  Officio  Doctoris  S. 
Isidori  Archiepiscopus  Hispalensis.» 

—«Disertatio  Dogmática  et  moralis 
pro  defensione  jurium  Sanctae  Sedis.» 

— «Tractatus  dogmáticos  super  infali- 
bilitate  Summi  Pontificis,  independen- 
ter  a  Concilio  Generali  et  de  obedientia 
constitutionis  unigenitus.» 

—«Tractatus  de  numero  praedestina- 
torum.» 

—  «Explicatio  sacramenti  Extremae- 
untionis.» 

—«Dictámenes  cristiano-políticos.» 

«Las  cinco  últimas  obras  (dice)  se  guar- 
dan manuscritas  en  el  Vaticano.» 

No  hemos  querido  dejar  de  hacer  es- 
tas citas;  pero  en  verdad  no  sabemos  si 


tales  obras  existirán  realmente  con  es- 
tos títulos.  Decimos  esto,  porque  en  el 
catálogo  del  señor  Arco  y  Molinero  ve- 
mos citadas  las  obras:  «Alegación  Ca- 
nónica por  la  jurisdicción  de  los  Obis- 
pos de  Cartagena  en  los  lugares  de  las 
Ordenes  militares»  =  «Representación 
canónica  por  la  inmunidad  de  los  ecle- 
siásticos, vulnerada  en  el  sobre-precio 
de  la  sal»  =  «Memorial  a  la  Santidad  de 
Inocencio  XIII  para  obtener  la  Bula 
Apostolici  Ministerii,  sobre  la  disciplina 
escolástica»  =  y  «Disertatio  pro  S.  Ful- 
gentio,  Carthaginensis  Episcopo  Eccle- 
siae  Doctore»;  que  indudablemente  son 
las  mismas  que  nosotros  titulamos,  por- 
que así  ellas  se  intitulan: 

—«Memorial  que  ofrece  a  su  Mag-es- 
tad  el  Obispo  de  Cartagena  don  Luis 
Belluga  (sobre)  jurisdicción  espiritual  y 
eclesiástica  y  demás  derechos  que  le 
pertenecen  en  las  Vicarías  de  Cara  vaca, 
Yeste,  Segura,  Veas  de  Segura,  del  Or- 
den de  Santiago...  etc.» 

—«Memorial  que  da  a  su  Magestad  el 
Obispo  de  Cartagena  don  Luis  Bellu- 
ga... sobre  los  Acrecentamientos  e  Im- 
puestos en  la  Sal.  En  que  representa  a 
su  Magestad...  etc.» 

— «Libellus  qui  Sanctissimo  Domino 
Nostro  Innocentio  XIII.  Exponitur 
A'Cardinali  Belluga...  Super  aliquibus 
ad  Disciplinam  attinentibus...  etc.» 

—«Sacra  Congregatione  Ritvm  Emo. 
&  Rmo.  Cardinali  Barberino  Ponente... 
Concessionis  &  Approbationis  Officij 
proprij  S.  Fulgentij...  cum  qualitate 
Doctoris,  sub  Ritu  Duplici...  etc.» 

Y  bien  pudiera  suceder  lo  mismo  con 
las  demás  citadas  por  el  referido  señor 
Molinero. 

Véase  Belluga  en  nuestro  Catálogo 
de  Impresos  en  Murcia  (1). 


(1)  Para  la  blo-bibllograffa  de  Belluga  conviene  tenef  en 
cuenta,  además,  las  publicaciones  modernas  slgfulentes: 

Juan  Oriiz  del  Barco  [seudónimo  de  don  Manuel  Ro- 
dríguez Martin]:  Vitidicación  de  BeHuga...  San  Fernando, 


46 


Beñ  Abi  Leili, 

Véase  Ahmad  Ben  Abraham  Ben 
MoHAMAD  Ben  Khalaf. 

Ben  Hanthalla. 

Véase  Abdalla  Ben  Solimán   Abu 

MoHAMAD   AlANSARI. 

Ben  Hobaisch. 

Véase  Abdelrahman  Ben  Mohamad 
Abulcassem. 

Bocairente  (Fr.  Benito  de). 

Relig^ioso  capuchino,  natural  de  la 
villa  de  que  tomó  su  nombre.  Nació  en 
3  de  junio  de  1736,  y  en  16  de  diciembre 
de  1753,  o  sea  a  la  edad  de  diecisiete 
años,  vistió  el  hábito  de  Orden  en  el 
Convento  de  la  Magdalena,  profesando 
en  el  día  17  del  mismo  mes  del  siguien- 
te año.  Su  saber  y  sus  virtudes  hicié- 
ronle  digno  de  desempeñar,  en  su  reli- 
gión, los  cargos  de  Misionero  Apostóli- 
co, Secretario  de  Provincia  y  Guardián 
de  los  Conventos  de  Monóvar,  Alcira  y 
Murcia,  residiendo  en  el  cual  compuso 
la  Vida  de  Sor  Verónica  Juliani,  Aba- 
desa del  Monasterio  de  la  ciudad  de 
Gástelo.  Falleció  en  Alcira,  en  1779, 
siendo  Guardián  de  aquel  Monasterio. 

Escribió,  además  de  la  ya  menciona- 
da, las  siguientes  obras: 

2.^  «Vida  del  Beato  Fr.  Bernardo  de 
Corleón,  Capuchino;  extraída  en  com- 


Secclón  Tipográfica  del  E.  M.  [Al  fin:  1913].— 59  págs.— 4."— 
Fundaciones  de  Belluga,  por  Juan  Ortis  del  Barco...  (s.  1., 
s.  1,  s.  a.).— 71  págs.— 24  cm.:  4."  m.^^*. 

Pedro  Díaz  Cassou:  Serie  de  los  obispos  de  Cartagena, 
Sus  hechos  y  su  tiempo.  Madrid,  Fortanet,  1895.-4.°. 

Alfonso  Pardo  y  Manuel  de  Villbna:  El  Marqués  de 
Rafal  y  el  levantamiento  de  Orihuela  en  la  Guerra  de  Su- 
cesión (1706).— 4.0. 

Joaquín  Báguena:  El  Cardenal  Belluga.  Conferencia  leí- 
da en  el  Círculo  Conservador  el  día  16  de  marzo  de  1914.— 
Murcia,  Imprenta  de  «El  Tiempo,  1914.-33  págs.-  8.°  m.*^^ 
Y  de  este  mismo  autor:  El  Cardenal  Belluga.  Su  vida  y  su 
obra.  Estudio  preliminar  de  Cayetano  Alcázar  y  Andrés 
Sobejano.  [Imprenta  Helénica,  Madrid]— 1935.  Sólo  se  ha 
publicado  hasta  ahora  el  volumen  I.  (N.  del  e.) 


pendió  de  la  que  escribió  de  los  proce- 
sos formados  para  la  Beatificación  el 
P.  Fr.  Benito  de  Milán,  Predicador  Ca- 
puchino». En  Valencia,  por  Benito  Mon- 
fort,  1768.  En  8.° 

3.^  «Vida  del  Siervo  de  Dios  Fr.  Ge- 
rónimo de  Corleón,  Religioso  Lego,  pro- 
feso, de  los  Frailes  Menores  Capuchi- 
nos de  S.  Francisco».  (Traducida  del 
italiano.)  Madrid,  1767.  En  4.°  Y  en  Va- 
lencia, por  Salvador  Fauli,  1769. 

4.^  «Cuaresmal  del  P.  Serafín  de  Vi- 
cenza,  Capuchino;  añadidos  al  fin  de 
cada  sermón  algunos  ejemplos  pertene- 
cientes al  punto  que  se  trata,  por  el  tra- 
ductor». Ms.  en  4." 

Fuster:  tom.  II,  pág.  93. 

Boix  (Fr.  Lorenzo). 

Franciscano  descalzo,  natural  de  la 
Alcudia  de  Carlet,  donde  nació  en  1716* 
Tomó  el  hábito  en  el  Convento  de  San- 
ta Ana  del  Monte,  de  la  villa  de  Jumilla 
(Murcia),  en  el  día  4  de  mayo  de  1732, 
profesando  en  el  siguiente;  y  concluí- 
dos  sus  estudios,  fué  nombrado  Lector 
de  Artes  y  después  de  Teología.  Tam- 
bién obtuvo  los  empleos  de  Custodio 
Provincial  y  Vicecomisario  de  la  Pro- 
vincia de  San  Pedro  de  Alcántara  de 
Granada  y  Murcia;  y  siendo  últimamen- 
te Guardián  del  Convento  de  Siria,  mu- 
rió en  1797,  habiendo  trabajado  mucho 
en  la  obra  de  aquella  casa,  que  edificó 
de  nuevo,  mudándola  a  terreno  más 
sano.  Escribió: 

I.*'  «Sermón  en  las  exequias  de  la 
Sierva  de  Dios  María  Ana  Amat,  natu- 
ral de  la  villa  de  Alcudia  de  Carlet, 
predicado  en  el  Convento  de  San  Pedro 
de  Alcántara,  de  dicha  villa,  en  28  de 
agosto  de  1769».  Valencia,  por  Salvador 
Fauli,  1771.  En  4.° 

2°  «Vida  de  la  Venerable  Sierva  de 
Dios  María  Ana  Amat».  Ms.  en  4.*^ 

Fuster:  tom.  II,  pág.  173. 


-  47  - 


BojADOs  Y  LuLL  (Doii  Alejo  de). 

Sacerdote,  natural  de  Barcelona,  y  do- 
miciliado en  Murcia  durante  largo  tiem- 
po. Floreció  a  mediados  del  siglo  xvii. 
Ordenado  de  Presbítero,  fué  agraciado 
con  un  canonicato  en  la  Catedral  de  su 
país,  y  corriendo  luego  con  fama  de 
hombre  docto,  y  de  Capellán  celoso  por 
la  pureza  de  la  fe,  fué  nombrado  Inqui- 
sidor Apostólico  del  reino  de  Murcia, 
en  cuya  ciudad,  como  dicho  queda,  fun- 
dó el  Convento  de  la  Exaltación  del 
Santísimo  Sacramento  de  Madres  Capu- 
chinas. 

Ignoramos  los  demás  pormenores  de 
su  vida,  y  únicamente  sabemos  que  es- 
cribió (durante  su  permanencia  en  Mur- 
cia) un  curioso  libro  de  Aforismos  mís- 
ticos sacados  de  las  obras  de  Santa  Te- 
resa, impreso  en  dicha  ciudad  en  1650. 

El  señor  don  Félix  Torres  Amat  en 
su  Diccionario  de  escritores  catalanes 
dice  que  en  la  Biblioteca  de  Carmelitas 
Descalzos  de  Madrid  se  hallaba  en  su 
tiempo  esta  misma  obra,  impresa  en 
Murcia  en  1647. 

Véase  Boxados  y  de  Lull  en  nuestra 
Sección  de  Impresos  en  Murcia. 

Bonacasa  (Fr.  Bernardo). 

Religioso  Dominico,  natural  de  Bur- 
baguena,  en  el  reino  de  Aragón,  y  resi- 
dente en  Murcia  desde  su  ingreso  en  la 
Orden,  cuyo  hábito  vistió  en  el  Real 
Convento  de  PP.  Predicadores  de  dicha 
capital.  Fué  presentado  en  la  facultad 
de  Teología,  y  floreció  a  mediados  del 
siglo  xvu.  Según  Latassa,  hubo  de  ob- 
tener, así  en  el  referido  convento,  como 
en  toda  su  provincia  de  Andalucía,  «va- 
rios cargos  que  dieron  bien  a  entender 
su  religiosidad  y  literatura*,  pero  no 
nos  dice  cuáles  cargos  fuesen  éstos. 

Por  lo  que  respecta  a  su  carácter  de 
escritor,  conocérnosle  como  autor  de 


una  obra  de  Teología  moral  y  dogmáti- 
ca, que  escribió  residiendo  en  el  referí- . 
do  convento  e  imprimió  en  Valencia  y 
Murcia,  titulada  ^Católica  Doctrina  y 
Ejercicio  de  las  tres  virtudes  Teologa- 
les Fe,  Esperanza  y  Caridad*;  obra  de 
bastante  mérito,  por  cierto,  y  de  gran 
utilidad  e  importancia  espiritual,  bien 
que  algo  desaliñada  por  su  estilo  exce- 
sivamente llano  y  poco  o  nada  variado, 
como  así  lo  reconocen  los  mismos  auto- 
res de  sus  censuras  y  aprobaciones. 

«He  leído  y  examinado  con  particular 
atención  y  cuydado  (dice  el  P.  Fr.  Marco 
Antonio  Pérez)  la  primera  parte  de  un 
libro  intitulado  Catholica  Doctrina...  com- 
puesto por  el  P.  Presentado  Fr.  Bernardo 
de  Bonacasa...,  y  en  él  muestra  el  Autor, 
no  sólo  los  buenos  deseos  que  de  la  salud 
de  las  almas  tiene,  sino  también  que  para 
la  consecución  de  este  fin  no  ha  perdonado 
el  trabajo  de  la  lectura  de  Autores  anti- 
guos y  modernos,  aprovechándose  de  los 
trabajos  dellos,  para  con  más  seguridad 
bienlograr  los  propios.  En  ellos  hallarán 
todos  de  que  alimentar  su  espíritu;  los  doc- 
tos, escritura  y  Theología  bien  declarada; 
y  los  que  no  lo  son,  enseñanza  para  ser 
Christianos,  dispuesta  con  estilo  llano  y 
claro...» 

He  aquí  su  descripción  bibliográfica: 

«Católica  Doctrina,  y  Exercicio  de  las 
Tres  Virtudes  Theologales,  Fe,  Esperan- 
za y  Charidad.  Con  vn  Tratado  de  la  Con- 
fessión  sacramental,  y  dos  tratados  de  In- 
dulgencias, y  muchos  discursos,  vnos 
Theologicos,  y  otros  morales  y  predicati- 
uos,  que  yran  embeuidos  en  esto,  según 
que  la  materia  lo  pidiere.  Por  el  Padre 
Fr.  Bernardo  de  Bonacasa,  Presentado  en 
S.  Theologia,  hijo  y  conuentual  del  Con- 
uento  de  Santo  Domingo  el  Real  de  la 
ciudad  de  Murcia,  Prouincia  del  Andalu- 
zia,  y  natural  de  la  villa  de  Burbaguena 
Reyno  de  Aragón.  Al  Illustrissimo,  y  Re- 
verendissimo  señor  don  Fr.  Antonio  de 
Trejo  Panyagua,  General  que  fue  de  toda 
la  Orden  del  Seraphico  P.  S.  Francisco,  y 
aora  Obispo  de  Cartagena,  y  del  Consejo 
de  su  Magestad  el  Rey  nuestro  Señor  Fe- 
lipe IIII  y  su  Embaxador  especial  que  fué 


-  48  - 


en  Roma  (Adornito)  Con  Licencia,  En 
Valencia,  por  luán  Bautista  Margal,  junto 
a  S.  Martin,  1635.  (Al  fin):  En  Valencia. 
Por  luán  Bautista  Margal,  junto  a  S.  Mar- 
tin M.DC.XXXV.  (Al  pie  de  la  portada  del 
tercer  volumen):  En  Murcia,  por  luán  Fer- 
nández de  Fuentes.  Año  1643.» 

3  vols.  en  4.°,  a  2  colums.  (Aunque  el  autor  dice  en 
sus  prólogos  y  dedicatorias  hallarse  la  obra  dividida  en 
tres  partes  en  cuatro  tomos,  sospecho  que  no  llegó  a 
imprimirse  el  cuarto).  El  1.°,  de  296  págs.,  más  9  hojas  de 
preliminares  y  12  al  final  de  tablas  sin  numerar.— Signs. 
§  2—6:  A— V  5.— Contiene:  Portada.— V.  en  b.— Licen- 
cias (tres)  de  la  Orden  de  Predicadores. — Aprobación  de 
Fr.  Marco  Antonio  Pérez.— Otra  de  Fr.  Bartolomé  Buy- 
sor.— Otra  del  M.  Fr.  Lamberto  Novella. — Licencia  del 
Dr.  D.  Martin  Dolz.— Dedicatoria  suscrita  por  el  autor. 


Prólogo  del  autor  al  lector. — Erratas.— Texto.— Tabla 
de  los  capítulos  y  Tratados.— Tabla  de  las  cosas  que  se 
tratan  en  esta  primera  parte.— Colofón.  =  Y  el  2.°:  De 
316  págs.,  más  7  hojas  de  preliminares  y  18  al  fin  de 
tablas  e  índice  sin  numerar.— Signs.  §  2—5:  A— Y  5. — 
Portada. — V.  en  b.— Licencias  (tres)  de  la  Orden  de  Pre- 
dicadores.—Las  mismas  aprobaciones  que  la  anterior. — 
Epístola  dedicatoria  suscrita  por  el  autor  al  Husmo,  don 
Fr.  Antonio  de  Trejo.  —  Prólogo  al  lector.  —  Texto. — 
Tabla  de  los  capítulos.— Tabla  de  las  cosas  notables, 
índice  de  los  lugares  de  la  Sagrada  Escritura  (en  latín). 
Colofón. 

En  cuanto  al  tercer  volumen,  reser- 
vamos su  descripción  bibliográfica  para 
el  lugar  correspondiente  de  nuestro  Ca- 
tálogo de  Impresos  en  Murcia,  y  capítu- 
lo BoNACASA,  al  cual  nos  remitimos. 


c 


C AMARINO  O  Camarín  (Lie.  Pedro). 

De  entre  las  noticias  que  a  continua- 
ción damos,  las  referentes  al  lugar  de 
su  nacimiento  y  principales  produccio- 
nes de  su  ing-enio,  debámoslas  a  unos 
curiosos  apuntes  facilitados  por  el  dis- 
tinguido bibliógrafo  don  Juan  Catalina 
García  al  señor  Conde  de  Roche,  quien, 
a  su  vez,  se  ha  servido  prestárnoslos  ge- 
generosamente. 

Fué  el  Licenciado  Camarín  o  Cama- 
rino,  que  de  ambos  modos  vémosle  ci- 
tado, oriundo  de  Italia,  natural  de  la 
villa  de  Auñón,  en  la  Alcarria  (1),  y  re- 
sidente, durante  el  bonito  espacio  no  in- 
terrumpido de  más  de  cuarenta  y  tres 
años,  en  la  ciudad  de  Murcia,  donde 
ejerció,  desde  noviembre  de  1557,  has- 
ta su  muerte,  acaecida  a  principios 
de  1601  (2),  el  cargo  de  Profesor  de  Gra- 
mática y  Retórica,  precediendo  inme- 
diatamente en  tan  honroso  empleo  a 
nuestro  insigne  Cáscales,  según  queda 


(1)  De  entre  las  llamadas  Relaciones  topográficas  que 
dieron  a  Felipe  II  nuestros  pueblos  de  Castilla,  en  la  del 
pueblo  de  Auñón  se  lee  lo  siguiente  al  hablar  de  los  hijos 
notables  de  esta  villa; 

€Ay  otro  Clérigo  que  se  dice  el  Licenciado  Camarín,  na- 
tural de  esta  villa,  tiene  la  Cátedra  de  Retórica  en  la  Ciu- 
dad de  Murcia,  y  una  ración  en  la  Iglesia  de  la  Ciudad.  Es 
persona  de  letras,  y  muy  religioso,  y  que  tiene  otras  mu- 
chas habilidades.» 

Relación  que  está  fechada  en  30  de  noviembre  de  1575. 

Nota  del  referido  señor  Catalina,  que,  manuscrita,  tene- 
mos delante. 

(2)  Camarino  murió  en  diciembre  de  1600.  Cfr.  García 
SoRiANO,  ob,  cit,  pág.  29.  (N.  del  e.) 


dicho  en  lugar  oportuno,  y  siendo  el 
primero  de  estos  profesores  que  empe- 
zó a  leer  ambas  asignaturas  en  el  Cole- 
gio Seminario  Conciliar  de  San  Fulgen- 
cio por  disposición  del  Cabildo  de  la 
Iglesia  de  Murcia  (1),  que  era,  como 
también  en  dicho  lugar  queda  expresa- 
do, el  que  sostenía  esta  Cátedra  con  las 
rentas  pertenecientes  a  la  Prebenda  de 
Preceptoría. 

Camarino,  sin  embargo,  no  disfrutó 
nunca  íntegros  estos  emolumentos,  no 
obstante  el  lucidísimo  éxito  logrado  en 
sus  oposiciones,  y  haber  sido  elegido 
por  unanimidad  de  votos  de  los  señores 
Capitulares,  entre  todos  los  opositores. 

«Administrando  el  Cabildo  (escribe  el 
doctor  don  Francisco  López  de  Oliver, 
autor  de  la  historia,  que  tal  puede  llamar- 
se, de  esta  antigua  cátedra  murciana)  las 
rentas  de  Preceptoría  desde  el  año  de  1596, 
para  pagar  por  sí,  y  sus  Mayordomos  los 
120  ducados  de  vellón  a  los  tres  Maestros 
(Ayudantes),  con  quien  hicieron  assiento 
los  Diputados  del  Cabildo,  obligándolo  a 
la  paga  para  el  mayor  beneficio  de  la  pú- 


(1)  El  auto  en  que  así  lo  ordenan  el  Obispo  don  Sancho 
Dávila  y  demás  Capitulares,  a  25  de  octubre  de  1594,  es 
como  sigue: 

«Dixeron,  que  aplicavan,  y  aplicaron  la  Cathedra  de  Gra- 
matica_y  Retorica,  que  lee  y  rige  el  Licenciado  Camarino, 
para  q.  de  aquí  en  adelante  se  aya  de  leer,  y  lea  en  el  Apo- 
sento de  dicho  Seminario;  y  para  el  estipendio  del  Regente 
de  dicha  Cathedra  le  aplicaban  y  aplicaron  el  Anexo,  y 
parte  de  la  Maestre  Escolia  según  que  lo  tiene,  y  lleva  el 
Licenciado  Camarino;  a  quien  se  le  notifique,  que  dentro 
del  tercero  dia  passe  a  leer  sus  lecciones  a  dicho  Semi- 
nario.» 


50  - 


blica  enseñanza,  reservó  a  Camarino  parte 
de  las  rentas  de  la  Preceptoria  para  su  ma- 
nutención. Este,  pues,  por  la  escasez  de 
cosechas  del  año  1598,  escrivió  al  Ilustris- 
simo  señor  Obispo  don  Sancho  Dávila, 
fundador,  para  que  passara  sus  oficios  con 
el  Cabildo,  a  fin  de  que  le  permitiera  el 
íntegro  goze  de  las  rentas  de  Preceptoria, 
pues  él  se  obligaría  a  pagar  los  120  duca- 
dos de  los  Ayudantes.  Y  en  el  Cabildo 
de  20  de  febrero  de  1599,  se  vio,  con  Memo- 
rial de  Camarino,  carta  del  Ilustrissimo 
señor  don  Sancho  Dávila,  su  fecha  en 
Yecla  a  13  del  mismo,  pidiendo  al  Cabildo 
la  gracia,  que  por  su  memorial  pedía  Ca- 
marino, siquiera  por  aquel  año  tan  nece- 
sitado.» 

Hemos  querido  hacer  esta  cita  para 
confirmar  lo  ya  expuesto  en  otro  lugar 
sobre  que  Cáscales  fué  el  primero,  y 
acaso  el  único  de  nuestros  antiguos  pre- 
ceptores de  Gramática,  a  quien  el  Ca- 
bildo de  Murcia  quiso  distinguir  y  agra- 
ciar con  la  renta  entera  de  dicha  Pre- 
benda. 

Camarino,  según  parece,  hubo  de  ha- 
cerse acreedor  a  la  protección  del  ilus- 
tre Obispo  don  Sancho,  a  quien  vemos 
repetidas  veces  intercediendo  por  él 
ante  el  Cabildo,  como  en  las  ya  mencio- 
nadas ocasiones,  y  como  cuando  en  1594 
quiso  jubilarle  «atenta  su  vejez  y  que 
avía  servido  mucho»,  bien  que  no  pu- 
diera conseguirlo  «por  no  acostumbrar- 
se a  dar  jubilaciones  y  resultar  de  ello 
algunos  inconvenientes»,  según  contes- 
tación de  los  señores  Capitulares  a  la 
petición  de  su  Prelado.  También  parece 
que  en  Murcia  hubo  de  trabar  amistad 
con  algunos  de  los  ingenios  que  más 
entonces  la  ilustraban;  con  el  mismo 
Cáscales,  sin  duda,  con  don  Pedro  Gar- 
<iía  Galarza,  a  la  sazón  Canónigo  Magis- 
tral de  la  Catedral,  con  don  Juan  de  la 
Sal,  dignidad  también  de  la  misma  Igle- 
sia, con  don  Diego  Ramírez,  y  sobre 
todo  con  don  Ginés  de  Rocamora,  a 
quien  alabó  lindamente  en  versos  lati- 


nos e  italianos  al  principio  de  su  Sphera 
del  Universo.  Murió,  como  insinuado 
queda,  a  los  cuarenta  y  tres  años  y  me- 
ses de  su  profesorado,  en  esta  ciudad, 
día  11  de  enero  de  1601  (1). 

Escribió  diversas  y  muy  excelentes 
obras  en  prosa  y  verso,  todas  las  cuales 
han  quedado  manuscritas,  reservándo- 
nos, por  ello,  su  descripción  bibliográ- 
fica, conforme  a  las  notas  que  tenemos 
presentes  del  referido  señor  Catalina, 
para  nuestra  Sección  de  Manuscritos. 
Sus  títulos  son: 

1.'^  «Agonismata  et  Triunphi  Sanc- 
torum  Martyrum  Hispanorum  in  gra- 
tiam  Senatus  Murtiani»;  auctore  Cama- 
rino..., etc.  (Es  un  verdadero  Martiro- 
logio.) 

2.^    «Theatrum  Sapientiae.» 

S.''^  «Polygraphia  o  general  historia 
de  todas  las  cosas  inuentadas  desdel 
principio  del  mudo...»  Compuesto  por 
el  Licenciado  Camarino...,  etc. 

Obra  de  variada  lección  y  muy  erudi- 
ta, según  el  citado  ilustre  bibliógrafo, 
quien,  por  boca  del  mismo  autor,  dice 
haberle  costado  a  éste  muchas  vigilias, 
sometiéndola  después  «a  la  censura  de 
muchos  hombres  doctos  y  religiosos». 

4.^    «Soliloquios  con  Dios». 

5.^  «Discursos  sobre  la  vida  y  muer- 
te de  Cristo». 

Tratados  estos  últimos  de  materia 
mística,  que  van  al  fin  de  la  Poligrá- 
phia. 

6.^  «Memoria  histórica  de  San  Ginés 
de  la  Xara». 

Varón  tan  estudioso,  polígrafo,  como 
se  llama  él  mismo,  y  de  tan  aventajadas 
y  sobresalientes  prendas  de  erudición  y 
talento,  no  dejaría  de  ejercer  notabilísi- 
ma inñuencia  en  las  letras  murcianas 
durante  toda  la  segunda  mitad  del  si- 
glo xvi;  y  así,  con  efecto,  hubo  de  acon- 


(1)    Véase  la  nota  precedente  acerca  de  la  fecha  de  la  de- 
función de  Camarino. 


-  51  - 


tecer,  según  lo  dice  él  mismo  en  su  ci- 
tada Polygráphia,  declarándonos  que 
con  sus  lecciones  de  maestro  había  sa- 
cado «grandes  lechigadas!  de  hombres 
doctos  en  más  de  los  treinta  y  seis  años 
que  al  tiempo  de  componer  dicha  obra 
(en  Murcia,  como  las  demás  que  quedan 
referidas),  llevaba  de  preceptor  en  dicha 
ciudad. 

Para  muestra,  ahora  de  su  estilo,  y 
por  no  reproducir  la  que  ya  nos  dio  el 
señor  Asso  con  el  epigrama  en  dísticos 
latinos  titulado  In  Praetorem  Urbanum 
mamcaíisstmum,  vamos  a  trascribir  las 
dos  referidas  composiciones  que  van  al 
frente  de  la  Sphera  del  Universo,  de  don 
Ginés  de  Rocamora  (libro  aún  más  raro 
que  el  de  Asso),  y  que  rezan  al  tenor  si- 
guiente: 

Con  siglo  fu  de  1'  alta  prouidentia 
Far  el'  alma  inmortal  del'  huom  terreno 
Per  11  donar  11  Ciel  di  gloria  pieno 
Poi  d'  vna  morte  in  santa  penitentia 

Quindi  r  auiene  al  cor  tanta  eccelentia 
(Pur  quato  place  al  modo  e  frágil  feno) 
Che  cerchi  con  la  mente,  &  alto  senno 
Del  cerchio  Celestial  1'  alta  sapientia 

Cosí  Genesio  generoso  angello 
(Sprezzando  quá  nostra  visibil  térra) 
Descrisserar  a  mente  1'  alto  Cielo. 

Tal  che  scriuendo  ha  fatto  a  dotti  guerra 
Et  a  se  stesso  Athlante  eccelso,  e  bello 
Sopra  del  grande  Alcide,  a  cui  s'  afferra. 

CaMARINI  POLIGRAPHI  In  LaUDEM 

AüTORis  Encomastichon. 

Dedalus  a  Mino  praeclusus  carcere  in  alto 

Filiolum  docuit  Celitus  iré  viam, 
A  Pharis  doctas  quoda,  super  astra  Prometeus 

Monstrault  furto  scandere  celsa  poli. 
Architas  varios  cursus,  Coelique  meatus 

Descripsit  radio  sidera  cuneta  notans; 
Tu  tamen,  o  Genesi  nimium  generóse,  tullstí, 

Astronomum  palmas,  totaq,  pucta  Sophi. 
Quod  si  nunc  magnos  celebraret  Graecla  ludos 

Ornasset  crines  digna  corona  tuos. 

Véase  Camarino  en  nuestra  Sección 
de  Manuscritos. 

Campillo  Y  Tarín  (Don  Francisco  An- 
tonio). 

Poeta,  natural  de  Teruel,  donde  nació 
en  1706,  y  residente  en  Murcia  desde 


1755  en  adelante.  Estudió  Humanidades 
y  Filosofía  en  su  patria,  y  la  Jurispru- 
dencia civil  y  canónica  en  la  Universi- 
dad de  Huesca,  recibiendo  el  grado  de 
Doctor  en  ambos  derechos  en  1728  y 
siendo  nombrado  a  los  dos  años  siguien- 
tes Provisor  y  Vicario  general  de  la 
diócesis  de  Teruel,  cargo  que  desempe- 
ñó hasta  el  referido  año  de  1755,  en  que 
obtuvo  plaza  de  Fiscal  del  Santo  Oficio 
de  la  ciudad  de  Murcia,  a  la  vez  que  la 
de  Inquisidor  segundo  del  mismo  Tri- 
bunal, de  donde  fué  promovido  para  el 
de  Valencia,  no  sabemos  en  qué  año, 
pero  sí  que  murió,  en  esta  última  capi- 
tal, por  el  de  1789.  Escribió: 

1.°  «Epitome  Actorum,  et  Vitae  V. 
et  Ilmi.  D,  Ciar.  Memoriae  D.  Francis- 
ci  Pérez  de  Prado  et  Cuesta,  Meritiss. 
Olim  Turolensium  Episcopi,  et  Genera- 
lis  Hispaniarum  Inquisitoris,  ac  Sanctae 
Cruciatae  Commissari:  Elucubrata,  et 
in  Disthicis  decantata.  Cum  notulis  ad 
Calcem  illustrata».  Valencia,  por  Josef 
Tomás  Lucas,  1756. 

En  4.°  mea.  mayor.  Consta  de  164  dísticos  puros  y 
elegantes. 

2.°  «Povematum  et  Poesum  D.  Fran- 
cisci  Antonii  Campillo,  et  Tarin,  Can. 
Turelensis,  et  Antiquioris  Valentiae  In- 
quisitoris Libri  IV.  Ad  Nepotem  D.  Sal- 
vatorem  Campillo  et  Gargallo  Turolen- 
sem,  et  studiosoe  Legum.  Inventutis  in 
Valentino  Lyceo  Rectorem.  Cum  pro- 
prio  materiae  Elencho  in  Calce  cujus- 
que  libri  et  membri.  Accésit  novissime 
Liber  V.  de  Conditione,  et  actiis  Turo- 
lij,  cum  non  nulis  Regis  Jacobi  I».  Va- 
lentiae, 1778. 

Ms.  en  4.°  de  282  hojas,  que  se  hallaba  en  la  librería 
de  la  casa  paterna  del  autor. 

Y  Últimamente  varias  composiciones 
poéticas  latinas,  algunas  de  ellas  de  bas- 
tante y  dilatada  extensión,  que  se  hallan 


-  52  - 


incorporadas  a  varios  libros  impresos 
en  tiempo  del  autor. 
Así  en  la  Biblipteca  de  Latassa. 

Campos  (Don  Ramón). 

Nació  en  la  villa  de  Burriana,  de  don- 
de, siendo  aún  muy  niño,  se  trasladó 
con  sus  padres  a  la  de  Nules,  motivo 
por  el  que  creyeron  algunos  era  natural 
de  esta  villa.  Poco  después  un  tío  suyo, 
llamado  don  José  Pérez,  dignidad  de 
Arcediano  de  Chinchilla  en  la  Catedral 
de  Murcia,  se  lo  trajo  a  esta  ciudad, 
haciendo  sus  estudios  en  el  Seminario 
Conciliar  de  San  Fulgencio,  de  la  mis- 
ma, de  donde  salió  tan  aprovechado, 
que,  entre  otros  muchos  opositores, 
ganó  la  cátedra  de  Teología,  contando 
la  edad  de  solos  diecisiete  a  dieciocho 
años;  y  dedicándose  después  a  la  Quí- 
mica y  Física,  hizo  oposición  a  la  cáte- 
dra de  esta  ciencia  en  los  Reales  Estu- 
dios de  San  Isidro  de  Madrid.  Murió  en 
el  primer  año  de  la  guerra  de  la  Inde- 
pendencia, o  sea  en  1808,  en  un  encuen- 
tro con  los  franceses,  cerca  de  Belmon- 
te,  en  la  Mancha.  Escribió: 

1.°  c Sistema  de  Lógica.»  Madrid, 
1790.  En  8.° 

Obra  en  que  se  propuso  por  objeto  or- 
denar en  un  sistema  sencillo  todas  las 
funciones  del  entendimiento  en  busca 
de  la  verdad,  y  reducir  a  las  menos  y 
más  claras  palabras  cuanto  pertenece  a 
la  verdadera  lógica. 

2.°  «La  Economía  reducida  a  princi- 
pios exactos,  claros  y  sencillos»,  Ma- 
drid, imprenta  de  don  Benito  Cano, 
1797.  En  8.° 

3.°  «El  Don  de  la  palabra  en  orden 
a  las  lenguas  y  al  ejercicio  del  pensa- 
miento, o  teoría  de  los  principios  y 
efectos  de  todos  los  idiomas  posibles». 
Madrid,  por  Gómez  Fuentenegro,  1804. 
En  8.° 

Fuster:  Tom.  2.",  pág.  327. 


Campoy  (Fr.  Juan). 

No  sabemos  a  punto  fijo  el  pueblo  o 
patria  de  este  venerable  franciscano, 
haciéndolo  algunos  de  Alcocer  y  otros 
de  Madrid;  pero  nos  consta  que  residió 
mucho  tiempo,  acaso  la  mayor  parte  de 
su  vida,  en  la  provincia  de  Murcia.  Así, 
por  ejemplo,  sabemos  que  entre  los  mu- 
chos honrosos  cargos  que  se  le  confirie- 
ron dentro  de  su  regla  observante  fue- 
ron el  de  Fundador  del  convento  de  Re- 
coletos de  la  villa  de  Cehegín;  el  de 
Guardián,  luego,  del  Real  de  San  Fran- 
cisco de  la  ciudad  de  Murcia,  que  ejer- 
ció dos  trienios  consecutivos,  después 
de  haber  desempeñado  la  Prelacia  en 
1575;  y  últimamente  los  de  Definidor  y 
Custodio  de  la  provincia  de  Cartagena 
en  1583.  Tampoco  hemos  podido  averi- 
guar el  año  y  lugar  de  su  muerte,  pero 
sabemos  que  en  1596  estaba  todavía  de 
Guardián  en  el  referido  convento  de 
Murcia,  en  donde  acaso  hubo  de  pasar 
de  ésta  a  mejor  vida. 

«Fué  autor  (dice  el  de  la  Crónica  de  la 
Provincia  de  Cartagena)  de  un  ms.  que 
está  en  la  librería  de  Santa  Catalina  del 
Monte;  y  es  traducción  de  la  obra  latina 
del  M.  R.  P.  Bourchier,  Inglés  de  nación, 
que  se  imprimió  en  París  el  año  de  1582,  y 
trata  Del  Martyrio  que  padecieron  muchos 
Religiosos  en  Inglaterra  en  la  persecución 
del  infeliz  Enrique  8.  y  en  Belgio,  por 
aquellos  mismos  tiempos.  Pero  llegando  a 
la  vida  del  limo,  y  Santo  Mártyr  Fr.  Patri- 
cio Delio,  Obispo  Mayonense,  viendo  el 
R.  P.  Campoy,  que  dicho  P.  Bourchier 
omite  todos  los  sucesos  del  Santo  Mártyr, 
en  esta  Provincia,  arrima  el  empleo  de 
traductor,  y  emprende  el  de  Autor  propio, 
y  pone  de  su  misma  pluma  la  Vida  del 
Santo  Obispo.  > 

Camuñas  (Fr.  Diego). 

Nació  en  Alcázar  de  San  Juan  en  1632, 
de  padres  muy  limpios  y  honrados,  que 
lo  fueron  Juan  García  de  Camuñas  y 


—  53  — 


Emerencia  Jiménez.  Vistió  el  hábito  de 
San  Francisco  en  el  convento  de  Santa 
Catalina  del  Monte  de  la  ciudad  de  Mur- 
cia en  el  día  1.*'  de  agosto  de  1652,  pro- 
fesando en  el  mismo  al  año  siguiente. 
Cursó  allí  los  estudios  de  Filosofía  y 
Teología,  facultades  en  que  salió  muy 
aventajado.  Trascurridos  once  años  fué 
nombrado  opositor  a  las  cátedras  de 
Artes,  asignándosele  para  su  desempe- 
ño el  convento  de  Villanueva  de  los  In- 
fantes en  1666,  y  hallándosele  en  el  si- 
guiente otra  vez  en  Murcia  desempe- 
ñando el  empleo  de  Lector  de  Teología 
en  el  convento  de  San  Francisco,  de  di- 
cha ciudad,  cuya  cátedra  hubo  de  re- 
nunciar a  los  pocos  años,  por  ocuparle 
más  el  cargo  que,  en  sustitución  del  ve- 
nerable Abengozar,  obtuvo  de  Padre 
espiritual  y  Confesor  del  Monasterio  de 
Descalzas  Reales  de  la  villa  de  Muía,  en 
la  cual  permaneció  hasta  1684,  teniendo 
entonces  ocasión  de  conocer  y  dirigir 
espiritualmente  a  la  Venerable  Madre 
Sor  Juana  de  la  Cruz,  cuya  vida  escri- 
bió y  dio  a  la  luz  pública  en  1704. 

Desde  el  referido  año  de  1684  a  1699, 
en  que  por  vez  tercera  lo  hallamos  ha- 
bitando en  Murcia,  obtuvo  los  empleos 
de  Secretario  General  de  su  Provincia, 
de  Padre  Misionero  y  de  Ministro  Pro- 
vincial de  la  Familia  cismontana,  en 
cuyo  gobierno  hubo  de  experimentar, 
según  sus  biógrafos,  muchos  y  muy 
amargos  sinsabores. 

Retiróse,  pues,  cargado  de  años  y  fa- 
tigas a  su  antigua  celda  del  convento 
de  Murcia  en  el  citado  año  de  1699,  o 
tal  vez  antes,  y  allí  permaneció  ya  hasta 
el  año  de  su  muerte,  ocurrida  en  sep- 
tiembre de  1712  en  el  pueblo  de  su  na- 
turaleza; todo  lo  cual  consta  de  ciertas 
Relaciones  sobre  la  vida  y  muerte  de 
este  venerable  franciscano,  que  un  tal 
Francisco  Rioja,  vecino  de  Zocuélla- 
mos,  facilitó  al  Padre  Cronista,  de  quien 


tomamos  mucha  parte  de  las  preceden- 
tes noticias. 

Fué,  según  parece,  el  P.  Camuñas 
varón  instruido,  muy  versado  en  divi- 
nas letras  y  gran  conocedor  de  las  hu- 
manas costumbres.  Como  orador,  sin 
embargo,  no  pasa  de  una  vulgar  media- 
nía; y  por  lo  que  a  su  estilo  toca,  hállase 
privado  de  todo  adorno  literario  y  hasta 
de  buen  gusto,  resultando,  por  ende, 
extremadamente  sencillo  y  flojo. 

A  continuación  ahora  las  noticias  que 
con  respecto  a  sus  escritos  nos  trasmite 
el  referido  P.  Ortega  en  su  Crónica  de 
la  Provincia  de  Cartagena: 

«No  contento  el  M.  R.  P.  Camuñas  (dice) 
con  los  trabajos  y  fatigas  de  sus  Misiones, 
en  medio  de  tan  graves  y  tan  afanosos  em- 
pleos, escribió  y  dio  a  la  pública  luz  varios 
tratados  de  mucha  doctrina  y  erudición... 
El  año  de  1676,  día  primero  del  mes  de 
julio,  predicó  un  Sermón  de  Honras  de  la 
Ven.  y  Gran  Sierva  de  Dios  Sor  María 
Magdalena,  Religiosa  Bernarda  en  el  Mo- 
nasterio de  Villa  Robledo,  y  éste  se  impri- 
mió en  Murcia  el  año  1678.  El  año  1699  im- 
primió en  la  misma  ciudad  de  Murcia  dos 
Oraciones  Fúnebres  Panegyricas  de  Ani- 
versario y  Honras  de  la  Ven.  Sor  Juana 
de  la  Cruz.  El  de  1704  imprimió  en  la  ciu- 
dad de  Orihuela  la  Vida  de  la  misma  Ven. 
Madre  Sor  Juana  de  la  Cruz,  fiindadora 
ilustre  del  Real  Monasterio  de  Nras.  Des- 
calzas de  la  Villa  de  Muía,  al  que  tituló: 
Místico  Candelero  de  Oro,  y  es  libro  en 
quarto.  Publicó  también  dos  tomos  de  Mi- 
siones en  quarto,  los  que  tituló:  Clamores 
Apostólicos  y  Ciegos  alumbrados,  y  se  im- 
primieron en  Murcia  el  año  de  1710.  Asi- 
mismo otro  tomo  de  Doctrinas  para  intro- 
ducirse a  las  misiones,  y  éste  se  imprimió 
también  en  quarto  en  la  misma  ciudad  el 
año  de  1711.» 

El  autor  de  la  Bibliotheca  Universa 
Franciscana  cita  además  otros  tres 
Sermones  del  P.  Camuñas:  uno  de  La 
Inmaculada  Concepción  de  Nuestra  Se- 
ñora, y  los  dos  restantes  De  San  Luís 
Gonsaga,  y  De  San  Francisco  Javier, 
impresos  estos  últimos  en  Logroño  en 


54  - 


1622.  Noticia  a  todas  luces  falsísima, 
supuesto  que  en  dicho  año,  como  notó 
muy  bien  el  P.  Ortega,  faltaban  diez 
todavía  para  que  viniese  al  mundo  el 
P.  Diego  Camuñas. 

Véase  el  mismo  en  nuestro  Catálogo 
de  libros  impresos  en  Murcia. 

Cantera  (Don  Diego  de  la). 

Por  el  autor  anónimo  (1)  de  la  Biblio- 
teca Asturiana,  escrita  por  los  años 
de  1782,  y  citada  por  don  Bartolomé 
José  Gallardo  en  la  suya  de  Libros  ra- 
ros y  curiosos,  sabemos  que  este  don 
Diego  de  la  Cantera  fué  Colegial  del 
Colegio  Mayor  de  Oviedo  y  miembro 
del  Consejo  de  Pravia,  y  que  residió  al- 
gún tiempo  en  Murcia,  en  cuya  ciudad 
hallándose  ejerciendo  en  cargo  de  Jues 
de  Causas,  escribió  una  obra  que  se  im- 
primió luego  en  Salamanca  (1589)  y  en 
Francfort,  titulada  Quaestionum  cri- 
minalium  practicarum  volumen.  En 
folio. 

Cartagena  (Don  Alonso  de). 
Véase  Santa  María. 

Carrasco  (P.  José). 

•  Jesuíta,  residente  en  la  casa  de  la 
Compañía,  de  la  ciudad  de  Murcia,  y 
Maestro  de  Teología  en  la  Cátedra  de 
Vísperas  del  Colegio  de  la  misma  por 
los  primeros  años  del  segundo  tercio 
del  siglo  xvin.  Debió  ejercer  también, 
por  algún  tiempo,  el  cargo  de  Padre  es- 
piritual del  Convento  de  Madres  Agus- 
tinas de  dicha  ciudad,  de  cuya  venera- 
ble Fundadora,  Sor  Mariana  de  San  Si- 
meón, trazó  la  vida,  por  encargo,  según 
parece,  o  a  instancias  del  protector  del 
mismo  monasterio  e  Ilustrísimo  Obispo 
de  Cartagena  don  Juan  Mateo  López,  a 
quien  va  dedicada. 


(1)    Lo  fué  el  canónigo  Posada. 


Hablando  en  ella  (págs.  197  y  sigs.) 
de  la  ciudad  del  Segura,  dice  su  autor: 

<Esta  era  la  gran  ciudad  de  Murcia,  ca- 
beza de  aquel  Reino,  emporio  de  comer- 
cio, letras  y  virtudes,  Corte  el  día  de  hoy 
del  Obispo  de  Cartagena  y  una  de  las  más 
florecientes  repúblicas  de  España.  Su  si- 
tuación, extremadamente  agradable,  es  en 
un  frondoso  valle,  a  la  costa  meridional, 
no  lejos  del  Mediterráneo.  Por  la  parte 
del  Poniente,  hacia  Levante,  la  baña  el  río 
Segura,  cuyas  caudalosas  aguas,  no  sólo 
dan  abasto  a  su  población,  que  se  extiende 
a  seis  mil  familias,  sino  que  pueden  lla- 
marse de  oro,  con  más  razón  que  las  are- 
nas del  Tajo,  por  el  mucho  que  atesoran 
los  naturales  con  el  abundante  esquilmo 
de  su  riego.  Este  es  el  que  anima  un  dila- 
tadísimo pensil  de  más  de  quince  millas 
de  longitud,  que  no  tiene  equivalente  en 
toda  la  extensión  de  estos  Reinos;  cuya 
delicia  es  aún  mayor  que  su  fama;  pues 
sobre  un  terreno  sumamente  fértil  en  to- 
das las  estaciones  del  año,  en  que  nunca 
cesa  de  la  cosecha  de  granos,  legumbres 
y  hortalizas,  se  deja  ver  con  gran  método 
arbolado  de  toda  especie  de  plantas,  prin- 
cipalmente de  las  que  sirven  para  el  mara- 
villoso ingenio  de  la  seda.  Puede  decirse 
con  verdad,  que  todo  el  año  es  una  Prima- 
vera continuada,  donde  no  faltan  las  flo- 
res, ni  los  frutos;  pero  lo  más  primoroso  de 
este  pequeño  paraíso,  es  la  harraoniosa 
distribución  de  sus  aguas,  que  sin  ponde- 
ración es  especie  de  maravilla  el  modo 
con  que  a  tantos  y  tan  diferentes  rumbos 
se  reparte.  Para  esto  se  divide  el  Río  con 
una  gran  fábrica  de  sillería;  y  a  poco  más 
de  legua  y  media,  antes  de  la  Ciudad,  se 
toman  las  alturas  de  suerte,  que  por  uno  y 
otro  lado  parten  tres  caudalosas  corrien- 
tes, que  allí  llaman  cequias  mayores;  de 
éstas  salen  innumerables  surtidores,  los 
cuales  van  regando  por  todas  partes,  sin 
dejar  un  palmo  de  tierra;  con  tanta  sime- 
tría, que  a  veces  los  unos  corren  por  enci- 
ma de  los  otros,  a  beneficio  de  puentes, 
tablachos  y  compuertas,  con  que  hasta  el 
agua  que  revierte  cae  en  sus  vecinas  cana- 
les, y  encaminándose  por  el  más  hondo 
terreno  en  dos  zanjas,  vulgarmente  llama- 
das azarbones,  van  a  morir  en  el  Río,  de 
donde  vuelven  a  salir,  sin  perderse  una 
sola  gota  que  no  riegue  o  fertilice.  Toda 


55 


esta  deliciosa  campaña  está  vistosamente 
entretegida  de  un  gran  número  de  habi- 
taciones, y  algunas  muy  bien  fabricadas 
para  la  recreación  de  sus  dueños;  en  tan- 
to grado,  que  se  computa  el  vecindario 
de  la  Huerta  otro  tanto  como  contiene 
el  ámbito  de  la  Ciudad;  y  por  esto  suele 
decirse,  que  cuenta  Murcia  hasta  doce 
mil  sus  vecinos  (1).  Son  los  aires  salu- 
dables, las  aguas  provechosas,  la  tempe- 
rie nada  excesiva,  los  alimentos  fáciles,  y 
transcendientes  los  ingenios.  En  lo  demás 
en  que  es  común  a  otras  Ciudades,  a  nin- 
guna es  inferior  Murcia,  y  muy  antigua 
nobleza,  crecidísimos  sus  mayorazgos,  y 
sobresaliente  su  lucimiento.  La  Clerecía, 
y  Religiosas  Familias,  de  lo  más  respeto- 
so, grave  y  literato  de  España;  con  no  vul- 
gar número  de  Monasterios  de  Vírgenes, 
entre  las  cuales  los  dos  de  Madres  Capu- 
chinas, y  Agustinas  Descalzas,  son  tenidos 
con  mucha  razón  por  dos  ilustres  Relica- 
rios de  Santidad.  Hasta  en  lo  material,  no 
la  falta  el  correspondiente  adorno  de  mag- 
níficos edificios,  bellos  Templos  a  la  mo- 
derna, donde  luce  no  menos  el  aseo  que  la 
perfección:  una  Catedral  bastante  mages- 
tuosa,  con  algunas  maravillas  del  arte:  va- 
rias obras  públicas  de  primorosa  arquitec- 
tura, cuya  grandeza  pedía  relación  más 
difusa,  de  lo  que  permite  una  descripción 
casual.» 

Como  habrá  podido  notarse  por  la 
precedente  muestra,  el  P.  Carrasco  fué 
escritor  de  claro,  sencillo  y  agradable 
estilo,  circunstancia,  por  cierto,  no  muy 
común  en  su  tiempo,  y  por  la  cual,  sin 
duda,  logró  entrar  en  la  Academia. 

Las  obras  que  hasta  ahora  de  él  cono- 
cemos, son: 

1,  «Oración  Fúnebre,  que  a  las  Hon- 
ras del  Illmo.  y  Rmo.  señor  don  Thomás 
Joseph  de  Montes,  Arzobispo,  Obispo 
de  Cartagena,  celebradas  por  el  Illmo. 
Cabildo  de  la  misma  Santa  Iglesia,  dixo 
el  M.  R.  P,  Joseph  Carrasco.»  En  Mur- 
cia, en  la  Imprenta  de  Francisco  Joseph 
López  (S.  A.). -En  4.»  (2). 


(1)  Cifra  que  en  el  día  se  halla  más  que  triplicada. 

(2)  Véase    Carrasco  (P.  José)  en  nuestra  Sección  de 
Impresos  en  Murcia. 


2.  «La  Phénix  de  Murcia.  Vida,  Vir- 
tudes de  la  Venerable  Madre  Mariana 
de  San  Simeón,  fundadora  de  los  Con- 
ventos de  Agustinas  Descalzas  de  Al- 
mansa  y  Murcia.»  Su  Author  el  Padre 
Joseph  Carrasco,  de  la  Compañía  de  Je- 
sús, Maestro  de  Theología  en  el  Colegio 
Imperial,  y  Académico  de  la  Real  Aca- 
demia Española,  Quien  la  dedica  al  Ilus- 
trissimo  y  Reverendissimo  señor  don 
Juan  Matheo  López  de  Sáenz,  dignissi- 
mo  Obispo  de  Carthagena.  En  Madrid. 
Por  Manuel  Fernández,  Impressor  del 
Supremo  Consejo  de  la  Inquisición  de 
la  Reverenda  Cámara  Apostólica,  y  de 
las  señoras  de  la  Encarnación.  Año  de 
M.DCC.XLVL 

En  4.°  mlla.— 488  págs.,  más  11  hojas  de  prelims., 
y  4  al  final,  de  índice,  sin  numerar.— Signs:  (-f)  A. — 
Qqq  2.— Portada.— V.  en  b.— Escudo  de  armas  del  Mece- 
nas,—Dedicatoria.— Licencia  de  la  Religión. — Aproba- 
ción del  Dr.  don  García  Montoya  y  Sandoval. — Licencia 
del  Ordinario.— Aprobación  del  P.  José  Casani.— Licen- 
cia del  Consejo. — Aprobacióu  de  la  Real  Academia. — 
Fe  de  Erratas. — Suma  de  la  Tasa  a  ocho  maravedís  el 
pliego.— Texto  con  laminasen  él  intercaladas. — índice. 

Cartagena  (Alonso  de). 
Véase  Santa  María. 

Carvajal  (Don  Bernardino  de). 
Véase  López  Carvajal. 

Casanova  (Fr.  Juan  de). 

Religioso  Dominico.  En  una  Aproba- 
ción suya  puesta  al  frente  de  un  sermón, 
impreso  en  1742,  se  llama  él  mismo  Pa- 
dre Presentado,  Prior,  que  ha  sido  en 
el  Convento  de  Santo  Domingo  de  Basa. 
Examinador  Synodal  del  Obispado  de 
Guadix,  y  Prior  actual  del  Real  Con- 
vento de  Santo  Domingo  de  Murcia, 
cargo  que  todavía  ejercía  en  1753,  como 
puede  verse  consultando  en  nuestro  Ca- 
tálogo de  Impresos  en  Murcia,  los  ar- 
tículos Carrasco  (P.  José)  y  Casanova 
(Fr.  Juan  de).. 

Conocemos  de  él: 


-  56 


«Oración  fúnebre  Panegyrica  en  las 
solemnes  exequias  que  se  celebraron  en 
el  Convento  de  Madres  Agustinas  Des- 
calzas de  la  Ciudad  de  Murcia,  a  la  bue- 
na memoria  del  Illmo,  Rmo.  Señor  Don 
Juan  Matheo  López,  Obispo  que  fué  de 
dicha  Ciudad  y  Obispado.»  (Al  final): 
En  Murcia:  Imprenta  de  Phelipe  Díaz 
Cayuelas. 

Véase  Casanova  en  nuestra  Sección 
de  Impresos  en  Murcia.  Véase  también 
Mateo  López  en  el  presente  Catálogo. 

Castaño  (Fr,  Francisco). 

Padre  Franciscano  de  la  Provincia  de 
Cartagena:  floreció  en  el  segundo  tercio 
del  siglo  xvii;  fué  natural  de  la  Mota  del 
Cuervo,  en  la  Mancha,  y  residió  princi- 
palmente en  los  conventos  de  Tobarra, 
Cartagena,  Lorca  y  Villarrobledo,  en 
donde  acaso  acabó  sus  días,  sin  que  ha- 
yamos podido  averiguar  el  año  de  su 
muerte  ni  el  de  su  nacimiento.  Sólo  sa- 
bemos que  fué  guardián  de  todos  estos 
citados  monasterios;  que  en  1657  con- 
fiósele  el  cargo  de  Vice-Comisario  Ge- 
neral de  Indias  por  el  reverendísimo  y 
distinguido  P.  Julián  Pérez,  que  a  la  sa- 
zón ejercía  el  de  Vicario  General  de 
toda  la  Orden  Minorita;  y  que  en  1672, 
merced  a  sus  méritos  y  excelentes  dis- 
posiciones para  la  sagrada  tribuna,  fué 
nombrado  Predicador  General;  grado, 
según  el  decir  de  entonces,  de  grande 
estimación  y  no  a  todos  asequible. 

«Fué  este  venerable  Religioso  (dice  el 
autor  de  la  Crónica  de  la  citada  Provincia), 
sujeto  muy  capaz  para  todo,  pues  se  unían 
en  él  las  prendas  de  virtuoso,  prudente  y 
sencillo,  con  la  inteligencia  de  todas  ma- 
terias y  facultades,  pero  con  especialidad 
en  la  Mística  Teológica;  por  lo  cual,  lle- 
vando la  atención  de  toda  la  Provincia,  le 
ocupó  en  diferentes  honoríficos  empleos, 
manifestándolo  con  expresiones  bien  par- 
ticulares. > 


Dejó  escritos  unos  Papeles  sobre  la 
Vida  y  virtudes  de  Sor  María  de  Jesús, 
natural  de  Villarrobledo,  que  sirvieron 
luego  de  abundantes  materiales  para  es- 
cribir otra  más  extensa  de  esta  misma 
sierva,  al  diligente  Párroco  de  aquella 
Villa,  y  paisano  nuestro,  don  Blas  Fran- 
co Fernández,  de  que  en  otro  lugar  nos 
hemos  ocupado. 

Cepeda  (P.  Francisco  de). 

Jesuíta,  natural  de  Toledo.  Entró  en 
la  religión  en  1609,  de  edad  de  quince 
años.  Fué  profesor  de  Filosofía  y  de 
Sagrada  Escritura,  y  rigió  durante  al- 
gún tiempo  el  Colegio  de  la  Compañía 
de  la  ciudad  de  Murcia,  según  leemos 
en  la  Biblioteca  Jesuítica  del  P.  Rivade- 
neyra,  continuada  por  Alegambe,  por 
quien  también  sabemos  haber  escrito 
el  dicho  Cepeda  unos  «Comentarios  al 
Eclesiástico»  (Commentarius  in  Eccle- 
siasticum),  que  no  se  publicaron  ni  aca- 
bó su  autor,  por  haberle  sorprendido  la 
muerte. 

CoMONTES  (Don  Diego  de). 

Hijo  de  don  García  Alfonso  de  Co- 
montes  y  de  doña  Teresa  Alfonso,  y 
Obispo  de  Cartagena  desde  1447  a  1462, 
en  que  pasó  a  mejor  vida,  siendo  sepul- 
tado en  la  Catedral  de  Murcia  en  la  ca- 
pilla que  lleva  su  nombre.  Escribió  en 
latín  unas  extensas  Constituciones  o . 
Fundamentum  Ecclesiae  Carthaginen- 
sis,  donde  se  contiene,  entre  otras  va- 
rias curiosidades  interesantes,  la  histo- 
ria de  sus  Obispos,  desde  don  Fr.  Pedro 
Gallego  hasta  él;  y  la  relación  de  las 
rentas,  términos,  posesiones,  dignidades 
y  preeminencias  del  Obispado;  Cons- 
tituciones que,  juntamente  con  otros  va- 
rios documentos  pertenecientes  a  dicha 
Iglesia  y  copilados  por  el  ilustrísimo 
don  Diego  de  Rojas  y  Contreras,  vieron 


—  57  - 


la  luz  pública  en  1756  (Madrid,  por  don 
Gabriel  Ramírez)  bajo  el  siguiente  tí- 
tulo: 

cFundamento  de  la  Santa  Iglesia,  y 
de  toda  la  Dioecesi  de  Carthagena,  es- 
crito y  ordenado  por  el  ilustrissimo  se- 
ñor don  Diego  de  Comontes  (o  don  Die- 
go Deza  Montes),  Obispo  que  fué  de 
dicho  Obispado,  desde  el  año  de  1447 
hasta  el  de  1458  en  que  murió.» 

Es,  sin  duda,  la  misma  obra  a  que  se 
refiere  Gil  González  Dávila,  dándola 
por  perdida. 


Concepción  (Fr.  Juan  de  la). 

Religioso  Minorita  de  la  Regular  ob- 
servancia. Hallándose  morador  en  el 
convento  de  San  Francisco,  de  Murcia, 
por  los  años  de  1667  y  sus  inmediatos, 
escribió  la  siguiente  obra  de  contro- 
versia: 

«Resolución  Theologica,  Moral  y  Ca- 
nónica, en  que  se  expone  el  Decreto 
de  la  Santa  Inquisición  sobre  privación 
de  Oficios  en  la  Orden>.— Madrid,  por 
Francisco  Nieto,  1668.  En  4.'^. 


CH 


Chumillas  (Fr.  Julián). 

Conforme  al  testimonio  de  los  varios 
autores  que  de  él  tratan,  fué  este  escri- 
tor natural  de  la  villa  de  la  Parra,  pe- 
queño pueblo  de  la  serranía  de  Cuenca, 
donde  nació  por  los  años  de  1626  a  1627 
próximamente.  Vistió  el  seráfico  sayal 
en  el  convento  de  Cuenca  en  1644;  y 
habiendo  profesado  en  el  siguiente,  pu- 
siéronle a  estudiar  Filosofía  y  Teología, 
en  cuyas  dos  materias,  merced  a  su  apli- 
cación y  aventajado  ingenio,  salió  muy 
pronto  aprovechadísimo .  Terminados 
sus  estudios,  fué  nombrado  opositor  a  la 
Cátedra  de  Artes  e  instituido  en  1656 
Lector  de  la  de  Filosofía,  pasó  a  desem- 
peñarla al  convento  de  San  Francisco, 
de  Cartagena,  donde  permaneció  cuatro 
años,  al  cabo  de  los  cuales  fué  designa- 
do para  la  Cátedra  de  Teología  en  el 
convento  de  Murcia,  «donde  (dice  el 
P.  Ortega)  continuó  y  finalizó  su  Lectu- 
ra de  los  doce  años»,  o  sea  hasta  obte- 
ner su  jubilación  en  1672. 

Después  fué  elegido  sucesivamente 


Ministro  Provincial  y  Custodio  de  su 
Provincia  de  Cartagena,  Visitador  lue- 
go de  la  de  Santiago,  y  últimamente  Co- 
misario general  de  Indias,  acabando  sus 
días  en  Madrid  a  9  de  diciembre  de  16%, 
y  habiendo  habitado,  entre  Cartagena 
y  Murcia,  muy  cerca  de  diez  y  seis 
años. 

El  referido  P.  Ortega  cita  de  este 
autor  dos  Tratados  o  Conclusiones  «doc- 
tísimas y  universales»,  según  sus  pala- 
bras; pero  nada  más  nos  dice,  por  don- 
de podamos  conjeturar  que  hayan  sido 
impresas.  Ambas  fueron,  según  decir 
de  entonces,  presididas  por  el  autor  en 
dos  grandes  solemnidades:  las  primeras 
en  un  Capítulo  General  celebrado  en 
Toledo  en  1682,  «con  grande  aplauso  y 
general  aclamación  de  tan  autorizado 
Congreso»;  y  las  segundas,  en  otro  del 
mismo  género  celebrado  en  Roma,  año 
de  1688,  sobre  Teología  escolástica,  «tan 
subtiles  y  eruditas,  que  fueron  la  admi- 
ración de  los  muchos  admirables  inge- 
nios como  allí  concurrieron  de  todas  las 
naciones». 


D 


Dávila  y  Toledo  (Don  Sancho), 

Venerabilísimo  sacerdote,  natural  de 
Avila,  donde  nació  en  1546,  del  ilustre 
señor  don  Sancho  Dávila,  Marqués  de 
Velada,  y  de  doña  Juana  Henríquez  de 
Toledo,  ambos  de  elevada  alcurnia.  Re- 
cibió, conforme  a  su  alta  clase,  una 
educación  brillante;  y  ya  acabados  sus 
estudios,  sobresaliendo  en  las  sagradas 
letras,  y  habiendo  logrado  un  buen  cré- 
dito en  la  república  de  los  sabios,  fué 
invitado  a  desempeñar  una  cátedra  en 
la  Universidad  de  Salamanca,  de  la  que 
fué  Rector  algunos  años,  enseñando  las 
ciencias  teológicas  con  bastante  fruto  y 
gloria  de  su  nombre.  Diósele  la  Canon- 
jía Penitenciaria  de  la  Iglesia  de  su 
patria;  el  Deanato,  después,  de  la  de 
Coria;  y,  como  digno  de  mayores  em- 
pleos, fué  promovido  al  Obispado  de 
Murcia  en  1591,  nueve  años  después  al 
de  Jaén,  luego  al  de  Sigüenza,  y  última- 
mente al  de  Plasencia,  donde  acabó  sus 
días  en  6  de  diciembre  de  1625.  Tam- 
bién fué  por  algún  tiempo  confesor  de 
Santa  Teresa,  según  se  desprende  de 
dos  cartas  dirigidas  por  la  misma  a  este 
Prelado;  circunstancia  que  hace  más 
y  más  esclarecida  la  memoria  de  su 
nombre. 

De  él  han  hablado  con  grandes  elo- 
gios algunos  escritores  murcianos,  en- 
tre ellos  nuestro  don  Alonso  Cano  de 


Urreta,  quien  en  uno  de  los  lugares  de 
sus  Días  de  Jardín  dice: 

«De  quien  y  de  su  sepultura  (de  la  de 
Adán)  trata  divinamente  en  aquel  su  libro 
todo  precioso,  de  la  adoración  de  las  reli- 
quias, nuestro  santísimo  Pastor  y  Obispo, 
que  fué  algún  día,  y  nos  le  quitó  la  buena 
dicha  de  Jaén,  el  ilustrísimo  y  nobilísimo 
señor,  tanto  como  por  sangre,  por  letras  y 
por  santidad,  don  Sancho  Dávila  y  Toledo. 
Parecerá  encarecimiento,  y  es  quedar  cor- 
to; no  ha  visto  nuestra  lengua  ni  tales  se- 
cretos de  erudición  divina,  ni  tal  gravedad 
de  sentencias  santas,  ni  tal  dulzura  de  es- 
tilo de  oro;  no  sé  a  qué  santo  Doctor  pue- 
da decir  que  ha  imitado,  pues  puedo  de- 
cir que  a  nacer  hoy,  tuvieran  que  admirar 
en  él  muchos  de  los  Doctores.  ¿Qué  mila- 
gro? Apocóse  la  mano  de  Dios  en  los 
pasados,  para  no  resplandecer  su  espíritu 
en  las  plumas  de  otros.  Honraráse  nuestra 
edad,  en  las  venideras,  con  joya  o  con 
joyel  tan  peregrino,  si  bien  de  la  nuestra 
(quitados  algunos  que  reverencio  verda- 
deramente doctos)  hecha  a  estimar  farfa- 
Uas,  temo  falta  de  la  estimación  justa:  por- 
que perezosos  coraúnmeme,  y  aun  impo- 
sibles al  trabajo,  en  no  siendo  sermones 
derechos,  nacen  para  enterrados  entre 
gusanos  y  polvo,  los  más  doctos  libros. 
¿Que  intento  las  alabanzas  de  este  gran 
varón?,  pues  comenzarlas  es  agraviarlas...» 

Según  parece,  hubo  de  ser  también 
algo  inclinado  a  la  ostentación,  bien  que 
sin  viso  alguno  de  profano  orgullo,  y  lo 
decimos  por  el  siguiente  curioso  caso 
que  trae  el  doctor  don  Alfonso  Revira 


-  60  - 


y  Gálvez  en  Elogio  histórico  del  Beato 
Andrés  Hibernón: 

«El  limo.  Sr.  Don  Sancho  Dávila  (dice) 
le  introdujo  una  vez  en  su  Oratorio  de  la 
Ciudad  de  Murcia,  y  manifestándole  reli- 
quias insignes,  pinturas  delicadas,  joyas  y 
adornos  preciosos,  deseando  que  todo  lo 
viese,  nuestro  Beato  con  su  vista  inclinada 
hacia  la  tierra:  —Señor  Ilustrisimo,  le  res- 
pondió, yo  encuentro  en  Dios  todo  esto,  y 
mucho  más  de  lo  que  aquí  se  ve;  estimo 
más  la  pobreza  de  mi  celda  que  acercar- 
me adonde  están  todas  estas  preciosi- 
dades.* 

Un  hombre  de  su  valimiento,  de  su 
instrucción  y  de  su  literatura,  no  deja- 
ría de  ejercer  la  consigniente'influencia 
en  el  fomento  de  las^  letras  murcianas, 
como,  con  efecto,  hubo  de  ejercerla  ex- 
traordinaria y  amplísima,  como  ningu- 
no de  los  Obispos  sus  antecesores,  con 
la  erección  del  Seminario  Conciliar  de 
San  Fulgencio,  Academia  después  de 
tantos  y  tan  esclarecidos  varones  como 
han  honrado  a  Murcia  y  aun  a  España. 

Cítanse,  como  es  sabido,  de  don  San- 
cho Dávila,  las  siguientes  obras: 

1.^  «Los  sermones  que  predicó  en 
las  quatro  ciudades  de  su  Obispado 
Jaén,  Ubeda,  Baeza  y  Anduxar  en  las 
obsequias  de  la  Serenissima  Reyna  de 
España,  doña  Margarita  de  Austria, 
año  de  MDCXI».— Baeza,  1615.  En  4.° 

2.^  «Vida  de  S.  Vidal,  Arcipreste  y 
Martyr  de  Toledo».— Baeza,  1601. 

3.^  «De  la  Veneración  que  se  debe  a 
los  cuerpos  de  los  santos  y  a  sus  reli- 
quias, y  de  la  singular  con  que  se  a  de 
adorar  el  Cuerpo  de  Jesu-Christo  Nues- 
tro Señor  en  el  Santissimo  Sacramen- 
to».—Madrid.— 1611.  En  fol. 

4.*  «Aparición  y  milagros  de  Nues- 
tra Señora  de  la  Cabeza» . 

5.^    «Vida  de  San  Agustín». 

6.*    «Vida  de  Santo  Tomás». 

Inéditas  estas  últimas;  y  además  la 
elegante  versión  que  hizo  del  latín  al 


castellano  de  «Los  Suspiros  de  S.  Agus- 
tín».-Madrid,  1601  y  1626.  En  16." 

Pero  lo  más  interesante  de  este  autor, 
para  los  murcianos,  son  los  Autos  que 
empezó  a  formar  en  1592  relativos  a  la 
erección  del  referido  Colegio  Semina- 
rio, y  de  los  cuales  vamos  a  permitirnos 
copiar  los  siguientes  curiosos  porme- 
nores: 

«En  la  muy  noble,  y  muy  leal  Ciudad  de 
Murcia,  lunes,  tres  días  del  mes  de  agosto 
de  mil  y  quinientos  y  noventa  y  dos  años, 
los  señores  Deán  y  Cabildo  de  la  Santa 
Iglesia  de  Cartagena,  estando  juntos  en  la 
Capilla  de  San  Juan  del  Claustro,  lugar 
diputado  en  su  Cabildo  Ordinario,  a  son 
de  campana,  como  lo  han  de  uso  y  cos- 
tumbre, celebrando  y  haciendo  Cabildo 
Espiritual;  conviene  a  saber:  el  Doctor 
don  Alberto  de  Lisón,  Deán;  don  Esteban 
Gil  Riquelme...  etc.;  y  estando  ansí  juntos, 
como  Cabildo,  su  Señoría  de  don  Sancho 
Dávila,  Obispo  de  este  Obispado,  vino  al 
dicho  Cabildo,  y  entre  otras  cosas,  que  re- 
firió e  propuso,  dixo,  que  se  pusiesse  en 
execución  y  por  la  obra  el  Seminario  con- 
forme a  lo  establecido  y  ordenado  por  el 
Sacro  General  Concilio  de  Trento,  pues 
sabían  y  entendían  el  bien  que  de  él  havía 
de  redundar  a  esta  ciudad,  y  todo  este 
Obispado,  y  que  los  señores  Comisarios, 
que  estaban  nombrados  para  este  efecto, 
que  eran  don  Antonio  de  Roda,  Arcedia- 
no de  Lorca,  don  Juan  de  Orozco,  el  Li- 
cenciado Alfonso  Rodríguez  Navarro,  Ca- 
nónigos, el  Doctor  Hurtado,  Raci.onero,  e 
Martín  Ponce,  Medio  Racionero,  y  junta- 
mente con  sus  mercedes  el  señor  Doctor 
Arce,  Canónigo,  fuesse  assimismo  Comis- 
sario,  por  haver  hecho  un  discurso  sobre 
el  provecho  que  ha  de  redundar  de  hacer- 
se el  dicho  Seniinario,  se  juntassen  con  su 
Señoría,  y  tratassen  de  ello  con  muchas 
veras,  y  que  el  sitio,  donde  le  parecía,  que 
más  cómodamente  se  podía  hacer  el  dicho 
Seminario,  era  el  Taller,  con  la  casa  de  los 
Andosillas,  y  que  se  le  pusiesse  por  nom- 
bre San  Fulgencio,  pues  havía  de  ser  Pa- 
trón de  esta  Iglesia  y  Obispado;  y  que  de 
todo  esto  los  señores  Comissarios  diessen 
parte  a  la  Ciudad,  para  que  ayudassen  a 
tan  buena  obra:  los  dichos  señores  Deán 
y  Cabildo  besaron  las  manos  y  agradecie- 


-  61  - 


ron  a  su  Señoría  tan  santa  y  tan  buena 
obra,  y  acordaron  y  mandaron  se  pusiesse 
luego  por  execución,  y  que  los  señores 
Comissarios  fuessen  a  dar  razón  a  la  Ciu- 
dad, y  se  haga  en  todo  lo  que  su  Señoría 
ordenare  y  mandare.» 

«Martes,  quatro  días  de  dicho  mes  de 
agosto  del  dicho  año  de  mil  y  quinientos 
y  noventa  y  dos,  después  de  dicha  Missa 
Mayor,  los  señores  Comissarios  refirieron 
cómo  havían  hablado  a  la  Ciudad  en  el 
particular  del  Seminario,  y  que  la  Ciudad 
lo  havía  tomado  a  bien,  y  que  se  pusiesse 
por  la  obra,  que  de  su  parte  ayudarían  a 
ella,  como  todo  lo  susodicho  consta  de  los 
Autos  Capitulares,  que  sobre  ello  passa- 
ron,  que  quedan  assentados  en  el  Libro 
de  ellos... > 

«En  la  muy  noble,  y  muy  leal  ciudad  de 
Murcia,  a  trece  días  del  mes  de  agosto  de 
mil  y  quinientos  y  noventa  y  dos  años,  su 
Señoría  el  señor  don  Sancho  Dávila,  Obis- 
po de  Carthagena,  del  Consejo  del  Rey 
nuestro  Señor,  dixo:  Que  por  quanto  por 
los  Decretos  del  Sacro  General  Concilio 
de  Trento  está  dispuesto,  que  cerca  de  las 
Iglesias  Cathedrales  de  cada  Diócesis  se 
levanten  Seminarios,  en  que  se  hayan  de 
recoger  y  estar  cantidad  de  Mozos  Cole- 
giales, que  estudiando  y  amparando  bue- 
nas costumbres,  hayan  de  assistir  al  servi- 
cio del  Altar;  y  porque  esto  hasta  ahora 
no  se  ha  hecho  en  esta  Santa  Iglesia,  y 
Obispado,  deseando  su  Señoría  que  tan 
justa  y  santa  obra  se  cumpla  y  execute, 
como  cosa  tan  importante  al  servicio  de 
nuestro  Señor,  y  bien  y  utilidad  de  esta 
Dioecesis:  Por  tanto,  conformándose  su 
Señoría  con  lo  que  por  el  dicho  Concilio 
se  manda  cerca  del  nombramiento  que  ha 
de  hacer  de  dos  Canónigos  de  los  más  an- 
tiguos de  su  Iglesia,  con  cuyo  acuerdo  y 
consejo  haya  de  proceder,  ansí  en  la  elec- 
ción de  los  Niños,  que  se  han  de  criar  y 
enseñar  el  dicho  servicio,  como  en  lo  de- 
más necessario  a  su  buena  dirección  y 
govierno,  nombraba  y  nombró  al  señor 
don  Juan  de  Orozco  y  Arce ,  y  Licencia- 
do Alonso  Rodríguez  Navarro,  Canónigos 
más  antiguos  de  esta  dicha  Santa  Iglesia, 
para  el  dicho  efecto,  a  los  quales  su  Seño 
ría  manda,  en  virtud  de  santa  obediencia, 
acepten  la  dicha  elección  e  nombramiento, 
e  firmólo  su  Señoría  el  Obispo  de  Cartha- 
gena. Ante  mí  Juan  de  Jumilla,  Notario...» 


«En  el  dicho  día,  mes  y  año  dichos,  su 
Señoría  del  señor  don  Sancho  Dávila, 
Obispo  de  Carthagena,  del  Consejo  del 
Rey,  continuando  lo  estatuido  y  ordenado 
por  el  dicho  Sacro  General  Concilio  de 
Trento,  para  que  en  todo  haya  cumplido 
efecto,  dixo  que  nombraba  e  nombró  al 
Doctor  Pedro  de  Arce,  Canónigo  de  esta 
Santa  Iglesia,  para  que  juntamente  con  el 
Canónigo,  que  el  Cabildo  de  ella  eligiere 
y  nombrare,  y  los  dos  Clérigos,  que  con- 
forme al  dicho  Sacro  Concilio  de  Trento, 
su  Señoría,  y  el  Clero  de  esta  dicha  Ciu- 
dad han  de  nombrar,  assista  con  su  Seño- 
ría al  dar  traza  en  el  Edificio  de  dicho  Se- 
minario y  Colegio,  y  de  donde  se  hayan 
de  sacar  la  costa,  que  en  él  se  ha  de  hacer, 
y  señalar  los  salarios  de  los  Maestros  y 
Ministros,  y  las  raciones  que  a  éstos  y  a 
los  Colegiales,  se  les  han  de  dar  para  sus 
alimentos,  y  para  todo  lo  demás,  que  con- 
venga a  la  hacienda,  y  renta  del  dicho  Co- 
legio; y  mandó  que  el  dicho  Doctor  Arce 
acepte  el  nombramiento,  y  se  lleve  recau- 
do al  dicho  Cabildo,  para  que  de  su  parte 
nombre  el  otro  Canónigo,  que  se  ha  de 
nombrar  para  dicho  efecto,  y  lo  firmó  el 
Obispo  de  Carthagena...» 

«E  después  de  lo  susodicho,  en  la  dicha 
Ciudad  de  Murcia,  en  diez  y  ocho  días  de 
agosto  de  mil  y  quinientos  e  noventa  y  dos 
años,  estando  dentro  de  esta  santa  Iglesia 
de  Carthagena,  en  la  Capilla  de  Nuestra 
Señora  del  Socorro,  que  dicen  del  Theso- 
rero  Graso,  su  Señoría  del  señor  don  San- 
cho Dávila,  Obispo  de  Carthagena,  del 
Consejo  del  Rey,  nuestro  Señor,  e  don 
Juan  de  Orozco  y  Arce...  Canónigo  de  esta 
dicha  Santa  Iglesia;  Miguel  de  Valdivies  • 
so.  Beneficiado;  y  Juan  de  Morales  Albe- 
Uerin,  Cura  de  San  Nicolás,  juntos  los  su- 
sodichos, su  Señoría  les  propuso  y  encar- 
gó consideren  y  echen  de  ver  con  mucho 
cuidado,  qué  sitio  y  lugar  haya  cerca  de 
esta  dicha  Santa  Iglesia,  que  sea  cómodo, 
para  que  en  él  se  pueda  hacer  y  levantar 
el  Seminario,  que  por  los  Decretos  del  Sa- 
cro General  Concilio  de  Trento  se  manda 
hacer;  y  haviendo  tratado,  y  conferido  cer- 
ca de  la  comodidad  de  algunas  casas,  y 
haviendo  considerado  las  calidades,  que 
concurren  en  el  Taller,  que  esta  dicha 
Santa  Iglesia  tiene  junto  a  las  casas,  que 
dicen  de  los  Herederos  de  Andosilla,  ansí 
de  ser  aquel  sitio  sagrado  y  de  la  Iglesia, 


-  62  - 


como  de  poderse  haber  y  comprar  algunas 
de  las  casas  circunvecinas  con  más  como- 
didad que  en  otras  partes,  y  que  por  las 
espaldas  se  puede  tomar  la  parte  que  fue- 
re necessaria  para  ensanchar  la  Casa  del 
Rincón,  que  está  junto  a  la  muralla,  a  la 
parte  del  Arenal,  adonde  se  puede  sacar 
una  puerta,  para  que  en  el  Invierno  los 
Colegiales  y  Ministros  del  dicho  Colegio, 
sin  salir  de  él  tomen  el  Sol,-  e  que  por 
aquella  parte  pueden  tener  agua  viva,  por 
el  aqueducto  viejo,  que  antiguamente  so- 
lía regar  las  tierras  de  la  rinconada,  cosa 
tan  importante  para  la  limpieza  del  dicho 
'Colegio,  y  que  principalmente  el  dicho 
Seminario  estará  tan  cerca  de  la  Iglesia  y 
Casas  Episcopales,  que  con  mucha  facili- 
dad de  día  e  noche  y  a  qualquiera  ocasión 
podrán  ser  visitados  y  requeridos  por  su 
Señoría,  y  Prelados  y  Capitulares,  que 
son,  e  por  tiempo  fueren;  y  ansí  unánimes 
y  conformes  dixeron,  que  el  dicho  sitio  es 
el  mejor  y  más  cómodo  que  hay  cerca  de  la 
dicha  Iglesia,  como  también  antes,  havién- 
dose  tratado  y  propuesto  por  su  Señoría 
al  dicho  Cabildo,  les  pareció  lo  mesmo,  y 
ansí  su  Señoría  lo  puede  elegir  y  aprobar 
por  tal,  para  el  dicho  Edificio,  y  su  Seño- 
ría, con  el  dicho  acuerdo,  lo  escogió  y 
aprobó  por  tal,  y  lo  firmaron.  El  Obispo 
de  Carthagena,  donjuán  de  Orozco...,  etc.» 
«E  después  de  lo  susodicho,  en  la  dicha 
ciudad  de  Murcia  en  veinte  y  un  días  del 
mes  de  agosto  de  este  dicho  año,  su  señoría 
del  señor  don  Sancho  Dávila,  Obispo  de 
Carthagena,  del  Consejo  del  Rey  nuestro 
Señor,  y  los  dichos  señores  don  Juan  de 
Orozco  y  Arce. . . ,  etc. ,  Cabildo  de  esta  Santa 
Iglesia,  y  Clero  de  esta  ciudad,  se  juntaron 
a  tratar  de  la  obra  que  se  ha  de  hacer  en  el 
Seminario  del  Bienaventurado  San  Ful- 
gencio, que  está  propuesto,  comenzado  y 
tomada  possessión  en  el  Taller  de  esta  San- 
ta Iglesia,  y  haviendo  tratado  de  la  necessi- 
dad  que  tiene  para  su  ensanche,  y  comodi- 
dad de  los  Ministros  y  colegiales  de  dicho 
Colegio,  de  comprar  las  casas  de  los  Here- 
deros de  Andosilla,  que  están  juntas  al  di- 
cho Seminario,  todos  unánimes  y  confor- 
mes, dixeron  ser  muy  necessarias  para  la 
dicha  obra,  y  que  sin  ellas  no  se  puede  ha- 
cer la  casa,  como  se  pretende,  ni  salir  a  la 
parte  del  Arenal,  y  ansí  se  acordó,  que  éste 
trate  con  los  dichos  Herederos,  para  que  la 
vendan,  y  que  para  esto  se  aprecie  por  los 


Alarifes  de  esta  Ciudad,  para  que  se  les 
pague  lo  que  se  les  debiere,  que  para  ello, 
siendo  necessario,  hacían  e  hicieron  nom- 
bramiento de  los  dichos  Alarifes,  y  dieron 
comisión  al  dicho  señor  don  Juan  Oroz- 
co para  que  solicite  y  procure  este  parti- 
cular, ansí  en  tratar  de  la  dicha  Copia, 
como  para  que  se  tomasse  la  dicha  casa;  y 
lo  firmaron...» 

«Después  de  lo  qual  parece  que  han  sido 
elegidos  para  Colegiales,  que  hayan  de 
estar,  como  están,  en  el  dicho  Colegio 
Seminario,  los  siguientes: 

»1.  Primeramente,  Pedro  Hernández, 
hijo  de  Pasqual  Hernández  y  de  Cathalina 
Sánchez,  su  muger,  vecinos  de  esta  Ciudad 
de  Murcia. 

»2.  Francisco  Pérez,  hijo  de  Antonio 
Bajón  y  Juana  García  de  Amar,  su  muger, 
vecinos  de  Murcia. 

»3.  Nicolás  Yáñez  Aznar,  hijo  del  Li- 
cenciado Aznar,  y  [de]  doña  Ana  Bobadi- 
Ua,  vecinos  de  la  Ciudad  de  Carthagena. 

»4.  Francisco  Pérez  de  Tudela,  hijo  de 
Alonso  García  Lozano,  y  de  Polonia  Pé- 
rez, su  muger,  vecinos  de  la  ciudad  de 
Lorca.  / 

»5.  Alonso  García  de  Alcaraz,  hijo  le- 
gítimo de  Alonso  García  Alcaraz,  y  Luisa 
Blázquez,  su  muger,  vecinos  de  la  ciudad 
de  Lorca. 

»6.  Juan  Martínez  de  Lopera,  hijo  legíti- 
mo de  Pedro  Martínez  Lopera,  y  de  Juana 
Oliver,  su  muger,  vecinos  de  la  ciudad  de 
Villena. 

»7.  Alonso  Galiano,  hijo  legítimo  de 
Francisco  de  Galiano  y  de  Elena  Sánchez, 
su  muger,  vecinos  de  la  ciudad  de  Chin- 
chilla. 

»8,  Thomás  Giner,  hijo  legítimo  de  Ju- 
sepe  Giner  y  [de]  doña  Constanza  Quiño- 
nes, su  muger,  vecinos  de  la  ciudad  de 
Carthagena. 

»9.  Francisco  Juan,  hijo  legítimo  de 
Francisco  Juan  e  Isabel  de  Morales,  su 
muger,  vecinos  de  Murcia. 

>10.  Ginés  Gómez,  hijo  legítimo  de  Die- 
go Gómez  y  de  Cathalina  Ruiz,  su  muger, 
vecinos  de  la  villa  de  Hellín. 

»11.  Fernando  de  Casteneda,  hijo  legí- 
timo de  Juan  de  la  Parra  y  de  Isabel  Ro- 
dríguez, su  muger,  vecinos  de  la  villa  de 
Jorquera. 

»12.    Ginés  Ximénez,  hijo  legítimo  de 


-  63 


Ginés  Ximénez  y  de  Geronyma  Hernán- 
dez, su  muger,  vecinos  de  Murcia, 

»Todos  los  quales  están  admitidos  en  el 
dicho  Colegio  Seminario,  haviendo  prece- 
dido las  diligencias,  e  averiguaciones  de 
sus  limpiezas,  legitimidad  y  buenas  eos. 
tumbres,  como  de  los  Autos  consta,  que 
están  en  el  Archivo  del  Seminario,  y  en  fe 
de  verdad  lo  firmé.  Juan  de  Jumilla,  No- 
tario...» 

«E  después  de  lo  susodicho,  en  la  dicha 
ciudad  de  Murcia,  a  quince  días  del  mes 
de  septiembre  de  mil  y  quinientos  y  no- 
venta y  dos  años,  su  Señoría  del  señor  don 
Sancho  Dávila  y  Toledo...  y  los  señores 
donjuán  de  Orozco  y  Arce...,  etc.,  se  jun- 
taron en  el  lugar  acostumbrado...  y  trata- 
ron acerca  del  repartimiento,  que  se  ha  de 
hacer  para  el  sustento  de  los  Colegiales, 
que  han  de  estar  en  el  dicho  Colegio,  y 
para  sus  edificios  y  Ministros,  y  otros  gas- 
tos entre  el  Estado  Eclesiástico  de  este 
Obispado,  assí  Clérigos  del  Orden  de  San 
Pedro,  como  de  las  Ordenes  Militares, 
Encomiendas  y  Fábricas  de  las  Iglesias  de 
él;  y  para  el  dicho  efecto  pareció  ser  neces- 
sario  que  se  repartan  mil  3^^  quinientos  du- 
cados de  la  Mesa  Episcopal  y  Capitular,  y 
en  los  demás  Clérigos,  Encomiendas  y  Fá- 
bricas, para  que  de  ellos  se  saque  la  dicha 
cantidad  en  cada  un  año,  para  el  dicho  sus- 
tento, edificios  y  gastos  del  dicho  Colegio, 
en  el  Ínterin,  que  de  los  Beneficios  y  Prés- 
tamos, que  su  Señoría  con  el  tiempo  apli- 
care al  dicho  Colegio,  se  sacare  y  huviere 
renta  bastante  para  dicho  efecto...» 

«En  la  Ciudad  de  Murcia,  a  veinte  y  cin- 
co días  del  mes  de  octubre  de  mil  y  qui- 
nientos y  noventa  y  quatro  años,  su  Seño- 
ría del  señor  don  Sancho  Dávila  y  Toledo.. . 
y  los  señores  donjuán  de  Orozco  y  Arce..., 
etcétera,  estando  juntos  como  lo  acostum- 
bran, y  haviendo  tratado  y  conferido  de 
quánto  provecho  sea  que  los  Colegiales 
que  en  él  hay  e  por  tiempo  hoviere,  hayan 
de  tener  y  tengan  Maestro  Preceptor,  que 
les  enseñe  Gramática  y  Rethorica,  para 
que  con  estos  documentos  puedan  passar 
adelante  con  su  virtud  y  estudios,  lo  qual 
se  podrá  hacer  cómodamente  aplicando  al 
dicho  Colegio  Seminario  la  Cathedra,  que 
esta  dicha  Santa  Iglesia  tiene  de  Gramáti- 
ca y  Rethorica,  que  lee  y  rige  el  Licencia- 
do Camarino  al  presente;  unánimes  y  con- 
formes, cumpliendo  con  lo  dispuesto  por 


el  dicho  Sacro  Concilio  de  Trente,..,  dixe- 

ron  que  aplicaban  e  incorporaban,  aplica- 
ron e  incorporaron  al  dicho  Colegio  Semi- 
nario la  dicha  Cathedra  de  Gramática  y 
Rethorica,  para  que  de  aquí  en  adelante 
se  haya  de  leer  y  lea  en  el  Aposento  de 
dicho  Colegio  Seminario;  y  para  estipen- 
dio del  Regente  de  dicha  Cathedra  seña- 
laban y  señalaron,  aplicaban  e  aplicaron  el 
anexo  y  parte  de  la  Maestrescolía  de  dicha 
Santa  Iglesia,  que  por  el  Fundamento  de 
ella  le  está  señalado  y  apropiado  a  la  dicha 
Cathedra,  según  que  contiene  y  lleva  el 
dicho  Licenciado  Camarino,  y  lo  han  teni- 
do y  llevado  sus  antecessores;  y  para  que 
de  esto  puedan  tener  fruto  desde  luego  los 
dichos  Colegiales,  mandaron  se  le  notifi- 
que al  dicho  Licenciado  Camarino,  Regen- 
te que  es  en  la  dicha  Cathedra,  que  dentro 
de  tres  días  se  passe  a  leer  y  lea  en  dicho 
Colegio,  y  ansí  lo  cumpla,  con  apercibi- 
miento que  passado  el  dicho  término,  y  no 
cumpliéndolo  ansí,  su.Señoría  le  apremia- 
rá por  todo  rigor  de  derecho  a  que  ansí  lo 
haga  y  cumpla,  o  proveerá  de  Regente, 
que  cumpla  con  la  dicha  obligación,  seña- 
lándole por  estipendio  el  dicho  anexo  y 
parte  de  la  dicha  Maestrescolía,  y  lo  fir- 
maron...» 

«En  la  Ciudad  de  Murcia,  a  veinte  y  qua- 
tro días  del  mes  de  agosto  de  mil  y  qui- 
nientos y  noventa  y  seis  años,  su  Señoría 
del  señor  don  Sancho  Dávila  y  Toledo, 
Obispo  de  Carthagena...  don  Fernando 
Cueva  de  Valdiviesso,  Chantre...,  etc.,  es- 
tando juntos  dentro  del  Coro  de  esta  dicha 
Santa  Iglesia...,  haviendo  tratado  su  Seño- 
ría con  los  demás  Diputados  cerca  de  las 
raciones  que  se  les  dan  a  los  Colegiales 
de  dicho  Colegio,  y  aumento  de  ellas,  y 
ansimismo  de  satisfacer  el  trabajo,  que  han 
tenido  el  Secretario  del  Cabildo,  y  Theso- 
rero  del  dicho  Colegio  en  los  repartimien- 
tos, que  se  han  hecho  y  recogido  para  el 
sustento  de  los  dichos  Colegiales,  y  del 
salario,  que  se  les  ha  de  dar  para  los  veni- 
deros, y  otras  cosas  tocantes  al  dicho  Cole- 
gio, unánimes  procedieron  y  mandaron  lo 
siguiente: 

»Que  a  los  Colegiales,  como  hasta  aquí 
se  les  ha  dado  de  ración  media  libra  de 
carnero,  se  les  ha  ahora  adelante,  y  a 
cada  uno,  medio  real  para  carnero,  y  dos 
libras  de  pan  cada  día. 

»Que  a  los  dichos  Colegiales  se  les  hagan 


-  64  - 


lobas  redondas,  medios  mantos,  y  becas 
verdes,  sin  roscas,  que  traygan  por  el 
cuello. 

»Que  al  Médico  se  le  dé  de  salario  en 
cada  un  año  por  visitar  los  enfermos  de 
dicho  Colegio,  doce  ducados,  y  corra  des- 
de principios  del  mes  de  enero  passado, 
atento  que  los  ha  visitado  desde  enton- 
ces. 

»Que  a  Juan  Martínez,  Secretario  de  di- 
cho Cabildo,  y  a  Juan  Guerrero,  Presbyte- 
ro,  Thesorero  del  dicho  Colegio,  se  les  dé  a 
cada  uno  por  los  dos  repartimientos  que 
se  han  hecho  y  cobrado  de  la  Mesa  Epis- 
copal y  Capitular,  y  del  Estado  Eclesiásti- 
co, veinte  y  quatro  ducados.  Y  por  cada 
repartimiento,  que  adelante  hicieren  y  co- 
braren, se  les  señala  de  salario  a  cada  uno 
de  ellos  nueve  mil  maravedís. 

» Y  al  dicho  Juan  Guerrero  por  la  super- 
intendencia, que  pone  de  su  parte  en  el 
dicho  Colegio,  se  le  señalan  de  salario  en 
cada  un  año  dos  njil  maravedís. 

»Que  se  vean  los  papeles,  que  ha  hecho 
el  presente  Notario  en  las  Juntas,  que  se 
han  tenido,  y  se  le  satisfaga  su  ocupación 
e  trabajo,  del  señor  Chantre. 

»Todo  lo  qual  mandaron  se  pague  por  el 
dicho  Juan  Guerrero,  Thesorero  de  dicho 
Colegio,  y  se  le  reciba  en  quenta,  y  lo 
firmaron... 

»E1  orden  que  Juan  Guerrero  ha  de  guar- 
dar en  dar  las  Raciones  al  Rector  (don 
Juan  Gómez,  primero,  y  después  donjuán 
de  la  Garta)  y  Niños  del  Seminario  es  el 
siguiente: 

» Al  Rector  se  le  dará  cada  día  de  ración, 
una  libra  de  carnero,  tres  libras  de  pan  y 
media  azumbre  de  vino,  que  montará  ca- 
torce maravedís. 

»A  cada  uno  de  los  niños  se  le  dará  de 
ración  cada  día  media  libra  de  carnero  y 
dos  libras  de  pan. 

»Para  el  extraordinario  de  la  olla,  y  ensa- 
lada de  noche,  o  lo  que  mejor  le  pareciere 
al  Rector,  se  les  dará  cada  día  diez  y  seis 
maravedís,  y  para  carbón  doce,  y  para  que 
guisen  la  comida,  todo  lo  qual  cumplirá  el 
dicho  Juan  Guerrero,  hasta  tanto  que  el 
señor  don  Sancho  provea  otra  cosa,  que 
más  convenga... 

»Dará  el  Padre  Juan  Guerrero  a  los  Co- 
legiales, que  entraren  en  el  Seminario  del 
señor  San  Fulgencio,  a  cada  uno  la  ración, 
que  se  da  a  los  dos  antiguos;  y  más  dará 


el  Rector  para  el  extraordinario,  y  acej'te, 
cada  un  día  real  y  medio,  y  para  carbón  y 
leña,  y  seis  maravedís  cada  un  día  de  vino 
al  cocinero,  y  le  pagará  el  Rector  los  ade- 
rezos que  haya  comprado  para  la  cocina, 
y  servicio,  tomando  todo  por  cuenta,  y  con 
carta  de  pago...» 

«En  veinte  y  quatro  días  de  agosto  de 
mil  quinientos  y  noventa  y  seis  años,  en  la 
Junta  que  su  Señoría,  y  otros  señores  Ca- 
pitulares y  Diputados  del  Colegio  Semina- 
rio del  señor  San  Fulgencio  de  esta  Ciudad 
tuvieron,  señalaron  ración  para  cada  cole- 
gial medio  real  para  carnero,  como  parece 
de  los  Autos...  En  veinte  y  cinco  días  de 
mayo  de  mil  quinientos  y  noventa  y  nueve 
años,  se  da  una  libra  de  carnero  a  cada 
colegial,  y  al  Vice-Rector  la  ración  que  se 
le  da  al  Rector,  que  es  libra  y  media  de 
carnero  y  quatro  libras  de  pan,  y  medio 
real  de  vino;  y  a  la  Ama  medio  real  de 
carnero,  dos  libras  de  pan,  y  para  el  gasto 
de  la  leña  veinte  y  quatro  maravedís  cada 
día;  y  al  familiar  medio  real  de  carne  y 
dos  libras  de  pan;  y  más  se  da  a  cada  cole- 
gial dos  libras  de  pan,  y  para  el  gasto  ex- 
traordinario de  sal,  agua,  especias  y  otras 
cosas,  dos  reales  cada  día;  y  firmólo  su 
Señoría  el  Obispo  de  Carthagena...» 

«En  la  Ciudad  de  Murcia  a  catorce  días 
del  mes  de  Marzo  de  mil  y  seiscientos 
años,  su  Señoría  del  señor  don  Sancho 
Dávila  y  Toledo,  Obispo  de  Carthagena... 
D.  Fernando  Cueva  de  Valdiviesso,  Chan- 
tre... etc.;  estando  juntos  en  esta  Santa 
Iglesia  trataron,  que  el  dicho  Seminario  y 
sus  Colegiales  está  sin  Rector,  por  haver- 
se  despedido  Juan  de  la  Garta,  Clérigo  Be- 
neficiado, que  lo  era,  y  su  Señoría  les  pro- 
puso la  necessidad  que  hay  de  nombrar 
otro,  que  sirva  el  dicho  cargo;  y  assimis- 
mo,  que  pues  tiene  ya  renta  suficiente  el 
dicho  Seminario,  se  le  señale  salario  com- 
petente; pues  con  él  se  podrá  nombrar 
persona,  qual  convenga,  y  que  sirva  con 
cuidado;  y  haviendo  conferido  assí  sobre 
la  dicha  elección  como  el  dicho  salario, 
unánimes  nombraron  por  tal  Rector  a 
Balthasar  de  Cepeda,  Clérigo  Presbytero, 
Cura  de  la  Villa  de  la  Cantarilla,  y  le 
nombraron,  y  señalaron  de  salario  en  cada 
un  año  cinquenta  ducados,  los  cuales  le 
pague  el  Thesorero  del  dicho  Seminario, 
por  sus  Tercios,  y  corra  el  dicho  Salario 
desde  el  día  que  entrare  a  servir  el  dicho 


-  65  — 


cargo,  y  lo  firmaron...  ante  mí,  Juan  de  Ju- 
milla...  etc.,  etc.» 

Es  también  curiosísima  la  cuenta  que 
en  1595  mandó  el  Obispo  presentar  al 
referido  Juan  Guerrero,  donde  se  hace 
constar  todas  las  cantidades  recibidas 
para  ayuda  de  la  obra  del  Seminario,  y 
todos  los  gastos  mayores  y  de  menudeo 
invertidos  en  la  misma  hasta  su  com- 
pleto establecimiento;  pero  es  algo  lar- 
ga, y  no  la  copiamos  por  temor  a  la  pro- 
lijidad, que,  acaso,  los  no  murcianos 
podrían  llamar  fastidiosa.  Digamos,  no 
obstante,  para  muestra,  que  entre  las 
partidas  del  Cargo  figura  una  de  Dos 
mil  quatrocientos  e  noventa  y  quatro 
maravedís  de  una  pena  que  se  llevó  al 
Beneficiado  Juan  Peres  por  haver  visto 
los  Toros:  y  entre  las  de  descargo  otra 
de  Quinientos  y  setenta  y  tres  mil  qua- 
trocientos y  quarenta  y  quatro  marave- 
dís, que  se  pagó  a  Sancho  Lopes  de 
Andosilla,  y  a  Juan  Lopes  de  Andosilla 
su  hermano,  por  las  Casas  que  tenían 
en  la  Colación  de  Santa  María,  que  aho- 
ra son  Seminario. 

Dichos  Autos  componen  70  páginas, 
según  y  como  fueron  impresos  por  or- 
den del  limo.  Sr.  D.  Diego  de  Rojas  y 
Contreras  (Madrid,  1756)  de  una  copia 
mandada  sacar  por  el  Cardenal  Belluga 
en  1720. 

Nuestro  don  Sancho  Dávila  contribu- 
yó también  con  grandes  sumas  a  la  fun- 
dación del  convento  de  San  Diego,  de 
la  misma  ciudad  de  Murcia,  y  fué  uno 
de  los  principales  promotores  de  la  tras- 
lación de  las  reliquias  de  San  Fulgencio 
y  Santa  Florentina  desde  Berzocana  a 
la  catedral  de  Cartagena. 


Véase  el  mismo  en  nuestra  Sección  de 
Manuscritos. 

DiCASTiLLo  (P.  Juan  de). 

Oriundo  de  España,  y  nacido  en  Ña- 
póles, año  de  1585.  Abrazó  desde  muy 
joven  la  Orden  de  San  Ignacio  de  Lo- 
yola;  y  enseñó  Filosofía  y  Teología  en 
el  colegio  de  la  Compañía  de  Murcia, 
conquistándose  pronto,  merced  a  sus 
vastos  conocimientos,  grande  y  mere- 
cida reputación.  Trabajó  incesantemen- 
te, y  en  todos  los  países  que  hubo  de 
recorrer,  por  la  propagación  de  las  cien- 
cias eclesiásticas,  y  murió  en  Ingolstad 
a  6  de  marzo  de  1653. 

Hablando  de  él  Gil  González  Dávila 
en  su  Teatro  Eclesiástico,  afirma  que 
nació  en  Calahorra  y  que  fué  Confesor 
del  Emperador  Fernando  II. 

De  él  tenemos  las  siguientes  obras, 
de  no  escaso  mérito  por  cierto,  según 
la  opinión  de  don  Nicolás  Antonio: 

1.^  «De  Justicia  et  Jure  caeterisque 
virtutibus  cardinalibus».  Antuerpiae, 
1641.  2  tomos  en  folio. 

2.^  «Tractatus  dúos,  De  Juramento, 
perjurio  et  adjuratione,  necnon  et  de 
censuris  et  poenis  ecclesiasticis».  An- 
tuerpiae, 1662.  Apud  Jacobum  Meur- 
sium.  En  folio. 

3.*  «De  Sacramentis».  Ibidem,  1652. 
3  vols.  en  fol. 

4.^  «De  Incarnatione».  Ibidem,  1642. 
2  vols.  en  fol. 

Suponemos  que  algunas  de  éstas  las 
confeccionaría,  o  por  lo  menos  dispon- 
dría su  autor,  hallándose  desempeñando 
en  Murcia  su  cátedra  de  Filosofía  y  Di- 
vinas Letras. 


Ebn  Hanthalla. 

Véase   Abdalla    Ben  Solimán  Aba 

MOHAMAD. 

Eguia  (Don  Pedro  Antonio  de). 

Natural  de  la  ciudad  de  México,  don- 
de nació  en  14  de  febrero  de  1773,  te- 
niendo por  padres  a  don  Pedro  Antonio 
y  a  doña  María  Manuela  de  Ag^uilar. 
Trasladado  a  la  Península  desde  sus 
más  tiernos  años,  recibió  su  educación 
primera  en  el  célebre  Seminario  de  Ver- 
gara,  donde  estudió  las  Humanidades  y 
Bellas  Letras,  empezando  a  descollar  por 
su  aplicación  y  singular  brillo  de  su  ta- 
lento. Obtenida  luego  una  beca  en  el 
insigne  Colegio  del  Sacro -monte  de 
Granada,  cursó  en  él  por  completo  la 
Filosofía,  la  Teología  y  el  Derecho  Ca- 
nónico, desempeñando  también  los  car- 
gos de  Vice-Rector  y  Catedrático  de  la 
primera  Facultad,  y  recibiendo  después 
el  grado  de  Doctor  en  las  dos  últimas, 
conferido  por  las  Universidades  de  Ori- 
huela  y  de  Granada.  Ordenado  de  sacer- 
dote en  1797,  hizo  oposiciones  a  las  Ca- 
nonjías Magistrales  de  Cádiz  y  Almería, 
yalaLectoral,  después,  de  la  Arzobispal 
de  Sevilla,  mereciendo  en  esta  última 
cuatro  votos  de  los  nueve  que  eran  los  se- 
ñores Capitulares.  Nombrado  por  elec- 
ción para  una  Canonjía  de  la  insigne 
Colegiata  del  mismo  Sacro-monte,  des- 


empeñó el  Rectorado  y  la  enseñanza 
de  Escritura;  ganando  después  por  opo- 
sición la  Lectoral  de  Baza,  la  Magistral 
de  la  Colegiata  de  Ugijar,  la  Doctoral  de 
Orihuela  y  últimamente  la  Magistral  de 
la  Santa  Iglesia- de  Murcia,  donde  resi- 
dió la  mayor  parte  de  su  vida,  desem- 
peñando con  singular  actividad  y  celo 
las  augustas  funciones  de  su  ministerio, 
y  los  cargos  de  Subcolector  de  espolios, 
Director  de  la  Real  Casa  de  Expósitos, 
Juez  Subdelegado  de  Cruzada,  Recau- 
dador de  las  mandas  y  limosnas  de  los 
Santos  Lugares,  y  Rector  del  ilustre  Se- 
minario Conciliar  de  San  Fulgencio,  en 
el  ejercicio  de  cuyo  cargo  le  alcanzó  la 
muerte,  día  13  de  mayo  de  1845,  siendo 
profundamente  sentida  de  todos  los 
murcianos,  y  aun  llorada  públicamente 
en  versos  elegiacos  por  algunos  poetas 
de  entonces  (1). 

Aunque  realmente  don  Pedro  Anto- 
nio de  Eguía  no  rayase  a  la  altura  ele- 
vadísima  que  nos  ponderan  sus  amigos 
los  redactores  del  periódico  murciano 
La  Lira  del  Táder,  señores  don  Loren- 
zo Fernández  Pastor,  don  Felipe  Gon- 
zález del  Campo  y  don  José  María 
Fernández;  como  orador  sagrado,  sin 
embargo,  y  a  juzgar  por  los  sermo- 
nes que  de  él  nos  quedan,  no  puede  du- 


\ 

I 


(1)  Los  señores  J.  M.  del  Castillo  y  J.  M.  Gómez-Norie- 
ga  en  el  núm.  5  de  La  Lira  del  Táder  correspondiente  al  18 
de  mayo  de  1845. 


-  67  - 


darse  que  debió  de  ser  hombre  de  bas- 
tante competencia  y  de  notable  y  mere- 
cido crédito,  correcto  en  el  estilo,  eru- 
dito en  la  lección  y  profundo  en  los 
pensamientos. 

Ahora  bien,  y  aunque  los  precitados 
redactores  de  La  Lira  del  Táder,  hacen 
a  nuestro  don  Pedro  Antonio  Predica- 
dor de  cerca  de  8.000  sermones,  bien  que 
añadiendo  que  fueron  pocos  los  que  tu- 
vieron la  suerte  de  ser  escritos,  por  lo 
que  a  nosotros  respecta,  sólo  conoce- 
mos suyos,  además  de  los  varios  que 
imprimió  en  Murcia,  Al  Niño  Jesús  de 
Belén;  en  Desagravios  a  Jesús  Sacra- 
mentado; y  en  Honras  de  la  Reina 
Doña  María  Josefa  Amalia  de  Sajonia; 
del  Rey  Luis  XVIII;  y  del  Obispo  Don 
José  Antonio  de  Aspeitia  Sáens  de  San- 
ta María,  de  que  en  lugar  oportuno  nos 
ocuparemos,  los  dos  siguientes: 

«Sermón  Dogmático-Moral  sobre  el 
adorable  Misterio  de  la  Resurrección  de 
J.  C.  Predicado  al  Rey  Nuestro  Señor 
en  su  Real  Capilla  con  asistencia  públi- 
ca de  S.  M.  y  Serenísimos  Señores  In- 
fantes», por  el  Doctor  don  Pedro  Anto- 
nio de  Eguía,  Canónigo  Magistral  de  la 
Santa  Iglesia  Catedral  de  Cartagena, 
Predicador  Supernumerario  de  S.  M. 
Etc.,  etc.,  el  día  28  de  marzo  de  1815.— 
Madrid.  MDCCCXV.  Imprenta  de  Nú- 
ñez.— Con  licencia. 

En  4.».— 38  págs.— Portada.— V.  en  b.— Texto. 

«Sermón  Panegírico  que  en  honor  de 
la  Santísima  Virgen,  venerada  con  el 
título  de  la  Encarnación  como  su  titular 
por  las  Religiosas  Franciscas  Descal- 
zas del  Real  Convento  de  la  Ilustre,  No- 
ble y  Antigua  Villa  de  Muía»,  dijo  el 
Doctor  don  Pedro  Antonio  de  Eguía, 
Canónigo  Magistral  de  la  Santa  Iglesia 
de  Cartagena,  el  día  9  de  octubre  de 
1842.— Orihuela:  Oficina  de  Pedro  Be- 
rruezo  Puebla.  Año  de  1842. 

En  4.0.-22  págs.— Portada.— V.  en  b.— Texto. 


Véase  este  autor  en  nuestra  Sección 
de  Impresos  en  Murcia. 

Elepiane  (Sor  Clara  de). 

Religiosa  Capuchina,  moradora  en  el 
convento  de  la  Exaltación  del  Santísi- 
mo Sacramento,  de  la  ciudad  de  Mur- 
cia, en  donde  fué  Abadesa  por  los  años 
de  1728.  Conocémosla  como  autora  de 
una  bien  escrita  y  larga  Carta  sobre  la 
vida  y  muerte  de  la  Madre  Sor  María 
Francisca  Lucas  Guill. 

Véase  Elepiane  en  nuestro  Catálogo 
de  Impresos  en  Murcia. 

Elgueta  y  Vigil  (Don  Antonio). 

Noble  caballero,  natural  de  la  villa  de 
Atienza,  de  la  provincia  de  Guadalaja- 
ra,  y  domiciliado  la  mayor  parte  de  su 
vida  en  Murcia,  donde  casó  en  3  de 
agosto  de  1722  con  doña  María  Mesa  y 
Rocamora,  dama  principal,  también  de 
dicha  ciudad.  La  mayor  parte  de  su 
vida,  hemos  dicho,  o  por  lo  menos  más 
de  cuarenta  años,  según  lo  declara  él 
mismo  al  principio  de  su  apreciable 
obrita,  de  que  después  hablaremos.  Fué 
Caballero  del  hábito  de  Santiago,  cuyo 
título  le  fué  expedido  en  enero  de  1746, 
y  Secretario  del  Tribunal  del  Santo  Ofi- 
cio de  su  patria  adoptiva,  quien  le  es 
deudora  de  que  en  ella  naciese  uno  de 
los  más  ilustres  escultores  modernos, 
pues  que  encargado  una  vez  de  cierta 
comisión  en  Italia,  y  habiendo  allí  tra- 
bado amistad  con  el  escultor  don  Nico- 
lás Salzillo,  llevóselo  consigo,  bajo  pro- 
mesa de  protección  y  apoyo,  a  la  citada 
ciudad  de  Murcia,  en  donde  ya  estable- 
cido éste,  y  contraído  nupcias  con  doña 
Isabel  de  Alcaraz,  tuvo  en  ella  por  hijo 
al  clarísimo  e  inspirado  artista  don 
Francisco  Salzillo  y  Alcaraz,  de  inolvi- 
dable y  felicísima  memoria. 

Es   interesante    circunstancia   de    la 


68 


vida  de  nuestro  biografiado,  que  debe- 
mos a  su  anciano  sobrino  don  José  El- 
gueta  y  Ruiz,  bien  conocido  entre  los 
murcianos  por  su  ilustración  y  amor  a 
las  cosas  de  su  patria. 

Nuestro  don  Antonio  escribió  un  exce- 
lente libro  referente  a  la  cría  de  la  seda, 
que  es  por  cierto  lo  mejor  que  se  ha  es- 
crito sobre  la  materia,  así  dentro  como 
fuera  de  España.  De  él  dice  don  Braulio 
Antón  Ramírez  en  su  Diccionario  de 
Bibliografía  Agronómica: 

cEscribiólo  el  autor  después  de  cuarenta 
años  de  experiencia  en  el  arte  de  criar  el 
gusano  de  la  seda  en  la  ciudad  de  Murcia, 
por  reconocer  que  si  bien  don  Gonzalo  de 
las  Casas  trató  de  esta  materia  con  mucha 
erudición,  omitió  sin  embargo,  algunas 
circunstancias  que  importan  saber  al  cul- 
tivador. 

»Por  la  misma  razón  que  Dios  crió  la 
tierra  y  sus  frutos  antes  que  el  hombre, 
dice  que  comienza  por  tratar  antes  del  cul- 
tivo de  las  moreras,  que  son  las  que  sirven 
de  alimento  a  los  maravillosos  gusanos. 

» Explica,  por  lo  tanto,  el  modo  de  sacar 
la  simiente  de  las  moras  blancas,  que  son, 
en  su  concepto,  las  que  proceden  de  la 
morera  natural  y  legítima,  y  dice  que  de- 
ben deshacerse  con  las  manos  en  un  lebri- 
llo hasta  que  desprendan  el  granito  que 
constituye  la  semilla,  y  se  deposite  en  el 
fondo  de  aquél.  Aconseja  que  después  de 
lavado  repetidamente  el  grano,  se  seque 
a  la  sombra,  y  que  bien  enjuto,  se  conserve 
en  un  vaso  hasta  el  momento  de  la  siem- 
bra, operación  que  también  explica  cir- 
cunstanciadamente, así  como  la  prepara- 
ción del  terreno,  el  trasplante,  los  inger- 
tos, las  enfermedades  de  las  moreras,  etcé- 
tera, etc.  Siguiendo  después  el  orden  es- 
tablecido en  la  portada,  describe  cómo  ha 
de  ser  la  habitación  de  los  gusanos,  sus 
muebles  y  menaje  de  casa;  los  utensilios 
y  herramientas  que  su  gobierno  requiere, 
y  la  manera,  en  fin,  de  cuidarlos  en  todos 
los  períodos  de  su  vida,  desde  la  opera- 
ción de  avivar  la  simiente  hasta  obtener 
otra  nueva,  con  indicación  de  las  diversas 
utilidades  a  que,  además  de  las  ordina- 
rias, se  presta  dicha  industria...  Es  apre- 
ciable  y  curioso  el  Diccionario  de  voces 


que  se  hallaban  en  uso  entre  los  criadores 
del  gusano  de  seda  del  reino  de  Murcia.» 

Ahora  bien,  el  libro  del  señor  Elgue- 
ta,  cuya  reseña  bibliográfica  omite  el 
señor  Antón  Ramírez,  es: 

«Cartilla  de  la  Agricultura  de  More- 
ras y  Arte  para  la  cría  de  la  seda:  sus 
reglas  y  varias  observaciones  para  el 
mejor  modo  de  practicarlas».  Dividido 
en  tres  tratados.  El  I  de  la  Cultura  de 
las  Moreras.  El  II  de  la  Habitación  para 
los  gusanos.  El  III  de  la  Descripción  de 
estos  insectos,  y  el  modo  de  su  cría  y 
utilidades.  Adornada  con  láminas  para 
facilitar  su  cabal  inteligencia,  no  sólo  a 
los  que  se  exerciten  en  su  práctica,  sino 
también  a  los  Physicos  en  la  investiga- 
ción de  la  Naturaleza.  Pónese  al  fin  un 
Diccionario,  que  explica  los  nombres  y 
voces  de  este  Arte,  que  se  usan  en  este 
Reyno  de  Murcia.  Su  Autor  Don  Anto- 
nio de  Elgueta  y  Vigil,  Caballero  del 
Orden  de  Santiago,  Secretario  del  Se- 
creto de  la  Inquisición  de  Murcia,  &c.— 
C.on  Privilegio.  En  Madrid:  En  la  Im- 
prenta de  Don  Gabriel  Ramírez.  Año 
de  1761.  Se  hallará  en  la  Librería  de 
Joseph  Mathias  Escribano,  frente  a  las 
gradas  de  San  Phelipe  el  Real. 

En  4.°— 17^págs.,  más  5  hojas  de  principios  y  4  lámi- 
nas al  final  sin  numerar.— Slgns.  (^i^).  A  -  Z  2.— Portada. 
V.  en  b.— Licencia  del  Ordinario.— Suma  del  privilegio, 
al  autor  por  diez  años.— Tabla.— Motivos  de  escribir  esta 
obra. — Introducción. — Texto. 

Es  una  lástima,  para  los  que  en  la  re- 
gión murciana  se  dedican  al  cultivo  y 
cría  de  la  seda,  que  este  libro  se  haya 
hecho  ya  relativamente  raro,  con  tanta 
más  razón  cuanto  que  en  él  se  hallan 
cuantos  preceptos  pueda  necesitar  el 
más  escrupuloso  criador  de  este  rico 
producto.  Debería,  pues,  reimprimirse, 
y  entonces  verían  muchos  encomiado- 
res  de  libros  italianos  y  franceses  de 
este  género,  que  mucho  de  lo  que  dan 
por  nuevo  lo  sabía  ya  el  Secretario  de 
la  Inquisición  de  Murcia. 


-  69 


Encina  y  Moreno  Mota  (P.  Diego  [osé 
de  la). 

Ignoramos  completamente  si  es  o  no 
de  Murcia  o  de  su  provincia;  pero  sí  nos 
consta  que  en  ella  residió  y  floreció  por 
los  primeros  años  del  siglo  xviii,  habien- 
do sido  Colegial  Teólogo  y  Rector  des- 
pués meritísimo  (que  de  este  modo  le 
hallamos  varias  veces  citado)  del  céle- 
bre Colegio  de  la  Anunciata  de  la  Com- 
pañía de  Jesús,  de  aquella  dicha  ciudad. 

Conocémosle  como  autor  de  varias 
Aprobaciones,  puestas  al  frente  de  va- 
rios libros  impresos  en  su  tiempo,  como 
predicador  distinguido  y  como  poeta  de 
versos  latinos.  Debidos  a  su  ingenio  son 
los  siguientes,  con  que  celebró  la  fiesta, 
en  Murcia,  de  la  beatificación  del  vene- 
rable Juan  Francisco  Regis,  de  que  en 
varios  lugares  de  esta  obra  nos  ocupa- 
mos. Llevan  por  epígrafe:  Totius  Ope- 
Ris  Encomium,  y  dicen  de  este  modo: 

«Pandite  Piérides,  sacratos  pandite  íontes 
currite  Casialliae,  vosque  Heliconis  aquae, 
dum  feror  astriferi  per  summa  cacumina  Pindl 
dicere  magnanlml  sacra  trophaea  virí, 
férvida  bella  gesit  sacro  sub  nomine  lesu, 
sic  Regís,  &  factis  nomen,  &  ornen  habet 
Gallorum  terris  per  mille  pericula  tutus, 
gentibus  indixit  signa  decora  Dei. 
lam  illi  tot  nitidis  rutilant  alUria  gemmis 
quot  Tagus  auri  fluas,  quot  tulit  Hermus  opes. 
Non  mons  Pellenius  celebris  non  Ínsula  Paro 
Jaspida  concipiunt  his  meliora  suis 
Construit  lioc  Phydias,  formavit  Dedalus  arte, 
quod  Zeuxis  lineis  pinxit,  Apeles  habet, 
hos  tándem  dicit  Francisco  rite  triumphos, 
CoUegij  vt  niteat  gloria  serte  tul. 
Efigies  pia  magnorum  monumenta  virorum 
Franciscus  curis  fit  modo  sacratius 
illius  ad  longé  celeras,  quod  preterit  artes, 
verior  exemplo  est  íactus  Imago  tuo. 
Nunc  Ludovlce  tuis  crevit  quoq ;  gloria  gemmis 
ex  oré  en  gemmis,  quae  cecidere  tuis 
dum  acta  refers,  animosq ;  Regis,  sic  pectora  mulces 
vt  patrem  populos  te  celebrante  collat. 
Dum  canis  Aonidum  dulclssima  cura  sororum 
Regís  Castallus  gloria  fertur  aquis, 
tu  RIvis  similis,  te  omnes  per  flumina  noruijt 
qua  de  Castallijs  fluctibus  ore  refers. 
Hunc  celebrare  diem,  hl  coeunt  tres  ordine  soles 
felix  qua  tantum  lucet  in  vrbe  jubat 
Non  Libiae  vt  Sapho  volitablt  vestra  per  auras 
e  doctis  volucrum  fama  petita  modis, 
sed  merltum  toto  resonabit  nomen  in  orbe 
&  quam  nunc  íugitis  gárrula  fama  vehet.» 


Enríquez  (Alonso). 

Natural  de  Baza,  pero  domiciliado  du- 
rante mucho  tiempo  en  la  ciudad  de 
Murcia,  de  cuyo  Ayuntamiento  ejerció 
el  cargo  de  Escribano  Mayor.  Fué,  se- 
gún Cáscales,  de  noble  alcurnia,  como 
«descendiente  legítimo,  por  línea  mas- 
culina, de  Juan  Enríquez,  Caballero 
Conquistador  de  la  ciudad  de  Baza>;  y 
tuvo  por  padres  a  don  Gonzalo  Enríquez 
y  a  doña  María  Pérez  de  Ribera. 

En  1622  publicó  en  Murcia  el  ya  cita- 
do libro  de  Honras  y  Obsequias  (que 
dicha  ciudad)  hiso  al  Catholico  y  Chris- 
tianisimo  Rey  Don  Felipe  Tercero,  etc. 

Véase  Enríquez  en  nuestra  Sección 
de  Impresos  en  Murcia. 

Espinosa  (P.  Antonio). 

Ignoramos  el  pueblo  de  su  naturaleza, 
y  sólo  de  él  sabemos  que  nació  en  31  de 
diciembre  de  1697,  abrazando  la  Orden 
de  San  Ignacio  en  la  provincia  toledana 
en  11  de  octubre  de  1719,  y  pronuncian- 
do los  cuatro  votos  en  2  de  febrero  de 
1731;  que  fué  sumamente  versado  en  Fi- 
losofía y  Artes,  consiguiendo  por  estos 
y  otros  personales  méritos,  además  del 
gobierno  de  aquella  casa,  la  dirección 
del  Seminario  de  Nobles  de  Madrid;  y 
en  fin,  que  residió  durante  algún  tiem- 
po en  la  ciudad  de  Murcia,  cuyo  Cole- 
gio de  la  Compañía  protegió  amplia- 
mente, siéndole  deudor  de  la  mayor 
parte  de  sus  ornamentos.  Murió  después 
de  la  expulsión  de  los  jesuítas,  no  sabe- 
mos tampoco  en  qué  año. 

Llegando  a  sus  manos  la  famosa  obra 
de  Berruyer,  y  no  obstante  estar  prohi- 
bida por  la  Curia  Romana,  tradújola  al 
español  con  varias  notas  y  aclaraciones; 
y  habiendo  obtenido  las  licencias  nece- 
sarias y  el  privilegio  de  venderla  por 
cincuenta  años,  él  y  sus  herederos,  dió- 
la  al  público  con  el  mismo  título  que 


-  70 


halló  en  el  oriírinal,  o  sea  Historia  del 
pueblo  de  Dios.  Primera  y  segunda  par- 
te, distribuidas  en  12  y  6  tomos,  respec- 
tivamente. En  Madrid,  por  la  viuda  de 
Manuel  Fernández,  año  de  1753.  En  4.°. 
Comprende  la  primera,  desde  los  pri- 
meros tiempos  del  pueblo  hebreo  hasta 
el  nacimiento  del  Salvador;  y  la  segun- 
da, desde  dicho  acontecimiento  hasta 
su  muerte,  y  fin  de  la  sinagoga,  termi- 
nando con  las  Actas  íntegras  de  los 
Apóstoles,  que  ocupan  los  dos  últimos 
tomos. 

También  tradujo  del  francés  el  Com- 
pendio de  la  Historia  de  España,  en 
dos  tomos,  de  Duchesne. 

Espíritu  Santo  (Fr.  Pedro  del). 

Carmelita  Descalzo;  Lector  de  Teolo- 
gía en  su  Colegio  de  la  Universidad  de 
Alcalá,  y  residente  algunos  años,  como 
Prior,  en  el  Convento  de  Padres  Tere- 
sos  de  la  Ciudad  de  Murcia.  Fué  Predi- 
cador de  gran  reputación  en  su  tiempo, 
y  conocémosle  como  autor  hasta  de  cua- 
renta sermones,  algunos  de  los  cuales 
dio  él  mismo  a  luz,  y  que  después  de  su 
muerte  publicó  en  un  tomo  un  apasio- 
nado suyo,  con  este  título: 

cSermones  de  Jesús,  María  y  Joseph, 
a  que  se  añaden  otros  de  N.  S.  M.  Doc- 
tora Mystica  Santa  Teresa  de  Jesús,  y 
de  Nuestro  Mystico  Padre  y  Doctor  San 
Juan  de  la  Cruz.»  Que  en  todos  son  qua 
renta.  Su  autor  el  R.  P.  Fr.  Pedro  del 
Espíritu  Santo,  Religioso  Carmelita  Des- 


calco, Lector  de  Theología  Expositiva, 
Mystica,  y  Escolástica,  en  su  Colegio  de 
la  Vniversidad  de  Alcalá,  y  Prior  en  los 
Conventos  de  Cuenca,  Bolarque,  Ocaña, 
Toledo,  Murcia  y  Manzanares.  Los  saca 
a  luz  el  R.  P.  Fr.  Francisco  de  la  Encar- 
nación, Religioso  de  la  misma  Sagrada 
Familia.  Y  los  dedica  al  señor  don  Juan 
de  Goyeneche...,  etc.  Con  Privilegio. 
En  Madrid:  En  la  Imprenta  de  Blas  de 
Villanueva,  en  la  calle  de  los  Jardines, 
año  de  1717. 

En  fol,  a  2  colums.— 427  págs.,  más  9  hojas  de  pre- 
Hms,  sin  numerar.— Signs.  {-)  et—Hhh.— Portada  orla- 
da.—A  la  vuelta:  Tabla  de  los  Sermones  que  contiene 
este  Libro.— Dedicatoria  del  Editor.— Licencia  de  la  Or- 
den.—Aprobación  del  P.  Maestro  Antonio  de  Goyene- 
che.—Otra  del  P.  M.  Manuel  Arias.— Licencia  del  Ordi- 
nario.—Censura  y  Parecer  del  P.  Fr.  Tomás  Rincón. — 
Suma  del  Privilegio,  por  diez  afios.— Fee  de  Erratas.— 
Tasa,  a  seis  maravedís  el  pliego.— Prólogo  al  Lector.— 
Texto.— índice  de  los  lugares  de  la  Sagrada  Escritura.— 
ídem  de  las  Cosas  notables. 

En  la  dedicatoria,  dice  así  el  referido 
editor: 

€Fué,  Señor,  el  R.  P.  Fr.  Pedro  de  el 
Espíritu  Santo,  Carmelita  Descal(;o,  vno 
de  los  más  esclarecidos  y  agudos  Orado- 
res, que  la  Vniversidad  Celebérrima  de 
Alcalá  ha  venerado  en  muchos  siglos.  Por- 
que si  bien,  ni  la  voz,  ni  la  acción  sobresa- 
lían, fué  en  los  conceptos  tan  agudo,  tan 
profundo  en  los  discursos,  tan  raro  en  las 
ideas,  tan  singular  en  los  assumptos,  que 
era  el  estarle  oyendo,  si  recreo  a  el  enten- 
dimiento, dulcissima  y  apacible  suspen- 
sión de  los  sentidos;  el  estilo  fácil,  pero 
gustosissirao;  pues  era  nnserioyocoso,  que 
sin  desdezir  de  lo  grave,  que  la  Oratoria 
pide,  tenía  lo  salado,  que  a  el  ánimo  re- 
crea...» 


J 


Fernández  Paniagua  (Fr.  Manuel). 

Aunque  nada,  que  sepamos,  dejó  es- 
crito este  virtuosísimo  y  docto  varón, 
deber  es  nuestro,  sin  embargo,  asignar- 
le un  lugar  distinguido  en  las  presentes 
páginas,  por  razón  de  estar  su  nombre 
enlazado  a  uno  de  los  hechos  que,  en  el 
orden  intelectual,  han  dado  más  días  de 
brillo  y  auge  a  las  letras  murcianas.  Nos 
referimos  a  la  fundación  del  famoso  Co- 
legio Seminario  de  la  Purísima  Concep- 
ción de  Padres  Franciscanos  de  la  ciu- 
dad de  Murcia,  centro  después  de  tantos 
y  tan  esclarecidos  maestros  y  discí- 
pulos. 

El  R.  P.  Fr.  Manuel  Fernández  nació 
en  la  villa  de  Herencia,  en  La  Mancha, 
de  honrados  y  nobles  padres,  que  lo  fue- 
ron Esteban  Fernández  Paniagua  e  Isa- 
bel Sánchez  del  Moral.  A  la  edad  de  15 
años,  y  en  el  de  1673,  entró  de  novicio 
en  el  convento  de  San  Francisco,  de 
Cuenca,  profesando  en  el  mismo  al  si- 
guiente año.  Cursó  después  los  estudios 
de  Filosofía  y  Teología,  dando  siempre 
muestras  de  claro  ingenio  y  «llevándo- 
se por  ello  (dice  el  cronista  a  quien 
sigo  preferentemente)  la  atención,  así 
de  maestros  como  de  condiscípulos». 
En  1684  fué  nombrado  Colegial  Mayor 
del  insigne  de  San  Pedro  y  San  Pablo 
de  la  Universidad  de  Alcalá,  y  más  tar- 
de Lector  de  Filosofía  y  Teología;  cá- 


tedras que  desempeñó,  desde  1685  a 
1700,  en  los  conventos,  principalmente 
de  Nuestra  Señora  de  las  Huertas  de  la 
Ciudad  de  Lorca,  y  Real  de  San  Fran- 
cisco de  Murcia,  de  que  fué  asimismo 
Guardián  el  último  año  de  su  carrera  de 
Lecturía  y  siguientes.  Después  obtuvo 
los  empleos  de  Ministro  Provincial,  y 
Custodio  de  su  Santa  Provincia  de  Car- 
tagena; y  últimamente,  en  1709,  fué  ele- 
gido Comisario  para  la  fundación,  como 
antes  lo  había  sido  para  la  fábrica,  del 
ya  referido  Colegio  de  la  Inmaculada 
Concepción,  de  que  tuvo  asimismo  la 
honra  de  ser  su  primer  Rector  con  el 
nombre  de  Presidente,  y  en  donde  le 
alcanzó  la  muerte  el  16  de  febrero  de 
1717,  con  universal  sentimiento  de  to- 
dos los  murcianos,  y  muy  particular- 
mente de  los  sujetos  más  distinguidos 
de  la  ciudad,  entre  los  cuales  hubo  de 
manifestarlo  muy  acerbo  el  insigne  Car- 
denal Belluga,  de  quien  refiere  el  P.  Or- 
tega, testigo  presencial  de  aquel  suce- 
so, que  al  visitar  al  enfermo  en  este 
mismo  día: 

«Con  el  conocimiento  que  tenia  de  sus 
muchas  y  grandes  prendas,  por  haberle 
experimentado  más  que  otro  alguno,  pues 
le  sirvió...  en  la  resolución  de  cuantas  co- 
sas arduas  se  le  ofrecieron,  dijo  a  los  PP. 
que  le  acompañaban:  ¡Oh!  no  puede  la 
Provincia  de  Cartagena,  en  un  siglo  criar 
otro  Padre  Paniagua.* 

«No  puede  dudarse  (añade  el  citado  ero- 


-12  - 


nista),  que  perdió  la  Provincia  en  este  gran 
varón  un  sujeto  de  nobles  esperanzas. 
Fué  muy  docto,  no  sólo  en  lo  escolástico, 
si  también  en  otras  ciencias  y  facultades, 
en  medio  que  sus  muchas  y  graves  ocupa- 
ciones, no  le  dejaron  lugar  al  cultivo  de 
muchas  ciencias  que  hubiera  fácilmente 
conseguido,  con  un  mediano  estudio,  a 
causa  de  la  profundidad  y  expedición  de 
sus  buenas  potencias.  > 

No  puede  ser,  pues,  más  fidedigno  el 
testimonio,  por  donde  debamos  colegir 
el  mérito  y  relevantes  cualidades  del 
P.  Fernández  Paniagua.  Empero  ya 
hemos  dicho  la  circunstancia  por  la  que 
principalmente  lo  conceptuamos  digno 
de  ocupar  un  puesto  distinguido  en  el 
presente  Catálogo,  habiendo  sido,  como 
lo  fué  sin  duda,  uno  de  los  claros  varo- 
nes que  en  la  ciudad  de  Murcia  más  han 
contribuido  al  esplendor  y  lustre  de  los 
buenos  estudios,  mediante  la  susodicha 
erección  del  referido  Colegio  de  la  Pu- 
rísima; acontecimiento  acerca  del  cual, 
por  haber  sido  de  tan  provechosos  y 
trascendentales  resultados  para  el  ade- 
lantamiento de  la  intelectual  cultura 
murciana,  nos  va  a  ser  permitido,  en 
gracia  a  la  importancia  del  asunto,  de- 
tenernos algunos  momentos,  copiando 
extractado  el  capítulo  que  sobre  este 
particular  y  bajo  el  título  de  Fundación 
del  Insigne  Colegio  de  la  Inmaculada 
Concepción  de  la  Ciudad  de  Murcia, 
trae  el  tantas  veces  citado  P.  Ortega,  en 
el  Libro  IV  de  la  Parte  Tercera  de  su 
Crónica  de  la  Provincia  de  Cartagena. 
Dice  así: 

'  «El  ilustre  caballero  don  Francisco  Ruiz 
de  Alarcón,  Abogado  de  los  Reales  Con- 
sejos, vecino  y  natural  de  la  ciudad  de 
Murcia,  amantísimo  de  las  letras  y  de  sus 
profesores...,  determinó  su  hacienda,  que 
era  grande,  para  la  fundación  de  este  Co- 
legio, que  tanto  crédito  ha  dado,  y  se  es- 
pera mucho  mayor  a  esta  Provincia  de 
Cartagena.  Era  este  caballero  descendien- 
te de  los  señores  de  Almodóvar  del  Pinar, 


y  tan  cercano  como  ser  biznieto  de  los 
ilustres  señores  Martín  Ruiz  de  Alarcón, 
Caballero  del  Orden  de  Santiago  y  Co- 
mendador de  Uclés  y  Mérida  y  de  doña 
Inés  Manuel  de  Mendoza,  señores  propie- 
tarios de  dicha  villa  de  Almodóvar,  rama 
nobilísima  de  los  señores  Condes  de  Val- 
verde...  Del  Testamento,  pues,  de  nuestro 
don  Francisco  Ruiz  de  Alarcón,  otorgado 
en  la  ciudad  de  Murcia  en  22  de  octubre 
de  1619,  consta,  como  después  de  diferen- 
tes llamados  a  su  hacienda  y  Mayorazgo, 
lo  determina  todo  a  la  fundación  de  dicho 
Colegio;  para  lo  cual  sienta  algunas  condi- 
ciones, de  las  cuales  pondremos  aquí  las 
que  conducen  a  nuestro  intento  y  a  la 
exornación  y  claridad  de  esta  Historia. 

•Determina,  pues,  que  dicha  hacienda  y 
Mayorazgo  se  aplique  para  fundar  un  Co- 
legio, en  el  cual  haya  ocho  Religiosos  Es- 
tudiantes Teólogos,  dos  Lectores  de  Teo- 
logía, un  Rector  o  Guardián,  y  uno  o  dos 
Religiosos  Legos  para  su  servicio.  Quiere 
que  dicho  Colegio  tenga  el  título  de  Purí- 
sima Concepción  de  Nuestra  Señora;  que 
habiendo  Religiosos  naturales  de  la  ciu- 
dad de  Murcia,  sean  preferidos  a  los  de- 
más como  sean  suficientes;  y  que  a  lo  me- 
nos, haya  dos  naturales  de  dicha  ciudad, 
en  las  circunstancias  de  ser  igualmente 
capaces.  Determina  también  que  dicho 
Colegio  sea  Estudio  abierto  para  todos  los 
que  quieran  estudiar  en  él  Sagrada  Teolo- 
gía. Por  esta  fundación  pide  en  recompen- 
sa... que  todos  los  años  al  dar  principio  y 
finalizar  el  curso,  se  haya  de  celebrar  en 
dicho  Colegio  una  Misa  cantada  de  la  Pu- 
rísima Concepción,  con  sermón  y  vís- 
peras. 

»E1  año  de  1654,  día  19  del  mes  de  julio, 
a  causa  de  haber  quedado  dicha  hacienda 
y  Mayorazgo  en  el  estado  dispuesto  por 
dicho  fundador  don  Francisco  Ruiz,  esto 
es,  por  haber  faltado  todos  los  llamados, 
y  recaído  en  dicha  Obra  Pía,  hallándose  en 
la  ciudad  de  Cuenca  el  M.  R.  P.  Fr,  Pedro 
Reluz,  Ministro  Provincial  de  esta  de  Car- 
tagena, acompañado  de  los  RR.  PP.  del 
Difinitorio,  que  lo  eran  Fr.  Pedro  Campo 
Lujan  y  Fr.  Bartolomé  Roldan,  admitió  la 
fundación  del  dicho  Colegio  en  nombre  de 
esta  Provincia.  Asimismo  se  dio  facultad 
en  forma  al  P.  Guardián  del  Convento  de 
la  Ciudad  de  Murcia  y  a  su  Síndico  para 
que  hiciesen  dicha  aceptación  y  para  todas 


-  73  - 


las  demás  cosas  pertenecientes  a  la  funda- 
ción del  expresado  Colegio  (Ij...  Acepta- 
ron los  dichos  Guardián  y  Síndico  la  fun- 
dación en  debida  forma;  y  por  parecerles 
sería  acertado  poner  en  arrendamiento  di- 
cha hacienda  en  el  ínterin  que  se  daba 
principio  a  la  fundación  material  del  Cole- 
gio, hicieron  esta  diligencia;  pero  en  bre- 
ves años  se  experimentó  el  desacierto; 
pues  por  instantes  se  iba  desapareciendo 
dicha  hacienda  y  alhajas  de  que  se  compo- 
nía, por  varios  incidentes  que  omito... 

>En  vista  de  esto  el  Patrono,  que  era  en 
la  ocasión,  de  dicha  Pía  Memoria  don  Fran- 
cisco Lucas  Carrillo  y  Verástegui,  entró 
una  Petición  en  la  Junta  Difinitorial  que 
se  celebró  en  el  Convento  de  la  villa  de 
Hellín,  el  6  de  mayo  de  1696,  representan- 
do tan  lastimosa  pérdida  y  suplicando  al 
Difinitorio  determinase  dar  principio  a  la 
fundación  de  dicho  Colegio.  El  Ven.  Difi- 
nitorio nombró  por  Agente  de  dicha  fábri- 
ca al  M.  R.  P.  Fr.  Manuel  Fernández  Pa- 
nlagua, que  se  hallaba  en  la  ocasión  Lec- 
tor de  Teología  en  el  Convento  de  la 
Ciudad  de  Murcia,  quien  aplicó  su  mucha 
eficacia  y  actividad  al  desempeño  de  este 
encargo,  saliendo  de  él  tan  airoso  como  de 
otros  muchos  que  después  le  fió  la  orden 
Seráfica.  En  continuación  de  las  diligen- 
cias que  se  iban  practicando  para  el  logro 
de  este  fin,  el  M.  R.  P.  Fr.  Juan  Hidalgo, 
que  se  hallaba  Prelado  Superior  de  esta 
Provincia,  pidió  al  siguiente  año  a  la  No- 
bilísima Ciudad  de  Murcia,  diese  su  per- 
miso y  licencia  para  dar  principio  a  dicha 
fundación,  destinando  el  sitio  en  que  se 
debía  ejecutar:  por  causa  de  que  dicha 
Ciudad  nunca  consintió  que  se  hiciese  en 
las  casas  de  morada  de  dicho  Fundador, 
como  él  lo  había  dexado  ordenado,  por 
los  graves  inconvenientes  que  advirtió  la 
Ciudad...  Al  fin  se  determinó  por  sitio, 
para  dicha  fundación,  el  inmediato  a  nues- 
tro Convento,  así  por  la  parte  de  la  huerta 
como  por  el  de  nuestra  Capilla  de  la  Con- 
cepción, en  lo  que  vulgarmente  se  llama 
la  carretería  y  Plaza  de  San  Francisco,  que 
es  el  mismo  lugar  y  dilatado  sitio  que  dio 
a  nuestro  dicho  Convento  el  señor  Rey 
don  Sancho  el  Bravo  el  año  de  1290,  en 
trueque  del  otro  que  tenía  nuestro  antiguo 


(1)    Diligencias  que  pasaron  ante  Jerónimo  de  la  Hoz, 
Escribano  del  número  de  la  ciudad  de  Cuenca. 


Convento  (1).  Esta  jurídica  diligencia  se 
practicó  el  día  8  del  mes  de  enero  del  refe- 
rido año  de  1697,  por  ante  Ignacio  Muñoz, 
Escribano  Mayor  del  Ayuntamiento  de  di- 
cha ciudad  de  Murcia,  con  vista  de  ojos  y 
asistencia  de  su  Corregidor  y  dos  Caballe- 
ros Regidores,  Comisarios  nombrados  para 
este  fin. 

>Habiendo  llegado  el  año  de  1709,  en  que 
se  hallaba  ya  el  Colegio  en  estado  de  po- 
derse habitar,  entró  otra  Petición  en  el 
Capítulo  que  se  celebró  este  año  en  el  Con- 
vento de  Infantes,  el  Patrono,  que  lo  era 
en  la  ocasión  don  Juan  Lucas  Marín  y 
Roda,  suplicando  al  Difinitorio  determina- 
ra que  entrasen  los  Religiosos  a  habitar 
dicho  Colegio.  El  Ven.  Difinitorio,  con  el 
Rmo.  P.  Ministro  General  Biezma,  Presi- 
dente de  dicho  Capítulo,  resolvió  que  el 
Ministro  Provincial  nuevo  juntase  el  Di- 
finitorio lo  más  breve  que  pudiese,  y  des- 
pués de  ver  y  admitir  unas  Constituciones 
que  se  habían  hecho  para  su  regular  go- 
bierno, tomando  la  última  resolución,  nom- 
brase los  Moradores.  En  consecuencia  de 
esto,  se  celebró  dicha  Junta  Difinitorial  el 
día  7  de  diciembre  del  mismo  de  709,  en  el 
Convento  de  Nuestra  Señora  de  las  Huer- 
tas; y  en  ella  se  determinó  poblar  el  Cole- 
gio, nombrando  todos  los  sujetos  que  ha- 
bían de  habitarle...  Se  puso  por  Presidente 
in  capite  al  M.  R.  P.  Fr.  Manuel  Fernán- 
dez Panlagua.  Fueron  nombrados  por  Lec- 
tores de  Teología,  los  PP.  Fr.  Francisco 
Villajos  y  Fr.  Ginés  López  (primeramente, 
y  luego  en  reemplazo  de  los  mismos)  fueron 
puestos  los  PP.  Fr.  Miguel  Budugarren  y 
Fr.  Bernardo  Ofalón,  ambos  de  singulares 
genios,  los  que  se  malograron  por  haber 
muerto  luego  muy  mozos.  El  primero  era 
natural  de  la  ciudad  de  Cartagena,  y  el  se- 
gundo Irlandés  de  nación.  Los  primeros 
ocho  colegiales  nombrados  fueron  los  si- 
guientes: Fr.  Tomás  García  Torrecilla, 
Fr.  Matías  Gómez  Hidalgo,  Fr.  Francisco 
Romero,  Fr.  Andrés  Gutiérrez  y  Fr.  An- 
drés Nieto,  Predicadores  y  Opositores  que 
habían  sido  ya  a  las  Cátedras  de  Artes;  y 
los  Padres  Fr.  José  Romero,  Fr.  Antonio 
Alburquerque  y  Fr.  Francisco  Soria,  Pre- 
dicadores V  Actuantes.  El  dicho  P.  Fr.  José 
Nieto   no  llegó  a  tomar  la  posesión  de 


(1)    El  ocupado    hoy   por  el  Monasterio  de  Descalzas 
Reales  de  Santa  Clara. 


-  74 


la  Beca,  y  en  su  lugar  entró  el  P.  Fr.  Pe- 
dro Moróte,  Predicador  y  Opositor  Re- 
coleto (1). 

»En  esta  referida  Junta  Difinitorial  de 
las  Huertas,  presentó  dicho  Patrono  del 
Colegio  otra  petición,  en  la  cual  suplicaba, 
que  de  los  ocho  colegiales  se  nombrase 
uno  para  que  leyera  a  los  seculares  la  Fi- 
losofía, pues  de  esto  resultaba  mucho  in- 
terés para  toda  la  ciudad,  y  crédito  para 
la  doctrina  del  Doctor  subtil;  exhibiendo 
al  mismo  tiempo  una  interpretación  jurí- 
dica de  la  voluntad  del  Testador  y  Funda- 
dor, hecha  por  el  limo,  señor  Obispo  de 
este  Obispado,  para  quitar  todo  escrúpulo. 
En  vista  de  esta  representación,  y  advir- 
tiendo, que  desde  luego  se  empezó  a  ayu- 
dar este  Colegio  con  otras  diversas  limos- 
nas..., se  determinó  que  se  nombrase  dicho 
Lector,  pero  que  fuese  supernumerario  a 
dichos  colegiales.  En  consecuencia  de  esto 
fué  nombrado,  con  todos  los  privilegios 
y  gracias  que  gozan  dichos  Lectores,  el 
P.  Fr.  Diego  Parra,  Predicador  y  Opositor 
que  ya  había  sido,  a  las  Cátedras  de  la 
Provincia...  (2). 

»En  esta  misma  Congregación  se  deter- 
minó que  para  que  todos  los  años  se  diese 
principio  a  leer  la  Filosofía  en  dicho  Co- 


(1)  Fray  Tomás  García  Torrecilla  fué  natural  de  la  villa 
de  Calasparra;  renunció  la  Beca  sin  finalizar  el  trienio  y 
murió  en  el  Convento  de  la  Ciudad  de  Lorca  en  1720. 

Fr.  Matías  Gómez  Hidalgo  fué  natural  de  la  villa  de  la 
Mota  del  Cuervo,  Priorato  de  Uclés  en  la  Mancha.  Fué 
Guardián  de  VlUanueva  de  la  Jara  y  del  Convento  de  la 
Ciudad  de  Lorca,  y  murió  en  el  de  Murcia  en  1742. 

Fr.  Francisco  Romero  fué  natural  de  VlUanueva  de  los 
Infantes;  Colegial  Mayor  del  de  San  Pedro  y  San  Pablo  de 
Alcalá;  Guardián  de  los  Conventos  de  la  Parrilla,  Belmonte 
y  Alcázar,  y  murió  en  1717. 

Fr.  Andrés  Gutiérrez  fué  natural  de  Val- Paraíso  en  el 
Obispado  de  Cuenca,  y  murió  en  1743.  (Véase  Gutiérrez  en 
este  Catálogo.) 

Fr.  José  Romero  fué  natural  de  la  villa  de  Infantes.  Leyó 
Filosofía  en  Belmonte  en  1713;  la  Teología  hasta  jubilarse. 
Fué  Rector  de  este  mismo  Colegio;  Calificador  del  Santo 
Oficio  y  Guardián  del  Convento  de  Cuenca. 

Fr.  Antonio  Alburquerque  fué  natural  de  la  Ciudad  de 
Lorca:  Lector  de  Filosofía  en  Belmonte,  año  de  1716,  y  de 
Teología  hasta  jubilarse.  Vivía  aún  en  1749. 

Fr.  Francisco  Soria  fué  natural  de  Honrubia:  leyó  la 
Filosofía  en  Infantes,  año  de  1713;  fué  de  Ingenio  muy  aven- 
tajado; murió  en  el  Convento  de  Cartagena  en  1725. 

Fr.  Pedro  Moróte  fué  natural  de  la  Ciudad  de  Lorca;  Co- 
legial Recoleto,  etc.  (Véase  Moróte  Pérez  Chuecos  en 
nuestro  anterior  Catálogo.) 

(2)  Fué  natural  de  la  villa  dé  Provencio  en  el  Obispado 
de  Cuenca;  fué  Lector  de  Teología  hasta  jubilarse,  y  Guar- 
dián de  los  conventos  de  Huete  y  Caravaca.  Vivía  aún 
en  1752. 


legio,  fuesen  nombrados  dos  colegiales 
que  la  leyesen,  para  la  común  y  continua 
utilidad  de  los  estudiantes. 

»En  este  estado  se  mantuvieron  estas 
dos  Cátedras,  hasta  una  Junta  Difinitorial 
que  se  celebró  en  el  convento  de  Albace- 
te el  año  de  1725,  en  la  cual  se  determinó 
que  fuesen  tres  los  Lectores  de  Filosofía 
que  se  nombrasen,  con  igual  graduación, 
que  es  la  que  gozan  en  los  conventos  de  la 
Provincia...  En  el  año  de  1712  se  puso  tam- 
bién una  Cátedra  de  Gramática;  y  des- 
pués, en  consideración  del  notable  aumen- 
to de  los  estudiantes,  ha  sido  preciso  po- 
ner segunda.  También  se  ha  puesto  Lec- 
tor tercero  de  Teología,  otro  Colegial,  un 
Procurador  y  dos  Donados;  pero  para 
estas  plazas  aumentadas,  se  han  aplicado 
otras  diferentes  limosnas.  Últimamente  se 
ha  determinado  en  esta  Provincia,  que  to- 
das las  Cátedras  de  Artes  se  provean  en 
solos  los  que  hubiesen  sido  colegiales  en 
este  Colegio  y  en  el  Mayor  de  San  Pedro 
y  San  Pablo  de  Alcalá.  Y  como  los  estu- 
dios y  exercicios  de  este  Colegio  son  tales 
que  dudo  le  exceda  Escuela  alguna  en  todo 
el  Orbe,  cuando  salen  a  leer  la  Filosofía, 
son  sujetos  capaces  de  leerla  con  lucimien- 
to en  la  Universidad  más  célebre.» 

Fernández  Quevedo  (Don  Pedro). 

De  él  no  sabemos  más  sino  que  fué 
vecino  de  la  villa  de  Caravaca,  y  que 
en  1777  presentó  a  la  Sociedad  Económi- 
ca Matritense,  en  concurso  con  otros 
varios,  un  opúsculo  que  se  publicó  en 
las  Memorias  relativas  al  problema  pu- 
blicado por  dicha  Sociedad  para  el  año 
de  1777,  sobre  «Cuáles  son  los  medios  de 
adelantar  los  pastos  en  un  país  sin  per- 
judicar la  labranza,  contrayendo  princi- 
palmente el  discurso  a  los  aprovecha- 
mientos que  necesita  el  labrador,  y  dis- 
tinguiendo las  diferentes  clases  de  pas- 
tos naturales  o  espontáneos,  los  de  riego 
o  artificiales,  los  que  resultan  del  ras- 
trojo y  barbecho,  y  los  que  de  cada  una 
de  estas  tres  clases  convienen  a  las  di- 
ferentes especies  de  ganados.»  (Memo- 
rias de  la  Sociedad  Económica  Matri- 
tense, año  dé  1787,  tomo  IIL) 


-  75 


Opúsculo  del  que  dice  don  Braulio 
Antón  Ramírel  en  su  Diccionario  de 
Bibliografía  Agronómica: 

«Entre  los  15  escritos  que  se  presentaron 
aparece  el  de  nuestro  Fernández  Queve- 
do.  Es  escrito  bastante  estimable.  En  él 
clasifica  los  pastos  y  determina  los  que 
más  convienen  a  cada  especie  de  ganado: 
aboga  por  el  riego,  por  el  desagüe  de  las 
tierras  lagunosas,  y  por  la  concesión  de 
privilegios  a  los  labradores.  Cree  preferi- 
ble el  ganado  mular  al  boyal  para  las  la- 
bores, porque  cunde  más  el  trabajo,  por- 
que ni  a  estabulación  o  pienso  consumen 
más  las  muías  que  ios  bueyes,  y  porque 
no  hacen  tanto  daño  en  arboledas  y  se- 
menteras. Opina  además  que  las  fiestas  de 
excepción  para  no  trabajar  deberían  redu- 
cirse a  los  domingos.» 

Francisco  de  la  To billa  (Fr.  Lucas  de 
San), 

Natural  del  reino  de  Valencia,  y  do- 
miciliado, durante  algunos  años,  en  la 
ciudad  de  Murcia,  en  donde,  sin  duda, 
hubo  de  escribir  el  único  libro  que  de  él 
conocemos.  Perteneció  al  Orden  des- 
calzo de  la  más  estrecha  observancia 
de  PP.  Franciscanos  de  la  Provincia  de 
San  Juan  Bautista  de  los  reinos  de  Va- 
lencia y  Murcia,  y  habitó,  por  consi- 
guiente, durante  el  tiempo  de  su  per- 
manencia en  esta  ciudad,  en  la  ya  de- 
molida religiosísima  casa  de  Frailes 
descalzos  de  San  Diego,  hoy  convertida 
en  casa  de  hilanderas. 

Fué  el  P,  Tobilla  tan  ilustre  por  su 
cuna  como  por  sus  virtudes.  Ejerció, 
dentro  de  su  Provincia,  el  difícil  cargo 
de  la  predicación,  y  logró  fama,  según 
Nicolás  Antonio,  de  varón  excelente  en 
piedad  y  celo  por  la  salvación  de  las 
almas.  Dejó  escrito,  como  dicho  queda, 
un  libro  titulado: 

Joyel  de  la  Madre  de  Dios.  En  Mur- 
cia, 1629  o  en  1650,  según  el  autor  de  la 
Bibliotheca  Universa  Franciscana,  cu- 
yas palabras  vamos  a  copiar  por  lo  que 


servir  puedan  de  ilustración  a  este  bre- 
ve artículo: 

«Lucas  a  S.  Francisco  de  la  Tobilla 
(dice),  Hispanus  genere  clarus,  strictioris 
Observantiae  Discalceatorum  Provinciae 
S.  Joannis  fervidissimus  Concionator,  et 
a  confessionibus  Principis  Philiberti  Pro 
Regis  Valentiae,  absque  peccati  mortalis 
sorde  (ex  testimonio  sui  Confessarii)  vita 
transacta,  suae  pietatis  monumentum  re- 
liquit,  praenotatum:  Monile  Deiparae  setn- 
per  Virginis  Mariae.  Murciae  1650,  in  12.*^ 
Hispano  sermone.» 

Fuentes  (Don  Tomás). 

Nació  en  Valencia  en  21  de  diciembre 
de  1748.  Estudió  en  aquella  Universi- 
dad, en  la  que  se  graduó  de  Doctor  en 
Teología.  Abrazó  entonces  el  estado 
eclesiástico,  y  ordenado  de  Diácono, 
obtuvo  en  el  Seminario  Conciliar  de 
San  Fulgencio,  de  Murcia,  su  famosa 
cátedra  de  Retórica,  pasando  años  des- 
pués a  Madrid,  donde  sostuvo  «con  mu- 
cha brillantez>,  según  expresión  de  los 
autores  de  la  Biografía  Eclesiástica, 
las  oposiciones  a  un  canonicato  en  San 
Isidro,  para  el  cual  salió  nombrado,  si 
bien  no  llegó  a  tomar  posesión,  por  ha- 
berle sorprendido  la  muerte  hacia  el  año 
de  1780. 

Dejó  escritos  cuatro  discursos  u  ora- 
ciones, en  latino  idioma,  compuestos, 
los  tres  primeros,  y  pronunciados  en  el 
referido  Colegio  Seminario,  de  los  cua- 
les sólo  dos  llegaron  a  ver  la  luz  pública 
en  las  prensas  murcianas,  por  lo  que  de 
ellos  volveremos  a  ocuparnos  en  el  lu- 
gar correspondiente.  Fué  escrito  y  pro- 
nunciado el  primero  en  1776,  con  mo- 
tivo de  haber  sido  nombrado  Secretario 
de  Estado  nuestro  insigne  don  José  Mo- 
ñino,  Conde  de  Floridablanca,  y  lo  con- 
servaba manuscrito,  según  Fuster,  el 
Pavorde  de  la  Iglesia  de  Valencia  don 
Mariano  Liñán.  Trata  el  segundo  sobre 
el  Uso  de  las  humanas  ciencias  confor- 


76 


me  a  la  Teología  (Murcia,  1777);  y  el 
tercero  sobre  el  mejor  orden  o  Método 
perfecto  en  los  estudios  de  la  Teología. 
(Ibidem,  1778). 

En  cuanto  al  último,  conservábalo 
también  manuscrito  el  referido  Liñán, 
y  tenía  o  tiene  por  título  Thomae  Fuen- 
tes oratio  de  praestantiá  sapientiae, 
ignorándose  la  época  y  lugar  en  que  lo 
pronunció,  y  sabiéndose  únicamente 
por  el  exordio,  que  lo  compuso  algunos 
años  después  de  haber  dejado  el  estudio 
de  las  Humanidades  y  dedicádose  al  de 
la  Filosofía. 

Fuster:  Tom.  II,  pág.  527. 

Funes  (Fr.  José  Antonio). 

Religioso  del  Orden  de  Predicadores, 
Cómo  no  estamos  seguros  de  que  sea 
murciano,  por  más  que  nos  lo  parece, 
no  lo  hemos  incluido  en  el  anterior  Ca- 
tálogo, y  sí  lo  hacemos  en  el  presente. 
Floreció  a  mediados  del  siglo  xviu;  fué 
Lector  habitual  de  Teología,  morador 
en  el  Real  Convento  de  Santo  Domingo 
de  Murcia,  y,  según  parece,  hubo  de  lo- 
grar en  su  tiempo  alguna  fama  como 
orador  y  como  maestro  en  su  ciencia. 
He  aquí  lo  que  el  aprobante  de  uno  de 
sus  sermones,  don  Fr.  Diego  Tello  Laso 
de  la  Vega,  dice  a  este  propósito: 

«El  nombre  del  autor  basta  para  reco- 
mendación de  el  Sermón;  pues  es  notoria 
la  grande  estimación  que  en  Murcia  y  fue- 
ra de  ella,  se  han  adquirido  sus  fatigas  de 
Pulpito  y  Cathedra.» 

Dio  a  la  luz  pública,  que  hasta  ahora 
sepamos: 

«Lealtad  testimoniada,  por  el  distin- 
guido número  de  Escribanos  y  Procura- 
dores de  la  muy  noble,  leal  y  siete  ve- 
ces coronada  Ciudad  de  Murcia,  a  nues- 
tro Catholico  Rey  y  señor,  el  señor  don 
Carlos  Tercero  de  Borbón,  proclamado 
Monarcha  de  las  Españas.  Oración  a  su 


gloriosa  Exaltación.»  Con  licencia  en 
Murcia,  por  Phelipe  Teruel,  1760. 

Véase  el  mismo  autor  en  nuestro  Ca- 
tálogo de  Impresos  en  Murcia. 

Funes  y  Mendoza  (Don  Diego  de). 

Aunque  don  Nicolás  Antonio  lo  hace 
murciano,  creemos  que  sólo  pudo  indu- 
cirle a  ello  la  circunstancia  de  verle 
avecindado  en  Murcia  desde  principios 
del  siglo  XVII,  no  pudiendo  menos  nos- 
otros de  atenernos,  en  esto,  a  la  autori- 
dad de  Latassa,  que  al  ocuparse  de  este 
insigne  naturalista,  dice: 

«Nació  en  Zaragoza  como  a  mitad  del 
siglo  XVI,  y  fué  hijo  de  don  Jaime,  ciuda- 
dano de  la  misma,  de  quien  trata  Estevan 
en  su  adición  al  Libro  del  modo  de  proce- 
der en  las  Cortes  de  Aragón,  de  Blancas, 
y  de  que  nuestro  don  Diego  se  armó  Ca- 
ballero y  compareció  en  las  Cortes  cele- 
bradas el  año  de  1585.» 

A  principios  del  siglo  xvn,  como  di- 
cho queda,  avecindóse  en  Murcia,  y  no 
sabemos  que  saliese  ya  de  esta  ciudad, 
donde  probablemente  halló  el  fin  de  sus 
días,  en  tiempo  que  también  ignoramos. 

Fué  don  Diego  varón  estudiosísimo  y 
muy  versado,  particularmente  en  pun- 
tos de  cosas  naturales,  por  el  cultivo  de 
cuya  ciencia  hubo  de  obtener  mereci- 
dos aplausos  y  alabanzas. 

Escribió: 

«Historia  General  de  aves  y  animales, 
de  Aristóteles  Estagerita.  >  Traducida 
del  latín  en  romance  y  añadida  de  otros 
muchos  autores  griegos  y  latinos  que 
trataron  deste  mesmo  argumento,  por 
Diego  de  Funes  y  Mendoza,  vecino  de 
Murcia.  A  don  Cristóbal  de  Avela, 
Chantre  y  Canónigo  de  la  Santa  Iglesia 
de  Cartagena,  refrendario  de  nuestro 
muy  Santo  Padre  Paulo  Papa  V,  en  am- 
bas asignaturas.  Valencia,  1621,  por  Pe- 
dro Patricio  Mey,  junto  a  S.  Martín. 


~  77  - 


A  costa  de  Juan  Bautista  Marcal,  im- 
pressor. 

En  4.«'-XXX  +  441  págs.— Portada.— Privilegio  Real, 
dado  en  San  Lorenzo  a  15  de  junio  de  1613. — Aprobacio- 
nes de  Fr.  Jerónimo  Sanahuja,  de  Hernando  de  Salazar, 
de  Fr.  Francisco  Pamane  y  de  Hernando  del  Castillo.— 
Epigrama  latino  y  tres  sonetos  en  castellano.— Texto. 


Habla  extensamente  de  este  libro  don 
Braulio  Antón  Ramírez  en  su  Dicciona- 
rio de  Bibliografía  Agronómica. 

Véase  Hidalgo  (L.  Martín)  en  nues- 
tro anterior  Catálogo. 


G 


Galán  (Fr.  Pedro). 

Padre  Franciscano  de  la  Observante 
Provincia  de  Cartagena;  natural  de  la 
Mota,  en  la  Mancha,  y  domiciliado  en 
Murcia  no  escaso  tiempo.  De  él  nos  dice 
el  P.  Ortega,  que  fué  «uno  de  los  bue- 
nos ingenios  de  su  tiempo»:  Colegial 
Mayor  del  insigne  de  San  Pedro  y  San 
Pablo  de  la  Universidad  de  Alcalá,  Lec- 
tor de  Sagrada  Teología  en  el  Convento 
de  San  Francisco  de  la  ciudad  de  Mur- 
cia, Guardián  en  los  de  Alcázar  de  San 
Juan,  Cuenca  y  Murcia,  dos  veces  defi- 
nidor de  la  citada  Provincia,  otra  Cus- 
todio, y  últimamente  Vicario  o  Comi- 
sario de  ella.  Floreció  en  el  último  tercio 
del  siglo  XVI  y  primeros  años  del  xvii, 
y  dejó  escritos  varios  sermones,  algu- 
nos de  los  cuales  fueron  impresos,  como 
veremos. 

Fué,  efectivamente,  el  P.  Galán  inge- 
nio no  vulgar,  y  muy  apto,  sobre  todo, 
para  las  descripciones  oratorias. 

Los  sermones  que  dio  a  la  estampa 
son: 

l.°  «Sermón  que  predicó  el  P.  Fray 
Pedro  Galán,  Lector  de  Theología,  y 
Custodio  de  la  provincia  de  Carthage- 
na,  en  la  translación  de  los  huessos  del 
lUustrissimo  Marqués  de  Ayamonte  y 
de  la  Marquesa  su  madre,  en  el  Capí- 
tulo que  se  celebró  en  San  Francisco  de 
Sevilla  a  25  de  Octubre  de  1608».  Diri- 


gido a  la  Illustrissima  Señora  Doña  Ana 
de  ^uniga  y  Sotomayor,  Marquesa  de 
Ayamonte,  &.  (S.  1.  ni  L) 

En  4.".— 20  págs.  sin  numerar.— Slgns.  A-C2.— Por- 
tada.—Dedicatoria.— Texto. 

2.^  «Sermón  predicado  por  el  P.  Fr. 
Pedro  Galán...  en  la  festividad  de  la  In- 
maculada Concepción  Reyna  de  todos 
los  Santos».  Cuenca,  1615. 

En  4.0 

García  (Fr.  Jerónimo). 

Religioso  Franciscano  de  la  Provin- 
cia de  la  Regular  Observancia  de  Car- 
tagena. Ignoramos  si  será  murciano,  y 
sólo  de  él  sabemos  que  ejerció  los  car- 
gos de  Predicador,  de  Maestro  de  Cere- 
monias, y  de  Vicario  de  Coro  en  el  Con- 
vento de  San  Francisco  de  la  Ciudad 
de  Murcia,  habiendo  florecido  con  algu- 
na fama  de  hombre  docto,  en  el  primer 
tercio  del  siglo  xviii. 

Don  Fr.  Antonio  Segovia  y  Monte- 
agudo,  Doctor  en  Teología  y  Examina- 
dor Sinodal  del  Obispado  de  Cartagena, 
al  censurar  el  libro  de  este  autor  titula- 
do Compendio  de  las  Ceremonias  que 
usan  los  Religiosos  de  San  Francisco  en 
esta  Santa  Provincia  de  Cartagena  etc., 
hace  de  él  el  siguiente  elogio: 

«...  En  su  misma  obra  están  centellando, 
así  la  erudición  y  noticia  de  las  Rúbricas, 
Decretos  de  Congregaciones  Sagradas,  y 
Constituciones  de  la  Religión,  como  tam- 


-  79  - 


bien  su  fervoroso  zelo  y  Religiosidad, 
pues  qual  oficiosa  abexa,  que  para  labrar 
lo  hermoso,  dulce  y  vistoso  del  panal,  y 
franquearlo  al  beneficio  común,  ni  dexa 
ñor  cuya  medula  no  saque,  ni  árbol,  plan- 
ta o  yerva,  cuyo  rocío  no  chupe...;  así  pues 
el  autor  desta  obra,  sacando  de  los  autores 
de  más  séquito,  que  sobre  estos  asuraptos 
han  escrito  las  mejores  flores  y  noticias, 
que  a  su  deseado  fin  pueden  cooperar,  nos 
labra  en  este  Compendio  un  panal  tan 
vistoso,  como  grato  al  gusto;  para  que 
practicando  sus  instrucciones  y  documen- 
tos, logremos  los  espirituales  frutos,  que 
sin  duda  se  siguen  de  su  arreglada  prác- 
tica.» 

También  le  conocemos  como  autor  de 
una  Novena  a  San  Antonio  de  Padua, 
de  la  cual,  y  del  ya  citado  compendio, 
por  hallarse  ambos  escritos  publicados 
en  Murcia,  nos  ocuparemos  más  larga- 
mente en  nuestro  Catálogo  de  Impresos 
en  dicha  Ciudad. 

Véase  García  (Fr.  Jerónimo)  en  dicha 
Sección. 

García  (Fr.  Manuel). 

Religioso  del  Orden  calzado  de  la  Tri- 
nidad, natural  de  San  Felipe  de  Játiva, 
vecino  de  Orihuela  algún  tiempo,  y  do- 
miciliado en  Murcia  desde  1707  a  1722 
seguramente,  o  tal  vez,  hasta  más  avan- 
zada fecha.  Fué  Maestro  en  Sagrada 
Teología,  varón  sabio  y  virtuoso;  y  a  sus 
excelentes  prendas  y  señalados  méritos 
debió  el  ser  nombrado  Calificador  del 
Santo  Oficio  de  la  Inquisición  en  los  tri- 
bunales de  Valencia  y  Murcia;  dos  veces 
Ministro  del  Conventó  de  la  ciudad  de 
Orihuela;  Examinador  Sinodal,  luego, 
de  aquel  Obispado,  y  después  del  de  Car- 
tagena, no  sabemos  hasta  cuándo,  ni  la 
fecha  tampoco  en  que  bajó  al  sepulcro. 

Citaremos  de  él  hasta  cinco  produc- 
ciones, tres  de  ellas  impresas  en  Mur- 
cia (Oraciones  panegíricas:  1  .^  Al  naci- 
miento del  Príncipe  de  Asturias  don 
Luis  Fernando;  2?-  A  la  Virgen  de  los 


Dolores,  y  3.^  A  Nuestra  Señora  del  Re- 
medio), por  lo  que  las  reservamos  para 
nuestra  Sección  de  Impresos  en  dicha 
ciudad.  Las  restantes  son: 

4.*  cSermón  de  la  lumbrera  mayor, 
María,  con  el  título  de  la  Salud,  coloca- 
da en  el  Setabitano  Firmamento,  vene- 
rada en  el  Templo  de  Santa  Tecla.»  Va- 
lencia, por  Vicente  Cabrera,  1688.  En  4.° 

5.^  «Triunfos  de  un  punto,  laureles 
de  un  instante,  en  Sermón  de  la  Con- 
cepción de  la  Virgen.»  Valencia,  en  la 
Imprenta  del  Convento  del  Remedio, 
16%.  4.**  Títulos,  por  los  que  desde  luego 
se  comprende  que  el  autor  participaba 
del  mal  gusto  de  su  época. 

García  de  Galarza  (Dr.  Don  Pedro). 

Natural  de  Bonilla,  en  la  provincia 
de  Cuenca,  y  avecindado  algunos  años 
en  la  ciudad  de  Murcia,  como  Canónigo 
Magistral,  que  fué,  de  la  Santa  Iglesia 
de  Cartagena,  por  lo  que  suponemos, 
dadas  su  gran  sabiduría  y  literatura, 
que  debió  contribuir  no  poco  al  esplen- 
dor logrado  por  las  murcianas  letras  du- 
rante el  gran  siglo. 

De  él  no  sabemos  más  que  lo  que  nos 
dicen  Gil  González  Dávila  y  Nicolás 
Antonio,  a  saber:  que  tuvo  por  padres  a 
don  Pedro  García  de  Galarza  y  a  doña 
Francisca  Martínez  de  Leiva;  que  estu- 
dió, primero,  en  uno  de  los  Colegios  de 
la  Universidad  de  Sigüenza,  y  luego  en 
el  de  San  Bartolomé  de  Salamanca,  en 
donde,  ya  investido  con  la  toga  (22  de 
abril  de  1562),  y  después  de  hacerse 
consumado  filósofo,  obtuvo  con  gran  lu- 
cimiento la  borla  de  Doctor;  que  fué  pe- 
ritísimo en  letras  sagradas,  y  que,  lle- 
gada la  fama  de  su  nombre  hasta  el  Rey 
don  Felipe  U,  fué  elevado  por  éste  des- 
de su  dicha  Canonjía  de  Murcia,  a  la 
primera  dignidad  sacerdotal  de  Coria, 
cuya  Iglesia  gobernó  desde  1579  hasta 
su  muerte,  habiendo  dado  muchas  li- 


-  80  - 


mosnas  a  los  Conventos  de  su  Obispa- 
do; erigido  uno  de  Monjas  en  su  patria, 
reedificado  los  Palacios  Episcopales  de 
Coria,  Cáceres  y  Santa  Cruz,  y  dejado 
varias  Pías  fundaciones,  entre  ellas  la 
de  una  misa  cantada  a  Nuestra  Señora 
en  la  Iglesia  de  Murcia.  Escribió: 

«Evangelicarum  Institutionum  Libri 
octo,  Ad  Philippum  secundum  Hispa- 
niarum  Regem*.  Authore  P.  Garzia  Ga- 
larza  Bellanensi,  Doctore  Theologo,  pu- 
blico Salmanticae  Philosopho,  Episcopo 
Cauriensi.  (Escudo  de  A.  R.)  Cvm  pri- 
legio.  Excudebat  Alfonsus  Gomecius 
Regis  Catholici  Tipographus,  Mantuae 
Carpetanae,  1579. 

En  4.°.— 182  hojas,  con  12  más  de  prellms.  sin  nume- 
rar.—Signs.  a,  A-Z.— Portada.— V.  en  b. —Dedicatoria 
— Prefacio. — Tasa. — Licencia  al  autor  por  esta  vez. — In- 
dex.—Gaspar  Santlus  In  laudem  auctoris,  Epigram- 
ma.— Hieronyml  Ramiri  in  laudem  operis,  Epigram- 
ma.— Index  Rerum. — Censura  de  Sebastián  Pérez. — Pá- 
gina en  b.— Texto.  (Blbl.  del  Conde  de  Roche). 

La  curiosidad  que  para  nosotros  ofre- 
ce este  libro  es  el  Epigrama  latino  que 
en  su  alabanza  puso  al  frente  el  distin- 
guido poeta  murciano  don  Jerónimo 
Ramírez,  hermano,  como  dicho  queda, 
de  nuestro  famoso  Racionero  y  no  me- 
nos docto  poeta  don  Diego  Ramírez 
Pagan. 

García  Lo  ais  a  (Fr.  Juan). 

Nació  en  la  villa  del  Campo  de  Crip- 
tana  el  año  de  1603,  según  consta  de 
ciertas  Informaciones  sobre  su  vida  y 
costumbres,  que  consultó  el  P.  Ortega, 
y  que  en  tiempo  de  éste  existían  en  el 
archivo  del  Convento  de  San  Francisco, 
de  la  ciudad  de  Murcia.  Fueron  sus  pa- 
dres Juan  García,  natural  de  Buendía,  y 
María  Fernández  López,  de  la  referida 
villa  del  Campo.  Vistió  el  hábito  fran- 
ciscano a  la  edad  de  diez  y  seis  años  en 
el  precitado  Convento  de  Murcia,  pro- 
fesando, en  el  mismo,  al  siguiente  año, 
o  sea  en  1620.  Trascurridos  siete,  fué 


admitido  como  Opositor  a  las  Cátedras 
de  Artes;  y  en  1633  fué  nombrado  Lec- 
tor de  Teología  para  el  dicho  Convento, 
no  logrando  su  jubilación  en  tal  em- 
pleo, por  no  sabemos  qué  interpolacio- 
nes ocurridas  en  su  carrera  de  Lecturía, 
hasta  el  año  de  1650.  Después  obtuvo 
los  cargos  de  Definidor  y  Custodio  de 
su  Provincia  de  Cartagena  (1652  y  1663 
respectivamente);  Comisario  Visitador 
de  la  Provincia  de  Andalucía  (1659); 
Guardián  del  referido  Convento  de  San 
Francisco  de  Murcia  (1660);  y  última- 
mente, en  1666,  Calificador  del  Santo 
Oficio  de  la  Inquisición,  y  Maestro  Pro- 
vincial o  Prelado  de  la  Familia  de  su 
Orden;  muriendo  a  los  cinco  meses  aún 
no  cumplidos  de  su  Provincialato,  en  el 
Convento  de  Alcázar  de  San  Juan,  y  a 
los  primeros  días  del  mes  de  agosto. 

Hubo  de  ser,  según  parece,  el  P.  Loai- 
sa  gran  devoto  de  la  Virgen,  principal- 
mente en  el  misterio  de  su  inmaculada 
Concepción,  a  cuyo  asunto,  directa  o 
indirectamente  se  refieren  la  mayor  par- 
te de  los  tratados  que  dio  a  la  luz  públi- 
ca, y  son  los  siguientes,  conforme  al 
testimonio  de  los  PP.  Fr.  Juan  de  San 
Antonio  y  Fr.  Pablo  Manuel  Ortega: 

1.°  «Risa  del  Al  va».  Lovaina.  1663. 
En8.« 

Escrito  en  defensa  o  alabanza  del  Sol 
Veritütis  del  docto  Fr.  Pedro  de  Alva. 

2.°  «Sermón  de  Peor  está  que  esta- 
ba». Madrid.  1663-4.° 

3.°    «Rosa  Seraphica».  1663.  Fol. 

4.°  «Tratado  de  Derecho  Canónico 
Regular».  Sevilla.  1659.  4.« 

Escrito  por  el  autor  durante  su  per- 
manencia en  Andalucía  y  en  defensa  de 
un  P.  Custodio  de  aquella  provincia. 

5.°  «Tratado  de  los  servicios  hechos 
a  la  Iglesia  por  la  Seraphica  Religión  en 
el  Asia  y  África». 

Obra  manuscrita  «muy  dilatada»,  se- 
gún expresión  del  P.  Ortega,  adquirida, 


-  81  - 


que  fué  por  el  Husmo,  señor  Mañero 
cuando  pensó  continuar  la  Historia  Se- 
ráfica del  Obispo  de  Mantua  señor  Gon- 
zaga,  y  extraviada  luego,  entre  otros 
innumerables  manuscritos  a  la  muerte 
de  aquel  mitrado. 

Son  notables  las  siguientes  palabras, 
que  con  motivo  de  los  tres  primeros 
tratados  ya  referidos  de  nuestro  García 
de  Loaisa,  trae  el  citado  cronista  Orte- 
ga relativas  al  eruditísimo  crítico  y  bi: 
bliógrafo  don  Nicolás  Antonio: 

«El  erudito  don  Nicolás  Antonio  en  su 
Biblioteca  Hispana  (dice)  atribuye  estos 
tres  tratados  de  Concepción,  a  nuestro 
doctísimo  Alva.  No  creeré  fuese  el  deseo 
de  aumentarle  glorias  a  este  Franciscano 
Héroe,  y  tomara  a  buen  partido  que  sin 
acrecentarle  escritos  le  tratara  los  propios 
y  su  persona  con  la  estimación  que  se 
debe,  y  que  tanto  se  merece;  pero  a  la  ver- 
dad miró  siempre  don  Nicolás  Antonio  al 
Rmo.  Alva  de  malos  ojos,  y  es  que  los  tenía 
enfermos  del  original  polvo  de  la  pa- 
sión...» 

«Algunos  críticos  se  usan  que  abusando 
del  nombre  de  critica,  parece  que  lo  equi- 
vocan y  toman  por  lo  mismo  que  libertad, 
tomándose  la  que  sobra  para  todo  cuanto 
escriben.  Este  señor  crítico,  tan  celebrado 
de  tal,  necesitaba  de  mucha  crítica  en  su 
crítica;  no  sólo  en  el  sentido  dicho  (pues 
necesitaba  reformar  los  muchos  arrojos, 
deslices  y  borrones  de  su  pluma,  que  dexó 
caer  muchos  en  el  humilde  Sa^^al  Seraphi- 
co)  si  también  en  sus  obras  tan  celebradas 
de  críticas.  En  solos  sus  dos  tomos  de  su 
Biblioteca  Nova,  le  tengo  advertidos  más 
de  cien  puntos,  faltos  a  la  verdad,  en  sólo 
el  recinto  de  esta  Provincia  (la  de  Carta- 
gena), en  las  materias  históricas  Chronoló 
gicas  y  Geográficas.  No  es  esto  extrañarlo, 
por  ser  una  obra  tan  vasta  y  extensa,  pero 
ni  tampoco  debiera  extrañarlo  este  señor 
Crítico  de  las  obras  del  doctísimo  Alva, 
pues  no  son  menos  extensas  y  dilatadas... 
etcétera.» 

García  de  la  Yedra  (Dr.  Don  Juan). 

Floreció  a  últimos  del  siglo  xvii  y  pri- 
meros del  xviii,  y  fué  Canónigo  Magis- 


tral de  la  Catedral  de  Murcia,  Examina- 
dor Sinodal  de  la  Diócesis  de  Cartage- 
na, Juez  Subdelegado  de  la  Santa  Cruza- 
da, y  Gobernador,  en  sede  vacante,  de 
este  Obispado,  después  de  haber  sido 
Colegial  del  Mayor  de  San  Ildefonso 
de  Alcalá  y  Catedrático  de  Artes  y  Teo- 
logía en  la  Cátedra  de  Escoto  de  dicha 
Universidad.  He  aquí  las  noticias  que 
de  su  persona  nos  da  el  autor  de  la 
Aprobación  puesta  al  frente  del  Sermón 
que  abajo  citamos,  doctor  don  Bartolo- 
mé García  Ocón: 

cEs  también  no  corta  dicha  mía  ser  elo- 
giante de  un  Orador,  cuyas  eminentes  y 
muchas  prerrogativas,  son  a  todos  noto- 
rias, pues  con  ellas  mismas  desmiente  a 
quien  émulo  o  critico,  tuviesse  valor  para 
afirmar,  que  mis  cláusulas  en  su  alabanza 
padecen  el  vicio  de  lisonja.  Testigos  de 
mayor  excepción  son  esta  Ciudad  de  Mur- 
cia, y  mi  Santa  Iglesia;  que  por  espacio  de 
20  años  continuos  han  desfrutado  el  creci" 
do  caudal  de  su  prudencia,  doctrina  y 
exemplo. 

»Pero  aún  antes  se  dexó  admirar  en  el 
mundo  su  prudencia,  que  éste  le  imaginas- 
se  hábil  para  exercerla.  Joven  era  en  los 
años,  y  ya  la  Universidad  grande  de  Alca- 
lá le  veneraba  adulto  en  las  costumbres.» 

Por  lo  que  a  nosotros  respecta,  cono- 
cemos de  él,  además  de  un  sinnúmero 
de  Aprobaciones  puestas  al  frente  de 
varios  libros  impresos  en  su  tiempo,  el 
siguiente  sermón  titulado: 

cAcción  de  Gracias,  Solemnissima 
Fiesta  votiva  en  desagravio  del  Santissi- 
mo  Sacramento,  y  obsequio  de  María 
Santissima».  En  Murcia,  por  Mesnier. 
Año  de  1712. 

Véase  nuestra  Sección  de  Impresos  en 
Murcia. 

GiMiEL  (Don  Guillen). 

Francés  de  nación  y  Obispo  de  Car- 
tagena desde  1375  a  1383.  De  él  escribe 
el  señor  Díaz  Cassou: 

6 


«Don  Guillen  Gimiel,  sabio,  obispo,  car- 
denal y  legado  del  Papa,  fué  por  muchos 
conceptos  hombre  eminente,  y,  como  obis- 
po de  Cartagena,  uno  de  los  que  más  han 
merecido.  Y  si  todavía  este  olvido  de  la 
posteridad  tuviera  disculpa,  no  la  tendría 
la  ligereza,  el  error  próximo  a  calumnia, 
con  que  el  maestro  Gil  González  Dávila 
afirma  que  no  vino  a  España  ni  vio  su 
iglesia,  sus  frutos  sí;  porque  precisamen- 
te es  uno  de  los  o'bispos  que  dejaron  más 
huellas,  y  cuya  permanencia  en  la  dióce- 
sis está  más  comprobada.  Presidió  en  per- 
sona el  sínodo  del  lunes  7  de  mayo  de  1375; 
con  el  que  puede  decirse  que  inaugura  su 
episcopado;  y  lo  cerró,  casi,  presidiendo 
también  el  sínodo  del  viernes  18  de  abril 
de  1382;  y  si  no  hizo  lo  mismo  en  el  del 
viernes  6  de  abril  de  1380,  fué  porque  se 
hallaba  en  Alguazas,  de  donde  no  pudo 
venir  a  causa  de  grandes  lluvias  y  desbor- 
damientos. Consiguió  que  el  Rey  ordena- 
ra al  almoxarife  que  le  rindiera  cuenta  y 
le  pagara;  fundió  la  primitiva  campana  de 
los  conjuros,  llamada  hoy  de  los  Moros;  y 
otorgó  una  declaración  sobre  beneficios 
que  no  correspondía  proveer  al  obispo 
solo,  sino  al  obispo  con  su  cabildo...  Mu- 
rió en  Aviñón,  en  1348.» 

Este  Obispo  es  también  autor  de  unas 
Constituciones  para  el  Gobierno  de  la 
Iglesia  de  Cartagena;  Constituciones 
que  todavía  se  conservan  manuscritas 
en  la  Biblioteca  del  Escorial. 

Véase  Gimiel  en  nuestra  Sección  de 
Manuscritos. 

GisBERT  (Don  Gregorio). 

Nació  en  la  villa  de  Alcoy  a  24  de 
enero  de  1799.  En  la  Universidad  de 
Valencia  estudió  la  Filosofía  y  Teolo- 
gía, las  lenguas  hebrea,  griega  y  leyes; 
obtuvo  los  grados  de  Bachiller  y  Maes- 
tro en  Artes,  y  de  premio  por  oposi- 
ción, los  de  Bachiller  y  Doctor  en  Teo- 
logía. Allí  mismo  enseñó  Filosofía  cua- 
tro años.  Fué  Colegial  del  Mayor  de 
Santo  Tomás  de  Villanueva,  y  en  el 
Colegio  Conciliar  de  San  Fulgencio,  de 
Murcia,  Catedrático  de  Teología  y  Vi- 


cerrector: asimismo  Cura  propio  de  la 
parroquia  de  San  Lorenzo,  de  la  misma 
ciudad;  y  en  las  epidemias  que  se  pade- 
cieron en  ésta  los  años  de  1811  y  12  asis- 
tió espiritual  y  corporalmente,  con  toda 
clase  de  auxilios,  a  los  contagiados, 
hasta  quedar  vencido  y  moribundo  del 
mismo  mal.  En  aquellas  críticas  circuns- 
tancias quedó  encargado  por  el  Ilustrísi- 
mo  Prelado  de  la  diócesis  del  gobierno 
eclesiástico  de  la  ciudad  y  demás  pue- 
blos epidemiados.  Fué  socio  nato  y  Cen- 
sor de  la  Real  Sociedad  Patriótica  de 
Amigos  del  País  de  Murcia.  Logró  un  ca- 
nonicato de  la  Real  Iglesia  de  San  Isidro, 
de  Madrid,  y  el  Ilustrísimo  señor  Arzo- 
bispo de  Burgos  lo  eligió  Gobernador 
de  su  diócesis  con  aprobación  de  su  Ma- 
jestad, en  cuyo  cargo  sucedió  al  Ilustrí- 
simo señor  Arzobispo  de  Santa  Fe  de 
Bogotá,  que  por  su  fallecimiento  la  dejó 
vacante.  Después  de  la  muerte  del  Ar- 
zobispo de  Burgos  fué  reelegido  por 
unanimidad  de  votos  del  Cabildo  de 
aquella  Iglesia  Metropolitana,  que  en 
ello  dio  un  testimonio  clásico  de  que  le 
había  sido  grata  la  prudencia,  modera- 
ción y  celo  con  que  se  había  conducido 
en  circunstancias  sumamente  críticas... 

Actualmente  (1827)  está  en  su  patria 
de  Catedrático  de  Matemáticas  y  Geo- 
grafía del  establecimiento  científico, 
que  con  aprobación  de  su  Majestad  ha 
eregido  la  Real  fábrica  de  paños  de  la 
villa  de  Alcoy  con  el  ñn  de  proporcio- 
nar a  sus  innumerables  individuos  una 
educación  capaz  de  servir  a  sus  ulterio- 
res adelantamientos  y  que  los  ponga  al 
nivel  de  los  conocimientos  de  las  nacio- 
nes extranjeras. 

Ha  publicado: 

1.  «Vindicias  de  la  Sagrada  Biblia 
contra  los  tiros  de  la  Incredulidad  y  su 
justificación  y  defensa  de  toda  nota  de 
contrariedad  con  la  humana  razón,  con 
los  monumentos  de  la  historia,  ciencias 


-  83 


y  artes:  la  física,  la  teología,  la  crono- 
logía, la  geografía,  la  astronomía,  etc. 
Obra  escrita  en  francés  por  M.  el  Ab. 
Duclot,  Cura  y  Arcipreste  que  fué  de  la 
Diócesis  de  Ginebra,  traducido  al  espa- 
ñol por  un  Doctor  Presbítero,  con  las 
mejoras  de  que  se  da  cuenta  en  la  ad- 
vertencia del  traductor.»  Madrid,  Im- 
prenta que  fué  de  Fuentenebro.  1825 
y  26. 

Siete  tomos  en  8." 

El  traductor  y  las  mejoras  son  (aun- 
que no  llevan  nombre)  del  señor  Gis- 
bert,  el  que  ha  tenido  la  satisfacción  de 
que  Dios  bendijese  este  su  trabajo  por 
lo  mucho  que  ha  corrido  por  toda  la  Es- 
paña, y  aun  en  las  Américas. 

De  esta  traducción  habla  con  elogio 
el  señor  don  Tomás  José  González  Car- 
vajal en  la  pág.  54  del  tomo  VI  de  Los 
libros  poéticos  de  la  Santa  Biblia,  con 
que  tanto  honor  está  dando  a  la  litera- 
tura de  nuestra  nación.  Celébrala  igual- 
mente el  P.  M.  Fr.  José  de  Jesús  Muñoz, 
Agustiniano,  en  la  pág.  307,  tomo  1.°  de 
su  Tratado  del  verdadero  origen  de  la 
Religión.... y  etc. 

2.  «Catecismo  histórico- dogmático- 
moral  de  la  Religión  Cristiana.  Dispo- 
níale en  verso  para  mayor  aliciente  e 
ilustración  de  los  niños  de  ambos  sexos, 
después  de  instruidos  en  el  Catecismo 
Diocesano,  don  Timoteo  Filonepión, 
Doctor  en  Sagrada  Teología».  Madrid, 
Imprenta  de  Vargas,  1827.  En  12.° 

Es  obra  original  del  señor  Gisbert. 

3.  cAnti-Lucrecio  del  Cardenal  de 
Polignac,  traducido  en  verso  español». 

Estando  ya  esta  traducción  muy  ade- 
lantada, fué  interrumpida  por  otras  ocu- 
paciones a  que  tuvo  que  atender...» 

Fuster:  Bibl.  Valenciana.  Tomo  2.°, 
págs.  452  y  53. 


Gómez  Navarro  (Fr.  Juan). 

Religioso  de  la  Orden  de  Predicado- 
res, y  morador  durante  muchos  años  en 
el  Real  Convento  de  Santo  Domingo  de 
la  ciudad  de  Murcia,  donde  ejerció  el 
cargo  de  Lector  habitual  de  Teología 
con  gran  provecho  y  lucimiento.  Pocas 
noticias  tenemos  de  sus  escritos;  pero 
según  el  aprobante  del  sermón  suyo  que 
abajo  citamos,  parece  ser  que  hubieron 
de  ser  grandes  y  muy  extendidas  las  ta- 
reas literarias  y  científicas  a  que  duran- 
te su  vida  estuvo  consagrado. 

Su  título  es: 

«El  Grande,  Mayor,  y  Máximo  Nuevo 
Templo  de  San  Salvador  del  Convento 
de  Religiosas  de  Verónica...»  Elogiado 
en  un  Panegyrico  por  el  M.  R.  P.  Fr. 
Juan  Gómez  Navarro.  En  Murcia,  por 
Nicolás  Joseph  Villargordo  y  Alcaraz. 
En  4.° 

Véase  Gómez  Navarro  en  nuestra 
Sección  Tercera. 

González  (Fr.  Julián). 

Natural  de  la  provincia  de  Cuenca. 
Fué  Lector  de  Filosofía,  Predicador  Ge- 
neral, y  definidor  de  la  Santa  Provincia 
de  Cartagena  de  la  Regular  observancia 
de  San  Francisco.  Estuvo  dotado  de 
agudo  y  sutil  ingenio,  y  de  no  comunes 
dotes,  según  el  P.  Ortega,  para  el  ejer- 
cicio de  la  predicación,  en  que  se  hizo 
famoso.  Murió  en  1696,  en  el  Convento 
de  San  Lorenzo  de  la  Parrilla. 

No  obstante  la  fama  que  se  dice  alcan- 
zó por  sus  sermones,  no  dejó  publicadas 
más  obras  de  este  género  que  una  Ora- 
ción panegírica  de  las  llagas  de  San 
Francisco,  impresa  en  Murcia  en  1674, 
oración  citada  por  el  referido  P.  Ortega, 
y  por  el  autor  de  la  Biblioteca  Francis- 
cana con  el  título  que  expresaremos  en 
nuestra  Sección  de  Impresos  en  dicha 
ciudad. 


84  - 


González  (Fr.  Miguel). 

Religioso  Franciscano,  natural,  a  lo 
que  sospecho,  o  por  lo  menos  vecino, 
durante  mucho  tiempo,  de  la  ciudad  de 
Murcia,  y  morador  en  el  solitario  Mo- 
nasterio de  Santa  Catalina  del  Monte, 
de  dicha  ciudad.  Cítalo  varias  veces 
el  P.  Ortega,  designándole  siempre  con 
los  calificativos  de  docto  y  aventajado, 
y  como  autor,  además,  de  un  Memorial 
sobre  las  vidas  de  algunos  Religiosos 
Minoritas  de  la  provincia  de  Murcia: 
memorial  manuscrito  de  que  él  se  sirvió, 
en  unión  de  otros  documentos  por  el 
estilo,  para  la  formación  y  composición 
de  su  famosa  Crónica  de  la  Provincia 
de  Cartagena,  tantas  veces  citada  en  los 
presentes  estudios.  He  aquí  sus  palabras, 
tomadas  del  principio  de  la  vida  del  ve- 
nerable Lego  Franciscano,  natural  de 
Lorca,  Fr.  José  García: 

«Poco  días  después  de  la  muerte  de  este 
santo  Religioso,  con  el  deseo  de  que  no 
pereciese  la  memoria  de  sus  muchas  virtu- 
des, como  la  de  otros  innumerables  hijos 
de  esta  Provincia,  tomó  el  trabajo  de  co- 
rrer gran  parte  de  la  célebre  Huerta  de 
Murcia  y  su  campo,  el  P.  Fr.  Miguel  Gon- 
zález, ya  otras  veces  nombrado,  y  averi- 
guar muchos  sucesos,  que  se  publicaban 
dignos  de  perpetuarse,  para  la  común  edi- 
ficación. De  resultas  de  estas  averiguacio- 
nes y  diligencias,  formó  él  mismo  un  Me- 
morial, como  de  algunos  otros  Religiosos, 
según  dexamos  dicho,  dilatándose  sobra- 
damente en  la  formación  de  la  vida  de  este 
Siervo  de  Dios,  del  que  me  remitió  una 
copia  para  que  yo  me  aprovechase  de  esta 
y  colocase  en  esta  Chronica.> 

El  Memorial  en  cuestión  se  conserva- 
ba no  ha  mucho  tiempo,  según  noticias 
que  he  podido  inquirir,  en  el  archivo, 
ya  por  completo  despojado,  del  susodi- 
cho Monasterio  de  Santa  Catalina. 

González  Gallego  (Don  Arias). 

!       Celoso  Obispo  de   Cartagena  desde 
1565  a  1575. 


»D.  Arias  González  Gallego  o  D.  Gon- 
zalo Arias  Gallego,  que  de  ambos  modos 
han  dado  en  llamarle,  fué  natural  de  Ba- 
dajoz o  de  Jerez  de  los  Caballeros,  y  llegó 
a  ser  inquisidor  de  Aragón,  Obispo  de 
Gerona  desde  1553,  y  de  Cartagena  desde 
18  de  junio  de  1565,  aunque  no  quiso  tomar 
posesión  por  poderes  y  lo  hizo  en  persona 
al  año  siguiente  en  19  de  abril;  entre  su 
nombramiento  y  su  venida,  se  celebró  el 
auto  de  fe  de  9  de  diciembre  de  1565.  En 
Murcia,  como  en  Gerona,  acreditóse,  más 
que  de  sabio,  de  piadoso  y  ejemplar.  Asis- 
tió a  la  tercera  apertura  del  Concilio  de 
Trento,  llevando  de  Teólogo  al  Dr.  D.  Mi- 
guel Marzo.  No  se  celebró  en  tiempo  de 
este  Obispo  más  que  dicho  auto  de  fe  y  el 
de  8  de  junio  de  1567,  que  coincidió  con 
un  año  de  hambre...  Murió  en  Murcia  en 
28  de  abril  de  1575.» 

Don  Pedro  Díaz  Cassou,  autor  de  las 
precedentes  líneas,  en  su  erudita  Serie 
de  los  Obispos  de  Cartagena,  nos  calla 
una  interesante  circunstancia  de  este 
Prelado;  a  saber:  que  fué  el  que  mayor 
número  de  Sínodos  diocesanos  celebró 
en  Murcia,  o  sea,  desde  1566,  consecuti- 
va y  anualmente,  hasta  1573:  Sínodos  en 
que  se  hallan  disposiciones  suyas  de  bas- 
tante interés,  aunque  aquí  no  copiamos 
por  ser  demasiado  prolijas. 

Véase  González  Gallego  en  nuestra 
Sección  de  Manuscritos. 

Gutiérrez  (Fr.  Andrés). 

Por  el  mismo  P.  Ortega  sabemos  de 
este  venerable  Franciscano,  que  nació 
en  la  villa  de  Val-Paraíso,  en  el  Obispa- 
do de  Cuenca;  que  fué  nombrado  Lec- 
tor de  Teología  en  1710,  cuya  Cátedra 
desempeñó  hasta  jubilarse;  que  obtuvo 
después  los  cargos  de  Guardián  del  con- 
vento de  Cuenca,  de  Custodio  de  la  Pro- 
vincia de  Cartagena,  de  Vicecomisario 
de  la  de  Aragón,  de  Calificador  de  la 
Suprema,  y  de  Predicador  de  número 
de  S.  M.;  y  en  fin,  que  murió  en  el  con- 
vento de  San  Francisco,  de  la  ciudad  de 
Murcia,  en  el  año  de  1743.  Fué  también, 


-  85  - 


según  queda  dicho  en  otro  lugar,  uno 
de  los  primeros  ocho  colegiales  nombra- 
dos para  la  enseñanza  de  Filosofía  y 
Artes  en  el  Colegio  de  la  Purísima  Con- 
cepción de  dicha  ciudad,  y  autor  (según 
expresión  del  citado  cronista)  de  buen 
ingenio  y  mucha  opinión  en  lo  escho- 
lastico,  pero  muy  ardiente,  pronto  de 
natural,  y  demasiado  acre. 

«Dio  a  la  pública  luz  (añade)  quatro 
tomos  Predicables,  todos  en  4.*^,  por  el  or- 
den y  en  la  forma  siguiente:  Tomo  1,  titu- 
lado Sermones  Varios,  impreso  en  Valen- 
cia, año  de  1735.  Tomo  2,  con  el  mismo 
título,  impreso  en  la  misma  ciudad  en  1736. 
Tomo  3,  con  el  mismo  título,  impreso  en 
la  ciudad  de  Murcia  en  1738.  Y  el  4.°  tomo 
con  el  título  de  Quaresma,  impreso  en  la 
misma  ciudad  de  Murcia  en  1739.» 

He  aquí  la  descripción  bibliográfica 
de  los  dos  referidos  primeros  tomos  que, 
por  cierto,  poseemos: 

c  Sermones  varios  que  a  diferentes 
assumptos  dispuso  y  predicó  el  M.  R. 
P.  Fr.  Andrés  Gutiérrez,  Lector  Jubila- 
do; Calificador  de  el  Supremo  Consejo 
de  la  Inquisición;  Predicador  de  su  Ma- 
gestad;  Examinador  Sy nodal  de  el  Obis- 
pado de  Cuenca,  Padre  de  la  Provincia 
de  Aragón,  Ex-Custodio,  y  Padre  de 
esta  de  Cartagena  de  la  Regular  Obser- 
vancia de  N.  P.  S.  Francisco.  Tomo 
Primero,  Que  dedica  a  el  célebre  y 
Doctiss.  Colegio  de  la  Purissima  Con- 
cepción de  Nuestra  Señora,  Casa  espe- 
cial de  Estudios,  que  tiene  la  Venerable 
Provincia  de  Cartagena,  en  las  (sic)  sie- 
te vezes  coronada  Ciudad  de  Murcia. 
Con  licencia:  en  Valencia,  por  Joseph 
García,  año  1735.  > 

En  4.°— 419  págs. ,  con  22  más  de  principios  sin  nume- 
rar.— Slgns.  (ó-')  A-Ggg.— Portada.— Protesta  del  autor, 
a  la  vuelta.— Dedicatoria.— Prólogo  al  lector.— Aproba- 
ción del  P.  Fr.  Pedro  Rulz.— Licencia  de  la  Orden.— 
Censura  del  P.  Fr.  José  de  Peña.— Licencia  del  Conse- 
jo.—Censura  del  P.  Fr.  Luis  de  Flandes.— Fe  de  Erra- 
tas.— Suma  de  la  Tasa. — Sermones  que  se  contienen  en 
este  libro.— Texto.— índices;  uno  de  la  Sagrada  Escritu- 
ra, y  otro  de  las  cosas  notables. 

«Sermones  varios.   Que  Predicó  El 


M.  R.  P.  Fr.  Andrés  Gutiérrez,  Lector 
Jubilado...,  etc.  (lo  mismo  que  en  la  por- 
tada anterior).  —  Tomo  Segundo,  Que 
dedica,  y  consagra  a  la  Reyna  de  los 
Angeles  María,  en  el  instante  primero 
de  su  Concepción  en  gracia,  primera  y 
sin  segunda  en  aquel  punto,  para  llevar 
tras  de  sí  a  el  más  soberano  afecto  y  fa- 
vorecer a  los  hombres  sus  hermanos, 
desde  los  passos,  y  alientos  primitivos. 
En  Valencia.  En  la  Imprenta  de  Joseph 
García.  Año  1736.  Se  hallará  en  la  libre- 
ría de  Salvador  Moles.» 

En  4.°— 567  págs.,  con  20  más  de  principios  sin  nume- 
rar.—Signs.  (-í^)  A-Bbbb2.  — Portada.— Protesta  del 
autor,  a  la  vuelta.— Dedicatoria. — Prólogo  al  lector. — 
Dictamen  de  los  RR.  PP.  Fr.  Miguel  Marín,  Fr.  Francis- 
co Pagan,  y  Fr.  Pedro  Sanz.— Licencia  de  la  Religión. — 
Aprobación  del  P.  Fr.  José  Fernández.— Fe  de  Erra- 
tas.—Suma  de  la  Tíisa. — Tabla  de  los  sermones  de  este 
libro. — Texto.  —  índices;  uno  De  Escritura,  y  otro  de 
Cosas  notables. 

Aunque  impresos  en  Valencia  ambos 
tomos,  fueron  compuestos  y  predicados 
en  Murcia  o  su  provincia,  la  casi  la  mi- 
tad de  los  sermones  que  los  constituyen, 
según  nos  lo  da  a  entender  bien  clara- 
mente los  siguientes  títulos  con  que  apa- 
recen en  la  colección,  a  saber: 

En  el  primer  tomo: 

1.  «Sermón  segundo.  Concepción  de 
Nuestra  Señora,  el  día  último  del  céle- 
bre Octavario,  que  consagra  a  esta  Se- 
ñora, la  siete  vezes  coronada  ciudad  de 
Murcia.» 

2.  «Sermón  Quarto  de  Rosario  que 
se  predicó  en  la  célebre  octava  con  que 
obsequian  a  María  Santissima,  sita  en  el 
Convento  de  N.  P.  Sto.  Domingo  de 
Cartagena.» 

3.  «Sermón  octavo  de  el  Archangel 
San  Miguel  en  su  Parroquial  de  la  ciu- 
dad de  Murcia.» 

4.  «Sermón  Duodécimo  de  Santa 
Clara  en  el  Real  Monasterio  de  las  Re- 
ligiosas de  Murcia.» 

5.  «Sermón  Quatordécimo  de  San 
Antonio  en  Cieza.» 

6.  «Sermón  Quintodécimo  de  San 


-  86 


Luis  Rey  de  Francia,  en  el  Convento 
de  N.  P.  San  Francisco  de  Murcia. > 

7.  «Sermón  Sextodécimo  de  Santa 
Isabel  Reyna  de  Ungría,  en  el  Conven- 
to de  N.  P.  San  Francisco  de  Murcia.» 

Y  en  el  segundo: 

8.  «Sermón  I.  Concepción  de  Ma- 
ría SS.^  en  la  célebre  Octava  de  la  ciu- 
dad de  Murcia.» 

9.  «Sermón  II  de  Rosario,  que  se 
predicó  en  la  Capilla  de  Nuestra  Seño- 
ra, sita  en  el  Convento  de  nuestro  Pa- 
dre Santo  Domingo  de  Murcia,  en  uno 
de  los  días  de  la  Octava,  que  consagra 
a  María  SS.^  su  Ilustrissima  Cofradía.» 

10.  <Sermón  III  de  Nuestra  Señora 
de  El  Alcázar  en  la  ciudad  de  Lorca.» 

11.  «Sermón  IV  de  la  Dedicación  de 
la  Iglesia  de  los  Padres  de  Santa  Teresa 
de  Cartagena...» 

12.  «Sermón  VIII.  De  Transfigura- 
ción, en  el  Convento  de  Religiosas  Fran- 
ciscas de  la  Santa  Verónica  en  la  ciu- 
dad de  Murcia.» 

13.  «Sermón  IX.  De  Calenda  Vigilia 
de  la  Natividad  de  el  Señor,  en  el  Con- 
vento de  Verónica  de  la  ciudad  de 
Murcia.» 

14.  «Sermón  XII.  De  San  Jorge,  en 
el  Convento  de  las  Religiosas  de  Madre 
de  Dios  de  la  ciudad  de  Murcia.» 

15.  «Sermón  XIV.  De  San  Lorenzo 
Justiniano,  en  el  Convento  de  Religio- 
sas de  Madre  de  Dios  de  la  ciudad  de 
Murcia.» 

16.  «Sermón  XVI.  De  Nuestro  Pa- 
dre San  Francisco,  en  el  Real  Convento 
de  Santa  Clara  de  Murcia.» 

17.  «Sermón  XVII.  De  Santa  Clara, 
en  su  Real  Monasterio  de  la  ciudad  de 
Murcia.» 

18.  «Sermón  XVIII.  De  San  Antonio 
de  Padua,  en  la  villa  de  Ciezar.» 

20.  «Sermón  XXV.  De  Animas,  en 
la  Parroquial  de  San  Antolín  de  Murcia, 
con  asistencia  de  nuestra  Comunidad.» 


Fué,  sin  duda,  el  P.  Gutiérrez  un  muy 
aceptable  orador  sagrado  de  no  vulga- 
,  res  prendas.  La  tacha  que  le  pone  el 
P.  Ortega,  reálzale  en  nuestro  concepto. 
Se  entusiasma  fervorosamente  ante  los 
bellos  e  inefables  misterios  de  nuestra 
Religión;  y  enamorado  de  sus  excelen- 
cias, exhorta  a  los  cristianos  al  cumpli- 
miento de  sus  deberes,  y  amenaza  con 
enérgicas  y  piadosamente  descompues- 
tas conminaciones  a  los  pecadores  obs- 
tinados. Ama  la  virtud  con  intensidad; 
odia  el  vicio  profundamente,  y  he  aquí 
todo. 

Véase  Gutiérrez  (Fr.  Andrés)  en 
nuestro  Catálogo  de  Impresos  en  Mur- 
cia. 

Gutiérrez  DE  Alique  (Don  Bernardo). 

No  sabemos  el  pueblo  de  su  naturale- 
za, pero  sí  que  nació  de  1679  a  1680,  y 
que  residió  en  Murcia  más  de  veintio- 
cho años  como  Canónigo  Magistral,  que 
era  de  su  Santa  Iglesia  Catedral  y  Exa- 
minador Sinodal  de  su  Obispado;  o  sea, 
desde  1718,  en  que  obtuvo  aquella  plaza 
ganada  por  oposición,  hasta  1746,  por 
lo  menos,  en  que  todavía  estampa  su 
nombre  en  Aprobaciones  de  libros; 
como  en  la  Segunda  Parte,  por  ejemplo, 
de  la  «Crónica  de  la  Provincia  de  Car- 
tagena», de  Fr.  Pablo  Manuel  Ortega. 

Ahora  bien,  las  noticias  que  tenemos 
de  su  vida  literaria,  tomárnoslas  de  un 
papel  impreso  (en  Murcia  seguramente, 
aunque  carece  de  suscripción)  (1),  que 
dice  de  este  modo: 

«Consta  por  títulos  originales,  y  testi- 
monios, que  el  referido  Doctor  don  Ber- 
nardo Gutiérrez  de  Alique  tiene  cuarenta 
y  seis  años  y  medio  de  edad,  y  treinta  y 


(1)  Su  rótulo  es:  «Títulos,  y  Actos  positivos  del  Doctor 
don  Bernardo  Gutiérrez  de  Alique,  Colegial  en  el  Mayor 
de  San  Ildefonso,  Universidad  de  Alcalá,  Cathedratlco  de 
Vísperas  de  Theologia  de  la  Universidad  de  Sigüenza;  Ca- 
nónigo Magistral  en  aquella  Santa  Iglesia,  y  al  presente 
Canónigo  Magistral  de  la  Santa  Iglesia  de  Cartagena  y 
Murcia.» 


-  87  - 


cuatro  y  medio  de  Estudios  mayores;  en 
los  que  ha  executado  los  Actos  positivos 
siguientes:  en  la  forma  que  se  expresa: 

>Fué  a  la  Universidad  de  Alcalá  a  oir 
ciencia  en  el  año  de  1691  y  en  el  de  1692, 
se  opuso  a  las  Becas  del  Colegio  Artista,  y 
fué  electo  en  el  de  San  Ambrosio  de  dicha 
Universidad  en  la  Beca  tercera  de  justicia. 

»En  el  discurso  de  tres  años  que  estuvo 
en  dicho  Colegio,  argüyó  y  defendió  las 
veces  que  le  tocaron  por  su  turno;  substen- 
tó  tres  veces  conclusiones  de  Lógica,  Phi- 
sica  y  Metaphisica;  y  en  el  último  año 
substentó  un  Acto  de  toda  Philosophia,  y 
presidió  quatro  Actos  públicos,  a  quatro 
de  sus  Condiscípulos,  con  asistencia  de 
mucho  número  de  Graduados. 

»En  dicha  Universidad  tuvo  Sabatinas 
Generales  con  asistencia  del  Señor  Rector 
y  Cathedraticos:  tuvo  asimismo  vnas  Con- 
clusiones públicas  de  toda  la  Philosophia 
en  el  Colegio  de  la  Compañía  de  Jesús  de 
dicha  Universidad,  con  asistencia  de  todas 
las  Comunidades  y  Colegios. 

>En  el  año  de  1693,  se  graduó  de  Bachi- 
ller en  Artes  en  dicha  Universidad  de  Al- 
calá, haciendo  los  exercicios  necessarios 
en  que  fué  aprobado  por  todos  los  Exami- 
nadores, némine  discrepante;  y  al  fin  de 
dicho  año  tuvo  Responsiones  Generales 
de  toda  la  Philosophia,  para  el  grado  de 
Licenciado  en  Artes,  como  entonces  esta- 
va  prevenido  por  el  Claustro  de  la  Uni- 
versidad. 

»En  el  año  de  1694  passó  a  la  Universi- 
dad de  Sigüenza,  en  donde  fué  electo  Co- 
legial, en  el  de  San  Antonio  de  Porta-Coe- 
li,  en  concurrencia  de  cinco  Opositores; 
aviendo  leído  dos  vezes  de  oposición  en  la 
facultad  de  Filosophia,  con  puntos  riguro- 
sos de  24  horas,  y  respondido  a  todos  los 
argumentos  de  los  Colegiales. 

>En  ocho  años  que  permaneció  en  dicho 
Colegio  de  San  Antonio,  argüyó,  defendió 
y  presidió  diferentes  Conclusiones  de  Phi" 
losophia  y  Theologia;  y  en  la  Universidad, 
y  fuera  de  ella,  en  los  Conventos  y  Cole- 
gios, argüyó  en  los  Actos  mayores  las  ve- 
zes que  le  tocó  por  su  antigüedad,  y  otras 
muchas  de  extraordinario. 

•Substentó  siete  Actos  mayores  de 
Theologia  ordenados  a  el  grado  de  Doctor, 
como  se  previene  por  las  Constituciones 
de  dicho  Colegio. 

•Regentó  diferentes  vezes  las  Cathedras 


de  Lógica,  Phisica  y  Metaphisica  de  dicha 
Universidad. 

»En  el  año  de  1695  se  graduó  de  Bachi- 
ller, Licenciado  y  Maestro  en  Artes, 
aviendo  leído  de  oposición  con  término 
de  24  horas,  y  haziendo  los  demás  exerci- 
cios literarios,  en  que  fué  aprobado  por 
todos  los  Examinadores. 

»En  el  año  de  1696  fué  elegido  por  Ca- 
thedratico  de  Artes  en  propiedad  en  dicha 
Universidad. 

»En  el  año  de  1699  se  graduó  de  Bachi- 
ller, Licenciado  y  Doctor  en  Sagrada 
Theologia,  precediendo  vna  lección  de 
oposición  de  hora  con  término  de  24  horas, 
y  los  demás  exercicios  acostumbrados. 

»En  este  mismo  año  fué  electo  por  subs- 
tituto de  la  Cathedra  de  Prima  de  Theolo- 
gia, la  que  regentó  por  dos  años,  curn 
multitudine  audientium. 

•Presidió  catorce  Actos  mayores  públi- 
cos de  Theologia  en  dicha  Universidad. 

•Fué  examinador  de  grados,  en  las  fa- 
cultades de  Philosophia,  siendo  Colegial: 
assimismo  hallándose  actual  Colegial,  ob- 
tuvo el  empleo  de  Examinador  Synodal 
del  Obispado  con  exercicio;  por  especial 
nominación  del  Ilustrissimo  Señor  don 
Francisco  Alvarez,  Obispo  y  Señor  de 
Sigüen(;a. 

»En  el  año  de  1706  fué  promovido  por 
dicho  Ilustrissimo  Señor  Obispo  de  Si- 
güenga,  al  Sagrado  Orden  de  Presbytero, 
y  a  el  mismo  tiempo  fué  aprobado  por  di- 
cho Señor  Obispo,  sin  preceder  examen 
para  Predicador,  y  Confesor  de  dicho 
Obispado. 

•En  dicho  año  dicho  Señor  Ilustrissimo 
le  eligió  por  Visitador  General  de  su 
Obispado;  cuyo  empleo  no  exerció,  por  se- 
guir el  curso  regular  de  sus  oposiciones. 
•En  el  principio  del  año  de  1707,  passó 
a  la  oposición  de  los  Curatos  del  Arí^obis- 
pado  de  Toledo,  haziendo  los  exercicios 
Escolásticos,  y  morales,  que  se  acostum- 
bran; y  en  concurrencia  de  109  Opositores, 
fué  electo  por  el  Eminentissimo  Cardenal 
Portocarrero,  Cura  de  las  Villas  de  San 
Mames,  Pinilla  y  Navarredonda;  y  por  re- 
nuncia que  hizo  de  este  Curato,  le  confirió 
dicho  Eminentissimo  el  de  la  Villa  de  Sa- 
yatón. 

•En  cinco  años  y  medio  que  permaneció 
en  dicho  Curato,  predicó  diferentes  ser- 
mones en  muchos  lugares  del  Argobispa- 


do;  y  en  su  feligresía,  y  otras  partes  hizo 
diferentes  vezes  Missiones  por  sí  solo. 

»En  el  año  de  710,  se  opuso  a  la  Canon- 
gía  Penitenciaria  de  la  Santa  Iglesia  Ca- 
thedral  de  Siguenga,  donde  leyó  de  opo- 
sición con  puntos  rigurosos  de  24  horas, 
por  espacio  de  una  hora,  y  argüyó  por  el 
de  media  tres  vezes,  a  tres  Coopositores; 
las  dos  que  le  tocavan  por  el  turno  de  Opo- 
sitor, y  la  tercera  de  extraordinario,  por 
aver  enfermado  de  repente  uno  de  los 
Opositores;  assimismo  predicó  con  térmi- 
no de  24  horas,  por  espacio  de  una  hora;  y 
en  concurrencia  de  seis  Opositores  tuvo 
16  votos  en  la  elección  de  dicha  Canongía, 
siendo  los  vocales  33. 

»En  el  mes  de  septiembre  de  1712,  hizo 
oposición  a  la  Canongía  Magistral  de  Pul- 
pito, de  la  Santa  Iglesia  de  Cuenca,  donde 
leyó  de  oposición  con  puntos  rigurosos 
de  24  horas:  argüyó  a  sus  Coopositores:  y 
predicó  con  puntos  rigurosos  de  48  horas, 
según  estilo  de  aquella  Santa  Iglesia,  por 
espacio  de  una  hora;  y  el  Ilustrissimo  Se- 
ñor don  Miguel  del  Olmo  y  Manrique,  le 
confirió  el  empleo  de  Visitador  General 
de  su  Obispado  de  Cuenca. 

»Pasó  a  la  oposición  de  una  Beca  Theolo- 
ga  del  Colegio  Mayor  de  San  Ildefonso 
Vniversidad  de  Alcalá,  en  que  fué  elegido 
por  todos  los  votos,  precediendo  los  exer- 
cicios  acostumbrados,  y  tomó  possesión  de 
dicha  Beca. 

»En  el  mes  de  julio  de  1713,  hizo  oposi- 
ción a  la  Cathedra  de  Vísperas  de  Theolo- 
gia  de  la  Universidad  de  Siguenga;  y  Ca- 
nongía Magistral  anexa,  de  la  Santa  Iglesia 
Cathedral  de  dicha  Ciudad;  y  aviendo  leído 
quatro  vezes  de  oposición,  en  la  facultad 
de  Theologia,  por  ser  estilo  y  constitución 
de  dicha  Universidad:  las  quatro  lecciones 
para  la  referida  Cathedra  y  Prebenda,  so- 
bre los  quatro  libros  del  Maestro  de  las 
Sentencias,  y  argüido  a  los  Coopositores: 
con  puntos  rigurosos  de  24  horas,  fué  ele- 
gido en  dicha  Cathedra  y  Prebenda. 

»En  cinco  años  que  estuvo  en  possessión 
de  dicha  Canongía  Magistral  y  Cathedra, 
presidió  diferentes  Actos  de  Theologia  pú- 
blicos en  dicha  Universidad  a  los  Colegia- 
les de  San  Antonio,  argüyó  en  casi  todos 
los  Actos  de  Theologia  que  huvo  en  los 
Conventos  y  Colegios.  Como  assimismo, 
confirió  diferentes  grados  mayores,  en  la 
facultad  de  Philosophia  y  Theologia,  con 


los  demás  exercicios  que  tocavan  a  el  em- 
pleo de  Cathedratico. 

»En  los  cinco  años  que  regentó  la  Cathe- 
dra dictó  cinco  materias  de  Theologia  a 
sus  discípulos. 

»Fué  Juez  Synodal,  y  Examinador  de 
dicho  Obispado  de  Siguen^a. 

»En  la  Sede  vacante  de  dicho  Obispado 
fué  elegido  por  dicha  Santa  Iglesia  Cathe- 
dral, por  Visitador  General  de  dicho  Obis- 
pado de  Siguenga. 

»En  el  tiempo  que  fué  Magistral  de  Sí- 
gnenla, y  antes  de  serlo,  predicó  diferen- 
tes Sermones  en  las  Capillas  Reales  de  las 
Descalzas  Reales,  y  Real  de  la  Encarna- 
ción de  Madrid. 

»En  1  de  enero  del  año  1718,  hizo  oposi- 
ción a  la  Magistral  de  Pulpito  de  la  Santa 
Iglesia  de  Cartagena  y  Murcia;  y  en  com- 
petencia de  catorce  opositores,  fué  elegido 
por  el  Eminentissimo  Señor  Cardenal  Be- 
lluga,  y  Cabildo,  en  dicha  Canongía  Ma- 
gistral. 

»En  8  años,  que  ha  que  está  en  posses- 
sión de  dicha  Canongía  Magistral,  ha  predi- 
cado todos  los  años  varios  Sermones,  assi 
en  las  Ferias  regulares,  como  en  otras  fies- 
tas particulares  de  dicha  Santa  Iglesia: 
Como  assimismo  ha  argüido  por  la  Iglesia 
el  primer  argumento  en  los  Actos  mayo- 
res, de  los  generales,  de  los  Conventos  y 
Colegios  de  dicha  Ciudad  de  Murcia. 

»Es  examinador  Synodal  de  dicho  Obis- 
pado de  Murcia  y  Juez  Subdelegado  de  la 
Santa  Cruzada.» 

Se  escribía,  pues,  dicho  Papel  en  1726, 
llevando  ya  su  autor  (si  es  que  lo  fué, 
como  lo  sospecho,  el  mismo  don  Bernar- 
do), ocho  años  de  residencia  en  Murcia, 
y  veinte  después  lo  hallamos  todavía, 
como  dicho  queda,  estampando  su  nom- 
bre en  Aprobaciones  y  Censuras  de  li- 
bros impresos  en  esta  ciudad,  y  fechadas 
en  la  misma.  No  debió,  pues,  ser  poca 
la  influencia  que  tan  distinguido  y  docto 
sujeto  ejerciera  en  las  letras  murcianas 
de  este  primer  tercio  del  pasado  siglo. 
A  lo  menos  nos  consta  que  su  nombre 
fué  altamente  celebrado  en  público  por 
algunos  de  sus  amigos. 

Véase  Pangresdor  en  el  presente  Ca- 
tálogo. 


H 


Hassan    Ben    Mohamad    Ben   Alhossam 
Alcabski. 

Noble  moro  del  primer  tercio  del  si- 
glo XI,  natural  de  Córdoba,  y  residente 
alg-ún  tiempo  en  Murcia,  donde  falleció 
en  el  año  de  la  Hégira  430. 

Dio  a  luz  una  Historia  de  España,  con 
las  hazañas  de  sus  Reyes  y  vidas  de  sus 
Jurisconsultos.  (Historicam  Hispaniae, 
gesta  Regum,  atque  Jurisconsultormn 
vitas  complectentem),  como  autor  de  la 
cual  tráelo  el  docto  cordobés  Abulca- 
sem  Ben  Paskual  en  su  cBiblioteca  Ará- 
bigo-Hispana», que  con  el  título  de  Mu- 
nus  Chronologicum  Hispanum,  hállase 
incluida  en  el  Códice  de  la  Escurialense 
de  Casiri,  núm.  1672. 

Huélamo  (Fr.  Melchor  de). 

Padre  Franciscano  de  la  Provincia, 
observante  de  Cartagena,  y  natural  de 
la  villa  de  Tarancón,  del  Obispado  de 
Cuenca,  en  la  Mancha. 

Nada  se  nos  dice  acerca  de  las  cir- 
cunstancias de  su  juventud  y  primeros 
estudios,  así  como  tampoco  del  lugar  o 
casa  donde  hubo  de  vestir  los  sagrados 
hábitos  y  profesar  en  la  Orden.  Sólo 
leemos  que  habiendo  terminado  con 
grande  aprovechamiento  los  cursos  de 
Filosofía  y  Teología  pasó  a  Méjico,  en 
cuya  Provincia  franciscana,  llamada  en- 
tonces <Del  Santo  Evangelio»,  ejerció 


el  oficio  de  la  predicación  durante  muy 
pocos  años;  que  pasados  éstos,  restituí- 
do  a  su  patria,  y  de  nuevo  domiciliado 
en  su  Provincia  de  Cartagena,  obtuvo 
en  ella  el  empleo  de  Predicador  y  varias 
guardianías,  que  hubo  de  desempeñar, 
principalmente  en  pueblos  y  conventos 
del  reino  de  Murcia,  como  lo  fueron, 
además  del  de  San  Francisco  de  dicha 
capital,  los  de  Veas,  Iniesta,  San  Ginés 
de  la  Jara  y  Cartagena;  y,  en  fin,  que 
pasó  de  esta  a  mejor  vida  en  el  monas- 
terio de  Cuenca,  año  de  1621. 

Por  lo  que  respecta  a  su  carácter  de 
escritor,  considerámosle  principalmen- 
te como  historiador  o,  si  se  quiere,  como 
logógrafo  erudito;  género  particular  de 
literatura  tan  cultivado  en  su  tiempo, 
y  a  que,  en  rigor,  pertenecen  casi  todas 
las  obras  que  dejó  escritas,  inclusas  las 
que  él  llama  predicables. 

Hállanse  salpicadas  de  méritos  no  co- 
munes, de  muchos  trozos  escogidos  y 
de  páginas  bastante  instructivas,  que  a 
cada  paso  revelan  los  profundos  cono- 
cimientos que  su  autor  debió  de  poseer, 
así  de  lugares  teológicos  y  de  la  Santa 
Escritura,  como  de  textos  de  poetas  y 
escritores  clásicos  sagrados  y  profanos. 
Empero  el  abuso  de  tales  facultades,  o 
mejor,  su  empleo  casi  siempre  extem- 
poráneo, y  el  sistema  de  prolija  erudi- 
ción, venga  o  no  a  cuento,  seguido  con 
exceso  en  dichas  obras  (hasta  el  punto 


90  - 


de  no  atreverse,  en  ellas,  a  usar  palabra, 
frase  ni  concepto  alguno  sin  que  antes 
no  vaya  autorizado  con  la  salvaguardia 
de  otro  análogo  o  semejante  de  proce- 
dencia antigua),  de  tal  modo  las  deslus- 
tran y  oscurecen,  que  casi  las  hacen  in- 
soportables de  puro  empalagosas.  Su 
lectura,  sin  embargo,  es  útil  y  provecho- 
sísima, especialmente  para  los  sacerdo- 
tes. Su  estilo  es  también  algo  desigual 
y  desaliñado;  pero  en  su  fondo  (lo  repe- 
timos) se  revela  siempre,  al  par  del  cris- 
tiano ingenuo  y  del  católico  ferviente, 
el  hombre  de  vasta  erudición  y  de  no 
vulgares  alcances. 

Dichas  obras  son,  además  de  la  Vida 
de  San  Ginés  de  la  Jara,  de  que  ya 
extensamente  nos  ocuparemos  en  nues- 
tra Sección  de  Impresos  en  Murcia,  las 
siguientes: 

2.^  «Espirituales  discursos  y  predi- 
cables consideraciones  sacadas  de  las 
ceremonias  y  mysterios  de  la  Missa». 
Cuenca,  1595,  en  4.°  Barcelona,  1597, 
en  4.0  Cuenca,  1600,  en  4.°  Ibidem,  1604, 
en  4.0 

Poseemos  algunas  de  estas  ediciones; 
pero  de  ellas  sólo  vamos  a  describir  la 
conquense  de  1600,  por  habernos  pare- 
cido la  más  completa  e  interesante,  o 
curiosa,  y  es  como  sigue: 

«Discvrsos  predicables  de  las  cere- 
monias y  mysterios  de  la  Missa  del  Mi- 
sal Romano,  reformado  según  el  decreto 
del  Santo  Concilio  de  Trento,  por  man- 
dado de  nuestro  muy  Santo  Padre  Pío  V, 
Pontífice  Máximo.  Compvesto  por  el 
Reverendo  Padre  fray  Melchior  de  Hué- 
lamo,  predicador  de  la  Orden  del  Será- 
fico Padre  San  Francisco,  de  la  Provin- 
cia de  Carthagena,  natural  de  la  Villa 
de  Tarancón,  Obispado  de  Cuenca. 
Ahora  de  nuevo  añadidos,  corregidos  y 
enmendados  por  el  mesmo  Autor...  Van 
tan  bien  añadidas  tres  muy  copiosas  ta- 
blas. La  primera,  de  las  autoridades  de 


la  escriptura.  La  segunda,  Elencho  de 
sermones.  La  tercera,  de  las  cosas  no- 
tables. Dirigidos  a  Christo  nuestro  Se- 
ñor summo  Sacerdote.  Con  privilegio. 
En  Cuenca,  en  casa  de  Miguel  Serrano 
de  Vargas.  Año  1600.  » 

En  4.°.— 556  hojas,  con  9  más  de  principios  y  finales 
sin  numerar.— Signs.  (^j^)  A  -  bb  5.  —  Portada.  —  (A  la 
vuelta:)  Quedase  irtiprimiedo  los  Discursos  predicables 
sobre  la  Salve  Regina,  y  otros  tres;  vno  de  la  Natividad 
de  nuestra  Señora,  otro  de  nuestro  Padre  San  Francis- 
co, y  otro  de  def untos,  cosa  curiosa  y  digna  de  ser  leyda. 
Copia  de  varios  cánones  del  Concilio  Tridentino  refe- 
rentes al  asunto.— Erratas. — Tassa.— Svma  del  priuile- 
gio. — Licencia  del  RevCrendissimo  y  doctissimo  Padre 
Fr.  Matheo  de  Burgos.— Censura  y  Aprobación  de  los 
muy  doctos  Padres  Fr.  Diego  de  la  Vega  y  Fr.  Diego 
Ordóflez. — Aprobación  y  Censura  del  P.  Maestro  Fray 
Juan  Temporal.— Dedicatoria.  (Al  Svmo  y  Jnnieso  Dios 
Christo  Santo  Sacerdote  Eterno.)  —Al  Christiano  Lector. 
Texto. — Lista  de  los  Autores  citados  en  los  discursos: 
son  todos  dosientos  y  cinco. — Colofón  — Advertencia  al 
curioso  lector.  (Desde  la  hoja  462  a  la  490):  «Epítome  Re- 
solutorio de  todo  lo  cotenido  en  los  sobredichos  veinte 
discvrsos  predicables  sobre  los  mysterios  de  la  Missa. 
Compvesto  por  el  mesmo  Avtor  Fray  Melchior  de  Hué- 
lamo,  de  la  Orden  de  S.  Francisco,  y  ahora  de  nuevo  en- 
mendado en  esta  vltlma  impression  de  muchos  descuy- 
dos  de  la  passada.  (Estampeta  del  impresor.)  Con  Pri- 
vilegio. En  Cuenca,  Impresso  en  Casa  de  Miguel  Serra- 
no de  Vargas»:  Año  1600». — Autoridades  y  Lugares  de  la 
Sagrada  Escritura  citados  en  el  libro.—  Elencho  y  tabla 
de  Sermones.— Tabla  de  las  cosas  notables. — (En  las 
hojas  finales  sin  numerar):  Censura  de  los  Padres  Fray 
Joan  Machín...  y  Fr.  Pedro  Ballesteros. — Licencia  del 
P.  Fr.  Bartholomé  Layn.— Aprobación  y  Censura  de 
Alonso  Escudero,  de  la  Compañía  de  Jesús.— Colofón. 

No  es  más  que  una  larga  y  minuciosa 
exposición  histórica  dividida  en  veinte 
discursos,  que  más  bien  podríamos  lla- 
mar narraciones,  sobre  los  orígenes, 
excelencias  y  significación  de  todas  las 
ceremonias  y  actos  usados  en  la  misa. 
Hállase  henchida  de  vasta  erudición  li- 
túrgica, y  su  lectura,  como  decíamos, 
es  sumamente  útil  y  provechosa  para 
todo  aficionado  a  esta  clase  de  estudios, 
especialmente  para  los  sacerdotes. 

3.^  «Discursos  predicables  sobre  la 
Salve  Regina.»  Cuenca.  (Apud  Corne- 
lium  Rodan),  1601.  En  4.® 

Tráenlo  así  don  Nicolás  Antonio  en 
su  Bibliotheca  Nova,  y  Fr.  Juan  de  San 
Antonio  en  la  suya  Universa  Francis- 
cana. Sentimos  muy  de  veras  no  haber 


91 


podido  hasta  ahora  evacuar  esta  cita. 
Pero  ya  sabemos,  y  no  queremos  repe- 
tirlo, lo  que  a  la  vuelta  de  la  portada  del 
libro  anteriormente  descrito  nos  dice 
su  impresor  Miguel  Serrano  de  Vargas. 
¿Lo  será  éste  también  del  tomo  que  al 
presente  nos  ocupa?  ¿Serálo,  acaso,  Cor- 
nelio  Rodan  del  otro  de  igual  título  ya 
mencionado,  compuesto  por  el  Obispo 
don  Fr.  Diego  de  Arce?  Sospecha  es 
ésta  que  tenemos  por  probable. 

En  dicho  volumen  se  hallan  incorpora- 
dos, según  el  testimonio  del  segundo  de 
los  referidos  bibliógrafos  y  del  impresor 
Serrano,  los  tres  discursos  siguientes: 

4.^  «...  De  la  Natividad  de  la  Vir- 
gen.» 


5.^  «...  De  Nuestro  Padre  San  Fran- 
cisco.» 

6.^    «...  De  Difuntos.» 

Todos  tres  impresos,  como  es  consi- 
guiente, en  la  referida  ciudad  de  Cuen- 
ca, por  el  mismo  impresor  y  en  el  mis- 
mo año. 

7.^  «Historia  de  las  personas  ilustres 
en  santidad,  de  la  Provincia  de  Carta- 
gena, del  Orden  de  San  Francisco,  desde 
el  año  de  MD.  hasta  el  de  MDCXVII.» 
Cuenca,  por  Martín  de  la  Iglesia,  1617. 
En  4.°  (Bibl.  Nacional).  Hállase  también 
incorporado  en  este  volumen. 

8.^  «La  Vida  y  Muerte  Santa  de  Fray 
Martín  de  Carrascosa,  sepultado  en  San 
Francisco  de  Cuenca.» 


Jarava  (Don  Fr.  Pedro  de). 

«Desengáñense  (decía  nuestro  limo,  don 
Diego  de  Arce,  hablando  de  este  venera- 
ble y  docto  Franciscano)  que  todos  los  que 
han  sido,  son  y  serán,  en  la  Provincia  de 
Cartagena,  no  pueden  formar  un  dedo  de 
N.  P.  Xarava.» 

Elogio  que  aunque  acaso  parezca 
ahora  exageradísimo,  no  lo  es,  sin  duda, 
para  el  tiempo  en  que  escribía  el  ilustre 
Obispo  de  Casano. 

Cítanlo,  además,  y  escriben  de  su 
vida,  el  P.  Melchor  de  Huélamo  en  sus 
«Varones  Ilustres»,  don  Nicolás  Anto- 
nio en  su  Biblioteca  Nova,  Fr.  Juan  de 
San  Antonio  en  la  suya  Universa  Fran- 
ciscana, y  el  P.  Ortega  en  su  Crónica 
de  la  Provincia  de  Cartagena,  por  to- 
dos los  cuales,  pero  muy  especialmen- 
te por  el  primero  y  último  de  dichos 
autores,  sabemos  fué  el  doctísimo  P.  Ja- 
rava natural  de  la  ciudad  de  Cuenca, 
donde  nació  por  los  años  de  1494,  de 
una  familia  ilustre  y  bien  conocida  en 
aquella  tierra  por  su  grande  limpieza  e 
hidalguía.  Muéstrannoslo  aplicado,  des- 
de muy  niño,  a  los  buenos  estudios  de 
artes  y  ciencias,  por  cuya  razón,  y  ha- 
biendo en  ellos  conseguido  notables  ade- 
lantos, fué  destinado  para  Colegial  ma- 
yor del  insigne  de  San  Pedro  y  San  Pa- 
blo de  la  Universidad  de  Alcalá,  de 
donde  salió  tan  consumado  maestro,  no 
sólo  en  los  susodichos  estudios,  si  que 


también  en  el  conocimiento  de  las  len- 
guas hebrea,  griega,  latina  y  francesa, 
que  al  fin  hubo  de  ser  considerado 
«como  uno  de  los  sujetos  más  llenamen- 
te doctos  de  su  siglo». 

En  virtud  de  prendas  tales  y  de  tan 
buena  fama,  hubo  de  conferírsele  muy 
graves  y  delicados  empeños,  así  dentro 
de  su  Provincia  observante  como  en 
Italia  y  Francia,  siendo  muy  dignas  de 
especial  mención,  entre  las  dichas  co- 
misiones que  se  le  confiaron,  la  de  haber 
sido  elegido  en  Claustro  pleno,  por  el 
célebre  de  la  Universidad  Complutense, 
para  responder  a  las  obras  de  Erasmo, 
y  la  de  haber  sido  designado,  en  con- 
cepto de  Consultor  Teólogo,  para  asis- 
tir al  celebérrimo  Concilio  de  Trento, 
bien  que  no  pudiera  llevar  a  cabo  esta 
empresa,  por  causa  de  una  grave  enfer- 
medad, que  le  sorprendió  en  Guadala- 
jara,  y  de  que  al  fin  vino  a  morir  en  el 
convento  de  la  villa  de  Val  verde,  año 
de  1576,  y  a  los  ochenta  de  su  edad. 

A  continuación,  ahora,  el  retrato  que 
de  él  nos  hace  el  P.  Huélamo: 

«Su  estatura  (dice)  fué  algo  más  que  me- 
diana; su  rostro  declinaba  a  largo,  aunque 
con  corta  ventaja;  la  cabeza  conservó  toda 
su  vida  muy  poblada  de  cabellos,  y  tenía 
un  aspecto  magestuosamente  grave,  res- 
pirando autoridad;  de  suerte  que  sólo  el 
mirarle  conciliaba  respeto  y  causaba  ve- 
neración. Jamás  fué  inclinado,  aun  siendo 
joven,  a  chufletas,  burlas  ni  vagatelas, 


-  93  - 


aborreciendo  con  notable  extremo  todo 
género  de  doblez,  ficción  y  lisonja;  mone- 
da tan  usual  y  corriente  como  falsa;  antes 
bien,  muy  inclinado  a  toda  ingenuidad  y 
trato  religiosamente  grave,  aunque  no  por 
esto  profesaba  entereza,  retiro  ni  sobera 
nía.  Por  zeloso  y  vigilante  que  fué,  princi- 
palmente en  el  tiempo  de  sus  Prelacias,  se 
le  originaron  muchos  trabajos,  adversida- 
des y  persecuciones;  las  que  supo  como 
prudente  hacer  preciosas  con  el  sufrimien- 
to y  tolerancia,  en  lo  que  fué  un  singularí- 
simo exemplar.  Consolábase  refrescando  y 
trayendo  ordinariamente  entre  sus  labios, 
aquella  máxima:  Vidua  est  virtus  quam 
non  pacientia  firmat.  Fué  extremadamen- 
te inclinado  y  aplicado  a  la  preciosissima 
tarea  de  los  estudios,  de  suerte  que  no  se 
daba  instante  alguno  de  tiempo,  en  que  se 
le  hallasen  ocioso;  JDorque  después  de  ha- 
ber pagado  a  la  naturaleza,  en  el  sueño,  un 
escasissimo  tributo,  ocupaba  todo  el  tiem- 
po restante  en  enseñar,  leer,  rezar,  escri- 
bir y  predicar...» 

Ahora  bien,  aunque  nada  nos  dicen 
estos  autores  con  respecto  a  los  lugares 
en  que  principalmente  residió  el  P.  Jara- 
va,  creemos  firmemente  que  uno  de  ellos 
debió  de  ser  el  Convento  de  San  Fran- 
cisco, de  la  Ciudad  de  Murcia,  y  aún 
tenemos  por  indudable  que  allí  debió 
componer  los  dos  primeros  tratados,  de 
que  más  adelante  haremos  mención,  y 
que  dejó  manuscritos,  como  todas  sus 
obras.  La  razón  es  obvia:  El  citado 
P.  Ortega,  que  residió  algún  tiempo,  y 
aun  escribió  parte  de  su  Crónica  en  el 
referido  convento  de  la  dicha  Ciudad, 
nos  dice  expresamente  que  en  su  Libre- 
ría vio  los  dos  mencionados  tomos,  ori- 
ginales y  escritos  de  la  misma  mano  y 
letra  de  este  venerable  y  doctísimo  va- 
rón; y  no  es  de  creer,  que  habiéndolos 
éste  escrito  en  otro  monasterio,  y  te- 
niendo entonces,  como  lo  tenían,  sin 
duda,  a  gala,  estos  lugares  sagrados,  el 
poseer  para  sus  bibliotecas  el  mayor  nú- 
mero de  preciosidades,  así  de  obras  im- 
presas como  manuscritas,  pero  aún  más, 
con  respecto  a  estas  últimas,  no  es  de 


creer,  digo,  que,  poseyendo  dichos  dos 
tomos  por  derecho  propio,  otro  cual- 
quier convento  forastero  consintiese  en 
hacer  de  ellos  voluntaria  dejación,  remi- 
tiéndolos al  de  Murcia,  ni  mucho  menos 
que  éste,  por  causa  de  un  simple  azar, 
inexplicable  entonces,  los  adquiriese. 

Dejó,  pues,  trabajadas  varias  obras, 
todas  las  cuales,  como  dicho  queda,  co- 
rrieron manuscritas: 

«Pero  aunque  no  han  logrado  la  suerte 
(dice  nuestro  Cronista)  de  ver  en  la  prensa 
la  luz  pública,  con  todo  esto,  en  el  aprecio 
y  estimación  de  los  doctos  que  las  han  vis- 
to, ocupan  eminentissimo  lugar.» 

Parece  ser  que,  en  su  mayor  parte, 
fueron  de  polémica  y  diatriba  contra  los 
luteranos  y  demás  herejes  de  aquel  tiem- 
po. Cítalas  don  Nicolás  Antonio,  aunque 
con  algunas  omisiones,  por  seguir  dócil- 
mente a  Wadingo,  en  sus  Scriptoribus, 
y  a  don  Luis  de  Rebolledo  en  su  Histo- 
ria Ordinis  Minorum,  y  son  las  mismas 
que  a  continuación  ponemos,  siguiendo 
nosotros  al  diligente  P.  Ortega,  ya  tan- 
tas veces  citado: 

L*    «Modus  adolescendi  in  Christo.» 

Tratado,  al  parecer,  encaminado  a  la 
defensa  de  los  únicos  medios  y  doctri- 
nas de  perservar  en  la  siempre  y  eterna- 
mente saludable  del  Redentor. 

2.^  «De  reparatione  Ecclesiae  Late- 
ranensis.» 

En  defensa,  indudablemente,  del  po- 
der y  autoridad  indisputable  del  Supre- 
mo Jerarca  de  la  Iglesia,  contra  los  mal 
avenidos  y  descontentos  cismáticos,  sir- 
viéndole de  motivo  la  apología,  como 
institución  evangélica,  de  la  confesión 
y  comunión  sacramental.  (Conservados, 
como  dicho  queda,  ambos  tratados,  en 
el  Real  Convento  de  PP.  Franciscanos 
de  la  Ciudad  de  Murcia.) 

3.^    «Adversus  lúdeos  et  Luteranos.» 

4.^    «Summa  Theologica.» 

Que,  según  don  Nicolás  Antonio,  se 


94  - 


conservaba  en  su  tiempo,  en  el  Conven- 
to de  San  Francisco,  de  Cuenca. 

Jiménez  (Doctor  Don  José). 

Natural  de  Hinojosa  de  San  Vicente 
en  la  Diócesis  de  Avila.  Obispo  de  Car- 
tagena, en  Murcia,  desde  1806  a  1820, 
para  cuya  alta  dignidad  fué  consagra- 
do en  la  Iglesia  del  Monasterio  de  las 
Salesas  Reales  de  Madrid  en  10  de  agos- 
to del  primero  de  dichos  años.  Fué  antes 
Cura  Párroco  de  San  Andrés  de  la  ciu- 
dad de  Toledo;  Catedrático  de  Cánones 
en  su  Universidad,  Visitador  general, 
Juez  de  Obras  pías  y  Canónigo  de 
aquella  Santa  Iglesia.  Según  el  curioso 
opusculito  titulado  «Fechas  Murcianas» 
de  nuestro  ilustrado  amigo  señor  Fuen- 
tes y  Ponte,  «después  de  comenzar  en 
la  ciudad  de  Murcia  las  obras  de  una 
Casa-Hospicio,  que  no  pudo  concluir 
por  las  vicisitudes  políticas  de  la  época, 
murió  en  el  palacio  Episcopal  de  dicha 
ciudad  a  1.°  de  diciembre  de  1820,  siendo 
sepultado  en  el  plano  o  crujía  del  Tem- 
plo Catedral,  en  el  panteón  de  los  seño- 
res Capitulares». 

Conocémosle  como  autor  de  varias 
Cartas  Pastorales  que  catalogamos  en 
nuestra  Sección  de  Impresos  en  Murcia, 
y  es  la  más  notable  la  que  tiene  por 
objeto  exhortar  a  sus  diocesanos  a  la 
práctica  de  las  buenas  costumbres,  con- 
forme al  Decreto  de  Fernando  VII,  de 
9  de  octubre  de  1814. 

Para  terminar  este  artículo  no  pode- 
mos menos  de  copiar  a  continuación  lo 
que  de  este  virtuosísimo  Obispo  nos  dice 
nuestro  paisano  don  Luis  Santiago  Bado 
en  una  nota  puesta  a  su  Égloga  escrita 
con  motivo  de  estarse  construyendo  en 
esta  Ciudad  de  Murcia  un  Hospicio  o 
Casa  de  Misericordia: 

«La  caridad  ilustrada  de  este  digno  Pre- 
lado (escribe)  se  manifiesta  muy  desde  los 
principios.  En  su  Pastoral  de  29  de  diciem- 


bre de  1808,  dixo  a  sus  Diocesanos,  que  sus 
intenciones  eran  emplear  las  rentas  de  su 
Mitra  en  establecimientos  públicos,  para 
tener  en  que  ocupar  las  manos  del  pobre 
jornalero,  en  el  tiempo  en  que  no  tienen 
trabajo,  y  proveher  a  la  educación  de  las 
artes,  y  manufacturas,  a  los  niños  y  jóve- 
nes desamparados.  Las  calamidades  que 
sobrevinieron  a  poco  tiempo  de  su  entrada 
al  Pontificado,  las  que  por  públicas  son  bien 
notorias  a  todos,  así  como  los  enormes  em- 
peños que  contraxo  para  entrar  en  él,  le 
impidieron  el  cumplimiento  de  sus  deseos 
por  entonces;  mas,  sin  embargo,  de  estas 
poderosas  causas,  y  de  no  haber  podido 
vender  los  frutos  de  su  dignidad,  manifes- 
tó su  generosidad  y  beneficencia,  pues  en 
el  año  de  1807,  ya  subieron  sus  limosnas 
a  195.722  rs.,  continuando  en  los  siguientes 
con  una  liberalidad  digna  de  imitarse,  ex- 
tendiendo sus  atenciones  a  los  pobres  des- 
validos, y  al  socorro  de  las  necesidades 
públicas,  relevando  el  mérito  de  estos  so- 
corros el  haber  sido  en  años  sumamente 
calamitosos.  En  el  año  de  1810,  hallándose 
en  Santa  Visita  en  la  Villa  de  Yecla,  reci- 
bió aviso  de  que  los  Franceses  estaban  en 
las  cercanías  de  esta  Capital,  con  disposi- 
ción de  acometerla,  y  de  qué  se  hallaba 
indefensa  por  falta  de  auxilios  para  soste- 
ner la  tropa  y  paisanage  que  había  acudi- 
do a  su  socorro;  y  sin  la  menor  dilación, 
dio  orden  para  que  entregase  su  Tesorero, 
quanto  tuviese  y  pudiese  servir  para  de- 
fensa de  la  Ciudad;  y  con  efecto,  entregó 
en  metálico  249.194  rs.,  quinientas  sesenta 
fanegas  de  trigo,  y  quatrocientas  quarenta 
y  quatro  de  cebada,  previniéndole,  lleno 
de  un  verdadero  zelo,  vendiese  hasta  su 
pectoral  si  era  necesario  para  libertar  a 
esta  Capital  de  su  aflicción.  Sus  sacrificios 
para  concurrir  a  sostener  la  guerra,  que 
tanto  nos  ha  afligido,  fueron  repetidos, 
contribuyendo  con  vestuarios,  camisas,  ca- 
potes, sábanas  y  otros  utensilios,  y  creci- 
dísimas sumas  en  dinero,  que  atendidas 
circunstancias  parecen  increíbles.  Por  for- 
tuna he  visto  un  apunte  de  los  que  se  han 
llevado,  para  el  gobierno  de  su  Tesorería; 
y  de  él  resulta  haberle  exigido  para  cubrir 
las  cantidades  que  le  han  repartido,  por  la 
contribución  de  guerra,  y  la  directa,  un 
millón  ciento  veinte  y  quatro  mil  ciento 
cinquenta  y  tres  rs.,  subiendo  lo  entregado 
en  donativos  voluntarios  y  préstamos,  a  un 


i 


95  - 


millón  doscientos  catorce  mil  doscientos 
ochenta  y  dos  rs.,  sin  incluir  en  estas  can- 
tidades, ciento  sesenta  y  cinco  mil  quaren- 
ta  y  quatro  rs.  del  30  por  100. 

>A  esta  triste  época  y  crecidísimos  dis- 
pendios, sobrevino  la  desoladora  epidemia 
con  que  Dios  afligió  a  esta  Ciudad  y  parte 
de  su  provincia,  y  sin  abandonar  este  cari- 
tativo Prelado  sus  limosnas  ordinarias,  de 
que  ya  queda  hecha  mención,  entregó  al 
pronto  veinte  mil  rs.  en  dinero,  quatro 
zurrones  de  quina,  setecientas  fanegas  de 
trigo  para  el  socorro  de  esta  Ciudad,  que 
perecía;  y  el  resto  que  le  quedaba  en  sus 
graneros  de  esta  especie,  y  de  cebada,  para 
la  subsistencia  del  Regimiento  de  Guada- 
laxara,  que  había  quedado  de  guarnición.» 

Jiménez  Patón  (Bartolomé). 

Residente  en  Murcia  y  su  territorio 
un  buen  espacio  de  tiempo,  durante  el 
cual,  por  su  gran  sabiduría  y  como  in- 
signe humanista  que  era,  debió  ejercer 
sin  duda  no  poca  influencia  en  la  cultura 
y  letras  murcianas.  Su  vida  se  halla  es- 
crita, con  presencia  de  muchos  docu- 
mentos fehacientes,  por  el  señor  don 
Benito  Maestre,  quien  la  publicó,  ilus- 
trada con  un  retrato  del  biografiado,  en 
el  tomo  I  de  El  Siglo  Pintoresco.  (Ma- 
drid, 1845.) 

Nació  Patón  en  Almedina  (Ciudad 
Real),  donde  recibió  las  aguas  del  bau- 
tismo en  15  de  agosto  de  1569:  fueron 
sus  padres  Bartolomé  Jiménez  y  Apolo- 
nia  Hernández,  y  tuvo  próximo  paren- 
tesco con  el  célebre  Arzobispo  de  Va- 
lencia Santo  Tomás  de  Villanueva.  Es- 
tudió en  el  Colegio  Imperial  de  Jesuítas 
de  Madrid,  y  después  en  la  Universidad 
de  Baeza,  distinguiéndose  ya  por  su  eru- 
dición y  trabajos  literarios  a  la  edad  de 
veinte  años.  Dedicado  a  la  profesión  de 
Maestro  de  Humanidades,  la  ejerció  cin- 
co años  en  la  ciudad  de  Alcaraz,  pasan- 
do luego  de  Catedrático  de  Elocuencia 
a  Villanueva  de  los  Infantes,  donde,  en 
1618,  desempeñó  además  el  empleo  de 


Correo  mayor  de  dicha  villa,  por  gracia 
y  recomendación  de  su  amigo  y  discí- 
pulo el  Conde  de  Villamediana.  Fué 
también  Notario  de  la  Curia  Romana,  y 
más  adelante,  del  Tribunal  del  Santo 
Oficio  de  Murcia,  habitando  en  la  cual, 
sin  duda,  fué  cuando  tuvo  el  gusto  de 
trabar  amistad  con  nuestro  insigne  Cas- 
cales,  quien,  como  es  sabido,  le  dedicó 
una  de  sus  mejores  y  más  amenas  car- 
tas (1).  Casó  con  doña  Juana  Hervás 
Monsalve,  y  en  ella  tuvo  varios  hijos, 
quedándole  solamente  dos  de  ellos,  lla- 
mados Alonso  y  Félix. 

Apreciado  de  los  hombres  más  emi- 
nentes de  su  tiempo,  entre  ellos  del 
gran  Lope,  que  le  dedicó  un  buen  elo- 
gio en  su  Laurel  de  Apolo  ^  vivió  Patón 
exclusivamente  consagrado  a  la  ense- 
ñanza, al  estudio  y  a  las  faenas  litera- 
rias, siendo  además  un  ejemplar  mode- 
lo de  virtudes.  Murió,  en  fin,  en  Villa- 
nueva  de  los  Infantes,  el  día  3  de  abril 
de  1640,  y  a  los  setenta  y  uno  de  edad. 

Por  lo  que  respecta  a  sus  obras,  bien 
conocidas  son  de  todos  los  amantes  de 
la  literatura  española: 

1.*    «El  perfecto  Predicador».   1612. 

2.^  «Epítome  de  la  Ortografía  latina 
y  castellana».  Baeza,  1614. 


(1)  Le  dedicó  también  un  epigrama  laudatorio,  que  va  al 
frente,  entre  otras  varias  composiciones  poéticas,  de  los 
famosos  Proverbios  morales  de  Heráclito  de  Alonso  de  Ba- 
rros, concordados  por  el  Maestro  Bartolomé  Gitnénes  Pa- 
tón. (N.  del  a.) 

La  carta  que  dedicó  Cáscales  a  Jiménez  Patón  es  la  «epís- 
tola X»  de  la  década  segunda  de  sus  Cartas  Philológicas 
(1634).  Es  muy  breve,  pero  muy  expresiva,  familiar  y  afec- 
tuosa, lo  que  demuestra  la  buena  amistad  que  unió  a  am* 
bos  humanistas.  En  ella  le  incluye  Cáscales  cuarenta  y 
cuatro  epigramas  latinos  de  su  propia  cosecha,  que  he  tra- 
ducido en  prosa  castellana  para  mi  edición  de  las  Cartas 
Filológicas,  cuyo  primer  tomo  se  publicó  en  1930  en  la  co- 
lección de  Clásicos  Castellanos,  de  «La  Lectura».  Cáscales 
envió  esta  muestra  de  su  ingenio  a'su  colega  de  Villanueva 
de  los  Infantes,  con  el  fin  de  alegrar  el  ánimo  de  Patón, 
decaído  y  sombrío  por  causa  de  sus  muchos  achaques.  «¡Ea, 
seftor — le  dice — ,  anímese  más  y  haga  mala  cara  a  los  acha- 
ques... Busque  v.  m.  ocasiones  de  desenfado,  i  divierta  el 
pensamiento  de  cosas  graves:  dése  a  las  más  menudas,  i  aun 
nugatorias,  que  tienen  a  veces  no  sé  qué  de  ruibarbo  bas- 
tante a  purgar  de  melancolías  al  más  saturnino.  Con  este 
fin  envío  a  v.  m.  estos  Epigratnmas...*  (N.  del  e.) 


-  %  - 


3.*  cProverbios  morales  de  Herácli- 
to...  concordados».  Baeza,  1615. 

4.^  «Discurso  sobre  la  langosta». 
Baeza,  1619. 

5.^  «Mercurius  trimegistus,  sive  de 
tríplice  eloquentia,  sacra,  española,  ro- 
mana». Baeza,  1621. 

6.^  «Decente  colocación  de  la  Santa 
Cruz».  Cuenca,  1625. 

7.^  «Declaración  de  varios  epigra- 
mas de  Marcial».  Madrid,  Baeza  y  Cuen- 
ca, 1628  a  1630. 

8.*  «  Historia  de  la. . .  ciudad  de  Jaén . . . 
y  de  algunos  hijos  de  ella».  Jaén,  1628. 

No  fué  Patón  su  autor  original,  y  sí 
únicamente  el  arreglado  r  y  adicionador 
de  los  borradores  sobre  dicha  Historia, 
que  el  célebre  viajero  don  Pedro  Ordó- 
ñez  de  Ceballos  le  remitió  a  este  inten- 
to en  1616,  y  que  doce  años  más  tarde 
publicó  el  humanista  ilustre,  dedicán- 
dola, por  medio  de  su  hijo  Félix,  al  exi- 
mio Cardenal  Cueva,  primer  Marqués 
de  Bedmar. 

9.^  «Discurso  de  los  tufos,  copetes  y 
calvas».  Baeza,  1629. 

10.^  «Declaración  preámbula  del  sal- 
mo Beati  inmaculati...i.  1633. 


11.^  «Discurso  del  santo  y  loable  es- 
tado de  la  limpieza».  Granada,  1638. 

12.^  «Reforma  de  trajes»  (comentan- 
do la  obra  del  Arzobispo  don  Hernando 
de  Tala  vera),  con  un  opúsculo  sobre 
«El  buen  uso  del  tabaco».  Baeza,  1638. 

Escribió  además  otras  varias  obras 
que  han  quedado  inéditas,  entre  ellas  la 
titulada  Victorias  del  árbol  sacro  de  la 
Cruz,  y  algunas  composiciones  poéti- 
cas, autos  sacramentales  y  comedías 
que,  en  sentir  del  señor  Barrera  y  Ley- 
rado,  deben  correr  anónimas,  toda  vez 
que  de  su  existencia,  por  más  que  no  las 
conozcamos,  no  puede  cabernos  duda, 
después  de  leer  las  palabras  que  a  nues- 
tro insigne  humanista  dirige  su  enco- 
míador  y  Mecenas  don  Fernando  de 
Ballesteros  y  Saavedra  al  frente  del  ya 
citado  libro  de  Proverbios  morales,  y 
son  como  sigue: 

«...  A  los  veinte  años  de  edad  tenía  he- 
chas muchas  poesías,  comedias  y  autos,  y 
otras  obras  sueltas,  divinas  y  humanas.» 

El  Maestro  Jiménez  Patón,  en  fin,  es 
uno  de  los  literatos  que  más  aprobacio- 
nes, dictámenes  y  censuras  han  puesto 
a  libros  de  todas  clases. 


L 


La  Palma  (P.  Luis  de). 

Sacerdote  Jesuíta,  natural  de  Toledo, 
donde  nació  en  1559,  y  residente  en  Mur- 
cia, durante  larga  temporada,  en  calidad 
de  Rector  del  Colegio  de  la  Compañía 
de  dicha  ciudad,  como  antes  lo  había 
sido  de  los  de  Alcalá  de  Henares  y 
Madrid,  conforme  al  testimonio  del 
R.  P.  Rivadeneyra  en  su  Bibliotheca 
Scriptorum  Socieiatis  Jesu.  Fué  varón 
de  aventajadas  cualidades,  de  excelente 
doctrina  y  de  gran  integridad  de  cos- 
tumbres. Escribió: 

1.°  cHistoria  de  la  Sagrada  Passion 
del  Señor,  sacada  de  los  Quatro  Evan- 
gelios». Por  el  P.  Luis  de  la  Palma.  Al- 
calá de  Henares,  1624. 

En  4.0 

Ibídem.— Barcelona.  Impr.  de  María 
Angela  Martí,  1762. 

En  4.°— 2  hojs.  de  prelims.— 428  págs.  y  2  hojs.  al  final, 
de  tabla. 

2.°  «Camino  espiritual  de  la  manera 
que  lo  enseña  el  Bienaventurado  Padre 
San  Ignacio  en  su  libro  de  los  Exerci- 
cios.»  Primera  parte.  Por  el  Padre  Lvis 
de  la  Palma.  Provincial  de  la  Compañía 
de  lesvs  en  la  Prouincia  de  Toledo,  y 
natural  de  la  misma  Ciudad.  Año  (Escu- 
do de  la  Compañía)  1626.  Con  Privile- 
gio. En  Alcalá.  En  Casa  de  Juan  de 
Orduña,  Impressor  de  la  insigne  Uni- 
versidad. 

En  4.°— 836  págs.,  más  24  de  principios  y  13  de  tabla. 
Portada.— V.  en  b.— Privilegio.  — Erratas.  — Tasa.— Li- 


cencia del  Provincial.— Censura  de  Fr.  Diego  de  Campo. 
Dedicatoria  al  P.  General  Viteleschi.— A  los  Padres  de 
la  Compañía. -Texto.— Tabla  de  Capítulos. 

3.°  «Practica  y  breve  declaración  del 
Camino  Espiritual,  como  lo  enseña  el 
B.  P.  Ignacio.  Fundador  de  la  Compa- 
ñía de  IHS.»  Madrid,  1629. 

En  8.0 

Obra  que  tradujo  al  latín  el  P.  Jacobo 
Dyck,  y  publicó  en  1635  en  Antuerpia, 
en  Viena  y  en  Monaco,  según  don  Nico- 
lás Antonio. 

4.°  «Carta  de  la  Vida  y  muerte  del 
P.  Francisco  de  Porras.»  (?), 

Tradujo,  además,  del  latín  al  caste- 
llano: 

5.°    «El  exercicio  de  la  muerte.»  (?) 

6.°  «Medico  Religioso  del  P.  Cario 
Scribano.»  Madrid,  1633. 

Murió  el  P.  La  Palma  en  Madrid,  año 
de  1641. 

Laguna  (Fr.  Juan). 

Religioso  Franciscano  de  la  Provincia 
de  la  Regular  Observancia  de  Cartage- 
na. No  sabemos  de  donde  fuese  natural, 
pero  sí  que  habitó  no  escaso  tiempo  en 
tierra  de  Murcia,  según  se  desprende  de 
la  portada  de  su  curiosísimo  librito  que 
describimos  a  continuación: 

«Casos  raros  de  Vicios  y  Virtudes, 
para  escarmiento  de  pecadores,  y  exem- 
pío  de  virtuosos.»  Por  el  R.  P.  Fr.  Juan 
Laguna,  Predicador  Apostólico  en  los 

7 


98  - 


Obispados  de  Murcia,  Jaén  y  Arzobis- 
pados de  Toledo,  y  Valencia;  y  Guar- 
dián que  fué  del  Colegio  de  Misioneros 
Apostólicos  de  la  Villa  de  Zehegín.  Sale 
a  luz  a  devoción  de  un  devoto.  Quien  lo 
dedica  al  Serafín  Llagado  nuestro  Será- 
fico Patriarca  San  Francisco.  Con  li- 
cenc.  Barcelona,  Por  Antonio  Arroque.» 
(S.a.). 

En  8,°— 355  págs.,  más  3  hojas  de  prellms.  y  3  págs.  al 
final  de  Tabla,  sin  numerar.— Slgns.  (--5^)  B-Zz.— Portada. 
V.  en  b.— Dedicatoria.— Censura  de  los  R.  R.  P.  P.  Fr. 
José  Ludefla,  Lector  Jubilado...  y  actual  Difinidor  de  la 
Provincia  de  Cartagena:  y  Fr.  Pedro  de  la  Pefla,  Lector 
Jubilado,  y  Rector  del  Colegio  de  la  Purísima  Concep- 
ción de  la  Ciudad  de  Murcia;  dada  en  el  mismo  en  27  de 
Septiembre  de  1741. — Aprobación  del  P.  Fr.  Miguel  En- 
rique, en  Valencia  a  29  de  Septiembre  de  1745.— Prólo- 
go.—Texto. 

Es,  con  efecto,  una  obrita  de  extre- 
mada rareza.  Compónenla  hasta  treinta 
y  ocho  capítulos  o  exposiciones  de  doc- 
trina, moral,  ilustradas  con  otros  tantos 
ejemplos,  historietas  o  cuentos  maravi- 
llosos, ya  serios,  ya  festivos,  que  avalo- 
ra el  mérito  de  una  narración  sencilla  y 
de  un  estilo  agradabilísimo  por  su  soltu- 
ra, facilidad  y  desembarazo. 

La  RiVA  (Dr.  Donjuán  Antonio  de). 

El  nombre  de  este  varón  ilustre  viene 
siendo  tenido  ha  más  de  un  siglo  en 
gran  consideración  y  respeto  por  todos 
los  murcianos  amantes  de  las  letras,  ra- 
zón por  la  cual  sentimos  muy  de  veras  no 
tener  más  noticias  individuales  suyas, 
que  las  de  haber  sido  Colegial  en  el  Ma- 
yor del  Arzobispo  de  Alcalá  de  Hena- 
res, Profesor  de  Filosofía  en  el  Semina- 
rio Conciliar  de  San  Fulgencio  de  Mur- 
cia por  los  postreros  años  del  pasado 
siglo  y  principios  del  presente,  y  Canó- 
nigo Doctoral  de  su  Santa  Iglesia  Cate- 
dral, a  la  que  hubo  de  prestar  muchos 
y  muy  buenos  servicios  literarios,  como 
asimismo  a  la  Biblioteca  del  Palacio 
Episcopal  de  dicha  ciudad,  que  enri- 
queció legándole  casi  toda  su  librería. 


No  sabemos  tampoco  el  año  de  su  muer- 
te, pero  sí  que  en  1817  aún  vivía. 

Dejó  trabajadas  varias  obras,  las  más 
importantes  de  las  cuales  quedaron  ma- 
nuscritas, a  saber: 

l.'"^  Y  la  más  principal,  fué  la  precio- 
sa Colección  de  Apuntes  que  formó  para 
la  historia  de  dicha  Catedral;  manuscri- 
to que,  según  creo,  posee  en  la  actuali- 
dad el  ilustrado  murciano  don  Pedro 
Berenguer,  profesor  del  Colegio  militar 
de  Toledo;  y  Apuntes  de  que  después 
se  han  valido  todos  cuantos  han  tratado 
sobre  esta  materia,  como  verbigracia, 
don  Félix  Ponzoa,  don  Ramón  Baque- 
ro,  don  Federico  Atienza,  don  Rodrigo 
Amador  de  los  Ríos  y  otros. 

2.^  «Filosofía  elemental»,  dividida 
en  tres  tomitos  de  Psicología,  Lógica 
y  Etica,  respectivamente:  Manuscritos 
que  actualmente  posen  los  eseñores  Ruiz 
Baquerín,  como  herederos  y  sucesores 
de  la  casa  y  familia  de  nuestro  Doctoral. 

3.^  «Historia  del  Santuario  e  Imagen 
de  Ntra.  Sra.  de  la  Fuensanta»:  Manus- 
crito que  también  poseen  los  referidos 
señores,  y  que  recientemente  (1892),  ha 
publicado  el  señor  Martínez  Tornel  en 
su  «Biblioteca  de  El  Diario  de  Murcia». 

4.^  Informe  dado  al  Ilustrísimo  Se- 
ñor Obispo  (don  Victoriano  López  Gon- 
zalo) sobre  la  dedicación  o  consagración 
de  la  Santa  Iglesia  Catedral  de  Carta- 
gena (1). 

Impreso  en  4.°,  de  16  págs.,  firmado  al  final  por  su 
autor  en  Murcia  a  22  de  diciembre  de  1800.  Es  escrito 
interesante. 

5.^  Bautismo  de  los  Fetos  abortivos 
y  extraídos  por  la  Operación  cesárea... 
(Al final):  Con  licencia:  En  la  Imprenta 
de  Mariano  Bellido  (2). 

En  4.°— 12  págs.  Es  también  opusculito  algo  curioso. 


(1)  No  lleva  titulo  el  opúsculo;  pero  nos  permitimos  re- 
construirlo así,  en  vista  del  asunto  de  que  trata  y  la  perso- 
na a  quien  va  dirigido. 

(2)  Véase  La  Riva  en  nuestra  Sección  de  Impresos  en 
Murcia. 


_  99  _ 


Y  últimamente  sus  Adiciones  al  Ca- 
tecismo de  la  Doctrina  Cristiana  del 
P.  Jerónimo  Ripalda,  que  son  por  las 
que,  generalmente,  su  nombre  es  cono- 
cido en  España,  y  no  únicamente  en 
Murcia. 

LlClNIANO. 

Es  el  primer  varón  esclarecido  que 
ilustra  por  su  sabiduría  la  Silla  Episco- 
pal de  Cartagena,  y  que  cultiva  con  sin- 
gular acierto  las  letras  dentro  del  terri- 
torio murciano.  Nada  más  se  sabe  de  él 
que  lo  que  nos  dice  San  Isidoro  en  el 
capítulo  42  de  sus  «Varones  ilustres»: 
Licinianus  -  Carthaginis  Sp a  rta  ria e 
Episcoptís,  in  Scripturis  doctus:  cujus 
quidem  multas  Epístolas  legimus,  de 
Sacramento  denique  Baptismi  unam, 
&  ad  Eutropium,  Abbatem  (qui  postea 
Valentiae  Episcopus  fuit)  plurimas. 
Reliqua  vero  industriae  &  laboris  ejus 
ad  nostram  notitiam  minimé  venertmt. 
Claruit  temporibus  Mauritij  Angustí. 
Occubuít  Constantínopoli,  veneno  (ut 
ferunt)  extínctus  ab  aemulis:  sed  ut 
scríptum  est,  justus  quacumque  morte 
praeocupatus  fuerít,  anima  ejus  in  re- 
frigerio erit.  Pero  por  los  comentarios 
que  insignes  escritores  han  hecho  sobre 
este  pasaje  de  San  Isidoro,  podemos 
bien,  ya  que  no  al  detalle,  recomponer 
a  grandes  rasgos  la  biografía  de  nuestro 
Obispo. 

Fuélo  realmente  o  en  efectivo  de  la 
Iglesia  Cartaginense,  y  no  puramente 
Titular,  o  sin  Diócesi,  como  pensaron 
Morales  y  el  Cardenal  Aguirre;  supues- 
to que  ni  San  Isidoro  le  da  el  dictado  de 
Corepiscopo,  como  se  llamaban  enton- 
ces los  tales  Titulares,  ni  estaba  toda- 
vía Cartagena  (y  aunque  lo  estuviese, 
no  lo  estaba  la  Diócesi)  en  el  lamenta- 
ble estado  de  no  poder  tener  Prelado 
que  la  gobernase  dentro  de  su  propio 
recinto.  Su  elevación  a  esta  dignidad 


tuvo  lugar  en  el  año  de  580,  según  unos, 
o  en  el  de  581,  según  otros.  Fué,  según 
parece,  grande  amigo  del  célebre  Seve- 
ro, Obispo  de  Málaga,  y  es  de  creer 
que,  residiendo  en  su  Iglesia,  hubo  de 
componer  y  trabajar  esas  muchas  epís- 
tolas de  que  nos  habla  el  Santo  Metro- 
politano de  Sevilla.  El  P.  Flórez,  sin 
embargo,  opina  que  por  lo  menos  la  di- 
rigida por  estos  dos  Obispos  al  Diácono 
Epifanio  hubieron  de  escribirla  siendo 
ambos  monjes  o  compañeros  de  clausu- 
ra en  un  monasterio  hoy  ignorado;  y 
tiene  por  cierto  que  a  esto  deben  aludir 
aquellas  palabras  de  San  Isidoro:  Seve- 
rus...  Collega  &  Socius  Luciniani.  Sus 
razones  son:  que  no  darían,  como  dan 
en  la  carta,  el  dictado  de  hermano  a  un 
simple  Diácono,  siendo  ellos  Obispos, 
ni  podrían  tampoco  con  comodidad  jun- 
tarse a  escribir,  siendo  de  distantes  Igle- 
sias. Pero  ya  se  está  viendo  la  nimiedad 
del  argumento,  sobre  todo  por  lo  que 
se  refiere  a  la  primera  parte;  y  creemos 
que  si  efectivamente  nuestro  Liciniano 
hubiera  sido  monje,  no  lo  hubiera  calla- 
do San  Isidoro,  como  no  lo  calla  de  su 
hermano  Leandro,  ni  de  ninguno  de  los 
varones  ilustres  que  tuvieron  esta  pro- 
fesión. 

Algunos,  también,  lo  han  hecho  Obis- 
po de  Málaga,  confundiéndole,  sin  duda, 
con  su  amigo  Severo;  y  no  ha  faltado, 
tampoco,  quien,  como  Morales,  y  por 
haber  mal  interpretado  el  texto  de  San 
Isidoro,  haya  supuesto  que  nuestro  Li- 
ciniano fuese  trasladado,  de  la  de  Car- 
tagena, a  la  Iglesia  de  Valencia;  notable 
yerro,  pues  consta  que  murió  en  Cons- 
tantinopla  siendo  Obispo  Cartaginense, 
como  igualmente,  que  en  el  ejercicio 
de  su  dignidad  hubo,  con  buen  Pastor, 
de  trabajar  e  interesarse  en  favor  de  su 
Iglesia  con  el  celo  y  vigilancia  que  pe- 
dían entonces  las  críticas  circuntancias 
porque  atravesaba  España,  consta  tam- 


100  - 


bien  por  la  carta  que  dirigió  al  Papa  San 
Gregorio  pidiéndole  consejos  para  el 
buen  gobierno  de  su  clero  y  diócesis. 

También,  sin  violencia,  puede  dis- 
currirse y  casi  tenerse  por  seguro,  que 
escribiera  a  sus  diocesanos  algunas  Car- 
tas Pastorales,  ora  exhortándoles  a  la 
pureza  de  costumbres  y  observancia  del 
dogma,  ora  previniéndoles  contra  las  he- 
rejías e  impiedades  arrianas,  dándonos 
derecho  a  pensarlo  así  la  expresión  bien 
significativa  de  San  Isidoro:  cujus... 
multas  Epístolas  legimus,  como  igual- 
mente el  decreto  de  destierro,  de  que  fué 
víctima,  y  que  sólo  alcanzó  según  sentir 
de  muchos,  a  aquellos  Obispos  que  más 
se  singularizaron,  por  su  ardiente  celo, 
en  la  predicación  contra  las  doctrinas 
heréticas. 

Sus  desvelos,  pues,  e  interés  profun- 
do por  el  triunfo  de  la  fe  Católica  y 
exaltación  de  su  Iglesia,  fueron  sin  duda 
la  causa  de  que  le  alcanzare  el  decreto 
de  destierro  fulminado  por  Leovigildo, 
por  virtud  del  cual  vióse  obligado  a 
abandonar  su  rebaño,  trasladándose  a 
la  entonces  floreciente  Corte  del  Impe- 
rio de  Oriente,  que  a  la  sazón  goberna- 
ba el  Emperador  Mauricio,  y  en  donde 
halló  el  fin  de  sus  días,  por  muerte  de 
veneno  que,  según  sospechas  de  San  Isi- 
doro, le  propinaron  sus  émulos,  en  592, 
según  unos,  596,  según  otros,  o  alrede- 
dor del  de  602,  según  siente  el  P.  Fló- 
rez,  bien  que  sólo  fundándose  en  la  cir- 
cunstancia de  haber  muerto  en  éste  el 
referido  Mauricio,  y  en  el  dicho  de  San 
Isidoro,  de  que  nuestro  Santo  Obispo 
floreció  en  tiempo  de  este  Emperador, 
dicho  que,  si  bien  resulta  impropio  o 
poco  exacto,  habiendo  sobrevivido  Lici- 
niano  a  Mauricio  algunos  años,  y  dado 
en  ellos  algunos  escritos,  puede  en  cam- 
bio prevalecer  muy  bien,  habiendo  muer- 
to nuestro  Obispo,  no  ya  en  596  ó  592, 
pero  aun  en  584,  o  sea  tres  años  después 


de  la  exaltación  de  Mauricio  al  trono 
de  Constantinopla,  y  en  el  mismo  en 
que  aquél  salió  desterrado  para  esta 
ciudad.  No  puede,  no,  alargarse  la 
vida  de  Liciniano  a  la  entrada  del  si- 
glo VII,  como  dice  muy  bien  el  sabio 
Padre;  mas  no  por  eso  hallo  razón  para 
que  no  pueda  acortarse  unos  cuantos 
años. 

Yo  por  mí,  tengo  por  cierto,  o  a  lo 
menos  por  muy  probable,  que  debió  mo- 
rir antes  o  dentro  del  año  de  587,  en  que, 
como  es  sabido,  bajó  al  sepulcro  Leovi- 
gildo; pues  de  otra  suerte,  no  me  expli- 
co bien  cómo  pudo  estarse  en  Constan- 
tinopla todo  el  tiempo  que  va  desde  esta 
fecha  a  la  de  602,  y  no  volvió,  durante 
tan  largo  espacio,  a  su  abandonada  Igle- 
sia de  Cartagena,  como  volvieron  a  sus 
respectivas  diócesis  los  demás  Obispos 
desterrados.  Punto  es  éste,  en  que  no 
paró  mientes  el  sabio  Maestro  Flórez, 
o  si  paró,  no  quiso  llamar  sobre  ello  la 
atención,  por  haber  ya  negado  la  espe- 
cie de  que  San  Fulgencio  hubiese  sido 
Obispo  de  Cartagena,  cosa  que,  efecti- 
vamente, no  hubiera  podido  ser  posible, 
al  sobrevivir  Liciniano  al  año  de  600,  en 
que  fué  destruida  esta  ciudad  por  el 
furor  de  los  godos. 

También  incurre  en  notable  inconse- 
cuencia al  considerar  escrita  la  referida 
Carta  de  Liciniano  al  Diaco  Epifanio, 
en  un  tiempo  anterior  al  de  su  Obispado 
Cartaginense;  supuesto  que,  siendo  tan 
escrupuloso,  que  por  decir  San  Isidoro 
que  nuestro  Obispo  floreció  en  tiempo 
del  Emperador  Mauricio,  no  quiso  alar- 
garle la  vida  ni  siquiera  a  un  año  del 
tiempo  de  Focas,  por  la  misma  razón 
no  debiera  nunca  suponer  escrito  tan 
notable  documento  en  fecha  anterior  al 
año  de  582;  porque  de  serlo  (debió  pen- 
sar) no  vendría  tampoco  a  resultar  cier- 
to el  citado  dicho  de  San  Isidoro,  ha- 
biendo entonces  florecido  también  Lic¡- 


101  - 


niano  en  los  tiempos  de  Justino  II  o  de 
Tiberio. 

Todas,  pues,  o  la  mayor  parte  de  las 
Epístolas  de  Liciniano,  pertenecen,  in- 
dudablemente, al  tiempo  de  su  Obispa- 
do, y  debió  escribirlas  residiendo  en  su 
diócesis  (tal  vez  al  lado  de  San  Fulgen- 
cio, entonces  Presbítero),  toda  vez  que 
expresamente  San  Isidoro  dice  haberlas 
leído,  lo  que  no  hiciera  fácilmente  ha- 
biéndolas escrito  nuestro  Obispo  allá 
en  la  Corte  del  Oriente  griego,  hasta 
donde  le  persiguió  la  envidia,  y  de  la 
cual,  que  se  sepa,  no  volvió  ya  a  España. 

De  todas  ellas,  y  por  razón  de  la  incu- 
ria de  los  tiempos,  sólo  tres  han  llegado 
hasta  nosotros,  bajo  los  siguientes  tí- 
tulos: 

1.^  Ad  S.  Gregorium  Papam  Urbis 
RoMAE.  De  libro  Regularum. 

2.^  Ad  Vicentium  Episcopum  Ebosi- 
TANAE  Insular.  Contra  eos  qui credebant 
de  Coelo  cecidisse  in  memoriam  S.  Pe- 
tri  Romae. 

3.^  Ad  Epiphanium  Diaconum.  In  qua 
ostenditur  Angelos  &  animas  rationales 
esse  spiritus,  sive  totius  corporis  ex- 
pertes. 

Todas  ellas  escritas  en  el  mismo  esti- 
lo didáctico,  sentencioso  y  sobrio,  sin 
dejar  por  eso  de  tener  alguna  elegancia, 
y  en  donde  el  autor  insinuadamente 
viene  a  mostrársenos  profundo  escritu- 
rario, eminente  psicólogo,  sabio  dogma- 
tizador  y  grandemente  versado  en  la 
literatura  de  los  PP.  griegos  y  latinos; 
cualidades  que  es  de  presumir  campea- 
rían también  o  acaso  más  ampliamente 
en  las  demás  obras  suyas  que  lloramos 
perdidas. 

De  estas  tres  que  nos  restan,  aunque 
no  la  mejor,  es  para  nuestro  propósito 
de  mayor  interés  la  dirigida  al  Papa  San 
Gregorio,  por  pedirle  en  ella  instruccio- 
nes para  su  gobierno  pastoral,  y  demos- 
trarse con  esto,  que  no  fué,  así  como  se 


quiere,  un  Corepiscopo  u  Obispo  pura- 
mente titular,  sino  efectivo,  y  con  Dió- 
cesis e  Iglesia  propia,  razón  por  la  cual 
hanos  parecido  conveniente  copiarla  ín- 
tegra, ilustrándola  de  paso  con  una  tra- 
ducción casi  literal.  Dice  de  este  modo: 

1.  «Domino  beatissimo  Gregorio  Papae 
Licinianus  Episcopus  (1)  Librum  regula- 
rum a  Sanctitate  tua  editum,  &  ad  nos  di- 
vina gratia  opi talante  perlatum,  tanto  li- 
bentius  legimus,  quanto  in  eo  spirituales 
regulas  inesse  cognoscimus.  Quis  enim 
non  libentius  legat,  ubi  jugi  meditatione 
medicinam  animae  suae  inveniat?  ubi  con- 
temptis  hujus  saeculi  rebus  caducis  &  in 
sua  mutabilitate  variantibus  ad  aeternae 
vitae  stationem  o  cu  los  mentís  aperiat? 
Liber  hic  tuus  omnium  est  aula  virtutum. 
lUic  prudentia  inter  bonum  &  malum  dis- 
cretionis  limitera  figit:  illic  justitia  unicui- 
que  suum  tribuit,  dum  Deo  animam,  cor- 
pusque  animae  subdit.  Illic  fortitudo  etiam 
in  adversis  &  in  prosperis  reperitur  semper 
aequalis,  quae  nec  in  contrariis  frangitur, 
nec  in  prosperis  exaltatur.  Illic  temperan- 
tia  furarem  libidinis  frangit,  discreteque 
voluptatibus  modum  imponit.  Illic  cuneta 
quae  ad  vitae  aeternae  participium  perti- 
net  comprehendis:  &  non  solúm.  Pastori- 
bus  regulara  vivendi  praescribis,  sed  etiam 
his  qui  regiminis  officium  nullum  habent, 
vivendi  regulara  tribuís.  Habent  enira  Pas- 


(1)  1.  El  Obispo  Llclnlano  al  señor  Gregorio  beatísimo 
Papa.  =  El  libro  de  las  Reglas  escrito  por  tu  Santidad,  y 
llegado  hasta  nos  por  el  favor  de  la  divina  gracia,  hemos 
leído  con  tanto  mayor  gusto,  cuanto  que  desde  luego  hemos 
conocido  hallarse  en  él  espirituales  enseñanzas.  ¿Quién  no 
leerá  con  singular  fruición  aquello,  donde  por  una  medita- 
ción continua  viene  a  encontrar  la  salud  de  su  alma?,  ¿dón- 
de, despreciándose  las  cosas  del  siglo,  variables  y  caducas 
por  su  mutabilidad,  se  abren  los  ojos  del  alma  a  la  región 
de  la  eterna  vida?  Todo  este  libro  tuyo  es  una  escuela  de 
virtudes.  Él,  con  prudencia,  fija  el  límite  de  separación 
entre  el  bien  y  el  mal:  Con  justicia,  da  a  cada  cual  lo  suyo, 
como  el  alma  a  Dios,  sujeta  el  cuerpo  al  alma.  Con  fortale- 
za, halla  iguales  siempre  los  infortunios  y  las  prosperida- 
des, para  que  ni  por  aquéllos  nos  consideremos  abatidos,  ni 
por  éstas  exaltados.  Y  él,  con  templanza,  combate  el  furor 
de  la  sensualidad  y  pone  un  moderado  límite  a  los  deseos. 
En  él,  en  ñn,  abrazas  todo  cuanto  al  logro  de  la  vida  eterna 
se  refiere;  y  el  modo  de  vivir  prescribes,  no  sólo  a  los  Pre- 
lados, si  que  también  a  aquellos  que  ningún  cargo  tienen 
de  gobierno.  Por  lo  que  hace  a  los  primeros,  tienen  en  tu 
cuarta  división  todas  aquellas  reglas  que  convienen  a  su 
oficio  Pastoral:  Qué  vida  han  de  observar  al  entrar  en  el 
gobierno;  de  qué  manera  y  cuáles  cosas  han  de  enseñar  a 
los  fieles,  y  no  elevar  a  demasiada  altura  lo  que  hicieren 
por  su  deber  sacerdotal. 


102 


tores  in  quadripartia  tua  distributione  qua- 
les  ad  hoc  officium  veniat;  qualem  vitam 
gerant  cum  veneriut;  qualiter  vel  qualia 
doceant,  &  ne  in  tanto  Sacerdotali  culmine 
extollantur,  quid  agant. 

»2.  Adtestantur  huic  eximiae  doctrinae 
tuae  Sancti  antiqui  PP.  Doctores,  defenso- 
res que  Ecclesiae,  Hilarius,  Ambrosius, 
Augustinus,  Gregorius  Nazianzenus:  hi 
omnes  testimonium  tibi  praebent,  sicut 
Apostolis  praebuerunt  Prophetae.  Hilarius 
Sanctus  dicit  exponens  verba.  Apostoli 
Doctoris  Gentium:  «Ita  etenim  quae  pro- 
.»práae  disciplinae  &  morum  sunt,  ad  sacer- 
»dotij,  meritum  utilia  esse  significat,  si 
»etiam  haec  quae  ad  docendae  ac  tuendae 
»fidei  scientiam  necessaria  sunt  inter  reli^ 
>qua  non  desint;  quia  non  statim  boni  at- 
»que  utilis  sacerdotis  est,  aut  tantummodo 
»innocenter  agere,  aut  tantummodo  docen- 
»ter  praedicare,  cum  &  innocens  tantum 
»sibi  proficiat,  nisi  quám  doctus  sit,  et  doc- 
»tus  si  doctrinam  vivendo  non  adjuvet, 
>omnino  sibi  nihil  prosit.» 

»3.  Adtestatur  huia  libro  Sanctus  Am- 
brosius in  illis  libros  quos  fecit  de  Officiis. 
Adtestatur  Sanctus  Augustinus  dicens: 
«In  actione  non  amandus  est  honor  in  hac 
»vita  sive  potentia,  quoniam  omnia  vana 
»sub  solo.  Sed  opus  ipsum  quod  per  eum- 
»dem  honorem  vel  potentiam  fit,  si  recté 
>atque  utiliter  fit,  id  est,  ut  valeat  ad  eam 
»salutem  subditorum,  quae  secundum 
»Deum  est.  Propter  quod  ait  Apostolus: 
*Qui  Episcopatum  desiderat,  opus  bonum 
»desiderat.  Exponere  voluit  quid  sit  Epis- 
»copus,  quia  nomen  est  operis,  non  hono- 
»ris:  Graecum  est  enim,  atque  inde  ductum 
•vocabulum,  quod  ille  qui  praeñcitur,  eis 
»quibus  praeficitur  superintendit,  curam 
»scilicet  eorum  gerens:  Episcopus  quippe 
»intentio  est.  Ergo  Episcopum,  si  velimus 
» Latiné,  superintendere  possumus  dicere. 
»Ut  intelligat  non  se  esse  Episcopum,  qui 
>praesse  dixerit,  non  prodesse.  Ita  que  ab 
»studio  cognoscendae  veritatis  nemo  pro- 
•hibetur,  quod  ad  laudabile  pertinet  otium: 


2.  Confirman  esta  eximia  doctrina  tuya  los  antiguos 
Santos  PP.,  Doctores  y  defensores  de  la  Iglesia,  Hilario, 
Ambrosio,  Agustín,  Gregorio  Nazianzeno:  todos  te  dan  de 
ello  testimonio,  como  se  lo  dieron  los  Profetas  a  los  Apos- 
tóles. San  Hilario,  exponiendo  las  palabras  del  Doctor 
Apóstol  de  las  Gentes  dice:  ... 

3.  Confirma  este  tu  libro  San  Ambrosio  en  aquellos  titu- 
lados De  Oficios  que  él  escribió.  Confírmalo  San  Agustín 
diciendo: ... 


»locus  vero  superior,  sine  quo  regi  populos 
»non  potest,  etsi  ita  teneatur;  atque  admi- 
»nistretur  ut  decet,  tamen  indecenter  appe- 
»titur.  Quam  obrem  otium  sanctum  quaerit 
>charitas  veritatis:  negotium  justum  susci- 
»pit  necessitas  charitatis.  Quam  farcinam, 
»si  nullus  imponit,  percipiendae  atque  in- 
»tuendae  vacandum  est  veritate.  Si  autem 
»imponitur,  suscipienda  est  propter  chari- 
»tatis  necessitatem.  Sed  nec  sic  omnimo- 
»do  vesitatis  delectatio  deserenda  est,  ne 
»subtrahatur  illa  suavitas  &  opprimatur 
»ista,  necessitas.  (lib.  19  de  Civit.  Dei. 
.Cap.  19.)» 

»4.  Adstestatur  Gregorius  Sanctus,  cu- 
yus  stylum  sequeris,  cujus  exemplo  deli- 
tescere  cupiebas,  ut  pondus  sacerdotii  de- 
clinares, quod  quale  sit  in  toto  libro  tuo 
liquidé  declaratur;  &  tamen  portas  quod 
metuebas.  Pondus  enim  tuum  sursum  fer- 
tur,  non  deorsum:  non  quod  te  ad  ima  pre- 
mat,  sed  quod  ad  astra  sustollat,  dum  per 
Dei  gratiam  &  obedientiae  meritum,  ope- 
risque  boni  efficientiam,  sit  suave  quod 
per  imbecillitatem  humanam  videbatur 
habere  gravedinem.  Dicis  enim  ea  quae 
consonat  Apostolis  &  Apostolicis  viris:  pul- 
cher  enim  pulchra  dixisti,  &  in  his  pul- 
chrum  te  esse  óstendisti.  Nolo  ergo  te  si- 
milare  indecoro  pictori  pulchra  pingenti; 
quia  spiritualis  doctrina  a  spirituali  mente 
proficiscitur.  Plus  plerisque  aestimatur 
homo  pictor,  quám  inanimata  pictura:  sed 
hoc  non  adsentationi  aut  adulationi  repu- 
tes, sed  veritati:  quia  nec  me  oportet  men- 
tiri,  nec  te  decet  falso  laudari.  Ego  plané 
licét  foedus,  &  te,  &  omnia  tua  pulchra 


4.  Confírmalo  San  Gregorio,  cuyo  estilo  seguiste,  y  con 
cuyo  ejemplo  deseabas  ponerte  a  cubierto  en  lo  de  evadir  la 
carga  de  sacerdote,  cuyo  modo  de  ser  tan  claramente  se 
manifiesta  en  todo  tu  libro.  Llevas,  sin  embargo,  lo  que 
temías;  pero  tu  carga  es  llevada  hacia  arriba  y  no  hacia 
abajo:  no  te  oprime  hacia  el  suelo,  sino  que  te  eleva  hasta 
los  astros,  habiéndose  logrado,  por  la  gracia  de  Dios,  la 
virtud  de  la  obediencia  y  la  eficacia  de  las  buenas  obras,  que 
sea  suave  lo  que  la  ignorancia  humana  consideraba  de 
enormidad.  Las  doctrinas  que  expones  concuerdan,  pues, 
con  las  de  los  Apóstoles  y  Apostólicos  varones.  Galana- 
mente has  hablado,  hermosas  cosas  has  dicho,  y  pulcro  en 
ellas  has  sabido  ostentarte.  No  quiero,  por  eso,  compararte 
al  pintor  desenvuelto  que  pinta  bellezas  materiales,  pues  tu 
hermosa  doctrina,  como  emanada  del  espíritu,  es  también 
espiritual.  En  más  estima,  y  por  mayor  número  de  personas 
es  tenido  el  pintor,  hombre,  que  la  pintura  inanimada  (lo 
que  no  es  aplicable  a  las  tuyas  por  ser  de  diversa  índole). 
No  lo  tomes  a  adulación  ni  a  lisonja,  sino  a  verdad;  porque 
ni  en  mí  sienta  bien  el  mentir,  ni  sería  decente  alabarte  en 
falso.  Aunque  privado  plenamente  de  toda  perfección,  toda- 
vía puedo  admirar  las  excelencias  que  se  hallan  así  en  ti, 


-  103  — 


conspexi,  &  memet  in  comparationem  tui 
satis  indecorum  vidi. 

»5.  Unde  precor  per  gratiam  Dei,  quae 
inte  exuberat,  ut  non  respuas  deprecan- 
tern;  sed  libenter  doceas  quae  me  fateor 
ignorare.  Compellimur  necessitate  faceré' 
quod  doces  non  fieri.  Peritus  enim  dum 
non  reperitur,  qui  ad  officium  sacerdotali 
venial,  quid  faciendum  est  nissi  ut  imperi- 
tus,  ut  ego  sum,  ordinetur?  Jubes  ut  non 
ordinetur  imperitus.  Sed  pertractet  pru 
dentia  tua,  ne  forte  ad  peritiam  sufficiat  ei 
scire  Jesum  Christum,  &  hunc  crucifixum: 
si  autem  non  sufficit,  nemo  erit  in  hoc  loco, 
qui  peritus  esse  dicatur;  nemo  erit  utique 
sacerdos,  si  nisi  peritus  esse  non  debet. 
Bigamis  aperta  fronte  resistimus,  ne  sacra- 
mentum  utique  corrumpatur.  Quid  si  unius 
uxoris  vir  ante  uxorem  mulierem  tetige- 
rit?  Quid  si  uxorem  non  habuerit,  &  tamen 
sine  mulieris  tactu  non  fuerit?  Consolare 
ergo  nos  stylo  tuo,  ut  non  puniamur,  nec 
nostro  nec  alieno  peccato.  Valdé  enim  me- 
tuimus,  ne  per  necessitatem  ea  faciamus 
quae  non  debemus.  Ecce  obediendum  est 
praeceptis  tuis,  ut  taliter  fiat,  qualiter 
Apostólica  docet  auctoritas:  &  non  reperi- 
tur qualiter  quaeritur:  cessabit  ergo  fides 
quae  constat  ex  auditu:  cessabit  baptismus, 
si  non  fuerit  qui  baptizet.  Cessabunt  illa 
Sacrosancta  Mysteria,  quae  per  sacerdotes 


como  en  todas  tus  obras;  y  yo  mismo,  en  comparación  tuya, 
no  puedo  menos  de  juzgarme  indigno. 

5.  En  vista  de  lo  cual  te  ruego  por  la  gracia  de  Dios,  que 
tanto  en  ti  abunda,  no  rechaces  mi  súplica,  antes  bien,  me 
enseñes  de  buen  grado  lo  que  confieso  ignorar.  Pues  por 
necesidad  nos  vemos  obligados  a  hacer  lo  que,  según  tú 
enseñas,  no  debe  hacerse.  Mientras  no  se  encuentra  un 
varón  docto  que  quiera  abrazar  el  estado  de  sacerdote,  ¿po- 
drá el  indocto  ser  ordenado?  Encargas  que  no  se  ordene  al 
ignorante;  mas  reflexiónalo  despacio  conforme  a  tu  pruden- 
cia, no  sea  que  tal  vez  baste  para  su  pericia  el  saber  que 
hubo  un  Jesucristo  y  que  éste  fué  crucificado;  porque  si  esto 
no  le  basta,  no  habrá  uno  en  este  lugar  que  pueda  llamarse 
docto.  No  habrá,  pues,  ningún  sacerdote,  si  no  puede  serlo, 
no  siendo  instruido.  Rechazamos,  sí,  de  un  modo  absoluto 
a  los  bigamos  por  no  corromper  el  sacramento.  ¿Mas  qué 
haremos  si  el  varón  de  una  sola  esposa,  en  vida  de  ella 
tocase  a  otra  mujer?  ¿Qué,  si  no  tuviere  esposa  ni  hubiese, 
no  obstante  tenido  contacto  con  mujer?  Consuélanos,  pues, 
según  tu  estilo,  a  fin  de  que  no  seamos  castigados,  ni  por 
el  nuestro  ni  por  el  ajeno  pecado.  Porque  es  mucho  lo  que 
tememos  si  por  virtud  de  la  dicha  necesidad  estamos  ha- 
ciendo lo  que  no  debemos.  Ten  por  seguro  que  serán  obede. 
cidos  tus  preceptos,  llevándose  a  cabo  talmente  y  del  modo 
que  lo  enseña  la  autoridad  Apostólica.  No  sabemos  ya  cómo 
lamentarnos.  Acabará  la  fe  que  se  sostiene  por  la  predica- 
ción. Acabará  el  bautismo  si  no  hay  quien  bautice.  Acaba- 
rán los  Sacrosantos  misterios  que  celebran  y  administran 
os  sacerdotes.  En  cualquiera  de  ambos  casos  amenaza  el 


fiunt  &  ministros.  In  utroque  periculum 
manet;  si  aut  talis  ordinetur  qui  non  debet, 
aut  non  sit  qui  sacra  mysteria  celebret  vel 
ministret. 

»6.  Ante  paucos  annos  Leander  Episco- 
pus  Spalensis  remeans  de  Urbe  regia,  vi- 
dit  nos  praeteriens,  qui  dixit  nobis  habere 
se  Hornillas  á  vestra  Beatitudine  editas  de 
libro  Sancti  Job.  Et  quia  festinans  pertran 
sit,  minimé  eas  petentibus  nobis  ostendi. 
Postea  vero  scripsisti  ei  de  trina  mersione; 
in  qua  Epístola  memorasti  displicuisse  vo- 
bis  illud  opus,  sed  hoc  salubriori  consilio 
statuisse,  ut  in  librorum  ductum  eas  trans- 
poneres. Habemus  sané  libellos  sex  Sanc- 
ti Hilarii  Episcopi  Pictaviensis,  quos  de 
Graeco  Origenis  in  latinum  vertit;  sed 
non  omnia  secundúm  ordinem  libri  Sancti 
Job  exposuit.  Et  satis  miror,  hominem  doc- 
tissimum  &  Sanctus,  ut  de  stellis  naenias 
Orígenes  transferret.  Mihi  Sanctissime  Pa- 
ter,  nuUo  pacto  suaderi  potest,  ut  credam 
astra  casli  spiritus  havere  rationales,  quae 
ñeque  cum  angelis  ñeque  cum  hominibus 
facta  esse,  Scriptura  Sancta  declarat.  Dig- 
netur  ergo  Beatitudo  vestra  Opus  ipsum 
de  libro  Sancti  Job;  sed  &  alios  libros  Mo- 
rales, quos  fecisse  te  memoras  in  hoc  libro 
Regularum,  exiguitati  nostrae  transmitie- 
re. Tui  enim  sumus,  tua  legere  delectamur. 
Optabile  namque  est  &  mihi  praeclarum. 


peligro:  bien  porque  se  ordene  al  que  no  deba  ser  ordenado, 
bien  porque  no  haya  quien  celebre  y  administre  los  Sa- 
cramentos. 

6.  Ha  pocos  años,  Leandro,  Obispo  Hispalense,  regresan- 
do de  la  Ciudad  Regia  (Constantlnopla)  nos  vio  a  su  paso 
por  ésta,  y  nos  dijo  tener  unas  Homilías  escritas  por  tu 
Beatitud  sobre  el  libro  del  Santo  Job.  Mas  no  pudo  mostrár- 
melas, aunque  se  lo  pedimos,  por  tener  que  apresurar  su 
viaje.  Después  le  escribiste  sobre  las  tres  inmersiones  (del 
Bautismo);  en  cuya  Epístola  dijiste  que  os  sería  molesto 
aquel  trabajo,  pero  que  debía  estatuirse  conforme  al  más 
sano  parecer,  y  a  fin  de  hacer  pasar  estas  doctrinas,  desde 
los  libros  a  la  práctica.  Tenemos  los  seis  Hbritos  que  San 
Hilario,  Obispo  Pictaviense,  vertió  al  latín  del  griego  Oríge- 
nes; pero  no  expone  todas  las  materias  conforme  al  orden 
del  libro  del  Santo  Job.  Y  me  maravilla  bastante  que  un 
hombre  tan  docto  y  santo  como  Orígenes,  atribuya  encantos 
a  las  estrellas.  Por  lo  que  a  mí  respecta.  Santísimo  Padre, 
de  ningún  modo  podré  persuadirme  a  creer  que  los  astros 
tengan  espíritus  racionales;  porque  según  declara  la  Sagra- 
da Escritura,  no  son  hechos,  ni  como  los  ángeles,  ni  como 
los  hombres.  Sea,  pues,  dignada  tu  Beatitud  de  enviar  a 
nuestra  pequenez,  así  la  misma  Obra  sobre  el  libro  del 
Santo  Job,  como  los  demás  libros  Morales,  que  en  este  de 
las  Reglas  dices  haber  compuesto.  Tuyo  somos,  y  en  la 
lectura  de  tus  obras  nos  delectamos.  Que  es  deseable,  y  para 
mí  excelente,  como  dice  tu  Gregorio,  el  aprender  hasta  la 
última  senectud.  La^anta  Trinidad  de  Dios,  para  enseñanza 
de  su  Iglesia,  ¡Oh,  Beatísimo  Papa!,  se  digne  conservar 
incólume  tu  coron»,  según  lo  deseamos. 


104 


sicut  tuus  Gregorium  ait,  usque  ad  ulti- 
mam  discere  senectutem.  Incolumem  co- 
ronam  vestram  ad  erudiendam  Ecclesiam 
suam  Sancta  Trinitas  Deus  conservare  dig- 
netur,  sicut  optamus,  Papa  Beatissime.» 

Por  lo  que  respecta  a  la  parte  biblio- 
gráfica de  estas  Epístolas,  han  sido  pu- 
blicadas: La  1.^  por  Lucas  D'Achery  en 
swSpicilegium,  París  1665-1677,  tomo  2.^, 
pág.  368.  Ibideni,  París,  1723,  Edición 
de  Martene.  =  Por  el  Cardenal  de  Agui- 
rre  en  su  Collectio  Máxima  Concüiorum, 
Roma  1693-94,  tomo  2.",  pág.  427.  Ibi- 
dem,  Roma,  1753-54.  Edición  de  José 
Catalano.  =  Y  por  Baluzio  en  su  Mis- 
cellaneay  Luca,  1761,  Edición  de  Mausí, 
tomo  2.°,  pág.  13. 

La  2.^  En  el  Luitprando  ilustrado  por 
don  Lorenzo  Ramírez  de  Prado,  Antuer- 
pia, 1640,  pág.  529.  =  Por  el  Cardenal 
de  Aguirre  en  el  lugar  citado,  pág.  428. 
=  Y  por  Bivar  en  su  Marco  Máximo, 
Madrid,  1652,  pág.  581. 

Y  todas  tres  por  el  P.  Enrique  Flórez 
en  su  España  Sagrada,  tomo  V.  Apén- 
dice IV,  págs.  421  a  435. 

Para  dar  ahora  remate  digno  al  pre- 
sente artículo,  no  podemos  resistir  al 
deseo  de  copiar  a  continuación  las  si- 
guientes galanas  y  elocuentes  frases  que 
el  sabio  Doctor  don  Marcelino  Menén- 
dez  .y  Pelayo  consagra  a  nuestro  Santo 
Obispo  en  su  justamente  celebrada  His- 
toria de  los  Heterodoxos  Españoles: 

«De  las  obras  de  este  ilustre  varón  (dice) 
sólo  tenemos  tres  epístolas:  la  segunda  y 
tercera  interesan  a  nuestro  propósito.  En- 
derezada fué  la  segunda  a  Vincencio,  Obis- 
po de  Ibiza,  que  había  admitido  por  autén- 
tica una  carta  a  nombre  de  Cristo,  que  se 
suponía  caída  del  cielo...  La  tal  Carta,  que 
se  decía  caída  en  Roma  sobre  el  altar  de 
San  Pedro,  fué  recitada  desde  el  pulpito 
por  el  Obispo  para  que  llegara  a  conoci- 
miento de  todos  los  fieles.  Liciniano  re- 
prende la  necia  facilidad  de  Vincencio  en 
recibir  aquel  escrito,  donde  ni  se  encontra- 
ba locución  elegante,  ni  doctrina  sana. 


»De  trascendencia  mucho  mayor  es  la 
epístola  tercera,  in  qua  ostenditur  Angelos 
et  animas  rationales  esse  spiritus  sive  to- 
tius  corporis  expertes,  dirigida  al  diácono 
Epifanio,  y  suscrita  por  Liciniano  y  Seve- 
ro, Obispo  malacitano.  Otro  Obispo,  cuyo 
nombre  tuvieron  la  cortesía,  o  reverencia, 
de  omitir  los  impugnadores,  negaba  la 
espiritualidad  del  alma  racional  y  de  los 
ángeles,  aseverando  que  todo,  fuera  de 
Dios,  era  corpóreo... 

>  Al  error  del  ignorado  Obispo  oponen  el 
de  Cartagena  y  el  de  Málaga  dos  especies 
de  argumentos,  unos  de  autoridad  y  otros 
de  razón.  Me  fijaré  especialmente  en  los 
segundos.  Todo  cuerpo  vivo,  dice  Licinia- 
no, consta  de  tres  elementos:  es  absurdo 
decir  que  la  sustancia  del  alma  esté  com- 
puesta de  ninguno  de  ellos.  Si  el  alma  es 
imagen  de  Dios,  no  puede  ser  cuerpo.  El 
alma  (decían  los  materialistas  de  enton- 
ces) es  corpórea,  porque  está  contenida  en 
algún  lugar.  Y  Liciniano  y  Severo  dan 
esta  admirable  respuesta:  Rogárnoste  que 
nos  digas  en  qué  lugar  puede  estar  conte- 
nida el  alma.  Si  la  contiene  el  cuerpo,  de 
mejor  calidad  es  el  cuerpo  continente  que 
el  alma  contenida.  Es  absurdo  decir  que 
el  cuerpo  supera  en  excelencia  al  altna; 
luego  el  alma  es  la  que  contiene  y  el  cuer- 
po lo  contenido.  Si  el  alma  rige  y  vivifica 
el  cuerpo,  tiene  que  contenerle.  Y  no  está 
limitada  por  el  cuerpo  que  contiene,  a  la 
manera  del  odre  lleno  de  agua...  Está  toda 
interior,  toda  exterior  mente,  tanto  en  la 
parte  mayor  del  cuerpo  com.o  en  la  menor. 
Si  tocas  con  el  dedo  una  extremidad  del 
cuerpo,  toda  el  alma  siente.  Y  siendo  cinco 
los  sentidos  corporales,  ella  no  está  dividi- 
da en  los  sentidos;  toda  oye,  toda  ve,  toda 
huele,  toda  toca,  toda  gusta,  y  cuando 
mueve  el  cuerpo  de  su  lugar,  ella  no  es 
movida.  Y  por  eso  distinguimos  bien  tres 
naturalezas:  la  de  Dios,  que  ni  está  en 
tieynpo  ni  en  lugar;  la  del  espíritu  racio- 
nal, que  está  en  tiempo,  mas  no  en  lugar; 
la  de  la  materia,  que  está  en  lugar  y  en 
tiempo.  Pero  acaso  se  replicará:  «El  alma 
»no  puede  existir  fuera  del  cuerpo;  su  can- 
»tidad  está  limitada  por  la  de  éste.»  Según 
eso  (prosigue  Liciniano)  será  cada  cual 
más  sabio,  según  fuere  más  alto  y  desarro- 
llado de  miembros;  y  vemos  que  sucede  lo 
contrario,  porque  la  cantidad  del  alm.a  no 
se  mide  por  la  del  cuerpo.  Si  el  alma  es  de 


-  105  - 


la  magnitud  del  cuerpo,  ¿cómo  siendo  tan 
pequeño  encierra  tan  grandes  ideas?¿Cótno 
podernos  contener  en  la  mente  las  imáge- 
nes de  ciudades,  de  montes,  de  ríos,  de 
todas  las  cosas  creadas  del  cielo  y  la  tierra? 
¿Qué  espacio  hay  bastante  grande  para  el 
alma,  cuando  ella  abarca  y  compendia 
tantos  espacios?  Pero  como  no  es  cuerpo, 
contiene  de  un  modo  no  local  (inlocaliter) 
todos  los  lugares.  Si  un  vaso  está  conteni- 
do en  otro  vaso,  el  menor  será  el  de  dentro, 
el  mayor  el  de  fuera.  ¿Cómo,  pues,  el  alma, 
que  tantas  grandezas  encierra,  ha  de  ser 
menor  que  el  cuerpo?  Por  eso  afirmamos 
que  el  alma  tiene  alguna  cualidad,  pero 
no  cantidad;  y  Dios,  ni  cantidad  ni  cuali- 
dad. Como  el  altna  no  es  igual  a  Dios, 
tiene  cualidad;  como  no  es  cuerpo,  carece 
de  cantidad.  Y  creemos  con  la  santa  fe 
católica,  que  Dios,  ser  incorpóreo,  hizo  unas 
cosas  incorpóreas  y  otras  materiales,  y  su- 
jeto lo  irracional  a  lo  racional,  lo  no  inte- 
ligente a  lo  inteligible,  lo  injusto  a  lo  justo, 
lo  malo  a  lo  bueno,  lo  mortal  a  lo  inmortal. 
»¿Puede  presentarse  en  el  siglo  vi  una 
página  de  psicología,  comparable  a  la  que 
acabo  de  traducir  fidelísimamente  y  a  la 
letra?  Tal  era  la  doctrina  antropológica 
profesada  por  los  Padres  que  antonomásti- 
camente  llamamos  toledanos,  y  de  la  es- 
cuela de  Sevilla.  ¿Dónde  estaban  las  fuen- 
tes de  esas  doctrinas?  Liciniano  y  Severo 
las  declaran:  primero  en  San  Agustín,  que 
había  definido  el  alma  sustancia  dotada 
de  razón  y  dispuesta  para  gobernar  el 
cuerpo;  segundo  y  con  más  claridad,  en  el 
Obispo  Mamerto  Claudiano,  varón  docto, 
que  en  su  libro  De  incorporalitate  animae, 
asentó  que  el  alma  es  la  vida  del  cuerpo. 
Pero  esto  no  eran  más  que  gérmenes:  la 
constitución  de  la  doctrina  se  debe  a  Lici- 
niano y  a  Severo,  como  se  les  debe  esa 
demostración  clara  y  perentoria  de  la  uni- 
dad y  subjetividad  de  las  sensaciones,  y 
esa  división  admirable  de  los  seres  según 
las  categorías  de  lugar  y  tiempo,  de  cuali- 
dad y  cantidad;  como  se  les  debe,  final- 
mente, la  gran  concepción  espiritualista 
del  alma  continente  y  no  contenida  del 
cuerpo,  especie  de  atmósfera  racional 
en  que  el  cuerpo  vive  y  que  dirige  al 
cuerpo...» 

Nadie,  en  más  breve  espacio,  ha  sabi- 
do hablar  mejor  de  nuestro  venerable 


Liciniano,  que  el  señor  Menéndez  y  Pe- 
layo  en  los  párrafos  que  dejamos  tras- 
critos. 

Llinaz  (Fr.  Antonio). 

Las  escasas  noticias  que  han  llegado 
hasta  nosotros  de  este  venerable  Reli- 
gioso, debérnoslas  al  tantas  veces  men- 
cionado P.  Cronista  Ortega.  Por  él  sabe- 
mos que  fué  hijo  de  la  provincia  de  Ma- 
llorca, Lector  Jubilado,  Calificador  del 
Santo  Oficio,  Padre  de  la  Provincia  de 
San  Pedro  y  San  Pablo  de  Mechoacán, 
y  Comisario  Apostólico  de  Misiones  de 
la  Orden  Minorita;  que  floreció  en  el  úl- 
timo tercio  del  siglo  xvu  con  fama  de 
predicador  insigne,  y  que  residió  gran 
parte  de  su  vida  en  la  villa  de  Cehegín; 
circunstancia  por  la  cual,  y  más  todavía 
por  la  de  haber  sido  el  fundador  del  cé- 
lebre Colegio  Seminario  de  Misioneros 
Apostólicos  de  este  pueblo,  cuna  des- 
pués de  tantos  y  tan  gloriosos  varones 
martirizados  por  nuestra  santa  fe  en  las 
Indias,  no  hemos  podido  menos  de  asig- 
narle un  lugar  distinguido  en  los  pre- 
sentes Estudios. 

He  aquí,  para  ahorrarnos  de  disfraces,  • 
las  mismas  íntegras  palabras  que  sobre 
este  particular,  para  nosotros  interesan- 
te, trae  el  citado  Padre  en  su  cCrónica 
de  la  Provincia  de  Cartagena>  a  los  ca- 
pítulos XIX  y  XXI  del  libro  tercero  de 
la  Tercera  parte. 

«Este  Ven.  varón  (dice)  en  sus  primeros 
años  de  Religión  pasó  a  la  América  desde 
su  provincia  de  Mallorca,  con  buenos  de- 
seos; pero  a  breves  años,  se  entibiaron 
éstos,  viniendo  a  parar  en  una  vida  bien 
relaxada,  en  cuyo  tiempo  le  favoreció  la 
Divina  Misericordia  con  especiales  auxi- 
lios y  sensibles  llamamientos...  Esto  su- 
puesto decimos,  que  entre  otras  satisfac- 
ciones que  se  le  ocurrieron  a  su  penitente 
espíritu  y  fervor,  fué  una,  solicitar  la  erec- 
ción de  Colegios  Seminarios,  cuyo  princi- 
pal fin  fuese  el  criar  Predicadores  Apostó- 


—  106 


lieos,  para  que  con  verdadero  zelo  de  la 
gloria  de  Dios  y  conversión  de  las  almas, 
pasasen  al  Nuevo  Mundo  a  manifestar  y 
esparcir  la  luz  Evangélica  entre  aquellos 
Bárbaros,  moviéndole  a  esto  la  experien- 
cia que  tenía  de  que  muchos  obreros  que 
pasaban  a  aquellas  dilatadas  regiones, 
adulterando  su  fin  primero,  venían  a  parar 
en  el  escollo  y  precipicio  de  intereses 
temporales. 

«Habiendo,  pues,  venido  con  este  inten- 
to a  España,  partió  a  Roma  a  solicitar,  en 
el  Vicario  de  Christo,  favor  para  el  logro 
de  sus  apostólicos  deseos.  Halló  muy  be- 
nigno al  Supremo  Monarcha  de  la  Iglesia, 
que  a  la  sazón  lo  era  N.  M.  S.  P.  Inocen- 
cio XI,  y  consiguió  de  su  Santidad  muy 
favorables  Bulas  y  Apostólicos  Breves. 
Entre  otros  muchos  favores  le  concedió  el 
que  en  cada  una  de  las  Seraphicas  Obser- 
vantes Provincias  de  nuestra  España,  pu- 
diese, o  fundar  de  nuevo,  o  admitir  qual- 
quiera  de  los  Conventos  que  respectiva- 
mente le  ofreciesen  las  Provincias  para 
formar  un  Colegio  Seminario  o  más;  los 
quales  tuviesen,  por  único  empleo  las  di- 
chas Apostólicas  Misiones.  Esta  particular 
Bula,  se  dio  en  Roma,  el  día  28  del  mes  de 
junio  de  1686,  y  con  ella  y  otras  muchas, 
en  que  franqueaba  el  Pontífice,  a  dichos 
Colegios,  innumerables  gracias  y  privile- 
gios, volvió  muy  contento  el  Ven.  P.  Lli- 
naz  a  España;  y  habiéndolas  presentado  al 
Ministro  General  de  toda  la  Orden,  que  lo 
era  el  Rmo.  P.  Fr.  Pedro  Marín  Sormano, 
y  conseguido  el  pase,  con  mucho  cariño  y 
paternales  favores,  dio  principio  con  mu- 
cha felicidad  a  esta  grande  obra. 

»En  consecuencia  de  esto,  habiendo  lle- 
gado la  celebración  del  Capítulo  de  esta 
Provincia  (en  el  Convento  de  San  Francis- 
co, de  Murcia,  a  27  de  mayo  de  1690,  pre- 
sidido por  el  Rdo.  P.  Fr,  Juan  Albin,  a  la 
sazón  Vicario  General  de  toda  la  Orden)  y 
presentando  las  Bulas  Apostólicas:  esta 
Provincia,  que  siempre  ha  procurado  ser 
de  las  primeras  en  contribuir  y  acumular 
glorias  a  su  santa  madre  la  Religión  Sera- 
phica,  no  le  sufrió  ni  permitió  su  zelo,  el 
ver  afanado  en  la  fundación  del  Colegio,  a 
este  Apostólico  Varón;  y  así  le  ofreció 
muy  gustosa  y  voluntaria  este  dicho  Con- 
vento de  la  Villa  de  Cehegin.  Y  para  obs- 
tentarse  fiel  coadjutora  en  este  seraphico 
zelo,  le  ofreció  y  dio  el  dicho  Convento  no 


desnudo,  sino  es  bien  vestido  y  alhajado; 
mandando  al  Presidente,  que  era  en  la 
ocasión  de  dicha  Casa,  que  sin  reservar  la 
más  leve  y  más  pobre  alhaja,  entregase  a 
este  Ven.  y  Apostólico,  dicho  Convento. 
En  la  expedición  de  dicho  Capítulo,  nom- 
bró el  Rmo.  P.  Vicario  General  y  Presi- 
dente de  él  Fr.  Juan  Albin,  al  dicho  M.  R, 
P.  Antonio  Llinaz,  por  Presidente  in  capi- 
te  de  dicho  Colegio,  para  que  tomase  la 
posesión.  También  le  nombró  por  Comisa- 
rio, para  que  pudiese  hacer  la  elección  de 
nuevo  Guardián  y  Discretos  de  dicho  Co- 
legio, según  y  como  se  contenía  en  los  re- 
feridos Breves  Apostólicos.  Pasó,  pues, 
este  Ven.  Varón  a  la  referida  Villa  de 
Zehegin;  y  habiendo  tomado  la  posesión 
del  Convento,  pasó  después,  en  virtud  de 
la  referida  Comisión,  a  hacer  la  elección 
del  primer  Guardián  y  Discretos  (Colegia- 
les Mayores  y  alumnos  profesos  o  novi- 
cios), que  fué  el  día  8  del  mes  de  julio  del 
referido  año  de  1690.» 

El  mismo  cronista  refiere  además  la 
noticia  de  algunos  sermones  predicados 
por  el  P,  Llinaz  en  este  Colegio,  que 
podríamos  llamar  suyo,  del  pueblo  de 
Cehegin  (1). 

Lo.-xiSA  (Maestre  Jof re  de) 

Poquísimas  son  las  noticias  que  se  tie- 
nen de  este  historiador  del  siglo  xm. 
Rodríguez  de  Castro  y  Amador  de  los 
Ríos  no  dicen  de  él  más,  sino  que  fué 
Arcediano  de  Toledo,  que  gozó  de  gran 
nombradla  en  su  tiempo,  y  que  intervi- 
no en  las  famosas  vistas  de  Logroño  en 


(1)  Son  también  dignas  de  recordación  las  siguientes 
cláusulas  que  sobre  el  mismo  Colegio  trae  el  P.  Moróte  en 
la  parte  primera  (pág.  14)  de  sus  Antigüedades  y  Blasones 
de  Lorca. 

«Tiene  (dice,  hablando  de  esta  villa),  uno  de  los  más  fer- 
vorosos Seminarios  que  en  España  tiene  la  Religión  Sera- 
phlca,  en  cuyo  famoso  taller,  con  la  vigorosa  observancia 
de  los  Estatutos  Apostólicos  que  se  guardan  en  tales  Semi- 
narios, se  han  labrado,  a  golpes  de  la  regular  disciplina, 
varones  venerables,  que  armados  de  virtudes  y  santas  doc- 
trinas han  salido  como  esforzados  soldados  de  la  milicia  de 
Christo,  publicando  guerra,  como  sonoros  clarines  del 
Evangelio,  contra  el  formidable  batallón  de  los  vicios, 
logrando  en  continuadas  y  anuales  misiones,  maravillosos 
triunfos  en  la  reforma  de  las  costumbres:  Séquito  del  lucido 
escuadrón  de  las  virtudes  y  vilipendioso  exterminio  de 
los  vicios.» 


I 


-  107 


representación  de  doña  Blanca,  mujer 
de  don  Fernando  de  la  Cerda.  Nuestro 
historiador  Cáscales,  hablando  del  mis- 
mo, sólo  nos  dice  que  su  padre,  don  Ju- 
fré  de  Loaisa,  asistió  con  Alfonso  X  a  la 
conquista  de  Murcia,  siendo  uno  de  sus 
primeros  pobladores,  y  que  su  hermano, 
don  Garci  Jufré  de  Loaisa,  fué  su  Ade- 
lantado mayor. 

Es,  sin  embarg-o,  bastante  para  nos- 
otros, y  en  ello  nos  fundamos  para  aso- 
ciar su  nombre  al  de  nuestra  patria; 
pues  habiéndose  establecido  en  ella  su 
padre  don  Jofré,  como  uno  de  sus  pri- 
meros pobladores,  y  ejerciendo  además 
su  hermano,  en  esta  ciudad  y  reino  el 
alto  cargo  de  que  queda  hecho  mérito, 
creemos  tener  razón  bastante  para  supo- 
ner que  aquí  también  nuestro  Maestre 
Jofré  habitaría  algún  tiempo;  antes, 
acaso,  de  su  promoción  para  el  arcedia- 
nato  de  Toledo. 

Escribió  en  castellano  una  Historia  de 
España,  que  a  ruego  de  él  mismo  y  del 
entonces  obispo  de  Córdoba  don  Ferrán 
Gutiérrez,  vertió  al  latín  Arnaldo  de 
Cremona,  y  que  en  concepto  del  citado 
Amador  de  los  Ríos  es  la  misma  que 
hasta  nuestros  días  se  conserva  en  la  Bi- 
blioteca del  Escorial  bajo  la  mea.  Y-j-12, 
y  cuyo  título  es: 

cCoronica  de  los  nobles  reys  de  Espan- 
na  et  los  sus  nobles  fechos  que  ficie- 
ron:  en  la  qual  dicha  coronicase  contie- 
nen onze  reyes  de  España  et  eso  mesmo 
se  contienen  los  fechos  muy  famosos 
que  ficieron  el  Conde  Fernán  González 
et  el  Cid  Ruy  Días  de  Biuar.  > 

En  cuanto  a  la  versión  latina  de  Arnal- 
do de  Cremona  citada  por  Pedro  de  la 
Marca,  Chiflet  y  Dufresne,  sólo  se  sabe 
que  en  el  siglo  xvn  existía  en  la  librería 
que  tuvo  en  París  el  Colegio  Navarro. 

Después  de  escritas  las  precedentes 
líneas,  nuestro  docto  amigo  el  señor 
Conde  de  Roche  nos  hace  notar  que  al- 


gunas nobles  familias  murcianas  se  glo- 
rían de  tener  sangre  de  los  ilustres  Jo- 
frés  o  Jufrés  de  Loaisa,  como  se  les  en- 
tiende generalmente  en  Murcia;  que  la 
esclarecida  casa  de  los  Condes  de  la 
Concepción  poseía  no  ha  mucho  algunos 
vínculos  por  este  apellido  y  conservaba 
la  casa  solariega  que  perteneció  al  Ade- 
lantado y  se  halla  en  una  plazuela  llama- 
da cDe  Jufré»,  cuyo  edificio  conserva 
todavía  algunos  blasones  en  las  zapatas 
de  sus  ya  casi  destruidos  artesonados. 

López  (Fr.  Domingo). 

Religioso  Dominico  en  el  Real  de  San- 
to Domingo  de  la  ciudad  de  Murcia. 
Como  diremos  luego  del  P.  Portillo,  sólo 
conocemos  a  este  Fr.  Domingo  López 
por  figurar,  con  una  composición  poéti- 
ca, en  la  Relación  que,  con  el  título  de 
«Anfiteatro  Sagrado»  imprimió  en  Cór- 
doba don  Pedro  Clemente  Valdés,  y  en 
donde  se  describe  el  certamen  que  se  ce- 
lebró en  dicha  ciudad,  año  de  1727,  con 
motivo  de  la  canonización  de  San  Luis 
Gonzaga  y  San  Estanislao  Kostka. 

López  de  Carvafal  (limo.  Sr.  Don  Ber- 
nardino). 

Natural  de  Plasencia,  donde  nació  en 
1455.  Fué  sobrino  del  célebre  Cardenal, 
Obispo  de  Plasencia,  don  Juan  de  Car- 
vajal, y  hermano  de  Garci  López  de 
Carvajal,  Embajador  en  Portugal  por 
los  Reyes  Católicos.  Hizo  sus  primeros 
estudios  en  España,  y  pasó  a  continuar- 
los a  Italia,  en  donde  el  susodicho  Car- 
denal, su  tío,  hubo  de  encargarse  de  su 
dirección  e  instruirle  en  las  máximas 
de  la  Corte  romana.  Versado  ya  en  hu- 
manas y  divinas  letras,  regresó  a  su  pa- 
tria, donde  obtuvo  el  Obispado  de  As- 
torga,  después  el  de  Badajoz,  y  luego  el 
de  Cartagena,  cuya  diócesis  rigió  sa- 
bia y  discretamente  por  el  espacio  de 


-  108  - 


diez  años,  pasando  al  cabo  de  ellos  a  go- 
bernar las  de  Sigüenza  y  Plasencia.  En 
1493,  hallándose  Prelado  en  Murcia,  fué 
elevado  por  el  Papa  Alejandro  VI,  su 
antecesor  en  dicho  Obispado,  con  el 
nombre  de  don  Rodrigo  de  Borja,  a  la 
dignidad  de  Cardenal,  nombrándole  al 
propio  tiempo  su  Legado  para  mantener 
la  liga  con  el  Rey  de  los  Romanos,  los 
venecianos  y  el  Duque  de  Milán.  Muer- 
to el  Papa  Alejandro,  como  asimismo 
su  inmediato  sucesor  Pío  III,  y  elevado 
al  solio  Pontificio  Julio  II,  tuvo  Carvajal 
con  él  muy  serios  y  gravísimos  alterca- 
dos, hasta  el  punto  de  presidir  en  Pisa 
un  Conciliábulo,  con  el  objeto,  decía, 
de  reformar  la  Iglesia  en  su  cabeza,  me- 
reciendo por  ello  ser  depuesto  como  in- 
digno de  la  púrpura;  pero  arrepentido 
luego,  renunciando  al  cisma,  y  prome- 
tiendo leal  obediencia  al  Romano  Pontí- 
fice, que  a  la  sazón  lo  era  el  celebérrimo 
León  X,  obtuvo  de  éste  el  perdón,  liber- 
tándole del  encierro  que  le  tenía  puesto 
en  Civitavechia,  y  restableciéndole  en 
el  goce  de  todos  sus  derechos  y  dignida- 
des. Fué  después  Obispo  de  Ostia,  y 
murió  siendo  Deán  del  Sacro  Colegio  en 
16  de  diciembre  de  1522,  según  unos, 
o  23,  según  otros. 

Don  Bernardino  López  de  Carvajal 
estuvo,  sin  duda,  adornado  de  todas 
aquellas  prendas  que  hacen  a  un  hombre 
sabio,  prudente  y  consumado  en  los  ne- 
gocios, habiendo  además  logrado  adqui- 
rir gran  fama  de  orador  elocuente.  Dejó 
escritas  las  siguientes  obras: 

1  .^  «Orationem  ad  Sixtum  IV  et  Car- 
dinalium  Collegium  habitam  in  facello 
Pontificio  in  die  Circuncisionis  Domini- 
cae  MCDLXXXIV.» 

2.^  «Sermo  in  Commemoratione  vic- 
toriae  Bazensis  Civitatis  apud  S.  Jaco- 
bum  Hispanorum  de  Urbe  habitus  ad 
Senatum  Cardinalium  die  Dominica  X. 
lanuarii  MCDXC» .  Per  Rever.  Dominum 


Bernardinum    de  Carvajal  Episcopum 
Pacensem  regium  oratorem. 

3.^  «De  eligendo  Summo  Pontífice 
Romano,  ad  Cardinalium  Senatum  in 
Basílica  Sancti  Petri  Orationem  anno 
MCDXCII.» 

Quare  edita  est  (dice  don  Nicolás  Anto- 
nio) eodent  anno,  uti  scribit  auctor  Biblio- 
thecae  Pontificiae. 

4.^  «Consolatoriam  epistolam  in  Obi- 
tu  Serenissimí  Principis  Domini  Joannis 
ad  Catholicos  Regem,  et  Reginam  ejus 
parentes.i 

Fechada  en  Roma  Kal.  Decembris 
MCDXCVII. 

5.*  «Orationem  habitam  nomine  Ca- 
tholicorum  Regum  ad  Alexandrum  VI. 
P.  M.» 

Grandemente  alabada  por  Marineo  Si- 
culo. 

6.^  «Homilía  habita  Machhnae  in  Co- 
Uegiata  Ecclesia  Sancti  Rumoldi  Ca- 
meracensis  dioecesis  per  Reverend  in 
Christo  Patrem  D.  Bernardinum  Carva- 
jal Episcopum  Tusculanum  S.  R.  E. 
Cardinalem  Sanctae  Crucis  in  Hierusa- 
lem,  Patriarcharum  Hierosolymitanum, 
Apostolicum  Legatum,  praesente  Sere- 
nissimo,  atque  invictissimo  Domino  Ma- 
ximiliano electo  Imperatore  semper  Au- 
gusto, et  illustri  Domino  Carolo  Princi- 
pe Hispaniarum,  Archiduce  Austriae  & 
ejus  charissimo  nepote,  et  Illustrissima 
Domina  Margarita  Archiducissa  Aus- 
triae ejusdem  Caesaris  sapientissima 
filia  anno  salutis  MDVIII.  XIV  Septem- 
bris  in  Exaltatione  Sanctae  Crucis. » 

El  eruditísimo  Doctor  don  Marcelino 
Menéndez  y  Pelayo,  en  su  nunca  bien 
celebrada  Historia  de  los  Heterodoxos 
Españoles,  dedica  a  nuestro  Cardenal, 
a  quien  califica  de  «elocuentísimo  ora- 
dor» y  de  hombre  que  «escribía  el  latín 
con  gran  pureza  y  elegancia»,  las  si- 
guientes frases,  que  copiamos  por  lo 


-  109  - 


que  indudablemente  han  de  servir  de 
digna  ilustración  al  presente  articulito. 

«Entre  los  que  en  Italia  clamaban  por  re- 
forma, con  estar  no  poco  necesitados  de  re- 
formarse a  sí  mismos,  se  cuenta  un  Espa- 
ñol: el  ambicioso  y  turbulento  Cardenal  de 
Santa  Cruz,  Bernardino  Carvajal,  uno  de 
los  autores  del  Conciliábulo  de  Pisa  contra 
Julio  II,  y  bajo  la  protección  de  los  france- 
ses. En  tiempo  de  León  X  se  apartó  del 
cisma,  y  el  día  que  Adriano  VI  hizo  su  en- 
trada en  Roma,  le  dirigió  las  siguientes 
peticiones  a  modo  de  plan  de  reforma: 
I.  Que  acabara  con  la  simonía,  ignorancia 
y  opresión  de  los  tiempos  antiguos;  que 
oyera  el  parecer  de  buenos  Consejeros  y 
mantuviese  la  libertad  en  los  votos,  en  los 
consejos  y  en  la  ejecución.  II.  Que  refor- 
mara la  Iglesia  según  los  Concilios  y  los 
Cánones,  para  que  no  pareciera  una  Con- 
gregación pecadora.  III.  Que  tratara  como 
a  hijos  y  hermanos  a  los  Cardenales  y  de- 
más Prelados,  ensalzándolos,  honrándolos 
y  no  consintiendo  que  yaciesen  en  pobre- 
za. IV.  Que  administrase  justicia  por  igual 
a  todos,  valiéndose  de  íntegros  e  incorrup- 
tibles oficiales.  V.  Que  amparara  los  mo- 
nasterios en  sus  necesidades.  VI.  Que  pre- 
dicase una  cruzada  contra  los  turcos  y 
mandase  hacer  una  colecta  para  acudir  al 
socorro  de  Rodas.  VIL  Que  con  ayuda  de 
los  sufragios  de  los  príncipes  y  de  los  pue- 
blos, acabara  la  Iglesia  de  San  Pedro,  co- 
mo la  empezaron  sus  predecesores. 

•Peticiones  que,  en  latín,  se  custodian 
manuscritas  en  la  Valliceliana  de  Roma, 
como  también  manuscrita,  en  la  del  Vati- 
cano, existe  su  abjuración,  en  tiempo  de 
León  X,  ante  el  Concilio  de  Letrán.> 

López  Gonzalo  (Husmo.  Sr.  Don  Victo- 
riano). 

Natural  de  Terzaga,  en  la  Diócesis  de 
Sigüenza;  Obispo  de  la  Puebla  de  los 
Angeles,  en  la  América  desde  1774  a 
1786;  de  Tortosa  luego  desde  1786  (4  de 
agosto)  a  1790,  y  últimamente,  de  Mur- 
cia desde  25  de  febrero  de  este  último 
año  al  21  de  noviembre  de  1805,  en  que 
dejó  de  existir  en  la  ciudad  de  Almansa, 
siendo  sepultado  en  la  Iglesia  parroquial 
de  la  misma. 


Este  Obispo,  según  Llórente  en  su 
Historia  de  la  Inquisición,  y  lugar  ci- 
tado por  el  Doctor  D.  Marcelino  Menén- 
dez  y  Pelayo,  fué  acusado  en  1800  de 
jansenismo  por  haber  permitido  defen- 
der en  su  Seminario  Conciliar  de  San 
Fulgencio  ciertas  tesis  sobre  la  aplica- 
ción del  Santo  Sacrificio  de  la  Misa  y 
sobre  los  milagros. 

«A  los  Calificadores  (dice  el  referido 
Doctor)  les  parecieron  mal,  pero  el  Obis- 
po quedó  a  salvo  dirigiendo  en  4  de  no- 
viembre de  1801  una  enérgica  Representa- 
ción al  Inquisidor  General,  y  echando  la 
culpa  de  todo  a  los  Jesuítas,  según  la  ma- 
nía del  tiempo.» 

Fué  también  este  Obispo  el  que  cons- 
truyó el  palacio  episcopal  de  recreo  ane- 
xo al  Convento  de  Santa  Catalina  del 
Monte,  situado  en  la  Sierra  de  Carras- 
coy  a  una  legua  de  la  ciudad  de  Murcia; 
y  el  que  hizo  donación,  intervivos,  a  la 
fábrica  mayor  de  su  Iglesia  Catedral  de 
todas  las  alhajas  del  pontifical,  costean- 
do además  todo  el  antiguo  frontal  y  gra- 
das de  mármol  negro  para  el  altar 
mayor. 

Don  Victoriano  López  Gonzalo  fué 
varón  muy  distinguido,  gran  limosnero, 
hasta  el  punto  de  ser  llamado  por  algu- 
nos cel  Ángel  de  los  pobres>;  hombre 
discretísimo,  de  claro  entendimiento, 
bien  que  no  exento,  como  se  ha  dicho, 
de  algunas  preocupaciones,  y  bastante 
correcto  en  su  estilo. 

De  él  conocemos,  además  de  la  refe- 
rida Representación  al  Inquisidor  Gene- 
ral, algunas  Cartas  Pastorales,  bellísi- 
mas por  cierto  y  de  gran  edificación, 
sobre  todo  la  dirigida  en  Murcia  en  1793 
a  todo  el  Clero  de  su  Diócesis,  y  que  de 
buena  gana  copiaríamos  íntegra,  si  por 
ser  demasiado  larga,  no  temiésemos  la 
prolijidad. 

Véase  López  Gonzalo  en  nuestra  Sec- 
ción de  Impresos  en  Murcia. 


•-  lio  - 


Finalmente,  este  Obispo  es  también 
autor  de  unos: 

«Estatutos  para  el  Seminario  Conci- 
liar de  San  Fulgencio  de  Murcia;  Dis- 
puestos por  el  Ilustrísimo  Señor...»  — 
Madrid  MDCCCIJI.  En  la  Imprenta  de 
la  Viuda  de  Ibarra.  Con  licencia. 

En  4.0—95  págs.— Slgns.  A-M  2.— Portada.— V.  en  b.— 
Real  provisión  de  S.  M.  y  señores  del  Consejo  expedida 
en  18  de  mayo  de  1803,  por  la  cual  se  aprueban  los  Estu- 
tos.— V.  en  b.— Texto  de  la  Real  provisión.— Texto  de 
los  Estatutos. 

Consta  de  dos  partes,  una  referente 
al  régimen  interior  del  Establecimiento, 
y  otra  relativa  a  la  parte  literaria,  te- 
niendo la  primera  20  títulos  y  6  la  se- 
gunda, y  concluyendo  por  una  especie 
de  Apéndice,  en  que  se  señalan  los  días 
en  que  los  Seminaristas  deben  asistir 
a  la  Catedral. 

Lozano  (Fr.  Luis). 

Floreció  en  el  último  tercio  del  si- 
glo xvu  y  principios  del  xviii.  Nació  en 
la  ciudad  de  Cuenca,  pero  tuvo  casi 
siempre  su  habitual  residencia  en  la  de 
Murcia  o  en  pueblos  de  su  provincia. 
Ejerció  durante  algunos  años  el  cargo 
de  Vicario  y  primer  Confesor  del  Mo- 
nasterio de  Descalzas  Reales  de  la  Villa 
de  Muía.  Después  fué  nombrado  Defi- 
nidor de  la  Provincia  de  Cartagena  de 
la  Regular  Observancia  de  San  Fran- 
cisco, a  cuya  Orden  perteneció  desde 
edad  muy  temprana;  y 

«Halládose  Guardián  (escribe  de  él  el 
P.  Ortega)  del  Convento  de  Murcia,  enfer- 
mó, llegándose  a  imposibilitar  de  servir 
dicha  Guardianía,  por  lo  cual  se  vio  en  la 
precisión  de  renunciarla. > 

Murió  al  fin  en  dicho  Convento  el 

año  de  1711. 

«Aunque  el  R.  P.  Fr.  Luis  Lozano  (aña- 
de aquel  cronista)  no  siguió  la  carrera  de 
las  Cátedras,  con  todo  eso  fué  muy  versa- 
do en  muchas  materias,  principalmente 
en  las  Teologías  Moral  y  Mística.  Fué 
autor  de  las  obras  siguientes:  Un  libro 


en  4.**,  impreso  en  Madrid  en  1699,  al  que 
tituló  Claro  Espejo  de  Religiosas.  Otro  li- 
brito  en  12.°,  impreso  en  Valencia  en  1707, 
titulado:  Armentario  espiritual  en  sufra- 
gio de  las  Benditas  Animas  del  Purgato- 
rio. Un  Sermón  de  Honras  por  la  V.  y  gran 
Sierva  de  Dios  Sor  Mariana  de  Santa  Cla- 
ra, Ilustre  Fundadora  del  Real  Monaste- 
rio de  Santa  Clara  de  la  Villa  de  Muía, 
impreso  en  Murcia  en  1708...  También 
dexó  escrito  un  libro  en  folio  Ms.  de  Theo- 
logia  Moral  y  Regular.* 

Que  dice  el  mismo  Ortega  haber  vis- 
to, y  cuyo  paradero  a  poco  después,  se 
ignoraba. 

Lozano  Parreño  (Don  Andrés). 

Natural  de  Granada,  y  vecino  de  Mur- 
cia durante  largo  tiempo.  Floreció  a  me- 
diados del  siglo  XVIII.  Fué  Colegial  en 
el  Seminario  Conciliar  de  San  Fulgen- 
cio, de  la  última  de  dichas  ciudades,  y 
en  ella  ejerció  más  tarde  el  cargo  de 
Administrador  general  de  la  Renta  Real 
de  aguardientes  y  licores,  pasando  lue- 
go de  ésta  a  la  de  Ciudad  Real,  en  la 
que  desempeñó  el  oficio  de  Ministro 
Superior  de  la  Santa  Hermandad  por  el 
Estado  Noble,  y  desde  aquí  a  la  Corte, 
donde  es  probable  falleciese.  Fué  Caba- 
llero de  la  Espuela  y  Cadena  de  Oro, 
y  Conde  del  Palacio  Apostólico  y  Corte 
Lateranense. 

Estando  en  Madrid,  y  llamándose  to- 
davía vecino  de  Murcia,  según  se  ex- 
presa en  la  portada  y  licencias  dadas 
para  la  impresión  de  su  libro,  escribió 
el  titulado: 

«Compendio  Histórico  Chronológico 
Geográfico;  en  que  se  explica  el  Núme- 
ro de  Dignidades,  Canonicatos,  Racio- 
nes, medias  Raciones  y  Beneficios  de 
todas  las  Iglesias  Metropolitanas  y  Ca- 
thedrales  de  España,  etc.» 

Madrid.  En  la  oficicina  de  Antonio 
Pérez  de  Soto.  Año  de  1756. 

Obrita  útilísima,  por  cierto,  y  que 


111  - 


supone  en  su  autor  bastante  estudio  y 
trabajo,  como  él  mismo  lo  expresa  en 
su  prólogo. 

Fué  también  poeta,  y  de  él  es  el  si- 
guiente romance,  que  estampó  al  final 
del  referido  librito,  y  que  copiamos  para 
dar  una  muestra  del  estilo  de  este  es- 
critor. 

Dice  así: 

El  Autor,  a  María  Santissima  de  la 
Soledad. 

Todo  el  amparo,  Señora, 
De  mi  libro  en  ti  le  libro; 
Pues  eres  libro  en  quien  Dios 
Encuadernó  sus  prodigios. 

Si  al  que  es  Vida  le  ceñiste 
En  tu  Virgen  pergamino; 
Ya  el  Libro  eres  de  la  Vida, 
Vida  has  de  ser  de  mis  libros. 

El  gran  Autor  con  la  pluma 
Del  Espíritu  Divino, 
Sobre  tu  papel  intacto, 
Sacó  su  palabra  en  limpio. 

Sin  copia  por  ser  tu  sola; 


Sin  tinta,  por  ser  Arminio; 
Sin  original  obscuro, 

Y  sin  borrador  delito. 

Libro  eres  de  Quenta,  donde 
El  más  estrecho  juicio. 
Siempre  suma  lo  constante; 
Pero  nunca  lo  caído. 

Libro  de  memoria,  siempre 
Para  hacerme  beneficios; 

Y  en  blanco;  pues  por  ti  Dios 
Mis  culpas  pone  en  olvido 

De  Palma  (¡o  libro!)  tus  hojas 
En  tu  Concepción  las  miro; 
Allá  en  tu  parto  azucenas, 

Y  en  tu  Soledad  cuchillos. 
Tu  exempclón  es  privilegio, 

Tu  tasa  precio  infinito. 
General  tu  aprobación, 
Gloria  el  fin,  Gracia  el  principio. 

Impressión  estrellas,  coma 
La  luna,  punto  el  sol  mismo 
Rectas  lineas,  blanco  margen, 
Luces  letras,  Cielo  estilo. 

Y  al  fin,  Concepción  sin  mancha 
Es  el  título  aplaudido 
De  tu  libro,  porque  es  Dios 
El  concepto  de  tu  libro. 

¡o  Libro  cerrado  a  culpas, 

Y  abierto  a  humanos  gemidos! 
Borre  un  rasgo  de  tus  gracias 
Las  erratas  de  mis  vicios. 


M 


Mancebón  (Fr.  Juan). 

Religioso  Franciscano  descalzo  de  la 
Provincia  Observante  de  San  Juan  Bau- 
tista, y  natural  de  Orihuela,  donde  na- 
ció por  los  años  de  1590  seguramente. 
Fueron  sus  padres  Martín  Mancebón  y 
Jusepa  Asor,  dichosísimos  en  verdad, 
por  haber  tenido  a  este  sabio  y  virtuoso 
hijo.  Desde  muy  niño  comenzó  a  mani- 
festar su  decidida  vocación  hacia  las  co- 
sas piadosas,  que  hizo  patente  con  actos 
de  caridad,  de  penitencia  y  de  recogi- 
miento impropios  de  su  tierna  edad;  y 
así,  no  bien  cumplidos  quince  años,  y 
corriendo  el  de  1605,  determinado,  como 
lo  estaba,  a  abrazar  el  estado  Religioso, 
tomó  el  hábito  en  el  Convento  de  San 
Juan  de  la  Rivera,  de  Valencia,  donde 
profesó  para  el  Coro  al  siguiente  año. 

Entrado  ya  en  la  Religión,  pusiéronle 
a  cursar  Artes  y  Teología,  cuyos  estu- 
dios hizo,  a  la  vez  que  con  notable  apro- 
vechamiento, con  aplicación  extraordi- 
naria y  asiduidad  pasmosa,  sin  dejar 
por  esto  de  atender  solícito  a  todos  los 
demás  deberes  que  le  imponía  la  obe- 
diencia de  su  Orden,  según  consta  por  la 
referencia  que  de  ello  nos  hace  su  dili- 
gente biógrafo  Fr.  Antonio  Panes  en  su 
Crónica  de  la  referida  Provincia  de  San 
Juan  Bautista. 

«Fué  muy  notable  (nos  dice)  la  inclina- 
ción que  tuvo  el  siervo  de  Dios  Fray  Juan 
al  estudio,  empleando  en  él  casi  todo  el  día 


y  la  noche,  por  ser  cómo  era  de  poquísimo 
sueño,  en  tanto  grado,  que  cursando  las 
Artes  y  la  Teología,  parecía  cosa  prodigio- 
sa que  pudiese,  con  lo  poco  que  dormía, 
vivir,  porque  a  primera  noche  velaba  lo 
menos  hasta  las  once;  otras  veces  hasta 
las  once  y  media,  y  otras  hasta  las  once 
y  tres  cuartos,  y  aquel  solo  tiempo  que 
había  hasta  despertar  a  Maitines,  ese  dor- 
mía muy  bien,  porque  era  muy  fácil  en 
tomar  el  sueño.  Iba  a  Maitines,  y  des- 
pués de  ellos  tomaba  luz  y  velaba  has- 
ta el  alba,  y  luego  reposaba  hasta  pri- 
ma, y  también  a  la  siesta  algún  rato.  Ma- 
nifiéstase con  evidencia  lo  poco  que  po- 
día dormir,  pues  en  el  tiempo  que  estudió 
Teología,  sin  hacer  falta  a  esta  obliga- 
ción, escribió  un  Epitome  de  toda  la  Teo- 
logía Escolástica,  otro  De  la  vidu  de  los 
Santos,  un  Santoral  triplicado  de  todas 
las  festividades  del  año,  un  Quadragesi- 
mal  quintuplicado  de  todas  las  ferias  y 
Dominicas  de  la  Quaresma,  cuyo  trabajo, 
aunque  fuese  sólo  material,  y  no  obra  cas- 
tigada y  limada,  junto  con  haber  de  escri- 
bir sus  cuadernos,  estudiar  sus  materias,  y 
acudir  a  los  oficios  de  Comunidad,  parece 
una  cosa  excesiva. » 

Por  el  mismo  autor  sabemos  también 
que  el  P.  Mancebón  residió  la  mayor 
y  más  floreciente  parte  de  su  vida  en 
Murcia  y  en  Jumilla  (pueblo  a  ocho  le- 
guas de  aquella  ciudad),  en  cuyos  Con- 
ventos de  San  Diego  y  Santa  Ana  del 
Monte,  ejerció  varias  veces  el  cargo  de 
Guardián,  y  en  donde,  por  providencial 
aviso  a  lo  que  parece,  determinóse  a 
abandonar  la  predicación  y  a  ocuparse 


-  113  - 


de  lleno  en  escribir  sus  más  importan- 
tes obras,  cuales  fueron,  con  algunos 
tratados  predicables,  muchos  Comenta- 
rios sobre  toda  la  Sagrada  Escritura, 
que  formaron  en  conjunto  treinta  y  sie- 
te cuerpos  o  tomos,  y  que,  en  tiempo  del 
referido  cronista,  casi  contemporáneo 
del  autor,  se  conservaban  en  la  librería 
del  susodicho  Convento  de  Santa  Ana, 
dejumilla:  libros  con  los  cuales  consi- 
guió adquirir  su  mayor  renombre  y  cré- 
dito. 

No  dejó,  sin  embargo,  de  gozarlos 
también  en  el  apostólico  ejercicio  de  la 
predicación,  según  nos  refiere  el  mismo 
Panes,  con  estas  palabras: 

«Instituido  Predicador,  ejerció  este  ofi- 
cio con  celo  ardentísimo  del  bien  de  las  al- 
mas, procurando  su  edificación  no  sólo  con 
la  doctrina  útil  y  casto  estilo,  sino  con 
ejemplo  de  grande  aspereza  y  rigor  en  el 
tratamiento  de  su  persona...  Como  caía  lo 
que  predicaba  sobre  su  vida  angélica  y 
concepto  grande  que  tenían  todos  de  su 
santidad,  oíanle  como  a  un  Apóstol;  y  este 
título  le  daban  en  Murcia.  Predicó  en  los 
pulpitos  de  mayor  crédito  de  aquel  Reino 
y  el  de  Valencia  Cuaresmas  continuas,  y 
dos  sermones  algunos  días.  Y  siendo  así 
que  no  se  desvelaba  en  buscar  sutiles 
pensamientos,  conceptos  agudos  ni  frases 
compuestas,  con  el  sencillo  modo  de  decir, 
lleno  de  piedad  y  dulzura,  y  con  los  senti- 
mientos vivos  de  las  verdades  puras  y 
evangélicas  que  predicaba,  movía  tanto 
los  auditorios,  que  ordinariamente  acaba- 
ban sus  sermones  en  lágrimas.  > 

Murcia  fué  también,  de  entre  todas  las 
ciudades  que  le  conocieron,  la  que  más 
supo  honrarle  y  distinguirle,  así  en  vida, 
como  después  de  muerto,  llegando  a  me- 
recer el  respeto,  la  amistad  y  la  confian- 
za mayores  de  las  familias  más  principa- 
les, entre  las  cuales  podemos  citar  las  de 
los  señores  de  Pusmarin  y  de  Fajardo. 

«Y  aunque  esta  aclamación  y  aplauso 
(continúa  el  dicho  cronista)  fué  en  todas 
las  partes  que  estuvo,  señalóse  mucho  la 
ciudad  de  Murcia,  por  haber  morado  allí 
mucho  tiempo  el  siervo  de  Dios,  con  cuya 


asistencia  les  parecía  tener  un  ángel  que 
les  guardase  de  toda  adversidad  y  trabajo: 
y  cuando  fué  preciso  de  haber  de  ausentar- 
se de  aquella  ciudad,  no  son  decibles  sus 
clamores,  sentimientos  y  ansias:  y  estando 
en  Santa  Ana  del  Monte,  era  tan  frecuen- 
tado aquel  santuario  de  personas  principa- 
les de  Murcia,  Cartagena,  Orihuela  y  Ali- 
cante y  otros  lugares  que  iban  a  consolar- 
se con  el  siervo  de  Dios,  que  en  cierta  ma- 
nera vino  su  devoción  a  ser  dañosa  para 
aquella  casa,  dedicada  más  a  la  contempla- 
ción que  al  trato  de  las  criaturas,  por  bue- 
no y  decente  que  sea.» 

Llevando,  en  fin,  esta  noble  y  santa 
vida  de  actividad,  así  religiosa  como  in- 
telectual, y  ya  contando  con  la  edad  de 
setenta,  años,  alcanzóle  la  muerte  en  29 
de  abril  de  1660,  siendo  morador  del  suso- 
dicho Convento  Jumillano,  y  con  gran- 
de y  universal  sentimiento  por  parte  de 
aquellos  vecinos  y  de  todos  los  murcia- 
nos, que  siempre  le  habían  considerado 
como  a  un  paisano. 

Las  obras  que  dejó  escritas,  según  el 
citado  cronista  y  el  autor  de  la  Biblio- 
theca  Universa  Franciscana,  fueron: 

l.'^  «Epitome  Theologiae  Scholasti- 
cae». 

2.^    «Epitome  Vitae  Sanctorum». 

3.^  «Sanctorale  pro  ómnibus  festivi- 
tatibus». 

4.^    «Quadragesimalia  quinque>. 

5.*  «Discordias  Concordes,  sive  Lo- 
cos communes  praedicabiles». 

En  12  tomos,  titulados,  respectiva- 
mente: 

— «Super  Genesim». 

— «Super  Exodum,  Números,  Leviti-- 
cum,  ac  Deuteronomium». 

—«Super  Cántica,  Josué,  Judices,  et 
Ruth». 

—«Super  IV,  libros  Regum,  Parali- 
momenon  primum,  et  secundum,  nec- 
non  super  primum,  et  secundum,  Es- 
drae,  ac  super  Tobiam». 

—«Super  Judith,  Esther,  et  Job>. 

—«Super  Psalmos>. 

8 


-  Í14  - 


— «Super  Librum  Proverbiorum*. 

— «Super  Ecclesiasten ,  Librum  Sa- 
pientiae,  et  Ecclesiasticum». 

---«Super  Esaiam,  Jeremiam,  Thre- 
nos,  Earuch,  Ezechielem,  cum  Dá- 
mele». 

—«Super  duodecim  Minores  Prophe- 
tas,  ac  Machabaeorum  Historiam». 

6,^    «Sermones  Vi tae  Christi». 

7.^    «Mariaie». 

8.^    «Sanctorale  Seraphicum». 

9.^  «Octavarium  Sanctoruih  Aposto- 
lorum». 

10.''^  «Partem  Secundam  Octavarii 
Apostolici». 

11.^    «Octavarium  Patriarchale». 

12.^  «Tractatum  de  Sanctis,  et  Sup- 
plementum  ad  Vitam  Christi,  Mariaie, 
Octavarium  Apostolicum,  Patriarchale, 
et  Sanctorale  Seraphicum». 

13.^  «Commune  Sanctorum  om- 
nium». 

«Donde  trata  (dice  Fr.  Juan  de  San  An- 
tonio) De  Communi  Apostolorum,  unius 
Martyris,  plurium  Martyrum,  Confesso- 
rum,  Pontificum,  non  Pontificum,  Virgi- 
num,  Viduarum,  Dedicationis  Ecclesiae, 
et  Evangeliis  in  Officiis  Defunctorum>. 

l'X.^    «Sermones  Peregrinos». 

IS.'^  «Quadragerimalia  tria  con- 
tinua» . 

16.^  «Adventuale,  Sanctorale,  et 
Commune  Sanctorum». 

17.^  «Sermones  Quadragesimales 
distinctos». 

En  5  tomos,  titulados  el  primero: 

«Quadragesima  Continua». 

Y  los  restantes: 

«Sermones  B.  Virg-inis  Mariae,  et 
Sanctorum  occurrentium  in  Quadrage- 
sima». 

18.^    «Dominicale  totius  anni». 

19.^^  «Doctrínale  Christianum  ves- 
pertinum». 

20.^    «Loci  communes  totius  anni». 

21.*    «Loci  communes  Sacrae  Scrip- 


turae.  Sermones  Sanctorum,  ac  festivi- 
tatum  Christi,  et  Mariae». 

22.*  «Brevissima  resolutio  omnium 
materiarum  moralium». 

23.*  «Sanctorale  totius  anni  aliqui- 
bus  locis  communibus». 

Los  cuales  libros,  a  partir  de  los  doce 
en  que  se  dividen  las  Discordias  Con- 
cordes, constituyen  los  treinta  y  siete 
que,  según  dijimos,  compuso  estando 
en  Murcia,  y  que  se  conservaban  en  la 
librería  del  Convento  de  Santa  Ana  del 
Monte,  de  Jumilla. 

«También  escribió  (añade  el  referido 
Fr.  Juan  de  San  Antonio)  algunos  Comen- 
tarios o  capítulos  sobre  los  Evangelistas 
San  Mateo,  San  Marcos  y  San  Lucas.  (SS 
Matthaei,  Marci,  et  Lucae  quaedam  Ca- 
pita)». 

Como  se  ve,  el  P.  Mancebón  fué  es- 
critor bastante  copioso  y  muy  versado 
en  la  Sagrada  Escritura  y  Hagiografía. 
Es  curioso  lo  que  nos  cuenta  su  biógrafo 
sobre  la  manera  de  trabajar  sus  libros. 

«Dos  cosas  muy  para  notar  (dice)  le  su- 
cedieron al  siervo  de  Dios  Fray  Juan  en 
estos  escritos:  la  primera,  que  cuando  iba 
escribiendo,  si  tal  vez  no  hallaba  lo  nece- 
sario para  proseguir  la  materia  o  discurso, 
dejaba  en  blanco  y  pasaba  adelante  escri- 
biendo otra  cosa;  y  después  cuando  halla- 
ba cosa  a  propósito  para  aquel  lugar,  lle- 
naba el  blanco,  sin  quedar  nada  de  él  ni 
tener  que  añadir  al  margen,  sino  tan  ajus- 
tado, como  si  de  una  se  hubiera  escrito 
sin  interrupción.  La  segunda  cosa,  mu- 
cho más  admirable...,  es  que  en  aquel  em- 
pleo del  escribir,  le  asistía  Dios  nuestro 
Señor,  no  ocultándole  su  divina  presencia, 
antes  bien  comunicándole  continuamente 
singularísimas  consolaciones». 

Lástima  que  no  podamos  hoy  juzgar 
del  mérito  de  estas  sus  múltiples  y  varia- 
das obras,  que  no  hemos  podido  hallar, 
y  que  sin  duda  se  hallan  completamen- 
te perdidas,  indicándonoslo  así  la  cir- 
cunstancia de  no  hallarse  en  la  actual 
Biblioteca  Provincial  de  Murcia,   que 


-  llá- 


fué  la  que  adquirió  casi  todos  los  libros 
del  citado  suprimido  Convento  de  Santa 
Ana  del  Monte. 

Mancha  y  Rincón  (Don  Rafael). 

Distinguido  sujeto  a  quien  hemos  te- 
nido el  gusto  de  conocer.  Nació  en  Cór- 
doba en  1791,  y  en  dicha  ciudad  resi- 
dió hasta  la  caída  de  la  Constitución 
en  1823,  año  en  que  pasó  a  Murcia,  don- 
de ya  permaneció  hasta  su  muerte,  go- 
zando de  igual  o  de  mayor  prestigio 
que  el  que  había  logrado  en  su  patria 
desde  bien  joven.  En  ella,  a  la  edad  de 
veintitrés  años,  o  sea  en  15  de  febrero 
de  1814,  y  según  noticias  que  debemos 
al  decano  de  los  literatos  de  aquella 
ciudad,  don  Francisco  de  Borja  Pavón, 
fué  admitido  en  la  Academia  de  Cien- 
cias, Bellas  Letras  y  Nobles  Artes,  la 
misma  de  que  después  fué  Secretario,  y 
en  donde  disertó,  en  22  de  marzo  de 
1816,  con  un  Discurso  sobre  las  utilida- 
des que  encuentra  el  cálculo  en  la  Físi- 
ca; en  8  de  noviembre  del  mismo,  con 
una  Memoria  sobre  la  furia  de  los  vien- 
tos; y  en  5  de  marzo  de  1819,  con  otro 
Discurso  sobre  el  origen  de  la  Esfera. 

Viviendo  en  Murcia,  fué  dignísimo 
Secretario  de  su  Instituto  Provincial  de 
Segunda  Enseñanza;  Socio  de  mérito  y 
Censor  de  su  Económica  de  Amigos  del 
País;  Socio  de  Número  y  Tesorero  de 
su  Liceo  Artístico  y  Literario;  y  Vocal 
de  la  Comisión  de  Instrucción  Primaria, 
habiendo  desempeñado  además  los  car- 
gos de  Representante  de  los  partícipes 
Legos  en  la  Junta  Diocesana,  Co- Admi- 
nistrador de  diezmos  en  la  misma  y  Ad- 
ministrador de  Bulas  de  la  Provincia, 
cargos  estos  últimos  que,  sin  duda, 
hubieron  de  proporcionarle  algún  dis- 
gusto, por  insidias  del  entonces  Preben- 
dado de  la  Catedral  don  Sebastián  Ca- 
rrasco (1). 

(1)    Véase  el  mismo  en  nuestra  Sección  de  Impresos  en 
Murcia. 


Fué  también  Socio  honorario  de  las 
Reales  Económicas  de  Valencia,  Cór- 
doba, Báena  y  Castro;  y  halló,  al  fin,  el 
término  de  sus  días  en  Murcia,  a  la 
edad  de  75  años,  o  sea  en  el  de  1866, 
siendo  sepultado  en  el  cementerio  viejo 
de  la  Puerta  de  Orihuela,  donde  todavía 
se  mantiene  su  lápida,  con  esta  breve 
cuanto  modesta  inscripción: 

D.    O.    M. 
Don  Rafael  Mancha 

Y 

Rincón 

R.    I.    P. 

Dejó  trabajados,  amén  de  las  Diserta- 
ciones que  quedan  referidas,  algunos 
Discursos  que  pronunció  ante  la  Econó- 
mica Murciana;  y  además,  de  los  dos 
siguientes  opúsculos: 

1.°  «Memoria  sobre  la  Población  y 
los  Riegos  de  la  Huerta».  Obra  que  ob- 
tuvo un  premio  y  fué  publicada  en  di- 
cha ciudad  en  1836. 

2.°  <Justa  Repulsa  de  las  injurias  y 
calumnias  contenidas  en  la...  Réplica 
publicada  por  el  Prebendado  don  Se- 
bastián Carrasco».— Murcia,  1839. 

Véanse  las  voces  Mancha  y  Junta 
Pública  en  nuestro  Catálogo  de  Libros 
impresos  en  Murcia. 

Manrique  de  Lara  (Don  Jerónimo). 

Nobilísimo  procer  de  esta  esclarecida 
familia  (1).  Su  acendrada  virtud  y  reli- 


(1)  Don  Jerónimo,  aunque  pertenecía  a  la  ilustre  fami- 
lia de  los  condes  de  Paredes,  era  vastago  ilegítimo  de  un 
obispo  de  Córdoba,  y  él  mismo  tuvo  en  su  juventud  tres 
hijos  bastardos.  Esto  le  acarreó  más  tarde  no  pocos  sinsa- 
bores, pues  los  jesuítas  lo  hicieron  saber  al  Pontífice,  re- 
cusándole del  cargo  de  visitador  de  sus  colegios  que  le  había 
confiado  a  instancia  de  Felipe  II.  (Cfr.  Astrain,  Historia  de 
la  Compañía  de  Jesús  en  su  asistencia  de  Espatia).  Don  Je- 
rónimo hubo  de  estudiar  en  Alcalá  de  Henares,  en  el  Cole- 
gio de  Santiago  o  de  los  Manriques,  que  fundó  el  obispo 
don  García  Manrique  de  Lara,  en  1550,  para  personas  de  su 
familia.  El  aflo  1556  ya  se  le  daba  el  titulo  de  cmaestro», 
como  vemos  en  la  relación  de  Ims  Fiestas  con  que  la  Vni- 
versidad  de  Alcalá  de  Henares  algo  los  pendones  por  el  Rey 
don  Philipe  nuestro  señor,  celebradas  en  abril  de  aquel 


116  - 


giosidad,  le  hizo  abrazar  el  estado  ecle- 
siástico. Siendo  Inquisidor  de  Murcia, 
acompañó  a  don  Juan  de  Austria  en  la 
famosísima  jornada  de  Lepanto,  y  con- 
tribuyó al  triunfo  definitivo  de  las  ar- 
mas españolas  y  total  derrota  de  los 
turcos,  en  aquellos  mares.  Vuelto  a  Es- 
paña, fué  promovido  por  Felipe  II  al 
Obispado  de  Cartagena,  cuya  silla  go- 
bernó desde  el  30  de  marzo  de  1583. 
Mandóle,  años  después,  visitar  la  real 
Chancillería  de  Valladolid,  y  hallándo- 
se en  esta  visita,  habiendo  fallecido  el 
Obispo  de  Avila  don  Pedro  Temiño,  el 
mismo  Rey,  por  tenerle  más  cerca  y  po- 
der más  fácilmente  consultarle,  trasla- 
dólo a  aquella  Diócesis,  de  la  cual  tomó 
posesión  el  3  de  junio  de  1591.  Ultima- 
mente,  habiendo  fallecido  el  Cardenal 
Arzobispo  de  Toledo  don  Gaspar  de 
Quiroga,  que  a  la  vez  ejercía  el  empleo 
de  Inquisidor  General,  el  mismo  don 
Felipe  lo  eligió  para  este  cargo,  siendo 
confirmada  su  elección  por  el  Papa  Cle- 
mente VIII,  en  los  primeros  de  mayo 
de  1595.  Murió,  en  fin,  nuestro  don  Je- 
rónimo, a  los  pocos  meses  de  obtenida 
esta  honra,  en  la  villa  de  Madrid,  a  1.° 
de  septiembre  del  referido  año,  siendo 
sepultado  en  su  Iglesia  de  Avila,  en  una 
capilla  que  él  mismo  empezó  a  cons- 
truir, y  acabaron  después  sus  albaceas, 
dedicándola  a  San  Segundo,  primer 
Obispo  de  aquella  Diócesis. 

Ahora  bien,  la  importancia  que  este 
Prelado  tiene  para  los  murcianos,  con- 
siste en  haber  terminado  y  publicado  a 
los  pocos  meses  de  su  llegada  a  Murcia, 


afto.  Según  esta  misma  relación,  en  el  certamen  poético  que 
hizo  la  Universidad  con  tal  motivo,  don  Jerónimo  fué  pre- 
luiado  por  un  soneto,  que  en  el  mencionado  impreso  se 
inserta.  Demostró  además  su  amor  a  la  Poesía  en  la  protec- 
ción que  más  tarde  dispensó  a  Lope  de  Vega.  Este  recordó 
siempre  con  gran  cariño  a  su  protector.  En  el  testamento 
que  otorgó  el  4  de  febrero  de  1627,  dispuso:  «Iten  es  mi  vo- 
luntad que  se  digan  por  el  limo,  y  Revmo.  Señor  don  Jeró- 
nimo Manrique,  obispo  de  Avila,  que  Dios  tiene,  cien  mi- 
sas en  señal  que  reconozco  en  mi  muerte  lo  mucho  que  le 
debí  al  principio  de  mi  vida>.  (N.  del  e.) 


(4  de  diciembre  de  1583),  las  Sinoda- 
les que  rigen,  del  Obispado  de  Carta- 
gena (1). 

Manuel  (Don  Juan). 

Celebérrimo  personaje  en  la  historia 
política  y  literaria  de  España:  nacido  en 
Escalona  a  5  de  mayo  de  1282:  hijo  del 
Infante  don  Manuel,  hermano  de  Alfon- 
so el  Sabio,  y  de  doña  Beatriz  de  Sabo- 
ya,  hija  de  Amadeo  IV:  casado  prime- 
ramente con  doña  Isabel,  hija  del  Rey 
de  Mallorca,  después  con  doña  Constan- 
za, hija  de  don  Jaime  II  de  Aragón,  y 
después  con  doña  Blanca,  hija  de  Fer- 
nando II  de  la  Cerda:  y  bajado  al  sepul- 
cro a  principios  de  1349. 

La  razón  por  la  que  tenemos  el  honor 
de  asignarle  un  lugar  distinguido  en  el 
presente  Ensayo,  y  el  derecho  que  los 
murcianos  tienen  para  asociar  al  nom- 
bre de  su  patria  la  inmensa  gloria  de 
este  varón  famoso,  pudiendo  conside- 
rarle casi  como  a  paisano,  consiste  en 
que  dentro  de  nuestro  territorio  es  don- 
de, principalmente,  se  realiza  la  intere- 
sante historia  literaria  y  política  de  tan 
insigne  y  esclarecido  procer  castellano: 
Regente  del  reino;  Señor  de  vastos  do- 
minios (pudiendo  contarse  casi  en  pri- 
mera línea  los  murgitanos  de  Villena, 
Lorca,  Cartagena,  Chinchilla,  Alhama, 
Jumilla,  Molina,  Seca  y  otros);  caballero 
animoso,  espíritu  inquieto  y  turbulento, 
gran  filósofo,  eximio  literato,  sesudo 
moralista,  y  el  más  correcto,  elegante  y 
gallardo  escritor  del  siglo  xiv. 

De  edad  de  doce  años  (1294),  y  por 
disposición  del  Rey  don  Sancho,  su  pri- 
mo, sucedió  a  su  padre,  el  Infante  don 
Manuel  en  el  cargo  de  Adelantado  ma- 
yor del  reino  de  Murcia,  cargo  que  des- 
empeñó hasta  su  muerte,  viniendo  en 


(1)  Fueron  impresas  en  Valladolid,  en  1590,  por  Andrés 
Merchán  y  Claudio  Bolán,  en  4.°  No  registrado  por  Alco- 
cer. (N.  del  e.) 


117 


tan  tierna  edad  a  esta  comarca,  y  consi- 
guiendo por  la  iniciativa  de  sus  leales 
vasallos  murcianos  bajo  su  bandera 
acaudillados,  una  completa  y  feliz  vic- 
toria contra  las  huestes  sarracenas  de 
Abenbucar-Ben-Zayen. 

El  mismo  nos  refiere  este  hecho  con 
las  siguientes  palabras  de  su  Libro  de 
las  tres  rabones: 

«Me  enviara  el  rey  allá  (a  Murcia)  a  te- 
ner la  frontera  contra  los  moros,  como 
quier  que  era  muy  mogo  que  non  auia 
doce  años  complidos...  Et  esse  verano  día 
de  cinquagésima  ouieron  muy  buena  an- 
danza los  mios  vasallos  con  el  mió  pendón, 
ca  vencieron  un  ome  muy  onrado  que  vi- 
niera por  frontero  a  Vera  e  auia  nombre 
Abenbucar  Abengayen  que  era  del  linage 
de  los  reyes  moros  de  alien  mar  et  traya 
consigo  cerca  de  mili  caballos.  Et  a  mi 
euiénme  dexado  mios  vasallos  en  Murgia, 
ca  se  non  atrevieron  a  me  meter  en  ningún 
peligro,  porque  era  tan  mogo...» 

El  Rey  don  Sancho  le  celebró  mucho 
esta  hazaña,  haciéndole  «desse  camino 
mucho  bien  et  mucha  onra»,  y  acrecen- 
tándole «grand  partida  de  la  tierra  que 
del  tenía>.  Propúsole  el  matrimonio  con 
la  referida  doña  Isabel:  dábale  su  ben- 
dición poco  antes  de  morir,  mandándo- 
lo segunda  vez  a  Murcia  (1295),  y  desde 
entonces,  como  dicho  queda,  tuvo  siem- 
pre el  adelantamiento  de  este  reino, 
exceptuando  solamente  un  breve  espa- 
cio del  tiempo  de  sus  desavenencias  con 
el  Rey  don  Alfonso,  su  sobrino.  Y  deci- 
mos breve  espacio,  contra  el  parecer  de 
algunos  historiadores,  porque  así  ello 
consta  de  varios  instrumentos  originales 
que  se  conservan  en  el  archivo  de  la  ciu- 
dad de  Murcia. 

Por  ellos,  pues,  sabemos:  Que  a  la 
muerte  de  Fernando  IV  (1312),  habien- 
do sido  excluido  en  la  tutoría  del  Rey 
don  Alfonso,  y  destituido  de  su  empleo 
por  el  Infante  don  Pedro,  retírase  a  tie- 
rra de  Murcia,  y  logra  en  breve  recupe- 
rarlo por  la  fuerza  de  su  brazo  y  la  ani- 


mosidad de  sus  leales  vasallos,  como 
asi  también  las  demás  villas  y  lugares, 
de  que  le  despojara  la  ambición  del  re- 
ferido Infante:  Que  a  poco  de  ocupar 
Alfonso  el  trono  de  Castilla  (1325),  y 
con  él,  resentido  por  la  omnímoda  e  in- 
fluyente privanza  que  en  su  ánimo  ejer- 
cían los  poderosos  magnates  Garcilaso 
de  la  Vega  y  Alvar  Núñez  Osorio,  se 
retira  segunda  vez  con  actitud  hostil  a 
sus  dominios  de  Murcia,  a  cuyo  Conce- 
jo, no  obstante,  escribe  el  Monarca, 
manifestándole  no  ser  por  entonces  su 
propósito  desposeer  a  su  tío  del  adelan- 
tamiento: Que  en  1326  confirmado  una 
veB  más  en  el  dicho  Oficio,  emprende 
la  guerra,  dentro  de  esta  frontera,  con- 
tra los  moros  granadinos,  logrando,  por 
cierto,  con  el  auxilio  siempre  de  sus  va- 
lerosos vasallos  murcianos,  derrotar  por 
completo  el  ejército  del  esforzado  capi- 
tán Ozmin:  Que  si,  teniendo  una  suerte 
análoga  a  la  del  infeliz  donjuán  el  Tuer- 
to, por  refugiarse  en  Murcia  en  1327,  y 
no  acudir,  como  debía,  al  llamamiento 
del  Monarca,  es  acusado  por  éste  de  re- 
beldía y  de  deservicio,  llegando  a  escri- 
bir en  1328  a  los  vecinos  de  esta  ciudad 
don  Guillen  de  Rocafull  y  Pedro  López 
de  Ayala,  le  hiciesen  todo  el  mal  y  daño 
posible;  en  1329,  sin  embargo,  le  pide 
su  ayuda  como  tal  Adelantado  (y  a  ello 
accede  gustoso,  en  aras  de  la  patria, 
nuestro  don  Juan  Manuel)  para  la  pro- 
secución de  las  guerras  contra  los  moros 
de  Granada;  y  en  el  siguiente,  o  sea  en 
1330,  escribe  al  Concejo  y  Alcaldes  de 
Murcia  para  que  no  duden  de  la  lealtad 
de  su  Adelantado  y  para  que,  bajo  su 
mando,  continúen  en  las  referidas  gue- 
rras. Y  en  fin,  que,  si  en  1336,  por  la 
tenacidad  de  don  Alfonso  en  negarse 
a  devolverle  su'  prisionera  hija  doña 
Constanza,  se  aparta  ruidosamente,  se 
desnatura  de  su  servicio  y  vasallaje, 
ordenando,  en  su  consecuencia,  el  Mo- 


-  118 


narca  al  referido  Concejo  y  Alcaldes 
(1338)  hacer  la  más  cruda  guerra  a  los 
lugares  de  Alhama  y  Cartagena  por  ser 
del  desnaturado;  en  1340,  sin  embargo, 
habiéndose  verificado  una  verdadera 
amnistía  entre  el  Rey  y  el  vasallo,  entra 
otra  vez  éste  en  la  plena  posesión  y  dis- 
frute de  todos  sus  derechos  y  dignida- 
des, que  ejerce  desde  ahora  hasta  el  fin 
de  sus  días;  tomando,  con  su  siempre 
dispuesta  gente  murciana,  muy  señala- 
da y  gloriosa  parte  en  las  heroicas  lu- 
chas contra  los  sectarios  de  la  media 
luna,  y  distinguiéndose  muy  especial- 
mente, como  ya  lo  había  hecho  en  los 
últimos  tiempos  del  Rey  don  Fernando 
(1309),  en  los  sitios  de  Gibraltar  y  Al- 
geciras. 

Cáscales  ha  pintado  con  negros  colo- 
res la  figura  de  este  esclarecido  magna- 
te, por  dar,  acaso,  demasiado  crédito  a 
papeles  escritos  por  el  espíritu  de  mon- 
taraz independencia  de  los  feroces  po- 
bladores murcianos  de  entonces:  y  pa- 
récenos  oportuno  lugar  éste  para  hacer 
la  debida  rectificación. 

No  fué,  en  verdad,  nuestro  don  Juan 
Manuel  ningún  santo  varón;  fué,  sin 
duda,  un  carácter  altivo  y  revoltoso,  y 
figura  en  primer  término  entre  los  auto- 
res de  los  disturbios  que  tan  trabajada 
tenían  la  monarquía,  y  que  tantas  veces 
ensangrentaron  los  campos  de  Castilla 
durante  el  primero  y  principios  del  se- 
gundo tercio  del  décimo  cuarto  siglo: 
mas  no  es  posible  dudar  de  las  nobles  e 
hidalgas  razones  que  para  ello  tuvo,  así 
como  tampoco  de  su  alto  pundonor  y 
dignidad,  después  de  leer  estas  palabras 
de  su  Libro  de  los  Estados,  que  copia- 
mos nosotros  del  texto  de  Amador  de 
los  Ríos: 

«Auiendo  guerra  muy  afincada  con  el 
Rey  de  Castiella  por  muchos  tuertos  et  de 
sonras  quel'auia  fechos  [a  don  Juan  Ma- 
nuel], non  se  guardaua  del:  et  aula  el  rey 


en  su  ayuda  a  los  reyes  de  Aragón  et  de 
Portugal,  ca  era  casado  con  su  fija  del  Rey 
de  Portugal  et  el  rey  de  Aragón  con  su 
hermana;  et  non  auia  don  Johan  otra  ayu- 
da, sinon  a  si  et  a  sus  uasallos,  et  aun  des- 
tos  sirviendoret  aiendol'muchos  muy  ño- 
xamente,  por  quel  fazian  muchos  afinca- 
mientos muy  sin  razón.  Et  quando  don 
Johan  se  quexaua  desto,  dezianle  los  quel 
auian  de  consejar,  que  pues  venie  a  grant 
peoría  et  le  fazian  tantos  afincamientos  los 
suyos,  que  fiziere  alguna  pleytesia  por  que 
salliese  de  aquella  guerra.  Et  don  Johan 
dizia  que  falta  que  ouiese  emienda  del  mal 
que  recibiera  et  fincase  con  onra  que  non 
lo  faria,  ca  lo  quel'pasaua  con  los  suyos,  o 
que  perdía  o  quanto  mal  le  uenia  que  todo 
era  daño  et  perdida,  mas  non  desonra.  Et 
que  ante  quería  sofrir  todo  lo  ál  que  la 
desonra,  et  quél  se  tenia  por  uno  de  los 
.  que  eran  para  ser  muertos,  mas  non  des- 
onrados.  Et  lo  uno  por  quanto  lo  fizo  por 
guardar  su  onra,  et  lo  ál  porque  se  touo 
Dios  con  él,  en  quien  él  auia  toda  su  es- 
peranza quel  defendía  por  el  derecho  que 
tenía,  quísolo  asi  que  ouo  paz  con  el  rey  la 
mas  onrada  que  nunca  se  falla  por  ningu- 
na fazaña  que  la  ouiese  orne  en  España.» 

Palabras  con  que  alude,  como  habrán 
comprendido  nuestros  lectores,  a  la  paz 
de  Sevilla,  por  la  cual  le  fué  entregada 
al  cabo  su  inocente  hija  doña  Constan- 
za, y  casada  con  don  Pedro,  Infante  de 
Portugal. 

Ahora  bien;  de  lo  expuesto  en  nuestro 
texto,  infiérese  que  el  temido  señor  de 
Villena,  habiendo  pasado  en  Murcia,  o 
en  el  territorio  murciano,  una  gran  parte 
de  su  vida,  aquí,  por  consiguiente,  de- 
bió escribir  muchas  de  sus  obras,  y,  por 
la  misma  razón,  ejercer  no  poca  influen- 
cia en  el  desarrollo  de  nuestra  antigua 
cultura.  Que  él,  a  su  vez,  fuese  influido, 
como  antes  el  Rey  Sabio,  por  nuestra 
entonces  pujante  civilización  musul- 
mana, es  cosa  que  no  puede  ponerse  en 
duda,  pues,  además  de  que  por  pisar  el 
murciano  suelo  en  edad  de  doce  años, 
es  de  suponer  que  su  lozana  y  juvenil 
fantasía  cobraría  vuelo  en  la  atmósfera 


-  119 


de  nuestros  poetas  y  filósofos  mahome- 
tanos, sabemos  de  positivo  que  en  su 
famoso  Libro  de  Patronio  (que  en  Mur- 
cia, a  lo  que  supongo  con  bastante  fun- 
damento, hubo  de  empezar),  al  lado  de 
los  varios  enxiemplos  tomados  del  Ca- 
lila et  Dimna,  del  Sendebar,  y  de  otros 
libros  indo-orientales,  introdúcense 
pura  y  exclusivamente  árabes;  debido 
esto,  como  observa  bien  el  ya  citado 
Amador  de  los  Ríos,  a  la  larga  perma- 
nencia del  Adelantado  de  Murcia  en 
esta  frontera.  También  tenemos  razo- 
nes en  que  apoyar  nuestra  opinión  so- 
bre que  en  Murcia  debió  escribir,  o  por 
lo  menos  comenzar  muchas  de  sus 
obras,  como  iremos  exponiendo  confor- 
me al  cómputo  que  hacemos  entre  las 
fechas  en  que  fueron  trabajadas  dichas 
producciones  y  el  tiempo  en  que  su  in- 
signe autor  habitaba  el  país  murciano, 
insistiendo  algo  en  este  punto  (escapado 
a  la  observación  de  los  historiadores  de 
nuestra  literatura  patria)  por  ser  lo  úni- 
co que  de  nuevo  podemos  añadir  a  lo 
que  tantas  veces  y  por  tan  sabias  plu- 
mas hase  ya  dicho  y  ponderado  sobre 
el  talento  y  singulares  méritos  literarios 
de  este  varón  eximio  y  verdaderamente 
extraordinario. 
El  catálogo  de  sus  obras  es  (1): 

1.  Libro  de  los  Cantares  o  de  las 
Cantigas. 

2.  Reglas  del  trobar. 


(1)  Aunque  las  suponemos  harto  conocidas  de  todos,  no 
podemos  en  modo  alguno  conceptuarnos  eximidos  del  deber 
de  enumerarlas  en  nuestro  texto,  bien  que  prescindiendo 
de  su  examen  crítico  por  no  repetir  lo  ya  consignado  por 
tantos  y  tan  ilustres  escritores,  asi  nacionales  como  extran- 
"jeros,  que  tan  doctamente  han  tratado  sobre  el  particular, 
mereciendo  muy  digna  y  particular  mención,  entre  los  pri- 
meros, don  José  Amador  de  los  Ríos  y  don  Pascual  Gayan- 
gos,  y  entre  los  segundos  Sir  Jeorge  Ticknor  y  Mr.  Eladio 
Puibusque. 

Debemos  también  advertir  que  de  todos  estos  libros, 
Uóranse  hoy  perdidos  el  de  Las  Cantigas,  el  de  Las  reglas 
del  trobar,  el  de  Los  Sabios,  el  de  Los  engennos  y  el  de  La 
Caualleria;  pero  no  puede  dudarse  de  que  los  escribiera 
don  Juan  Manuel  por  decírnoslo  él  mismo  en  el  proemio 
general  de  todas  sus  obras,  y  en  la  advertencia  que  precede 
al  libro  del  Conde  Lucanor. 


3.  Libro  de  los  Sabios. 

4.  Libro  de  los  engennos. 

5.  Libro  de  la  Caga. 
Donde  se  contiene: 

«Lo  que  oyó  dezir  al  infante  don  Johan 
que  fué  muy  grant  cagad  or  et  los  f alconeros 
que  fueron  del  rey  don  Alfonso  et  del  in- 
fante don  Manuel  su  padre;  et  lo  que  él  en- 
tendió et  acordó  con  los  mejores  caladores, 
con  quien  él  departió  muchas  vegadas  so- 
bre esto;  et  otrosí,  lo  que  falló  en  la  arte 
del  venar  que  quiere  dezir  de  la  caga  de 
los  venados  que  se  caga  en  el  monte,  es- 
criuiolo  en  este  libro,  segund  lo  acordó 
con  Sancho  Ximénez  de  Lanchares  et  con 
Gargy  Alvarez  et  con  Roy  Ximénez  de 
Mesco  et  con  Ferrant  Gómez,  fijo  del  dicho 
Gargy  Alvarez  et  con  otros  caualleros  de 
Galligia  que  saben  mucho  de  esta  arte,  et 
con  otros  monteros  que  andan  en  la  casa 
del  Rey...» 

Sólo  ha  llegado  hasta  nosotros  la  pri- 
mera parte,  y  no  completa,  de  las  dos 
de  que  constaba  este  curioso  libro. 

6.  Coronica  abreuiada. 

Sumario  o  compendio  de  la  Estoria 
d'Espanna  de  Alfonso  el  Sabio,  hecho: 

«porque  don  Johan,  su  sobrino,  se  pagó 
mucho  desta  su  obra  et  por  la  saber  mejor, 
por  que  por  muchas  razones  non  podría 
fazer  tal  obra  como  el  rey  fizo,  nin  el  su 
entendimiento  non  abandona  a  retener  to- 
das las  estorias,  que  son  en  dichas  cróni- 
cas, por  ende  fizo  poner  en  este  libro  en 
pocas  razones  todos  los  grandes  fechos 
que  se  y  contienen.  Et  esto  fizo  él,  por  que 
non  touo  por  aguisado  de  comenzar  tal 
obra  et  tan  complida  como  la  del  rey  su 
tío:  antes  sacó  de  la  su  obra  complida  una 
obra  menor,  et  non  la  fizo  si  non  para  ssi, 
en  que  leyesse...»    . 

Códice  existente  en  la  Biblioteca  Na- 
cional bajo  la  mea.  F-81.  Ahora  bien,  es 
opinión  corriente  entre,eruditos  que  to- 
das estas  obras  son^fruto  de  la  primera 
edad  literaria  de  nuestro  don  Juan  Ma- 
nuel, y  así,  en  efectp,f  lo  confirma  el 
hecho  misma  de  haberse  extraviado  en 
su  mayor  parte;  cosa,  que  de  ninguna 


-  120 


manera,  a  mi  sentir,  hubiera  aconteci- 
do, al  ser  escritas  con  fecha  posterior  a 
los  famosos  libros  del  Caballero  y  Escu- 
dero, de  Los  Estados  y  de  Patronio, 
que  el  señor  de  Villena  tuvo  el  buen 
cuidado  de  reunir  en  un  Códice,  y  guar- 
dar, correg-ido  de  su  puño  y  letra,  en  su 
Monasterio  de  Peñafiel.  Luego  a  ser  la 
opinión  cierta,  como  sin  duda  parece 
serlo,  seguramente  debió  escribirlas  en 
Murcia  o  dentro  de  territorio  murciano, 
si  no  todas,  gran  parte  de  ellas.  La  razón 
es  muy  sencilla.  Por  mandado  de  don 
Sancho,  como  dicho  queda,  y  de  edad 
de  doce  años,  viene  a  Murcia  a  pelear  y 
tener  la  frontera  contra  los  moros  de 
Vera;  bendecido  por  el  mismo  Rey  vuel- 
ve a  Murcia  en  1295;  en  1297  permanece 
todavía  en  el  país  murciano,  peleando 
contra  los  aragoneses  por  las  villas  de 
Elche,  Elda  y  Novelda;  y  todavía  en 
1300  lo  hallamos  defendiendo  a  Lorca 
por  doña  María  de  Molina,  sin  que  cons- 
te que  hasta  1304,  o  sea  teniendo  ya 
cumplidos  veinticuatro  años,  saliese  de 
sus  dominios  de  Murcia.   Por  manera 
que,  a  no  querer  decir  gratuitamente, 
que,  desde  la  última  de  dichas  fechas  en 
adelante,  es  cuando  comienza  la  prime- 
ra edad  literaria  del  señor  de  Villena, 
y  cuando  empieza  a  escribir  sus  prime- 
ras   producciones,    necesariamente 
habremos  de  convenir  en  que  dentro 
del  suelo  indicado  fueron,  en  su  mayor 
parte,  elaboradas.  El  docto  Amador  de 
los  Ríos  citado  siente,  sin  embargo,  que 
algunas  de  ellas  debieron  ser  escritas 
durante  la  minoridad  de  Alfonso  XI; 
pero,  aun  cuando  esto  sea  cierto,  tam- 
bién lo  es  que  en  los  primeros  años  de 
dicha  minoridad,  se  pertrechaba  en  sus 
dominios  de  Murcia  nuestro  don  Juan 
Manuel  contra  las  ambiciosas  sugestio- 
nes de  los  Infantes  tutores  don  Juan  y 
don  Pedro,  y  que,  muertos  éstos,  en 
1319  y  aun  años  antes  probablemente. 


volvía  a  encargarse  de  la  tenencia  o 
defensa  de  la  frontera  murciana,  en 
donde  pudo  muy  bien  comenzar,  escri- 
bir o  terminar  el  Libro  de  la  Casa  y  la 
Crónica  abreviada.  La  verdad  es  que 
en  lo  que  nos  queda  del  primero,  al  des- 
cribir su  autor  los  lugares  más  a  propó- 
sito para  la  volatería  en  las  tierras  «do 
auia  andado»,  sólo  se  ocupa  de  las  co- 
marcas enclavadas  en  los  Obispados  de 
Sigüenza,  Cuenca  y  Cartagena. 

7.  Libro  de  la  Caua Hería. 

No  ha  llegado,  por  desgracia,  hasta 
nosotros;  pero  sí  un  largo  análisis,  suyo, 
y  que  por  lo  mismo  no  copiamos,  hecho 
por  el  mismo  don  Juan  Manuel  en  su 
Libro  de  los  Estados. 

8.  Libro  del  Cauallero  et  del  Es- 
cudero. 

Dirigido  al  Infante  don  Juan  de  Ara- 
gón, Arzobispo  de  Toledo,  y  elogiado 
por  su  mismo  autor  con  estas  palabras, 
no  desmentidas  hoy  por  la  crítica: 

<Como  quier  que  este  libro  fizo  don 
Johan  en  manera  de  fabliella,  sabet,  señor 
infante,  ques  muy  buen  libro  et  muy  apro- 
uechoso;  et  de  todas  las  razones  que  en  él 
se  contienen,  son  dichas  por  muy  buenas 
palabras,  et  por  los  más  fermosos  latines 
que  yo  nunca  oy  dezir  en  libro  que  fuese 
fecho  en  romance;  et  poniendo  declarada- 
mente et  complida  la  razón,  que  quiere 
dezir,  ponerlo  en  las  menos  palabras  que 
puede  ser.» 

(Libro  de  los  Estados.  Part.  1.^,  capí- 
tulo XC.)— Consta  de  cincuenta  y  un 
capítulos  distribuidos  en  dos  partes. 

9.  Libro  del  Infante. 

También  designado  con  los  títulos  de 
Libro  de  los  Estados,  y  Libro  de  las 
Leyes.  Va  asimismo  dirigido  al  Infante 
Arzobispo  de  Toledo,  a  quien  dice  don 
Juan  en  su  prólogo: 

«Segund  el  doloroso  et  triste  tiempo  en 
que  yo  lo  fiz,  cuydando  como  podría  acer- 
tar en  lo  mejor  et  mas  seguro,  fiz  este  libro 
que  vos  envió.  Et  porque  los  ornes  non 


-  121 


pueden  también  entender  las  cosas  por 
otra  manera  como  por  algunas  semejanzas, 
compus  este  libro  en  manera  de  preguntas 
et  respuestas  que  fazian  entre  si  un  Rey  et 
un  Infante,  su  fijo,  et  un  cauallero  que  crió 
al  Infante,  et  un  philosofo.  Et  pus  nombre 
al  rey  Moroban,  et  al  Infante  Johás,  et  al 
Cauallero  Turin,  et  al  philosofo  Julio.  Et 
porque  entiendo  que  la  saluacion  de  las 
almas  a  de  ser  en  ley  et  en  estado,  por 
ende  convino  et  non  puede  escusarse  de 
fablar  alguna  cosa  en  las  leyes  et  en  los  es- 
tados. Et  porque  yo  entiendo  que  segund 
la  mengua  del  mió  entendimiento  et  del 
mió  saber,  que  es  grant  atreuimieuto  o 
mengua  de  seso  de  entremeterme  yo  a  fa- 
blar en  tan  altas  cosas,  por  ende  non  me 
atrevi  yo  a  publicar  este  libró  fasta  que  vos 
lo  viesedes.  Et  por  esta  razón  vos  lo  eíivio, 
caso  cierto  que  tan  buen  entendimiento 
vos  Dios  dio  et  tan  grant  letraduraavedes 
que  entendredes  muy  bien  todas  las  cosas 
aprouechosas  et  bien  dichas  et  todas  las- 
menguas  que  en  este  libro  fueran...» 

Consta  de  dos  partes,  divididas,  la  pri- 
mera en  cien  capítulos,  y  en  cincuenta 
y  uno  la  segunda,  que  trata  de  los  esta- 
dos de  la  cleresia,  como  la  primera  de 
los  legos,  y  designándose  el  último  de 
dichos  capítulos  con  el  título  de  Libro 
de  los  fraires  predicadores. 

Tratemos  ahora  de  investigar  dónde 
y  cuándo  debieron  componerse  estas 
obras.  Es  ante  todo  indudable,  por  de- 
clararlo el  mismo  don  Juan  Manuel, 
que  el  libro  De  los  Estados  se  escribió 
después  que  el  del  Cauallero  et  del  Es- 
cudero, y  éste  antes  que  el  de  La  Caua- 
llería.  En  el  prólogo  de  la  primera  par- 
te del  Libro  de  los  Estados,  dice  don 
Juan  al  citado  Arzobispo: 

«Este  libro  comengé  luego  que  oue  aca- 
bado el  otro  que  vos  envié  del  Cauallero 
et  del  Escudero.» 

Y  al  hablar  luego  en  dicha  primera 
parte  de  las  leyes,  usos  y  costumbres  de 
la  Caballería,  añade: 

<mas  si  lo  quisieredes  saber  complida- 
mente,  fallarlo  edes  en  los  libros  que  fizo 


Don  Johan,  el  uno  que  llaman  de  la  Ca- 
ualleria  et  otro  que  llaman  libro  del  Caua- 
llero et  del  Esctidero.» 

También  es  cosa  fuera  de  toda  duda 
que  este  último  debió  acabarse  después 
de  1327,  como  asimismo  nos  lo  da  a  en- 
tender su  autor  en  el  citado  prólogo  del 
Libro  de  los  Estados,  donde,  después 
de  decir: 

«Et  este  libro  comente  luego  que  oue 
acabado  el  otro...  del  Cauallero  et  del  Es- 
cudero», añade:  «Et  tengo  grant  tiempo 
que  lo  ouiera  acabado,  si  otros  embargos 
non  ouiera;  mas  Dios  por  la  su  piedat  per- 
done en  el  otro  mundo  a  las  almas  a  quien 
me  embargó  que  lo  non  podiese  fazer  tan 
ayna.» 

Palabras  con  que  seguramente  alude 
a  su  primera  formal  desavenencia  con 
don  Alfonso,  ocurrida  en  dicho  año;  por- 
que ni  de  1320  a  1325,  en  que  ejercía  la 
regencia  del  reino  y  tutoría  del  monar- 
ca, ni  en  1326,  en  que  a  su  servicio  y  en 
noble  defensa  de  la  patria,  peleaba  con- 
tra las  huestes  de  Ozmín,  podía  temer 
nuestro  don  Juan,  ni  tuvo,  con  efecto, 
a  nadie  que  le  embargase.  Ahora  bien; 
consta,  por  decírnoslo  también  el  mis- 
mo don  Juan,  que  la  dicha  primera  par- 
te del  Libro  del  Infante,  se  acabó  en 
1330  «en  Pozancos,  lugar  del  Obispo  de 
Ziguenga,  martes  veynte  et  dos  días  de 
mayo,  era  de  mili  et  trescientos  et  se- 
senta et  ocho  annos» ;  y  que  el  del  Caua- 
llero et  del  Escudero  se  comenzó  «se- 
yendo  don  Johan  en  Seuilla»:  Pero 
consta  igualmente,  como  dicho  queda, 
que  desde  1326,  en  que,  confirmado  una 
ves  más  en  su  Adelantamiento,  empren- 
de la  guerra  contra  los  moros  granadi- 
nos, hasta  la  indicada  fecha  de  1330,  en 
que,  para  el  mismo  fin,  se  avista  y  pone 
de  acuerdo  con  el  animoso  Obispo  de 
Cartagena  don  Pero  Gómez  Barroso  (1), 


(1)  Consta  asi  muy  cumplida  y  terminantemente  de  las 
dos  cartas  que  desde  el  Real  de  Teva — Hardales,  en  la  era 
de  1368  (1330;  dirige  el  Rey  don  Alfonso  al  Concejo  y  Alcal- 


122 


encuéntrase  nuestro  Adelantado  en  te- 
rritorio de  Murcia.  Lueg-o  aquí  debió 
componer  dichas  obras,  por  más  que  en 
Pozancos  terminase  la  primera,  y  aun- 
que en  Sevilla  empezara  la  segunda.  El 
mismo,  en  el  prólogo  de  ésta,  parece 
indicárnoslo,  bien  que  sin  nombrar  el 
punto  donde  hubo  de  acabarla: 

«Acaescióme  ogaño,  seyendo  en  Sevilla 
(observa)  que  muchas  veces  non  podría 
dormir  pensando  en  algunas  cosas  en  que 
yo  cuydaba  que  serviría  a  Dios  muy  gra- 
nadamente; mas  por  mis  pecados  non  qui- 
so él  tomar  de  mí  tan  grant  servicio;  ca  si 
él  algún  comienzo  había  tomado  para  se 
servir  de  mi,  fué  todo  por  la  su  merced  et 
su  piedat,  et  non  por  ningunt  mi  mereci- 
miento; et  lo  que  se  agora  alongó  tengo 
que  non  fué  sinon  por  mi  pecado...  Et  se- 
yendo en  aquel  cuydado,  por  lo  perder, 
comencé  este  libro...,  et  acábelo  después 
que  me  partí  dende. . . »     i 

Ya  hemos  visto  cómo  debió  ser  esto 
después  de  1327  y  antes  de  1329,  en  que 
seguramente  se  empezaba  el  Libro  del 
Infante.  Luego,  a  mayor  abundamien- 
to, como  en  el  tiempo  intermedio  es 
evidente  la  residencia  del  Señor  de  Vi- 
llena  en  Murcia,  poniéndolo  de  mani- 
fiesto la  susodicha  Carta  del  Rey  don 
Alfonso  a  sus  vasallos  don  Guillen  de 
Rocafull  y  Pero  López  de  Ayala,  veci- 
nos de  dicha  ciudad,  resulta  concluyen- 
te  que  aquí  debió  escribir  este  famoso  y 


des  de  Murcia,  e  Inserta  Cáscales  en  sus  Discursos  Históri- 
cos.—Kn  la  primeraleemos:  «Don  Alfonso,  por  la  gracia  de 
Dios,  etc.  Sabed  que  me  dieron  a  entender  que  don  Pedro, 
Obispo  de  Cartagena,  quería  ir  a  recibir  a  don  Juan,  hijo 
del  Infanfe  don  Manuel,  mi  vasallo  y  mi  Adelantado  mayor 
en  la  frontera  y  reyno  de  Murcia,  a  verse  con  él,  quando 
entrase  en  esa  tierra  yendo  a  mi  servicio...  el  dicho  Obispo 
es  mi  hechura  y  mí  merced,  y  de  quien  mucho  fío,  y  por  ir  él 
a  recibir  a  don  Juan,  o  a  verse  con  él,  no  debéis  de  tener 
duda  ni  sospecha  ninguna,  pues  yo  no  la  tengo...»  Y  en  la 
segunda:  «.  ..Diéronme  a  entender  que  don  Pedro,  Obispo 
de  Cartagena,  y  otras  Compañías  de  Aragón  están  allega- 
dos para  entrar  en  tierra  de  moros  por  mi  servicio:  porque 
os  mando,  vista  ésta,  que  si  el  Obispo  y  esas  Compañías 
salieren  contra  ellos,  que  les  acompañéis;  y  si  don  Juan, 
hijo  del  Infante  don  Manuel,  se  junta  con  el  Obispo...  para 
hacer  mal  y  daño  a  los  moros,  os  mando  que  entréis  con  él 
y  con  ellos  en  servicio  mío...» 


justamente  aplaudido  libro  de  educa- 
ción cortesana. 

No  podremos  decir  lo  propio  con  res- 
pecto al  Libro  de  la  Caualleria,  que  sin 
duda  debió  ser  de  igual  índole  e  inten- 
ción que  el  anterior;  pero  hablando  en 
el  terreno  de  las  probabilidades,  y  te- 
niendo en  cuenta  la  prodigiosa  activi- 
dad y  fecundo  ingenio  de  su  autor,  a  no 
suponer  que  nada  escribiese  desde  1326 
a  1328,  no  tenemos  por  aventurado  sos- 
pechar que  también  escribiera  esta  obra 
dentro  de  sus  dominios  de  Murcia. 

10.  Libro  del  Conde  Lucanor,  llama- 
do también  de  Patronio  y  de  los  En- 
xiemplos. 

«Este  libro  fizo  don  Johan  (nos  dice  él 
mismo  en  el  prólogo)  deseando  que  los 
homes  feciessen  en  este  mundo  tales  obras 
que  les  fuesen  aprovechamiento  de  las 
honras  et  de  las  faciendas  et  de  sus  esta- 
dos, et  fuesen  mas  allegados  a  la  carrera 
porque  pudiesen  salvar  las  ánimas.  Et 
puso  en  él  los  enxemplos  mas  aprovecho- 
sos  que  él  sopo  de  las  cosas  que  acaescie- 
ron,  porque  los  homes  puedan  fazer  esto 
que  dicho  es.  Et  será  maravilla  si  de  qual- 
quier  cosa  que  acaesca  a  qualquier  home, 
non  fallare  en  este  libro  su  semejanza  que 
acaesQió  a  otro...> 

Consta  este  precioso  y  famosísimo  li- 
bro de  cuatro  partes,  o  mejor,  de  dos, 
dividida  la  segunda  en  tres  grandes  ca- 
pítulos o  secciones,  y  abarcando  la  pri- 
mera cincuenta  y  un  enxemplos,  con- 
forme al  gusto  simbólico-oriental,  aun- 
que en  algunos  Códices  sólo  se  contienen 
cuarenta  y  nueve,  3^^  en  otros  cincuenta. 

Suponemos  con  bastante  fundamento 
que  su  insigne  autor  hubo  de  empezarlo 
y  aun  de  trabajarlo  en  gran  parte  estan- 
do en  sus  dominios  de  Murcia.  Escri- 
bíalo con  la  especial  mira,  sin  duda,  de 
que  sirviera  un  día  de  nota  a  su  hijo  don 
Fernando,  como  lo  prueba  la  erudita 
observación  hecha  por  el  docto  Amador 
de  los  Ríos  sobre  que  en  el  libro  de  los 
Castigos  y  Consejos,  con  igual  fin  escri- 


123  - 


to,  dirigiéndose  al  mismo  príncipe,  le 
dice  después  de  citar  el  capítulo  II: 
c quiero  creer  el  enxiemplo  que  vos  pus 
en  el  libro  que  yo  fiz  de  Patronio».— 
Don  Fernando  no  pudo  nacer  hasta  úl- 
timos de  1329  o  principios  de  1330,  su- 
poniendo que  naciera  un  año  después  al 
del  matrimonio  de  su  madre  con  nues- 
tro don  Juan  Manuel,  quien,  según  nos 
dice  él  mismo  en  su  Chronicon  latino, 
casóse  en  terceras  nupcias  con  doña 
Blanca  en  el  mes  de  enero  de  1329;  ma- 
trimonio del  cual  fué  primogénito  el  re- 
ferido don  Fernando.— Luego  tampoco 
empezar  a  componerse  este  libro  has- 
ta 1330.  Al  final  del  mismo  hay  una  nota 
que  dice:  <Et  acabólo  don  Johan  en  Sal- 
merón, lunes  Xij  días  de  junio,  era  de 
mil  et  CCC  et  LXX  et  tres  annos  (1335) » . 
Luego  un  año  antes,  por  lo  menos  a  esta 
fecha,  debió  empezarse  a  escribir.  No  es 
esta  obra,  por  su  índole  especial,  su  eru- 
dición, su  madurez  y  su  elevada  inten- 
ción didáctica,  de  aquellas  que  fácil- 
mente pueden  admitir  otras  distraccio- 
nes literarias  por  parte  de  sus  autores 
al  tiempo  de  componerlas.  Y  como  quie- 
ra que  desde  1330  a  1331  hasta  antes 
de  1334  (1),  hallamos  a  nuestro  donjuán 
ocupado  "en  la  composición  de  la  segun- 
da parte  de  su  Libro  de  los  Estados,  de 
grande  erudición  también,  y  no  poca 
extensión,  aun  en  aquello  que  ha  llega- 
do hasta  nosotros,  no  tenemos  por  aven- 
turado el  sospechar  que  hasta  la  última 
de  dichas  fechas,  o  cuando  más,  hasta 
1333,  no  se  debió  dar  comienzo  al  Libro 
de  Patronio. 

Ahora  bien,  y  aun  cuando  a  un  mismo 
tiempo  se  escribiesen  éste  y  la  referida 


(1)  El  mismo  seflor  Amador  de  los  Ríos  ha  observado 
que  en  el  capítulo  XXXITI  de  la  dicha  segunda  parte  del 
Libro  de  los  Estados  se  mencionan  todas  las  órdenes  mili- 
tares existentes  entonces  en  España,  excepto  la  de  la  Van- 
da  establecida  por  don  Alfonso  XI  en  1334,  deduciendo  de 
aquí  muy  razonada  y  cuerdamente  que  antes  de  esta  fecha 
debió  terminarse  aquel  libro. 


segunda  parte  del  de  Los  Estados,  ya 
hemos  visto  que  en  1330  se  hallaba  don 
Juan  Manuel  en  tierra  de  Murcia;  no 
consta  que  hasta  1336,  en  que  se  forta- 
lece en  Peñafiel  desnaturalizándose  del 
vasallaje  del  monarca,  saliese,  sino  a 
intervalos,  de  tierra  de  Murcia.  Las 
guerras  y  escaramuzas  contra  los  mo- 
ros fronterizos,  en  que  se  hallaba  empe- 
ñado, continuaban:  y,  si  hemos  de  dar 
crédito  a  nuestro  historiador  Cáscales, 
todavía  en  1334  se  hallaba  en  tierra  de 
Murcia  (1).  Luego,  o  que  el  Conde  Lu- 
canor  se  empezara  en  esta  fecha,  como 
tengo  por  probable,  ya  terminado  el  Li- 
bro del  Infante,  o  que  lo  fuese  de  1330 
a  1331,  siempre  tendremos  razón  para 
decir  que  con  bastante  fundamento  su- 
ponemos hubo  de  empezarse  y  aun  de 
trabajarse  en  gran  parte  residiendo  su 
autor  insigne  en  tierra  de  Murcia. 

11.  Libfo  de  los  Castigos  et  Consejos 
quefiso  don  Johan  Manuel  para  sufijo, 
et  es  llamado  por  otro  nombre  el  Libro 
Infinido. 

«Teniendo  que  el  saber  (dice  su  autor  en 
el  prólogo)  es  la  cosa  por  qué  ome  mas  de- 
bía fazer,  por  ende  asmé  de  componer  este 


(1)  Refiriéndose  a  este  año,  dice  en  el  capítulo  XII  de  su 
Discurso  V:  «No  cesaba  don  Juan  Manuel  de  ser  quien  era 
en  la  dura  obstinación  que  tenía  contra  el  Rey,  y  por  ■m\x- 
cha.s  pa.Ttes,  y  principalmente  por  ésta  (por  tierra  de  Mur- 
cia) hacía  guerra  a  las  Villas  y  Lugares  del  Rey,  y  los  de 
Murcia  estaban  tan  mal  enojados  con  él  por  las  injurias, 
agravios  y  daños  que  recebían  de  los  suyos  cada  día,  que 
reventaban  de  cólera,  y  si  no  les  templara,  y  fuera  a  la 
mano  tanto  el  Adelantado  Alfonso  Fernández  de  Saavedra, 
como  prudente  varón,  sin  duda  hubieran  saqueado,  y  abra- 
sádole  sus  tierras  desta  comarca.  Y  esto  iba  ya  en  tanto 
rompimiento  que  se  salió  el  Adelantado  desta  ciudad,  fin- 
giendo que  le  llamaba  el  Rey,  y  conjurándolos  que  no  hi- 
ciesen nada  ni  se  moviesen  hasta  su  buelta,  que  sería  muy 
presto,  vióse  con  el  Rey  el  Adelantado,  y  dióle  cuenta  de 
muchas  cosas  que  esta  Ciudad  hacía  en  su  servicio,  y  de  los 
daños  que  ordinariamente  recebía  de  don  Juan  Manuel,  o 
de  los  suyos  por  su  mandado.  El  Rey  creyó  esto  de  don 
Juan,  y  más  que  le  dixeran,  porque  le  tenía  largamente 
experimentado,  y  díxole  a  Alfonso  Fernández  de  Saavedra 
que  tenía  muy  bien  conocidos  a  los  de  Murcia,  y  que  sin 
dárselo  a  entender  les  afloxase  la  rienda  contra  donjuán, 
y  que  les  dexase  hacer,  que  bien  les  tenia  todo  el  daño  que 
le  hiciesen,  pero  que  esto  fuese  permitiendo,  y  no  mandan- 
do. En  lo  que  se  echaba  de  ver,  que  el  Rey  le  dexaba  siem- 
pre la  puerta  abierta  a  don  Juan  para  recibirle  en  su  gracia.» 


124 


tractado,  que  tracta  de  cosas  que  yo  mis- 
mo proué  en  mí  mismo  et  en  mi  fazienda 
et  vi  que  contenió  a  otros,  de  las  que  fiz  et 
vi  fazer  et  me  fallé  en  ellas  bien  et  yo  et 
los  otros...  Et  fizlo  para  don  Ferrando,  mío 
fijo,  que  me  rogó  quel'  fiziese  un  libro;  et 
yo  fiz  éste  para  él  et  para  los  que  rio  saben 
mas  que  yo  et  él;  ques  agora,  guando  yo 
lo  comenfé  de  dos  años,  porque  sabrá  por 
este  libro  quáles  son  las  cosas  que  yo  pro- 
ué et  vi.  Et  creed  por  Qierto  que  son  cosas 
prouadas  et  sin  ninguna  dubda.  Et  ruegol' 
et  mandoF  que  entre  las  otras  SQienq^ias  et 
libros  quel  aprendiere,  que  aprenda  este, 
et  lo  estudie  bien,  ca  maravilla  será  si  li- 
bro tan  pequeño  pudiere  fallar,  de  que  se 
aproueche  tanto.  Et  porque  este  libro  es 
de  cosas  que  yo  proué,  pus  en  él  las  de 
que  me  acordé;  et  porque  las  que  daquí 
adelante  prouáre,  non  se  a  qué  recudran, 
non  las  pude  aquí  poner;  mas  con  la  mer- 
ced de  Dios  ponerlas  he  como  las  prouáre. 
Et  porque  esto  non  se  quando  se  acabará, 
puse  nombre  a  este  libro  Enfenido,  que 
quiere  dezir  libro  sin  acabamiento.» 

Consta  de  veintiséis  capítulos,  cono- 
cido el  último  con  el  nombre  de  Las  ma- 
neras del  amor. 

Ahora  bien,  no  queremos,  con  respec- 
,  to  a  este  peregrino  e  interesante  trata- 
do, repetir  lo  ya  expresado  en  nuestras 
reflexiones  anteriores.  Téngase  en  cuen- 
ta que  es  una  especie  de  diario  escrito 
desde  la  primera  infancia  de  don  Fer- 
nando, o  sea  contando  éste  sólo  dos 
años;  diario  donde  el  Señor  de  Villena 
quiso  consignar  sus  experiencias  de 
cada  momento  culminante:  téngase  en 
cuenta  la  fecha  en  que  pudo  nacer  don 
Fernando,  y  las  en  que  su  ilustre  padre 
se  hallaba  en  Murcia:  téngase,  en  fin, 
presente  que  en  1338  volvía  a  encon- 
trarse en  término  de  dicha  ciudad,  pues 
no  es  posible  dejara  de  acudir  a  la  de- 
fensa de  sus  Villas  de  Cartagena,  Alha- 
ma,  Alcalá  y  Librilla,  tan  rudamente 
combatidas  por  los  murcianos  adictos  a 
don  Alfonso,  y  bien  clara  obtendremos 
la  consecuencia- 
Las  restantes  obras  de  don  Juan  ya  no 


están  tan  ligadas,  como  las  anteriores,  a 
la  historia  de  las  letras  murcianas,  por 
hallarse,  como  sin  duda  se  hallan,  es- 
critas después  de  1340,  fecha  a  partir  de 
la  cual  ya  no  aparece  en  esta  comarca 
el  ilustre  sobrino  del  Rey  Sabio. 

12.  Tractado  en  que  se  prueba  por 
raBon  que  Sancta  Marta  está  en  cuerpo 
et  alma  en  Parayso. 

Opúsculo  breve,  «pero  importante 
para  apreciar  bajo  una  faz  nueva  el  ta- 
lento y  la  instrucción  de  don  Juan  Ma- 
nuel». Va  dirigido  a  Fray  Remon  Mas- 
quefa,  a  quien  dice  su  autor  en  el 
preámbulo: 

*Et  por  ende  vos  digo  que  el  otro  día  que 
era  la  fiesta  de  la  Asumption  a  que  llaman 
acá  en  Castiella  Sancta  María  de  Agosto 
mediado,  oi  degir  a  algunas  personas  hon- 
radas et  muy  letrados  que  algunos  ponien 
dubda  si  era  Sancta  María  en  cuerpo  et  en 
alma  en  paraíso.  Et  bien  vos  digo  que  hobe 
desto  muy  grant  pesar,  et  movido  por  este 
buen  zelo  dicho,  como  quier  que  entiendo 
que  siendo  tan  pecador  como  yo  só,  et  tan 
menguado  de  letradura  et  de  buen  enten- 
dimiento natural,  que  es  grant  atrevimien- 
to et  mas  mengua  de  entendimiento  que 
•ál,  et  aún  entendiendo  que  segunt  el  mió 
estado  que  me  cabe  mas  fablar  en  ál  que 
en  esto;  pero  por  el  grand  pesar  que  hobe 
desto  que  oi,  pensé  de  dezir  et  fazer  con- 
tra ellos  según  es  dicho  desuso  que  se 
debe  el  home  haber  con  su  señor.  Et  por 
ende  diré  las  razones  que  yo  entendiere 
porque  home  del  mundo  non  debe  dubdar 
que  Sancta  María  non  sea  en  el  cielo  en 
cuerpo  et  en  alma.» 

13.  Tractado  que  fiso  don  Juan  Ma- 
nuel sobre  las  armas  que  fueron  dadas 
a  su  padre  el  Tufante  don  Manuel,  et 
por  qué  el  et  sus  descendientes  pudie- 
sen facer  Caballeros  non  lo  siendo,  et 
de  cómo  paso  la  fabla  que  con  el  Rey 
don  Sancho  ovo  ante  que  finase. 

14.  Crónica  Complida. 

Llegada  indudablemente  hasta  nos- 
otros, bien  que  ignorándose  cuál  sea  de 
las  que  se  conservan  manuscritas. 


1 


-  125 


15.     Chronicon  latino. 

En  el  tomo  II  de  la  España  Sagrada 
del  P.  Flórez,  aparece  con  este  título: 
Istum  librum  fecit  fieri  Dominus  Joan- 
nes,  filius  Illustrissimi  Inf antis  Domi- 
ni  Emmanuelis,  de  factis  principali- 
bus,  quae  contingerunt  in  regno  Caste- 
llae,  postquaní  rex  dominus  Alfonsus 
ad  Imperium  coepit  iré. 

La  mayor  parte  de  estas  obras  de  don 
Juan  Manuel  llegadas  hasta  nosotros,  y 
que  dejamos  apuntadas,  se  hallan  en  un 
Códice  de  la  Biblioteca  Nacional,  bajo 
la  marca  S-34,  compuesto  de  223  hojas 
de  pergamino  y  letra  de  últimos  del  si- 
glo XIV,  Del  Conde  Lucanor,  existen 
además  otros  varios  manuscritos:  uno 
en  la  Academia  de  la  Historia  (Est.  27, 
gr.  3.,  E-78);  otro  en  la  Biblioteca  Na- 
cional bajo  la  signatura  M-lOO;  y  otro 
en  la  particular  del  señor  Conde  de  Pu- 
ñonrostro;  todos  ellos  de  letra  del  si- 
glo XV.  También  se  han  hecho  varias 
ediciones  de  este  famoso  libro,  a  saber: 
la  de  Sevilla,  hecha  por  Argote  de  Mo- 
lina en  1575;  la  de  Madrid,  reproducción 
de  aquélla,  en  1642;  la  de  Stutgard,  1839; 
la  de  Berlín,  1840,  traducción  alemana 
hecha  por  Eichendorf;  la  de  París,  1854, 
traducción  francesa  hecha  por  Puibus- 
que;  y  últimamente,  la  de  Madrid,  1860 
y  tomo  LI  de  la  «Biblioteca  de  Autores 
Españoles»,  donde  también  se  contienen 
las  demás  obras  de  don  Juan  Manuel 
conservadas  en  el  Códice  S-34  de  la  Bi- 
blioteca Nacional,  publicadas  con  un 
erudito  prólogo  e  ilustraciones  de  don 
Pascual  Gayangos. 

Márquez  (Fr.  Juan). 

Padre  Franciscano,  natural  de  Cuevas 
de  Vera,  en  el  reino  de  Granada.  Fué 
Lector  de  Filosofía,  y  Definidor  de  la 
Provincia  Observante  de  PP.  Francis- 
canos de  Cartagena,  por  la  santa  Reco- 
lección. Murió  en  el  convento  de  su  pa- 


tria en  1736,  de  edad  muy  avanzada. 
Según  el  P.  Ortega,  fué  autor  de  un 
Sermón  de  Nuestro  P.  S.   Francisco, 
impreso  en  Murcia  en  1690. 

Martínez  (Fr.  José). 

Religioso  Franciscano  descalzo,  natu- 
ral del  lugar  de  Villamarchante:  tomó 
el  hábito  en  la  Provincia  de  San  Juan 
Bautista  y  convento  de  Valencia;  cuan- 
do se  separó  de  ésta  la  Custodia  de  San 
Pascual  Bailón  la  primera  vez,  se  quedó 
en  ella,  en  la  que  fué  muchas  veces 
Guardián  y  Maestro  de  Novicios  del 
Santuario  de  Santa  Ana;  también  Defi- 
nidor, y  dos  veces  cabeza  superior  de  su 
Custodia,  y  como  a  tal  se  halló  en  el  Ca- 
pítulo general  de  Mantua.  Fué  predica- 
dor célebre,  haciendo  no  pocas  conver- 
siones en  los  reinos  de  Murcia,  Castilla 
la  Nueva  y  Valencia.  Murió  en  Villena 
por  los  años  de  1760. 

Escribió: 

1.  «Doctrina  regular  cristiana  y  mis- 
tica». 

Libro  compuesto  para  los  Novicios, 
siendo  Maestro  de  ellos:  manuscrito  que 
no  imprimió  por  su  mucha  humildad, 
habiendo  sido  rogado  varias  veces  por 
ello. 

2.  Tres  tomos  de  Misiones:  Manus- 
critos en  4.° 

3.  Tres  tomos  de  Cuaresma:  Ibidem , 
en  4.° 

4.  Un  tomo  de  Panegíricos:  Ibidem, 
en  4.° 

Obras  que  se  hallaban  en  la  Librería 
del  Convento  de  San  Francisco  de  Vi- 
llena. 

Fuster:  Tom.  2.°,  págs.  44  y  45. 

Martínez  Silíceo  (Don  Juan). 

Como  por  su  alto  saber  y  profunda 
ciencia  debió,  sin  duda,  ejercer  alguna 
influencia  en  el  desarrollo  de  las  letras 


Í26  - 


tnürcianas  o  en  la  afición  a  su  cultivo 
durante  los  cinco  años  que  gobernó  la 
silla  episcopal  de  Cartagena,  no  pode- 
mos menos  de  consagrarle  algunas  lí- 
neas, siquiera  sean  breves,  en  el  pre- 
sente Ensayo.  Nació  .'por  los  años  de 
1486  en  Villagarcía  de  Extremadura, 
siendo  sus  padres  Juan  Martínez  Gui- 
jarro y  Juana  Martínez  Muñoz,  pobres 
y  honrados  labradores,  que  hubieron  de 
hacer  algunos  sacrificios  para  dedicarle 
a  los  estudios,  en  los  cuales  salió  nota- 
blemente aventajado.  Por  un  memorial 
suyo  que  tuvo  presente  el  Maestro  Gil 
González  Dávila  para  escribir  su  vida, 
sabemos  que  a  la  edad  de  diez  y  ocho 
años  quiso  pasar  a  Roma  y  que  no  pudo 
hacerlo  por  falta  de  recursos,  viéndose 
obligado  a  detenerse  en  Valencia,  don- 
de sirvió  a  un  buen  caballero  y  trabó 
amistad  con  un  Religioso  Dominico  lla- 
mado el  Padre  Pardo,  con  la  ayuda  del 
cual,  y  ya  contando  con  la  edad  de  vein- 
tiún años,  marchóse  a  la  capital  de 
Francia,  en  cuya  Universidad  estudió 
primero,  y  logró  después  una  Cátedra 
de  Artes,  siendo  trasladado  desde  ésta 
a  la  de  Salamanca,  por  los  años  de  1508. 
Sábese  también  que  en  esta  última  le  fué 
encomendada  una  Cátedra  de  Filosofía 
Natural,  y  que,  atraído  Carlos  V  por  la 
fama  de  su  nombre  y  la  celebridad  de 
sus  escritos,  hubo  de  elegirle  para  el 
honroso  cargo  de  Maestro  del  Príncipe 
don  Felipe;  educación  que  tuvo  por  re- 
compensa la  Sede  de  Cartagena,  prime- 
ro (1541),  y  el  Arzobispado  de  Toledo 
más  tarde  (1545),  recibiendo  por  fin  la 
púrpura  cardenalicia  en  1556,  con  acom- 
pañamiento, por  cierto,  de  extraordina- 
rias y  solemnes  fiestas,  por  ser  el  pri- 
mer Arzobispo  hecho  Cardenal.  Bajó  al 
sepulcro  en  31  de  mayo  de  1557. 

«Fué  Silíceo  (dice  el  señor  Picatoste  en 
su  Biblioteca  Científica  Española  del  si- 
glo XVI)  un  gran  filósofo,  como  demostró 


en  sus  Comentarios  a  Aristóteles;  un  pro- 
fundo matemático  y  un  profesor  que  supo 
entusiasmar  a  sus  discípulos  en  favor  de 
la  ciencia;  singular  privilegio  en  que  riva- 
lizó con  él  Jerónimo  Muñoz.  Por  muchos 
años  fué  un  título  honroso  en  la  Univer- 
sidad de  París  el  llamarse  discípulo  de 
Silíceo.» 

Siendo  Obispo  de  Cartagena,  rescató 
a  muchos  cautivos  de  su  diócesis,  según 
el  referido  González  Dávila,  y  donó  a  su 
Iglesia  unos  blandones  grandes  de  plata, 
y  un  aparador  de  fuentes  y  piezas  ricas 
para  cuando  sus  Obispos  dijesen  Misa 
de  Pontifical. 

Escribió: 

1.°  «In  Aristotelis  Periermenias, 
Priores,  Posteriores,  Topia  et  Elen- 
chos».  En  fol. 

Impresa  en  París,  según  Nicolás  An- 
tonio, bajo  el  pseudónimo  del  Doctor 
Pedernales. 

2.°  «Arithmetica  Joannis  Martini  Si- 
licei,  theoricen  praxinque  luculenter 
complexa,  innumeris  mendarum  offi- 
ciis  a  Thoma  Rhaeto  haud  ita  pridem 
accuratissime  vindicata.»  (Al  fin):  Ex 
Officina  Simonis  Colinaei  sub  solé  áureo 
vici  Lancti  Joannis  Bellovacencis  men- 
se  septembri  MDXXVL— En  fol. 

Es  tercera  edición,  a  la  que  siguió, 
según  Nicolás  Antonio,  otra  de  Valen- 
cia, hecha  en  1544.  La  primera  fué  la  de 
París,  1514,  por  Simón  Colineo,  y  la  se- 
gunda, de  la  misma  ciudad,  año  de  1518. 

3.°  «Arte  Calculatoria> .  Salamanca, 
1520. -En  fol. 

Traducción  completamente  corregida 
y  enmendada  de  la  obra  que  en  1498  pu- 
blicó el  inglés  Suisset  bajo  el  título: 
Suiseth  anglici  opus  aureum  calcula- 
tionum. 

4.°    «In  Canticum  Magnificat>. 

Dedicado,  según  González  Dávila,  a 
la  Reina  María  de  Inglaterra. 

5.°    «loannis  Martinii  Silicei  Archie- 


: 

^ 


-  12^  - 


piscopi  Toletani  de  diuino  nomine  le- 
sus,  per  nome  te tragram matón  signifi- 
cato  liber  vnus.  Cui  accessere  in  oratio- 
nem  dominica,  salutationemq;  Angeli- 
cam,  Expositiones  duae  ab  eodem 
autore  nunc  primum  typis  excussae.» 
Toleti.  M.D.L.  (Al  fin):  Toleti,  Excu- 
debat  loanes  Ferrárius,  Anno  a  Christo 
nato  M.D.L.  Idibus  Nouembris. 

En  8.°— Van  dedicados  al  Emperador  Carlos  V,  al 
Príncipe  don  Felipe  y  a  la  Reina  de  Bohemia  doña 
María. 

6.°  «Pro  Statuto  Toletanae  Ec- 
clesiae». 

Defensa  hecha  a  favor  del  Estatuto 
de  limpiesa  que  hizo  e  introdujo  en 
aquella  primada  Iglesia  en  1547,  y  fué 
confirmado  por  los  Pontífices  Paulo  III 
y  Paulo  IV  en  1550. 

7.°  «Statuto  de  la  Santa  Iglesia  de  To- 
ledo, primada  de  las  Españas,  confirma- 
do por  la  Santa  Silla  Apostólica,  y  por 
los  Señores  Reyes:  con  otros  recados, 
para  su  observancia».  (Sin  lugar  ni  año.) 

En  4.°— Portada  grabada,  una  hoja  de  tabla  y  39  págs. 

El  referido  Maestro  Gil  González  Dá- 
vila  cita  además  del  mismo  Silíceo 
otros  dos  Tratados,  a  saber: 

«Uno  Sobre  el  Padre  Nuestro,  que  dedi- 
có al  Príncipe  don  Felipe,  y  otro  en  que 
prueba  con  dos  oraciones  compuestas  de 
palabras  que  juntamente  son  latinas  y  cas- 
tellanas, que  la  lengua  Castellana  es  más 
allegada  a  la  latina  que  ninguna  otra  del 
mundo.» 

Mateo  López  (limo.  Señor  Don  Juan). 

Natural  de  la  villa  de  Agreda,  en  la 
provincia  de  Soria,  Doctor  de  la  Univer- 
sidad de  Salamanca,  Prepósito  general 
de  la  familia  de  Padres  Clérigos  Meno- 
res, y  Obispo  de  Cartagena  desde  1742, 
en  que  fué  consagrado  por  la  Santidad 
de  Benedicto  XIV,  hasta  1752,  en  que  le 
alcanzó  la  muerte  a  los  sesenta  y  cinco 
años  de  su  edad. 


El  día  de  su  aniversario,  celebrado  etl 
la  Iglesia  de  MM.  Agustinas  Descalzas 
de  Murcia,  donde  se  halla  sepultado, 
pronunció  en  su  alabanza  una  Oración 
Fúnebre  el  Prior,  que  por  entonces  era, 
del  Real  Convento  de  Santo  Domingo 
de  dicha  ciudad.  Fray  Juan  de  Casano- 
va:  sermón  notable,  por  cierto,  donde  se 
apuntan  los  principales  hechos  de  la 
vida  de  nuestro  ilustre  Obispo;  y  de  él 
tomamos  los  siguientes  párrafos: 

«Tanto  se  adelantaron  las  luces  de  su 
entendimiento,  y  los  lucimientos  de  su  es- 
tudio, que  parece  los  tuvo  desde  su  naci- 
miento. De  solos  quatro  años  sabía  escribir 
con  perfección,  pues  en  aquella  edad  es- 
cribió una  carta  a  un  tío  suyo,  que  si  tuvo 
que  celebrar  su  buena  letra,  tuvo  mucho 
más  que  admirar  en  la  nota.  De  solos  once 
años  entró  en  la  siempre  ilustre  y  esclare- 
cida Religión  de  Clérigos  Menores,  donde 
le  recibieron  aquellos  Padres  con  gran 
gusto  suyo,  porque  en  aquella  edad  le 
hallaron  ya  consumado  Grammatico  y  Re- 
torico.» 

«Puesto  ya  en  la  Religión,  continuó  los 
estudios  mayores,  pero  con  tal  adelanta- 
miento, que  servía  de  admiración  aun  a 
los  más  ancianos.  De  diez  y  nueve  años  le 
hallaron  hábil,  para  que  dentro  de  la  Reli- 
gión ya  tuviesse  discípulos...,  ya  los  vein- 
te y  uno  ya  estaba  graduado  de  doctor  en 
la  célebre  Universidad  de  Salamanca.» 

«Tuvo  perpetua  guerra  con  el  ocio;  y 
siendo  la  ociosidad  la  madre  de  los  vicios, 
estaría  siempre  en  guerra  con  ellos.  Esta 
ogeriza  que  tuvo  con  el  ocio,  bien  se  ma- 
nifestó quando  en  el  año  de  Novicio,  no 
pudiendo  usar  de  los  libros,  por  accidente 
que  le  acometió  a  los  ojos,  por  no  estar 
ocioso,  se  aplicó  a  la  pintura,  y  de  su  pin- 
cel y  mano  existe  hoy  un  Apostolado  en- 
tero; pero  aliviado  de  su  accidente  bolvió 
a  los  libros.» 

«A  los  veinte  y  siete  años  se  hallaba  ya 
con  el  cetro  en  las  manos  en  el  goviemo 
de  su  Religión...  Fué  primero  Prelado  or- 
dinario, ascendió  a  ser  Provincial  de  la 
Provincia  de  Castilla  y  Aragón;  de  allí 
passó  a  ser  dos  veces  General  de  su  escla- 
recida familia,  dispensándole  para  la  se- 
gunda vez,  los  intersticios  la  Santidad  de 


-  128 


Benedicto  XIV,  quien  motuproprio,  embió 
la  dispensación  al  Capítulo,  diciendo  a 
aquellos  Padres,  que  sería  mucho  de  su 
agrado  el  que  bolviessen  a  elegir  por  su 
General  al  Padre  Juan  Matheo.  Assi  suce- 
dió; y  después  a  influxos  e  instancias  del 
mismo  Señor  Benedicto  XIV,  que  feliz- 
mente rige  y  gobierna  la  Iglesia,  ascendió 
a  la  Mytra  y  Obispado  de  Cartagena.  > 

«Para  todos  era  afable,  a  todos  oía  y  re- 
cibía: consolaba  al  triste,  amparaba  al  des- 
valido, socorría  al  pobre,  alentaba  al  tivio; 
y  por  último,  era  todo  para  todos,  como 
de  sí  decía  el  Apóstol  San  Pablo.  Con  la 
suavidad  de  su  trato,  prudencia  y  destreza 
en  los  negocios,  arrastraba  las  voluntades 
de  todos,  siendo  arbitro  de  los  corazones 
de  grandes  y  pequeños,  de  Papas,  de  Re- 
yes y  Ministros.  Apoya  esta  verdad,  la 
Carta,  que  en  forma  de  Breve,  despachó  el 
Santissimo  ya  dicho  a  la  Universidad  de 
Salamanca,  para  que  le  jubilaran  en  su 
Cathedra  de  Escriptura,  en  la  que  con  las 
voces  más  honrosas,  da  a  entender  el  alto 
concepto  y  mucha  estimación  que  hacía  de 
nuestro  insigne  Prelado.  Lo  supone  de 
alto  ingenio,  de  gran  prudencia  para  los 
más  arduos  negocios,  y  utilissimo  a  aque- 
lla Santa  Sede,  y  para  lograr  su  assistencia 
lo  pedía  Jubilado:  y  aun  conservando  el 
mismo  concepto  el  Santissimo  Benedicto, 
quando  le  dieron  la  noticia,  que  havía 
muerto  el  lUmo.  Matheo,  exclamó  dicien- 
do: Un  gran  Prelado  ha  faltado  a  la 
Iglesia.* 

«No  sólo  arrastró  su  prudente  y  suave 
trato  la  Corte  de  Roma,  si  que  aun  estan- 
do ausente,  supo  llevarse  la  de  España; 
pues  sabiendo  nuestro  Catholico  Rey  don 
Phelipe  V,  que  sería  del  agrado  del  Papa, 
y  conveniencia  del  Illmo.  Matheo  la  jubi- 
lación en  su  Cathedra,  se  interesó  en  ella 
con  las  expresiones  del  mayor  aprecio.  Lo 
que  más  bien  lo  manifestará  el  contexto  de 
ella,  que  es  como  se  sigue:  El  Rey  se  halla 
informado  de  que  el  Papa  ha  pedido  a 
V.  S.  conceda  al  Padre  Juan  Matheo,  Ge- 
neral de  la  Religión  de  los  Padres  Clérigos 
Menores  la  jubilación  de  la  Cathedra  que 
ai  posee,  cuya  recomendación  de  su  San- 
tidad, quiere  apoyar  su  Magestad  con  la 
suya,  y  me  ordena,  ponga  en  noticia  de 
V.  S.  a  fin,  que  procedan,  en  la  inteligen- 
cia de  que  oirá  muy  gustoso,  el  que  V.  S. 
aya  hecho  aquella  gracia  al  m.encionado 


General,  y  estimará  el  aviso  de  estar  exe- 
cutado.  El  Marqués  de  Villarias.  (Villa- 
darias).» 

«En  la  Theologia  descolló  como  elevado 
monte,  aun  en  aquella  edad  que  se  podía 
considerar  humilde  y  encogido  valle.  Ya 
entonces  sobresalía  tanto,  que  hacía  coro 
con  los  más  altos  cedros  de  la  sabiduría 
que  se  veneran  en  Salamanca:  ya  era  admi- 
ración en  Cathedra  y  en  Pulpito,  llevándo- 
se los  aplausos  en  las  funciones  de  mayor 
empeño.  Assi  se  vio  en  las  célebres,  que 
se  hicieron  en  Salamanca  a  la  Canoniza- 
ción de  San  Pío  Quinto,  que  escogidos, 
para  el  desempeño,  los  más  sabios  y  vete- 
ranos de  aquel  Claustro,  siendo  tan  joven, 
hizo  coro  con  todos.  ¿Pero  qué  digo  coro? 
Léase  el  Novenario  de  Sermones,  que  está 
impresso;  y  creo  que  algunos  sentenciarán 
por  el  Illmo.  Señor  Matheo;  siendo  ya  en 
aquella  edad  monte  elevado  en  la  contem- 
plación de  la  sagrada  ciencia,  que  sobre- 
salía, aun  entre  los  de  más  alta  estatura.» 

Como  el  P.  Casanova  calla  una  cir- 
cunstancia muy  notable  de  la  vida  de 
nuestro  Ilustrísimo,  diremos  nosotros, 
para  concluir  su  biografía,  que  al  ser 
consagrado  Obispo  de  la  Santa  Iglesia 
de  Cartagena  en  el  Real  Palacio  de 
Roma,  fué  agraciado  por  el  Papa  con  el 
nombramiento  de  Prelado  asistente  del 
Sacro  Solio  Pontificio;  y  también  que  él 
fué  quien  empezó  la  obra,  terminada 
después  por  su  sucesor  don  Diego  de 
Rojas  y  Contreras,  del  actual  magnífico 
Palacio  Episcopal  de  Murcia,  en  que, 
según  parece,  hubo  de  invertir  conside- 
rables sumas.  Fué  también  particular- 
mente afecto  al  entonces  celebérrimo 
Colegio  de  la  Purísima,  de  dicha  ciu- 
dad, y,  sobre  todo,  a  la  Casa  de  Miseri- 
cordia de  la  misma,  que  dotó  con  el  uno 
por  ciento  anual  de  todas  las  rentas  de 
su  Obispado. 

Mayorga  (Don  Fr.  Diego  de). 

Natural  de  la  ciudad  de  este  nombre, 
que  él  tomó  por  apellido,  sustituyéndo- 
lo al  suyo  de  Bedan,  una  vez  entrado,  a 


-  129  - 


la  tierna  edad  de  once  años,  en  la  Reli- 
gión de  Franciscanos  Mepores. 

Referentes  a  este  Obispo,  trae  Gonzá- 
lez Dávila  alg-unas  especies  bastante 
chocantes.  En  el  Teatro  de  la  Iglesia  de 
Cartagena,  dice:  tescribi  su  vida  en  el 
Teatro  de  la  Santa  Iglesia  de  Plasen- 
cia, »  y  en  el  Teatro  de  la  Iglesia  de  Pla- 
sencia:  ^.escribí  su  vida  en  el  Teatro  de 
la  Santa  Iglesia  de  Cartagena,  do  mu- 
rió..., eto  Trázala  luego  en  el  de  la  de 
Badajoz,  y  en  el  mismo  lugar,  después 
de  contarnos  que  estudió  la  Filosofía  en 
el  Convento  de  San  Francisco  de  Toro, 
leyéndola  después  «en  muchos  conven- 
tos», que  fué  graduado  «Maestro  en  la 
Sagrada  Teulugia,  Guardián  en  muchos 
monasterios  de  su  Provincia,  y  última- 
mente Ministro  Prouincial  della»,  dice- 
nos  que  sólo  fué  Obispo  de  Cartagena, 
después  de  haberlo  sido  de  Badajoz, 
hasta  el  año  de  1428,  en  que  «fué  pro- 
movido al  Obispado  de  Plasencia,  do 
murió,  año  1447»;  errores  notables,  pues 
nos  consta  que  en  1438  hacia,  en  unión 
de  su  Cabildo  de  Murcia,  unas  Consti- 
tuciones para  el  gobierno  de  su  Iglesia 
Catedral,  y  asimismo,  por  decírnoslo  su 
sobrino  e  inmediato  sucesor  en  la  silla 
Cartaginense,  que  no  en  Plasencia,  sino 
en  Murcia,  fué  donde  tuvo  lugar  su  fa- 
llecimiento, die  Martis,  quae  computa- 
batur  XXII.  Maji  anni  Domini  millesi- 
tni  quadrigentesimi,  quagesimi  septimi 
in  nocte  et  requiéscit  sepultus  ad  prae- 
sens  in  praedicta  Ecclesia  Beatae  Ma- 
riae  Majoris  Murciae  in  Capella,  quam 
ibifecerat,  ut  praefertur  {\). 

Don  Fr.  Diego  de  Mayorga,  según 
expresión  de  su  citado  sobrino  el  señor 
Comontes,  fué  hombre  de  gran  ciencia 
y  virtudes;  y  a  su  prudente  industria 


(I)  La  de  San  Francisco  y  San  Antonio  de  Padua,  llama- 
da después  de  los  Capellanes  de  Número,  y  últimamente 
convertida  en  Sacristía  de  Parroquia,  dotada  en  un  princi- 
pio por  este  Obispo. 


debióse  el  que  la  nueva  obra  de  la  actual 
Catedral,  comenzada  por  el  Obispo  Pe- 
drosa,  y  suspendida  luego  algún  tiem- 
po, volviese  a  tomar  notabilísimo  incre- 
mento, merced  a  la  dotación  que  le  apli- 
có de  una  casa  y  la  quinta  parte  de  los 
diezmos  del  Cabildo  y  Parroquias  de 
todo  el  Obispado.— Homo  magnaescien- 
tiae  et  virtutis,  per  cujus  industriam 
circunspectam  opus  novum  praeditae 
Ecclesiae  Beatae  Mariae  Majoris  Mur- 
ciae... multimodum  reccepisse  dignos- 
citur  incrementum. — Fué  también  hom- 
bre de  letras;  y,  según  el  mismo  Obis- 
po, su  sucesor,  él  también  fué  el  prime- 
ro que  innovó  la  regla  seguida  en  los 
oficios  divinos,  componiendo,  de  con- 
formidad con  la  nueva,  un  misal  com- 
pleto, que  hasta  entonces  no  había  teni- 
do la  Iglesia  de  Cartagena.— //^íc  etiam 
tempore  suo  consuetudinem,  sive  regu- 
lam  Divinorum  Officiorum  in  eadem 
Ecclesia  receptam  innovavit,  et  eam  de 
novo  edidit,  et  juxta  illam  novum  Mis- 
sale,  completum  Officium  continens, 
quale  antea  secundum  regulam  istam 
Carthaginens,  confectum  non  fuerat,  e 
novo  composuit. 

Fué  también  autor,  según  queda  di- 
cho, y  como  antes  lo  habían  sido  sus 
antecesores,  don  Pedro  de  Peñaranda, 
don  Nicolás  de  Aguilar  y  don  Fernando 
de  Pedrosa,  de  unas  Constituciones 
hechas  en  unión  de  su  Cabildo  en  1438 
para  el  Gobierno  de  su  Iglesia  de  Mur- 
cia: Constituciones  que  pasa  en  silencio 
el  señor  Baquero  Almansa  en  su  erudito 
«Estudio  sobre  la  literatura  en  Murcia 
desde  Alfonso  X  a  los  Reyes  Católicos», 
sin  que  podamos  nosotros  comprender 
el  motivo  de  esta  omisión,  dado  que  ya 
en  el  mismo  opúsculo  tuvo  a  bien  asig- 
narles una  honrosa  mención  a  las  de 
los  Obispos  don  Pedro  Abad,  don  Ni- 
colás de  Aguilar  y  don  Diego  de  Co- 
montes. 

9 


-  130 


Véase  Constituciones  fechas. . . ,  etc . , 
en  nuestra  Sección  quinta. 


Bastante  tiempo  después  de  escrito  el 
precedente  artículo,  Ueg^a  a  nuestras  ma- 
nos el  elegante  libro  de  don  Pedro  Díaz 
Cassou  titulado  «Serie  de  los  Obispos 
de  Cartagena,  sus  hechos  y  su  tiempo», 
donde  al  tratar  del  que  nos  ocupa,  y  ale- 
gando en  su  apoyo  el  testimonio  del 
citado  señor  Comontes,  afírmase  que 
nuestro  don  Diego  de  Bedán  murió  en 
1442.  Ignoramos  cómo  haya  podido  leer 
esta  fecha  el  señor  Díaz,  porque  en  el 
ejemplar  del  Fundamentum  que  tene- 
mos a  la  vista,  sólo  se  dice  lo  que  ya  de- 
jamos copiado,  a  saber:  Die  Martis, 
quae  computabatur  XXII.  Maji  anni 
Domini  millesimi  quadrigentesimi  qua- 
dragesimi  septimi  in  nocte  obviit. 

Medina  (Don  Juan  de). 

Sabio  Obispo  de  Cartagena  desde 
1495  a  1502. 

«Donjuán  Ruiz,  a  quien  llamaron  de  Me- 
dina, porque  era  natural  de  Medina  del 
Campo,  fué  uno  de  aquellos  sabios  que  los 
Reyes  Católicos  llamaban  a  sí,  no  cuidán- 
dose de  si  era  o  no  ilustre  la  cuna,  a  quie- 
nes empleaban  en  los  cargos  más  difíciles, 
aunque  menos  brillantes,  y  a  los  que  en- 
cumbraban rápidamente.  Así  fué  Medina 
sucesivamente  prior  de  la  iglesia  de  Me- 
dina del  Campo  (1480),  abad,  prior  y  canó- 
nigo de  Sevilla,  inquisidor  (de  los  prime- 
ros que  en  Castilla  hubo),  arcediano  de 
Almazán,  del  Consejo  de  Castilla,  en  1485 
embajador  en  Roma  con  el  conde  de  Ten- 
dilla,  para  atajar  la  guerra  entre  el  Pontí- 
fice y  el  rey  de  Ñapóles  (ya  se  había  acre- 
ditado en  otra  embajada  a  Francia  en  1478), 
virrey  y  gobernador  de  Castilla  durante  la 
guerra  de  Granada,  Además,  y  sucesiva- 
mente, fué  Obispo  de  Astorga,  Badajoz, 
Cartagena  y  Segovia,  y  al  mismo  que  obis- 
po de  Segovia,  presidente  de  la  Chancille- 
ría  de  Valladolid:  a  tanto  llegó  el  estudian- 
te pobre  de  San  Bartolomé  de  Salamanca.» 

«Empieza  este  obispado  después  de  1494, 


en  cuya  fecha  sigue  siéndolo  de  Badajoz 
don  Juan  Ruiz,  y  antes  de  21  de  octubre 
de  1495,  en  cuya  fecha,  Alejandro  VI  expi- 
dió un  Breve  al  Obispo  de  Cartagena  don 
Juan,  para  cumplimiento  de  una  bula  de 
Inocencio  VIII.  ...En  1502  fué  trasladado  a 
la  silla  de  Segovia,  y  en  esta  ciudad  murió 
en  30  de  enero  de  1507.» 

El  autor  de  las  precedentes  líneas  y 
erudito  escritor  murciano  don  Pedro 
Díaz  Cassou,  en  su  «Serie  de  los  Obis- 
pos de  Cartagena»,  dícenos  de  este  Pre- 
lado que  fué  autor  de  los  Estatutos  por 
que  se  regía  el  Tribunal  del  Santo  Ofi- 
cio de  Murcia;  y  así,  con  efecto,  es  de 
creerlo,  supuesto  que  Gil  González  Dá- 
vila,  tratando  del  mismo  en  su  Teatro 
de  la  Iglesia  de  Segovia,  dícenos  que  él 
fué  «uno  de  los  que  hizieron  las  prime- 
ras ordenanzas  que  tuuo  la  Inquisición.» 

Miguel  (Fr.  Juan). 

Padre  Franciscano,  natural  de  San 
Esteban  del  Puerto,  hijo  de  la  Obser- 
vante Provincia  de  Cartagena,  y  mora- 
dor, durante  no  escaso  tiempo,  en  los 
Conventos  de  Caravaca  y  Murcia,  don- 
de desempeñó  las  Cátedras  de  Teología 
y  Sagrada  Escritura,  recientemente  ter- 
minados sus  estudios  mayores  en  el  Co- 
legio de  San  Pedro  y  San  Pablo,  de  Al- 
calá de  Henares. 

Fué,  según  nos  dice  el  P.  Ortega,  su- 
jeto de  gran  talento  e  ingenio,  excelente 
predicador,  notable  polemista,  y  varón 
doctísimo,  «prompto  en  el  responder, 
profundo  en  el  argüir,  y  notabilissimo 
en  el  dificultar»,  merced  a  cuyos  méri- 
tos, nombróle  su  Provincia,  en  Congre- 
gación Capitular  tenida  en  17  de  agosto 
de  1619,  y  conforme  al  mandato  del  en- 
tonces Ministro  General  Fr.  Benigno  de 
Genova,  para  que  saliese  por  ella  a  re- 
coger todas  las  memorias  de  personas 
ilustres,  y  demás  cosas  notables  que  pu- 
dieran conducir  a  la  formación  de  los 


^ 


-  131  - 


Anales  mandados  ordenar  y  recopilar 
por  dicho  diligentísimo  Prelado.  Ejecu- 
tólo así  el  docto  P.  Miguel,  con  singular 
acierto,  según  parece,  y  grande  activi- 
dad, dando  por  resultado  esta  Comi- 
sión, el  que  a  poco  tiempo  de  llevarla 
entre  manos,  dejase  trabajada  una  me- 
moria o  crónica  completa  de  dicha  Pro- 
vincia: obra  que,  según  conjeturas  del 
autor  de  la  impresa  tantas  veces  citada 
en  los  presentes  Estudios,  debió  ser  la 
misma  de  que  se  aprovechó  el  venera- 
ble Wadingo,  y  se  conservaba  manus- 
crita en  la  librería  del  famoso  Colegio 
de  San  Isidoro  de  la  ciudad  de  Roma. 

Murió  este  docto  Padre  en  el  conven- 
to de  Recoletos  de  Santa  Ana,  de  la  ciu- 
dad de  Orihuela,  año  de  1640. 

MoHAMAD  Ben  Abdelrahman  Algasani 
Aba  Abdalla. 

Moro  granadino  y  escritor  eruditísi- 
mo. Dejó  escritas  dos  obras:  una  suma- 
mente docta  sobre  el  Origen  del  Nilo. 
(De  Nili  Origine);  y  otra  de  Filosofía 
titulada  Luminum  Haustus,  < excelen- 
te entre  muchas»,  según  Casiri. 

Suponemos  que  en  Murcia  debió  resi- 
dir algún  tiempo,  toda  vez  que  por  el 
testimonio  del  citado  arabista,  en  esta 
ciudad  fué  donde  halló  el  término  de  sus 
días.  He  aquí  sus  palabras: 

«Granatae  ortus  anno  Egirae  568.  interiit 
Murciae  die  15  mensis  Ramdani,  anno  619.» 

Mohamad  Ben  Ahmad  Ben  Hassan. 

Aunque  nada  se  nos  dice  con  respecto 
al  tiempo  en  que  floreció  este  moro,  per- 
tenece sin  duda  a  una  época  anterior  a 
la  segunda  mitad  del  siglo  xm  y  año  656 
de  la  Hégira,  en  que  sabemos  falleció  el 
diligente  historiador  Abu  Bakero  Alco- 
daeo,  que  de  aquél  se  ocupó,  bien  lige- 
ramente por  cierto. 

Sólo,  pues,  nos  dice  que  «nació  en  la 


Ciudad  de  Jaén,  y  que  fué  profesor  de 
Retórica  en  el  pueblo  de  Beliena  (hoy 
Villena,  según  Lozano),  de  la  jurisdic- 
ción de  Murcia».  Noticia  escasa,  como 
decíamos,  aunque  no  insignificante,  an- 
tes bien,  interesantísima  para  nosotros, 
en  razón  a  demostrarnos  la  existencia, 
en  dicho  pueblo,  de  una  casa  de  sabidu- 
ría o  Academia  árabe,  que  para  su  honor 
mantuvo. 

Mohamad  Ben  Ahmad  Ben  Jarbu. 

Hallámoslo  incluido  en  el  Catálogo  de 
varones  ilustres  de  Alcoday  Ben  Alabar, 
contenido  en  el  Códice  de  la  Escurialen- 
se  núm.  1670,  bajo  la  forma  siguiente: 

«Mohamad...  Ben  Jarbu,  natural  de  Jaén, 
y  residente  en  el  pueblo  de  Balas,  Vélez  o 
Balsa,  de  la  jurisdicción  de  Lorca,  donde 
enseñó  Gramática  y  Retórica. » 

*  Murió  en  el  año  de  la  Hégira  610,  dejan- 
do escritas  una  excelente  obra  de  Aritmé- 
tica y  varias  composiciones  poéticas.  (Edi- 
dit  de  Ayithmetica,  praeclarum.  opus,  et 
varia  carmina.)» 

Casiri:  Tom.  II,  pág.  125. 

Mohamad  Ben  Giaphar  Ben  Hamaid  Ben 
Maimón  Alamavi. 

Nació  en  un  lugar  llamado  Basila,  no 
muy  lejos  de  Valencia,  en  el  año  de  la 
Hégira  513  (de  Cristo  1119).  Estudió  en 
Sevilla  y  adquirió  tanta  reputación,  que 
se  le  confirió  el  cargo  de  Presidente  de 
la  Curia  Valentina.  Murió  en  Murcia  en 
el  año  de  la  Hégira  586  (de  Cristo  1190), 
en  las  vísperas  de  la  feria  7,  esto  es,  en 
la  6.*  del  día  17  de  Gremadi  primero. 
(Casiri:  Tom.  II,  pág.  123.) 

Por  la  conformidad  de  las  fechas  del 
nacimiento  y  muerte  de  este  docto  ára- 
be, con  las  del  otro  Mohamad  Ben  Gia- 
phar, que  a  continuación  ponemos,  pa- 
recen ser  uno  mismo,  bien  que  citados 
por  Casiri  en  diferentes  páginas. 


~-  152- 


MOHAMAD     BeN     GiAPHAR     BeN     KhaLAPH 

Hamid. 

También  llamado  vulgarmente  Abu 
Mohamad  Alcorthobi.  Nació  en  Valen- 
cia en  el  año  de  la  Hégira  513  (de  Cris- 
to 1119):  varón  sapientísimo,  insigne 
teólogo,  y  célebre  intérprete  del  Alco- 
rán: tuvo  muchos  discípulos  y  muy 
aprovechados.  Escribió: 

1.  Dos  Comentarios  a  la  Gramática 
del  Doctor  vulgo  Alpharesi. 

2.  Tratado  de  Praepositionibus  Al- 
sagiagi. 

Murió  en  Murcia  en  el  año  de  la  Re- 
girá 586  (de  Cristo  1190),  en  las  vísperas 
de  la  feria  7,  día  17  de  Gremadi  primero. 

Casiri:  Tom.  II,  pág.  82. 

Mohamad  Ben  Mohamad  Alansari. 

También  apellidado  Al-Zeituni.  Céle- 
bre gramático  y  poeta,  nacido  en  Gra- 
nada, y  residente  algún  tiempo  en  Mo- 
rus  o  Morón,  pueblecito  situado,  según 
Lozano,  en  el  antiguo  reino  de  Murcia 
y  a  corta  distancia  de  la  ciudad  de  Lor- 
ca,  en  donde  murió,  día  22  de  Scheval 
del  año  598  de  la  Hégira,  o  sea  en  el 
de  1201  de  Jesucristo. 

Casiri:  Bibl.  Escur.,  tom.  II,  pág.  123. 
Lozano:  Bastitania  y  Contestania,  Di- 
sertaciones 2.^  y  7.^,  págs.  71  y  246  res- 
pectivamente. 

Mohamad  Ben  Solimán  Ben  Abdelazis 
Alsalami. 

Cítalo  el  valenciano  Ben  Alabar  en  su 
Catálogo  de  autores  ilustres,  contenido 
en  el  tantas  veces  mencionado  Códice 
de  la  Escurialense  núm.  1670,  en  la  si- 
guiente forma: 

«Mohamad...  Alsalami,  natural  de  Játi- 
va,  varón  eruditísimo  en  Aritmética  y 
Geometría.  Ejerció  el  gobierno  del  pueblo 
de  Elche  en  el  Reino  de  Murcia,  donde 


murió,  según  se  dice,  en  el  día  23  de  Rageb 
del  año  612  de  la  Hégira.» 

Casiri:  Tom.  II,  pág.  125. 
MoNCADA  (Fr.  Buenaventura  de). 

Traducimos  sus  rasgos  biográficos  de 
Fray  Juan  de  San  Antonio,  quien,  ha- 
blando de  él  en  su  Biblioteca  Francis- 
cana, dice: 

«Religioso  Capuchino  de  la  Provincia  de 
Valencia.  Varón  de  virtudes  beneméritas; 
adornado  con  las  preclaras  dotes  de  la  na- 
turaleza y  de  la  gracia;  muy  notado  en  su 
tiempo  como  teólogo  erudito  y  de  felicísi- 
mo ingenio.  Fué  elegido  por  unanimidad 
de  votos  para  Definidor  y  Ministro  Provin- 
cial; y  de  tal  manera,  en  todos  sus  cargos, 
hubo  de  portarse,  que  a  su  ejemplo  y  doc- 
trina, lograron  muchos  alzarse  al  pináculo 
de  la  ciencia.  Brilló  especialmente,  con 
notable  fama  de  ejemplaridad,  en  la  ciu- 
dad de  Murcia  por  los  años  de  1627  y  a  los 
cuarenta  y  seis  de  su  edad  (1).  Para  ins- 
trucción en  el  culto  de  la  santa  piedad, 
escribió  y  dio  a  la  luz  pública: 

\°  «Sermonem  de  B.  Teresia  Virgi- 
ne».— Valentiae,  1623. 

2.*^  «Sermonem  alterum  de  B.  Isidoro 
Agrícola».— Valentiae,  1623, 

MoNREAL  (Fr.  Juan  de). 

Franciscano  Descalzo  de  la  Provincia 
de  San  Pedro  Alcántara,  de  los  reinos 
de  Granada  y  Murcia.  Hallándose  mo- 
rador en  el  Convento  de  San  Diego  de 
esta  ciudad,  escribió  y  dio  a  la  luz  pú- 
blica: 

«Vida  de  la  V.  Virgen  María  de  la 
Xara».— Murcia,  1724.— En  4.° 

Montes  (limo.  Señor  Don  Tomás  José  de). 

Inmediato  sucesor  del  Eminentísimo 
Cardenal  Belluga  en  la  silla  de  Cartage- 


(1)  Se  nos  ocurre  el  pensar  si  acaso  con  el  tClartut 
exemplaritatis  notaMurciae...  etc.i,  empleado  aqui  por  el 
citado  bibliógrafo,  quiso  éste  significar  la  muerte  de  nues- 
tro Fr.  Buenaventura;  pero  no  hemos  querido  traducirlo 
asi  en  el  texto,  porque  de  ningún  modo  el  verbo  Clareo,  ni 
recta  ni  metafóricamente  tiene  esta  acepción. 


-  133 


na,  cuya  Iglesia  gobernó  desde  últimos 
de  1724  a  1741,  habiendo  sido  antes  Ca- 
nónigo y  Abad  del  Sacro  Monte  de  Gra- 
nada, Canónigo  de  la  insigne  Basílica 
de  San  Juan  de  Letrán,  Arzobispo  de 
Selencia,  Prelado  Doméstico  asistente 
del  Sacro  Pontificio  Solio,  Consultor  de 
las  Sagradas  Congregaciones  del  índi- 
ce. Ritos  y  General  Inquisición,  y  Obis- 
po de  Oviedo,  de  donde  fué  trasladado 
a  la  referida  diócesis  de  Cartagena  en  1 1 
de  septiembre  del  primero  de  dichos 
años,  bien  que  no  empezara  a  ejercer  su 
nuevo  cargo  hasta  el  23  de  diciembre 
siguiente,  en  que  hizo  su  solemne  entra- 
da en  Murcia,  prestando  el  acostumbra- 
do juramento  en  la  Puerta  de  los  Per- 
dones de  su  Catedral.  Murió  en  su  Pa- 
lacio episcopal  de  dicha  ciudad  en  11  de 
diciembre  de  1741;  y  fué  sepultado  en  el 
siguiente  en  el  Convento  de  Madres  Ca- 
puchinas de  la  misma. 

Por  lo  que  hace  a  sus  escritos,  no  más 
hasta  ahora  conocemos  de  él,  que  un 
Memorial  (dirigido  al  Rey)  sobre  las 
controversias  antiguas  entre  su  Digni- 
dad Episcopal,  y  la  Parte  del  Orden  de 
Santiago  en  las  cinco  Vicarías  sitas  en 
su  diócesi;  y  las  nuevamente  suscitadas 
en  las  de  Caravaca  y  Moratalla:  y  al- 
gunos edictos  o  cartas  pastorales  sobre 
reforma  de  costumbres  y  enseñanza  de 
Doctrina  Cristiana. 

Véase  Montes  (Don  Tomás  José)  en 
nuestra  Sección  de  Impresos  en  Murcia. 

MoNTOYA  (P.  Alfonso). 

Jesuíta.  Natural  de  Ocaña.  Enseñó  la 
Teología  Moral  con  grande  aplauso  y 
fruto  en  los  Colegios  de  Murcia  y  de 
Madrid.  Murió  en  el  de  Salamanca,  sien- 
do Vice-Provincial  de  la  Provincia  de 
Castilla,  a  la  edad  de  cincuenta  y  seis 
años  y  en  el  de  1590.  Dejó  manuscrito 
un  docto  tratado  con  el  título: 

De  Votis  Societatis. 


Moya  (P.  Mateo  de). 

Sacerdote  Jesuíta,  natural  de  El  Mo- 
ral, en  Castilla  la  Nueva,  y  residente 
por  algunos  años  en  el  Colegio  de  la 
Compañía,  de  la  ciudad  de  Murcia,  don- 
de enseñó  Teología,  después  de  haberlo 
hecho  en  los  de  Alcalá  de  Henares  y 
Madrid.  Estando  en  Alcalá,  según  nos 
refiere  don  Nicolás  Antonio,  puso  algu- 
nos reparos  a  ciertos  artículos  sobre 
doctrina  de  costumbres,  en  los  cuales  se 
desviaba  de  las  antiguas  opiniones  y 
rigor  estricto  de  los  Doctores  de  la  Com- 
pañía, y  como  abrigase  luego  algunos 
escrúpulos  respecto  a  si  por  ello  pudiera 
relajarse  el  buen  gobierno  de  su  Reli- 
gión, tomando  el  nombre  de  Amadaei 
Guimenii  Somarensis,  compuso  una 
obra,  llena  de  satisfacciones,  en  defensa 
de  la  doctrina  antigua  de  sus  colegas, 
de  la  que  se  muestra  siempre  acérrimo 
partidario,  y  a  la  que  tituló: 

«Adversus  quorumdam  expostulacio- 
nes contra  nonnullas  lesuitarum  opinio- 
nes morales».  Bambergae  (Pannormi, 
según  otros).  Apud  Nicolaum  Búa.  1657. 

En  4.*— Después  en  Valencia,  en  León  y  en  Madrid 
sucesivamente. 

Compuso  además: 

«Selectas  Questiones  ex  praecipuis 
Theologiae  moralis  Tractatibus.  De  Opi- 
nione  probabili.  De  Religione,  De  Paeni- 
tentia.  De  alus  Sacramentis.  De  Cen- 
suris  et  ex  alus  miscellaneas».  Matriti. 
Ex  Typographia  Regia.  1670. 

En  folio. 

Muñoz  de  Hinojosa  (Donjuán). 

Obispo  de  Cartagena  por  los  años 
de  1315  y  siguientes.  En  las  notas  de 
Pérez  Bayer  a  la  Bibliotheca  Vetus  de 
don  Nicolás  Antonio,  hallamos  de  él  la 
siguiente  noticia  literaria: 

«loannem  Episcopum  Cartaginensem 
cuius  extant  Constitutiones  in  Synodo 


134 


Dioecesana  Carthaginensi  Murciae  celé- 
brala XVI  Cal.  Decembris  MCCCXXX.  in 
Códice  Escurialensi  Lit.  I.  Plut.  11.  n.  9.» 

Pero  es  sin  duda  una  equivocación  de 
fecha,  debiendo  leerse  1320  en  lugar 
de  1330.  La  razón  es  porque  en  este  año 
se  hallaba  todavía  Obispo  de  Cartagena 
don  Pedro  Barroso,  quien  sucedió  en 
esta  dignidad  a  nuestro  don  Juan,  único 
Prelado  cartaginés,  de  este  nombre,  en 
todo  el  siglo  XIV.  Si  el  señor  Baquero 
hubiera  en  esto  parado  mientes,  de  se- 
guro no  hubiera  caído  en  este  error,  des- 
apercibido por  Bayer,  o  lo  hubiese  en- 
mendado, en  su  excelente  obrita  sobre 
La  literatura  en  Murcia  desde  Alfon- 
sea X  a  los  Reyes  Católicos. 

Cáscales  y  Gil  González  Dávila,  ha- 
blando de  este  Prelado,  dicen  que  murió 
en  1315;  pero  es  también  error  manifies- 
to, que  sólo  pudo  haber  nacido  de  con- 
fundir el  año  de  su  exaltación  a  la  silla 
de  Cartagena  con  el  de  su  muerte.  Y 


digo  error  manifiesto,  porque  entre  los 
privilegios  concedidos  por  Alfonso  XI 
al  Cabildo  e  Iglesia  de  Murcia,  existen 
dos  expedidos  a  favor  de  nuestro  Obis- 
po donjuán,  uno  fechado  en  la  era  de 
1354  y  otro  en  la  de  1364,  o  sea  en  los 
años  de  1316  y  1326;  y  en  1320,  además, 
vérnosle  formando  un  Estatuto  para  su 
dicha  Iglesia;  documentos  todos  que, 
originales  o  en  copia  autorizada,  se  con- 
servan en  el  Archivo  de  la  misma,  y  que 
Cáscales  pudo  examinar.  Por  manera 
que,  a  no  referirse  Pérez  Bayer  a  un  don 
Juan,  Obispo  de  Cartagena,  desconocido 
hasta  ahora  de  todos,  a  nuestro  donjuán 
Muñoz,  seguramente,  es  a  quien  debe 
atribuirse  las  referidas  Constituciones 
hechas  en  1320,  o  sea  cinco  años  después 
en  que  lo  dan  por  muerto  los  susodi- 
chos Cáscales  y  González  Dávila. 

Véanse,  en  prueba  de  lo  dicho,  en 
nuestra  Sección  de  Manuscritos  las  vo- 
ces Alfonso  XI  y  Estatuto. 


N 


Naja  (P.  Martín  de  la). 

Jesuíta.  «Nació  en  Zaragoza  de  fami- 
lia ilustre,  el  1.°  de  enero  de  1606.  En  26 
de  junio  de  1625  fué  admitido  en  aquella 
Religión,  donde  siguió  los  estudios  y  un 
tenor  de  vida  de  grande  edificación.  Su 
instrucción  en  las  ciencias  propias  de  su 
Instituto  fué  cabal  y  exacta,  como  las 
funciones  que  tuvo  en  la  Oratoria  Sa- 
grada, y  lo  mismo  aconteció  en  las  su- 
perioridades que  ejerció  de  Rector  de 
los  Colegios  de  Calatayud  y  de  Zarago- 
za, y  de  penitenciario  en  la  Santa  Casa 
de  Loreto.  Murió  en  dicho  Colegio  de 
Zaragoza  el  5  de  octubre  de  1696.» 

Así  en  Latassa.  No  sabemos  positiva- 
mente si  el  P.  Naja  residió  algún  tiem- 
po en  Murcia;  pero  lo  suponemos  funda- 
dísimamente  al  verle  publicar  la  prime- 
ra edición  de  una  de  sus  obras  en  esta 
ciudad,  pues  no  es  dable  creer  que  así 
lo  hiciese  no  habitando  en  ella,  o,  lo  que 
aún  es  menos  verosímil,  residiendo  en 
Zaragoza;  ciudad  que,  como  es  sabido, 
es  una  de  las  que  más  distinguido  papel 
representan  en  la  historia  de  nuestra 
Imprenta. 

Véase  este  autor  en  nuestra  Sección 
de  Impresos  en  Murcia. 

Navarro  (P.  Joaquín). 

Religioso  de  la  Compañía  de  Jesús. 
Ignoramos  si  es  murciano,  pero  sí  nos 


consta  que  en  Murcia  hubo  de  permane- 
cer algún  tiempo,  regentando  la  Cáte- 
dra de  Prima  en  el  Colegio  de  San  Es- 
teban, de  dicha  ciudad,  y  que  floreció  a 
mediados  del  pasado  siglo  con  fama  de 
excelente  orador. 

Dio  a  la  luz  pública,  que  hasta  ahora 
sepamos: 

1.°  «Sermón,  que  en  la  solemne  fies- 
ta, con  que  celebraron  la  Canonización 
de  Santa  Cathalina  de  Riccis  sus  Hijas, 
y  Hermanas  Religiosas  Dominicas  del 
Religiosissimo  Convento  de  Santa  Ana 
de  la  siete  veces  coronada  Ciudad  de 
Murcia,  Predicó  el  Rmo.  P.  M.  Joachin 
Navarro,  de  la  Compañía  de  Jesús,  Ca- 
thedratico  de  Prima  en  el  Colegio  de 
San  Esteban  de  la  misma  Ciudad.  Sa- 
canle  a  luz,  por  muestras,  aunque  pe- 
queñas, para  las  que  desean  dar  de  su 
grande  afecto  a  la  Compañía  de  Jesús, 
el  Marqués  de  Beniel,  don  Pedro  Corva- 
ri,  don  Alexo  de  Molina,  don  García  Ba- 
rrionuevo,  don  Francisco  Xavier  de  Mo- 
lina, don  Diego  de  Molina,  y  don  Luis 
Barrio-Nuevo.»  Con  licencia.  En  Ma- 
drid. En  la  Oficina  de  Antonio  Marín. 
Año  de  1748. 

En  4.°— 32  págs.,  más  18  hojas  de  principios  sin  nume- 
rar. Signs.  ('>')  B-72.— Portada.— V.  en  b.— Dedicatoria 
a  San  Ignacio  de  Loyola,  suscrita  por  los  editores. 
—Censura  del  M.  R.  P.  Gaspar  Varona.- Licencia  del 
Concejo,  al  autor  por  una  vez.— Aprobación  del  Lie. 
Don  José  Merino.— Licencia  del  Ordinario.— Aprobación 
supernumeraria  del  Colegio  de  la  Concepción  de  la  ciu- 
dad de  Murcia.— Octava  en  alabanza  de  dicho  Colegio. 
—Texto.— Versos  laudatorios. 


-  136  - 


2.°  «Sermón  que  en  el  día  último  de 
la  Octava  de  Fiestas  de  Canonización  de 
San  Fidel  de  Sigmaringa  y  S.  Joseph  de 
Leonisa...  predicó  el  R.  P.  Joachin  Na- 
varro.» En  Murcia:  En  la  Imprenta  de 
Nicolás  Villargordo  Alcaraz.  (S.  a.). 

En  4.° 

3°  «Novena  de  la  Protectora  de  Im- 
posibles Santa  Rita  de  Casia...»  Com- 
puesta por  el  M.  R.  P.  M.  Joaquín  Na- 
varro. En  Murcia,  en  la  Imprenta  de  los 
Herederos  de  Teruel.  (S.  a.). 

En  8.° 

Véase  este  mismo  autor  en  nuestra 
Sección  de  Impresos  en  Murcia. 

Nieves  y  Avendaño  (Fr.  José). 

Religioso  Minorita  de  la  Provincia  de 
Cartagena,  natural  de  Honrubia,  donde 
nació  en  1682,  y  morador,  durante  va- 
rias y  largas  temporadas  (las  postreras 
de  su  vida,  principalmente),  en  el  Cole- 
gio Seminario  de  Cehegín. 

Dedicóse,  después  de  terminados  sus 
estudios  de  Artes  y  Teología,  al  penoso 
y  delicado  ministerio  de  la  predicación 
apostólica;  y  hubo  de  desempeñarlo  con 
tan  singular  acierto  y  provechosos  fru- 
tos, así  en  algunos  lugares  de  su  referi- 
da Provincia,  como  en  otros  varios  de 
las  de  Madrid,  la  Alcarria,  Andalucía  y 
Valencia,  que  mereció  muy  pronto  el 
ser  nombrado  Vice-Comisario  General 
de  todos  los  Colegios  de  Misiones  de  la 
nación  española;  ocasión  por  la  cual, 
acertando  a  pasar  de  visita  por  el  céle- 
bre de  la  susodicha  villa  de  Cehegín,  y 
prendándose  de  la  hermosura,  amenidad 
y  quietud  placentera  del  sitio,  determi- 
nóse a  trasladar  allí  su  habitual  residen- 
cia y  pasar  el  resto  de  su  vida.  Por  cau- 
sa, sin  embargo,  de  las  atenciones  pro- 
pias de  su  empleo,  vino  a  hallar  el  tér- 


mino de  sus  días  en  la  ciudad  de  Huete, 
día  27  de  enero  de  1732. 

Por  los  discursos  que  hemos  leído  su- 
yos, y  que  por  cierto  poseemos,  no  juz- 
gamos aventurado  decir  que  fué  un  pre- 
dicador muy  digno  del  prestigio  que 
logró  alcanzar  su  nombre;  y  a  ser  mere- 
cida la  alabanza  que  le  dedica  el  P.  Or- 
tega respecto  a  que  «habíale  Dios  con- 
cedido las  prendas  que  se  celebran  y 
pueden  desearse  para  el  Apostólico  Mi- 
nisterio, en  vos,  accionado,  selo  y  mo- 
ción^, casi  nos  atreveríamos  a  pensar 
que  fué  un  orador  perfecto.  Dejó  escri- 
tas dos  obras.  Primera: 

«Escuela  de  Christo».  De  que,  por 
haber  quedado  inédita,  nos  ocuparemos 
en  nuestra  Sección  de  Manuscritos. 

Y  segunda: 

«Platicas  Doctrinales,  y  Discursos 
Morales,  sobre  todo  el  Texto  de  la  Doc- 
trina Christiana.  Catecismo  manual, 
concionatorio  de  Señores  Curas,  y  Pa- 
dres de  almas».  Su  Autor  Fr.  Joseph  de 
Nieves  Avendaño,  del  Orden  de  N.  S. 
P.  S.  Francisco,  Hijo  de  la  Provincia 
de  Carthagena,  Predicador  Apostólico, 
en  el  Colegio  de  S.  Antonio  de  la  Ciu- 
dad Arcos  de  la  Frontera,  Provincia  de 
Andalucía.  Que  en  nombre  de  su  Cole- 
gio dedica  al  Excelentissimo  Señor  Don 
Diego  de  Astorga  y  Céspedes,  Arzobis- 
po de  Toledo,  Primado  de  las  Españas, 
y  Chanciller  Mayor  de  Castilla,  &c.  Con 
Privilegio.  En  Madrid:  Por  la  Viuda  de 
Juan  García  Inf angón.  Año  de  1724. 

En  4.°— 524  págs.,  con  26  más  de  principios  sin  nume- 
rar.—Signs.:  ('V)  A-Kk  4.— Portada.— V.  en  b.— Dedi- 
catoria.—Aprobación  del  P.  Fr.  Bernardino  Ximénez.— 
Otra  del  P.  Fr.  Juan  Antonio  de  Prado.— Licencia  de  la 
Orden.— Censura  del  P.  Don  Isidro  Antonio  de  Salinas. 
Licencia  del  Ordinario.— Aprobación  del  P.  Fr.  Juan 
Blázquez  del  Vareo.— Suma  del  privilegio,  por  diez  años. 
Fee  de  Erratas.- Suma  de  la  Tasa.— Prólogo  al  lector. 
Tabla  de  las  Pláticas  y  Discursos,  que  se  contienen  en 
este  libro.— Texto.  (En  los  finales):  cBreve  Relación  del 
prodigioso  sudor  que  tuvo  vna  cara  de  Dios  en  estos  días, 
en  la  yill»  de  Hpnrubia.»— índice  de  las  cosas  notables. 


o 


Obaidalla  Ben  Omar  Ben  Hescham  Al- 
hadhrami. 

Ilustre  moro  de  la  primera  mitad  del 
sig-lo  XII,  nacido  en  Córdoba,  y  residen- 
te en  Murcia  por  algún  tiempo,  en  cuya 
ciudad  enseñó  las  bellas  artes  de  la  poe- 
sía y  elocuencia,  haciéndolo  después  en 
Almería  y  en  Marruecos,  y  hallando,  ai 
fin,  el  término  de  sus  días  en  Sevilla, 
año  de  la  Hégira  550. 

Fué,  seg-ún  Casiri,  orador  y  poeta  cla- 
rísimo entre  los  más  señalados,  y  dejó 
escritas  varias  obras  filológicas,  cuyo 
catálogo  trae  Alcoday  Ben  Alabar  en  su 
Códice  núm.  1670  de  la  Biblioteca  Escu- 
rialense.  (Illius  operum  de  rebus  ad 
Philologiam  pertinentibus  nos  tro  in 
códice  occurrit  Index.) 

OcAÑA  (Dr.  Don  Luis  de). 

Natural  de  Orihuela,  hijo  del  noble 
murciano  don  Luis  de  Ocaña,  y  avecin- 
dado en  Murcia  casi  toda  su  vida.  Poco 
sabemos  de  él,  no  diciéndonos  Cáscales 
otra  cosa,  sino  que  fué  Asesor  de  Bayle 
general  en  la  ciudad  de  su  nacimiento, 
y  Familiar  del  Santo  Oficio  de  la  Inqui- 
sición de  Murcia  desde  1601  en  adelante; 
que  casó  con  doña  Isabel  Girona,  en  la 
cual  hubo  tres  hijos;  y  que  tuvo  un  plei- 
to de  hidalguía,  en  que  probó  ser  hijo- 
dalgo y  descendiente  de  hijosdalgo,  ga- 
nando ejecutoria  de  tal  en  1608. 


Luego  añade: 

«Después  de  haber  sido  favorecido  con 
^  muchas  favorables  cartas  de  sus  Magesta- 
des  del  Rey  don  Phelipe  Segundo  y  Ter- 
cero; últimamente,  el  Rey  nuestro  Señor, 
por  su  Real  carta  de  quince  de  diciem- 
bre del  año  de  1611,  le  ordenó  y  mandó 
imprimiese  todos  los  Capítulos  con  que  se 
arriendan  sus  derechos  Reales,  que  tiene 
en  la  Baylia  general  de  Origüela,  y  que  les 
hiciese  declaraciones,  las  guales  valiesen 
por  Leyes,  y  de  allí  adelante  se  observa- 
sen» (1). 

Ortega  (Fr.  Pablo  Manuel  de). 

Aunque  no  nacido  este  insigne  Fran- 
ciscano y  erudito  escritor  dentro  de  la 
región  de  Murcia,  debe  considerársele 
como  a  verdadero  murciano,  según  lo 
hacemos  con  otros  acreedores  a  ello,  por 
muchos  títulos.  Aquí  enseñó  el  P.  Orte- 
ga, y  tal  vez  aprendió,  la  Filosofía  y  las 
Artes;  aquí  trabajó  y  escribió  sus  apre- 
ciables  obras  históricas,  biográficas  y 
geográficas,  referentes  casi  todas  a 
asuntos  de  este  reino;  y  aquí  entre  nos- 
otros vivió  la  friolera  de  cincuenta  y 
tres  años,  bien  que  con  algunas  intermi- 
siones, o  sea,  desde  1710,  en  que  ya  se 
hallaba  en  esta  provincia,  hasta  1763,  en 
que  dejó  de  existir  en  su  Convento  de 
Muía. 


(1)  Cfr.  Ensayo  biográfico  bibliográfico  de  escritores  de 
Alicante  y  su  provincia,  por  Manuel  Rico  García  y  Adal- 
miro  Montero  y  Pérez.— (Alicante,  Reus,  1888),  tomo  I,  pá- 
ginas 37-38.  (N.  del  e.) 


138  - 


«Conozco  a  Muía  (nos  dice  él  mismo  en 
su  descripción  de  esta  villa)  desde  el  año 
de  1710,  y  he  asistido  aquí  por  espacio  de 
30  años,  aunque  con  algunas  interpolacio- 
nes; y  tengo  advertido  y  experimentado, 
q.  en  aquellos  primeros  años  havía  algu- 
nas casas  muy  ricas,  y  muy  pocos  pobres; 
pero  al  presente,  q.  es  el  de  1759,  quando 
esto  se  limpiaí(lo  hacía  en  la  misma  villa 
de  Muía),  dudo  que  haya  en  España  otro 
de  tantos  pobres.» 

Las  interpolaciones,  de  que  aquí  ha- 
bla, refiérense,  sin  duda,  al  tiempo,  que 
no  fué  poco,  en  que  estuvo  de  morador 
en  el  Convento  de  San  Francisco  de 
Murcia,  y  también  en  el  de  Lorca. 

A  él  mismo  también  debemos  parte 
de  las  pocas  noticias  que  tenemos  sobre 
su  vida.  Nació  en  la  villa  de  Onrubia, 
en  el  Obispado  de  Cuenca,  de  honrada 
y  noble  familia.  Leyó  Artes  y  Filosofía 
en  su  referido  Convento  de  Muía,  sir- 
viéndole de  texto  unas  doctas  y  bien 
trazadas  Lecciones  Filosóficas,  funda- 
mentadas en  las  de  Fr.  Ginés  de  Quesa- 
da,  que  escribió,  o  mejor,  dictó  a  su 
discípulo  don  Pedro  Antonio  Quadrado 
y  Anduga,  y  aún  se  conservan  manus- 
critas en  poder  del  ilustrado  musleño 
don  Pedro  Martínez  Villalta.  Obtuvo 
dos  veces,  por  oposición,  una  Cátedra 
de  Teología,  y  no  la  admitió  por  hallar- 
se entonces  consagrado  al  trabajo  de  su 
célebre  Crónica  de  la  Provincia  de  Car- 
tagena, para  cuyo  fin  fué  nombrado 
Cronista  de  la  misma  en  el  Capítulo  de 
su  Orden  de  la  Regular  Observancia, 
celebrado  el  15  de  diciembre  de  1731, 
dándose  el  grado  y  goce  de  Definidor 
en  1742. 

Viajó,  según  parece,  el  P.  Ortega,  al- 
gunos años,  por  muchos  de  los  pueblos 
que  componían  esta  dilatada  Provincia, 
principalmente  por  los  de  Murcia,  dete- 
niéndose en  los  más  importantes,  y  es- 
tudiando sus  monumentos,  blasones, 
archivos,  edificios  notables,  inscripcio- 


nes, medallas  y  demás  antigüedades,  al 
intento,  no  sólo  de  ilustrar  su  mencio- 
nada Crónica,  si  que  también  de  escri- 
bir, como  escribió,  y  aún  en  parte  se 
conserva  manuscrita,  una  Total  Geogra- 
fía de  dicha  su  Provincia  Observante. 
He  aquí  lo  que  nos  refiere  a  este  pro- 
pósito el  P.  Fr.  Leandro  Soler  en  su 
Cartagena  de  España  Ilustrada,  parte 
1.%  pág.  73. 

«El  R.  P.  Fr.  Pablo  Manuel  Ortega,  Lec- 
tor de  Filosofía,  Ex-Difinidor  y  Cronista 
de  la  Provincia  de  Cartagena  de  la  Regu- 
lar Observancia  de  N.  P.  S.  Francisco, 
quien  dio  al  público  una  breve  Disertación 
sobre  la  Lápida  de  la  Victoria,  que  se  con- 
serva en  dicha  ciudad,  para  trabajar  con 
el  mayor  acierto  la  obra,  de  la  que  da  no- 
ticia en  la  Disertación  citada,  cuyo  título 
es:  Descripción  Corogrdfica  del  sitio  que 
ocupa  la  Provincia  Regular  de  S.  Fran- 
cisco de  Cartagena,  &c.  tenía  premeditado 
registrar  con  sus  mismos  ojos  todo  el  sue- 
lo dilatado  de  dicha  Provincia,  para  ente- 
rarse a  toda  su  satisfacción  de  quantos  mo- 
numentos de  la  antigüedad  pudiese  descu- 
brir entre  ruinas  y  despojos  del  tiempo. 
Con  este  zelo  el  año  de  1755,  pasó  a  Carta- 
gena; y  no  dexando  plaza,  calles,  edificios, 
ni  rincón  que  no  registrase,  descubrió 
hasta  27  Lápidas:  de  las  que  da  en  los  có- 
dices que  tengo,  la  más  ajustada  y  prolixa 
noticia;  notando  la  calidad  de  la  piedra,  su 
color,  magnitud,  figura  y  sitio;  estado  en 
que  se  hallan,  o  bien  enteras,  o  bien  que- 
bradas y  defectuosas:  y  sobre  todo  nos  da 
una  fidelísima  copia  en  dicciones,  cifras, 
caracteres,  puntuación,  y  ortografía  de  sus 
inscripciones,  descifrándolas,  o  ilustrán- 
dolas con  su  genuí na  explicación  al  mismo 
tiempo.» 

No  sabemos  si  el  P.  Ortega  dejaría 
acabada  esta  obra  magna,  aunque  lo 
presumimos,  sobre  todo  por  lo  que  res- 
pecta a  toda  la  región  murciana,  su- 
puesto que  en  1750,  año  en  que  terminó 
su  Crónica,  nos  dice  él  mismo  tener  ya 
sus  manuscritos  en  buen  estado  para 
ver  la  lus  pública;  y  sabido  es  que  to- 
davía sobrevivió  a  aquella  fecha  el  tiem- 


139 


po  de  trece  años,  al  final  de  los  cuales 
le  alcanzó  la  muerte  en  su  mencionado 
Convento  de  Muía,  como  dicho  queda, 
a  25  de  junio  de  1763  (1). 

Oigamos  ahora  de  su  propia  boca  las 
noticias  referentes  a  sus  producciones: 
«Tiene  dadas  al  público  (dice  en  la  Par- 
te 3.^  de  su  citada  Crónica)  las  obras  si- 
g^uientes: 

1.  «Una  Noticia  Histórica  de  los  su- 
dores de  la  Santa  Cara  de  Dios  de  la 
Villa  de  Honrubia>,  impresa  en  octa- 
vo, y  en  la  Ciudad  de  Murcia,  el  año 
1725. 

2.  «Un  tomo  en  quarto,  impreso  en 
la  misma  ciudad  de  Murcia  el  año  1736, 
de  la  Vida  de  la  Ven.  Madre  y  gran 
Sierva  del  Señor  Sor  Mariana  de  Santa 
Clara,  fundadora  del  Real  Monasterio 
de  Descalzas  de  Santa  Clara,  de  la  Villa 
de  Muía.» 

3.  «La  Chronica  de  esta  Provincia, 
Parte  I  en  folio,  impresa  en  la  misma 
ciudad,  el  año  1740.  Parte  II  de  la  mis- 
ma Chronica,  en  folio,  y  también  im- 
presa en  Murcia,  el  año  de  1746.» 

4.  «Un  tomo  en  octavo:  Vida  del 
Ven.  P.  y  Doctor  Subtil  Fr.  Juan  Dun- 
sio  Escoto,  impreso  el  año  de  1748,  en 
la  misma  Ciudad.  Últimamente,  esta  3.^ 
Parte  de  la  Chronica,  en  que  se  lleva 
con  los  sucessos  de  la  Provincia  hasta 
el  año  de  1750.» 

«Tiene  algunas  obras  manuscritas  en 
buen  estado  para  ver  la  luz  pública. 
Pero  la  pobreza  franciscana  detiene  o 
impide  su  salida.» 

Las  obras  de  que  aquí  habla,  fuera 
del  Tratado  de  Filosofía  ya  menciona- 


(1)  Muñoz  y  Romero:  Dice,  bibligr.  Hist.,  pág.  98.  Tal 
vez  dé  equivocada  esta  fecha,  en  lugar  de  la  cual  deba  leer- 
se 1765.  Decírnoslo,  porque,  como  más  adelante  se  verá  en 
el  texto,  hay  autores,  como  Mayans  y  Sisear,  que  dan  la 
referida  Disertación  sobre  la  Lápida  de  la  Victoria,  como 
publicada  por  el  mismo  P.  Ortega  en  1764;  aunque  bien 
puede  ser  también  que  se  publicase  después  de  muerto, 
hablándose,  no  obstante  de  él  en  la  portada,  como  de  perso- 
na viva. 


do,  refiérense  indudablemente  a  una 
sola,  que  el  P.  Ortega  tituló: 

5.  «Descripción  Chorographica  del 
sitio  que  ocupa  la  Provincia  Regular  de 
Carthagena  de  mi  P.  S.  Francisco;  en 
donde  se  trata  de  sus  Ciudades,  Villas 
3'^  Lugares,  con  todos  sus  Blasones, 
Tymbres,  Grandezas,  curiosidades,  y 
demás  cosas  pertenecientes  a  una  total 
Geographia.» 

Obra  de  que  formaban  parte  las  varias 
Descripciones  históricas  y  geográficas, 
que  se  conservan  manuscritas  de  este 
autor,  sobre  Cartagena,  Cehegín,  Muía 
y  Librilla;  y  otras  que  yacen  perdidas, 
como  la  de  Murcia,  por  ejemplo,  que 
indudablemente  debió  este  Cronista,  por 
ser  la  principal  ciudad  de  todas  las  com- 
prendidas en  dicha  Regular  Provincia. 
Así  también  lo  siente  el  señor  Muñoz  y 
Romero,  quien,  desde  luego,  atribuye  a 
nuestro  P.  Ortega  una  Descripción  (ms.) 
sobre  las  antigüedades  de  Murcia,  bien 
que  no  sea  cierto  el  testimonio  que  alega 
en  favor  de  la  existencia  de  semejante 
obra.  Dice  hallarla  citada  en  la  pági- 
na VII  del  prólogo  de  las  Tablas  poéti- 
cas de  Cáscales,  en  la  edición  de  San- 
cha, y  esto  no  es  verdad;  porque  lo  que 
allí  se  cita,  o  por  mejor  decir,  a  lo  que 
allí  se  alude,  es  a  la  ya  referida  Diser- 
tación sobre  la  Lápida  de  la  Victoria  de 
Cartagena,  que  el  P.  Ortega  (dice  el 
prologuista)  imprimió  en  Murcia  en 
1764  (1),  y  de  que  nosotros  no  hacemos 
mención  aparte,  por  pertenecer,  como 
pertenece,  a  la  Descripción  o  Historia 
breve  de  la-Ciudad  de  Cartagena,  de  que 
hablaremos  en  nuestra  Sección  de  Ma- 
nuscritos. 

La  susodicha  Crónica  de  la  Provincia 
de  Cartagena,  es,  sin  disputa  alguna,  la 
más  importante  de  todas  estas  obras,  y 


(1)  Siempre  he  tenido  como  a  verdadero  autor  de  este 
prólogo,  o  por  lo  menos,  de  sus  especies  eruditas,  al  célebre 
don  Gregorio  Mayans  y  Sisear. 


-  140 


la  mejor  también  de  cuantas  conocemos 
de  igual  género.  Adolece,  es  verdad, 
como  todas  las  de  su  clase,  de  pesadez 
extremada  y  de  prolijidad  enfadosa  en 
muchos  de  sus  lugares,  por  la  minucio- 
sidad de  detalles  a  que  desciende  su 
abundante  y  difuso  texto,  no  solamente 
al  tratar  de  Prelados  y  hombres  insignes 
en  virtud  o  sabiduría,  si  que  también 
aun  hablando  de  bien  insignificantes 
hechos  y  personas;  pero  en  cambio  está 
llena  de  preciosas  e  interesantes  noticias 
sobre  fundaciones  de  Conventos,  Igle- 
sias, Santuarios,  Monasterios,  Semina- 
rios, Bibliotecas,  Colegios,  etc.,  etc.;  así 
como  también,  sobre  la  vida  y  obras  de 
los  claros  varones  pertenecientes  al  Or- 
den de  Franciscanos  Menores  de  dicha 
Regular  Observancia,  no  faltándole  tam- 
poco una  acertada  y  oportuna  crítica  en 
aquellos  pasajes  en  que  lo  exige  la  mate- 
ria. Ella  es,  en  fin,  la  que  mayor  y  más 
justa  celebridad  ha  dado  a  su  autor; 
quien,  por  su  medio,  prestó  indudable- 
mente un  gran  servicio  a  las  letras  mur- 
cianas; y  ella  es  una  de  las  que  más  co- 
piosos materiales  nos  han  proporciona- 
do a  nosotros  para  la  composición  del 
presente  trabajo,  según  habrá  podido 
notarse  en  todo  su  trascurso. 

El  P.  Ortega,  pues,  uno  de  los  escri- 
tores de  fuera  que  más  buenos  servicios 
han  prestado  a  los  de  dentro;  que  más 
se  han  ocupado,  y  con  mayor  cuidado, 
celo  y  diligencia,  de  nuestros  hechos,  de 
nuestras  pasadas  grandezas,  de  nuestras 
glorias  patrias  y  de  nuestros  grandes 
hombres,  dignos  por  algún  concepto,  de 
nuestro  recuerdo;  siendo  acreedor,  por 
ello,  al  agradecimiento  y  estimación  de 
todos  los  buenos  murcianos. 

Por  lo  que  respecta  ahora  a  las  rese- 
ñas bibliográficas  de  sus  obras,  véase 
nuestro  Catálogo  de  Impresos  en  Murcia. 


Ortega  y  Carrillo  (Luis  Salvador  de). 

Padre  Jesuíta,  cuya  patria  ignoramos, 
sabiendo  de  él  únicamente  que  fué  Maes- 
tro y  Predicador  en  el  Colegio  de  San 
Estevan  de  la  Compañía  de  Jesús  de  la 
ciudad  de  Murcia,  habiendo  florecido  en 
el  primer  tercio  del  siglo  xviii.  Hallá- 
mosle  alabado  en  el  librito  de  festejos, 
a  que  más  adelante  nos  remitimos,  con 
las  siguientes  palabras: 

€.,.  R.  P.  Luis  Salvador  de  Ortega  y  Ca- 
rrillo, Predicador  dignissimo  del  Colegio 
de  San  Estevan;  y  aunque  se  da  a  la  estam- 
pa, quanto  la  atención  pudo  fiar  a  la  me- 
moria, no  alcanzan  los  moldes  a  estampar 
en  el  papel  las  grandes  prendas  de  su 
acreditado  talento.» 

De  él  conocemos  una  Oración  Pane- 
gírica a  las  glorias  del  B.  Juan  Fran- 
cisco Regis,  no  desprovista  de  correcto 
lenguaje  y  de  algunos  recomendables 
méritos. 

Véase  en  nuestro  Catálogo  de  Impre- 
sos en  Murcia  la  «Relación  de  las  sagra- 
das solemnes  fiestas  con  que  se  han  ce- 
lebrado en  la  ciudad  de  Murcia...,  etc.». 

OsTOLAZA  (Don  Blas  Gregorio  de). 

Ignoramos  el  pueblo  de  su  naturaleza, 
y  sólo  de  él  sabemos  que  durante  los 
primeros  años  del  presente  siglo  ejerció 
el  cargo  de  Deán  en  la  Catedral  de  Mur- 
cia; que  fué  Confesor  honorario  de  Fer- 
nando VII  y  su  Capellán  de  honor  con 
los  títulos  de  Penitenciario  de  la  Real 
Capilla,  Predicador  supernumerario,  y 
Caballero  Comendador  de  la  Real  Orden 
de  Isabel  la  Católica,  de  la  Condecora- 
ción de  Valenzay  y  de  la  Flor  de  Lis. 

Dejó  escritos  varios  Sermones,  que 
hubo  de  predicar,  así  en  Murcia,  como 
en  Valencia,  Madrid  y  Cádiz.  De  ellos 
conocemos: 

Uno  sobre  La  Feria  Quarta  de  la  Do- 
minica de  Pasión,  predicado  en  presen- 


-  141  - 


cia  de  S.  M.  y  A  A.  Otro  De  la  Purísima 
Concepción,  predicado  por  el  año  15  en 
la  Ig-lesia  del  mismo  nombre  de  la  ciu- 
dad de  Murcia.  Otro  De  San  Josef,  pre- 
dicado en  la  Catedral  de  dicha  ciudad; 
y  otro  De  Dolores,  predicado  también 
en  la  misma  Ig^lesia.  Todos  cuatro  im- 
presos en  Murcia  por  los  Herederos  de 
Muñiz. 

También  le  conocemos  como  autor  de 
una  Novena  al  Sagrado  Corazón  de  Je- 
súSy  impresa  por  los  mismos  Herederos. 

Véase  Ostolaza  en  nuestro  Catálogo 
de  Impresos  en  Murcia  (1). 


(1)  Además  de  las  obras  aquí  citadas,  conocemos  de  Os- 
tolaza las  publicaciones  siguientes: 

—«Sermón  patriótico-moral  que  con  motivo  de  una  Misa 
solemne  mandada  celebrar...  en  la  Iglesia  de  los  RR.  PP. 
Carmelitas  de  esta  Ciudad,  por  los  españoles  emigrados  de 
los  países  ocupados  por  el  enemigo  común,  dixo  el  Doctor 
don  Blas  Ostolaza».  —  Valencia,  Benito  Monfort,  1811. 

Port.  +  1  h.  sin  fol.  +  64  págs.  4.° 

Desde  la  pág.  36  se  insertan  interesantísimas  notas  histó- 
ricas referentes  a  la  guerra  de  la  Independencia. 

—«Discurso  que  en  presencia  de  S.  M.  y  AA.  dixo  en  la 
Real  Capilla  el  domingo  3.°  de  Adviento  el  Doctor  don 
Blas  Ostolaza».— Madrid,  Miguel  de  Burgos,  1814.— 31  págs. 
20  eras.  8.»  mlla. 

—«Verdadera  Filosofía  |  del  Alma  |  o  |  Diario  de  Medita- 
ciones I  para  todos  los  dias  |  del  mes,  |  Compuesto  |  por  el 
Doct.  D.  Blas  Ostolaza,  |  capellán  y  confesor  de  S.  M.  y  de 
S.  A.  I  el  Seftor  Infante  Don  Carlos,  |  a  quien  lo  dedi- 
ca».: I  En  Valen(;ay  a  31  de  Julio  |  Afto  de  1808— Madrid  | 
Imprenta  de  la  Compañía.  |  Por  su  Regente  Juan  Josef  Si- 
guenza  y  Vera.  I  ISlá. 

En  8.0-XVI  +  184  págs. 

—«Sermón  |  predicado  el  21  de  Diciembre  |  de  1814...  |  en 
acción  de  gracias  por  el  regreso  de  S.  M.  y  AA...».— Ma- 
drid [1814].  Por  Don  Francisco  Martínez  Dávila  |  Impresor 
de  Cámara  de  S.  M.— En  8.°— 80  págs. 

Port.— V.  en  bl.— Texto.— Notas  relativas  al  Sermón. 

— «Sermón  |  que  en  la  misa  solemne  |  que  á  invitación 
del  señor  |  Comandante  de  las  Armas  |  el  brigadier  D.  Ma- 
nuel Montesinos,  |  y  demás  gefes,  y  oñciales  i  de  los  Cuer- 
pos de  la  Guarnición  de  esta  capital,  |  y  los  voluntarios 
realistas  |  Hizo  celebrar  el  limo.  Sr.  Dean  y  Cabildo  de 
esta  I  Sta.  Iglesia  en  el  dia  7  de  Julio  del  presente,  |  en  ac- 
ción de  gracias  al  Todo-poderoso  por  el  |  beneficio  que  les 
concedió  en  igual  dia  |  del  año  anterior  en  que  entraron 
en  I  ella  las  tropas  libertadoras  de  |  N.  Soberano  el  Señor 
Don  Fernando  7.°  |  dixo  |  el  Doctor  D.  Blas  Ostalaza,  | 
Deán  de  la  misma  Santa  Iglesia».  |  Con  licencia  |  En 
Orihuela:  imprenta  de  Pedro  Berruezo  Puebla  |  Año  de 
1824. 

En  4.»— 86  págs. 

Port.— V.  en  bl.— Texto.— Notas  relativas  al  Sermón.— 
Composiciones  poéticas  en  alabanza  del  autor.  —  Nota 
[final]:  «Lo  dan  a  luz  el  dicho  Sr.  Comandante  gene-  |  ral  y 
la  Oficialidad  de  los  referidos  cuerpos  de  la  no-  |  minada 
guarnición.»  , 

(N.  del  e.) 


He  aquí  ahora  un  pasaje  del  primero 
de  los  precitados  sermones,  que  trascri- 
bimos, tanto  para  dar  una  muestra  del 
estilo  e  ideas  del  autor,  cuanto  por  ha- 
bernos parecido  curiosísimo,  por  razón 
de  las  especies  a  que  se  refiere.  Conclu- 
ye su  súplica  hecha  al  Salvador,  y  des- 
pués añade  dirig-iéndose  al  Rey: 

«No  olvide  V.  M.  las  lecciones  que  le  da 
la  historia  y  la  propia  y  agena  experien- 
cia, teniendo  presente  que  la  bondad  de 
Luis  XV  condujo  al  patíbulo  a  su  santo 
nieto  Luis  XVI;  que  éste  se  hallaba  ro- 
deado de  agentes  que  lo  hendían  a  sus 
enemigos,  y  que  mientras  que  su  familia 
y  su  vida  estaban  expuestas  al  mayor  ries- 
go, sus  consejeros,  o  tontos  o  malos,  esta- 
ban tranquilos  en  su  cama  sin  hacer  nada 
por  la  defensa  de  su  amo.  ¡A,  si  en  vez  de 
la  Cátedra  Santa  ocupase  yo  ahora  otro 
lugar,  cuántas  cosas  podría  yo  añadir  a 
este  propósito!  Suplid,  Dios  mío,  con  vues- 
tro influjo  lo  que  falta  a  la  expresión.  Di- 
sípense con  tu  poder  a  la  manera  del  humo 
todos  tus  enemigos,  que  lo  son  también  del 
Trono  en  el  momento  mismo  que  quieren 
elevarse  contra  vos,  según  anuncia  vuestro 
Real  Profeta.  Dad  luz  a  tanto  ciego  apa- 
drinador de  los  inicuos,  colmad  de  bendi- 
ciones a  la  augusta  dinastía  que  has  esco- 
gido para  instrumento  de  nuestra  felici- 
dad. Atraed  a  vuestro  redil  a  las  ovejas 
extraviadas  que  no  quieren  oir  la  voz  de 
la  justicia  y  de  la  razón,  para  que  reunidas 
todas  en  un  solo  rebaño,  logren  la  vida 
eterna  que  les  prometes.» 

Estas  ideas  del  Deán  Ostolaza  le  aca- 
rrearon una  muerte  desastrosa  en  Va- 
lencia, donde  le  formaron  causa  por 
suponerle  afecto  a  la  opinión  carlista,  lo 
cual  dio  motivo  a  que  decretaran  su 
prisión,  y  estando  en  ella  se  produjo  un 
motín  en  las  calles  que  pedía  venganza 
por  ciertos  fusilamientos  llevados  a  cabo 
por  las  fuerzas  del  Pretendiente:  entró 
el  pueblo  en  la  cárcel,  y,  en  represalias, 
asesinaron,  en  unión  con  otros,  al  des- 
dichado Sacerdote  (1). 


(1)    Las  noticias  biográficas  referentes  a  Ostolaza  se  ha- 
llan dispersas  en  sus  obras  y  en  otras  publicaciones  de  su 


—  142  — 


¡Triste  suerte,  hija  de  la  exaltación  de 
ideas  y  del  encono  de  los  partidos! 

Oviedo  (P.  Francisco  de). 

Jesuíta,  natural  de  Madrid.  Abrazó  el 
Instituto  de  San  Ignacio  en  1618,  a  la 
edad  de  diez  y  seis  años,  y  fué  Profesor 
de  Teología  moral  en  la  Academia  Re- 
gia de  su  patria,  y  de  Teología  Escolás- 
tica en  el  Colegio  de  la  Compañía,  de  la 
Ciudad  de  Murcia,  donde  se  halló  ave- 
cindado algún  tiempo,  alcanzándole  la 
muerte  en  1651. 

Escribió,  según  leemos  en  la  Biblio- 


época  y  posteriores.  Cfr.  Menéndez  y  Pelayo,  Historia  de 
los  Heterodoxos  Españoles;  Mesonero  Romanos,  Memorias 
de  un  setentón;  Alcalá  Galiano,  Recuerdos  de  un  anciano; 
Frutos  Baeza,  Bosquejo  histórico  de  Murcia,  cap.  XLVI; 
Baroja,yí<«M  Van  Halen,  y  las  historias  generales  de  Es- 
paña. (N.  del  e.) 


teca  de  escritores  Jesuítas,  del  P.  Riva- 
deneyra,  continuada  por  Alegambe,  y 
en  don  Nicolás  Antonio: 

1.°  clntegrum  cursum  Philosophi- 
cum  duobus  tomis».  Lugduni,  apud  Pe- 
trum  Prost.  1640.  En  fol. 

De  los  cuales  comprende  el  primero 
las  Súmulas,  la  Lógica  y  la  Física,  con 
los  libros  del  Cielo  y  de  la  Generación; 
y  el  segundo,  los  libros  del  Alma  y  la 
Metafísica. 

2.°  «Tractatus  Scholasticos  et  mora- 
les respondentes  Primae  Secundae  Sanc- 
ti  Thomae».  Lugduni,  apud  Petrum 
Prost,  1646.  En  fol. 

3.°  «Tractatus  de  Fide,  Spe,  et  Chá- 
ntate ad  Secundam  Secundae  S.  Tho- 
mae>.  Lugduni,  apud  Philipum  Borde, 
1651. 


■^^ 


Pangresdor  (Daniel). 

Nada  más  de  él  sabemos  sino  que  vi- 
vía en  Murcia  en  tiempo  del  Doctor  y 
Canónigo  Magistral  de  su  Santa  Iglesia 
don  Bernardo  Gutiérrez  de  Alique,  a 
quien  le  dirige  los  siguientes  versos  ce- 
lebrando su  nombre  en  el  día  de  su  cum- 
pleaños: 

«Lectissimo  Viro,  |  Sacrae  Theolo- 
giae  Doctori,  Maioris  |  Complutensis 
Collegij  Alumno,  Seguntinae  olim  |  Ec- 
clesiae;  nunc  vero  huius  almae  Cartha- 
ginensis  |  Canónico  Magistrali,  ad  maio- 
ra  deinceps  provehendo:  |  D.  D.  Ber- 
nardo I  Gutiérrez  Alique,  |  Hoc  Quan- 
tulum  cumque  Amoris,  et  |  gratitudinis 
argumentum,  progenethliaco  ]  illiusdie 
concelebrando,  suus  Acha  |  tes  fidelissi- 
mus  I  Daniel  Pangresdor  D.  O.  C. 

En  tibí  nostra  novum  profert  testamen  amoris 

Pleris,  o  magnes  cordis,  Alique,  mei. 
Scilicet  illa  tul  natalis  concita  plausu 

Percupit  in  laudes  pangare  metra  tuas 
Sed  negat  indoctae  Pindi  commercia  Phaebus, 

Scandereque  aggressae  comprlmit  ipse  gradum: 
Quó  petis,  inclamans,  vecors,  assuetaque  voccis 

Musula,  Pímplaeis  nec  madefacta  vadis? 
Quem  lentas  laudare,  virum  sylvestris  avena 

Indecet,  ac  nostrae  vix  opis  istud  erif. 
Sic  etenim  donis  fulgei  coelestibus  ille, 

Non  sat  vt  humanó  possit  ab  ore  cani. 
Haec  Deus:  illa  suos  pudibunda  coercuit  ausus 

Inceptosque  finit,  iussa  silere,  modos. 
Sed  qui  me  vrget  amor,  vires  superaddidit  ipsi 

Edocuitque  artem,  quá  celebrére  novam. 
Quippe  Sycophroniá  iussit  tua  nomina  cura 

Solvere,  &  implícitas  quaerere  saepe  notas. 
Prodijt  ergo  sequens  anagramma.  Hoc  excipc  donu, 

Nomine  compactum,  proindeque  grande,  tuó. 


Programma. 

Dominus  Doctor  Don  Bernardo  Ali- 
que, vir  vt  valde  sapiens,  ita  aequé  per- 
fidelis  amicus. 

Anagramma  purum,  servata  lege  dis- 
thici,  praeterquamquod  M  diptongo  af- 
fectum  in  programmate  absque  illa  in 
anagrammate  invenitur. 

Ipse  decore  micans,  qualis  bona  nardus,  odorem 
Fundit;  laude  pari,  vt  Delius  isque  viret. 

No  tiene  suscripción;  pero  seguramen- 
te impreso  en  Murcia. 

Parisani  DE  Haro  (Don  José). 

Poeta;  natural  de  Zaragoza  (según 
Latassa),  donde  nació,  de  ilustre  alcur- 
nia, en  1731;  y  avecindado  en  Murcia 
durante  la  mayor  parte  de  su  vida.  Cur- 
só Artes  y  Teología  en  la  Universidad 
de  su  patria.  Obtuvo  después  una  Cape- 
llanía de  los  Reyes  Viejos  de  Toledo,  y 
últimamente  una  Prebenda  en  la  Santa 
Iglesia  Catedral  de  Murcia,  que  desem- 
peñó hasta  el  año  1784,  en  que  bajó  al 
sepulcro.  Fué  también  Individuo  de  la 
Real  Sociedad  Económica  de  Amigos 
del  País  de  Zaragoza,  y  cultivó  siempre, 
y  con  singular  aprovechamiento,  la  poe- 
sía, dándole  sus  composiciones  su  más 
gustosa  ocupación.  Escribió,  conforme  a 
las  noticias  que  nos  da  el  referido  autor 
de  las  «Bibliotecas  Antigua  y  Nueva  de 
Escritores  Aragoneses»,  las  siguientes 
obras: 


-  144  - 


1.*  «Descripción  de  las  Demostra- 
ciones fervorosas  y  plausibles,  con  que 
festejó  gozoso  este  augusto  y  fino  pue- 
blo de  Zaragoza  a  su  soberana  madre  y 
protectora  María  Santísima  del  Pilar,  al 
ver  descubierto  el  sumptuoso  y  magní- 
fico tabernáculo  de  su  Sagrada  Capilla>. 
Zaragoza,  por  Josef  Fort,  1765. 

En  4.» 

«Es  obra  poética  varia  (dice  el  autor  re- 
ferido). La  publicó  bajo  un  anagrama  de 
su  apellido,  confesándose  por  el  más  fiel 
esclavo  de  Nuestra  Señora,  y  natural  de 
la  ciudad  de  Zaragoza. » 

2.^  «Fiestas  que  se  hicieron  en  la 
Coronada  villa  de  Madrid,  con  motivo 
del  nacimiento  de  los  dos  serenísimos 
Infantes  gemelos,  y  ajuste  de  paz  con  la 
nación  británica». 
Papel  poético  que  no  vio  la  luz  pública, 
3.^  «Glorioso  parabién  que  recibe  el 
reino  de  Aragón.  Demostración  festiva 
de  su  gozo  por  el  feliz  arribo  a  su  patria 
del  Excmo.  Sr.  D.  Pedro  Pablo  Abarca 
de  Bolea,  Ximénez  de  Urrea,  Conde  de 
Aranda,  y  Castellflorit,  Marqués  de 
Torres,  Vizconde  de  Rueda,  etc.;  Gran- 
de de  España  de  primera  clase,  Caba- 
llero de  la  insigne  Orden  del  Toisón  de 
Oro,  Gentilhombre  de  Cámara  de  S.  M. 
con  ejercicio.  Capitán  General  de  los 
Reales  ejércitos  y  de  Castilla  la  Nueva, 
Presidente  del  Supremo  Consejo  de  Cas- 
tilla etc.;  y  fiel  testimonio  de  que  le  re- 
conoce por  uno  de  sus  mayores  tim- 
bres». Zaragoza,  por  Francisco  More- 
no, 1769. 

En  4.° 

Es  obra  de  octavas  reales,  ilustrada 
de  muchas  notas  históricas,  genealógi- 
cas y  eruditas. 

4.*  «Versos  diferentes  a  varios  asun- 
tos y  Villancicos  y  Poesías  devotas  para 
funciones  de  Iglesia,  que  se  divulgaron 
en  diferentes  tiempos». 

Y  últimamente,  otra  de  la  misma  ín- 


dole que  las  dos  primeras,  y  cuya  pape- 
leta bibliográfica,  por  ser  obra  referente 
a  cosas  de  Murcia,  reservamos  para 
nuestro  Catálogo  de  libros  de  esta  espe- 
cie, al  cual  nos  remitimos. 

Véase,  pues,  en  dicho  Catálogo,  el 
artículo  relativo  a  nuestro  Parisani  de 
Haro. 

Pastor  (P.  Carlos). 

Religioso  Agustino,  natural  de  la  ciu- 
dad de  Valencia.  Tomó  el  hábito  en  el 
Convento  de  Nuestra  Señora  del  Soco- 
rro, de  aquella  capital.  Obtuvo  el  grado 
de  Doctor  en  Teología,  y  se  distinguió 
como  orador  no  menos  que  por  su  doc- 
trina y  virtudes.  Floreció  a  principios 
del  siglo  XVIII.  Desempeñó  los  cargos  de 
Examinador  Sinodal  del  Arzobispado  de 
Zaragoza,  y  Definidor  general  de  la  pro- 
vincia de  Aragón;  habiendo  sido  en  dos 
trienios  Prior  del  Convento  de  San 
Leandro  de  Cartagena.  Escribió  un  gran 
número  de  Sermones,  de  los  cuales  sólo 
imprimió  los  tres  siguientes: 

1.°  «Oración  panegírica  y  evangélica 
en  aplauso  del  ángel  entre  los  doctores, 
Santo  Tomás  de  Aquino  > .  —  Barcelo- 
na, 1689. 

2.°  «El  sol  en  los  elementos,  la  sal  de 
la  sabiduría,  idea  del  fuego;  la  luz  de  las 
escuelas  copiada  en  el  aire,  la  ciudad  de 
las  letras  retratada  en  el  agua,  la  antor- 
cha del  mundo  dibujada  en  la  tierra, 
Santo  Tomás  de  Aquino».  — Barcelo- 
na, 1690. 

3.°  «Treno  fúnebre  con  que  en  incon- 
solables gemidos  y  doloridos  sollozos 
lloró  el  Real  Convento  de  nuestro  gran 
Padre  S.  Agustín  de  la  Real  Villa  de 
Alcoy  la  muerte  de  nuestro  Reverendí- 
simo V.  P.  Mtro.  Fr.  Pedro  Molla».— 
Valencia,  1699. 


-  145  - 


Pedrosa  (Don  Fernando  de). 

Insigne  Obispo  de  Cartagena  desde 
1384  a  1402:  Corduvensis  famosus  in 
Sacra  pagina  Magister,  conforme  a  la 
expresión  de  su  primer  biógrafo  y  suce- 
sor en  la  Sede  cartaginense,  don  Diego 
de  Comontes.  Cogióle  en  Murcia  lo  más 
enconado  y  recio  de  las  luchas  habidas 
entre  los  tristemente  célebres  bandos  de 
los  Manueles  y  Fajardos,  y  aun  hubo  de 
tomar  activa  parte  en  ellas,  por  razón 
sin  duda,  de  no  poderle  ser  indiferente 
el  partido  del  hijo  del  Conde  de  Cardón, 
don  Juan  Sánchez  Manuel,  quien,  como 
es  sabido,  casó  en  dicha  ciudad  con  una 
hermana  de  este  mitrado.  Las  sínodos 
diocesanas  por  él    celebradas   fueron 
hasta  seis,  unas  a  los  principios  y  otras 
en  los  postreros  años  de  su  gobierno;  y 
él  fué  también  quien  tuvo  la  honra  de 
poner  la  primera  piedra  (22  de  enero 
de  1385,  según  unos,  o  de  1388,  según 
otros  (1),  en  la  nueva  obra  de  la  Iglesia 
Catedral  murciana  hasta  hoy  existente. 
Pero  las  referidas  enconadas  luchas 
de  bandería  hubieron  al  cabo  de  atribu- 
lar su  alma,  obligándole  a  ausentarse 
de  la  ciudad  y  a  condenarse,  como  áe 
condenó  a  sí  mismo,  al  destierro,  de  re- 
greso del  cual  o  al  muy  poco  tiempo 
trascurrido,  le  alcanzó  la  muerte,  siendo 
sepultado  en  la  Capilla  de  San  Jerónimo 
del  ya  empezado  nuevo  templo.  Hic 
vixit  multimode    tribulatus   propter 
vandositates  pro  tune  urgentes,  quibus 
se  niiscere  voluit  amhulans  extra  me- 
thaní  per  témpora  multa,  quari  exul, 
et  tanden  in  suo  regressu  defunctus  est 
et  sepultus  hic  Murciae  in  dicto  opere 
novo,  in  Capella,  quam  in  capite  operis 
sub  invocatione  Beati  Hieronymi  ince- 
perat,  et  semifactam  reliquerat,  ubi  in 


(1)  El  señor  Díaz  Cassou  en  su  «Serie  de  Obispos  de  Car* 
tagena»,  que  leemos  mucho  tiempo  después  de  escrito  el 
presente  artículo,  ha  probado  haber  ocurrido  este  hecho 
en  22  de  enero  de  1394 


térra  plana  jacethumiliter  tumulatus. 

Don  Fernando  de  Pedrosa  fué  asimis- 
mo autor  de  unas  Constituciones  para 
su  Iglesia;  Constituciones  que  también 
pasa  en  silencio  el  señor  Baquero  en  su 
tantas  veces  citado  apreciable  cEstudio 
sobre  la  literatura  en  Murcia  desde  Al- 
fonso X  a  los  Reyes  Católicos». 

Véase  Constituciones  fechas...  etc., 
en  nuestra  Sección  de  Manuscritos. 

Pérez  de  Avala  (Fernán). 

Padre  del  gran  Canciller  de  Castilla 
Pero  López  de  Ayala,  e  hijo  de  nuestro 
Adelantado    de    este    mismo    nombre. 
Aunque  nacido  en  Toledo  en  1305,  no 
es  posible  dejar  de  suponer,  y  aun  de 
tenerse  por  cierto,  que  en  Murcia  se 
educó  y  pasó  después  una  buena  parte 
de  su  vida.  Lo  primero  se  infiere  de  que 
en  1307  ya  su  padre  se  hallaba  en  esta 
ciudad  ejerciendo  el  dicho  cargo  en  te- 
nencia por  don  Juan  Manuel,  cargo  que, 
ya  en  esta  forma,  ya  en  propiedad,  ejer- 
ció hasta  su  muerte;  y  lo  segundo,  de 
los  siguientes  datos  que  nos  parecen 
bastante  significativos.  Ya  hemos  visto 
cómo  dimos  por  probable  que  se  casara 
en  Murcia,  o  que  a  ella  volviese  recién 
casado,  dada  la  tradición  que  hace  mur- 
ciano a  su  hijo  primogénito  Pero  López. 
Su  mujer,  doña  Elvira  de  Zevallos,  era 
hermana  de  don  Diego  Gutiérrez  de  Ze- 
vallos, y  sabemos  que  éste  se  hallaba 
por  aquellos  tiempos,  según  Cáscales 
nos  refiere.  También  nos  dice  él  mismo 
que  uno  de  los  hijos  de  este  Ayala,  San- 
cho Pérez  de  Ayala,  fué  vecino  de  Mur- 
cia, y  en  ella  se  casó  con  doña  Inés  de 
Azagra.  Por  manera  que  teniendo  en 
esta  ciudad  a  padres,  a  hijos  y  a  nietos, 
no  es  posible  dejar  de  creer  que  en  ella 
también  nuestro  Fernán  Pérez  habitase 
un  buen  espacio  de  tiempo.  Por  lo  me- 
nos debemos  estar,  pensando  racional- 
mente, a  que  lo  hizo  sin  interrupción 

10 


^  146  - 


durante  su  infancia  y  juventud,  y  a  in- 
tervalos, luego,  después  de  casado  y  en- 
trado ya  en  la  mayor  edad,  como,  por 
ejemplo,  cuando  en  tiempos  de  Enri- 
que II,  fué  nombrado  Adelantado  ma- 
yor de  este  reino,  y  ganó  a  Cartagena 
por  dicho  Rey. 

A  la  muerte,  sin  hijos,  de  don  Juan 
Sánchez  de  Salcedo  (1328),  Señor  de 
Ayala  y  de  los  valles  de  Orozco,  Oquen- 
do,  Luyando,  Urcabustaiz,  Arrestarla  y 
Casas  de  Salcedo  y  Zarate,  como  legíti- 
mos herederos  suyos,  hallámoslo  en 
Álava  peleando  al  lado  de  su  mayor 
hermano  Sancho  Pérez,  por  estos  esta- 
dos, de  que  al  fin  se  hicieron  pacíficos 
Señores  tras  de  campal  batalla,  librada 
contra  los  de  la  línea  ilegítima  de  los 
Salcedos,  lugares  en  que  sucedió,  como 
único  Señor,  nuestro  Fernán  Pérez,  por 
la  muerte  alevosa  de  su  referido  herma- 
no. Después  de  dichas  contiendas,  y  co- 
rriendo el  año  de  1332,  fué  uno  de  los 
Ricos- hombres  de  Álava,  que  entrega- 
ron aquella  (república  hasta  entonces 
libre)  al  dominio  del  Rey  de  Castilla 
don  Alfonso  XI,  por  quien  fué  nombra- 
do su  embajador  en  Francia,  y  después 
(1349)  en  Aragón,  según  nos  dice  Zuri- 
ta, ad virtiendo  «era  un  muy  señalado 
caballero,  y  sobrino  de  don  Pedro  de 
Barroso,  obispo  de  Sasino»  y  de  Murcia, 
como  dicho  queda,  desde  1326  a  1331 
o  32.  Asistió  con  don  Juan  Manuel  y  su 
gente  de  Murcia  a  la  guerra  y  sitio  de 
Gibraltar,  en  que  murió  el  héroe  del  Sa- 
lado; y  puesto  luego  al  servicio  del  Rey 
don  Pedro,  envióle  éste  en  1352  a  paci- 
ficar las  Encartaciones  del  Señorío  de 
Vizcaya,,  las  cuales  hubo  de  reducir, 
con  su  gente,  al  servicio  del  Monarca, 
obligándolas  a  que  por  apoderados  sufi- 
cientes fuesen  a  rendírsele  y  prestarle 
obediencia  a  Valladolid. 

«Cuatro  años  después  (escribe  Floranes) 
estaba  en  el  bando  de  los  Grandes  que  se 


unieron  para  suplicar  al  Rey  la  reforma 
de  su  conducta,  la  separación  de  doña  Ma- 
ría de  Padilla,  y  la  admisión  y  buen  trata- 
miento de  su  propia  mujer  la  Reina  doña 
Blanca,  con  quien  estaba  muy  displicente, 
al  paso  que  encantado  con  la  otra.  Encar- 
gósele  a  nombre  de  todos  la  oración  que 
en  asunto  tan  delicado  hizo  diestra  y  elo- 
cuentemente a  S.  M.  en  las  vistas  de  Teja- 
dillo a  media  legua  de  Toro,  y  por  estos  y 
otros  servicios  de  igual  buen  zelo  le  pre- 
mió el  Rey  don  Pedro  con  el  señorío,  juris- 
dicción y  rentas  del  valle  de  Cuartango.» 

Continuó  después  en  su  servicio  con 
igual  solicitud;  y  aunque,  por  causa  de 
sus  crueldades  y  atropellos,  hubo  de 
volverle  la  espalda,  como  lo  hicieron 
sus  parientes  de  Murcia  y  casi  todos  los 
Grandes  del  reino,  poniéndose  al  lado 
de  don  Enrique,  por  quien  peleó  en  la 
batalla  de  Nájera,  redujo  a  Toledo  y 
ganó  a  Cartagena,  pronto,  no  obstante, 
y  sintiéndose,  acaso,  arrepentido  por  su 
defección,  volvió  al  servicio  y  gracia 
de  su  antiguo  dueño,  de  quien  mereció 
en  1368  la  confianza  de  que  le  enviase  a 
tratar  con  los  vizcaínos  la  entrega  de 
aquel  Señorío  al  Príncipe  de  Gales;  cosa 
que  al  cabo  no  tuvo  efecto  por  buenos 
artificios  del  Monarca. 

Muerto  éste  en  Montiel  al  año  siguien- 
te, siguió  nuestro  Fernán  Pérez  la  obe- 
diencia de  don  Enrique,  mereciendo, 
como  dicho  queda,  le  distinguiese  con 
el  cargo  de  Adelantado  mayor  del  reino 
de  Murcia,  por  más  que  no  llegó  a  ejer- 
cerlo, habiéndose  interpuesto  la  Reina 
doña  Juana  en  favor  de  su  primo  el  Con- 
de de  Carrión,  don  Juan  Sánchez  Ma- 
nuel. Cuatro  años  después,  y  hasta  el 
de  1375,  hallámosle  ocupado  en  la  fun- 
dación, dentro  de  sus  estados,  del  Con- 
vento de  religiosas  dominicas  de  San 
Juan  de  Quejana,  que  dotó  con  prodiga- 
lidad; y  corriendo  el  de  1373,  muerta  ya 
su  esposa,  dispuso  de  sus  bienes  entre 
sus  hijos,  fundando  mayorazgo  pingüe 
de  todo  lo  de  Ayala,  con  Orozco  y  de- 


-  147  - 


más  adherencias  que  quedan  referidas, 
en  cabeza  de  su  primogénito  don  Pero 
López,  y  entrándose  él  de  religioso  en 
el  Convento  de  Santo  Domingo  de  Vi- 
toria, donde  le  alcanzó  la  muerte  en 
1385,  siendo  sepultado  en  el  sepulcro 
que  él  mismo  se  había  labrado  en  el  re- 
ferido monasterio  de  su  fundación. 

«Don  Fernán  Pérez  de  Ayala  (escribe  el 
citado  Floranes)  edificó  en  su  estado  la 
casa  fuerte  de  Ayala  y  la  de  Oquendo,  y 
para  que  no  hubiese  línea  que  no  ocupare, 
tuvo  también  la  noble  inclinación  dé  dedi 
carse  al  estudio  de  las  letras.  De  él,  dice 
Garibay,  heredó  el  hijo  ser  tan  propenso 
a  ellas.  En  efecto,  escribió  un  tratado  de 
su  linaje,  que.  en  tiempo  del  Rey  don 
Juan  II  llegó  a  manos  de  su  nieto  el  ilustre 
Fernán  Pérez  de  Guzmán,  señor  de  Batres, 
en  el  cual,  dice,  daba  origen  a  la  casa  de 
Ayala  en  el  Infante  de  Aragón  don  Vela; 
pero  no  hemos  tenido  la  suerte  de  que  aquel 
escrito  llegase  a  nuestros  días.  Sólo  se  nos 
conserva  una  idea  de  su  cultura,  erudición 
y  buen  gusto  en  la  oración  citada  al  Rey 
don  Pedro,  que  como  dije  en  el  prólogo, 
tiene  panegiristas  de  su  mérito  a  los  dos 
hombres  más  elocuentes  de  este  siglo,  los 
señores  don  Luis  de  Salazar  y  don  Juan  de 
Miranda  y  Oquendo,  ambos  del  Consejo 
de  S.  M.  El  hecho  mismo  de  haberse  vali- 
do de  él  todos  los  Grandes  de  Castilla, 
para  que  hiciese  por  ellos  aquella  oración 
en  una  materia  delicadísima,  y  en  que  era 
necesaria  la  quinta  esencia  de  la  retórica, 
y  mucha  destreza  para  no  rozar  los  extre- 
mos, ni  indisponer  el  ánimo  de  un  Rey  tan 
fácil  al  enojo,  da  a  entender  bastantemen- 
te la  opinión  de  su  talento.  El  autor  anti 
guo  que  alega  el  abad  de  Santa  Anastasia 
dice:  Fué  Fernán  Peres  de  Ayala  caballe- 
ro de  alta  guisa,  muy  prudente  y  sabio, 
de  quien  el  Rey  don  Alfonso  XI  hiso  gran 
confianza,  y  persuadió  mucho  al  Rey  don 
Pedro  su  hijo  hiciese  vida  con  la  Reina 
doña  Blanca  su  mujer  y  reformase  sus 
costumbres.  Don  Antonio  Suárez  de  Alar- 
cón,  marqués  de  Trocifal,  le  aplaude  uno 
de  los  mayores  varones,  más  doctos  y  elo- 
cuentes de  sus  siglos,  de  cuyas  acciones  es- 
tán llenas  las  historias. 

»En  fin,  su  mismo  hijo  el  Canciller  don 
Pero  López  de  Ayala,  hablando  sobre  el 


mismo  particular,  dice:  «Para  esto  habe- 
des  de  saber,  que  don  Fernán  Pérez,  pa- 
dre de  mi  el  dicho  Pero  López,  como  él 
era  tan  grand  Caballero,  e  tan  entendido 
e  mesurado  en  todos  sus  fechos,  e  se  paga- 
ba de  decir  bien  e  apuestamente,  e  otrosí 
de  alcanzar  noticias  de  letras  e  de  histo- 
rias de  cosas  nobles  e  grandes  que  en  el 
mundo  oviessen  pasado,  para  saberlas  él 
e  contargelas  a  otros  (ca  por  estas  cosas 
dichas  e  las  otras  buenas  maneras  que 
Dios  en  él  puso,  acatábanlo  muy  bien  los 
Reyes  en  cuyo  tiempo  él  fué,  e  las  gentes 
amábanle  e  habían  sabor  de  venir  a  sus 
pláticas  cuando  razonaba,  e  escuchábanle 
ende  muy  atentamente)  fuera  siempre  en 
imaginación  de  averiguar  los  fechos  de 
sus  pasados,  e  la  prez  e  la  honra  que  ovie- 
ran  alcanzado,  e  quales  habían  ellos  seido 
desde  el  primero,  e  qué  cosas  nobles  ficie- 
ron  en  sus  tiempos,  e  como  los  acataron 
los  Reyes  sus  Señores,  e  qual  estado  e  pa- 
rientes allegaron.  E  en  esto  gastábase  él 
mucho,  e  costumbraba  de  facer  tamañas 
despensas  e  inquisiciones  varias  con  los 
que  algo  sabían  de  cosas  pasadas  e  de  his- 
torias de  las  grandes  gentes...  E  don  Fer- 
nán Pérez  con  la  grande  acucia  que  había 
para  saber  todo  lo  del  Linage,  cató  (varias) 
escripturas  e  falló  ende  con  otras  la  que 
don  San  Velázquez  oviera  fecho  de  su  Li- 
nage en  tiempos  antiguos:  Ca  este  don  San 
Velázquez  fuera  un  muy  grand  Caballero 
de  estos  de  Ayala...  E  esta  escriptura  fa- 
llábase en  lengua  de  latín,  como  fablaban 
entonces;  e  porque  don  San  Velázquez  re- 
lataba ahí  complidamente  de  sus  pasados, 
don  Fernán  Pérez  volvióla  en  romance  de 
su  tiempo  e  puso  hij  otras  cosas  de  suyo 
subcedidas  después  de  don  San  Velázquez 
fasta  sus  días.» 

Un  caballero  de  tal  valer  y  méritos,  y 
que  tan  buena  parte  de  tiempo,  según 
todas  las  probabilidades,  hubo  de  habi- 
tar en  Murcia,  sin  duda  que  alguna  in- 
fluencia habría  de  ejercer  en  desarrollo 
literario;  y  sin  duda,  también,  que  por 
no  haber  parado  en  ello  mientes,  dejó 
de  incluirlo  nuestro  docto  amigo  el  se- 
ñor Raquero  en  su  tantas  veces  citado 
cEstudio  de  la  literatura  en  Murcia  des- 
de Alfonso  X  a  los  Reyes  Católicos>. 


-  I4á  - 


Ahora  bien,  el  Tratado  del  linage  a 
que  se  refiere  Floranes,  dándole  por 
perdido,  se  custodia  actualmente  en  la 
Real  Academia  de  la  Historia  (Bib.  Sa- 
lazar.— B.  93)  y  lleva  este  título: 

«Este  es  el  libro  del  linag-e  de  los  Se- 
ñores de  Ayala,  desde  el  primero  que  se 
llamó  don  Vela,  hasta'^mí  don  Fernán 
Pérez  que  la  fiz  a  gloria  e  honra  de  Dios 
e  pro  del  mió  linage,  e  para  que  sean 
buenos  e  homildes  e  sirvan  a  Dios  e  al 
Rey  los  que  de  mi  vinieren.  El  qual  fué 
copilado  el  año  de  la  Natividad  de  1371, 
corriendo  la  era  de  1409  años»  (1). 

En  cuanto  a  la  Oración  dirigida  al  Rey 
don  Pedro,  he  aquí  su  contexto: 

«Señor,  los  señores  que  aquí  están,  que 
han  debdo  en  la  vuestra  merced,  e  los 
otros  ricos  homes  e  caballeros  vuestros 
vassallos  que  aqui  están,  e  por  vuestro 
mandado  vinieron  aqui  a  vos,  vos  piden  lo 
primero  por  merced,  que  vos  los  querades 
perdonar  por  ellos  venir  armados  ante  vos 
a  estas  vistas;  e  si  assi  vienen  es  por  vues- 
tra licencia  e  ordenamiento,  segund  ge  los 
enviastes  mandar  por  una  vuestra  carta 
firmada  de  vuestro  nombre,  e  sellada  con 
vuestro  sello  de  la  poridad:  ca  todos  los 
que  aqui  están  vos  conoscen  por  su  Rey  e 
por  Señor  natural,  e  vos  desean  servir.  E 
entre  las  otras  cosas  en  que  amen  vuestro 
servicio,  querrían  que  la  vuestra  ordenanza 
fuese  muy  buena  en  guisa  que  los  vuestros 
vasallos  non  oviesen  de  aver  temor  de 
vos.  E  como  quier.  Señor,  que  dice  Gu- 
tiers  Fernández  de  Toledo  por  vuestra 
parte,  que  estos  Señores  que  aqui  están,  e 
muchos  Ricos  omes  e  Caballeros  vuestros, 
Vasallos  que  andan  ayuntados  por  el  fecho 
de  la  Reyna  Doña  Blanca  vuestra  muger, 
que  non  es  asi,  salvo  que  se  non  tienen  por 
contentos  de  algunos  vuestros  privados; 
con  homil  reverencia  de  la  vuestra  Real 
Magestad,  Señor,  a  esto  vos  responden  es- 
tos Señores  asi:  que  verdaderamente  su 
intención  es  pediros  por  merced,  que  la 
Reyna  Doña  Blanca  vuestra  muger  sea  con 
vos  honrada  como  lo  fueron  las  otras  Rey- 
nas  de  Castilla,  e  la  trayades  con  vusco. 


(1)    Lo  imprimió  el  mismo  Salazar  en  las  Pruebas  de  la 
Casa  de  Lar  a. 


asi  como  vuestra  muger  legítima:  e  esto 
vos  piden  por  merced,  entendiendo  que 
cumple  asi  a  vuestro  servicio.  Ca,  Señor, 
vos  sabedes  que  quando  vos  casastes  con 
la  Reyna  Doña  Blanca  vuestra  muger  en 
Valladolid,  enviastes  llamar  por  vuestras 
cartas  a  todos  los  que  aqui  son,  e  a  otros 
grandes  de  vuestro  Reyno,  que  viniesen 
donde  vos  erades,  que  queriades  casar  con 
la  dicha  Reyna;  e  por  vuestro  mandamien- 
to el  día  de  vuestras  bodas  besaron  la 
mano  a  la  Reyna  Doña  Blanca,  por  su 
Reyna  e  su  Señora,  asi  como  vuestra  mu- 
ger; e  tienen  que  si  vos.  Señor,  la  dexas- 
tes  e  la  mandastes  después  levar  a  Toledo, 
que  todo  esto  fué  por  consejo  de  algunos 
que  non  amaban  vuestro  servicio;  pero  con 
homil  reverencia  de  la  vuestra  Real  Ma- 
gestad, tienen  que  fué  esto  e  ordenado  por 
vos  querer  complir  vuestra  voluntad,  e  por 
consejo  de  Doña  María  de  Padilla  e  de  sus 
parientes.  E  alguno  de  vuestros  vasallos, 
a  quienes  non  plogo,  nin  les  paresció  esto 
ser  bien  fecho,  ovieron  dende  pesar  por 
vos  non  facer  lo  que  cumple  a  vuestro  ser- 
vicio, e  mostrastastesles  grand  saña,  la 
qual  paresció  por  obra  luego:  ca  porque  a 
algunos  que  en  Valladolid  eran  desto 
pesó,  pasastes  contra  ellos  como  la  vues- 
tra merced  fué;  e  mandastes  prender  a 
pocos  días  después,  e  deponer  de  su  honra 
al  Maestre  de  Calatrava  don  Juan  Núñez 
de  Prado,  e  fué  después  muerto  en  poder 
de  parientes  de  Doña  María  de  Padilla,  e 
echastes  del  Reyno  a  don  Alfonso  de  Al- 
burquerque  e  le  tomastes  la  tierra,  avien- 
do  vos  enviado  a  su  fijo  don  Martín  Gil, 
que  non  tenía  mas  que  aquel  fijo,  en  arre- 
henes  que  siempre  guardaría  vuestro  ser- 
vicio, e  le  aviad  es  asegurado.  E  porque 
tales  consejos  vos  dieron  vuestros  priva- 
dos, todos  los  Señores  e  Caballeros  que 
aqui  son  delante  vuestra  merced,  e  los  que 
aqui  non  son  venidos,  están  con  muy 
grand  miedo  de  vos,  e  por  esta  razón  an- 
dan arredrados  de  la  vuestra  casa.  E  vos. 
Señor,  catad  alguna  buena  manera  como 
primeramente  la  Reyna  vuestra  muger, 
nuestra  Señora  sea  segura,  e  esté  con  vos 
como  debe  segund  cumple  a  vuestro  ser- 
vicio, e  a  honra  vuestra  e  suya  della;  otro- 
sí, como  estos  Señores  e  Caballeros  sean 
seguros  en  vuestro  Regno  e  en  vuestra 
casa,  e  vos  puedan  servir,  que  ellos  de 
buenamente  están  prestos  para  servir  a 


-  149  — 


vos  asi  como  deben,  e  como  es  razón,  ca 
sodes  nuestro  Rey  e  nuestro  Señor  natu- 
ral. E,  Señor,  por  quanto  brevemente  non 
se  pueden  facer  estas  cosas  todas,  piden 
vos  por  merced  estos  Señores  e  Caballe- 
ros vuestros  vasallos  e  vuestros  naturales 
que  aqui  están,  por  sí,  e  por  todos  los 
otros  que  son  en  esta  demanda  con  ellos, 
que  sea  la  vuestra  merced  de  dar  quatro 
Caballeros;  e  estos  Señores  darán  otros 
quatro,  que  fablen  en  ello  e  farán  relación 
a  la  vuestra  merced  de  lo  que  acordaren 
que  cumple  a  vuestro  servicio,  e  pro  de 
vuestros  Regnos,  e  seguramiento  dellos. 
E  sobre  todo  esto.  Señor,  ordenad  como 
vos  ploguiere,  e  entendiéredes  que  cum- 
ple a  vuestro  servicio. » 

Pérez  García  (Fr.  Julián). 

Minorita  Franciscano,  natural  de  la 
villa  de  Hiniesta,  donde  nació  por  los 
años  de  1597  a  1598,  de  padres  humil- 
des y  honrados.  Profeso,  que  fué,  en  la 
Orden,  y  ya  terminados  sus  estudios 
mayores,  nombráronle  Lector  de  Filo- 
sofía, Escritura  Sagrada  y  Teología,  con 
destino  a  los  conventos  de  Cuenca  y 
Murcia,  eligiéndole  después  consecuti- 
vamente, y  merced  a  sus  buenas  dispo- 
siciones. Ministro,  Vicario  Provincial  y 
Secretario  o  Procurador  General  de  la 
Regla,  desde  1654  a  1656. 

Merced,  también,  a  sus  relevantes  mé- 
ritos, dícese  que  hubo  de  granjearse  la 
amistad  del  Rey  don  Felipe  IV,  y  una 
muy  alta  estimación  por  parte  de  la  ve- 
nerable Madre  Sor  Mariana  de  Jesús 
Agreda,  de  felicísima  memoria.  Ejer- 
ciendo, en  fin,  el  liltimo  de  dichos  car- 
gos cerca  de  la  Romana  Curia: 

«Manifestó  (dice  el  P.  Ortega  en  su  Cró- 
nica de  la  Provincia  de  Cartagena)  los 
grandes  talentos  con  que  Dios  le  había 
enriquecido;  no  sólo  en  diferentes  ejerci- 
cios literarios  que  se  le  ofrecieron  presi- 
diendo algunas  Conclusiones  en  nuestro 
Convento  de  Ara-Coeli,  y  predicando  va- 
rios sermones  en  la  Capilla  Pontifical,  de- 
lante del  Papa  (Inocencio  X)  y  Sagrado 
Consistorio  de  Cardenales,  sino  también 


en  el  manejo  y  acertado  expediente  de  los 
negocios  gravísimos  pertenecientes  a  la 
Religión.» 

Y  más  adelante: 

«Entregó  su  alma  al  Señor  un  Domingo, 
día  cuatro  del  mes  de  Marzo  de  1657,  a  los 
cincuenta  y  nueve  años  de  su  edad,  un  mes 
y  cuatro  días,  siendo  universal  el  senti- 
miento que  causó  su  muerte  en  la  ciudad  de 
Murcia  (donde)  se  le  hizo  un  entierro  de  los 
más  solemnes  y  de  mayor  concurso  que  se 
había  experimentado  en  muchos  años, 
asistiendo  a  él  todas  las  Religiones,  Clero 
y  Nobleza...,  predicando  sus  Honras  el  M. 
R.  P.  Fr.  Francisco  Bellisca,  Maestro  de  la 
Religión  de  N.  Gran  P.  Santo  Domingo,  y 
famoso  Predicador...  (dándosele)  señalado 
sepulcro  en  la  bóbeda  de  los  Señoros  Ri- 
quelmes,  Patronos  que  son  de  la  Capilla 
Ma5^or  de  la  Iglesia  de  nuestro  Convento 
de  Murcia...»  Y  dejando  escritos  «un  Me- 
morial de  los  Varones  ilustres  de  esta  Pro- 
vincia (la  observante  de  Cartagena)  el  cual 
consta  de  veinte  y  dos  hojas  en  cuarto, 
papel  de  marca  mayor...,  y  también  varias 
Oraciones  que  predicó  en  la  Capilla  Ponti- 
fical, algunas  de  las  cuales  se  han  impre- 
so, aunque  no  las  he  visto.» 

Pérez  de  Pareja  (Fr.  Esteban). 

Religioso  Franciscano  de  Ja  Provincia 
de  Cartagena,  natural  de  Villanueva  de 
los  Infantes;  morador  durante  mucho 
tiempo  en  el  Convento  de  San  Francis- 
co, de  Murcia,  donde  ejerció  el  empleo 
de  Lector  de  Filosofía,  y  más  tarde  en 
el  de  Alcaraz,  ciudad  de  que  era  oriun- 
do, y  en  que  estuvo  de  antiguo  avecin- 
dada toda  su  familia.  Fué  también  Guar- 
dián de  los  de  Cuenca  y  Huete,  Defini- 
dor de  toda  su  Provincia  observante, 
y  Examinador  sinodal  del  Obispado  de 
Cuenca;  bajando  al  sepulcro  en  el  con- 
vento de  su  patria,  año  1748.  Escribió: 

«Historia  de  la  primera  fundación  de 
Alcaraz,  y  milagroso  Aparecimiento  de 
Nuestra  Señora  de  Cortes...»  Valen- 
cia, 1740. 

En  4.°— 428  págs.,  con  9  hojas  raás  de  preliminares  sin 
foliar.— Sings.  (^)  A— Dd3.— (falto  de  porUda  y  de  al- 
gunas págs,  al  principio  y  al  fin,  el  ejemplar  que  teñe- 


—  150  - 


mos  a  la  vista).— Dedicatoria  suscrita  por  el  autor,  a  la 
Ciudad  de  Alcaraz.— Censura  de  los  PP.  Fr.  Salvador 
Serón  y  Fr.  Juan  Serrano,  en  Murcia  a  30  de  mayo 
de  1740.— Licencia  de  la  Orden.— Aprobación  del  P.  Fr. 
Juan  del  Baflo.— Licencia  del  Consejo,  al  autor,  por  una 
vez. — Fee  de  Erratas.— Tasa  a  seis  maravedís  el  pliego 
(53  'sin  principios  ni  tablas).— Prólogo  al  lector.— Pro- 
testa del  autor.— Texto.— Tabla  de  los  capítulos.— índi- 
ce de  las  cosas  notables. 

Formó,  según  parece,  el  P.  Pérez 
esta  historia  durante  su  permanencia  en 
Alcaraz;  y  él  mismo  nos  entera,  así  de 
las  causas  por  que  hubo  de  escribirla, 
como  de  su  plan  y  pensamiento  al  em- 
prender este  trabajo,  y  que  al  cabo  vino 
a  quedar  incompleto. 

Perlín  (P.  Juan). 

Jesuíta,  natural  de  Madrid.  Fué,  se- 
gún Baena,  varón  de  gran  ingenio  y 
muy  versado  en  las  lenguas  griega,  he- 
brea y  latina,  con  cuyos  buenos  auxilios 
adquirió  muy  pronto  grandes  conoci- 
mientos en  la  Filosofía,  la  Historia,  el 
Derecho  y  la  Sagrada  Teología.  De  esta 
última  Facultad  fué  algún  tiempo  maes- 
tro y  profesor  en  el  reino  del  Perú,  y 
pasando  luego  a  España,  enseñó  tam- 
bién con  éxito  brillante  esta  ciencia  y 
la  Filosofía,  en  el  Colegio  de  la  Compa- 
ñía de  Murcia,  después  de  haberlo  he- 
cho en  los  de  las  ciudades  de  Madrid  y 
Alcalá  de  Henares.  Pasando  luego  a 
Flandes,  fué  celebrado  como  profesor 
en  la  Academia  de  Colonia.  La  confian- 
za que  dio  al.  Rey  su  suficiencia  le  hizo 
admitirle  en  la  categoría  de  Consultor 
del  Santo  Oficio  en  los  dominios  espa- 
ñoles; cargo  que  no  logró  disfrutar  por 
haberle  sorprendido  la  muerte,  ocurri- 
da, al  volver  a  España,. en  la  ciudad  de 
Dunkerque,  el  día  31  de  octubre  de  1638, 
según  leemos  en  la  Biblioteca  de  la  Com- 
pañía de  Jesús.  Escribió: 

1.°  «Apología  scholastica,  si  ve  con- 
troversia theologica  pro  Magnae  Matris 
ab  originali  debito  immunitate.»  Legio- 
ni,  1630.  En  4.° 


2.°  «Sacrum  convivium,  hoc  est,  de 
frequentia  et  usu  S.  Eucharistiae.»  Co- 
loniae,  1632.  En  4.°  may. 

Obras  ambas  sumamente  edificantes 
y  estimadas. 

Pero  Gómez  Barroso  (Maestre). 
Véase  Barroso  (Don  Pedro). 

Portillo  (P.  Juan  Francisco). 

Jesuíta,  vecino  de  Murcia  y  Padre  del 
Colegio  de  la  Compañía  de  esta  ciudad. 
Conocémosle  únicamente  como  autor 
de  una  composición  poética,  con  la  que 
tomó  parte  en  un  Certamen  celebrado 
en  Córdoba  en  1727,  con  motivo  de  la 
canonización  de  San  Luis  Gonzaga  y 
San  Estanislao  de  Kostka,  y  se  halla  in- 
serta en  la  relación  que  de  dichas  fies- 
tas hizo  e  imprimió  don  Pedro  Clemen- 
te Valdés  en  el  citado  año  con  el  título 
de  Anfiteatro  Sagrado. 

Posada  Rubín  de  Celis  (Excmo.  Sr.  Don 
Antonio)  (1). 

Venerable  y  virtuosísimo  Prelado, 
quien,  como  el  que  más,  contribuyó  por 
su  instrucción  y  relevantes  talentos,  a 
ilustrar  las  letras  murcianas  durante  un 
largo  y  buen  espacio  de  tiempo.  Nació 
en  el  pueblo  de  Soto  (Diócesis  de  Ovie- 
do) en  11  de  febrero  de  1786,  de  nobles 
y  muy  cristianos  padres,  que  lo  fueron 
don  Antonio  Posada  y  doña  María  Ru- 
bín de  Celis.  Recibió  los  primeros  rudi- 
mentos de  su  educación  religiosa  y  so- 
cial con  las  lecciones  y  consejos  de  los 
ilustres  autores  de  sus  días;  y  deseando 
sus  abuelos  maternos  tenerle  a  su  lado, 
lleváronle  consigo  a  la  villa  de  Llanes, 
donde  hizo  los  primeros  estudios  de 
Gramática  y  Humanidades.  Por  su  no- 


(1)  En  la  presente  biografía  seguimos  preferentemente  a 
don  Manuel  Béjar,  moderno  autor  de  la  vida  de  nuestro 
Obispo. 


—  151  — 


table  aplicación,  aprovechamiento  y  do- 
cilidad de  carácter,  granjeóse  muy 
pronto  la  estimación  de  sus  maestros  y 
el  cariño  de  sus  parientes,  con  especiali- 
dad el  de  su  tío  don  Ramón  Rubín  de 
Celis,  prebendado  de  la  Santa  Iglesia 
Catedral  de  Murcia  y  Vicario  general  de 
su  Obispado,  quien,  reconociendo  las 
notables  disposiciones  de  su  sobrino,  de- 
terminó llevársele  consigo,  a  fin  de  darle 
una  educación  brillante  religiosa  y  lite- 
raria, como  en  efecto  lo  hizo,  dándole 
entrada  en  1779 y  cuando  apenas  contaba 
el  niño  once  años  de  edad,  en  el  famoso 
Seminario  Conciliar  de  San  Fulgencio, 
de  Murcia,  a  la  sazón  floreciente,  donde 
cursó  la  Filosofía,  las  Matemáticas,  los 
idiomas  francés,  italiano  y  griego,  el 
Derecho  natural  y  de  gentes,  los  Luga- 
res teológicos,  la  Teología  moral  y  dog- 
mática y  el  Derecho  público  eclesiásti- 
co, obteniendo  siempre  las  más  sobre- 
salientes notas,  y  habiendo  sido  el 
primero  que  tuvo  el  honor  de  recibir 
los  grados  en  cada  una  de  estas  ciencias 
en  el  referido  Seminario,  aprovechando 
la  circunstancia  de  haber  concedido  a 
aquel  establecimiento  la  Majestad  de 
Carlos  III  la  gracia,  solicitada  por  el  in- 
signe Ilustrísimo  don  Manuel  Rubín  de 
Celis,  de  poder  conferir  grados  univer- 
sitarios. Con  este  motivo  escribió  y  pro- 
nunció un  elocuente  discurso  latino,  que 
por  su  mucho  mérito  juzgaron  los  supe- 
riores del  Seminario  era  digno  de  ser 
dado  a  la  luz  pública,  y  al  efecto  lo  man- 
daron a  Madrid  con  objeto  de  imprimir- 
le. Terminados  sus  estudios  tan  brillan- 
temente y  a  satisfacción  completa  de 
sus  maestros  (1),  hizo  oposición  simul- 
táneamente a  las  dos  cátedras  de  Teolo- 
gía y  Cánones,  logrando  esta  última  por 
unanimidad  de  sus  jueces,   al  mismo 


(1)  Fué  uno  de  ellos  don  Francisco  Ramón  de  Moneada, 
abuelo  del  que  escribe  estas  líneas,  y  otro  el  Insigne  don 
Francisco  Javier  Romeu,  de  que  nos  ocuparemos  en  el 
lugar  correspondiente. 


tiempo  que  obtenía  la  primera  su  amigo 
y  condiscípulo  don  Ramón  Campos,  de 
que  en  otro  lugar  nos  hemos  ocupado,  y 
contando  ambos,  como  allí  dicho  queda, 
la  corta  edad  de  diez  y  siete  a  diez  y 
ocho  años.  Los  ejercicios  que  con  este 
motivo  hubo  de  practicar  fueron  tan  so- 
bresalientes, que  también  esta  vez  los 
superiores  del  Colegio  resolvieron  remi- 
tirlos a  Madrid  para  que  se  imprimiesen. 
Quedó,  pues,  a  cargo  del  joven  Posada 
la  Cátedra  de  disciplina  eclesiástica, 
que  desempeñó  con  notable  aceptación 
por  espacio  de  seis  años,  y  durante  este 
tiempo  opúsose  también  a  una  de  las  Ca- 
nonjías que  quedaron  vacantes  en  la 
Real  Iglesia  de  San  Isidro  de  Madrid,  y 
que  no  obtuvo,  a  pesar  de  haber  practi- 
cado sus  ejercicios  con  extraordinario 
lucimiento,  y  de  ser  propuesto  en  el  pri- 
mer lugar,  no  sólo  por  los  examinado- 
res, sino  también  por  la  Cámara  de  Cas- 
tilla, en  razón  a  no  estar  todavía  inves- 
tido de  la  dignidad  sacerdotal,  ni  contar 
la  edad  prescripta  por  los  Cánones.  Re- 
cibiendo, pues,  una  honrosa  negativa, 
que  en  nada  minoraba  lo  glorioso  de  su 
triunfo,  volvió  Posada  a  Murcia  a  des- 
empeñar su  antigua  cátedra.  Poco  des- 
pués le  concedió  S.  M.  una  Prebenda  en 
la  Santa  Iglesia  de  Cuenca,  que  desem- 
peñó por  espacio  de  dos  años,  durante 
los  cuales  hizo  oposición  a  la  Canonjía 
Lectoral  de  Jaén,  de  la  que  desistió  por 
haber  vacado  otra  en  la  antedicha  Real 
Iglesia  de  San  Isidro,  a  la  que  nueva- 
mente se  opuso  con  igual  lucimiento 
que  la  vez  primera,  logrando  entonces 
obtener  nombramiento,  y  tomando  po- 
sesión de  dicha  plaza  el  día  3  de  noviem- 
bre de  1796.  Durante  su  permanencia  en 
este  destino,  fué  admitido,  merced  a  la 
fama  de  su  sabiduría  y  relevantes  méri- 
tos, en  varias  Academias  e  Institutos  de 
Beneficencia,  como  en  la  Academia  de 
Ciencias  Eclesiásticas  titulada  de  San 


152 


Isidro,  y  en  la  Asociación  del  Buen  Pas- 
tor, de  que  tuvo  el  honor  de  ser  uno  de 
sus  fundadores. 

Llegados  los  funestos  y  azarosos  días 
de  la  invasión  francesa,  Posada,  como 
igualmente  sus  compañeros,  sufrieron 
toda  clase  de  insultos  y  vejaciones  por 
su  fidelidad  a  la  legítima  causa  de  su 
Rey,  y  por  sus  constantes  negativas  en 
admitir  y  reconocer  la  autoridad  del 
monarca  intruso.  Privado  de  su  consig- 
nación, no  contando  más  que  con  sus 
propios  modestos  recursos,  y  precisado, 
como  sus  dignos  compañeros  de  desgra- 
cia, a  sostener  muchas  veces  con.su  es- 
caso peculio  la  decencia,  ya  que  no  el 
esplendor  del  culto  divino,  en  aquellos 
días  «que  hasta  las  luces  llegaron  a  fal- 
tar en  los  templos».  Posada  no  sintió 
tanto  aquellas  tribulaciones  por  su  per- 
sona, sino  más  bien  por  verse  en  la  im- 
posibilidad de  socorrer  a  tan  crecido 
número  de  infelices  que  todos  los  días 
acudían  en  demanda  de  auxilios  que  no 
podían  serle  suministrados.  Sin  embar- 
go de  aquella  generalmente  aflictiva  si- 
tuación, como  la  virtud  y  el  mérito  sue- 
len hallar  por  dondequiera  protección 
y  apoyo  de  amigos  y  admiradores.  Po- 
sada tuvo  relaciones  con  algunos  altos 
personajes  de  la  situación  dominante, 
de  los  que  se  valió  para  prestar  mil  be- 
neficios y  favores  a  sus  amigos  y  com- 
patriotas, trabajando  por  este  tiempo 
ahincadamente  y  poniendo  en  juego  to- 
dos los  recursos  de  que  podía  disponer 
para  que  no  desapareciese  el  Seminario 
Conciliar  de  San  Fulgencio,  teatro  de  su 
educación  científica,  que  estuvo  próxi- 
mo a  ser  suprimido  con  motivo  de  un 
expediente  que  se  formó  contra  el  Rec- 
tor y  otros  individuos  del  mismo,  a  cau- 
sa de  unas  conclusiones  en  él  sostenidas. 

Distinguióse,  en  fin,  grandemente, 
durante  su  permanencia  en  San  Isidro, 
por  su  elocuencia  en  el  pulpito,  que  ilus- 


tró en  varias  ocasiones,  y  cuando  termi- 
nada la  guerra,  Fernando  VII  iba  de 
nuevo  a  ocupar  el  usurpado  trono  de 
sus  mayores,  y  las  Cortes  del  reino  acor- 
daron conmemorar  dignamente  la  glo- 
riosa memoria  de  los  Mártires  del  Dos 
de  Mayo,  Posada  fué  encargado  de  pro- 
nunciar la  Oración  Fúnebre  en  las  so- 
lemnes honras  consagradas  a  aquellos 
esclarecidos  ciudadanos,  asesinados  ale- 
vosamente por  su  amor  a  la  religión,  al 
trono  y  a  la  patria;  oración  que,  por  mo- 
destia de  su  autor,  no  vio  nunca  la  luz 
pública. 

Ocurrida  en  1817  la  supresión  de  la 
Colegiata  de  San  Isidro,  fué  nombrado 
Abad  de  la  insigne  Colegial  exenta  de 
Villaf ranea  del  Vierzo,  que  sirvió  celosa 
y  paternalmente  por  el  espacio  de  dos 
años,  durante  los  cuales  colmó  de  bie- 
nes a  sus  encomendados,  visitando  to- 
das las  parroquias  de  la  Abadía,  con 
pasar  éstas  de  sesenta,  y  fundando  en 
muchas  de  ellas  establecimientos  y  es- 
cuelas de  instrucción  primaria  para  la 
educación  cristiana  y  provecho  de  los 
niños.  Habiendo  sobrevenido  los  suce- 
sos políticos  de  1820,  y  siendo,  en  virtud 
de  ellos,  suprimida  la  susodicha  Abadía, 
el  señor  Posada  fué  consultado  para  una 
plaza  que  se  hallaba  vacante  en  el  Con- 
sejo de  Estado.  Pero  S.  M.  agració  con 
ella  al  que  iba  propuesto  en  segundo  lu- 
gar, y  el  Ministerio,  entonces,  deseando 
utilizar  los  buenos  servicios  y  premiar 
el  mérito  de  su  patrocinado,  propúsolo 
para  la  Sede  vacante  de  Cartagena.  Pre- 
sentólo el  Rey  a  S.  S.,  y  el  Sumo  Pontí- 
fice, no  obstante  las  dificultades  que  por 
aquel  tiempo  había  para  el  nombramien- 
to de  otros  Prelados,  despachó  favora- 
blemente la  petición,  siendo  preconiza- 
do el  señor  Posada  el  día  24  de  septiem- 
bre de  1821. 

«Notable  júbilo  (añade  al  llegar  aquí  el 
señor  Béjar)  debió  llenar  en  aquella  oca- 


153  — 


sión  el  alma  del  virtuoso  sacerdote,  pues 
veía  cumplidos  tal  yez  sus  únicos  deseos, 
y  veía  con  harta  claridad  que  se  los  cum- 
plía la  mano  del  Omnipotente  por  una  de 
sus  inescrutables  y  justísimas  providen- 
cias. En  efecto,  iba  a  regir  la  Diócesis  en 
que  recibiera  la  educación  religiosa  y  don- 
de obtuvo  sus  primeros  y  gloriosos  triun- 
fos; para  que  la  satisfacción  fuese  más 
completa,  su  consagración  tuvo  lugar  en 
la  Iglesia  de  San  Isidro,  donde  tanto  tra- 
bajara, efectuándose  la  solemne  ceremo- 
nia el  día  3  de  febrero  de  1822,  domingo 
de  sexagésima.  Al  tomar  posesión  de  su 
Obispado  pensó,  ante  todas  cosas,  en  la 
rehabilitación  de  su  cuna  literaria,  el  Se- 
minario de  San  Fulgencio,  cuyo  aumento 
procuró  con  todo  el  afán  que  es  propio  de 
un  corazón  agradecido,  como  el  que  en  su 
pecho  se  albergaba.  Cumplido  este  sagra- 
do deber,  y  sin  que  descuidase  los  que  le 
imponía  su  elevado  ministerio,  dedicóse 
exclusivamente  al  fomento  de  la  Diócesis 
y  a  endulzar,  sobre  todo,  las  amarguras  de 
los  pobres,  no  llegando,  por  desgracia,  a 
hacer  todo  el  bien  que  su  caritativa  alma 
le  sugería;  pues  la  marcha  de  los  aconte- 
cimientos lanzó  sobre  él  un  cúmulo  de  dis- 
gustos y  penalidades.  Derrocado  el  sis- 
tema constitucional,  desencadenados  los 
odios  políticos  y  los  rencores  de  los  parti- 
dos, que  desgraciadamente  no  reflexionan 
ni  respetan  al  hombre  justo  que  cumple 
sus  deberes,  acatando  y  obedeciendo  al 
Gobierno  constituido,  el  Obispo  Posada, 
notado  de  ser  afecto  al  sistema  anterior,  y 
víctima,  sobre  todo,  de  la  ingratitud  de  un 
miserable  a  quien  amparara  y  protegiera, 
y  que  no  dudó  en  propalar  contra  él  las 
más  inicuas  calumnias,  fué  insultado,  per- 
seguido y  puesto  en  el  caso  de  no  poder 
ni  aun  presentarse  en  público  sin  verse 
hecho  blanco  de  los  más  infames  dicterios. 
En  este  apuro,  y  accediendo  a  los  ruegos 
del  Nuncio  de  Su  Santidad,  Mons.  Justi- 
niani,  determinó  pasar  a  Roma,  donde  por 
su  fama  era  conocido  y  estimado. > 

No  llegó,  sin  embargo,  a  la  Ciudad 
Eterna;  porque  habiendo  emprendido  su 
viaje  por  Francia,  tuvo  en  Aix  tan  be- 
névola y  favorable  acogida  por  parte 
del  clero  de  aquella  Iglesia  Metropoli- 
tana, que  se  vio  obligado  a  establecerse 


en  ella,  sirviéndola  por  espacio  de  algu- 
nos años,  supliendo  las  vacantes  que 
ocurrían  por  muerte  o  ausencia  de  sus 
Prelados,  y  llegando  en  cierta  ocasión 
a  prestarle  un  tan  señalado  y  gran  favor, 
como  el  de  evitarle  nada  menos  que  un 
rompimiento  con  Luis  Felipe  y  con  el 
mismo  Gregorio  XVI. 

Sobrevino  en  esto  la  muerte  de  Fer- 
nando VII  y  la  exaltación  de  doña  Isa- 
bel II  al  trono  de  España.  Comprendien- 
do, como  es  sabido,  la  Reina  Goberna- 
dora en  la  crítica  situación  en  que  se 
hallaba  colocada,  entre  la  guerra  civil, 
las  exigencias  de  los  partidos  y  las  la- 
mentables escisiones  del  clero,  que  el 
único  medio  de  salvación  era  rodearse 
de  los  varones  más  eminentes  por  su 
virtud  y  sabiduría,  así  en  el  orden  polí- 
tico como  en  el  religioso,  llamó  al  efec- 
to, entre  otros,  al  señor  Posada,  quien 
vuelto  a  España,  y  después  de  haber 
formado  parte  de  la  Comisión  de  Prela- 
dos establecida  en  Madrid  para  consul- 
tar a  Su  Santidad  acerca  de  las  necesi- 
dades de  la  Iglesia  Española,  al  insta- 
larse luego  las  Cortes  del  Reino,  fué 
nombrado  por  la  provincia  de  Murcia 
para  representarla  como  Procurador  en 
aquella  asamblea  nacional,  y  en  la  pri- 
mera de  sus  sesiones  celebrada,  por  el 
estamento  de  Procuradores  en  la  casa 
de  la  Villa,  tuvo  el  honor  de  ser,  por 
unanimidad,  aclamado  Presidente,  cuyo 
cargo  desempeñó  hasta  que  S.  M.  se 
dignó  elevarle  a  la  dignidad  de  Procer, 
como  más  tarde  a  la  de  Senador  del 
Reino  con  el  carácter  de  vitalicio.  Su 
virtud,  su  elevado  carácter  y  su  sabidu- 
ría, le  hicieron  ser  muy  estimado  de  su 
Reina  y  altamente  respetado  de  los  hom- 
bres más  eminentes  de  todas  las  opinio- 
nes y  de  todos  los  partidos.  Gozó,  pues, 
para  decirlo  de  una  vez,  de  un  aprecio 
universal;  y  esta  es  la  razón  por  la  que 
siempre  el  antiguo  seminarista  y  eximio 


154  — 


Obispo  de  Murcia,  fué  buscado  y  pro- 
puesto para  los  más  altos  destinos,  sea 
cual  fuere  la  situación  política  que  por 
entonces  dominase. 

«Vémosle,  por  tanto  (continúa  aquí  su 
referido  biógrafo),  en  16  de  setiembre 
de  1841  electo  Arzobispo  de  Valencia;  en 
7  de  Marzo  de  1843  presentado  para  la  pri- 
mada de  las  Españas,  y  últimamente,  en 
17  de  agosto  de  1847,  para  la  dignidad  de 
Patriarca  de  las  Indias,  elevado  cargo  al 
que  van  anejos  los  de  pro-capellán  y  li- 
mosnero mayor  de  S.  M.,  capellán  mayor, 
vicario  de  los  ejércitos  de  mar  y  tierra,  y 
gran  canciller  de  las  distinguidas  Ordenes 
de  Carlos  III  y  de  Isabel  la  Católica.  Fué 
preconizado  para  la  mencionada  dignidad 
en  17  de  diciembre  del  mismo  año  1847,  y 
cumplió  tantos  y  tan  diferentes  cargos  con 
todo  el  cuidado,  celo  y  esmero  que  reque- 
rían y  que  su  natural  deseo  de  hacer  bien 
le  aconsejaban.  En  los  cuatro  años  que 
trascurrieron  hasta  su  fallecimiento  des- 
empeñó varias  honrosas  comisiones  y  de- 
licados negocios,  siendo  uno  de  ellos  el 
arreglo  del  clero,  de  cuya  comisión  fué 
presidente,  y  en  la  que  hizo  muchos  y  muy 
importantes  trabajos.  Fué  también  fre- 
cuentemente consultado  para  la  redacción 
de  varios  artículos  principales  del  Concor- 
dato de  1851,  y  tuvo  el  consuelo  y  la  satis- 
facción de  ver  terminado  aquel  arduo  ne- 
gocio, que  arreglaba  de  una  vez  las  dife- 
rencias que  de  tiempo  atrás  separaban  a 
la  Iglesia  del  Estado.  Finalmente,  después 
de  haber  pasado  por  cuantas  vicisitudes 
prósperas  o  adversas  pueden  agitar  la  vida 
de  un  hombre  público,  después  de  presen- 
ciar las  continuas  revoluciones  que  en  cer- 
ca de  sesenta  años  agitaron  la  Europa  en- 
tera, y  después  de  haber  asistido  a  la  pros- 
cripción de  tres  Pontífices  distinguidos 
con  el  nombre  de  Pío,  a  las  tribulaciones 
amargas  y  al  triunfo  glorioso  de  la  Iglesia 
en  el  siglo  xix,  voló  al  seno  del  Señor... 
en  la  madrugada  del  día  22  de  noviembre 
de  1851,  siendo  su  cadáver  públicamente 
expuesto  por  orden  de  S.  M.  en  uno  de  los 
salones  de  su  Real  Palacio,  y  sepultado  al 
día  siguiente  en  el  panteón  de  la  Iglesia  de 
Nuestra  Señora  de  Montserrat.» 

Como  escritor,  el  señor  Posada  fué 
varón  instruidísimo,  distinguiéndose  en 


el  género  oratorio,  y  siendo  su  nota  más 
característica  su  no  común  destreza  en 
el  manejo  de  la  lengua.  Como  demues- 
tra en  su 

«Discurso  pronunciado  en  la  Real 
Iglesia  de  S.  Isidro  de  esta  Corte  por  el 
Dr.  D.  Antonio  de  Posada  Rubín  de 
Celis,  Canónigo  de  la  misma,  el  día  20 
de  noviembre  de  1803  en  el  aniversario 
de  los  Militares  Españoles.  (Escudito 
de  A.  R.)  Madrid.  En  la  Imprenta  Real. 
Año  de  1804. 

En8.°— XXXII-76págs.,más  unaal  final  de  erratas, 
sin  numerar— Signs.  i^)  B2-G2.— Portada.-V.  en  b. 
Acuerdo  del  Consejo  de  la  Guerra  para  imprimir  este 
libro. — Texto.— Notas.— Ocupan  éstas  un  número  casi 
tres  veces  mayor  de  páginas  que  el  texto,  y  están  llenas 
de  una  verdaderamente  prodigiosa  erudición. 

No  queremos,  a  pesar  de  todo  lo  di- 
cho, pasar  en  silencio  que  al  señor  Po- 
sada, durante  el  primer  período  de  su 
vida,  lo  tuvieron  por  suyo  los  secuaces 
del  jansenismo,  dando  lugar  a  esta  opi- 
nión su  concurrencia  a  la  tertulia  de  la 
Condesa  del  Montijo,  doña  María  Fran- 
cisca Portocarrero,  que,  según  el  señor 
Menéndez  Pelayo,  era  llamada  «Conci- 
liábulo de  Jansenistas»,  Esto  pasaba 
siendo  el  señor  Posada  Canónigo  de  San 
Isidro;  pero  después  puede  afirmarse 
que  nada  se  halló  en  él  contrario  a  las 
ideas  puras  y  verdaderamente  católicas. 

Pozo  (Fr.  Alonso  del). 

Fué  este  Religioso  Franciscano  natu- 
ral de  la  villa  de  Manzanares,  y  se  crió 
en  la  de  Alcázar  de  San  Juan,  de  donde 
eran  naturales  y  adonde  pronto  volvie- 
ron a  residir  sus  padres,  que  lo  fueron 
Alfonso  del  Pozo  Batanero  y  María  Ló- 
pez Romero.  Nació  el  27  de  enero  de 
1677,  y  tomó  el  hábito  de  la  Regular 
Observancia  el  12  de  julio  de  1693,  en  el 
Convento  de  la  ciudad  de  Cuenca.  Hi- 
ciéronle  luego  Lector  de  Filosofía,  cuya 
cátedra  desempeñó  en  el  Convento  de 
la  ciudad  de  Lorca;  y  habiéndola  finali- 


155  — 


zado  el  año  de  1710,  pasó  en  el  siguiente 
a  leer  la  Teología  en  el  Real  de  la  ciudad 
de  Murcia,  por  el  espacio  no  interrum- 
pido de  doce  años,  con  singular  aplauso 
y  provecho  de  sus  discípulos,  que  le 
miraron  siempre  como  a  uno  de  los  me- 
jores teólogos  de  toda  la  Provincia  de 
Cartagena,  Fué  también  Guardián  del 
mismo  convento  de  Murcia;  y  en  1726 
pusiéronlo  por  Rector  del  insigne  Cole- 
gio de  la  Purísima  Concepción  de  dicha 
ciudad,  siendo  después  nombrado  Defi- 
nidor de  su  provincia,  Ministro  Provin- 
cial de  la  misma,  y  últimamente  Califi- 
cador del  Santo  Oficio  en  la  referida 
ciudad  de  Murcia,  donde  residió  siem- 
pre hasta  su  muerte,  ocurrida  el  día  9  de 
octubre  de  1735,  hallándose  morador 
del  citado  Colegio  de  la  Inmaculada 
Concepción,  donde,  por  disposición 
suya,  fué  sepultado  en  el  aula  de  Teolo- 
gía. Escribió,  conforme  al  testimonio 
del  autor  de  la  Biblioteca  Franciscana: 

1.°  cConcionem  de  Immaculata  Vir- 
ginis  Conceptione».  Murciae,  apud  Jo- 
sephum  Díaz.  Anno  1720.  4.° 

2.°  «Orationem  funebrem  in  Exe- 
quiis  Delphini  Galliae».  Murciae,  Typis 
Josephi  Llofrui.  1711.  4.'' 

Prado  (Fr.  Juan  Antonio  de). 

Religioso  Minorita,  natural  de  Campo 
Criptana,  e  hijo  de  Agustín  López  de 
Prado  y  de  Ana  Xuárez.  Vistió  el  sayal 
seráfico  en  el  Convento  de  la  ciudad 
de  Cuenca,  en  1690,  siendo  aún  muy 
joven;  y  en  1707  lo  hallamos  ya  desem- 
peñando el  cargo  de  Lector  de  Filosofía 
en  el  Convento  de  Cartagena.  Tuvo  des- 


pués diversos  empleos  dentro  de  su  Or- 
den, los  cuales  desempeñó  en  distintos 
lugares  de  su  Provincia  Observante, 
siendo  uno  de  ellos  el  de  Guardián  del 
Convento  de  San  Francisco,  de  la  ciudad 
de  Murcia,  que  ejerció  desde  1730  en 
adelante.  Murió,  al  fin,  en  la  referida 
Casa,  el  día  10  de  enero  de  1747. 

Tráelo  el  P.  Ortega  como  autor  de  un 
«Sermón  impreso  (Cuenca,  1734?)  que 
predicó  en  la  Ciudad  de  Cuenca,  el  año 
1734,  en  Honras  del  Exano.  Señor  Du- 
que de  Adrantes,  Patriarca  de  las  In- 
dias, y  Obispo  que  havía  sido  de  aquel 
Obispado». 

He  aquí  su  descripción  bibliográfica: 

«Zelo  de  Dios,  y  Amor  al  Próximo  del 
Excmo.  Señor  D.Juan  de  Alencastre  No- 
roña  Saude  y  Sylva,  Duque  de  Abrahan- 
tes,  y  de  Linares,  Dignissimo  Obispo  de 
Cuenca,  Patriarcha  de  las  Indias,  que  des- 
cansa en  paz.  Explicado  en  esta  Oración 
Fúnebre,  que  en  las  Exequias,  que  cele- 
bró su  Santa  Iglesia  Cathedral  el  día  14  de 
enero  de  este  presente  año  de  1734,  Dixo  el 
R.  P.  Fr,  Juan  Antonio  de  Prado,  Lector  Ju- 
bilado, Calificador  del  Santo  Oficio,  Exami- 
nador Synodal  de  este  Obispado,  Ex-Comi- 
sario  Provincial,  y  actual  Difinidor  de  esta 
Provincia  de  Cartagena  de  la  Regular  Ob- 
servancia de  Nuestro  Padre  San  Francis- 
co. Dedicada  al  Ilustrissimo  Señor  Don  Isi- 
dro Carbajal  Alencastre  Noroña  Saude  y 
Sylva,  Colegial  Mayor  del  de  San  Bartho- 
lomé  de  Salamanca,  Canónigo  de  esta  San- 
ta Iglesia,  Obispo  electo  de  Barcelona,  y 
Sobrino  del  dicho  Señor  Excmo,  (Sin  mem- 
brete de  Imprenta.)* 

En  4.°— 28  págs.,  más  11  hojas  de  prelims.  sin  nume- 
rar.—Signs.  (^!^)  A-D2.— J'ortada.— V.  en  b.— Dedicato- 
ria.—Aprobación  del  Dr.  D.  José  Duro  del  Saz. -Otra 
del  P.  Fr.  Antonio  Capistrano  Risso.— Licencia  del  Pro- 
visor, en  Cuenca,  12  de  febrero  de  1734.— Texto,- Pro- 
testa del  autor. 


R 


Rafelbuñol  (Fr.  José  de). 

Natural  del  lugar  de  su  apellido,  don- 
de nació  por  los  años  de  1728,  de  muy 
honrados  y  cristianos  padres,  que  lo 
fueron  José  Aparici  y  Rosaura  Cabota. 
Vistió  el  sayal  seráfico  de  Menores  Ca- 
puchinos en  9  de  mayo  de  1743:  después 
de  curs.ados  sus  estudios  mayores,  fué 
Lector  de  Teología;  pero  era  tal  su  reli- 
giosidad de  espíritu,  que  casi  toda  su 
vida  la  pasó  en  ser  maestro  de  novicios: 
de  este  empleo  le  sacó  la  obediencia 
para  Ministro  Provincial,  pero  concluí- 
do  este  cargo,  volvió  a  su  antiguo  ejer- 
cicio, que  desempeñó  hasta  su  muerte, 
acaecida  en  el  Convento  de  la  Magdale- 
na en  1809,  habiendo  sido  morador  por 
muchos  (desde  1765  a  1787  por  lo  menos) 
en  el  Convento  de  Capuchinos  de  la  ciu- 
dad de  Murcia.  Escribió: 

1.°  «Corona  de  María  Santísima,  con 
el  nombre  de  Pastora  de  las  almas».— 
Murcia,  1765. 

2.°  «Afectos  devotos  para  mover  a 
la  devoción  del  Santo  Viacrucis».— Mur- 
cia, 1787. 

3°  «Instrucción  sencilla  y  práctica 
de  un  novicio  capuchino,  para  que  en  el 
camino  espiritual  haga  con  seguridad  y 
suavidad  las  jornadas  de  la  perfección.— 
Valencia,  por  José  y  Tomás  de  Orga, 
1783  y  1795.  En  8.° 
Véase  Rafelbuñol  en  nuestro  si- 


guiente   Catálogo   de  Impresos  en 
Murcia. 

Reinoso  de  AlmazAn  (Fr.  Alonso). 

Padre  Franciscano  de  la  Provincia  de 
Cartagena,  natural  de  la  Solana,  en  la 
Mancha,  y  domiciliado,  no  escaso  tiem- 
po, en  el  Real  Convento  de  San  Fran- 
cisco de  Murcia,  donde  tuvo  a  su  cargo 
el  desempeño  de  las  aulas  de  Teología 
sagrada.  Fué  también  Lector  de  Filoso- 
fía, Calificador  del  Santo  Oficio,  y  Defi- 
nidor de  su  Provincia  observante,  me- 
reciendo por  sus  buenas  disposiciones 
para  el  pulpito,  el  ser  nombrado  Predi- 
cador de  la  Corte;  cargo  que,  según  pa- 
rece, hubo  de  desempeñar  en  los  pos- 
treros años  de  su  vida  «con  universal 
satisfacción  y  crédito  correspondiente  a 
su  gran  fama». 

Dejó  publicados,  que  sepamos,  los 
siguientes  sermones. 

1.°  «Sermón  de  Santo  Tomás  de  Vi- 
llanueva,  que  predicó  el  M.  R.  P.  Fray 
Alonso  Reinoso  de  Almazán,  Colegial 
Mayor...  en  el  Colegio  de  S.  Pedro  y  S. 
Pablo  de  Alcalá  de  Henares,  Lector  de 
Filosofía  y  Theología...  etc.»  Alcalá  de 
Henares,  1666.  En  4.° 

2.°    «Sermón  de  la  Purissima  Con- 
cepción de  Nra.  Señora».  Murcia,  1670. 
3.°    «Sermón  de  la  Santissima  Trini- 
dad.»  Que  el  autor  de  la  Bibliotheca 
Vniversa  Franciscana,  Fr.  Juan  de  San 


-  157  - 


Antonio  cita  (en  latín)  con  el  siguiente 
título:  «Panegírico  de  la  Santissima  Tri- 
nidad, predicado  en  el  Capítulo  General 
de  Franciscanos  celebrado  en  Vallado- 
lid,  año  de  1670.»  Cuenca,  1671.  En  4° 

Rodenas  (Don  Tomás). 

Sacerdote,  Doctor  en  Sagrada  Teolo- 
gía, natural  de  la  villa  de  Ayora  y  resi- 
dente, durante  algún  tiempo,  en  Murcia, 
donde  ejerció  el  cargo  de  Comisario  del 
Tribunal  de  la  Santa  Inquisición.  Fué 
después  catedrático  de  Retórica  en  la 
Universidad  de  Valencia,  y  dio  en  el 
ejercicio  de  este  cargo  señaladas  mues- 
tras de  su  mucho  estudio  y  laboriosi- 
dad. Murió  en  dicha  ciudad,  a  la  edad 
de  ochenta  y  un  años,  y  en  el  de  1737. 
Escribió: 

1.°  cPanegyris  Rhetorica  soluto,  et 
ligato  stilo  omnifariam  illustrata.  In 
laudem  Florentissimae  Scholae  Valen- 
tinae  Dialogi  adinstar.»  Valentiae,  apud 
Antonium  Valle,  1721.  En  4.° 

2.°  «Diálogo  alegórico  a  la  Santissi- 
ma Trinidad,  por  los  tres  atributos  di- 
vinos de  la  omnipotencia,  sabiduría  y 
bondad.» 

Manuscrito  que  vio  Jimeno  en  poder 
de  un  discípulo  suyo,  y  que,  según  se 
nos  dice,  escribió  su  autor  hallándose 
en  Murcia. 

Rodríguez  Montero  (Fr.  Juan). 

Padre  Minorita,  natural  de  Alcázar  de 
San  Juan,  donde  nació  a  mediados  del 
siglo  xvn.  Fué  Lector  de  Filosofía  y 
Teología  en  el  convento  de  San  Fran- 
cisco, de  la  ciudad  de  Cartagena,  Exa- 
minador de  la  Cámara  Apostólica  de  la 
Nunciatura  de  España,  y  Sinodal,  lue- 
go, del  Arzobispado  de  Toledo.  Murió 
en  el  convento  de  Huete  por  los  años 
de  1690. 

Dejó  escritos,  según  el  P.  Ortega,  tun 


Sermón  de  Honrras  de  la  Sra.  Marque- 
sa de  ¿os  Veles,  predicado  en  la  ciudad 
de  Huete  e  impreso  en  Madrid  en  1686; 
y  un  Memorial  (Ms.)  sobre  Varones  ilus- 
tres de  la  Provincia  de  Cartagena,  com- 
puesto en  idioma  latino.» 

Rojas  Borja  (limo.  Sr.  D.  Francisco  de). 

En  realidad,  los  dos  primeros  apelli- 
dos de  este  insigne  Arzobispo,  Obispo 
de  Cartagena,  fueron  los  de  Rojas  y  Ar- 
tes, y  así  le  llamaron  don  Hipólito  de 
Samper  y  don  Juan  Tamayo  en  su  Mar- 
tirologio Hispánico,  siendo  Gimeno  el 
primero  que  le  llamó  Rojas  Borja,  por 
haberse  así  firmado  siempre  nuestro  don 
Francisco,  siguiendo  el  uso  de  su  padre, 
y  al  que  nos  atenemos. 

Nació  en  la  ciudad  de  Valencia,  año 
de  1604,  de  la  clara  estirpe  de  los  Mar- 
queses de  Poza,  y  de  nobilísimos  pa- 
dres, que  lo  fueron  don  Juan  de  Rojas 
Borja  y  doña  Teodora  Artes  de  Alba- 
nell.  Dotado  de  felices  disposiciones 
para  los  estudios,  pasó  a  cursar  los  de 
Jurisprudencia  y  Cánones  a  Salamanca, 
entrando  de  Colegial  en  el  del  Arzobis- 
po; y  hallábase  todavía  en  el  Colegio 
cuando  recibió  el  nombramiento  de 
Auditor  de  la  Rota  por  los  reinos  de  la 
Corona  de  Aragón,  en  desempeño  de 
cuyo  destino  residió  en  Roma  unos  vein- 
te años,  dedicado  siempre  a  las  funcio- 
nes propias  de  su  cargo,  siendo  agracia- 
do, entretanto,  con  algunos  Beneficios 
eclesiásticos,  un  Canonicato  y,  última- 
mente, con  el  Arcedianato  mayor  de  la 
Iglesia  de  Valencia.  Pasado  dicho  tiem- 
po, y  de  regreso  a  España,  quiso  Feli- 
pe IV,  a  la  vez  que  recompensar  sus 
buenos  servicios,  aprovecharse  de  sus 
conocimientos  en  bien  de  sus  subditos, 
y  al  efecto  honróle  promoviéndole,  en  8 
de  enero  de  1653,  a  la  silla  arzobispal  de 
Tarragona,  cuyo  quebrantado  gobierno, 
que,  por  las  costumbres  del  clero,  falta 


158  - 


de  moralidad  en  el  pueblo  y  descuido 
en  el  divino  culto,  venía  experimentan- 
do ciertos  descalabros,  restableció  in- 
mediatamente el  nuevo  Arzobispo,  re- 
uniendo para  ello  dos  Sínodos  provincia- 
les, uno  en  el  mismo  año  de  su  ingreso 
y  otro  en  el  de  1659,  con  cuyas  pruden- 
tes y  oportunas  disposiciones  consiguió 
atajar  los  males  que  iban  contaminan- 
do a  aquella  Iglesia.  Trascurridos  diez 
años,  y  habiéndose  estimado  ser  nece- 
saria su  relevante  prudencia  para  el  go- 
bierno de  otras  diócesis,  fué  trasladado 
a  la  de  Ávila,  en  abril  de  1663,  con  re- 
tención del  título  de  Arzobispo,  y  desde 
ésta,  a  la  de  Cartagena  y  Murcia,  donde 
permaneció  desde  1672,  en  que  sucedió 
al  limo.  Sr.  Don  Mateo  de  Sagade  y  Bo- 
geiro,  hasta  1684,  en  que  bajó  al  sepul- 
cro, día  17  de  julio;  habiendo  hecho  sen- 
tir durante  todo  este  tiempo,  y  a  cada 
instante  en  todo  el  Obispado,  la  saluda- 
ble influencia  de  su  recta  administra- 
ción. 

Una  de  las  obras  debidas  a  su  piedad 
insigne  fué  el  Convento  de  Agustinas 
Descalzas  de  la  ciudad  de  Murcia,  que 
si  no  fundó,  reedificólo  todo,  haciendo 
construir  a  sus  expensas,  además  de  la 
Capilla  mayor  de  aquella  Iglesia,  de 
que  era  patrono,  todas  las  celdas  y  lo- 
cutorios del  Monasterio,  por  lo  que,  sin 
duda,  hubo  de  elegirlo  para  tumba  de 
sus  venerables  restos,  que,  efectivamen- 
te, yacen  sepultados  bajo  las  losas  de 
dicha  Capilla. 

Dejó  escrito  el  siguiente  libro,  que  fué 
impreso,  según  don  Nicolás  Antonio,  a 
expensas  del  Doctor  José  Bileta,  Cate- 
drático de  Jurisprudencia  en  la  Univer- 
sidad de  Barcelona,  a  saber: 

«Decisiones  Sacrae  Rotae».  Lugduni, 
apud  Joann.  Ant.  Huguetam,  et  M.  Ant. 
Ranaud,  1662.  En.fol. 


Rojas  y  Contreras  (limo.  Sr.  Don  Die- 
go de). 

Natural  de  Jaén;  hijo  de  los  nobilísi- 
mos padres  don  Diego  de  Rojas  Ortega 
y  doña  María  Contreras,  Marquesa  de 
Villa-Nueva  de  Duero.  Fué  Colegial 
Mayor  en  el  de  Cuenca,  del  Hábito  de 
Calatrava,  como  su  padre  y  sus  cuatro 
hermanos  don  Pedro,  don  José,  don 
Bernardo  y  don  Antonio  de  Rojas  y 
Contreras;  Catedrático  de  Decretales 
Mayores  de  la  Real  Universidad  de  Sa- 
lamanca; Juez  Metropolitano  del  Arzo- 
bispado de  Santiago;  Fiscal  y  Oidor  de 
Valladolid;  Obispo  de  Calahorra;  Go- 
bernador del  Supremo  Consejo  de  Cas- 
tilla, y  últimamente  Obispo  de  Cartage- 
na, cuya  sede  gobernó  desde  el  13  de 
abril  de  1753,  en  que  hizo  su  solemne 
entrada  en  Murcia  y  prestó  el  acostum- 
brado juramento  en  la  Puerta  del  Per- 
dón de  su  templo  Catedral,  hasta  el  10 
de  noviembre  de  1772,  en  que  le  alcanzó 
la  muerte,  siendo  enterrado  en  la  Igle- 
sia de  Madres  Capuchinas  de  dicha 
ciudad. 

Los  beneficios  que  dispensó  a  la  mis- 
ma, y  a  que  ésta  corresponde,  contán- 
dole por  uno  de  sus  más  distinguidos 
Prelados,  fueron  considerables  y  de 
gran  importancia.  En  primer  lugar,  él 
fué  quien  construyó  a  sus  expensas  casi 
todo  el  magnífico  palacio  nuevo  episco- 
pal, de  que  tanto  Murcia  se  envanece, 
adornándole  de  rico  mobiliario  y  pre- 
ciosas alhajas,  mereciendo  entre  ellas 
particular  mención  la  colección  de  re- 
tratos al  óleo  de  señores  Obispos  de 
Cartagena  sus  antecesores,  que  él  mis- 
mo mandó  copiar  de  los  pintados  en  las 
paredes  del  salón  principal  del  palacio 
viejo;  él  quien  fundó  y  estableció  en  el 
mismo  suntuoso  edificio,  una  Biblioteca 
pública,  que  hasta  hoy  subsiste,  dotán- 
dola hasta  de  siete  mil  y  pico  de  volú- 
menes, muchos  de  ellos  de  estimable 


-  159  - 


rareza  y  preciosidad;  él  quien  erigió  el 
Real  Colegio  de  Teólogos  Operarios  de 
San  Isidoro,  laboratorio,  después,  de 
muchos  ilustres  ingenios,  y  que  hoy  (no 
sabemos  con  qué  título)  posee  el  Insti- 
tuto Provincial;  él  quien  hizo  de  su 
Iglesia  y  Cabildo,  un  verdadero  Cabil- 
do e  Iglesia  Catedral,  aumentando  sus 
canonjías,  beneficios  y  dignidades,  y 
obteniendo  para  ello  Reales  Despachos 
y  Bulas  Pontificias;  él  uno  de  los  que 
más  protegieron  las  letras  y  a  sus  culti- 
vadores, estimulándoles  a  las  tareas  in- 
telectuales, y  sirviendo  de  Mecenas  a 
muchos  literatos  murcianos  de  su  tiem- 
po, entre  los  cuales,  por  ejemplo,  pode- 
mos citar  al  diligente  cartagenero  Fray 
Leandro  Soler,  a  quien  favoreció  con  su 
amistad,  y  cuya  obra  de  «Cartagena 
Ilustrada»,  o,  por  lo  menos,  gran  parte 
de  ella,  escribió  por  su  especial  encargo: 
él,  pues,  quien  procuró  el  adelanto  de  la 
enseñanza  e  ilustración  pública;  y  él,  en 
fin,  quien,  por  tal  medio,  y  con  lo  que, 
en  el  mismo  sentido,  tenía  trabajado  el 
inmortal  Belluga,  preparó  el  camino  a 
su  dignísimo  sucesor  don  Manuel  Rubín 
de  Celis,  para  la  consecución  de  una 
prosperidad  intelectual  completa  en 
toda  la  Diócesis. 

A  su  iniciativa,  también,  y  por  su 
mandado,  se  debe  la  publicación  de  las 
Constituciones  de  los  Obispos  don  Die- 
go de  Comontes  y  don  Nicolás  de  Agui- 
lar,  con  otros  documentos  e  interesan- 
tes papeles  referentes  a  la  Iglesia  de 
Cartagena;  documentos  que  se  hallan 
en  dos  curiosísimos  tomos,  cuyas  por- 
tadas y  demás  circunstancias  bibliográ- 
ficas son  del  tenor  siguiente:  «Diferen- 
tes Instrumentos,  Bulas,  y  otros  docu- 
mentos pertenecientes  a  la  Dignidad 
Episcopal  y  Sta.  Iglesia  de  Carthagena, 
y  a  todo  su  Obispado,  Impressos  de 
orden  del  Ilustrissimo  Señor  Don  Diego 
de  Roxas  y  Contreras,  Obispo  de  Car- 


thagena, Cavallero  del  Orden  de  Cala- 
trava,  del  Consejo  de  su  Magestad,  y  su 
Governador  en  el  Real  de  Castilla:  Para 
la  noticia,  y  instrucción  de  sus  Succes- 
sores,  sus  Provisores,  y  Vicarios  Gene- 
rales, y  de  los  Señores  Deán,  Dignida- 
des, Canónigos  y  Prebendados  de  dicha 
Santa  Iglesia,  y  demás  Iglesias  de  su 
Obispado,  a  quienes  pertenezca  su  con- 
tenido». Parte  Primera.— Con  las  Licen- 
cias necessarias:  En  Madrid:  En  la  Ofi- 
cina de  Don  Gabriel  Ramírez,  Criado  de 
la  Reyna  Viuda  nuestra  Señora,  Calle 
de  Atocha,  frente  de  la  Trinidad  Calza- 
da. Año  de  1756. 

En  fol.—  129  hojas,  más  una  de  Tabla  al  principio,  sin 
numerar.— Signs.  A-Ttt.— Portada.— V.  en  b. — Tabla  de 
lo  contenido  en  este  volumen. — Texto. 

Contiene: 

Constituciones  y  Fundamento  de  la 
Santa  Iglesia  de  Carthagena,  hechas  por 
el  limo.  Señor  D.  Nicolás  de  Aguilar, 
Obispo  de  ella,  año  del  Señor  de  1366. 
(fols.  1  al  7). 

Fundamento  de  la  Santa  Iglesia,  y  de 
toda  la  Dioecesi  de  Carthagena,  escrito 
y  ordenado  por  el  limo.  Señor  Don  Die- 
go de  Comontes,  Obispo  que  fué  de  di- 
cha Dioecesi.  (fols.  7  al  59.) 

Erectio  Episcopatus  Oriolensis  ex 
parte  Territorii  Dioecesis  Carthaginen- 
sis,  y  una  Bula  del  Papa  Pío  IV.  Año  de 
1564.  (fols.  59  al  64.) 

ídem  otra  del  mismo  Papa,  y  del 
mismo  año,  expedida  a  este  fin.  (fols. 
64  a  75.) 

Otra  de  Gregorio  XIII.  (fols.  75  a  81). 

Copia,  bien  y  finalmente  sacada,  de 
otra  que  se  sacó  de  los  autos  originales, 
que  se  principiaron  el  año  de  1592,  por 
el  limo.  Señor  Don  Sancho  Dávila  y 
Toledo,  Obispo  que  fué  de  Carthagena, 
para  la  Fundación  y  Erección  del  Cole- 
gio Seminario  del  Señor  San  Fulgen- 
cio de  esta  Ciudad  de  Murcia,  (fols.  81 
a  116.) 

Una  Bula  del  Papa  Gregorio  XVI  so- 


-  160  - 


bre  Aprobación  y  Confirmación  de  cier- 
ta Concordia  entre  el  Obispo  Fr.  Don 
Antonio  Trejo,  y  el  Deán  y  Cabildo  de 
la  Santa  Iglesia  de  Carthagena  en  assun- 
to  de  Adjuntos,  Visita,  y  Edictos  para 
ella.  (fols.  116  a  121.) 

Auto  del  Provisor  de  Carthagena,  so- 
bre la  Canonjía  Preceptoria,  unida  al 
Seminario  de  San  Fulgencio,  por  los 
Autos  de  Erección  de  dicho  Seminario; 
y  que  antes  pertenecía  por  el  Funda- 
mento de  la  Iglesia  a  la  Dignidad  de 
Maestre-Escuela,  para  costear  la  ense- 
ñanza pública,  (fols.  121  a  122.) 

Privilegio  del  Señor  Rey  Don  Alon- 
so, en  que  concede  los  Donadíos  al 
Obispo,  y  Iglesia  de  Carthagena.  (fols. 
122  a  123.) 

Instrumento  del  nuevo  Estado,  que  se 
dio  a  la  Comunidad  de  Capellanes  Ce- 
lebrantes de  la  Santa  Iglesia  Cathedral 
de  Carthagena,  año  de  1548,  por  el  Se- 
ñor D.  Lope  de  Rivas,  Obispo  que  fué 
de  dicha  Diócesis...  etc.  (fols.  123  al  129 
inclusive.) 

—  «Nuevo  Establecimiento,  o  Funda- 
mento de  la  Santa  Iglesia  Cathedral  de 
Cartagena,  o  Instrumento  de  División, 
Erección,  y  Aumento  de  Dignidades, 
Canonjías,  Raciones  y  Medias  Racio- 
nes, y  distribución  de  semanas  para  la 
celebración  de  los  Divinos  Oficios:  Dis- 
puesto y  Ordenado  en  el  año  de  1756» 
por  el  Ilustrissimo  Señor  Don  Diego  de 
Rojas  y  Contreras,  Cavallero  del  Orden 
de  Calatrava,  del  Consejo  de  S.  M.  y  su 
Governador  en  el  Real,  y  Supremo  de 
Castilla,  y  Obispo  de  dicha  Santa  Igle- 
sia, y  Obispado:  Con  previo  consenti- 
miento del  Señor  Rey  Don  Fernando 
Sexto  (que  santa  Gloria  haya)  dado  en 
el  año  de  1754,  y  con  posterior  aproba- 
ción del  Señor  Rey  Don  Carlos  Tercero 
(que  Dios  guarde  muchos  años)  en  el 
de  1760.  Y  confirmado  por  Bula  Apostó- 
lica, obtenida  a  solicitud  de  dicho  Señor 


Rey  D.  Carlos  Tercero,  de  la  Santidad 
del  Señor  Clemente  XIII,  felizmente 
Reynantes,  en  el  citado  año:  A  que  se 
sigue  otro  Breve  del  mismo  Señor  Cle- 
mente XIII,  obtenido  a  instancia  del 
mismo  Señor  Rey,  para  suprimir  las 
tres  Medias  Raciones  nuevamente  au- 
mentadas, y  concordar  los  Pleytos,  que 
en  dicho  Instrumento  de  División,  y 
Bula  de  su  Confirmación  quedaron 
pendientes,  sobre  paga  de  salarios  de 
Músicos,  nominación  de  éstos,  y  de 
Sochantres,  y  sobrantes  de  la  Preben- 
da Preceptoria  unida  perpetuamente  al 
Seminario  del  Señor  S.  Fulgencio.— 
Con  las  Licencias  necessarias.  En  Ma- 
drid, en  la  Oficina  de  Antonio  Sanz, 
Impressor  del  Rey  N.  S.  y  su  Consejo. 
Año  1761. 

En  fol.— 49  hojas  y  una  más  al  fin  con  foliación  equi- 
vocada.-Signs.  A-N2.— Portada.— V.  en  b.— Texto. 

Contiene  lo  mismo  que  se  expresa  en 
la  portada,  y  le  sigue  inmediatamente, 
con  foliación  distinta,  un  Edicto  o  Carta 
Pastoral  que  empieza: 

Nos  Don  Diego  de  Rojas  y  Contreras, 
Cavallero  de  la  Orden  de  Calatrava, 
por  la  Gracia  de  Dios,  y  de  la  Santa 
Sede  Apostólica,  Obispo  de  Cartagena, 
del  Consejo  de  S.  M.  Governador  en  el 
Real,  y  Supremo  de  Castilla:  otrosí  Juez 
Executor,  por  derecho,  de  todas  las 
Bulas,  y  Breves  Apostólicos,  en  nuestro 
Obispado  de  Cartagena:  — A  nuestro 
Provisor,  y  Vicario  General  del  referi- 
do nuestro  Obispado:  Hacemos  saber, 
que  el  Señor  Rey  Don  Fernando  el 
Sexto...  etc.  (Y concluye):  Dada  en  Ma- 
drid en  las  Casas  de  nuestra  habitación 
a  veinte  y  quatro  días  del  mes  de  No- 
viembre de  mil  setecientos  y  sesen- 
ta y  uno. 

En  fol.— 4  hojas.— Slgns.  A-A3. 

Es  carta  que  tiene  por  objeto  la  expo- 
sición de  los  motivos  que  le  indujeron 
a  formar  el  antedicho  Nuevo  Establecí- 


-  Í6l  - 


miento  o  Fundamento  de  la  Iglesia  de 


Cartagena. 


Romeo  (Fr.  Jorge). 

Predicador  general  de  número  de  la 
provincia  Franciscana  de  la  Regular 
observancia  de  Aragón,  y  Maestro  de 
Novicios,  según  Latassa.  Su  genio  dulce 
y  nada  austero  lo  inclinó  también  al  es- 
tudio de  la  música  y  fué  diestro  orga- 
nista. El  Marqués  de  los  Vélez,  don 
Pedro  Fajardo,  virrey  a  la  sazón  de 
Sicilia,  le  nombró  después  su  Confesor, 
y  con  este  motivo  viajó  por  Italia,  y 
residió  algún  tiempo  en  aquel  citado 
reino. 

No  se  nos  dice  de  dónde  fué  natural; 
pero  por  el  cronista  Franciscano  Fray 
Félix  Valles,  citado  por  Latassa,  sabe- 
mos que  residió  también  algún  tiempo 
en  la  provincia  de  Murcia  y  que  murió 
en  la  villa  de  Muía,  sin  decirnos  el  año. 

A  su  fallecimiento,  según  el  mismo 
Latassa,  se  le  imprimieron  unos: 

«Sermones  Fúnebres  en  las  repetidas 
exequias  celebradas  por  el  Excmo.  Se- 
ñor Marqués  de  los  Vélez,  Virrey  de 
Sicilia >.-Palermo.  1647.  En  4.° 

Es,  pues,  de  creer  muriese  por  los 
años  de  1645  a  1646. 

Romero  (Fr.  Lorenzo). 

Padre  Franciscano  de  la  Provincia  de 
Cartagena.  No  tenemos  más  noticias 
acerca  de  su  vida,  sino  que  fué  natural 
de  la  villa  de  la  Solana,  hijo  de  Lorente 
Romero  y  de  María  Mateos;  que  vistió 
el  hábito  y  profesó  en  la  Orden  en  el 
convento  de  Caravaca,  año  de  1606;  y 
que  debió  residir,  durante  largos  años, 
en  muchos  del  reino  de  Murcia,  según 
lo  hace  pensar  fundadamente  la  segun- 
da de  las  tres  siguientes  obras  que  com-  \ 
puso  y  dejó  a  su  muerte  inéditas.  Tráen- 
las  los  doctos  PP.  Juan  de  San  Antonio 


y  Ortega  en  sus  respectivas  y  tantas  Ve- 
ces citadas  producciones,  y  son: 

L^  «De  Annalibus  mundi  et  Eccle- 
siae».  VIII  vol.  in  fol.; 

«en  los  cuales  (dice  el  primero  de  dichos 
autores)  trátase  abundantemente  de  las 
predicaciones  en  España  de  Santiago,  San 
Pedro  y  San  Pablo,  de  la  vida  y  hechos  de 
San  Eugenio,  Arzobispo  de  Toledo,  y  de 
otras  cosas  dignas  de  ser  tenidas  en  me- 
moria por  los  españoles.» 

«Obra  (añade  el  segundo)  de  bastante 
erudición,  en  estilo  llano;  pero  a  la  verdad 
escrita  con  poca  o  ninguna  crítica;  pues 
se  vale  y  mezcla,  entre  muchos  autores 
verídicos  y  acreditados,  los  Chronicones 
de  Flavio  Dextro,  Marco  Máximo,  el  Abad 
Auberto  y  los  demás... 

» Consérvase  (concluye  el  citado  biblió- 
grafo) en  el  Convento  de  Santa  Ana  de  la 
ciudad  de  Orihuela.» 

2.^  «Descripciones  de  algunos  Con- 
ventos de  esta  Provincia  (la  de  Cartage- 
na) con  las  cosas  más  gloriosas  de  cada 
uno>. 

Cítala  así  el  segundo  de  los  referidos 
cronistas,  aseverándonos  fué  compues- 
ta por  los  años  de  1646  a  1647,  y  que  de 
dichas  Descripciones,  sólo  pudo  haber 
a  las  manos  las  de  los  Conventos  de 
Cartagena,  Orihuela,  Santa  Catalina  del 
Monte,  Alcaraz,  Moratalla,  Muía  y  Vé- 
lez el  Blanco;  «las  que  están  en  folio,  y 
algunos  alcanzan  a  quarenta...,  mere- 
ciendo crédito  y  fe>. 

3.^  «Descripción  de  la  Ciudad  de 
Cartagena». 

Cítala  así  también  el  referido  cronis- 
ta, diciéndonos  haberse  escrito  por  los 
años  de  1647,  y  que  igualmente  tuvo  a 
la  vista. 

Romero  y  Vel.4zquez  (Don  Ramón). 

Doctor  en  Medicina,  que  floreció  en 
los  principios  del  presente  siglo.  Igno- 
ramos el  pueblo  de  su  naturaleza,  y 
aunque  sospechamos  lo  fuera  alguno  de 

11 


-  162  - 


los  de  la  provincia  de  Murcia,  por  no 
tener  de  ello  noticia  alguna,  no  lo  inclui- 
mos en  nuestro  Catálogo  de  Autores 
Murcianos,  haciéndolo  en  este  de  resi- 
dentes en  la  dicha  ciudad,  donde,  como 
se  verá  por  lo  que  se  expresa  en  la  por- 
tada del  opúsculo  que  escribió  en  1819 
y  presentó  en  la  Academia  Médico-prác- 
tica de  Barcelona,  sobre  el  Contagio  de 
la  fiebre  amarilla,  es  seguro  habitó  por 
algunos  años  ejerciendo  su  carrera  pro- 
fesional, así  como  también  que  fué  mé- 
dico del  Ilustrísimo  Señor  Deán  y  Cabil- 
do de  la  Santa  Iglesia  de  Cartagena, 
miembro  de  la  Real  Sociedad  Económi- 
ca murciana  de  Amigos  del  País  y  Vocal 
consultor  de  la  Junta  Superior  de  Sani- 
dad de  la  provincia  de  Murcia.. 
El  título  del  referido  opúsculo  es: 
«Memoria  que  sobre  el  contagio  de  la 
fiebre  amarilla  extendió  y  presentó  a  la 
Real  Academia  Médico-práctica  de  Bar- 
celona el  Dr.  D.  Ramón  Romero  y  Ve- 
lázquez,  vocal  consultor  de  la  Junta  Su- 
perior de  Sanidad  de  la  provincia  de 
Murcia,  médico  del  Ilustrísimo  Señor 
Deán  y  Cabildo  de  la  Santa  Iglesia  Ca- 
tedral de  Cartagena,  socio  íntimo  de  la 
Real  Academia  Médico-práctica  de  Bar- 
celona, y  de  número  de  la  Sociedad 
murciana».  Premiada  con  una  medalla 
de  oro  por  la  propia  Academia,  con  cuya 
aprobación  la  da  a  luz  su  autor.— Con 
licencia.  Barcelona,  Imprenta  de  Garri- 
ga  y  Aguasvivas,  1819. 

En  4.0— de  11-134  páginas. 

RoMEu  (Don  Francisco  Javier). 

Nació  en  Valencia;  estudió  y  recibió 
el  grado  de  Doctor  teólogo  en  esta 
Universidad.  Su  decidida  afición  a  las 
Humanidades  fué  causa  de  que  el  señor 
Obispo  de  Cartagena,  don  Manuel  Ru- 
bín de  Celis,  lo  llamase  para  ocupar  la 
Cátedra  de  Elocuencia  en  el  Seminario 


Conciliar  de  San  Fulgencio,  de, Murcia, 
que  acababa  de  erigir,  donde  enseñó 
desde  primeros  de  enero  de  1778  hasta 
fin  de  diciembre  de  1790,  sacando  con 
sus  lecciones  excelentes  discípulos,  en- 
tre ellos  el  limo.  Sr.  D.  Antonio  Posada 
Rubín  de  Celis,  Canónigo  de  San  Isido- 
ro, Abad  de  Villaf ranea  del  Vierzo,  y 
después  Obispo  de  Cartagena. 

En  este  tiempo  dijo  las  Oraciones  la- 
tinas que  es  de  costumbre  en  la  apertura 
de  las  aulas,  y  mereció  que  aquel  Prela- 
do mandase  imprimir  las  cuatro  prime- 
ras, que  viviendo  se  recitaron.  También 
trabajó  muchas  dedicatorias  en  latín, 
impresas  al  frente  de  las  conclusiones 
de  los  actos  de  facultad  mayor  que  se 
defendieron  en  el  Seminario,  y  seis  ora- 
ciones en  castellano,  que  se  dijeron  en 
las  solemnidades,  así  en  éste  como  en 
la  Catedral. 

Volvió  a  Valencia  con  deseos  de  con- 
seguir la  cátedra  de  Retórica  de  esta 
Universidad,  y  como  por  el  nuevo  plan 
de  estudios  que  acababa  de  establecerse 
para  obtenerla  era  preciso  sujetarse  al 
grado  de  candidato,  sufrió  los  exámenes 
correspondientes  y  recitar  una  oración 
que  intituló:  De  didascalico  discendi ge- 
nere, y  se  le  confirió  este  grado;  y  por 
oposición  logró,  en  1794,  la  cátedra  de 
Elocuencia;  y  en  los  años  de  1806  y  7, 
como  a  tal,  recitó,  día  de  San  Lucas,  en 
el  teatro  de  esta  Universidad,  la  oración 
inaugural  acostumbrada;  mediando  los 
mismos  actos  y  exámenes,  recibió  el 
grado  de  Candidato  de  Teología,  pre- 
sentando la  disertación  intitulada:  De 
sacrorum  caelihatus  lege  in  Ecclesia  re- 
tinenda;  y  habilitado  mediante  concur- 
so, fué  nombrado,  en  11  de  octubre  de 
1814,  catedrático  perpetuo  de  Teología. 

Hizo,  así  en  Murcia  como  en  Valen- 
cia, oposiciones  a  los  Canonicatos  va-; 
cantes;  y  últimamente,  en  1824,  me- 
diante concurso,  fué  promovido  a  una 


—  163  — 


pavordría  con  cátedra  anexa  en  la  Me- 
tropolitana de  Valencia.  Escribió: 

1.  «De  latinitate  linguae  tradendae 
praeclara  et  óptima  ratione».  Valencia, 
en  la  Oficina  de  José  y  Tomás  de  Orga, 
1780.  En  4.° 

Contiene  un  plan  de  enseñanza  con- 
forme a  las  reg-las  que  se  usaban  en  el 

siglo  XVI. 

2.  «De  philosophicis  disciplinis  ge- 
nerosae  juventuti  publicorum  munerum 
cupidae,  máxime  accommodatis».  Va- 
lencia, por  el  mismo,  1781.  En  4.° 

Oración  en  que  se  hace  ver  que  la  só- 
lida y  sana  filosofía  no  está  circunscrita 
y  reducida  a  los  estrechos  límites  de  las 
especulaciones  escolásticas,  sino  que 
también  en  los  dilatados  negocios  pú- 
blicos y  gobierno  de  las  ciudades,  pro- 
vincias y  reinos. 

3.  «De  Phisicae  experimentalis 
praestantia  et  utilitate>.  Murcia,  Im- 
prenta de  la  Viuda  de  Felipe  Teruel, 
1782.  En  4.° 

Donde  se  empeña  en  probar  las  ven- 
tajas que  dimanan  de  la  cultura  de  esta 
ciencia  para  todo  género  de  artes  y  ra- 
mos del  saber. 

4.  «De  Sacrae  Oratoriae  dignitate 
adserenda».  Murcia,  por  la  misma,  1783. 

Donde  se  manifiesta  el  uso  que  tiene 
la  retórica  en  el  ejercicio  del  ministerio 
de  la  palabra  divina,  con  el  fin  de  esti- 
mular a  los  jóvenes  que  aspiran  al  esta- 
do eclesiástico,  al  estudio  de  una  cien- 
cia tan  recomendable  y  útil. 

5.  «Oraciones  (seis)  latinas». 

Que  se  conservan  inéditas.  Las  pro- 
nunció en  Murcia  y  Valencia,  acomo- 
dándose a  las  circunstancias  de  lugar  y 
tiempo.  Además  tiene  otra  latina,  que 
dijo  en  San  Isidro,  de  Madrid. 

Fuster:  Tomo  II,  pág.  440. 


Ropero  (Fr.  Pedro). 

Fraile  Franciscano,  natural  de  la  ciu- 
dad de  Alcaraz.  Ejerció  el  cargo  de  De- 
finidor general  de  la  Observante  Pro- 
.vincia  de  Cartagena,  y  residió  durante 
algunos  años  en  el  convento  de  la  Villa 
de  Caravaca,  donde  acabó  sus  días,  en- 
trados ya  los  primeros  de  la  segunda 
mitad  del  siglo  xvn. 

Fué  famoso  en  su  tiempo  como  orador 
elocuente,  consumado  teólogo  y  varón 
profundo  en  humanas  y  sagradas  letras, 
habiendo  dejado  manuscrita  en  latino 
idioma  una  «Descripción  del  Convento 
de  la  ciudad  de  Alcaraz» ,  que  hubo  de 
trabajar  por  orden  de  cierto  Capítulo 
general  celebrado  en  Toledo  en  el  año 
de  1645:  obra  citada  por  el  P.  Fr.  Loren- 
zo Romero,  de  que  en  otro  lugar  nos 
ocupamos,  con  las  siguientes  palabras, 
muy  favorables,  por  cierto,  a  la  buena 
reputación  que,  como  literato,  debió  go- 
zar sin  duda  nuestro  venerable  francis- 
cano: 

«Las  Actas  (dice)  de  dicho  Convento,  los 
héroes  que  de  él  han  salido,  que  con  su 
vida,  doctrina  y  letras,  no  sólo  han  ilus- 
trado su  Religión  Seráfica,  mas  toda  la 
Iglesia  de  Dios,  descrive,  con  delgada  y 
diligente  pluma,  el  M.  R.  P.  Fr.  Pedro  Ro- 
pero, en  toda  ciencia  noticioso,  Filósofo 
grande,  Theologo  consumadissimo,  exce- 
lente orador,  Predicador  elocuente,  en  Le- 
tras de  humanidad  profundo,  varón  digno 
de  toda  honra,  por  sus  canas  venerable,  y 
morador  de  dicha  casa,  como  parece  en 
un  fragmento,  que  con  este,  remite  al 
Rmo.,  en  sermón  latino...» 

El  señor  Baquero,  sin  embargo,  no 
quiso  mencionarlo  en  sus  Hijos  ilustres 
de  la  provincia  de  Albacete. 

Véase  Romero  (Fr.  Lorenzo)  en  nues- 
tra Sección  Segunda. 

Rosa  (Fr.  Alonso). 

Religioso  Franciscano,  natural  de  la 
villa  de  Manzanares.  Fué  Lector  de  Ar- 


-  164  - 


tes,  y  Doctor  en  la  t'acultad  de  Teolo- 
gía. En  1712  fué  nombrado  Custodio  ge- 
neral de  su  Provincia  Observante  de 
Cartagena,  viniendo  a  terminar  sus  días 
en  el  convento  de  Alcázar  de  San  Juan, 
año  de  1721. 

Gozó  en  su  tiempo  de  gran  reputación 
como  orador  sagrado,  y  sábese  que  pre- 
dicó muchos  y  muy  buenos  sermones 
en  Zaragoza  y  Murcia;  pero  se  ignora 
si  llegaron  a  imprimirse. 

Nosotros  sólo  le  conocemos  por  un 
tSermón  de  Honras  por  los  Serenissi- 
ptos  Delphines  el  Señor  Duque  de  Bor- 
goña  y  su  Esposa  la  Señora  María  Ade- 
leída  de  Saboya»,  que  predicó  ante  la 
Ciudad  de  Murcia,  en  su  Iglesia  Cate- 
dral, y  fué  impreso  en  dicha  ciudad 
en  1712. 

RubIn  de  Celis  (limo.  Sr.  Don  Manuel), 

Obispo  de  Cartagena,  y  uno  de  los 
Prelados  a  quien,  después  del  Cardenal 
Belluga,  debe  Murcia  los  mayores  y  más 
señalados  beneficios,  así  en  el  orden 
material,  como  en  el  intelectual  y  reli- 
gioso. Nació  en  el  Lugar  de  Valle  de 
Cabuérniga,  en  el  Obispado  de  Santan- 
der, de  padres  nobles  y  acaudalados, 
que  lo  fueron  don  Diego  Rubín  de  Celis 
y  doña  Dominga  Gutiérrez,  a  quienes 
debió  una  educación  brillante,  y  una 
pingüe  herencia  más  tarde.  Hizo  sus  es- 
tudios de  Jurisprudencia  y  Cánones  en 
la  Universidad  de  Valladolid,  hasta  ob- 
tener, como  obtuvo  con  gran  lucimien- 
to, la  honrosa  borla  de  Doctor  en  ambos 
Derechos.  Ya  ordenado  de  sacerdote, 
y  llegada  la  fama  de  su  probidad,  peri- 
cia y  buenas  prendas,  a  oídos  del  Obispo 
de  Cartagena  don  Juan  Mateo  López, 
llamóle  a  su  lado,  nombrándole  su 
Coadjutor  Vicario  y  Provisor  interino, 
cargos  que,  en  efectivo,  ejerció  después 
en  el  Obispado  de  Palencia,  que  llegó  a 
regir,  como  Gobernador  de  la  Mitra,  por 


muerte  del  señor  Bustamente.  De  aquí 
fué  promovido  a  Juez  Inquisidor  de  Va- 
lladolid, y  ascendido,  al  poco  tiempo,  a 
su  silla  episcopal,  siendo  por  entonces 
cuando  hubo  de  desplegar  todo  su  celo 
y  firmeza  de  carácter  en  oponerse  como 
inexpugnable  muro  y  con  singular  de- 
nuedo, a  la  introducción  en  España  de 
los  libros  y  opúsculos  de  propaganda 
herética  y  revolucionaria  que  la  Francia 
tenía  empeño  en  hacer  circular  por  toda 
Europa.  Es  notable  circunstancia  de  la 
vida  de  este  varón  insigne  que  merece 
honrosa  y  particular  mención  digna  de 
toda  alabanza. 

Andaba  a  la  sazón  el  Cabildo  de  Mur- 
cia algo  dividido,  dando  ocasión,  con 
ello,  a  que  en  el  seno  de  esta  Iglesia,  y 
ya  muerto  su  venerabilísimo  Prelado 
don  Diego  de  Rojas,  cundiese  la  discor- 
dia y  la  inestabilidad,  todo  ello  con  gran 
perjuicio  del  culto,  y  escándalo  del  pue- 
blo. Llegó  la  cosa  a  oídos  de  Carlos  III, 
Monarca,  como  sabemos  todos,  a  la  vez 
que  adiestrado  en  el  arte  de  elegir  hom- 
bres, amantísimo  de  la  paz  y  la  tranqui- 
lidad; y  como  estuviese  satisfecho  de  la 
prudencia  y  sabiduría  con  que  el  señor 
Rubín  la  había  restablecido  en  Vallado- 
lid,  no  dudando  que  en  Murcia  conse- 
guiría otro  tanto,  nombróle  inmediata- 
mente Obispo  de  Cartagena. 

Tomó  a  su  nombre  posesión  del  Obis- 
pado, en  4  de  septiembre  de  1773,  el 
Canónigo  don  Juan  José  Mateos,  ha- 
ciendo el  señor  Rubín,  pasados  diez  y 
nueve  días,  su  solemne  entrada  en  Mur- 
cia, y  acostumbrado  juramento  en  la 
Puerta  del  Perdón  de  su  Iglesia  Ca- 
tedral. 

Sentado  ya  en  esta  nueva  Sede,  y  des- 
pués de  compuestas  las  diferencias  del 
Cabildo  con  decoro  y  ventajas  para  am- 
bas partes,  no  pensó  más  el  señor  Rubín 
que  en  procurar  el  bienestar  de  sus 
diocesanos,  y  en  la  prosperidad  mate- 


—  165  — 


rial  y  espiritual  de  su  Obispado,  ayu- 
dando a  la  primera  con  los  innumera- 
bles, crecidos  donativos  que  para  nece- 
sidades y  atenciones  de  todas  clases 
hubo  de  dispensar  con  munificencia 
inagotable  a  particulares  y  corporacio- 
nes, a  Iglesias  y  Monasterios;  y  consi- 
guiendo muy  especialmente  la  segunda 
por  medio  del  admirable  plan  de  estu- 
dios e  incremento  nuevo  dado  por  él  a 
la  enseñanza  del  murciano  Colegio  Ful- 
gentino,  invirtiendo  medio  millón  de 
reales  en  dotarle  de  cuantas  nuevas  cá- 
tedras eran  necesarias  para  formar  en 
él  verdaderos  Doctores,  5^  obteniendo 
para  este  fin  del  Soberano  la  gracia,  no 
sólo  de  aprobación  de  sus  cursos  en  to- 
das las  Universidades  del  Reino,  sino 
también  el  singular  privilegio  de  poder 
conferirse  grados  menores  para  todas 
las  facultades  dentro  del  mismo  Semi- 
nario: acción  laudabilísima  y  de  tras- 
cendentales resultados  para  las  letras 
murcianas,  que  a  ningún  Obispo,  antes 
de  él,  se  le  había  ocurrido  emprender, 
ni  intentar  siquiera. 

He  aquí  cómo  nos  refiere  este  hecho 
el  P.  M.  Fr.  Antonio  Gálvez,  Catedráti- 
co de  Teología  en  el  Colegio  de  Orihue- 
la,  y  uno  de  los  mejores  panegiristas  de 
nuestro  Obispo,  en  el  Elogio  fúnebre 
pronunciado  a  sus  exequias  el  día  27  de 
septiembre  de  1784,  en  el  Convento  de 
Santo  Domingo  de  Murcia: 

«Persuadido  que  toda  la  felicidad  de  la 
religión  y  del  País,  la  regularidad  y  las 
costumbres  del  Clero,  y  aun  del  pueblo, 
penden  de  las  primeras  impresiones  de  la 
mocedad,  desterró  los  malditos  planes  de 
educación  que  ofrecen  los  reformadores 
de  este  siglo  infeliz...;  pero  substitu}'-©  en 
su  lugar  obras  de  una  filosofía  racional  y 
christiana,  donde  conservando  las  santas 
ideas  y  sagradas  nociones  de  los  misterios 
y  dogmas  de  la  religión,  pudiesen  los  jó- 
venes instruirse  en  los  arcanos  de  la  natu- 
raleza, sondear  sus  abismos,  recrearse  en 
los  nuevos  descubrimientos  de  los  sabios, 


adquirir  los  conocimientos  de  la  física,  los 
problemas  de  la  geometría,  e  imponerse 
en  las  bellas  ciencias.  No  quiso  que  mane- 
jasen los  pestilenciales  libros  de  los  nue- 
vos Legisladores  del  Norte,  Jurisconsul- 
tos audaces  e  irreligiosos,  que  no  recono- 
cen ningún  derecho  divino  ni  natural...; 
pero  les  puso  en  mano  el  Código  más 
santo  de  la  Ley  eterna;  esto  es,  las  Sagra- 
das Escrituras;  los  Cánones  de  la  Iglesia; 
la  antigua  Jurisprudencia  de  Roma;  las 
antiguas  y  modernas  Leyes  de  España, 
cuya  sola  inteligencia  basta  para  formar 
un  Jurista  christiano  consumado.  No  per- 
mitió que  viesen  ni  aun  de  paso,  ni  que 
jamás  abriesen  esos  agentes  de  la  relaxa- 
ción, casuistas  hediondos,  despreciables, 
que  son  ya  el  asco  de  las  escuelas;  pero 
quiso  que  sus  ojos  estuviesen  fixos  en 
obras  de  moral  justas,  christianas,  funda- 
das sobre  el  espíritu  del  Evangelio,  las 
tradiciones  de  los  Concilios,  la  autoridad 
de  los  Padres,  y  las  decisiones  de  la  Igle- 
sia. Dióles  una  Teología  compendiosa, 
donde  desterradas  las  antiguas  puerilida- 
des y  sofismas  del  pasado  siglo;  las  secas, 
inútiles  y  estériles  controversias,  en  que 
nada  ganó  la  religión,  y  perdió  infinito  la 
christiana  caridad,  pudiesen  los  jóvenes 
ser,  si  no  profundos  y  perfectos  teólogos, 
por  lo  menos  teólogos  informados  suficien- 
temente de  quanto  les  es  preciso  y  necesa- 
rio para  saber  la  ciencia  de  su  religión.  A 
este  fin  fundó  Cátedras  de  todas  las  facul- 
tades, proveyólas  de  honrosas  y  decentes 
dotaciones,  conduxo  hombres  de  todos  los 
países,  Maestros,  a  quienes  fió  la  pública 
enseñanza  encargados  de  buscar,  sin  per- 
donar fatigas,  las  fuentes  y  manantiales 
del  buen  gusto,  de  cultivar  la  pureza  y 
hermosura  del  lenguaje,  y  que  con  los  en- 
cantos de  la  poesía  5''  eloqüencia  alimenta- 
sen los  espíritus  y  enamorasen  el  corazón 
délos  jóvenes...  Hablo  del  Seminario  de 
esta  Ciudad,  la  obra  más  grande  del  señor 
Rubín,  de  quien  puede  llamarse  no  sólo  el 
restaurador,  sino  como  el  padre  y  funda- 
dor de  esta  Casa,  que  fué  el  objeto  de  todas 
sus  santas  miras,  el  de  sus  complacencias 
y  delicias,  donde  extendió  tan  liberalmen- 
te  sus  manos,  donde  derramó  tantos  teso- 
ros, para  quien  alcanzó  del  Monarca  tan- 
tas gracias,  tantos,  tan  distinguidos  y  hon- 
rosos privilegios;  y  todo  con  el  fin,  siguien- 
do el  espíritu  del  más  grande  y  santo  de 


166  — 


los  Concilios,  de  perpetuar  en  su  Diócesi 
la  nación  santa,  la  gente  escogida,  el  real 
sacerdocio  de  Jesucristo...  Hablo  del  plan 
de  estudios  que  adoptó  para  su  régimen  y 
gobierno,  y  del  que,  como  él  mismo  decía, 
vio  tantos  progresos,  y  cogió  tan  abundan- 
tes frutos  de  piedad  y  sabiduría  para  el 
decoro  de  esta  Iglesia  y  ornamento  de  la 
religión  y  patria;  plan  que  ha  merecido  la 
aprobación  y  los  aplausos  de  tantos  sabios 
Patricios  y  Extrangeros.» 

Bien  pudo  este  Monarca  acceder  gus- 
toso, por  agradecimiento,  a  estas  y  otras 
pretensiones  de  nuestro  insigne  Obispo, 
a  cuya  lealtad  y  patriotismo,  habiendo 
acudido,  como  al  de  otros  muchos  gene- 
rosos españoles,  en  demanda  de  auxilios 
para  atención  de  la  obstinada  guerra  en 
que  estaba  empeñado  con  Inglaterra, 
debió,  de  un  solo  golpe,  la  fineza  nada 
menos  que  de  quince  mil  duros,  y 
de  otro,  la  de  un  millón  entero  de 
reales. 

No  faltaron  en  Murcia  algunos  espíri- 
tus apocados,  que  mal  avenidos  con  tan 
extremada  liberalidad,  creyendo  que  por 
su  causa  podrían  desatenderse  otras 
más  apremiantes  limosnas  y  ser  defrau- 
dados los  pobres,  hubieron  de  hacérselo 
notar  así,  con  más  o  menos  buena  fe,  a 
su  Ilustrísima,  quien  respondió,  a  la  vez 
que  con  enérgica  entereza,  con  carita- 
tiva benignidad:  «El  Rey  es  primero 
que  el  pueblo,  y  las  necesidades  comu- 
nes antes  que  las  particulares;  ¡pero 
Dios  hará  que  para  nadie  falte!» 

Así  fué,  con  efecto;  pues,  habiendo 
obtenido  al  poco  tiempo  de  este  hecho, 
y  siendo  ya  Presidente  de  la  Real  So- 
ciedad Económica  de  Murcia,  a  la  sazón 
recién  creada,  una  considerable  heren- 
cia de  su  opulenta  familia,  empleóla 
casi  toda,  y  en  unión  de  las  rentas  de  su 
propio  caudal,  en  donativos  y  socorros 
de  todas  clases,  haciéndose  sentir  bien 
pronto  en  todo  el  Obispado,  pero  muy 
particularmente   en   la   ciudad    de   su 


asiento,   los   imponderables   beneficios 
de  su  pródiga  y  bondadosa  mano. 

Otro  de  sus  panegiristas,  el  Doctor 
don  Leandro  Alvarez,  Arcediano  de  Vi- 
llena,  escribe  también  a  este  propósito 
en  otra  Oración  fúnebre,  pronunciada 
en  sus  exequias  ante  dicha  Real  Socie- 
dad Económica: 

«A  pesar  de  hallarse  tan  agobiado  con 
unos  gastos  tan  crecidos,  no  desatendió  a 
los  pobres,  pues  sus  limosnas  mensuales  a 
personas  vergonzantes,  sólo  en  el  casco  de 
Murcia  ascendían  a  70.000  reales,  y  las  ex- 
traordinarias a,  los  mismos,  a  15.000  cada 
año.  En  dotes  de  Religiosas  gastó  en  poco 
más  de  dos  años  78.000  rs.  Sólo  en  un  acto 
pagó  en  Albacete  seis  dotes  y  costeó  otras 
tantas  celdas  y  un  dormitorio  para  la  Co- 
munidad. Dio  al  Hospital  de  San  Juan 
de  Dios  48.000  rs.;  29.000  al  Convento  de 
San   Francisco;    15.000   n   Santa   Teresa; 
16.000  a  la  Merced,  y  55.000  de  una  sola  vez 
al  Carmen;  en  una  palabra,  no  hubo  Casa 
de  Comunidad  necesitada  en  su  Obispado 
que  no  participase  de  su  caridad.  En  la 
reedificación  y  adorno  de  las  Parroquias 
gastó  en  poco  más  de  tres  años  418.556  rea- 
les... Pero  adonde  más  brilló  su  caridad 
sin  medida,  fué  en  la  carestía  de  1781,  en 
la  que  como  Josef  en  Egipto  abrió  todos 
los  graneros  de  la  Mitra  para  remediar 
aquella  pública  calamidad,  y  apuradas  ya 
las  rentas,  el  Señor  le  proporcionó  una  he- 
rencia considerable,  y  empleó  en  compra 
de  grano  291 .000  reales,  con  lo  que  mantu- 
vo con  pan  y  arroz  a  más  de  5.000  pobres 
por  espacio  de  cuatro  meses  y  medio... 
Todo  murciano  halló  en  él  el  alivio  de  sus 
penas  desde  el  día  que  vino  al  Obispado 
hasta  el  último  de  su  vida,  que  retirado  en 
San  Gerónimo  meditando  los  planes  y  gas- 
tos que  debía  hacer  para  reedificación  de 
las  parroquias  de  San  Juan  y  San  Lorenzo, 
fué  acometido  de  un  cruel  y  repentino 
accidente  que  le  privó  de  la  vida  y  en- 
tregó su  alma  a  Dios.  Mas  no  creáis  que 
con  su  muerte  se  acabaron  sus  pieda- 
des... Aquella  alma  generosa  nos  dejó 
una  memoria  de  su  beneficencia  y  amor 
al  pueblo  murciano...  No  satisfecho  con 
los  innumerables  beneficios   que   su  sa- 
biduría, caridad  y  celo  apostólico  había 
dispensado  en  vida  a  la  Religión,  al  So- 


-  107 


berano,  a  los  pobres  labradores  y  arte- 
sanos (1),  destinó  30.000  reales  de  renta 
perpetua  a  favor  de  la  humanidad  desva- 
lida y  para  el  fomento  de  la  prosperidad 
de  este  su  amado  y  feraz  Reyno  de  Murcia; 
15.000  para  que  en  la  Casa  de  Misericordia 
se  recojan,  alimenten  y  eduquen  los  niños 
pobres,  huérfanos  y  desamparados;  y  los 
otros  15.000  para  que  estaReal  Sociedad,  en 
la  que  siempre  depositó,  con  justísima  ra- 
zón, su  confianzay  aprecio,  mejorase  la  edu- 
cación, propagase  las  ciencias  y  las  artes, 
animase  la  industria  y  adelantase  la  agri- 
cultura abandonada  a  la  ignorancia  y  a  las 
únicas  y  débiles  fuerzas  del  pobre  y  des- 
valido colono.  Este  es,  ilustres  señores,  el 
testamento  y  obligación  sagrada  que  nos 
dejó  nuestro  inmortal  Director,  en  cuyo 
corazón  siempre  encontró  este  Real  Cuer- 
po, abrigada  la  misericordia  y  liberalidad 
para  el  fomento  de  todos  los  ramos  que 
abraza  su  benéfico  Instituto.» 

Retirado,  con  efecto,  al  Monasterio 
de  PP.  Jerónimos  de  San  Pedro  de  la 
Ñora,  a  una  legua  de  Murcia,  en  donde 
su  Ilustrísima  acostumbraba  a  pasar 
algunas  temporadas,  sintióse  agravado 
en  la  cruel  dolencia  de  hipocondría  que 
ha  tiempo  venía  padeciendo,  y  que  al 
cabo,  tras  de  un  terrible  accidente,  puso 
fin  a  su  existencia  en  9  de  agosto  de  1784. 
Depositóse  su  cadáver  en  la  Iglesia  del 
citado  Monasterio;  y  al  día  siguiente, 
después  de  celebrarse  con  inusitada  so- 
lemnidad sus  honras  fúnebres  en  la  Ca- 
tedral de  Murcia,  y  de  ser  por  la  tarde 
conducido  su  cuerpo  en  procesión  por 
varias  calles  de  la  capital,  fué  sepultado 
en  la  crujía  o  plano  del  crucero  de  dicho 
Templo,  en  el  panteón  propio  de  los  se- 
ñores Capitulares,  quienes  acordaron 
celebrar  por  el  alma  del  finado  tres  días 
seguidos  de  honras  y  solemnísimas  exe- 
quias, que  tuvieron  lugar  en  los  de  7,  8 
y  9  de  octubre  del  expresado  año. 


(1)  Según  el  referido  P.  Fr,  Antonio  Gálvez,  en  el  aflo 
de  la  dicha  carestía,  perdonó  su  Husma,  a  sus  arrendado- 
res, de  una  vez  27.623  reales,  y  en  el  de  la  inundación 
de  1783  repartió  entre  los  labradores  la  cantidad  de  20.000 
reales. 


La  Sociedad  Económica,  por  su  parte, 
pagó  también  el  justo  tributo  debido  a 
su  bienhechor,  acordando  hacerle,  como 
le  hace,  un  aniversario  perpetuo,  y  en- 
cargando pintar  un  magnífico  retrato 
suyo  al  óleo,  para  sus  salas  de  dibujo  y 
con  la  inscripción  siguiente: 

La  Real  Sociedad  Económica  de  Mvr- 

CIA  MANDÓ   colocar 

Este  Retrato  De  Su  Generoso  Socio  El 

Ilmo.  Sr.  D. 
Manvel  Rvbín  DE  Celis  Obispo  de  Car- 
tagena EN  SUS  ESCVELAS 
Patrióticas  Y  de  Dibvxo  Para  Perpetva 
Memoria  De   La  Piadosa  Mvnificencia 

Con  Que  Impv- 
so  A  Favor  De  ellas  Y  En  Beneficio  De 

La  Enseñanza  Pv- 
BLiCA  Medio  Millón  de  Reales  En  El 

Año  De  MDCCLXXXII. 
Falleció  En  El  De  1784  a  9  De  Agosto 

En  Cuyo  Día  Se  Le  Hace  Aniversario 

Perpetvo   Por   Acverdo   De  La   Misma 

Real  Sociedad  Del  19   Del   Dicho 

Mes  y  Año. 

Conocémosle  como  autor,  además  de 
las  Pastorales  que  mencionaremos  en 
nuestra  Sección  de  Impresos  en  Mur- 
cia, dos  de  las  cuales  copiamos  ínte- 
gras, de  las  dos  siguientes  traducciones 
del  francés: 

1.  «Tratado  del  Cáñamo >,  escrito  en 
francés  por  Mr.  Marcandier,  traducido 
al  castellano  por  don  Manuel  Rubín  de 
Celis.  Van  añadidos  otros  trataditos  re- 
lativos al  .lino  y  algodón,  y  un  Discurso 
acerca  del  modo  de  fomentar  la  indus- 
tria popular  en  España.— Madrid,  1774, 
por  Sancha.  8.° 

Antón  Ramírez:  Dice,  de  Bibliogr. 
Agronómica. 

2.  «Historia  de  los  progresos  del  en- 
tendimiento humano  en  las  ciencias 
exactas  y  en  las  artes  que  dependen  de 
ellas,  a  saber:  la  Aritmética  =Algebra= 
Geometría  =  Astronomía  =  Gnomóni- 
ca  =  Cronología  =  Navegación  =  Ópti- 
ca =  Maquinaria  =  Hidráulica  =  Acústi- 


-  168  - 


ca  y  Música  =  Geografía  =  Arquitectu- 
ra Civil  =  Arquitectura  Militar  =  Ar- 
quitectura Naval.»  Con  un  Compendio 
de  la  vida  de  los  Autores  más  célebres 
que  han  escrito  sobre  estas  ciencias. 
—Compuesta  en  francés  por  Monsieur 
Saverien,  y  traducida  al  castellano  por 
don  Manuel  Rubín  de  Celis.— Madrid, 
en  la  Imprenta  de  don  Antonio  de  San- 
cha. Año  de  1775.— A  costa  de  la  Real 
Compañía  de  Impresores  y  Libreros  del 
Rey  no. 

En  4.°,  de  XXIV-486  págs.,  con  9  más  al  final  sin 
numerar.— Signatur.  b-c2;  A-Rrr2.— Portada.— Dedica- 
toria del  traductor  al  limo.  Sr.  D.  Pedro  Rodríguez 
Campomanes. — Advertencia.  —  Prólogo  del  autor.— Ta- 
bla de  lo  contenido  en  esta  obra.  —  Erratas.  —  Texto. 
—Tabla  de  las  cosas  más  notables  que  se  contienen  en 
este  libro. 

Ruiz  (Maestre  Jacobo). 

Con  gran  vacilación  y  desconfianza 
vamos  en  el  presente  artículo  a  tratar 
de  este  esclarecido  personaje,  tan  jus- 
tamente tenido  en  inolvidable  y  feliz 
memoria  por  todos  los  buenos  murcia- 
nos. Las  dudas  que  abrigamos,  reñéren- 
se  particularmente  a  una  circunstancia 
muy  digna  de  tenerse  en  cuenta,  con 
cuya  exposición  queremos  contestar, 
muy  especialmente,  a  la  opinión  senta- 
da por  nuestro  ilustrado  amigo  el  señor 
Raquero  Almansa  en  el  artículo  que  con 
igual  título  del  presente,  trae  en  su  ya 
varias  veces  citado  opúsculo  sobre  La 
literatura  en  Murcia  desde  Alfonso  X  a 
los  Reyes  Católicos. 

Es  cierto,  certísimo,  que  nuestro 
Maestre  Jacobo  (hijo  o  no  del  reino  de 
Murcia,  pero  en  ella  avecindado  la  ma- 
yor y  más  interesante  parte  de  su  vida; 
Juez  y  Alcalde  repartidor  nombrado  por 
el  Rey  Sabio  para  el  repartimiento  de 
los  murcianos  predios  entre  sus  insignes 
conquistadores;  fundador  de  una  de  las 
antiguas  capillas  de  nuestra  Catedral,  y 
parte  muy  activa  en  los  trabajos  de  su 
traslación  desde  Cartagena  a. Murcia) 


reúne  en  sí  bastantes  y  muy  particula- 
res circunstancias  para  que  como  a  mur- 
ciano le  consideremos,  teniendo  por 
nuestros  sus  laureles.  Empero,  este 
Maestre  Jacobo,  que  reparte  y  recibe 
tierras  en  Murcia,  donde  fija  su  residen- 
cia en  unión  de  su  esposa  Juana,  y  en 
donde,  como  ella,  pasando  el  tiempo, 
halla  la  muerte;  que  trabaja  ahincada- 
mente en  la  susodicha  traslación  de 
nuestra  Sede  episcopal,  y  funda  en  San- 
ta María  capilla  para  su  entierro,  ¿es  el 
mismo  Maestre  o  i/íc^r  Jacobo,  a  quien 
después,  por  haber  compuesto  un  tratado 
de  Flores  de  Derecho,  bautizan  todos  con 
los  conocidos  nombre  y  apodo  de  Jaco- 
bo el  de  las  Leyes?  He  aquí  la  cuestión. 

El  señor  Baquero,  que  apenas  si  la 
apunta  en  su  referido  Estudio,  no  vaci- 
la en  decidirse  por  la  afirmativa;  pero 
lo  hace,  a  mi  ver,  por  no  haber  parado 
mientes  en  los  motivos  que  han  podido 
tener  algunos  autores  respetables  para 
llevar  al  siglo  xiv,  y  aun  al  xv,  la  época 
en  que  ñoreció  aquel  famoso  maestro  y 
tratadista  de  Derecho,  como  lo  fueron, 
entre  otros,  el  Licenciado  Espinosa  y  el 
erudito  Rodríguez  de  Castro;  cosa  que 
empieza  ya  por  parecemos  gravísima. 

Nuestra  incertidumbre  nació  del  si- 
guiente pasaje  de  Amador  de  los  Ríos: 

«Entre  ellos  (dice  en  sus  Estudios  histó- 
ricos, políticos  y  literarios  sobre  los  judíos 
de  España,  refiriéndose  a  los  que  ñorecie- 
ron  en  la  tercera  de  las  en  que  divide  su 
Segundo  Ensayo),  merecen  particularmen- 
te mencionarse  don  Mosséh  Zarfati  y  don 
Jacobo  Zadique  de  Uclés,  insigne  filósofo 
de  aquellos  tiempos...  don  Mosséh  se  dis- 
tinguió principalmente  por  sus  estudios 
sobre  la  jurisprudencia,  escribiendo  un 
tratado  con  el  título  de  Flores  de  Derecho, 
que  se  conserva  afortunadamente  en  la 
famosa  colección  del  Escorial.  Es  atribuí- 
do  este  Códice  a  otro  judío  llamado  Jaco- 
bo de  las  leyes,  por  verse  en  la  portada 
escrito  este  nombre,  adjudicándosele  la 
gloria  de  haber  recopilado  las  referidas 


169 


Flores  de  Derecho...  Don  Jahacob  Zadique 
de  Uclés,  coetáneo  de  Mosséh  Zarfati,  y 
como  él  converso,  nació  en  la  villa  de 
Uclés  en  el  segundo  tercio  del  siglo  xiv,  y 
vivió  muchos  años,  dedicándose  con  espe- 
cialidad a  la  medicina  y  a  las  ciencias  mo- 
rales y  filosóficas...,  etc.> 

Cierto  que  el  erudito  Floranes  refutó 
ya  aquella  especie  en  su  origen,  o  sea 
contestando  a  Rodríguez  de  Castro,  pro- 
bando con  lujoso  aparato  de  erudición 
y  citas,  que  en  dicho  punto  hubo  de 
padecer  lamentable  equivocación  este 
insigne  autor  de  nuestra  Biblioteca  Ra- 
bínica.  Pero  es  de  observar  que  toda  la 
plausible  tarea  de  Floranes  sólo  va  enca- 
minada a  demostrarnos  que  las  famosas 
Flores  de  Derecho  son,  con  efecto,  obra 
á&Jacobo  el  de  las  leyes,  y  no  de  Zarfa- 
ti, como  pensaba  Castro;  pero  sin  evi- 
denciarnos de  un  modo  concluyente  que 
este  Jacobo  de  las  leyes,  autor  de  las 
dichas  Flores,  sea  la  misma  idéntica 
persona  de  nuestro  Jacobo  Ruiz,  juez 
repartidor  de  nuestros  campos  y  funda- 
dor de  una  de  las  capillas  de  nuestra 
Catedral,  que  es  lo  que  era  preciso  ha- 
ber deniostrado. 

El  mismo  señor  Baquero,  conforme 
en  un  todo  con  el  ilustre  académico, 
nos  refiere,  en  sus  notas  al  precitado 
Estudio,  que 

«Rodríguez  de  Castro  en  su  Biblioteca 
española...,  dice  que  un  tal  R.  Mose  Qarfa- 
ty,  judío  natural  de  Castilla,  muy  instruí- 
do  en  derecho  en  el  siglo  XIV,  es  autor  de 
una  obra  manuscrita  que  hay  en  la  Biblio- 
teca del  Escorial,  y  lleva  por  título  Flores 
de  Derecho,  copiladas  por  el  Maestro  Ja- 
cobo  de  las  leyes...  Añade  que  el  Códice 
tiene  dos  dedicatorias,  una  de  Qarfaty  a 
Maestre  Jacobo,  y  otra  de  éste  al  Infante 
don  Alonso  Fernández  llamado  el  niño, 
hijo  de  don  Alonso  el  Sabio,  ^arfaty  ofre- 
ce la  obra  como  suya  a  Maestre  Jacobo,  y 
luego  éste,  como  trabajada  por  él,  a  don 
Alonso;  y  no  hay  tal...,  porque  aunque  don 
Alonso  encargó  las  Flores  a  Jacobo,  éste 
dio  la  comisión  a  ^rfaty,  que  era  valido 


suyo,  y  ^arfaty  es  el  verdadero  autor,  sin 
que  Jacobo  tuviese  que  hacer  otra  cosa  que 
copiarlas  y  darlas  como  suyas...»  (Y añade 
luego  de  su  propia  cosecha);  «Floranes 
prueba  perfectamente  que  Rodríguez  de 
Castro  se  equivoca  en  esta  ocasión  de  me- 
dio a  medio,  confundiendo  los  datos.  Basta 
fijarse  en  los  que  quedan  subrayados.» 

Mucho  nos  holgaríamos  de  ello  por  lo 
que  a  nuestro  Jacobo  Ruiz  pueda  inte- 
resar, y  sentiríamos  fuese  don  Rafael 
Floranes  quien  en  esta  ocasión,  de  me- 
dio a  medio,  o  en  sólo  un  extremo,  se 
equivocase.  Porque,  sin  discutir  el  pri- 
mer dato  subrayado,  con  el  cual  están 
conformes,  además  del  dicho  Rodríguez 
de  Castro,  el  Licenciado  Espinosa, 
Amador  de  los  Ríos  y  su  traductor  Mr, 
Magnabal,  sólo  sabremos  decir,  con  res- 
pecto al  dato  segundo,  que  en  tres  pri- 
vilegios reales  (1)  dados  a  Murcia  por  el 
Rey  Alfonso  el  Sabio  «reynante  en  uno 
con  doña  Violante,  su  muger  e  sus  fijos.. . 
al  quatorgeno,  quinceno  y  diez  i  nueve 
años  de  su  rey  nado»,  respectivamente, 
vemos  figurar,  entre  los  magnates  que 
los  confirman,  a  don  Alonso  Fernández, 
apareciendo  siempre  en  esta  bien  signi- 
ficativa forma:  Alfonso  Fernándes,  fijo 
del' Rey.  Conque,  o  es  preciso  borrar 
estas  palabras  de  los  reales  instrumen- 
tos en  que  se  hallan  estampadas,  o  hay 
que  desecharlos  por  apócrifos,  o  es  me- 
nester confesar  que  las  expresiones  til- 
dadas por  Floranes,  y  subrayadas  por 
el  señor  Baquero,  no  encierran  dispara- 
te alguno  que  podamos  llamar  mayúscu- 
lo, arbitrario  o  gratuito. 

Ahora  bien  (y  dicho  esto  sea  con  la 
prudente  reserva  que  tan  arduo  punto 
requiere),  ha  podido  suceder  una  cosa: 
Es  indudable  que  nuestro  Jacobo  Ruiz 
era  un  hombre  de  letras,  un  doctor  o 


(1)  Uno  de  ellos,  y  el  más  interesante,  por  cierto,  es 
aquel  en  que  confirma,  todas  las  exenciones  y  franquezas 
concedidas  desde  Sevilla  a  los  pobladores  cristianos  de 
Murcia  y  su  reino,  dado  en  esta  ciudad  a  28  de  abril,  era 
de  1310. 


--  170 


maestro  consumado  en  la  ciencia  del 
Derecho,  y  que  puso  manos  en  la  gran- 
de y  famosa  obra  de  las  Siete  Partidas 
o  Libro  de  las  Leyes,  por  lo  que  también 
pudo  merecer  que  las  gentes  comenza- 
sen a  distinguirlo  con  los  nombres  de 
Jacobo  el  de  las  Leyes.  Trascurrido  me- 
dio siglo,  un  varón  versado  también  en 
Jurisprudencia,  y  también  llamado  Jaco- 
bo, compone  o  recopila,  por  encargo  de 
don  Alfonso  Fernández,  un  tratado  bajo 
el  título  de  Flores  de  Derecho;  y  como  el 
manuscrito  tiene  la  desgracia  (comprén- 
dase que  hablamos  hipotéticamente),  tie- 
ne la  desgracia,  digo,  como  la  han  tenido 
otros  muchos,  de  extraviarse,  y  en  este 
estado  permanecer  todo  el  tiempo  sufi- 
ciente a  que  las  gentes  diesen  ya  al  olvi- 
do el  nombre  y  circunstancias  de  su  au- 
tor; al  ser  hallado  luego  (tal  vez  en  algu- 
na copia  infiel),  y  ver  sobre  su  frente  es- 
critos los  nombres  de  Jacobo  y  de  don 
Alonso,  al  punto,  claro  está,  y  sin  me- 
terse en  más  indagaciones,  fué  atribuido 
al  primitivo  Jacobo,  cuyo  recuerdo  aún 
no  se  había  extinguido,  merced  a  la  ma- 
yor fama  de  su  nombre,  y  a  quien  todos 
aún  apellidaban /flcoéo  el  de  las  Leyes. 
Hechos  análogos  han  tenido  lugar  repe- 
tidas veces  en  nuestra  literatura  españo- 
la y  en  todas  las  literaturas  del  mundo. 
¿Qué  sucedería,  por  ejemplo,  si  nos 
tropezásemos  ahora  con  un  códice  de 
letra  antiquísima,  o  aunque  fuese  del 
siglo  XIV,  en  cuya  portada  o  frontis  leyé- 
semos: Romances  de  Mossen  Domingo, 
dirigidos  al  muy  alto  y  poderoso  sinnor 
Don  Ferrando,  fijo  de  Don  Alonso?... 
Que  todos  seguramente,  y  por  virtud  no 
más  de  tales  nombres,  no  conteniéndose 
en  los  dichos  romances  circunstancia  al- 
guna que  acusase  anacronismo,  se  los 
atribuiríamos  al  amigo  de  San  Fernando, 
conocido  en  nuestros  anales  literarios 
con  el  nombre  y  apodo  de  Domingo 
Abad  de  los  Romances;  y  sin  reparar 


que  en  este  señor  don  Ferrando,  lo  mis- 
mo podría  aludirse  al  Santo  Conquista- 
dor de  Sevilla,  como  al  primogénito  de 
don  Alfonso  X. 

Tal  pudo  acontecer,  pasado  el  siglo  xv, 
con  el  libro  de  Jacobo  el  de  las  Leyes. 
¿Pues  no  hemos  estado  por  largo  espacio 
de  tiempo  achacando  al  undécimo  Al- 
fonso obras  de  Alfonso  X,  y  a  éste  otras 
de  Sancho  IV,  confundidos  tan  sólo  por 
la  identidad  del  nombre  o  por  leerse  en 
los  códices  respectivos  o  en  las  edicio- 
nes antiguas  ciertas  alusiones  a  estar 
escritas  o  mandadas  traducir  por  un  don 
Alfonso,  «rey  de  Castiella,  de  Toledo, 
de  León  e  del  Andaluzia»?  (1)  Y  con  res- 
pecto a  los  modernos  tiempos,  ¿no  se  ha 
creído  por  muchos  doctos  que  don  Fran- 
cisco de  la  Torre  y  don  Francisco  de 
Quevedo  eran  una  misma  persona,  tan 
sólo  por  ser  éste  Señor  de  la  Torre  de 
Juan  Abad  y  haber  publicado  las  obras 
del  primero?  En  fin;  ¿no  se  atribuido 
también  al  mismo  Jacobo  de  las  Leyes, 
el  Ordenamiento  de  las  Tafurerias? 

También  pudo  suceder,  aunque  lo  ve- 
mos más  difícil,  que  Maestre  Jacobo  es- 
cribiese en  el  siglo  xiii  unas  Flores  de 
Leyes,  y  Rabbi  Jacobo,  en  el  xiv,  unas 
Flores  de  Derecho,  de  cuyo  manuscrito, 
perdido  ya  en  todo  o  en  parte,  viniesen  ■ 
a  parar  al  primero,  bien  por  azar  o  por 
ignorancia  de  copistas,  los  susodichos 
principios  o  dedicatorias. 

Mucho  dice,  sin  embargo,  en  favor  de 
la  opinión  que  asigna  a  nuestro  Jacobo 
Ruiz  la  gloria  del  tal  libro,  la  dedicatoria 
del  Códice  de  Floranes:  al  muy  noble 
sennor  don  Alfonso  Ferrándes,  fijo  del 
muy  noble  et  bien  auenturado  sennor 
don  Fernando,  por  la  gracia  de  Dios, 
rey  de  Castiella...,  etc.;  pero  si  el  ma- 
nuscrito no  es  el  original,  el  copista, 
cayendo  en  el  error  común  que  dejamos 


(1)    Tal  sucedió  con  la  Grand  Conquista  de  Ultramar: 
Edición  de  Salamanca  de  1503,  por  Maestre  Hans  Giesser. 


171 


apuntado,  pudo  con  la  mejor  buena  fe 
del  mundo,  escribir  aquellos  aditamen- 
tos al  nombre  de  aon  Alfonso  Fernán- 
dez, como  hijo  del  Rey,  en  varios  privi- 
leg'ios  dados  a  la  Ciudad  de  Murcia  por 
Alfonso  X,  llevando  ya  éste  más  de  tre- 
ce años  de  reinado.  Y  la  prueba  de  que 
el  tal  parecer  no  encierra  ningún  des- 
atino, es  que  la  misma  Academia  de  la 
Historia,  que,  al  publicar  las  Flores, 
adoptó  la  introducción  e  ilustraciones 
de  Floranes,  al  llegar,  no  obstante,  al 
texto  del  Códice,  no  titubeó  en  apartar- 
se de  aquella  fuente,  escribiendo  en  su 
consecuencia: 

«Estas  son  las  Leyes  de  Maestre  Jacobo. 
Al  muy  noble  sennor  don  Alfonso  Ferran- 
dez,  fijo  del  muy  noble  et  bien  aventurado 
sennor  don  Alfonso,  por  la  gracia  de  Dios 
Rey  de  Castiella...,  etc.»  (1) 

En  cuanto  al  parecido  o  identidad  en 
espíritu  y  lenguaje  de  muchas  de  las 
leves  de  las  Flores  con  otras  de  las  Par- 
tidas,  nada  nos  prueba  tampoco  (antes 
bien,  nos  mueve  a  seguir  la  opinión  de 
que  bien  quisiéramos  poder  fundada- 
mente apartarnos);  pues,  claro  está  que 


(1)  Por  respeto  a  la  integridad  del  texto  de  Tejera  no 
hemos  omitido  esta  larga  disquisición  crítica,  fundada  en 
meras  conjeturas  que  han  disipado  recientes  investigacio- 
nes. Huelgan  ya  tales  dudas  después  de  las  pruebas  y  datos 
aducidos  por  los  señores  Urefta  y  Bonilla  San  Martín  en  su 
edición  documentadísima  de  Vas  Obras  del  Maestro  Jacobo 
de  las  Leyes  (Madrid,  1924),  que  hemos  citado  anteriormen- 
te. Este  famoso  jurisconsulto  del  siglo  xiii,  maestro  de  Al- 
fonso X  el  Sabio,  y  no  otro,  fué  con  toda  certeza,  en  contra 
de  las  peregrinas  y  absurdas  hipótesis  de  Rodríguez  de 
Castro,  el  verdadero  autor  de  las  Flores  de  Derecho,  del 
Doctrinal  y  de  la  Summa  de  los  none  tienpos  de  lospleytos. 
Su  auténtico  nombre  era.  Jacobo  de  Junta;  oriundo  proba- 
blemente de  Italia.  En  el  Becerro  del  repartimiento  de  tie- 
rras e  otras  mercedes  a  los  conquistadores  e  pobladores  del 
reyno  de  Murcia,  fecho  por  el  rey  D.  Alonso  (1257-1271), 
aparece  el  jurisconsulto  como  «juez  del  rey»  y  con  el  nom- 
bre de  fer  (por  Micer)  o  Maestro  J acornó  de  las  leyes.  Cons- 
ta asimismo,  del  aludido  Becerro,  que  tenía  un  hermano 
llamado  Simón  y  un  sobrino  de  nombre  Puch,  Pucho  o 
Ducho.  Por  otros  documentos  que  se  refieren  a  su  enterra- 
miento en  la  Catedral  de  Murcia,  se  sabe  además  que  su  ma- 
dre se  llamó  «doña  Beatriz»  y  su  mujer  «doña  Juana».  Tuvo 
un  hijo  llamado  Bonajunta,  a  quien  dedicó  el  Dotrinal. 
El  maestro  Jacobo,  que  residió  en  Murcia  gran  parte  de  su 
vida,  murió  en  esta  ciudad  el  día  2  de  mayo  del  año  1294. 
(Nota  peí  e.) 


siendo  las  susodichas  Flores  de  Leyes 
una  verdadera  suma  o  copilación  de 
«otras  más  ancianas»,  hechas,  según  pa- 
labras de  su  mismo  autor,  «en  esta  ma- 
nera que  eran  puestas  e  departidas  por 
muchos  libros  a  los  sabedores»;  claro 
está,  digo,  que  en  ellas  no  podía  ni  debía 
ser  desatendido  el  famoso  Código  o  Li- 
bro de  las  Leyes  del  sabio  Alfonso, 

Como  quiera  que  sea,  es  lo  positivo, 
que  Maestre  Jacobo  fué  lo  que  se  llama 
un  buen  literato,  un  distinguido  juris- 
consulto; y  a  [ser]  suyas  realmente  las 
referidas  Flores,  el  primer  escritor  de 
Derecho  en  castellano.  El  verdadero 
pueblo  de  su  naturaleza  se  ignora.  Su 
patria  adoptiva  y  lugar  de  residencia, 
Murcia.  Su  tumba,  un  rincón  de  nuestra 
Catedral,  en  la  antigua  de  San  Simón  y 
San  Judas,  sobre  la  cual  se  edificó  más 
tarde  la  magnífica  Toire  actual,  siendo 
por  tal  motivo,  entonces,  trasladados 
sus  restos,  juntamente  con  los  de  su 
mujer  y  su  hija  (1521),  a  la  capilla  de  la 
Encarnación,  en  donde  todavía  perma- 
necen encerrados  en  elegante  urna  de 
piedra.  Dícese  que  hubo  de  lograr  una 
gran  longevidad,  consiguiendo  alargar 
su  vida  hasta  bien  entrado  el  siglo  xiv, 
motivo  por  el  cual,  también  ha  podido 
confundírsele  con  el  otro  Jacobo,  que, 
como  ya  dijimos,  vivió  también  mu- 
chos años. 

En  cuanto  al  mérito  de  las  referidas 
Flores,  tiénenlo  indudablemente  en  gra- 
do no  escaso.  Las  noventa  y  seis  leyes 
que  contienen,  hállanse  distribuidas  en 
tres  libros,  compuestos  de  quince,  nueve 
y  cuatro  títulos,  respectivamente,  y  tra- 
tan: El  libro  primero,  de  los  jueces,  de 
los  abogados  y  procuradores,  determi- 
nándoles y  haciéndoles  saber  el  curso 
que  debe  seguirse  en  los  juicios  y  pro- 
cesos; de  las  relaciones  del  hombre  en 
sociedad,  y  del  carácter  y  forma  de  los 
procedimientos.  El  segundo,  de  la  ma- 


—  172  — 


ñera  en  que  los  jueces  deben  admitir 
las  declaraciones  y  pruebas  en  las  cau- 
sas criminales.  Y  el  tercero,  en  fin,  de 
todo  aquello  que  guarda  relación  con  el 
modo  de  pronunciar  las  sentencias,  y 
de  hacerlas  ejecutar,  sin  olvidar  las 
apelaciones  o  alzadas  concedidas  por  la 
ley  y  la  costumbre  a  las  partes  litigan- 
tes. He  aquí,  a  mayor  abundamiento, 
cómo  el  mismo  autor  expone  su  plan: 

«E  sennor  (habla  con  el  Mecenas)  porque 
todas  las  cosas  son  más  apuestas  e  se  en- 
tienden mas  ayna  por  artificio  de  departi- 
miento dellas,  partí  esta  vuestra  obra  en 
tres  libros.  En  el  primer  libro  se  tracta 
como  guardedes  vuestra  dinidad  et  vues- 
tro sennorio  que  es  dicho  en  latín  officio  o 
iurisdicción.  Et  otrosí  de  las  personas  por 
que  passan  los  pleitos  et  de  las  naturas 
dellas,  et  de  todas  las  cosas  que  se  facen 
o  se  deven  facer  ante  que  el  pleito  sea 
comentado.  En  el  segundo  libro  se  contie- 
ne como  se  comienzan  los  pleitos  et  las 
cosas  que  se  siguen  fasta  que  den  senten- 
cia. El  tercer  libro  tracta  de  las  sentencias, 
como  se  deven  dar  et  formar  las  alzadas  e 
de  las  otras  cosas  que  dent  nascen  et  se 
siguen  después  que  la  sentencia  es  dada.» 

Después  de  hecho  este  análisis,  y  aun- 
que brevísimo,  parécenos  que  no  habrá 
necesidad  de  encarecer  la  importancia 
de  la  obra  a  que  se  refiere.  Otras  dos 
aun  se  le  atribuyen  a  Maestre  Jacobo, 
intituladas: 

1.^  Suma  de  los  nueve  tiempos  de 
las  causas. 

Obra  legal  también,  que  debió  formar 
su  autor  hacia  el  año  de  1288,  según  lo 
da  a  entender  la  antigua  copia  hallada 
por  Floranes. 

2.^    La  Margarita. 


Libro  de  cuya  existencia  duda,  y  nos 
hace  dudar,  el  referido  señor  Baquero. 

«Acaso  (dice)  no  exista,  y  lo  que  se  haya 
querido  designar  con  este  título  equivo- 
cado sean  las  Flores.* 

Si  efectivamente  se  ha  confundido  en 
algún  tiempo,  y  todavía  se  sigue  con- 
fundiendo a  Jacobo  Ruiz  con  Jacobo  Za- 
dique,  acaso  (añadimos  a  nuestra  vez 
nosotros),  lo  que  se  haya  querido  desig- 
nar con  aquel  título  sea  el  Libro  de 
dichos  de  Sabios  e  filósofos  e  de  otros 
exemplos  e  dotrinas  muy  buenas,  que 
el  segundo  de  dichos  autores  tradujo  del 
lemosín  al  castellano  por  encargo  del 
Maestre  de  Santiago  don  Lorenzo  Suá- 
rez  de  Figueroa.  Nombres  parecidos 
solían  aplicarse  en  lo  antiguo  a  esta 
clase  de  libros,  y  no  creemos  resulte 
inverosímil  nuestra  conjetura. 

Con  respecto  a  la  participación  espe- 
cial que  nuestro  Maestre  Jacobo  hubo 
de  tomar  en  la  erección  del  incompara- 
ble monumento  de  las  Partidas,  cosa  e$ 
ya  que  se  tiene  por  indudable  entre  los 
doctos,  y  nada  más,  por  eso,  tenemos 
que  añadir. 

Ahora  bien,  y  por  lo  que  hace  al  tan- 
tas veces  citado  libro  de  las  Flores  de 
Leyes,  consérvanse  de  él  los  siguientes 
Códices:  tres  en  la  Biblioteca  del  Esco- 
rial, uno  en  la  Nacional,  y  otro,  o  copia 
de  uno  de  aquéllos,  en  el  archivo  de  la 
Academia  de  la  Historia,  el  cual,  junta- 
mente con  las  ilustraciones  de  Flora- 
nes, ha  sido  publicado  en  el  tomo  II  del 
Memorial  Histórico,  páginas  137  y  si- 
guientes. 

Véase  Jacobo  el  de  las  Leyes  en 
nuestra  Sección  de  Manuscritos. 


Sal  (Juan  de  la). 

Natural  de  Sevilla.  Canónigo  de  la 
Santa  Iglesia  Catedral  de  Murcia  duran- 
te algunos  años,  y  por  los  postreros  del 
siglo  XVI  (1).  Perteneció  a  una  familia 
ilustre  por  su  alcurnia.  Fué  Obispo  titu- 
lar de  Bona  en  África  y  Auxiliar  del  Ar- 
zobispado de  Sevilla,  en  cuyos  cargos 
dejó  memoria  su  celo  por  el  culto  y  su 
buena  administración.  Después  fué 
nombrado  para  Obispo  de  Málaga;  pero 
su  modestia,  que  era  tan  grande  como 
su  mérito,  le  impidió  aceptar  el  gobier- 
no de  aquella  mitra.  Murió  en  Sevilla  \^ 
está  enterrado  en  la  capilla  interior  del 
que  fué  Noviciado  de  la  Compañía.  Fué 
varón  de  bastante  instrucción,  de  flori- 
do ingenio  y  muy  apreciado  de  sus  con- 
temporáneos. 

Prueba  de  estas  dotes  que  decimos. 


(1)  En  el  afio  1592  se  Imprimió  en  Madrid  por  Pedro  Ma- 
drigal el  poema  latino  De  raptu  Innocentis  Martyris  Guar- 
diensis  libri  sex,  compuesto  por  el  poeta  y  humanista  mur- 
ciano Jerónimo  Ramírez.  El  prólogo,  redactado  en  prosa 
latina,  lo  escribió  Juan  de  la  Sal,  «in  lure  civili  designa- 
tus».  Es  de  suponer  que  en  aquella  fecha  ya  residiese  en 
Murcia.  En  6  de  junio  de  15%  el  obispo  y  cabildo  de  Carta- 
gena dan  poder  y  comisión  al  doctor  Juan  de  la  Sal,  «cléri- 
go de  esta  Diócesis  de  Iguecella»  y  a  Juan  Ginesio,  «resi- 
dente en  Corte  Romana»,  para  exhibir  ante  ésta  los  autos 
de  fundación  del  Colegio  de  San  Fulgencio,  de  Murcia,  y 
obtener  su  confirmación  definitiva».  En  marzo  de  1600, 
Juan  de  la  Sal,  canónigo  de  la  catedral  cartaginense,  fué 
comisionado  por  su  cabildo  para  vigilar  la  labor  de  los  pre- 
ceptores de  aquel  Colegio.  En  3  de  julio  de  1601,  hallándose 
en  Valladolid,  otorga  poder  para  la  cobranza  de  ciertas 
rentas  que  poseía  en  Sevilla,  y  en  septlempre  de  1602  aún 
se  le  designa  «canónigo  de  la  Santa  Iglesia  de  Cartagena». 
(N.  del  e.) 


son  sus  célebres  Cartas  al  Duque  de  Me- 
dinasidonia,  donde  se  contiene  la  rela- 
ción burlesca  de  las  farsas  y  embauca- 
mientos con  que  el  sacerdote  Fr.  Fran- 
cisco Méndez,  tocado  de  la  más  extraña 
locura  y  del  más  grosero  fanatismo, 
hubo  de  tener  por  algún  tiempo  en  sus- 
penso a  toda  una  población  entera, 
como  la  de  Sevilla. 

Estas  cartas  del  Doctor  don  Juan  de 
la  Sal  han  sido  varías  veces  publicadas. 
La  primera  en  1848  por  don  Adolfo  de 
Castro,  conforme  a  la  copia  manuscrita 
existente  en  la  Biblioteca  Colombina  y 
donde  sacó  el  original  para  esta  edición. 
La  segunda  en  la  Biblioteca  de  Autores 
Españoles  de  Rivadeneyra  y  por  el 
mismo  don  Adolfo  de  Castro:  Tomo 
XXXVI,  págs.  539  y  siguientes;  y  la 
tercera  en  el  tomito  en  4.°  de  la  Biblio- 
teca Clásica  Española,  de  Daniel  Corte- 
zo  y  Compañía  (Barcelona  1884),  titula- 
do: Extravagantes  Opúsculos  amenos 
y  curio'sos  de  ilustres  autores,  págs  131 
a  159. 

Salazar  (Fr.  Juan). 

Nació  en  la  villa  de  Vélez-Blanco,  en 
1659,  de  padres  muy  honrados.y  de  gran 
reputación,  que  lo  fueron  don  Juan  Sa- 
lazar y  doña  Juana  de  Arenas,  vecinos 
ambos  y  naturales  de  dicho  pueblo.  Vis- 
tió el  hábito  Franciscano  en  el  Real 
Convento  de  San  Francisco,  de  Murcia 


-  174 


(1680),  donde  cursó  seis  años  Filosofía 
y  Teología,  pasando  después,  en  con- 
cepto de  Colegial  Mayor,  al  célebre  de 
San  Pedro  y  San  Pablo,  de  la  Univer- 
sidad de  Alcalá,  y  volviendo,  una  vez 
terminados  sus  estudios,  y  después  de 
tres  años  de  Lectura  de  Filosofía  en 
Villanueva  de  los  Infantes,  al  referido 
convento  de  Murcia,  su  espiritual  pa- 
tria, donde  ejerció  ahora  el  profesorado 
de  las  cátedras  de  Teología,  por  espacio 
de  doce  años  consecutivos,  o  sea  hasta 
su  jubilación. 

Obtenido  este  grado,  eligiéronle  Prior 
del  dicho  convento.  Definidor,  des- 
pués, de  su  Provincia  de  Cartagena,  y 
segunda  vez  Guardián  de  la  misma  ob- 
servante casa,  en  la  cual  residió  conti- 
nuadamente desde  1694,  en  que  empezó 
allí  a  leer  la  ciencia  teológica,  hasta  su 
muerte,  acaecida  en  1743,  no  sabiéndose 
que  en  todo  este  tiempo  saliese  de  Mur- 
cia más  que  dos  veces  y  para  breves 
días:  una  para  Cartagena,  según  nos  lo 
declara  él  mismo  en  su  Vida  de  la  V. 
Madre  Sor  Doña  Josefa  de  Pas.  y  otra 
para  Roma,  con  motivo  de  cierto  Capí- 
tulo que  en  ella  había  de  celebrarse  en 
1723  y  a  que  él  debía  asistir  como  Defi- 
nidor General  de  toda  la  Orden,  que  por 
entonces  era.  El  mismo  también  nos 
dice  en  la  protexta  puesta  al  principio 
de  la  citada  vida  de  doña  Josefa,  Reli- 
giosa del  Convento  de  Santa  Clara  de 
Murcia,  que:  «tuvo  a  su  cargo  su  con- 
ciencia, como  su  Director  principal  cer- 
ca de  veinte  y  ocho  años^;  dicho  que  se 
refiere  al  de  1733,  o  sea,  diez  antes  al  de 
su  muerte,  que,  como  dicho  queda,  tuvo 
lugar  en  el  referido  Monasterio  de  San 
Francisco,  de  Murcia,  día  20  de  febrero 
de  1743,  y  a  los  ochenta  y  ocho  años 
de  su  edad. 

Escribió,  pues,  además  de  muchas 
Aprobaciones,  Dictámenes  y  Censuras 
puestas  al  principio  de  infinidad  de  li- 


bros impresos  en  Murcia,  Orihuela  y 
Cuenca,  la  siguiente  obra,  que  por  cier- 
to poseemos: 

«Thesoro  Escondido,  Vida  admirable 
de  la  V.  Madre  Sor  Doña  Josepha  de 
Paz,  Religiosa  del  Monasterio  de  Santa 
Clara  de  Murcia».  Escrita  por  Fr.  Juan 
Salazar,  Lector  Jubilado,  Examinador 
Synodal  de  el  Obispado  de  Cartagena, 
Ex-Provincial  de  la  misma  Provincia,  y 
Ex-Difinidor  General  de  toda  la  Orden 
de  N.  P.  San  Francisco.  Y  la  dedica  A 
D.  Juan  Suárez  Dávila  Galarza  y  Veras- 
tegui,  Regidor  Perpetuo  de  la  Ciudad 
de  Avila  de  los  Cavalleros,  Governador, 
y  Justicia  mayor  de  Alcázar  de  S.Juan, 
su  Partido  y  Priorato,  y  Superintenden- 
te general  de  Rentas  Reales,  &c.  Con 
Licencia,  Impresso  en  Orihuela,  por  Jo- 
seph  Díaz  Cayuelas,  Impressor  de  la 
Ciudad,  en  la  calle  de  S.  Lucía.  Año 
1733. 

En  4.°— 132  págs.,  con  26  más  de  principios  sin  nume- 
rar.—Signs.  ( /V )  A-Ff2.— Portada.— V.  en  b.— Dedicato- 
ria.—Censura  de  los  RR.  PP.  Fr.  Juan  Antonio  del  Pra- 
do, y  Fr.  Antonio  Segovia  y  Monteagudo. — Licencia  de 
la  Orden.— Aprobación  del  Dr.  D.  Pablo  López  Melén- 
dez.-Otra  del  R.  P.  M.  Fr.  José  de  Pina.— Décima  acrós- 
tica  (parece  del  autor)  a  la  heroína  de  la  biografía.— Li- 
cencia del  Consejo,  por  diez  años.— Fee  de  Erratas. — 
Tasa. — Prólogo  del  autor. — Protesta  del  mismo.— Dos 
octavas  (anónimas)  en  elogio  de  Sor  Doña  Josefa  de  Paz, 
aludiendo  al  título  de  este  libro. — Texto. — índice  de  Ca- 
pítulos.—ídem  de  las  cosas  notables. 

En  la  Aprobación  del  P.  Pina  leemos 
el  siguiente  elogio  de  este  libro,  bastan- 
te exagerado  por  cierto: 

«...  En  él  hallará  el  más  entendido  vna 
amenidad  de  conceptos,  vna  abundante 
selva  de  discursos,  vestidos  todos  de  vn 
deleytable  y  agradable  estilo,  que  con  la 
pureza  de  la  doctrina  junta  vna  diversión 
y  seriedad  apacible  sin  molestia...  El  esti- 
lo con  que  el  Rmo.  Padre  escribe  este  li- 
bro, no  es  aquel  que  llaman  los  vanos  del 
mundo,  culto  y  crítico,  que  éste  más  a  pro- 
pósito es  para  intrincar  y  obscurecer  las 
verdades,  que  para  enseñarlas,  sino  es 
conforme  a  las  leyes  de  la  mejor  retórica, 
grave,  clara  y  elocuente...  Enseña,  pues, 
este  docto  y  virtuoso  Padre  en  su  libro 


J 


175  - 


con  claridad  los  exercicios  espirituales  de 
la  vida  perfecta.  Refiere  el  maravilloso 
nacimiento  de  la  V.  M.  Sor  Doña  Josepha 
de  Paz,  su  prodigiosa  vida,  y  su  milagrosa 
muerte,  exornando  con  discretas  y  doctas 
reflexiones  las  virtudes  heroycas  de  la  V. 
M.,  y  con  firmes  y  eficaces  razones  nos 
exorta  a  todos  a  caminar  al  cielo,  siguien- 
do tan  soberano  exemplo.  Y  fué  fortuna  de 
esta  muy  noble  y  leal  Ciudad  de  Murcia 
el  lograr  por  su  patricia  vna  Religiosa  tan 
exemplar  como  la  V.  M.  Sor  Doña  Josepha 
de  Paz,  tan  dedicada  al  beneficio  común  y 
particular,  espiritual  y  temporal  de  todos 
sus  vezinos,  como  lo  puede  ver  el  curioso 
en  el  progreso  de  su  prodigiosa  vida:  no 
ha  sido  menos  fortuna  de  Murcia,  el  que 
aviendo  sido  Dios  servido  de  llevarse  para 
sí  a  la  V.  Madre,  quedasse  en  esta  Ciudad 
vn  Historiador,  el  más  calificado  que  pudo 
lograr  vna  vida  tan  exemplar;  pues  como 
dice  Teopompo,  según  refiere  Polibio,  el 
mejor  Historiador  que  puede  lograr  para 
su  abono  las  azañas  de  vn  famoso  Héroe, 
es  aquel  que  fué  participante  suyo  en  las 
peleas  y  testigo  de  sus  gloriosos  triun- 
fos...» 

San  Miguel  {Fr.  Isidoro  de). 

Franciscano  descalzo  de  la  Provincia 
de  San  Pedro  Alcántara  y  morador  por 
algún  tiempo  en  el  Convento  de  San 
Diego,  de  la  ciudad  de  Murcia.  Fué  pro- 
fesor de  Teología,  Definidor  de  su  Pro- 
vincia, y  varón  notablemente  ejercita- 
do, así  en  la  asidua  lectura  como  en  la 
meditación  de  la  Sagrada  Escritura. 
<Dió  a  luz  (dice  el  autor  de  la  Bibliothe- 
ca  Franciscana)  preclaras  obras  de  in- 
genio y  de  doctrina,  a  saber: 

1.^  «Vitam  V.  Fr.  Sebastiani  de  Ap- 
paricio  Minoritae,  de  cujus  Canonizatio- 
ne  agitur».— Neapoli,  anno  1695.  Ibi- 
dem.  Romae,  1699.  4.° 

2.*  «Splendores  veritatis,  ac  Divini 
amoris  scintillae».— Neapoli,  apud  Feli- 
cem  Mosca,  1698 .  —  Ibidem .  Murciae, 
Typis  Josephi  Díaz,  1717.  12.° 

3.^  «Certamen  Historíale  Panegyri- 
cum  ad  honorem  Beatissimae  Virginis 


Mariae,  ejusque  fidelissimi  Doctoris 
Joannis  Duns  Scoti  Minorum  Mag^s- 
tri».  — Neapoli,  Typis  Felicis  Mosca, 
1701.  8.° 

4.'^  «Observationes  Genealogicae, 
Panegyricae,  Mysticae,  Dogmaticae,  et 
Morales  super  caput  primum  Matthei». 
—Neapoli,  ex  nova  typographia  Domi- 
nici  Antonii  Parrino.  1704.  fol.  mea  mr. 

5.^  «Historiam  S.  Michaelis  Archan- 
geli».  — Neapoli,  per  Dominicum  Anto- 
nium  Parrino,  1716.  16.° 

6.^  «Historiam  animae,  et  vitae 
hominis,  ab  initio  mundi.i 

Seis  tomos  en  8.°  impresos,  el  prime- 
ro: Granatae  ex  typographia  Sanctissi- 
mae  Trinitatis,  1720;  el  segundo,  Mur- 
ciae, apud  Josephum  Díaz,  1721;  y  los 
restantes:  Granatae,  1721,  1722,  1723 
y  1723. 

7.^  «Vitam  S.  Petri  Alcantarensis, 
adjectis  Meditationibus.»— Murciae,  per 
Josephum  Díaz.  (1723  ?)  16.° 

Sánchez  (Doctor  Pedro). 

Conocémosle  como  autor  de  la  prime- 
ra Ordenanza  que  tuvo  el  Ayuntamien- 
to de  Murcia  para  el  gobierno  de  sus 
antiguos  Regidores,  por  lo  que  no  pode- 
mos excusarnos  de  trasladarla  a  este 
sitio,  conforme  a  la  relación  de  Cásca- 
les, quien  de  ella  y  del  dicho  su  autor, 
dice  en  su  Discurso  IX,  reinando  don 
Enrique  III: 

«Don  Ruy  López...  dio  a  esta  ciudad  (de 
Murcia)  y  nombró  por  Corregidor  de  su 
Reyno  y  su  Lugarteniente  con  toda  la  fa- 
cultad que  él  traía  al  Doctor  Pedro  Sán- 
chez, Oidor  y  Refrendario  del  Rey,  y  su 
Contador  mayor.  Y  porque  Ruy  López  era 
el  Gobernalle  de  Castilla,  y  Privado  del 
Rey  a  Latere,  dixo  a  la  Ciudad,  que  él  te- 
nía que  hacer  en  las  Cortes  muchas  cosas 
de  obligación,  que  se  dexasen  gobernar 
del  Oidor  Pedro  Sánchez,  doctísimo  va- 
rón, que  él  tenía  significado  la  gran  con- 
fianza que  el  Rey  hacía  desta  Ciudad,  y 


-  176  - 


que  llevaba  a  su  cargo  la  recomendación 
della,  y  que  en  qualquiera  acontecimien- 
to haría  por  ella  todo  su  posible.  Partióse 
el  Adelantado,  y  el  Oidor  Pedro  Sánchez, 
por  el  poder  a  él  dado,  y  según  se  lo  había 
comunicado  Ruy  López  en  presencia  de 
los  Regidores  de  la  Ciudad,  ordenó  un  Re- 
gimiento sacado  por  suertes,  con  redolines 
de  cera  en  una  vacía  de  agua;  los  quales 
van  incorporados  en  este  ordenamiento: 

«/«  nomine  Domini,  amen.  Estos  son 
»los  Regidores  que  han  de  regir  en  cada 
»uno  de  los  seis  años  el  Concejo  de  la  muy 
•Noble  Ciudad  de  Murcia,  por  Ordenanza 
»y  mandado  del  Noble  y  mucho  honrado 
•Don  Rui  López  Dávalos,  Camarero  de 
•nuestro  Señor  el  Rey,  y  su  Adelantado 
•mayor  del  Reyno  de  Murcia,  según  que 
•les  vino  por  suerte,  elegidos  por  el  Doc- 
•tor  Pedro  Sánchez,  Oidor  y  Refrendario 
•del  dicho  Señor  Rey.  &c.»  (Aquí  los  nom- 
•bres  de  los  Regidores,  y  luego  sigue): 

«Otrosí,  el  dicho  Doctor  dixo,  que  orde- 
•naba  y  ordenó  por  el  dicho  poder  que  te- 
•nía,  que  los  dichos  Regidores  fuesen  obli- 
•gados  de  jurar,  y  jurasen  en  forma  d chi- 
nda en  principio  de  su  Regimiento,  que 
•bien  y  lealmente  usarán  de  los  dichos  Ofi- 
•cios,  cada  uno  de  ellos  en  su  ánima,  que 
•hubieren  de  servir,  y  regir  el  dicho  Regi- 
•miento,  y  en  servicio  del  dicho  Señor,  y 

•  provecho  y  poblamiento  de  la  dicha  Ciu- 
»dad,  y  de  los  vecinos  y  moradores  de  ella, 
•así  en  general  como  en  especial:  y  guar- 

•  darán  los  privilegios,  y  franquezas,  liber- 
•tades  y  buenos  usos,  que  la  dicha  Ciudad 
•tiene  y  ha  de  los  Reyes  pasados,  que  Dios 
•perdone,  y  del  dicho  Señor  Rey,  que  Dios 
•mantenga;  y  guardarán  y  cumplirán  to- 
•das  las  otras  cosas,  y  cada  una  de  ellas, 
» contenidas  en  los  juramentos  que  los 
•otros  Regidores  de  los  años  pasados  hi- 
•cieron,  y  guardaron,  entrando  en  los  Ofi- 
•cios  del  dicho  Regimiento.  • 

«Otrosí,  que  habiendo  cumplido  el  año 
•de  su  Regimiento,  que  no  usarán  más  de 
•él  en  el  año  siguiente,  ni  en  ninguno  de 
•los  años  que  son  por  venir,  hasta  el  año 
•que  les  cupiere  segunda  buelta  a  servir, 
•y  regir  en  el  dicho  Regimiento. • 

«Otrosí,  que  habiendo  cumplido  de  ser- 
•vir  y  regir  los  dichos  Regidores  de  su- 
•so  nombrados  los  sus  años  primeros -de  la 
•dicha  Ordenanza;  que  tornen  a  servir  y 
•regir  los  nombrados  del  primer  año  de 


•los  dichos  seis  años,  en  el  año  siguiente, 
•que  entrará  en  el  séptimo,  y  así  de  allí 
•adelante,  que  vaya  rodando  el  dicho  Re- 
•gimiento  por  todos  los  nombrados  en  la 
•dicha  Ordenanza,  cada  uno  en  su  año,  de 
•los  años  que  son  por  venir:  porque  la  di- 
seña Ciudad  sea  mejor  regida  para  el  ser- 
•vicio  del  dicho  Señor  Rey,  y  para  bien  y 

•  poblamiento  de  ella,  en  paz  y  concordia 
•de  todos  sus  vecinos  y  moradores. • 

«Otrosí,  que  los  dichos  Regidores  sean 
•obligados  a  venir  y  tener  Concejo  conti- 
•nuamente,  en  cada  semana  dos  días,  se- 
•gún  que  la  dicha  Ciudad  lo  ha  por  uso  y 
•costumbre,  conviene  a  saber:  Martes  y 
•Sábado,  sin  otros  días,  que  de  necesario 
•les  convendrá  tener  Concejo:  y  en  caso 
•que  en  cada  uno  de  los  Concejos,  así  de 

•  los  continuos,  como  de  los  necesarios,  no 
•vinieren  todos  los  diez  3'^  ocho  Regidores 
•del  dicho  año  enteramente,  o  estuviere 
•allí  la  mitad  de  ellos,  o  más  de  la  mitad, 
•que  vala,  y  sea  ñrme  lo  que  ordenaren  los 
•que  en  el  dicho  Concejo  estuvieren,  como 
•dicho  es,  en  uno  con  los  otros  Oficiales, 
•Jurados,  Alcaldes,  y  Alguacil,  o  con  qual- 
•quier  de  ellos,  según  que  es  acostum- 
•brado.^ 

«Otrosí,  que  quando  alguno  de  los  di- 
•chos  Regidores  nombrados  en  la  dicha 

•  Ordenanza  finaren,  o  se  fueren  a  vivir  y 

•  morar  fuera  de  la  dicha  Ciudad,  para  es- 
•tar  continuamente  con  su  casa,  muger  y 
•hijos,  a  otro  lugar  de  otra  Jurisdición, 
•que  los  Feligreses  de  la  Colación  de  don- 
•de  ha  sido  Feligrés,  y  por  quien  fué  pues- 
•to  en  el  dicho  Regimiento,  que  escojan 
•entre  sí  un  hombre  bueno  de  la  dicha  Co- 
llación, abonado  y  perteneciente  para  el 

•  dicho  Regimiento,  y  lo  hagan  saber  a  los 
•otros  Regidores,  que  estuvieren  rigiendo 
•en  el  dicho  Concejo,  y  que  sea  por  ellos 
•recibido,  y  le  tomen  el  dicho  juramento 
•en  la  forma  que  los  otros  lo  hicieron,  y 
•rija  y  sirva  el  dicho  año  que  le  cupiere 
•servir,  según  la  dicha  Ordenanza.  • 

«Otrosí,  que  los  dichos  Regidores,  y  Ofi- 
•ciales,  que  así  hubieren  de  servir  y  regir 
•el  dicho  Regimiento  del  Concejo  de  la 
•dicha  Ciudad,  sean  obligados  a  dar  cuen- 
•ta  de  los  maravedís,  y  otras  cosas  que 

•  por  su  mandado  recibieren  en  el  año  de 
•su  Regimiento  de  los  propios  del  dicho 

•  Concejo,  y  de  cómo  y  en  qué  manera 
•fueron  gastados  los   dichos  maravedís: 


-  177  - 


•porque  si  por  la  dicha  cuenta  se  halla- 
»re  que  deben  alcance  alguno  de  mara- 
•vedís,  o  de  otras  cosas  que  hubieron  y 
•recibieron  de  los  propios,  y  que  no  fue- 
•ron  despedidos  ni  gastados  en  las  hacien- 
•das  del  dicho  Concejo,  ni  en  las  cosas  que 
»en  el  dicho  Concejo  hubo  de  dar  y  pagar 
>a  otras  personas,  que  paguen  el  tal  alcan- 
»ce  de  sus  bienes,  para  las  otras  despensas 
»o  haciendas  que  fueren  por  venir  del  di- 
»cho  Concejo.» 

«Otrosí,  que  los  dichos  Regidores  en  el 
»año  de  su  Regimiento,  que  hubieren  de 
>servir,  que  puedan  elegir,  y  escoger  los 
•Oficiales  añales,  que  la  dicha  Ciudad  ha 
»por  privilegios,  y  suele  poner  cada  año, 
»pero  que  no  sean  de  los  Regidores  que 
•rijan  en  el  dicho  su  año;  y  que  en  la  dicha 
•elección  entren  y  hagan  parte  de  los  4i- 
•chos  Oficios  añales,  los  Regidores  que  no 
•estuvieren  en  el  dicho  Regimiento  en  el 
•año  que  hubieren  de  ser.^ 

«La  qual  dicha  Ordenanza  el  dicho  Doc- 
•tor  dixo,  que  por  el  poder  a  él  dado,  y 
•otorgado  por  el  dicho  Don  Ruy  Lópezi 
•que  mandaba  y  mandó  al  dicho  Concejo, 
•Regidores,  Oficiales,  y  Hombres  buenos, 
•que  la  guardasen,  y  la  hiciesen  guardar  y 
•cumplir,  según  y  en  la  manera  que  dicha 
•es,  y  en  la  dicha  Carta  de  poder  del  dicho 
•Rui  López  se  contiene:  y  que  de  como  lo 
•decía,  dixo  que  lo  pedía  por  testimonio.» 

Sánchez  de  la  Parra  (Don  José). 

Floreció  en  los  últimos  años  corres- 
pondientes al  segundo  tercio  del  siglo 
XVIII.  Fué  Examinador  Sinodal  del 
Obispado  de  Cartagena,  y  Prepósito  de 
la  Congregación  de  Presbíteros  del  Ora- 
torio de  San  Felipe  de  Neri,  de  Murcia, 
de  cuya  ciudad  o  provincia,  acaso,  fué 
natural,  por  más  que  por  no  estar  cier- 
tos de  ello,  no  nos  hayamos  atrevido  a 
colocarle  entre  los  escritores  mur- 
cianos. 

Fué  este  docto  Padre  un  hombre  la- 
borioso, e  hizo  un  gran  beneficio  a  su 
patria  y  a  la  sana  doctrina  ortodoxa, 
con  la  traducción  de  la  siguiente  obra, 
de  Fray  Daniel  Concina: 

«Theologia  Christiana  Dogmatico- 


Morab.  Compendiada  en  dos  tomos:  Su 
autor  El  M.  R.  P.  Fr.  Daniel  Concina, 

de  el  Orden  de  Predicadores:  Traduci- 
da al  idioma  Castellano,  y  añadida  en 
muchas  partes  de  las  obras  del  mismo, 
Por  el  P.  D.  Joseph  Sánchez  de  la  Pa- 
rra, Prepósito  de  la  Congregación  de 
Presbyteros  Seculares  de  San  Phelipe 
Neri  de  Murcia  y  Examinador  Sy nodal 
del  Obispado  de  Cartagena.  Pónese  al 
principio  una  Colección  de  Bulas,  y  De- 
cretos Pontificios  en  Compendio;  y  al 
fin  un  Tratado  de  la  Bula  de  la  Santa 
Cruzada,  para  el  uso  más  acomodado  en 
estos  Reynos.  Tomo  L  (y  IL)  Con  privi- 
legio. En  Madrid,  en  la  Oficina  de  la 
Viuda  de  Manuel  Fernandez,  Año 
de  1771. 

2  vol.  en  fol.  a  2  colums.,  de  VIlI-350-XXI;  y  356  LV 
págs.  respectivamente.  Signs.  B-Bbb2;  y  B-Yj-2.  Contie- 
nen: Anteportada.— Portada.— Prólogo  del  Traductor.— 
Texto  del  tomo  I.— ídem  del  II;  con  varios  índices  al 
final  de  cada  uno. 

Digno  es,  pues,  de  aplauso  nuestro  Pa- 
dre Sánchez,  así  por  haber  vertido  ga- 
lanamente al  castellano  qste  abultado 
Compendio  de  Teología  dogmático-mo- 
ral del  P.  Concina,  cuanto  por  lo  que  en 
dicha  obra  añadió  de  su  propio  ingenio, 
que  es  por  cierto  bastante  más  de  lo  que 
su  modestia  aquí  confiesa,  como  podrá 
verlo  el  que  quiera  tomarse  el  trabajo 
de  carear  la  traducción  con  el  original 
latino. 

Santa  Clara  (Sor  Mariana  de). 

De  la  vida  de  esta  Religiosa,  escrita 
por  el  P.  Ortega,  tomamos  las  siguien- 
tes noticias: 

«Nació  en  la  ciudad  de  Trujillo  a  17  de 
enero  de  1631,  de  muy  ilustres  y  linajudos 
padres,  que  lo  fueron  don  Juan  de  Orozco 
y  Carrasco,  descendiente  de  los  Marque- 
ses de  Mortara,  y  doña  María  de  Alarcón 
y  Pizarro.  Tras  de  una  educación  esmera- 
da, así  en  lo  humano  como  en  lo  moral 
y  religioso,  y  no  contando  aún  la  edad  de 

12 


-  178  - 


trece  años,  tomó  el  hábito  de  monja  en  el 
Convento  de  San  Antonio  de  su  patria, 
donde,  perfeccionada  su  educación,  y  tras 
currido  el  año  del  noviciado,  hizo  la  pro- 
fesión solemne  de  los  cuatro  votos  en  21  de 
.  enero  de  1647,  siendo  nombrada  Maestra 
de  Novicias  cuatro  años  más  tarde,  y  últi- 
mamente, Abadesa,  en  1664;  cargo  que 
hubo  de  desempeñar  varias  veces,  y  du- 
rante el  cual  emprendió  la  reforma  de  su 
Convento,  así  en  el  orden  espiritual  como 
en  el  temporal,  reparando  y  renovando 
casi  toda  la  fábrica  del  edificio.  Por  ello,  y 
por  sus  muchos  talentos,  actividad  y  vir- 
tudes, logró  pronto  captarse  el  respeto  y 
simpatías,  no  sólo  de  sus  compañeras  de 
clausura,  si  que  también  de  las  Superioras 
de  las  Salesas  Reales  de  Madrid,  y  de  mu- 
chos sujetos  de  la  más  encumbrada  distin- 
ción; tales,  por  ejemplo,  como  los  señores 
Duques  de  Alba  y  Príncipe  don  Juan  de 
Austria,  por  cuyas  instancias,  y  teniendo 
determinado  fundar  en  la  provincia  de 
Murcia  y  villa  de  Muía  un  Convento  de 
Monjas  de  la  tercera  regla  de  Santa  Clara, 
fué  nombrada,  de  Orden  superior,  aquella 
Madre,  para  Abadesa  y  Fundadora  del  re- 
ferido monasterio,  en  donde  residió,  con 
sus  compañeras  de  fundación  (que  lo  fue- 
ron Sor  Juana  de  la  Cruz,  su  hermana, 
Sor  María  de  San  Pedro,  y  Sor  Ana  María 
de  Santa  Teresa),  desde  1678  a  1706,  en  que 
acometida  de  un  fuerte  dolor  de  costado, 
entregó  su  espíritu  al  Señor,  día  30  de  di- 
ciembre, tras  de  una  vida  ejemplarísima 
de  austeridad  y  virtudes.» 

Escribió,  según  parece,  esta  venera- 
ble Madre,  su  propia  vida,  o  mejor  di- 
remos, varios  opúsculos,  donde  se  con- 
tienen muchas  circunstancias  de  su  vida 
religiosa  y  penitente,  que  aún  se  con- 
servan en  el  archivo  de  la  referida  Casa. 

Santa  Maeiía  (Don  Pablo  de). 

.Conocido  también  con  el  nombre  de 
don  Pablo  de  Cartagena,  por  haber  sido 
Obispo  de  esta  Diócesis  por  los  años 
de  1402  a  1414,  en  que  fué  trasladado  a 
la  Silla  de  Burgos.  Profesó,,  como  es 
bien  sabido,  la  religión  judaica  hasta  el 
año   1390,  y  cuarenta  de  su  edad,  en 


que  fué  bautizado  con  su  madre,  herma- 
nos e  hijos  en  la  capilla  de  Santa  Prá- 
xedes, de  la  Catedral  de  Burgos,  su  pa- 
tria, día  21  de  julio  del  dicho  año,  tro- 
cando desde  entonces  su  antiguo  nom- 
bre de  Solemoch  Halevi,  por  el  que 
queda  apuntado,  y  con  el  que  es  gene- 
ralmente conocido  en  la  Historia  espa- 
ñola como  varón  insigne  en  santidad, 
erudición  y  literatura. 

Tales  prendas,  unidas  a  su  alto  presti- 
gio y  señaladas  dotes  de  gobierno,  le 
abrieron  la  puerta  a  los  primeros  pues- 
tos de  la  Iglesia  y  del  Estado;  pues  des- 
pués de  haber  ejercido  el  Arcedianato 
.  de  Treviño, 

«los  Sumos  Pontífices  le  honraron  con  dig- 
nidades eclesiásticas  y  Obispados  de  Car- 
tagena y  Burgos,  y  con  título  de  Patriarca 
de  Aquileya;  y  con  hacerle  su  Legado 
a-latere;  y  encomendarle  el  negocio  de  la 
scisma,  que  hubo  en  su  tiempo,  de  los  tres 
Pontífices.  El  Rey  D.  Henrique  el  III,  le 
hizo  su  Chanciller  mayor,  y  Consejero  de 
Estado,  tratando  con  él  los  negocios  más 
graves  del  Reino;  y  en  su  muerte  le  enco- 
mendó la  educación  y  institución  de  su 
hijo,  que  quedaba  de  veinte  meses;  y  lo 
tocante  al  gobierno  de  su  persona  y  casa, 
hasta  llegar  a  los  catorce  años,  y  le  nombró 
por  su  Testamentario,  y  declarador  de  las 
dudas  que  cerca  de  su  testamento  se  ofre- 
ciesen. Todo  lo  cual  hizo  con  tanta  satisfac- 
ción de  la  Reina  y  Reyno,  que  fué  elegido 
por  uno  de  los  Gobernadores  del  por  el 
Infante  D.  Fernando,  tío  del  Rey  D.  Juan 
el  II:  y  el  mismo  Rey  D.  Juan  le  honró 
también,  y  estimó  grandemente,  conser- 
vándole en  las  mismas  honras  y  oficios,  y 
comunicándole  todas  las  cosas  que  ocu- 
rrían de  importancia.»  (1). 

Murió  nuestro  don  Pablo,  y  fué  en- 
terrado en  la  capilla  mayor  del  monas- 
terio de  San  Pablo  de  Burgos,  en  29  de 
agosto  del  año  1435,  y  a  los  ochenta  y 
tres  de  su  edad,  según  reza  el  epitafio 
de  su  sepulcro,  que  trae  don  Nicolás 


(1)    Véase  Alegación  en  Derecho  sobre  si  debe  ser  excluí 
da  la  familia  de  D.  Pablo,  etc.,  en  nuestra  Sección  Cuarta 


-  179  - 


Antonio  en  el  tomo  II  de  su  Bibliotheca 
Vetus,  página  240  de  la  segunda  edi- 
ción. 

Don  Pablo  hubo  de  ejercer,  sin  duda, 
notable  influencia  en  el  desarrollo  de 
las  letras  murcianas,  no  sólo  por  sus 
indisputables  autoridad  y  saber,  si  que 
también  por  el  ejemplo  de  sus  excelen- 
tes e  instructivas  obras,  que  seguramen- 
te, en  su  mayor  parte,  debió  escribir  en 
Murcia,  como  lo  iremos  probando  (den- 
tro, por  supuesto,  de  las  más  probables 
conjeturas)  a  la  manera  que  lo  hicimos 
al  tratar  de  las  de  Alfonso  el  Sabio  y 
de  don  Juan  Manuel;  única  circunstan- 
cia por  la  cual  podremos  dar  alguna 
novedad  al  presente  artículo,  como  la 
dimos  o  intentamos  darla  en  los  ya  de- 
dicados a  dichos  ilustres  príncipes. 

Conste,  ante  todo,  que  damos  por  sen- 
tado, que  nuestro  don  Pablo,  por  causa 
de  su  alta  significación  y  graves  aten- 
ciones, no  debió  residir  en  Murcia,  sin 
interrupción  alguna,  los  doce  años  se- 
guidos de  su  gobierno  sobre  la  Iglesia 
Cartaginense;  pero  convengamos  tam- 
bién en  que,  por  ser  la  virtud  y  el  cum- 
plimiento del  deber  las  notas  que  más 
le  caracterizan,  es  muy  de  suponer  que 
habitara  la  mayor  parte  de  este  tiempo 
entre  sus  primeros  diocesanos,  tan  nece- 
sitados, entonces,  por  sus  desgraciadas 
luchas  intestinas,  de  predicaciones  y 
enseñanzas  espirituales;  sin  que  ello 
fuera  obstáculo  para  que  al  propio  tiem- 
po, y  desde  la  tierra  misma,  cuyo  cui- 
dado pastoral  le  estaba  encomendado, 
se  ocupara  a  veces  de  los  negocios  del 
Estado,  dirigiendo  los  pasos  del  monar- 
ca, y  aconsejándole  en  cuantas  cosas  le 
consultara,  conforme  a  su  acreditada 
prudencia;  como  así,  con  efecto,  ños  lo 
da  a  entender  el  cronista  de  don  Juan  II, 
diciéndonos:  «Seyendo  Obispo  de  Car- 
tagena, el  Rey  don  Henrique  ñaua  mu- 
cho de  don  Pablo,  y  le  encomendaua 


sus  cosas,  en  lo  que  siempre  le  diera 
buenos  consejos.» 

Dichas  obras  son: 

1.^  Additiones  notabiles  ad  has  Pos- 
tillas Nicolai  de  Lyra  in  totam  Scrip- 
turam. 

2.^    De  Coena  Domint. 

3.^    De  genealogía  Jesu  Christt. 

4.^    Scrutinium  Scripturarum, 

Diálogo  de  polémica  teológica,  donde 
el  autor  combate  enardecida  y  profusa- 
mente los  errores  de  los  judíos. 

Ahora  bien;  ya  hemos  visto  que  has- 
ta 1390  no  abrazó  nuestro  don  Pablo  la 
religión  cristiana,  y  sabemos  que  algún 
tiempo  después  se  fué  a  París  a  estudiar 
la  Teología  y  seguir  en  aquella  Univer- 
sidad la  carrera  del  Sacerdocio.  Preciso 
es  suponer  que  emplearía  un  regular 
número  de  años  en  terminarla,  y  hasta 
adquirir  aquella  profundidad  de  conoci- 
mientos escriturarios  y  teológicos  que 
le  distingue;  y  parece  lo  más  natural 
que,  mientras  embebido  en  estos  estu- 
dios (estudios  para  él  completamente 
nuevos),  se  afanaba  por  lograr  su  fin 
apetecido,  no  debiera  ni  aun  pudiera 
entregarse  a  otras  tareas  que  le  distra- 
jeran de  las  puramente  escolares.  No 
nos  parece,  pues,  aventurado  llevar  la 
fecha  en  que  se  empezaron  a  escribir 
estas  obras,  al  año  de  1400  o  después. 
Pero,  como  dicho  queda,  en  1402  fué 
elevado  a  la  mitra  de  Cartagena;  las  ta- 
les obras,  por  sus  condiciones  de  asunto 
y  profundidad  de  doctrina,  suponen 
gran  trabajo  y  no  escaso  tiempo  en  me- 
ditarlas y  componerlas.  De  la  4.*  espe- 
cialmente, publicada  por  el  docto  agus- 
tino Fr.  Cristóbal  de  Santotis,  sabemos 
por  confesión  propia,  que  de  ella  hubo 
de  tomar  este  ilustre  Padre  toda  la  vas- 
ta erudición  bíblica  con  que  se  hizo  no- 
table entre  los  sabios  del  Concilio  Tri- 
dentino.  Luego,  aun  suponiendo  que 
en  1400  y  aun  antes,  comenzara  nuestro 


^  lao  - 


Obispo  a  poner  mano  en  dichas  obras, 
es  de  todo  punto  probabilísimo,  por  no 
decir  seguro,  que  en  Murcia,  en  su  ma- 
yor parte,  hubo  de  escribirlas  y  termi- 
narlas. 

5.^  Suma  de  las  Coronicas  de  Es- 
paña. 

Especie  de  Compendio,  como  lo  indi- 
ca el  título,  de  la  Historia  de  España, 
desde  el  «departimiento  de  las  tierras», 
hasta  la  elevación  al  trono  de  Aragón 
de  don  Fernando  de  Antequera. 

6.^    Edades  trovadas. 

Compendio,  también,  de  Historia  Uni- 
versal, escrito  en  trescientas  treinta  y 
ocho  octavas  de  versos  duodecasílabos, 
donde  se  narran  los  principales  hechos 
acaecidos  en  el  mundo,  «desde  que 
Adam  fvé  formado»  hasta  el  nacimiento 
de  don  Juan  II. 

Indudablemente,  la  primera  de  estas 
dos  obras  debió  de  escribirse  con  ante- 
rioridad a  la  segunda,  porque  en  el  pró- 
logo con  que  don  Pablo  dirige  ésta  a  la 
Reina  Doña  Catalina,  le  dice: 

«Entre  otras  obras  que  a  vuestra  Mages- 
tad,  muy  poderosa  princesa  e  ilustrísima 
Reina  e  Sennora,  avían  seydo  presenta 
das,  so  breve  compendio  de  escriptura  una 
copilación,  cassi  repertorio  de  algunas  es- 
torias  a  Vuestra  Alteza  pensé  dirigir.  > 

Presentadas,  pues,  ambas  obras  a  la 
referida  doña  Catalina,  por  fuerza  de- 
bieron componerse  antes  de  1418,  año 
en  que  esta  Reina  bajó  al  sepulcro,  sien- 
do también  indudable  que  se  escribieron 
para  la  enseñanza  de  su  hijo,  el  niño 
Rey  Don  Juan.  Ahora  bien,  ya  hemos 
visto  que  a  la  muerte  de  Enrique  III 
(diciembre  de  1406),  quedaba  aquél  de 
veinte  meses;  y  hemos  leído  también 
que  sólo  estuvo  bajo  la  dirección  insti- 
tutriz del  sabio  Obispo  hasta  la  edad  de 
catorce  años,  o  sea  hasta  mediados  de 
1419.  Y  como  no  es  posible  creer  que 
para  imponer  al  joven  Príncipe  en  la 


Historia  aguardara  don  Pablo  a  los  últi- 
mos años  de  su  preceptoría;  siendo  evi- 
dente, por  otra  parte,  que  para  la  con- 
fección de  ambas  obras,  y  muy  espe- 
cialmente de  la  primera,  tendría  necesi- 
dad de  tomarse  algún  tiempo,  forzosa- 
mente habremos  de  convenir  en  que 
según  todas  las  probabilidades  hubo  de 
terminarlas  cuatro  o  seis  años  antes  de 
la  última  de  dichas  fechas:  y  sabemos 
que  hasta  1414  no  fué  trasladado  de  la 
silla  de  Cartagena  a  la  de  Burgos. 

De  las  mencionadas  obras  de  don  Pa- 
blo, han  sido  publicadas:  las  Adiciones 
a  las  postillas  de  Nicolás  de  Lyra,  en  la 
edición  lugdunense  de  1590  y  posterio- 
res, de  la  Biblia  Magna  cum  scholiis 
seu  glossis  diversorum:  el  Scrutinium 
Scripturarum,  en  Roma,  por  Udalrico 
Galo,  1470;  en  Mantua,  por  Juan  Scha- 
lo,  en  1475;  y  últimamente  en  Burgos, 
por  Felipe  de  Junta,  1591,  precedida  de 
la  vida  del  autor  por  Fr,  Cristóbal  de 
Santotis;  y  las  Edades  Trovadas,  con 
otras  composiciones  de  poetas  del  si- 
glo XV,  en  París,  1844,  bajo  la  dirección 
de  don  Eugenio  de  Ochoa,  quien  atribu- 
yó este  poema  al  Marqués  de  Santillana. 

En  cuanto  a  los  códices  de  las  mis- 
mas, de  que  tenemos  noticia,  son:  los 
dos  de  la  Biblioteca  del  Escorial,  signa- 
dos con  las  marcas  h.  ij.  22  y  X.  ij.  17; 
el  de  la  Complutense,  E.  I.  caj.  2,  n.°  17, 
ant.,  y  los  de  la  Nacional,  G-151  y  M.- 
Y  4.*^,  donde  se  contienen  las  Edades 
Trovadas:  El  referido  de  la  Escurialen- 
se,  h.  ij.  22,  donde  se  sigue  después  de 
este  poema,  la  Suma  de  Coronicas;  y  el 
que  se  custodia  en  la  Universidad  de 
Valencia,  en  folio,  escrito  en  pergamino 
y  papel,  letra  del  año  1461,  y  de  146  fo- 
jas, a  dos  columnas  de  53  líneas,  proce- 
dente del  Monasterio  de  San  Miguel  de 
los  Re3^es,  donde  se  contiene  el  Scruti- 
nium Scripturarum:  manuscrito  no 
mencionado  por  Amador  de  los  Ríos,  ni 


-  181  - 


por  Pérez  Bayer  en  sus  notas  a  la  Biblio- 
theca  Vetus. 

La  Catedral  de  Murcia  fué  deudora  a 
su  Obispo  don  Pablo,  a  más  de  la  crea- 
ción de  cuatro  racioneros,  de  varias 
constituciones  sinodales  y  de  ricos  orna- 
mentos xie  oro  y  seda  para  su  guarda- 
rropía, del  magnífico  retablo  del  altar 
mayor,  de  estilo  ojival,  que  empezado  a 
su  costa  se  terminó  en  el  año  de  1419,  y 
fué  reemplazado  en  1513  por  el  que  exis- 
tió hasta  el  de  1854,  en  que  fué  incendia- 
do: retablo  en  el  cual  (en  el  primitivo) 
tal  vez  existiera  el  escudo  de  armas  de 
blasón  de  su  ilustre  fundador,  bien  así 
como  se  hallaba  en  varios  lugares  del 
Convento  de  San  Pablo,  de  la  ciudad  de 
Burgos,  que  también  fundó  el  mismo 
Obispo:  armas  de  blasón  que  componían 
tres  cuarteles;  en  los  dos  primeros  de 
los  cuales  se  hallaban  sendos  leones 
rampantes  y  negros  en  fondo  de  oro, 
como  haciéndose  frente  uno  a  otro;  y  en 
el  tercero,  una  flor  de  lis  en  fondo  de 
sinople,  y  que  algunos  creen  significar, 
por  los  leones  el  de  Judea,  y  por  el  lirio 
la  pureza  de  la  Santísima  Virgen,  de 
cuya  real  familia  se  envanecía  en  des- 
cender este,  por  tantos  títulos,  egregio 
Prelado, 

Santa  María  (Don  Alfonso  de). 

Hijo  del  anterior;  converso  como  él  y 
sus  hermanos  don  Gonzalo  y  don  Alva- 
ro, en  1390;  y  también  llamado  de  Car- 
tagena por  razón,  sin  duda,  del  dictado 
con  que  don  Pablo,  su  padre,  fué  algún 
tiempo  designado.  Llevados  algunos  de 
esta  equívoca  circunstancia,  lo  hacen 
también  Obispo  de  Cartagena;  pero  es 
error  palmario  y  especie  destituida  de 
todo  fundamento,  toda  vez  que  su  nom- 
bre no  se  halla  incluido,  ni  debe  estarlo, 
en  ninguno  de  los  antiguos  Catálogos  de 
Prelados  ni  episcopologios  de  esta  'dió- 


cesis. La  razón  es,  porque  el  Ilustrísimo 
don  Diego  de  Comentes,  su  coetáneo,  y 
único  que  hubiera  podido  sucedería  in- 
mediatamente, en  el  supuesto  caso  de 
que  efectivamente  hubiera  ejercido  este 
elevado  cargo  pastoral,  no  lo  nombra, 
ni  siquiera  por  incidencia,  en  su  ya  cita- 
do Fundamento  de  la  Iglesia  de  Carta- 
gena, donde  empieza  por  hacer  una  y  no 
breve  relación  histórica  de  todos  los 
Obispos  de  dicha  silla,  desde  don  fray 
Pedro  Gallego  hasta  su  tiempo. 

Don  Juan  Antonio  Moreno,  sin  em- 
bargo, ateniéndose  a  los  primeros  pro- 
pagadores de  esta  especie,  no  tuvo  in- 
conveniente en  sustentarla  en  su  prólo- 
go al  Valerio  de  las  Historias,  de  1793, 
como  lo  han  tenido  Ticknor  y  Amador 
de  los  Ríos,  siguiendo  a  Moreno,  y  como 
no  lo  tiene,  siguiendo  a  estos  tres,  nues- 
tro ilustrado  amigo  y  paisano  señor  Ba- 
quero  Almansa  en  su  tantas  veces  citado 
opúsculo  sobre  La  Literatura  en  Murcia 
desde  Alfonso  X  a  los  Reyes  Católicos. 
No  nos  extraña,  por  disculpables  moti- 
vos, que  podrán  comprenderse,  que  los 
señores  Moreno  y  Ticknor  cayesen  en 
este  error  cronológico:  algo  más  nos 
choca  que  se  dejase  llevar  de  él  Amador 
de  los  Ríos,  visitando,  como  visitó,  nues- 
tras bibliotecas  y  archivos  murcianos  al 
tiempo  de  estar  componiendo  su  cele- 
brada Historia  Critica  de  la  Literatura 
Española;  pero  lo  que  verdaderamente 
nos  sorprende  es  que  el  señor  Baquero, 
conociendo,  como  también  parece  cono- 
cer, el  precitado  Fundamentum,  no 
haya  reparado  en  la  significativa  omi- 
sión hecha  por  su  autor  el  Obispo  Co- 
montes,  sobre  el  don  Alonso  de  Carta- 
gena, quien,  como  dicho  queda,  hubiera 
sido  el  inmediato  antecesor  de  aquél  al 
haber  ocupado  esta  silla.  La  letra,  por 
lo  demás,  del  referido  instrumento,  es 
bien  terminante  y  expresiva.  Después 
de  hablarnos  el  señor  Comontes  de  su 


182 


ilustre  antecesor  don  Fernando  de  Pe- 
dresa, añade: 

«Post  cujus  obitum,  ad  supplicationem 
Serenissimi  Domini  Regis  Henrici,  efec- 
tus  fuit  Episcopus  Carthaginens.  Dominus 
Paulus  de  Santa  María,  natione  Burgen- 
sis,  &  fuit  in  ordini  undecimus...  =  Post 
quam  quidem  translationem,  sic  de  perso- 
na ipsius  Domini  Pauli  factam  ad  Bur- 
gens.  Ecclesiam  illico,  &  inmediaté  efec- 
tus  fuit  Episcopus  Carthaginens.  seu  de 
Ecclesiam  translatus,  Reverendissimus  in 
Christo  Pater  Dominus  Frater  Didacus  na- 
tivus  de  Majorga  (Don  Diego  de  Bedan)... 
&  fuit  Carthaginens.  Episcopus  in  ordine 
duodécimo...  apud  jam  dictam  Civitatem 
Murciae,  die  Mariis,  quae  computabatur 
XXII  Maji  anni  Domini  millesimi  quadra- 
gintesimi  septimi  in  nocte  obviit...  Unde 
Nos  Didacus  de  Cotnontes,  Carthaginens. 
Episcopus  jam  dictus  per  istam  viam 
translationis  in  ipsa  Carthaginensi  Eccle- 
sia  succesisse  dignoscimur  eidem  Patruo 
nostro,  &  per  consequens  ómnibus  alus 
Carthaginens.  Episcopis  praedecessoribus 
suis,  qui,  ut  praemissimus  in  eadem  suc- 
cesive  fuerant  usque  ad  eum...» 

La  cosa  es,  pues,  bien  clara:  Trata 
aquí  el  señor  Comentes  de  enterarnos 
de  los  Obispos  que  ha  tenido  la  Iglesia 
de  Cartagena  desde  don  fray  Pedro  Ga- 
llego hasta  él;  no  nombra  a  nuestro  don 
Alonso;  dícenos  que  sucedió  a  su  tío  don 
Diego  de  Mayorga;  y  sabemos  que  go- 
bernó la  diócesis  murciana  desde  1447  a 
1458;  con  que,  en  vista  de  tan  irrefraga- 
ble testimonio,  me  parece  que  no  debe 
haber  disputa  sobre  el  particular. 

Mas,  a  pesar  de  todo,  no  puede  caber- 
nos duda  de  que  el  famoso  Obispo  de 
Burgos,  profundo  teólogo,  insigne  his- 
toriador, «gran  filósofo  natural»,  cele- 
brado como  «delicias  de  la  religión  y  es- 
pejo de  sabiduría»  entre  los  más  doctos 
Padres  del  Concilio  de  Basilea,  «alegría 
de  las  Españas  y  honor  de  prelados», 
según  expresión  feliz  del  Pontífice  Pío  II; 
no  puede,  no,  cabernos  duda  de  que  en 
Murcia  hubo  de  residir  algún  tiempo,  a 
partir  de  su  regreso  de  Italia,  o  sea,  des- 


de 1440;  pues,  como  observa  bien  el  doc- 
tísimo Amador  de  los  Ríos,  y  es  casi  evi- 
dente, sólo  en  Murcia  es  donde  pudo  co- 
nocer y  tratar  a  la  familia  de  su  predi- 
lecto discípulo  don  Diego  Rodríguez  de 
Almela,  avecindada  en  dicha  ciudad 
desde  muy  antiguo,  y  obtener  la  segura 
experiencia  del  buen  natural,  vocación, 
talento  y  felices  disposiciones  de  su  fu- 
turo paje,  a  la  sazón  casi  niño. 

El  motivo,  sin  embargo,  de  esta  estan- 
cia del  Obispo  Burgense  en  dicha  capi- 
tal, lo  ignoramos  por  completo,  bien 
que  lo  presumamos.  Tal  vez  desembar- 
có en  Cartagena  cuando  volvió  de  Italia, 
adonde  lo  llamaran  las  importantes  aten- 
ciones del  citado  Concilio:  teniendo  en- 
tonces que  pasar  por  Murcia  en  su  mar- 
cha hacia  Castilla,  tal  vez  quiso  conocer 
la  ciudad  donde  su  padre  había  perma- 
necido tan  buen  número  de  años,  gober- 
nando su  Iglesia,  derramando  los  espi- 
rituales beneficios  de  la  predicación,  y 
escribiendo  las  principales  de  sus  obras: 
y  sorprendido,  entonces,  por  la  benigni- 
dad del  clima  y  fertilidad  del  suelo  de 
este  país  hermoso,  se  detuvo  en  él  algu- 
na buena  temporada,  según  ha  acaecido 
varias  veces,  y  lo  experimentamos  to- 
davía en  muchos  de  los  forasteros  que  lo 
han  visitado.  Ello  es  que  casi  podemos 
estar  seguros  de  que  nuestros  antiguos 
paisanos  disfrutaron,  por  algunos  años, 
la  presencia  de  este  insigne  converso, 
honor  de  la  Iglesia  y  de  la  literatura  es- 
pañolas. 

Tal  es  la  causa  por  la  cual  no  hemos 
querido  privarnos  del  gusto  de  consa- 
grarle un  recuerdo  en  el  presente  estu- 
dio, no  dudando,  como  no  dudamos,  da- 
das las  especialísimas  dotes  de  ilustra- 
ción, propósitos  civilizadores  y  noble 
espíritu  de  propaganda  literaria,  de  que 
estaba  adornado,  que  en  este  tiempo  de 
su  residencia  en  Murcia,  aunque  fuese 
corto,  no  dejaría  de  ejercer  alguna  in- 


,183  - 


fluencia  en  nuestra  antigua  cultura,  y 
estando  además  seguros  de  la  decisiva 
que  tuvo  siempre  en  la  educación  y  en- 
señanza de  nuestro  ya  citado  compatri- 
cio Rodríguez  de  Almela. 

Con  respecto  a  sus  obras,  como  no 
fueron  escritas  en  Murcia,  ni  por  in- 
fluencias murcianas,  no  nos  detendre- 
mos tanto  en  ellas  como,  por  razones 
contrarias,  lo  hemos  hecho  al  tratar  de 
las  de  otros  célebres  escritores,  cuyas 
vidas  y  escritos  nos  ha  parecido  deber 
nuestro  incluir  en  la  presente  Sección. 
Séanos  lícito,  sin  embargo,  el  gusto  de 
citarlas  brevemente,  y  bástenos  decir 
que,  como  diestro  nuestro  Don  Alfonso 
cen  la  gaya  sciencia  é  en  toda  sotil  poe- 
sía>,  se  señaW  entre  los  más  pulidos  tro- 
vadores de  la  Corte  de  Don  Juan  II,  en- 
tonando demres,  glosas  y  cantos  varios, 
entre  los  cuales  sobresalen  los  morales 
que  dedicó  a  su  padre,  y  los  amorosos 
consagrados  a  la  señora  Oriana:  Que, 
como  campeón  del  Renacimiento  y  de- 
cidido amante  en  promover  en  España 
el  cultivo  de  los  estudios  clásicos,  tra- 
dujo del  latín  a  nuestro  idioma  los  trata- 
dos De  Inventione  y  De  Senectute  de 
Cicerón;  las  Declamationes,  y  los  opús- 
culos De  vita  beata.  De  animi  tranquil- 
litate,  De  Providentia  Dei,  De  Ciernen- 
tía.  De  septem  artihus  liberalibus  y  De 
Fortuitis  seu  de  Remediis  fortuitorum, 
de  ambos  Sénecas,  y  otras  varias  de  di- 
versos escritores,  tales  como  los  Prover- 
bia (Amonestamientos),  De  quator  vir- 
tutibus.  De  bello,  y  De  amicitia  (De  la 
amistansa  y  del  amigo):  Que,  como  es- 
critor ascético,  trabajó  el  Oracional  de 
Fernán  Peres,  el  Defensorium  fidei,.  el 
Memoriale  virtutum,  vertido  por  él  mis- 
mo al  castellano,  y  el  Tratado  de  la  Con- 
templación mezclada  con  oración,  tam- 
bién conocido  con  el  título  de  Exposi- 
ción del  Psalmo  Judica  me  Deus:  Y,  en 
fin,  que  como  Doctor  y  «maestro  de  toda 


elocuencia  é  de  toda  verísima  historial, 
peroró  en  el  Concilio  de  Basilea  el  De- 
fensorium  unitatis  christianae,  la  Alle- 
gatio  pro praecedentia  Regum  Castellae 
prae  Regibus  Angliae,  y  las  Allegatio- 
nes  super  Canariae  insulis  pro  Rege 
Castellae,  también  vertidas  por  él  mis- 
mo a  nuestro  idioma;  escribiendo,  por 
último,  la  Genealogiae  Regum  Hispa- 
norum,  el  Doctrinal  de  Caballeros,  el 
Libro  de  las  mujeres  ilustres,  en  oposi- 
ción al  Corvado  de  Boccacio,  y  el  Cons- 
tatorium,  citado  por  nuestro  Almela  en 
su  Valerio,  y  cuyo  argumento  declara 
ignorar  don  Nicolás  Antonio, 

Tales  son  las  principales  produccio- 
nes, y  los  rasgos  que  más  interesarnos 
pueden  de  la  vida  de  este  varón  clarísi- 
mo, a  quien  principalmente  debemos  el 
que  en  el  siglo  xv,  en  el  centro  de  Cas- 
tilla, y  entre  los  más  distinguidos  litera- 
tos de  aquella  Corte,  sonara  con  tanta 
fama  y  crédito  el  nombre  de  un  ilustre 
murciano  (1). 

Simancas  (Fr.  Pedro  de). 

Religioso  Agustino,  natural  de  Grana- 
da, donde  enseñó  Sagrada  Escritura. 
Pasó  después  a  Cuenca,  en  cuyo  Con- 
vento ejerció  el  cargo  de  Prior,  y  últi- 
mamente a  Murcia,  alcanzándole  el 
tiempo  del  ruidoso  pleito  seguido  entre 
los  PP.  de  su  Comunidad  5^  la  Ilustre 
Cofradía  de  Jesús  Nazareno,  sobre  dere- 
chos de  propiedad  o  patronato  a  la  Er- 
mita de  su  nombre.  Murió  en  esta  ciu- 
dad a  consecuencia  del  terrible  contagio 
que  la  afligió  por  los  años  de  1648  y  si- 
guientes. Escribió: 

1.°  cLocum  literalem  pro  immunita- 
te  B.  Virginis  Mariae  a  peccato  origina- 
li  et  a  debito  illud  contrabendi».  Matri- 
ti,  1640.  En  8.° 

2.'^  «Carta  escrita  a  nuestro  Padre 
Inocencio  X  sobre  la  difinición  de  fee 


(1)    Cfr.  Martínez  Añíbarro,  Escritores  de  Burgos. 


-  184  - 


del  artículo  de  la  Concepción  inmacula- 
da de  la  Virgen  Nuestra  Señora».  Ma- 
drid, 1645.  En  fol. 

Soria  Buitrón  (Fr.  Juan  de). 

Padre  Franciscano  de  la  Regular  ob- 
servancia de  la  Provincia  de  Cartagena, 
por  la  que  fué  nombrado  su  Definidor; 
hijo,  por  naturaleza,  de  San  Lorenzo  de 
la  Parrilla,  y  morador,  por  algún  tiem- 
po, en  el  Convento  de  San  Francisco,  de 
Murcia,  donde  desempeñó  las  cátedras 
de  Artes  y  Teología.  Floreció,  con  gran 
fama  de  docto,  a  mediados  del  siglo- 
xvii;  y  si,  como  opina  bien  el  diligente 
P.  Ortega,  dicho  Soria  y  Buitrón  es  el 
mismo  que  el  citado  por  Fr.  Juan  de 
San  Antonio  en  su  Biblioteca  Francisca- 
na, con  el  solo  nombre  de  Fr.  Juan  de 
Soria,  debemos  considerarle  como  autor 
de  las  siguientes  obras: 

1.^  «Relación  histórica  de  un  mila- 
gro de  San  Antonio  de  Padua».  Orihue- 
la,  por  Vicente  Franco,  1636.  En  4.° 

2.^  «Epílogo  de  la  vida  y  milagros  de 
Nuestro  Padre  San  Francisco».  Cuenca, 
por  Salvador  Viader.  1649.  En  4.° 

3.^  «Epilogus  Summarum,  siv^é  am- 
plissimum  Compendiun  rerum  omnium, 
quae  in  universis  materiis  Theologiae 
Moralis  tractantur:  primo  in  communi: 
secundo  in  particulari  resvumtum  ex 
Villalobos,  cum  aliquibusadditionibus». 
Conchae,  ex  officina  Salvatoris  Viader, 
anno  1650.  En  4.<* 

—  Ibídem.— Parisiis,  apud  Simonem 
Piget,  1656.  En  8.° 

Libro  grandemente  alabado,  según 
decir  del  referido  Fr.  Juan  de  San  An- 
tonio, y  en  alta  estima  tenido  por  mu- 
chos varones  doctos  de  aquel  tiempo. 

4.^  «Tractatum  Apologeticum,  in 
quo  dilucidé  ostendi  Ministrum  Genera- 
lem  Regularis  ac  strictioris  observantiae 
esse  legitimum  successoram  S.  P.  N. 
Francisci». 


MS.,  que  se  halla  (dice  el  mismo  bi- 
bliógrafo) en  el  Archivo  de  la  Orden  de 
Madrid. 

5.*    «De  Theologia  Regulari». 

MS.  también,  en  folio, 

«que  hasta  estos  años  pasados  (decía  el 
P.  Ortega  en  1746)  se  mantuvo  en  la  libre- 
ría de  nuestro  Convento  de  la  Ciudad  de 
Cartagena,  adonde  se  pasó  de  orden  de 
un  Prelado  superior.» 

Tal  vez  (añadimos  nosotros)  por  ha- 
berlo compuesto  y  trabajado  su  autor 
durante  el  tiempo  de  su  permanencia  en 
dicha  casa. 

Soto  (Fr.  Silvestre  de). 

Religioso  Minorita,  natural  de  Villa- 
nueva  de  los  Infantes,  e  hijo  de  la  Pro- 
vincia de  Cartagena,  por  quien  obtuvo 
los  cargos  de  su  Definidor  y  Ministro 
Provincial.  Fué  también  Guardián  en  el 
Convento  de  Alcaraz,  en  el  de  Santa 
Catalina  del  Monte,  y  dos  veces  en  el  de 
Caravaca,  por  lo  que  inferimos,  hubo 
de  permanecer,  durante  no  escaso  tiem- 
po, en  esta  provincia  y  reino  de  Murcia. 
Floreció  a  mediados  del  siglo  xvii,  y 
dejó  compuesta,  según  el  testimonio  del 
P.  Juan  de  San  Antonio,  la: 

«Vida  del  venerable  P.  Fr.  Thomás 
de  San  Francisco,  alumno  de  esta  mis- 
ma provincia». 

Que  tal  es  el  título  con  que  la  halla- 
mos en  la  Biblioteca  Franciscana,  sa- 
biendo también  por  el  mismo  bibliógra- 
fo, que  quedó  manuscrita,  en  folio,  y 
que  se  conservaba,  hasta  su  tiempo,  en 
la  Biblioteca  del  Convento  de  San  Fran- 
cisco de  Madrid,  sub  litt.  E.,  núm.  37, 
fol.  125. 

Es  de  advertir  que  el  dicho  Fr.  Tomás 
de  San  Francisco,  cuya  vida  esclareció 
nuestro  P.  Silvestre  de  Soto,  no  es  otro 
que  el  caballero  llamado  en  el  siglo  don 
Juan  Rejón  de  Silva,  hijo  de  la  noble  fa- 
milia murciana  de  este  apellido. 


T 


Torres  (Don  Pedro  Anastasio  de). 

Fué  canónigo  de  la  Santa  Iglesia  Ca- 
tedral de  Cartagena  por  los  años  de  1782 
y  siguientes,  según  nos  lo  dice  el  autor 
anónimo  de  la  Biblioteca  Asturiana  que 
trae  el  señor  Gallardo  en  la  suya  de  Li- 
bros raros  y  curiosos,  con  estos  tér- 
minos: 

«Don  Pedro  Anastasio  de  Torres.  Actual 
canónigo  de  Murcia  (el  manuscrito  de  di- 
cha Biblioteca  lleva  la  fecha  de  1782).  Sién- 
dolo de  Oviedo,  hizo  por  orden  del  señor 
D.  José  de  Carvajal  y  Lancáster  algunas 
apuntaciones  de  escrituras  antiguas,  con- 
cilios, pleitos,  etc.,  que  apuntaré  para  no- 
ticia de  la  historia  eclesiástica  de  Oviedo, 
y  más  objetos  provechosos,  según  la  lista 
que  me  entregó  el  mismo  D.  Pedro  firma- 
da de  su  mano.» 

Primeramente  sacó  copias  de  las  es- 
crituras siguientes...  (Y  después  de  ci- 
tarlas refiere  los  siguientes  trabajos  de 
D.  Pedro): 

1."  «Un  catálogo  de  los  que  fueron 
Obispos  de  dicha  Santa  Iglesia,  comple- 
to, exacto,  y  comprobado  todo  con  do- 
cumentos auténticos.! 

2.°  «Notas  al  índice  de  los  instrumen- 
tos existentes  en  la  Secretaría  del  Real 
Patronato,  correspondiente  a  dicha  San- 
ta Iglesia,  que  remitió  a'dicho  D.  Pedro 
de  Torres  el  Excmo.  Sr.  Carvajal,  Mi- 
nistro de  Estado,  con  carta  de  1.°  de  Ju- 
nio .de  1751,  para  que  excusase  el  trabajo 
de  copiarlos.» 


3.°  «Ejemplares  de  cláusulas  y  alfa- 
betos de  todas  las  diferentes  letras  anti- 
guas que  se  hallan  en  los  privilegios  y 
libros  de  la  iglesia  de  Oviedo,  copiados 
fielmente  de  sus  respectivos  originales, 
con  perfecta  imitación  de  los  caracteres, 
para  complemento  de  la  «Poligrafía  es- 
pañola». 

4.°  «Razón  de  los  libros  antiguos  que 
se  han  sacado  de  la  librería  de  la  iglesia 
de  Oviedo,  y  adonde  fueron,  según  re- 
sulta de  los  acuerdos  capitulares.» 

5.°  Notas  a  la  lista  de  los  libros  que 
se  creía  existir  en  la  santa  iglesia  de 
Oviedo,  y  remitió  el  mismo  Sr.  Carvajal 
al  citado  D.  Pedro  de  Torres,  en  carta 
del  Excmo.  Sr.  D.  Alonso  Clemente  de 
Aróstegui  de  18  de  Diciembre  de  1750.» 

6.°  «Noticia  de  los  autores  que  han 
tratado  particularmente  del  Obispado 
de  Oviedo.» 

1 P  «Noticia  de  los  varones  ilustres 
del  mismo  Obispado.» 

8.°  «Varias  noticias  de  nuestros  anti- 
guos maravedises,  sacadas  de  los  libros 
de  dicho  archivo  llamados  Preciosa.» 

9.°  «Colección  de  inscripciones  anti- 
guas del  principado  de  Asturias.» 

10.  «índice  de  los  libros  de  la  librería 
antigua  de  la  santa  iglesia  de  Oviedo, 
impresos  y  manuscritos.» 

La  vasta  instrucción  y  literatura  de 
este  ilustre  canónigo  dé  nuestra  santa 
Iglesia  Cartaginense,   hácenme    tener 


186  - 


por  indudable  su  influencia  en  las  le- 
tras, o,  por  lo  menos,  en  los  literatos 
murcianos  del  último  tercio  del  pasado 
siglo,  razón  por  la  cual  no  hemos  va- 
cilado en  dedicarle  el  precedente  re- 
cuerdo. 

ToRRUBiA  (P.  Pedro  Tomás). 

Aunque  lo  creemos  murciano,  como 
lo  son  otros  varios  Torrubias  o  Torru- 
bios  de  esta  ciudad,  por  no  estar  segu- 
ros de  ello,  no  le  dimos  lugar  en  el  an- 
terior, y  sí  lo  hacemos  ahora  en  el  pre- 
sente Catálogo.  Fué  el  P.  Torrubia,  de  la 
Orden  de  San  Ignacio  de  Loyola;  y  en- 
señó Filosofía  y  Teología  en  el  Colegio 
de  San  Esteban  de  Murcia,  de  que  fué 
también  predicador  famoso  allá  por  los 
años  correspondientes  a  la  mitad  del  si- 
glo XVIII.  He  aquí  lo  que,  hablando  de 
él,  nos  dice  el  Doctor  D.  Andrés  José  de 
Sedaño,  Deán  que  fué  por  entonces  de 
la  Iglesia  Catedral  de  Cartagena,  en  una 
aprobación  a.  uno  de  sus  sermones: 

«Tres  veces  máximo,  o  en  tres  faculta- 
des Maestro,  ha  lucido  en  Murcia  nuestro 
Orador  famoso.  Maestro  sutil  en  Philoso- 
phia,  Maestro  sólido  en  la  Theologia,  cuya 
carrera  empezó  con  el  mayor  aplauso  y 
crédito,  quando  el  precepto  le  señaló  para 
la  predicación...,  y  como  Mercurio  Tris- 
megisto  sabe  unir,  y  une  en  sus  sermones 
discretos,  la  agudeza  de  Philosopho,  la  so- 
lidez de  Theologo,  y  el  buen  gusto  de  Ora- 
dor; desempeñando,  con  tanto  crédito  y 
acierto,  el  honroso  y  sagrado  empleo  de 
Predicador,  que  ha  merecido  entre  tantos 
Sabios,  Doctos  y  Apostólicos  Oradores, 
que  componen  este  su  siempre  grande  Co- 
legio, que,  sin  adulación,  se  le  puede  y 
debe  aplicar  aquel  elogio...  Todo  es  dulce 
miel  lo  que  sus  labios  destilan,  y  lo  que  se 
percibe  de  la  suavidad  de  sus  voces  y  pa- 
labras, Y  assi  todos  le  ruegan,  que  repita 
predicar  muchas  veces,  por  no  defraudar- 
se de  el  más  gustoso  rato  de  oirle.» 

Suyo  es,  pues,  entre  otros,  el 
«Sermón  Panegyrico  Predicado  en  el 
primer  día  de  la  Solemnissima  Octava 


de  Canonización  de  S.  Fidel  de  Sigma- 
ringa...  y  S.  Joseph  de  Leonisa,  Capu- 
chinos». En  Murcia,  por  Nicolás  Villar- 
gordo.  Año  1748.  En  4.°. 

Véase  Torrubia  en  nuestro  Catálogo 
de  Impresos  en  Murcia. 

Trejo  Paniagua  (Don  Fr.  Antonio). 

Natural  de  Plasencia,  e  hijo  de  don 
Antonio  de  Trejo  Monroy  y  de  doña 
Francisca  de  Sande  Paniagua.  Estando 
en  Salamanca  en  los  principios  de  sus 
estudios  mayores,  abrazó  el  estado  Reli 
gioso  en  el  Convento  de  San  Francisco 
de  dicha  ciudad,  leyendo  después  Artes 
y  Teología  en  los  de  León  y  Toledo,  de 
los  que  también  fué  Guardián.  Pasó  lue- 
go a  la  Corte  por  Comisario  general  de 
Indias;  y  habiendo  quedado  vacante  el 
cargo  de  Ministro  general  de  la  obser- 
vancia, por  muerte  del  Padre  Fr.  Juan 
del  Hierro,  fué  electo  Vicario  General 
de  dicha  Orden.  Felipe  III  le  presentó 
más  tarde  por  Obispo  de  Cartagena, 
siendo  consagrado  por  el  Arzobispo  de 
Tarragona  don  Fray  Juan  de  Guzmán, 
en  el  Convento  Real  de  la  Princesa  doña 
Juana  de  Madrid,  y  haciendo  su  solemne 
entrada  en  Murcia  y  toma  de  posesión 
de  su  Obispado  en  15  de  octubre  de  1618. 
En  el  mismo  partió  a  Roma  con  título 
de  Embajador  de  su  Rey,  con  el  fin  de 
intervenir  cerca  de  la  Santidad  de  Pau- 
lo V,  para  que  declarase  artículo  de  fe  la 
purísima  concepción  de  la  Virgen;  jor- 
nada a  que  le  ayudó  S.  M.  con  la  suma 
de  ocho  mil  ducados,  y  en  la  que  el 
Obispo  hubo  de  conseguir  del  Sumo 
Pontífice  el  ser  oído  con  veneración  y 
apluso.  Vuelto  al  gobierno  de  su  Dió- 
cesis, 

«y  cumpliendo  (dice  al  llegar  aquí  Gon- 
zález Dávila)  con  el  cargo  de  Pastor  y  Pa- 
dre de  familias,  consoló  a  sus  ovejas  con 
visitas  y  abundancia  de  limosnas.  En  un 
año  de  mucha  falta  de  pan,  sustentó  cum- 


-  187 


plidamente  mil  y  seiscientos  pobres;  entre 
ellos  había  algunos  con  fuerzas  para  poder 
trabajar,  y  diciéndole  un  caballero,  que 
para  qué  les  daba,  respondió:  pidenmelo 
por  amor  de  Dios,  y  por  atnor  de  Dios  se 
lo  doy.  Si  están  para  trabajar,  eso  le  perte- 
ce  al  Corregidor  y  no  a  rhi. 

»Fundó  en  el  trascoro  de  su  Iglesia  una 
insigne  capilla  dedicada  a  la  Concepción 
de  nuestra  Señora,  en  que  gastó  veinte  y 
cuatro  mil  ducados,  y  la  dotó  con  renta 
muy  suficiente,  para  que  la  sirvan  cuatro 
capellanes.  Dedicó  otra  capilla  a  San  Ful- 
gencio, Obispo  de  Cartagena,  entierro 
para  los  Obispos  que  lo  fuesen  de  esta 
Iglesia;  y  para  los  Prebendados  otro.  Doró 
la  Capilla  mayor;  defendió  la  inmunidad 
de  su  Clero  en  razón  de  tributos,  con  tanto 
valor  y  virtud,  que  el  Consejo  Real  de 
Castilla  llegó  a  conferir  si  sería  bien  pri- 
varle de  las  temporalidades  y  mandarle 
salir  del  reino...  Vínole  a  llamar  la  muerte 
en  el  mes  de  diciembre  (día  21)  del  año 
1635,  en  el  cincuenta  y  seis  de  su  edad,  y 
diósele  a  su  cuerpo  sepultura  en  la  Capilla 
que  viviendo  había  fundado.» 

Escribió: 

1.°  «Pro  Conceptione  Immaculatae 
Deiparae  Virg-inis  Mariae  Orationes  12». 

«Quas  habes  (dice  Marracio)  apud  Vva- 
ding-um  in  Legatione  pro  eadem  Con- 
ceptione, Lovanij  impressa,  anno  1624.» 


2.°  Ídem  «Apologiam  pro  Rege  Ca- 
tholico  Philipo  III.  in  Vrbe  sparsit>. 

«In  qua  (añade  el  mismo  Marracio) 
quod  recté  et  Catholicé  se  gesserit,  in 
ijs,  quas  apud  Sedem  Apostolicam  adhi- 
buit,  diligentijs,  pro  definienda  Contro- 
versia Conceptionis  Virg.  Mariae,  Pon- 
tificum  decretis,  Ortodoxorum  Concilio- 
rum  pondere,  vtriusque  Juris  contextu, 
et  túm  demúm  firmissimis  rationibus, 
luculenter  ostendit...»  (1). 

Truyol  (Fr.  Juan  Bautista). 

Religioso  de  la  Orden  de  Predicado- 
res. Fué  Lector  de  Teología,  y  Prior  de 
los  Conventos  de  Murcia,  Chinchilla, 
Ciudad  Real,  Alcaraz,  Almería  y  Gua- 
dix,  y  Examinador  Sinodal  de  este  Obis- 
pado, habiendo,  pues,  residido  en  la  re- 
g-ión  murciana  nueve  años  por  lo  menos. 

Dio  a  la  luz  pública,  que  hasta  ahora 
sepamos: 

«Sermón  de  la  vida  y  virtudes  de  San- 
ta Cathalina  de  Riccis».  Murcia  (1747?). 

Véase  Truyol  en  nuestro  Catálogo  de 
Impresos  en  Murcia. 


(1)    Bibliotheca  Mariana. 


V 


Valdivibso  (Fr.  Alonso  de). 

Religioso  Franciscano  de  la  Provincia 
de  Cartagena,  y  residente  en  Murcia  du- 
rante largo  tiempo,  tal  vez  desde  1614  a 
1630,  en  que  bajó  al  sepulcro.  Fué  natu- 
ral de  Alcázar  de  San  Juan;  y  entrado 
en  la  Religión,  obtuvo  varias  Guardia- 
nías,  entre  ellas  la  del  convento  de  di- 
cha ciudad  de  Murcia,  y  el  cargo  de  De- 
finidor de  la  Orden,  para  el  que  fué  ele- 
gido dos  veces  consecutivas.  Fué  hon- 
rado también,  como  otros  muchos  doc- 
tos varones  de  su  tiempo,  naturales  o 
vecinos  de  esta  provincia,  con  la  amis- 
tad de  su  Obispo  el  Ilustrísimo  señor 
don  Fr.  Antonio  de  Trejo,  a  quien  dedi- 
có una  larga  carta  escrita  en  respuesta 
a  cierto  Religioso  que  le  había  consulta- 
do sobre  si  admitiría  una  Guardianía 
que  intentaban  conferirle;  carta  notable, 
según  el  testimonio  del  P.  Ortega,  por 
quien  también  nos  consta,  consiguió  ver 
la  luz  pública  en  las  prensas  murcianas, 
año  de  1627,  én  un  volumen  en  4.°  de  73 
páginas.  Murió  el  R.  P.  Fr.  Alonso  de 
Valdivieso,  de  edad  muy  avanzada,  en 
el  Convento  de  San  Francisco  de  la  re- 
ferida ciudad  de  Murcia  y  año  de  1630, 
según  queda  dicho. 

Por  lo  que  toca  a  sus  circunstancias 
de  literato,  conocémosle  principalmen- 
te como  orador  sagrado  cuyo 

«ministerio  (dice  el  autor  referido)  exer- 
citó  por  espacio  de  cinquenta  años  con 
grande  fama  y  opinión», 


hasta  el  punto  de  pasar  {añade  en  otro 
lugar) 

«por  uno  de  los  mayores  y  ventajosissi- 
mos  Predicadores  de  aquella  edad,  avién- 
dole  Dios  favorecido  con  todas  aquellas 
prendas  que  pueden  desearse  en  un  varón 
apostólico  para  desempeño  ilustre  de  las 
Evangélicas  tareas.» 

Por  referencia  también  del  mismo 
cronista  sabemos  que,  además  de  la  so- 
bredicha Carta,  dejó  trabajadas  «varias 
obras  predicables,  que  quedaron  manus- 
critas, por  cuya  ocasión  se  perdieron», 
llegando  solamente  a  ver  la  luz  pública 
(tal  vez  en  las  prensas  del  referido  Con- 
vento de  San  Francisco)  las  dos  oracio- 
nes siguientes,  que  hubiéramos  desea- 
do, y  no  hemos  podido  consultar,  por 
cuya  razón  habremos  de  resignarnos 
con  citarlas  casi  con  las  mismas  breves 
palabras  con  que  las  vemos  mencio- 
nadas: 

1.^  «Oración  funeral  en  Honras  de 
Felipe  III»  (Oración  en  las  funerales 
pompas  de  Felipe  III,  Rey  de  España, 
escribe  el  autor  de  la  Biblioteca  Fran- 
ciscana). Murcia,  1621.  En  4.° 

2.^  «Oración  predicada  en  la  Synodo 
que  celebró  la  ciudad  de  Murcia  el  año 
de  1623».  En  Murcia  (1623?).  En  4.'' 

Tales  son  las  únicas  noticicias  que  he- 
mos podido  adquirir  acerca  de  las  obras 
de  este  venerable  Padre,  que  casi  po- 
dríamos llamar  hijo  adoptivo  de  Murcia, 
en    donde    publicó,    y   probablemente 


-  189  - 


hubo  de  componer  casi  todas  ellas,  sin- 
tiendo muy  de  veras  nosotros  el  no  po- 
derlas describir  con  toda  la  amplitud 
circunstanciada  que  hubiéramos  desea- 
do y  era  menester. 

Valencia  (Fr.  Juan  Francisco  de). 

Religioso  Capuchino,  natural  de  dicha 
ciudad,  hijo  de  Francisco  Ximeno  y  de 
Josefa  Sbert.  Se  llamó  en  el  siglo  Fran- 
cisco Ximeno:  vistió  el  sayal  de  San 
Francisco  en  el  Convento  de  Menores 
Capuchinos  de  la  Magdalena,  donde 
profesó,  día  18  de  junio  de  1744,  en  la 
edad  de  diecisiete  años  y  medio.  La  obe- 
diencia lo  destinó  al  Convento  de  Mur- 
cia, donde  murió  en  1805.  Escribió: 

1°  €  Explicación  de  casos  reserva- 
dos...» Murcia,  por  la  Viuda  de  Teruel. 
(S.  a.)En8.° 

2°  cTratado  sobre  la  Oración».  (S.  1., 
nom.  de  impr.  ni  a.)  En  8.° 

3°  «Explicación  práctica  de  los  diez 
Mandamientos».  Murcia,  1793.  En  8.*^ 

Obrita  esta  última  no  citada  por  Fus- 
ter,  de  quien  hemos  copiado  las  anterio- 
res noticias. 

Véase  Valencia  en  nuestro  Catálogo 
de  Impresos  en  Murcia. 

Vargas  (Fr.  Alonso  de). 

Nada  de  positivo  hemos  podido  inqui- 
rir acerca  de  la  patria  de  este  venerable 
y  dignísimo  Minorita,  callándola,  como 
la  callan,  Wadingo,  don  Nicolás  Anto- 
nio, y  los  más  de  los  autores  que  de  su 
vida  escriben,  siendo  para  nosotros  du- 
dosa y  de  valor  escaso  la  opinión  de  los 
que  asertan  fué  Madrid;  opinión  y  aser- 
to puestos  ya  en  incertidumbre  por  el 
docto  autor  de  la  «Crónica  de  la  Pro- 
vincia de  Cartagena.»  Sabemos,  sí,  mer- 
ced a  tan  diligente  escritor,  que  el  M. 
R.  P.  Alonso  de  Vargas,  nacido  a  me- 
diados del  siglo  XVI,  vistió  el  sayal  será- 


fico, y  profesó  más  tarde  (3  de  mayo 
de  1584)  en  el  convento  de  San  Francis- 
co de  la  ciudad  de  Murcia,  después  de 
haber  cursado  «con  grandes  créditos> 
las  aulas,  y  saliendo  tan  aprovechado 
«en  ciencias,  y  en  ambos  Derechos,  que 
fué  de  los  más  famosos  y  bien  opinados 
de  su  edad»;  que  en  dicha  su  Provincia 
de  Cartagena,  obtuvo  sucesivamente  los 
cargos  de  Secretario,  Definidor,  Guar- 
dián, por  dos  veces,  del  referido  con- 
vento de  Murcia,  otras  dos  veces  Custo- 
dio, y  últimamente  Ministro  Provincial 
de  la  Orden;  y  en  fin,  que  hubo  de  dis- 
tinguirse tanto,  así  por  su  destreza  en  el 
ejercicio  de  dichos  empleos,  cuanto  por 
la  rectitud  de  su  conducta  y  singulares 
dotes  de  entendimiento,  que  llegó  a  ser 
tenido,  en  concepto  de  todos  sus  herma- 
nos de  religión,  por  uno  de  «sus  más 
ejemplares,  prudentes,  zelosos,  y  vigi- 
lantissimos  Prelados  de  aquel  tiempo». 

El  limo,  señor  don  Fr.  Antonio  de 
Trejo  y  R.  P.  Fr.  Benigno  de  Genova, 
Ministros  Generales,  entonces,  de  la 
Orden  seráfica,  conociendo,  como  cono- 
cían, las  relevantes  prendas  del  P.  Var- 
gas, y  teniéndole,  por  ellas,  en  suma 
estimación,  confiriéronle  después  la  im- 
portante y  delicada  misión  de  visitar  to- 
das las  Provincias  Observantes  de  Es- 
paña, con  el  objeto  de  proveer  lo  nece- 
sario para  la  reforma  de  algunas  de  sus 
Constituciones;  empresa,  como  decía- 
mos, delicadísima,  y  que  llevó  a  cabo 
el  P.  Vargas  con  tan  plausible  mezcla  de 
prudencia  y  energía,  que  hubo  muy- 
pronto  de  hacerse  acreedor  a  que  le 
fuesen  dadas  las  más  cumplidas  gracias 
por  parte  de  aquellos  dos  insignes  Pre- 
lados, mereciendo  además  ser  caracte- 
rizado por  el  segundo  de  ellos  con  esta 
expresiva  frase:  Si  Franciscana  Religio 
quator  Vargas  haberet,  facillima  esset, 
eius  reformatio. 

Otra  circunstancia  de  la  vida  de  este 


-  190  - 


docto  Padre,  la  más  interesante,  por 
cierto,  para  nosotros,  fué  la  predilec- 
ción que  tuvo  siempre,  en  los  espacios 
de  tiempo  que  le  dejaban  libre  sus  ocu- 
paciones, por  habitar  en  los  solitarios 
conventos  de  Nuestra  Señora  de  las 
Huertas  de  Lorca,  y  de  Santa  Catalina 
del  Monte  de  Murcia,  cuya  casa  dotó  de 
muchas  preciosidades,  siendo  de  entre 
ellas  la  más  notable  su  hermosa  y  abun- 
dante librería,  que  él  mismo  formó  y 
dispuso. 

Durante  su  permanencia  en  dicha  ciu- 
dad de  Murcia,  en  la  de  Lorca  y  en  la 
de  Orihuela,  fué  también  cuando  com- 
puso las  obras  de  que  más  adelante  ha- 
remos mención. 

Para  terminar  ahora  estos  apuntes 
biográficos,  parécenos  conducente  a 
nuestro  propósito  copiar  a  continuación 
las  significativas  frases  de  la  ya  citada 
Crónica  de  la  Provincia  de  Cartagena, 
en  que  se  confirma  la  especie  que  deja- 
mos apuntada,  calificándola  de  intere- 
sante, como  lo  es  en  realidad,  para  to- 
dos los  murcianos. 

«Este  Vener.  y  docto  Prelado  (dice)  tuvo 
especial  afecto  y  cariño  al  solitario  Con- 
vento de  Santa  Catalina  del  Monte,  adon- 
de se  retiraba  algunos  cortos  espacios  de 
tiempo...,  y  en  donde  se  aplicaba  a  diver- 
sos espirituales  exercicios,  con  admirable 
exemplo  de  aquella  Santa  Comunidad.  En 
este  convento  formó  y  dispuso  una  libre- 
ría tan  abundante  y  preciosa  que,  aun  para 
estos  tiempos,  se  merece  colocar,  por  la 
quantidad  y  qualidad  de  sus  libros,  en  el 
número  de  las  buenas  o  mejores  de  algu- 
nas Provincias;  de  donde  yo  colijo,  que 
por  aquellos  tiempos  en  que  se  fundó,  era 
de  las  mejores  de  España.  Puso  también 
en  la  Iglesia,  Sacristía,  claustros  y  otras 
oficinas,  quantas  alhajas  buenas  oy  vemos, 
y  son  muchas:  como  especiales  y  muchas 
reliquias,  pinturas  excelentes,  relicarios 
primorosos,  y  otras  diferentes  piezas,  que 
todo  pudiera  ser  desempeño  honroso  de 
un  gran  Príncipe.  En  contorno  o  distrito 
de  este  Convento,  puso  las  Estaciones  o 
Pasos  del  Via  Crucis,  que  fueron  los  pri- 


meros de  España. . .  También  tuvo  especial 
devoción  y  afecto  al  célebre  Santuario  de 
N.  Señora  de  las  Huertas,  adonde  solía, 
asimismo,  retirarse,  el  tiempo  que  podía, 
a  varios  exercicios...» 

Murió,  en  fin,  el  P,  Vargas  «de  edad 
muy  avanzada»,  según  expresión  del 
mismo  cronista,  y  siendo  Definidor  Ge- 
neral de  la  Orden,  en  el  referido  con- 
vento de  San  Francisco  de  la  ciudad  de 
Murcia,  en  18  de  enero  de  1625,  habien- 
do concurrido  a  su  entierro 

«innumerable  gentío,  con  todas  las  perso- 
nas de  distinción,  y  aclamándole  todos  por 
santo  y  eternamente  feliz  en  la  divina  pre- 
sencia.» 

Dejó  escritas  varias  obras,  de  las  que 
se  publicaron,  conforme  al  testimonio 
de  don  Nicolás  Antonio,  las  dos  si- 
guientes: 

1.^  «Relación  de  las  vidas  y  triunfos 
de  los  gloriosos  Martyres  S.  Sixto  Papa 
Segundo  de  este  nombre,  S.  Inocencio, 
S.  Flora  Virgen  y  S.  Dionysio».— Mur- 
cia, 1624.  4.« 

2.^  «Relación  votiva  o  donaría  de  la 
antigüedad  de  la  Imagen  de  Nuestra  Se- 
ñora de  las  Huertas,  que  el  Rey  don 
Alonso  el  Sabio  colocó  en  la  Iglesia  de 
Lorca».— Granada,  por  Francisco  Hei- 
lan,  1625.  4.° 

Este  libro  se  ha  hecho  ya  tan  raro  que 
nos  ha  sido  imposible  consultarlo,  aun- 
que podríamos  decir  que  lo  conocemos 
leída  la  descripción  e  historia  de  la  Vir- 
gen de  las  Huertas  que  trae  el  señor  Ví- 
Ualba  y  Coreóles  en  el  manuscrito  que 
en  lugar  oportuno  citaremos. 

Vélez  y  Marín  (Don  Manuel). 

Natural,  según  Latassa,  de  la  ciudad 
de  Zaragoza,  donde  hizo  su  carrera  lite- 
raria, y  residente  en  la  de  Murcia,  por 
haber  obtenido  una  Canonjía  en  su  Igle- 
sia Catedral,  desde  1767  a  1788.  Es- 
cribió: 


-  191  - 


1.°  «Disertación  histórica  sobre  las 
letanías  antiguas  de  la  Iglesia  de  Espa- 
ña. Dedicada  al  limo.  Sr.  D.  Diego  de 
Rojas  y  Contreras,  Obispo  de  Cartage- 
na, Gobernador  del  Supremo  Consejo 
de  Castilla».— Madrid,  por  Diego  Fer- 
nández de  Arrojo,  1758.  En  4.° 

2.°    «Memorias  de  San  Philastro». 

«Las  cuales  (añade  el  citado  Latassa)  van 
unidas  con  la  obra  antecedente  y  se  hallan 
en  ella  desde  la  página  179,  hasta  su  fin. 
Los  censores,  calificando  la  referida  obra, 
acuerdan  el  mérito  de  su  autor  y  su  bien 
empleada  instrucción.  > 

Vellerino  de  Villalobos  (Don  Baltasar). 

Escritor  de  la  segunda  mitad  del  si- 
glo XVI,  natural  de  Sevilla.  Siendo  aún 
muy  joven,  y  obtenido,  tras  de  larga  y 
tenaz  resistencia  por  parte  de  sus  pa- 
dres, el  permiso  para  embarcarse,  a 
que,  según  parece,  tuvo  siempre  grandí- 
sima afición,  hízolo  para  América,  de 
vuelta  de  la  cual  avecindóse  en  Murcia, 
donde  residió  por  espacio  de  diez  años, 
y  en  donde  adquirió  toda  su  educación 
literaria  y  científica,  en  los  colegios  de 
la  Compañía  de  Jesús,  de  uno  de  los 
cuales  fué  Colegial  Fundador,  y  Rector 
de  otros,  según  nos  lo  declara  él  mismo 
en  la  obra  que  dejó  manuscrita,  y  se 
conserva  en  la  Biblioteca  de  Salamanca. 
Su  título  es: 

«Luz  de  navegantes,  donde  se  halla- 
rán las  derrotas  y  señas  de  las  partes 
marítimas  de  las  Indias,  islas  y  tierra 
firme  del  Mar-Occeano.  Dirigido  al 
Real  y  Supremo  Consejo  de  las  Indias, 
por  Baltasar  Vellerino  de  Villalobos, 
presbítero.  Doctor  en  Sacros  Cánones  y 
Maestro  en  Artes  y  Filosofía.  1592  años. » 

Ms.  original,  en  folio  apaisado.— 189  hojas,  con  planos, 
mapas  y  vistas  de  algunas  ciudades  y  puertos.  Contiene, 
además  del  texto,  la  Dedicatoria  al  Real  Consejo  de  In- 
dias, y  un  Prólogo,  del  cual  hemos  tomado  las  noticias 
biográficas  anteriores,  y  que  allí  se  expresan  del  modo 
siguiente: 


«...  Pues  como  el  año  de  62  yo  quisiere 
pasar  a  las  Indias  en  la  flota  general  del  fa- 
moso Pedro  Meléndes,  los  tiempos  fueron 
contrarios:  después  de  haber  salido  de  la 
barra  de  Sant  Lucar,  que  la  flota  arribó 
cinco  veces  a  Cadiez  (sic),  mis  padres  que 
iban  en  ella,  viendo  el  principio  del  mal 
viaje,  a,unque  había  dos  meses  que  esta- 
ban embarcados,  no  le  quisieron  prose- 
guir.» 

«Desto  poco  que  estuve  embarcado,  con 
la  inclinación  natural  que  tengo  a  la  nave- 
gación, me  afiancé  en  tal  manera  al  arte 
de  navegar,  que  procuré  desde  este  tiem- 
po, en  que  era  bien  muchacho,  siendo  Es- 
tudiante en  la  Compañía  de  Jesús  de  la 
ciudad  de  Sevilla,  donde  soy  natural,  que 
un  amigo  diestro  della  me  la  comunicara; 
de  donde  me  nació  grandísimo  deseo  de 
navegar.  Con  lo  cual  importuné  a  mis  pa- 
dres que  me  inviaran  a  las  Indias:  y  no 
gustando  de  venir  en  ello,  por  parecerles 
que  era  muy  mozo,  yo  me  fui  sin  su  licen- 
cia a  buscar  pasaje  hasta  el  Puerto  de  San- 
ta María,  donde  me  halló  un  hombre  que 
mis  padres  habían  enviado  en  busca  mía; 
.  y  habiéndome  vuelto  a  Sevilla,  viendo  mis 
padres  la  determinación  con  que  yo  les 
había  desengañado  de  ir  a  Indias,  se  de- 
terminaron enviarme,  y  así  pasé  a  la  Nue- 
va España,  el  año  de  69,  en  la  flota  general 
de  D.  Cristóbal  de  Eraso,  y  en  la  nao  de 
Martín  de  litarte...» 

«En  la  ciudad  de  Murcia  determiné  pa- 
sar con  mis  estudios  adelante,  y  arrímeme 
a  la  Compañía  de  Jesús,  a  quien  toda  mi 
vida  he  sido  y  soy  aficionado,  y  en  unos 
Colegios  que  en  aquella  ciudad  fundó,  yo 
fui  Colegial  fundador,  Vicerrector  y  Rec- 
tor de  algunos;  y  finalmente  me  crié  y  es- 
tuve entre  ellos  diez  años,  ejercitándome 
en  todas  letras,  así  divinas  como  humanas.  > 

Así  en  la  Biblioteca  de  libros  raros  y 
curiosos. 

Vicente  Ferrer  (San). 

No  estuvo  en  Murcia  mucho  tiempo, 
pero  la  influencia  que  por  medio  de  su 
ardiente  y  fervorosa  predicación  ejerció 
en  la  cultura  y  costumbres  de  la  socie- 
dad murciana  de  su  tiempo,  fué  notabi- 
lísima bajo  el  triple  concepto  religioso, 


192  — 


político  y  literario,  razón  por  la  cual,  ya 
que  omitamos  su  biografía,  de  todo  el 
mundo  conocida,  vamos,  no  obstante,  a 
copiar  aquí  aquella  parte  de  ella  relativa 
a  su  paso  por  dicha  ciudad  y  su  provin- 
cia, tal  y  como  nos  la  ha  conservado 
Cáscales: 

«En  el  año  siguiente  de  mil  y  quatro- 
cientos  y  once,  se  halló  en  el  Concejo  de 
esta  Ciudad  el  Prior  de  Santo  Domingo  de 
ella,  y  les  dixo  q,ue  bien  sabían  que  Fray 
Vicente  Ferrer,  Maestro  en  Santa  Theolo- 
gia,  había  prometido  de  venir  a  esta  Ciu- 
dad a  predicar  el  Santo  Evangelio,  y  a  po- 
ner paz  y  concordia  en  ella,  y  que  por 
quanto  muchos  hombres  y  mugeres,  que  le 
seguían  de  tierra  en  tierra,  tenían  recelo 
de  entrar  aquí,  por  venir  de  Reyno  extra- 
ño, que  los  asegurase  la  Ciudad,  que  no  re- 
cibirían mal  ni  daño,  ni  que  el  Alcalde  de 
sacas  les  haría  sinrazón  alguna,  así  acerca 
de  la  entrada,  como  de  la  salida,  y  vista 
esta  proposición,  ordenaron  los  Alcaldes 
y  Regidores  que  fuesen  por  Mensageros 
Juan  Sánchez  de  Ayala  y  Manuel  Porcel, 
juntamente  con  el  Prior  de  Santo  Domin- 
go, a  la  Villa  de  Origuela,  donde  Fray  Vi- 
cente estava,  para  que  hablasen  con  el  di- 
cho Maestro  y  hiciesen  sobre  ello  lo  que 
cumpliese  al  servicio  de  Dios,  y  bien  de 
esta  Ciudad;  y  hecha  esta  diligencia.  Jue- 
ves veinte  y  nueve  días  de  Enero,  entró  en 
esta  Ciudad  Fray  Vicente  Ferrer,  siendo 
recibido  con  gran  amor  y  aplauso.  Y  por- 
que él  todos  los  días  tenía  de  costumbre 
decir  Misa,  y  predicar,  se  le  hizo  ante  la 
puerta  del  mercado  un  tablado  muj'^  alto 
con  su  pulpito  en  que  decía  Misa  en  un  Al- 
tar, que  para  esto  se  le  aderezaba,  y  luego 
acabada  la  Misa,  predicaba  con  santísimo 
fervor.  De  cuyas  santas  palabras  y  sermo- 
nes resultó,  que  las  pesadumbres,  revolu- 
ciones, y  vandos  que  entre  los  Cavalleros 
principales  y  Ciudadanos  había,  las  com- 
puso y  hizo  que  se  perdonasen  unos  a 
otros,  así  muertes  de  padres  y  hermanos, 
y  de  otros  parientes,  como  otras  ofensas 
e  injurias;  los  quales  perdones  se  hacían 
por  ante  Escrivano,  que  el  dicho  Fray  Vi- 
cente traía  con  autoridad  Apostólica,  y 
se  llamaba  Leonardo  García;  y  el  mismo 
Maestro  Fray  Vicente  se  hallaba  presente 
a  estas  Escrituras  de  paces.  Estuvo  este 


santo  Varón  en  esta  Ciudad  predicando 
un  mes,  y  resultaron  muchos  bienes  de  su 
predicación;  porque  fuera  de  haber  com- 
puesto muchas  enemistades,  y  haber  al- 
canzado muchos  perdones  de  muertes  y 
agravios,  convirtió  muchos  Moros  y  Judíos 
(porque  había  aljama  de  Moros  y  aljama 
de  Judíos,  aj^uí,  y  en  todas  las  principales 
Ciudades  de  los  Reynos),  y  especialmen- 
te convirtió  algunos  Rabinos,  a  los  qua- 
les por  no  saber  oficios,  mandó  esta  Ciu- 
dad a  instancia  suya,  mantener  y  vestir,  y 
dar  casas  aparte  fuera  de  la  Judería.  He- 
cho esto,  queriéndose  ir  de  aquí  a  Lebrilla, 
Alhama  y  Lorca  a  predicar,  por  no  haber 
agua  en  el  camino,  ni  lugar  cerca  de  donde 
tomarla,  mandó  la  Ciudad  a  Macian  Co- 
que, Jurado  Clavario,  que  hiciese  llevar 
una  carga  de  vino,  y  otra  de  pan  a  Sango- 
nera, par  de  la  Torre  de  Pedro  Celdran, 
para  que  refrescase  el  dicho  Maestro,  y  la 
gente  que  con  él  iba,  y  que  comprase  cin- 
co piezas  de  paños  burillos,  para  vestir  a 
la  gente  devota  que  le  acompañaba,  y  un 
Hábito  cumplido  y  honrado  para  el  Maes- 
tro Fray  Vicente.» 

«Estúvose  por  allá  algunos  días,  y  por- 
que acá  había  tenido  algunas  disputas  con 
los  Rabinos,  y  le  pareció  que  no  los  había 
dexado  muy  satisfechos,  estuvo  de  buelta 
en  esta  Ciudad  dentro  de  pocos  días,  y  en 
el  primer  Sermón  dixo,  que  como  la  pri- 
mera vez  no  tuvo  tiempo  para  instruir  a 
los  Judíos,  y  satisfacer  a  las  dificultades 
que  le  habían  propuesto,  bolvía  entonces 
para  entender  de  espacio  en  su  conver- 
sión...» 

«Después  de  haber  satisfecho  a  los  Ju- 
díos, y  convertido  buena  parte  de  ellos,  y 
de  Moros,  últimamente  dexó  antes  que  se 
partiese,  ciertas  Ordenaciones,  que  le  pa- 
reció al  Santo  Maestro  que  convenía  ha- 
cerse, todas  sacadas  de  los  Decretos  Canó- 
nicos, en  razón  de  los  tratos,  comercios  y 
conversaciones  entre  Christianos,  Moros 
y  Judíos,  con  penas  ya  pecuniarias,  ya  cor- 
porales, las  quales  fueron  mandadas  pre- 
gonar por  toda  esta  Ciudad  por  mandado 
del  Concejo,  Lunes  veinte  y  quatro  días 
de  Marzo  de  mil  y  quatrocientos  y  once 
años,  y  fueron  publicadas  y  leídas  todas, 
y  cada  parte  de  ellas  en  el  mercado  de  di- 
cha Ciudad,  hallándose  en  este  acto  las 
más  gente  de  los  vecinos  y  moradores  de 
ella,  que  concurrieron  a  oir  las  santas  pa- 


—  193 


labras,  que  el  Reverendo  Maestro  Fray 
Vicente  predicaba,  a  lo  que  fueron  testi- 
gos Gonzalo  Pérez  Faxardo,  y  Alonso  Sal- 
vad, y  Antón  Sánchez  de  Sanvicente,  y 
otros  muchos  vecinos  de  la  Ciudad. > 

Tales  fueron  los  felicísimos  resulta- 
dos de  esta  santa  predicación.  A  ella, 
sobre  todo,  le  deben  las  letras  murcia- 
nas el  alto  nombre  conseguido  por  el  cé- 
lebre converso  Jerónimo  de  Santa  Fe 
(antes  Jehosuah  Halorqui)  de  que  en  lu- 
gar oportuno  nos  hemos  ya  ocupado,  y 
que  tantos  días  de  gloria  dio  a  su  patria 
y  a  la  teología  cristiana. 

ViLLAOSLADA  (Fr.  José  dc). 

Religioso  Franciscano  de  la  Provincia 
de  Cartagena  de  la  Regular  Observan- 
cia. Siendo  Predicador  de  la  misma,  y 
hallándose  en  Murcia,  escribió  y  dio  a 
la  prensa  un  opúsculo  titulado: 

«De  la  célebre  indulgencia  de  la  Por- 
ciúncula». 

Villegas  (P.  Bernardino  de). 

Jesuíta.  Natural  de  Oropesa,  en  la 
Diócesis  de  Avila,  y  morador  por  mu- 
cho tiempo  en  el  Colegio  de  la  Compa- 
ñía de  Murcia,  donde  tuvo  a  su  cargo  la 
Cátedra  de  Teología.  Comenzó  a  flore- 


cer en  los  primeros  años  del  siglo  xvu, 
y  aún  vivía  en  1651.  Escribió: 

1.°  «Vida  de  Santa  Lutgarda».— Ma- 
drid. Imprenta  Real,  1625.  En  4.° 

2°  «Exercicios  quotidianos  espiri- 
tuales». 

Que  vertidos  al  italiano,  fueron  im- 
presos en  Roma,  año  de  1632.  En  16.° 

3,°  «De  los  favores  que  hace  a  sus 
devotos  la  Virgen  Nuestra,  Señora».— 
Valencia,  por  Cristóbal  Garriz,  1635. 
En  16.° 

4.°  «Memorial  sobre  la  calificación 
de  las  Reliquias  de  los  Santos  Martyres 
de  Arjona».— Baeza,  1639.  Folio. 

5.°  «Commentarios  in  Tertiam  par- 
tem  Summae  S.  Thomae,  de  Incarna- 
tione,  et  de  Sacramentis> .  (?) 

6."  «Soliloquios  divinos,  por  el  Padre 
Bernardino  de  Villegas,  de  la  Compañía 
de  Jesús,  Catedrático  de  Teología  en  su 
Colegio  de  San  Esteban  de  Murcia,  y 
Calificador  del  Santo  Oficio.  Al  Excmo. 
Sr.  D.  Luis  de  Moneada  Aragón  y  Cer- 
da, Príncipe  de  Paterno,  Duque  de  Mon- 
talto,  &c.»— En  Madrid,  por  F.  Sánchez 
Frexneda.  Año  1632.  En  12.° 

Obra  que,  seguramente,  escribió  es- 
tando en  Murcia  en  el  desempeño  de  su 
referida  Cátedra. 


13 


z 


Zamora  (Fr.  Francisco). 

Varón  insigne,  dotado  de  altas  y  rele- 
vantes prendas,  y  por  muchos  concep- 
tos digno  del  singular  aprecio  y  nombre 
de  que  gozó  en  su  época,  dentro  de  la 
Religión  Franciscana,  a  que  pertenecía. 

Nació  en  la  ciudad  de  Cuenca  en  1508, 
de  noble  y  generosa  estirpe,  y  residió 
bastantes  temporadas  en  diversos  con- 
ventos de  la  provincia  de  Murcia,  prin- 
cipalmente en  el  famoso  de  Nuestra 
Señora  de  las  Huertas,  de  la  ciudad  de 
Lorca,  donde  pasó  los  ocho  postreros 
años  de  su  vida,  y  en  donde,  sin  duda, 
la  hubiera  terminado  a  no  impedírselo 
la  obediencia,  que  le  obligó,  pocos  me- 
ses antes  de  su  muerte,  a  pasar  a  Italia 
para  asistir  a  cierto  Capítulo  general 
que  había  de  celebrarse  en  Roma.  Pro- 
fesó en  la  Orden  a  la  tierna  edad  de 
quince  años;  y  comenzó  desde  entonces 
a  singularizarse  tanto  por  su  aplicación 
y  lucimiento  en  los  buenos  estudios,  que 
aún  no  cumplidos  los  veinte  hallóle  ya 
capaz  su  Provincia  para  confiarle  la  re- 
gencia de  una  cátedra  de  Artes,  dándo- 
le permiso,  a  los  veintiuno,  para  la  pre- 
dicación de  la  palabra  evangélica:  ofi- 
cios, ambos,  que  desempeñó  con  el  feliz 
acierto  que  era  de  esperar  de  quien  tal 
precocidad  de  ingenio  manifestaba  y 
tan  abundantes  frutos  prometía.  La 
fama  de  su  nombre  llevóle  luego  hacia 
las  esferas  del  gobierno,  desempeñando. 


sucesivamente,  los  cargos  de  Definidor, 
Ministro  Provincial,  Procurador  y,  más 
tarde,  Comisario  General  de  la  Orden 
en  la  Romana  Curia,  con  el  que  fué 
agraciado  merced  a  las  buenas  influen- 
cias de  su  amigo  y  admirador  el  Carde- 
nal don  Rodulfo  Pío  de  Carpí. 

«Sucedió  en  esta  ocasión,  según  refiere 
uno  de  sus  biógrafos,  que  habiendo  solici- 
tado algunos  émulos  del  Orden  Seráfico 
el  que  pudiesen  ser  nombrados  para  las 
visitas,  Comisarios  o  Visitadores  extraños 
a  dicha  Orden,  y  teniendo  a  su  favor  para 
la  defensa  de  esta  especie  «algunos  pode- 
rosos y  principales  papeles  en  el  Palacio 
Pontificio»,  opúsose  a  ella  «el  muy  docto 
y  Rmo.  Zamora  con  singular  aliento,  no 
sólo  en  públicas  y  privadas  disputas,  si 
que  también  en  una  nerviosa  y  muy  docta 
Apología  que  dio  al  público»,  poniendo  en 
ella  de  relieve  el  notable  agravio  que  «en 
esto  se  intentaba  hacer  a  una  Religión, 
que  en  defensa  y  servicio  de  la  Universal 
Iglesia,  estaba  continuamente  producien- 
do innumerables  hijos,  que  con  su  sangre, 
fatigas  y  sudores,  la  habían  mantenido  y 
sustentado  como  firmissimas  columnas»  (1). 

Seis  años  pasó  el  P.  Zamora  disfru- 
tando el  dicho  empleo  de  Comisario  en 
la  Curia  Romana,  o  sea  hasta  1559,  en 
que  fué  nombrado  Vicario  General  de 
toda  la  Orden,  con  universal  benepláci- 
to, al  decir  de  sus  biógrafos,  y  muy  par- 
ticular satisfacción  de  todos  los  electo- 
res. La  celebridad  que  consiguió  ahora. 


(1;    Ortega:  Crón.  de  la  Prov.  de  Cartag.  Part.  Primera, 
Lib.  VIL 


--■  195  - 


por  su  prudente  gobierno,  unida  a  la  que 
ya,  por  sus  dotes  de  consumado  maes- 
tro e  insig-ne  polemista,  tenía  adquirida, 
granjeáronle  el  aplauso  y  la  estimación 
de  muchos  altos  personajes,  y  aun  Prín- 
cipes de  su  tiempo,  hasta  el  punto  de 
ser  elegido  por  el  Papa  Pío  IV,  en  1562, 
por  uno  de  los  Padres  del  Concilio  de 
Trento,  donde  asistió  con  la  honrosísi- 
ma distinción  de  Prefecto  o  Presidente 
de  la  Sagrada  Congregación  de  Teólo- 
gos, y  en  donde,  en  las  dos  veces  que 
tomó  la  palabra  en  pro  de  las  inmunida- 
des y  privilegios  de  las  Ordenes  Reli- 
giosas, 

«con  universal  aplauso  de  tantos  vene- 
rables y  doctissimos  maestros,  y  notable 
crédito  de  la  Nación  española,  fueron  tan 
atendidos  sus  pareceres  y  tan  apreciadas 
sus  opiniones,  como  si  fueran  de  un  Padre 
de  la  Iglesia,  y  gran  Doctor  de  los  de  pri- 
mera fuerza. » 

Dícese  también  que  en  atención  a  sus 
méritos,  fué  dos  veces  propuesto  por 
Felipe  II  para  los  Obispados  de  Avila  y 
Tuy ,  y  que  en  ambas  fueron  dichos  hono- 
res humilde  y  desinteresadamente  rehu- 
sados por  el  venerable  Zamora,  en  aten- 
ción a  ser  ya  de  su  preferencia,  tras  de 
tantas  fatigas  y  sinsabores,  la  dulce 
quietud  y  soledad  del  claustro;  razón 
por  la  cual  dícese,  igualmente,  que  solía 
exclamar  aquel  Monarca:  «En  verdad, 
pocos  varones  se  hallan  al  presente  en 
en  la  Católica  Iglesia,  como  Fr.  Fran- 
cisco Zamora.» 

Entonces  fué  cuando  eligió  para  alber- 
gue de  su  retiro  el  solitario  y  apacible 
convento  de  Nuestra  Señora  de  las 
Huertas,  de  la  ciudad  de  Lorca,  que  tuvo 
por  morada  los  últimos  años  de  su  exis- 
tencia, según  queda  dicho,  y  en  cuyo 
tiempo,  acaso,  y  lugar  muy  apropósito 
para  las  tareas  del  espíritu,  trabajó  sus 
celebradas  Correcciones  a  los  Opúscu- 
los, que  ya  tenía  recopilados,  del  dulcí- 


simo Doctor  Seráfico  San  Buenaventu- 
ra. Ello  es  que  en  el  tiempo  en  que  éstos 
se  imprimieron  en  Venecia,  o  sea  en 
1564,  ya  llevaba  el  P.  Zamora  un  año  de 
residencia  en  dicho  Monasterio. 

Últimamente,  teniendo  en  1571  que 
abandonar  esta  mansión,  en  que  vivía 
contentísimo,  para  asistir  en  Roma  a  la 
celebración  del  ya  citado  Capítulo  gene- 
ral, vióse  en  Pomblin  (Toscana)  asalta- 
do por  el  rigor  de  una  maligna  enferme- 
dad que  le  condujo  al  sepulcro,  a  los 
sesenta  y  tres  años  de  su  edad. 

Dejó  trabajadas,  según  don  Nicolás 
Antonio,  Fr.  Juan  de  San  Antonio  y 
otros,  las  obras  siguientes: 

1.^  «Homilías  in  singulos  versus. 
Psalmi  Quinquagesimi,  numero  viginti 
quinqué».  Venetiis  (?).  Confundidas,  se- 
gún se  dice,  por  el  autor  de  la  Bibliothe- 
ca  Universa  Franciscana,  con  otras  del 
Zamorano  Fr.  Alonso  de  Castro. 

2.^  «Orationem  in  Tridentina  Syno- 
do  habitam  Dominica  secunda  Quadra- 
gesimae».  MDLXII.  Lovanii,  1567.  En 
folio. 

Ibidem.— Parisiis,  1667.  Fol. 

Hállanse  impresas  en  unión  de  otras 
obras  del  mismo,  y  de  los  Sermones  que 
se  predicaron«en  este  Concilio. 

3.*  «Opuscula  omnia  S.  Bonaventu- 
rae,  tomis  duobus  distincta». 

Recopiladas  por  nuestro  autor  en  1563, 
a  lo  que  sospecho,  e  impresas  por  la  pri- 
mera vez  en  Venecia,  año  de  1564,  y 
después  en  París,  en  1567,  según  el  tes- 
timonio del  P.  cronista  Ortega,  quien 
cita  además,  apoyándose  en  el  texto  del 
Orbe  Seraphico  del  docto  Guvernatis, 
pero  sin  decirnos  el  lugar  ni  año  de  su 
impresión,  otras  Oraciones  del  mismo 
autor,  que  fueron  pronunciadas  en 
Roma,  ante  la  presencia  del  Pontífice 
Paulo  IV,  así  como  también  la  famosa 
Apología,  de  que  queda  hecha  men- 
ción. 


m 


¿AMORA  (Fr.  Juan  de). 

Religioso  Franciscano  de  la  Provincia 
de  Cartagena  y  morador  por  algúri  tiem- 
po en  el  Convento  de  la  Ciudad  de  Lor- 
ca.  Fué  varón  de  clara  inteligencia  y 
buen  predicador,  bien  que  aplicado  es- 
pecialmente al  servicio  del  Coro,  que 
gobernó  algunos  años.  Escribió: 

1.*'  «El  Ceremonial  Romano».  Bur- 
gos, 1603.  4.° 

Obra  que  el  Papa  Clemente  VIII  man- 
dó rigiese  en  toda  la  universal  Iglesia. 

2°  «Calendario  Perpetuo».  Burgos,. 
1603.  4.° 

3.°  «Kalendarium  perpetuum,  ad 
usum  fratrum  Minorum.  Burgis,  1603. 8.° 

4.°  «De  Compensationibus».— Lug- 
duni,  apud  Laurentium  Arnaud,  1676. 4.*^ 

Zamorano  (Don  Miguel). 

Así  generalmente  conocido  en  Murcia 
a  causa  de  firmarse  él  siempre  en  sus 
escritos  con  la  inicial  Z,  por  más  que  su 
verdadero  apellido  o  apellidos  fuesen 
los  de  González  Zamorano.  Casi  todos 
los  murcianos  aficionados  a  letras,  tié- 
nenlo  por  su  paisano,  y  confesamos,  que 
nosotros  mismos  hemos  estado  gran 
tiempo  en  tal  creencia,  *en  razón  a  que 
de  él,  y  por  más  que  tengamos  el  senti- 
miento de  decirlo,  no  hayamos  podido 
lograr  noticia  alguna  explícita  e  indivi- 
dual, ni  aun  de  sus  propios  nietos,  a 
quienes  hemos  tenido  el  gusto  de  cono- 
cer y  tratar.  Sólo  por  la  partida  de  bau- 
tismo de  uno  de  ellos,  registrada  en  los 
libros  parroquiales  de  San  Pedro  de 
Murcia,  hemos  podido  indagar,  que  fué 
natural  de  Vera,  de  la  provincia  de  Al- 
mería, y  que  de  ella  (al  parecer,  tal  vez 
para  emprender  sus  primeros  estudios) 
trasladóse  desde  muy  joven  a  la  Ciudad 
del  Segura,  donde  casó  con  doña  Josefa 
María  Salvan,  y  en  quien  hubo  a  don 
Manuel  y  a  don  Rosendo  González  Sal- 


van y  Zamorano,  padre  este  último,  con 
doña  Manuela  Daza,  del  don  Pedro 
González  Daza  Salvan...  y  Zamorano, 
a  quien  todos  los  murcianos  de  la  pre- 
sente época  hemos  conocido  con  los  so- 
los nombres  de  Pedro  Zamorano,  quin- 
to, este  último,  de  sus  apellidos. 

Mas  no  puede  cabernos  duda  de  que 
nuestro  don  Miguel  debió  recibir,  dados 
los  conocimientos  que  demuestra,  así 
en  humanas  y  divinas  letras,  como  en 
Historia,  Geografía,  antigüedades,  etcé- 
tera, etc. ,  una  educación  bastante  esme- 
rada, ya  fuese  en  la  patria  de  su  natura- 
leza, o  en  la  de  su  adopción;  pues,  no 
constando  que  emprendiese  carrera  al- 
guna facultativa,  de  suponer  es  que  sin 
abandonar  su  nativo  horizonte,  o  más 
bien,  bajo  el  hermoso  cielo  murciano, 
adquiriese  aquella  no  común  instruc- 
ción, de  que  indudablemente  estaba 
adornado.  Y  es  de  creer  también  que, 
como  de  más  elevada  posición  y  más 
acaudalado  que  sus  compañeros  Bado  y 
Meseguer  en  la  redacción  del  Correo 
Literario,  a  él,  principalmente,  se  de- 
biese la  iniciativa,  dirección  y  coste  de 
esta  curiosísima  publicación  murciana. 

También  nos  es  notoria  su  predilec- 
ción por  los  buenos  libros,  en  virtud  de 
la  cual,  según  parece,  hubo  de  ser  due- 
ño de  una  escogida  biblioteca.  He  aquí 
lo  que  él  mismo  nos  insinúa  sobre  este 
particular: 

«El  hombre  que  llega  a  internarse  en  el 
delicioso  campo  de  las  letras,  halla  en  él 
todos  los  placeres  y  regocijos  que  dan  al 
racional  un  realce  superior.  La  lección  in- 
cesante es  necesaria  para  llegar  a  poseer 
las  amenidades  de  la  Literatura;  ella  ali- 
menta el  ingenio,  y  éste,  buscando  y  me- 
ditando, encuentra  un  descanso  y  reposo . 
No  es  necesario  que  siempre  estemos  le- 
yendo o  escribiendo,  sino  es  que  atempe- 
remos lo  uno  con  lo  otro,  en  términos  que 
lo  que  hemos  leído  nos  aproveche  para  ali- 
mentar el  ánimo,  y  después  sepamos  ame- 
nizar nuestros  pensamientos  e  ideas,  man- 


-  197 


dándolas  al  papel,  con  el  fin  de  que  nues- 
tros afanes  y  desvelos  no  queden  sepulta- 
dos en  el  olvido.  Nuestra  mira  debe  ser 
semejante  (si  pensamos  ser  útiles  a  los  de- 
más) a  las  abejas:  ellas  de  las  flores  más 
proporcionadas  sacan  el  suco  para  fabricar 
la  miel,  disponiendo  por  medio  de  su  in 
dustria,  el  que  tenga  toda  la  pureza  po- 
sible. 

»Los  alimentos  del  cuerpo,  no  pasan  a 
convertirse  en  los  humores  que  lo  sostie- 
nen, hasta  tanto  que  la  naturaleza  pródiga, 
con  todo  su  vigor  ha  hecho  de  ellos  el  uso 
para  que  fueron  destinados,  haciendo  la 
perfecta  cocción  y  digestión;  y  así  deben 
practicar  lo  mismo  aquellos  que  ponen  su 
mira  en  recrear  su  ingenio,  y  alimentar  el 
ánimo  con  los  estudios;  de  ellos  tengo  di- 
cho en  otras  ocasiones  que  son  el  recreo  y 
el  ocio  del  hombre  sabio;  por  lo  que  es 
necesario  que  la  lección  sea  con  una  pro- 
funda meditación  y  discernimiento  para 
no  inculcar  unas  ideas  con  otras;  pues  de 
lo  contrario,  se  sigue  que  vagando  el  en- 
tendimiento, los  adelantos  que  se  podían 
prometer,  vienen  a  ser  sólo  unas  produc- 
ciones inconseqüentes,  que  lejos  de  obte- 
ner por  ellas  algún  distinguido  lugar  entre 
los  Sabios,  a  veces  sirven  sólo  de  mofa  y 
oprobio  del  autor  que  las  produjo. 

»Es  constante,  que  la  lección  de  muchos 
libros  sin  la  debida  reflexión,  no  sirve  de 
otra  cosa  que  de  formar  unas  ideas  vagas, 
y  momentáneas,  sin  producir  otros  efectos 
que  halagar  el  ánimo  por  sólo  aquellos 
instantes  en  que  se  leen;  y  así  los  que  as- 
piran a  la  sabiduría,  se  deben  proponer 
otras  miras  muy  diversas.  El  hombre  que 
quiere  ser  sabio  debe  señalar,  y  elegir  dos 
o  tres  obras  de  solidez  y  doctrina,  fijando 
en  éstas  su  atención  y  estudio,  a  fin  de 
conservarlas,  y  mandarlas  a  la  memoria; 
pues  la  lección  constante  y  permanente 
en  ellas,  es  la  útil  y  cierta;  así  como  la  va- 
ria no  tiene  otra  utilidad  que  la  transeún- 
te y  momentánea;  siendo  cierto  que  de 
este  modo  conseguirá  lo  que  desea. 

^Nuestro  afán  no  debe  ser  en  tener  mu- 
chos libros,  pues  en  jamás  ha  sido  esto  lo 
mejor,  sino  en  pocos  y  buenos.  La  multi- 
tud de  libros  distrae  el  ánimo;  ya  unas  ve- 
ces se  lee  en  uno,  ya  en  otro;  y  de  aquí  no 
resulta  otra  cosa,  que  lo  que  sucede  a 
aquellos  de  estómago  débil,  que  gustando 
de  todos  los  manjares,  la  diversidad  y  va- 


riedad no  les  alimenta,  sino  antes  les  daña. 
Nuestro  esmero  debe  ser  siempre  en  leer 
Autores  de  reconocido  mérito,  y  hacer  de 
ellos  un  uso  útil  y  constante  para  nuestra 
instrucción  y  enseñanza,  sacando  lo  mejor 
de  su  lección,  como  lo  hacía  Plinio  con  los 
que  leía,  que  extractaba  de  ellos,  y  anota- 
ba quantas  sentencias  encontraba.  En  ja- 
más leyó  libro  alguno,  que  no  extractase 
de  él  algo,  pues  acostumbraba  decir:  «que 
no  había  libro  tan  malo,  que  no  tuviese 
algo  bueno... > 

Sin  duda,  pues,  fué  el  señor  Zamora- 
no,  como  dicho  queda,  hombre  de  no  co- 
mún instrucción,  y  escritor  bastante 
aventajado,  según  lo  demuestran  sus 
varias  composiciones  en  verso  y  prosa 
insertas  en  el  mencionado  Correo  Lite- 
rario, sobresaliendo,  entre  las  primeras, 
algunas  bellas  anacreónticas,  y  entre 
las  segundas,  los  artículos  titulados: 
Discurso  sobre  el  origen  del  año  y  de 
los  que  usaron  los  Antediluvianos,  como 
también  la  diversidad  de  años  que  hubo 
entre  las  gentes:  Los  verdaderos  ador- 
nos y  recreos  en  los  hombres  son  las  le- 
tras: Quien  bien  vive,  sufre  la  muerte 
quieto  y  tranquilo:  Discurso  sobre  el 
honor:  A  las  señoras  mujeres:  La  jus- 
ticia, origen  de  las  demás  virtudes:  El 
imperio  de  si  mismo:  El  vulgo  y  la  ra- 
san: Discurso  sobre  la  ignorancia  que 
se  ha  padecido  en  nuestra  legislación: 
De  la  variedad  de  lenguas  y  su  utili- 
dad: Discurso  sobre  los  Oráculos  que 
hubo  entre  los  Gentiles  e  Idólatras  an- 
tes de  la  venida  de  Jesucristo,  y  varie- 
dad de  sentencias  acerca  de  ellos. 
El  señor  Zamorano  falleció,  ya  casi  oc- 
togenario, en  la  calle  de  San  Nicolás, 
de  Murcia,  en  1826,  según  nota  que  te- 
nemos a  la  vista,  de  su  biznieto  y  nues- 
tro amigo  don  Rosendo  Alcázar  Zamo- 
rano. 


-  198 


Zapata  (Don  Gómez). 

Obispo  de  Cartagena  desde  1576  a 
1583.  «Don  Gómez  Zapata  Ossorio, 
madrileño,  hijo  de  don  Juan  y  de  doña 
Isabel,  de  la  ilustre  familia  de  los  Con- 
des de  Barajas,  y  hermano  del  Conde 
de  este  título,  después  de  ser  arcediano 
de  Madrid  y  consejero  de  Indias,  fué 
nombrado  Obispo  de  Cuenca  en  10,  de 
junio  de  1556,  y  en  1576  trasladado  a 
Murcia,  donde  le  hallamos  celebrando 
sínodo  en  1578.  En  1574,  Greg-orio  XIII 
había  concedido  a  Felipe  II  la  facultad 
de  desmembrar  jurisdicciones  y  vender 
y  comprar  lugares  pertenecientes  al  es- 
tado eclesiástico,  y  en  1580,  y  a  cambio 
de  Alcantarilla  que  se  incorporó  a  la  co- 
rona, se  dio  al  Obispo  don  Gómez  un 
juro  que  situó  sobre  las  alcabalas  de 


Cartagena,  de  73,421  maravedís...  Tras- 
ladado a  Cuenca  el  Obispo  don  Gómez 
en  enero  de  1583,  murió  allí,  bajo  testa- 
mento en  que  repartía  por  igual  su  for- 
tuna entre  los  pobres  de  Murcia  y  los  de 
Cuenca,  y  se  mandaba  enterrar  en  Ba- 
rajas, junto  al  sepulcro  de  su  padre.» 

Así  en  la  Serie  de  los  Obispos  de  Car- 
tagena de  don  Pedro  Díaz  Cassou;  pero 
no  fué  uno  solo  sino  dos  y  muy  impor- 
tantes Concilios  provinciales  los  cele- 
brados en  Murcia  por  este  ilustre  Prela- 
lado.  Concilios  o  sínodos  en  que  se 
hallan  algunas  disposiciones  suyas  de 
marcado  interés,  por  más  que  aquí  no 
copiemos,  en  razón  a  su  prolijidad  ex- 
tremada. 

Véase  el  mismo  Prelado  en  nuestra 
Sección  de  Manuscritos. 


ÍNDICES 


índice  cronológico 


Páginas 

SIGLO  VI 
Liciniano 99 

SIGLO  VIII 

Abdelazis  Ben  Muza  Ben  Nasir 5 

SIGLO  X  A  XI 

Ahmad  Ben  Mohamad  Ben  Afif  Ebn 
Marivel 12 

SIGLO  XI 

Abu  Baker  o  Mohamad  Ben  Amar 
Duluazartin . .        8 

Ascher  Ben  Mohamad  Ben  Margia 
Alansareo 23 

Hassan  Ben  Mohamad  Ben  Alhosam 
Alcabski 89 

SIGLO  XI  A  XII 

Abraham  Ben  Josef  Ben  Tasfin  Ben 

Tarcon  Ben  Vartanthar  Abu  Isac ...        7 
Abul  Hosain  Ben  Mohamad 10 

SIGLO  XII 

Abdalla  Ben  Mohamad  Ben  Sahl  Al- 

dhara 4 

Abdalla  Ben  Solimán  Abu  Mohamad 

Alansari 4 

Abdelrahman  Ben  Mohamad  Abulcas- 

sen 5 

Abu  Abdalla  Mohamad  Abdelrahman 

Allakhami 7 

Abulasbag  Isa  Ben  Mohamad  Alabda- 

ri  Ebn  Alvaeth 9 

Ahmad  Ben  Abraham  Ben  Mohamad 

BenKhalat; 12 

Mohamad  Ben  Abdelrahman  Algasani 

Aba  Abdalla 131 

Mohamad  JBenS^Giaphar  Ben  Hamaid 

Ben  Maimón  Alamavi 131 


Páginas 

Mohamad  Ben  Giaphar  Ben  Khalaph 

Hamid 132 

Mohamad  Ben  Mohamad  Alansari 132 

Obaidalla  Ben  Omar  Ben  Hescham 

Alhadhrami 137 

SIGLO  XIII 

Abdala  Abu  Mohamad  AladelBila —  3 
Abdalla  Ben  Solimán  Aba  Mohamad..  4 
Abdelrahman  Ben  Mohamad  Ben  Ab- 
delazis Ben  Ayasch  — 7 

Ahamedo  Ben  lahia  Ben  Ahamad  Ben 

Amira  Adhdhabbi 11 

Alfonso  X  el  Sabio  (Rey  Don) 15 

Loaisa  (Maestre  Jofre  de) 106 

Mohamad  Ben  Ahmad  Ben  Hassan  ...  131 

Mohamad  Ben  Ahmad  Ben  Jarbu 131 

Mohamad  Ben  Solimán  Ben  Abdelazis 

Alsalami 132 

SIGLO  XIV 

Abad  (Pedro) 3 

Aguilar  (Don  Nicolás  de) 10 

Barroso  (Don  Pedro) .   29 

Gimiel  (Don  Guillen) 81 

Manuel  (Don  Juan) 116 

Muñoz  de  Hinojosa  (Don  Juan) 133 

Pedrosa  (Don  Fernando  de) 145 

Pérez  de  Ayala  (Fernán) 145 

Sánchez  (Doctor  Pedro) 175 

SIGLO  XV 

Comontes  (Don  Diego  de) 56 

López  de  Carvajal  (limo.  Sr.  Don  Ber- 

nardino) 107 

Mayorga  (Don  Fr.  Diego  de) 128 

Medina  (Don  Juan  de)  .   130 

Ruiz  (Maestre  Jacobo) 168 


202  - 


Páginas 

Santa  María  (Don  Pablo  de) 178 

Santa  María  (Don  Alfonso  de) 181 

Vicente  Ferrer  (San) 191 

SIGLO  XVI 

Almeyda  (Don  Esteban  de) 19 

Camarino  (Lie.  Pedro) 49 

Campoy  (Fr.  Juan) 52 

Cantera  (Don  Diego  de  la) 54 

Dávila  y  Toledo  (Don  Sancho) 59 

Galán  (Fr.  Pedro) 78 

García  de  Galarza  (Dr.  Don  Pedro) ...  79 

González  Gallego  (Don  Arias) 84 

Huelamo  (Fr.  Melchor  de) 89 

Jarava  (Don  Fr.  Pedro  de) 92 

Manrique  de  Lara  (Don  Jerónimo). . . .  115 

Martínez  Silíceo  (Don  Juan) 125 

Montoya  (P.  Alfonso) 133 

Sal  (Don  Juan  de  la) 173 

Vellerino  de  Villalobos  (Don  Baltasar)  191 

Zamora  (Fr.  Francisco) 194 

Zapata  (Don  Gómez) 198 

SIGLO  XVI  A  XVII 

Arce  (Fr.  Diego  de) 19 

Vargas  (Fr.  Alonso  de) 189 

SIGLO  XVII 

Alcalá  Yáñez  y  Rivera  (Dr.  Jerónimo 

de) 13 

Astorhc  (Sor  María  Angela) 23 

Bautista  (Fr.  Anselmo) 31 

Bojados  y  Lull  (Don  Alejo  de) 47 

Bonacasa  (Fr.  Bernardo) 47 

Camuñas  (Fr.  Diego) 52 

Castaño  (Fr.  Francisco)  56 

Cepeda  (P.  Francisco  de) 56 

Chumillas  (Fr.  Julián) 58 

Concepción  (Fr.  Juan  de  la) 57 

Dicastillo  (P.  Juan  de) 65 

Enríquez  (Alonso) 69 

Francisco  de  la  Tobilla  (Fr.  Lucas  de 

San) 75 

Funes  y  Mendoza  (Don  Diego  de) 76 

García  Loaisa  (Fr.  Juan) 80 

González  (Fr.  Julián) 83 

González  (Fr.  Miguel) 84 

Jiménez  Patón  (Bartolomé) 95 

La  Palma  (P.  Luis  de) 97 

Llinaz  (Fr.  Antonio) 105 

Mancebón  (Fr.  Juan) 112 

Márquez  (Fr.  Juan) 125 

Miguel  (Fr.  Juan) 130 

Moneada  (Fr.  Buenaventura  de) 132 


Páginas 

Moya  (P.  Mateo  de). .  • 133 

Naja  (P.  Martín  de  la) 135 

Ocaña  (Dr.  Don  Luis  de) 137 

Oviedo  (P.  Francisco  de) 142 

Perlín  (P.  Juan) 150 

Reinoso  de  Almazán  (Fr.  Alonso) 156 

Rodríguez  Montero  (Fr.  Juan) 157 

Rojas  Borja  (limo.  Sr.  Don  Francisco 

de) 157 

Romeo  (Fr.  Jorge) 161 

Romero  {Fr.  Lorenzo) 161 

Ropero  (Fr.  Pedro) 163 

Santa  Clara  (Sor  Mariana  de) 177 

Simancas  (Fr.  Pedro  de) 183 

Soria  Buitrón  (Fr.  Juan  de) 184 

Soto  (Fr.  Silvestre  de) 184 

Trejo  Paniagua  (Don  Fr.  Antonio) 186 

Valdivieso  (Fr.  Alonso  de) 188 

Villegas  (P.  Bernardino  de) 193 

Zamora  (Fr.  Juan  de) 196 

SIGLO  XVII  A  XVIII 

Belluga  y  Moneada  (Emmo.  Sr.  Car- 
denal)    32 

Fernández  Paniagua  (Fr.  Manuel)  —  71 

García  de  la  Yedra  (Dr.  Don  Juan) 81 

Gutiérrez  de  Alique  (Don  Bernardo). .  86 

Lozano  (Fr.  Luis) 110 

San  Miguel  (Fr.  Isidoro  de) 175 

SIGLO  XVIIl 

Alarcón  (P.  José  de) 13 

Azpuru  y  Jiménez  (Don  Tomás) 27 

Bacas  (Don  Gregorio) 29 

Bocairente  (Fr.  Benito  de) 46 

Boix  (Fr.  Lorenzo) 46 

Campillo  y  Tarin  (Don  Francisco  An- 
tonio)    51 

Campos  (Don  Ramón) 52 

Carrasco  (P.  José) 54 

Casanova  ÍFr.  Juan  de) 55 

Elepiane  (Sor  Clara  de) 67 

Elgueta  y  Vigil  (Don  Antonio) 67 

Encina  y  Moreno  Mota  (P.  Diego  José 

déla) 69 

Espinosa  (P.  Antonio)    69 

Espíritu  Santo  (Fr.  Pedro  del) 70 

Fernández  Quevedo  (Don  Pedro) 74 

Fuentes  (Don  Tomás) 75 

Funes  ^Fr.  José  Antonio) 76 

García  (Fr.  Jerónino) 78 

García  (Fr.  Manuel) 79 

Gómez  Navarro  (Fr.  Juan) 83 

Gutiérrez  (Fr.  Andrés) 84 


-  203  - 


Páginas 

Laguna  (Fr.  Juan) 97 

La  Riva  (Dr.  Don  Juan  Antonio  de). . .  98 

López  (Fr.  Domingo) 107 

López  Gonzalo  (limo.  Sr.  Don  Victo- 
riano)   109 

Lozano  Parreño  (Don  Andrés) 110 

Martínez  (Fr.  José) 125 

Mateo  López  (limo.  Sr.  Don  Juan) 127 

Monreal  (Fr.  Juan  de) 132 

Montes  (limo.  Sr.  Don  Tomás  José  de)  132 

Navarro  (P.  Joaquín) 135 

Nieves  y  Avendaño  (Fr.  José) 136 

Ortega  (Fr.  Pablo  Manuel  de) 137 

Ortega  y  Carrillo  (P.  Luis  Salvador  de)  140 

Pangresdor  (Daniel) 143 

Parisani  de  Haro  (Don  José) 143 

Pastor  (P.  Carlos) 144 

Pérez  de  Pareja  (Fr.  Esteban) 149 

Portillo  (P.  Juan  Francisco) 150 

Pozo  (Fr.  Alonso  del) 154 

Prado  (Fr.  Juan  Antonio  de) 155 

Rafelbuñol  (Fr.  José  de) 156 

Rodenas  (Don  Tomás) 157 

Rojas  y  Contreras  (limo.  Sr.  Don  Die- 
go de)  158 


Páginas 

Romeu  (Don  Francisco  Javier) 162 

Rosa  (Fr.  Alonso) 163 

Rubín  de  Celis  (.limo.  Sr.  Don  Manuel)  164 

Salazar  (Fr.  Juan) 173 

Sánchez  de  la  Parra  (Don  José) 177 

Torres  (Don  Pedro  Anastasio  de) 185 

Torrubia  (Don  Pedro  Tomás) 186 

Truyol  (Fr.  Juan  Bautista) 187 

Valencia  (Fr.  Juan  Francisco  de). . .  •  •  •  189 

Vélez  y  Marín  (Don  Manuel) 190 

Villaoslada  (Fr .  José  de) 193 

SIGLO  XVIII  A  XIX 

Azpeitia  Sáenz  de  Santa  María  (limo. 

Sr.  Don  José  Antonio) 27 

Eguía  (Don  Pedro  Antonio  de) 66 

Gisbert  (Don  Gregorio) 82 

Jiménez  (Dr.  Don  José) 94 

Mancha  y  Rincón  (Don  Rafael) 115 

Ostolaza  (Don  Blas  Gregorio  de) 140 

Posada  Rubín  de  Celis  (Excmo.  Señor 

Don  Antonio) 150 

Romero  y  Velázquez  (Don  Ramón). . .  161 

Zamorano  (Don  Miguel  González)  —  196 


ÍNDICE  GEOGRÁFICO 


Páginas 
ÁFRICA 

Abdala  Abu  Mohamad  Aladel-Bila  ...  3 

Abdelazis  Ben  Muza  Ben  Nasir 5 

Abraham  Ben  Josef  Ben  Tasfin  Ben 

Tarcon  Ben  Vartanthar  Abu  Isac ...  7 

AGREDA 

Mateo  López  (limo.  Sr.  Don  Juan) 127 

ALCARAZ 

Ropero  (Fr.  Pedro) 163 

ALCÁZAR  DE  SAN  JUAN 

Camuñas  (Fr.  Diego) 52 

Rodríguez  Montero  (Fr.  Juan) 157 

Valdivieso  (Fr.  Alonso  de) 188 

ALCOY 

Gisbert  (Don  Gregorio) 82 

ALCUDIA  DE  CARLET 

Boix  (Fr.  Lorenzo) . .      46 

ALMEDINA 

Jiménez  Patón  (Bartolomé) 95 

ALMERÍA 

Abdelrahman  Ben  Mohamad  Abulcas- 
sem 5 

Abulasbag  Isa  Ben  Mohamad  Alabdari 
Ebn  Alvaeth 9 

ASTURIAS 

Torres  (Don  Pedro  Anastasio  de) 185 

ATIENZA  (gUADALAJARA) 

Elgueta  y  Vigil  (Don  Antonio) 67 

AUÑÓN  (alcarria) 

Camarino  (Licenciado  Pedro) 49 


Páginas 
ÁVILA 

Dávila  y  Toledo  (Don  Sancho) 59 

AYORA 

Rodenas  (Don  Tomás) 157 

BADAJOZ 

González  Gallego  (Don  Arias) 84 

BAEZA 

Ascher  Ben  Mohamad  Ben  Margia 
Alansareo 23 

BAZA 

Enríquez  (Alonso) 69 

BARCELONA 

Astorhc  (Sor  María  Angela) .   23 

Bojados  y  LuU  (Don  Alejo  de) 47 

BOCAIRENTE 

Bocairente  (Fr.  Benito  de) 46 

BONILLA 

García  de  Galarza  (Dr.  Don  Pedro) ...      79 

BURBAGUENA  (aRAGÓN) 

Bonacasa  (Fr.  Bernardo) 47 

BURGOS 

Santa  María  (Don  Alfonso  de) 181 

Santa  María  (Don  Pablo  de) 178 

BURRIANA 

Campos  (Don  Ramón) 52 

CAMPO  CRIPTANA 

García  Loaisa  (Fr.  Juan) 80 

Prado  (Fr.  Juan  Antonio  de) 155 


-  206  - 


Páginas 
CO  MONTES  (valencia  DE  DONJUÁN) 

Comontes  (Don  Diego  de) 56 

CÓRDOBA 

Ahmad  Ben  Mohamad  Ben  Afif  Ebn 

Marivel 12 

Ahamedo  Ben  lahia  Ben  Ahamad  Ben 

Amira  Adhdhabbi 11 

Hassan  Ben  Mohamad  Ben  Alhossan 

Alcabski 189 

Mancha  y  Rincón  (Don  Rafael) 115 

Obaidalla  Ben  Ornar  Ben  Hescham 

Alhadhrami 137 

Pedrosa  (Don  Fernando  de) 145 

CUENCA 

Arce  (Fr.  Diego  de) 19 

González  (Fr.  Julián) 83 

Lozano  (Fr.  Luis) 110 

Zamora  (Fr.  Francisco) 194 

CUEVAS  DE  VERA 

Márquez  (Fr.  Juan) 125 

ESCALONA 

Manuel  (Don  Juan) 116 

FRANCIA 

Gimiel  (Don  Guillen) 81 

GRANADA 

Abdalla  Ben  Mohamad  Ben  Sahl  Al- 

dhara 4 

Abdalla  Ben  Solimán  Aba  Mohamad 

Alosari 4 

Admad  Ben  Abraham  Ben  Mohamad 

Ben  Khalaf 12 

Lozano  Parreño  (Don  Andrés) 110 

Mohamad  Ben  Abdebrahman  Algasa- 

ni  Aba  Abdalla 131 

Mohamad  Ben  Mohamad  Alansari 132 

Simancas  (Fr.  Pedro  de) 183 

HERENCIA 

Fernández  Paniagua  (Fr.  Manuel) 71 

HINOJOSA  DE  SAN  VICENTE 

Jiménez  (Dr.  Don  José) 94 

JAÉN 

Mohamad  Ben  Ahmad  Ben  Hassan  ...  131 

Mohamad  Ben  Ahmad  Ben  Jarbu 131 

Rojas  y  Contreras  (limo.  Sr.  Don  Die- 
go de) 158 


Páginas 
JÁTIVA 

Mohamad  Ben  Solimán  Ben  Abdelazis 
Alsalami 132 

MADRID 

Oviedo  (P.  Francisco  de) 142 

Perlín  (P.  Juan) 150 

Zapata  (Don  Gómez) 198 

MANZANARES 

Pozo  (Fr.  Alonso  del) 154 

Rosa  (Fr.  Alonso) 163 

MALLORCA 

Llinaz  (Fr.  Antonio) 105 

MAYORGA 

Mayorga  (Don  Fr.  Diego  de) 128 

MEDINA  DEL  CAMPO 

Medina  (Don  Juan  de) 130 

MÉXICO 

Eguía (Don  Pedro  Antonio  de) 66 

MONCADA 

Moneada  (Fr.  Buenaventura  de) 132 

MOTA  DEL  CUERVO 

Castaño  (Fr.  Francisco) 56 

Galán  (Fr.  Pedro) 78 

MOTRIL 

Belluga  y  Moneada  (Emmo.  Sr.  Carde- 
nal)       32 

ÑAPÓLES 

Dicastillo  (P.  Juan  de) 65 

OCAÑA 

Montoya  (P.  Alfonso) 133 

ONDA 

Abdalla  Ben  Solimán  Abu  Mohamad 
Alansari 4 

ONRUBIA 

Ortega  (Fr.  Pablo  Manuel  de) 137 

Nieves  y  Avendaño  (Fr.  José) 136 

ORIHÜELA 

Mancebón  (Fr.  Juan) 112 

Ocaña  (Dr.  Don  Luis  de) 137 


207  - 


Páginas 
OROPESA 

Villegas  (P.  Bernardino  de) 193 

OVIEDO 

Cantera  (Don  Diego  de  la) 54 

PARRA  (serranía  DE  CUENCA) 

Chumillas  (Fr.  Julián) 58 

PLASENCIA 

López  de  Carvajal  (limo.  Sr.  Don  Ber- 
nardino)     107 

Trejo  Panlagua  (Don  Fr.  Antonio) 186 

PORTUGAL 

Abu  Baker  o  Mohamad  Ben  Amar 

Duluazartin 8 

Almeyda  (Don  Esteban  de) 19 

SAN  ESTEBAN  DEL  PUERTO 

Miguel  (Fr.  Juan) 130 

SAN  FELIPE  DE  JÁTIVA 

García  (Fr.  Manuel) 79 

SAN  LORENZO  DE  LA  PARRILLA 

Soria  Buitrón  (Fr.  Juan  de) 184 

SEGOVIA 

Alcalá  Yáñez  y  Rivera  (Dr.  Jerónimo 
de) 13 

SEVILLA 

Sal  (Don  Juan  de  la) 173 

Vellerino  de  Villalobos  (Don  Baltasar)    191 

SOLANA  (mancha) 

Reinoso  de  Almazán  (Fr.  Alonso) 156 

Romero  (Fr.  Lorenzo) 161 

SOTO 

Posada  Rubín  de  Celis  (Excmo.  Señor 
Don  Antonio) 150 

TARANCÓN 

Huélamo  (Fr.  Melchor  de) 89 

TERUEL 

Campillo  y  Tarín  (Don  Francisco  An- 
tonio)        51 

TOLEDO 

Alfonso  X  el  Sabio  (Rey  Don) 15 

Barroso  (Don  Pedro) 29 


Páginas 

Cepeda  (P.  Francisco  de) 56 

La  Palma  (P.  Luis  de) 97 

Pérez  de  Ayala  (Fernán) 145 

TORRECILLA  DE  CAMEROS  (CALAHORRA) 

Azpeitia  Sáenz  de  Santa  María  (limo. 
Sr.  Don  José  Antonio) —      27 . 

TRUJILLO 

Santa  Clara  (Sor  Mariana  de) 177 

VALENCIA 

Abu  Abdalla  Mohamad  Abdelrahman 

Allakhami 7 

Francisco  de  la  Tobilla  (Fr.  Lucas  de 

San) 75 

Fuentes  (Don  Tomás) 75 

Mohamad  Ben  Giaphar  Ben  Hamaid 

Ben  Maimón  Alamavi 131 

Mohamad  Ben  Giaphar  Ben  Khalaph 

Hamid 132 

Pastor  (P.  Carlos) 144 

Rojas  Borja  (limo.  Sr.  Don  Francisco 

de) 157 

Romeu  (Don  Francisco  Javier) 162 

Valencia  (Fr.  Juan  Francisco  de) 189 

Vicente  Ferrer  (San) 191 

VAL-PARAÍSO 

Gutiérrez  (Fr.  Andrés) 84 

^  VALLE  DE  CABUÉRNIGA 

Rubín  de  Celis  (limo.  Sr.  Don  Ma- 
nuel)      164 

VÉLEZ-BLANCO 

Salazar  (Fr.  Juan) 173 

VERA 

Zámorano  (Don  Miguel  González) 1% 

VILLAGARCÍA  (EXTREMADURA) 

Martínez  Silíceo  (Don  Juan) 125 

VILLAMARCHANTE 

Martínez  (Fr.  José) 125 

VILLANUEVA  DE  LOS  INFANTES 

Pérez  de  Pareja  (Fr.  Esteban) 149 

Soto  (Fr.  Silvestre  de) 184 

ZARAGOZA 

Abdelrahman  Ben  Mohamad  Ben  Ab- 
delazis  Ben  Ayasch 7 


-  208  - 


Páginas 

Abul  Hosain  Ben  Mohamad 10 

Azpuru  y  Jiménez  (Don  Tomás) 27 

Naja  (P.  Martín  de  la) 135 

Parisani  de  Haro  (Don  José) 143 

Vélez  y  Marín  (Don  Manuel) 190 

Después  de  formados  los  precedentes 
índices,  hanse  incluido  en  el  texto  de 
esta  Sección  Segunda  los  autores  si- 
guientes: 


Páginas 
SIGLO  XI 

Abu  Galib  Teman  Ben  Galib.— Natural 
de  Córdoba 9 

SIGLO  XI  AL  XII 

Abul  Hassan  Ali  Ben  Ahmed  Ben  Jalaf 
Ben  Mohamad  El  Angari.— Natural 
de  Granada •      10 

Abul  Walid  Yusuf  Ben  Abdelazis  Yu- 
suf  Ben  Omar  Ben  Fierro.— Natural 
de  Onda 10 


SECCIÓN  TERCERA 


14 


ENSAYO  DE  UN  CATALOGO 


DE 


LIBROS   IMPRESOS   EN    MURCIA 

DESDE  LA  APARICIÓN  EN  ELLA  DE 
LA   IMPRENTA   HASTA  FIN  DE    1895 

POR 

D.  JOSÉ  Pío  TEJERA   Y  R.   DE  MONCADA 

SEGUIDO   DE  UNOS 

ANALES  DE  LA  IMPRENTA  EN  MURCIA 

Y   NOTICIA   DE   SUS   IMPRESORES 
POR 

D.  JUSTO  garcía  SORIANO 


A 


1.  Abellán  y  Gascón  (Doctor  Don  Bar- 
tolomé). 

^  I  Por  Pedro  Ballejo,  vecino,  y  |  Abas- 
tecedor de  Maderas  de  Murcia,  en  el  | 
pleito  que  contra  él  sigue  D.  Francisco 
Lon-  I  gua,  Mercader  que  fué  de  dicha 
Ciudad,  so-  |  bre  que  se  le  declare  intere- 
sado en  la  tercera  |  parte  de  el  abasto  de 
Maderas.  |  [Al  fin]:  Doct.  D.  Bartholomé 
Abellán  |  y  Gascón.  —Con  licencia.  |  En 
Murcia,  por  Nicolás  Villargordo.  |  Año 
de  1759. 

En  fol.-12  págs.— Signs.  A-C. 

Bib.  de  la  Acad.  de  la  Hist.:  Colee.  Je- 
suítas, t.  184,  n.°  1. 

(Adición  del  editor.) 

2.  Acero  y  Abad  (Don  Nicolás). 

Historia  |  de  la  |  M.  N.  y  L.  Villa  |  de  [ 
Muía.  I  (Escudito  de  A.  de  la  misma.)  Por 
D.  Nicolás  Acero  y  Abad  |  Correspon- 
diente de  las  Reales  Academias  de  la  His- 
toria 1  y  de  la  de  Ciencias  Morales  y  Polí- 
ticas. I  —Murcia:  |  Tipografía  de  Rafael 
Albaladejo,  |  San  Bartolomé,  3.  |  1886. 

En  4.0-XXIV-322  págs.,  con  dos  planos 
topográficos  al  principio  y  5  hojas  al  final 
sin  numerar.— Signs.  (-s-)  2-41.— Portada  en 
papel  de  color.- V.  en  b. -Segunda  porta- 
da litografiada.— V.  en  b.— Planos.— Dedi- 
catoria al  Ayuntamiento  de  la  villa  de  Muía. 
—Examen  Crítico  de  la  Historia  de  Muía, 
suscrito  por  D.  Juan  P.  Criado  y  Domín- 
guez.—Ligeras  indicaciones  sobre  la  Histo- 


ria de  Muía  suscritas  por  D.  Pedro  Martínez 
Villalta.— Rápidas  reflexiones  sobre  las  pá- 
ginas 57,  58  y  59  de  esta  obra,  suscritas  por 
Don  Julián  Calvo.— Lámina  grab.  en  mad. 
que  representa  la  vista  general  de  Muía. 
—Texto.— Advertencia.— Nota  final.  —Colo- 
cación de  las  láminas.  (Cuatro  intercaladas 
en  el  texto.) 

3.    Acero  y  Abad  (Don  Nicolás). 

¡Tiempo  perdido!  |  Colección  de  poe- 
sías I  de  I  D.  Nicolás  Acero  y  Abad.  | 
Murcia.  |  Tipografía  de  Rafael  Albalade- 
jo. I  San  Bartolomé,  3.  1  1884. 

En  4.°— 115  págs.,  comenzando  la  numera- 
ción por  el  6.  —  Signaturas:  (-s-)  4-15.— Por- 
tada.—V.  en  b.— A  los  Lectores.— Texto. 
Contiene  las  composiciones  tituladas: 

La  luciérnaga,  pasionaria  y  mariposa.  = 
La  luz.  =  A  Dolores.  =  Balada.  =  Historia 
eterna.=La  fe  y  la  razón. =Anfriso.=Ana- 
creóntica.— ¡Viva  el  Rey!  ¡Viva  la  paz!=La 
cruz  de  piedra.=Al  Escultor  catalán  señor 
Aleu.=Las  blancas  canas. = A  Ríos  Rosas.  = 
A  D.  Valentín  Cerrada.  =Nostalgia.=La  no- 
che.=Cantares.=El  arte  pictórico. =Dios  y 
la  Ciencia.=A  la  Paz.  — A  las  provincias 
inundadas.=Canciónheroico-elegiaca.=Vo- 
cate  me  amarum.=La  Caridad. = En  el  ani- 
versario de  la  muerte  de  Miguel  Cervantes. 
=A  S.  M.  el  Rey  D.  Alfonso  XII.==A  la  me- 
moria del  invicto  Marqués  del  Duero. = 
Composición  poética  leída  en  el  Teatro  de 
Calderón  en  la  función  oficial  del  14  de  ene- 
ro de  1875,  en  celebridad  de  la  entrada  de 
S.  M.  el  Rey  en  la  Corte. =A  Ayala.=Pa- 
sión  de  un  Emir.=Fragmento.=A  mi  hija 
Soledad  (en  prosa). = A  la  Virgen  María. 


-  214  - 


4.  Acero  y  Abad  (Don  Nicolás). 

El  Brigadier  |  Don  Juan  Gutiérrez  |  de 
la  Concha,  i  Murcia  |  Tip.  de  Rafael  Al- 
baladejo,  |  Plaza  de  S.  Bartolomé,  3. 
I  1885.  [Al  fin]:  Nicolás  Acero  y  Abad. 

En  4.°— 13  págs. 

Port.— AI  V.  Dedicatoria  del  autor  al  Mar- 
qués del  Duero.— Texto. 

(Artículo  adicionado  por  el  editor). 

5.  Agosta  y  Lozano  (Don  Zacarías). 

Una  pág-ina  de  Murcia.  |  Leyenda  His- 
tórica I  Por  1  Zacarías  Acosta  y  Lozano.  | 
Murcia,  1878.  |  Tipografía  y  encuadema- 
ción de  El  Álbum.  |  Santo  Domingo,  5. 

En  4.°— 63  págs.,  más  una  hoja  al  princi- 
pio sin  numerar.— Signaturas  (^)  2-8. — Por- 
tada.—V.  en  b.— Dedicatoria  suscrita  por  el 
autor,  a  la  Excma.  Sra.  Doña  Leonor  Gue- 
rra.—Texto.  (Desde  la  pdg.  49  en  adelante): 
—Observaciones  l  que  sobre  la  Composición 
I  de  Una  Página  de  Murcia  |  ha  hecho  el  | 
Sr.  D.  Hermenegildo  Lumeras  Castro. 

El  asunto  principal  de  este  bellísimo 
poemita  en  quintillas,  es  la  estratagema 
de  que  se  valieron  las  murcianas,  en  los 
tiempos  de  la  invasión  musulmana,  apa- 
reciendo armadas  sobre  los  muros  de  la 
ciudad,  para  obtener  una  capitulación 
honrosa  del  ejército  invasor. 

6.  Acta  I  de  la  I  Sesión  Extraordinaria  [ 
que  celebró  |  el  Ayuntamiento  de  Mur- 
cia I  en  I  13  de  noviembre  de  1879.  |  (Es- 
cudo de  A.  de  la  Ciudad.)— yínrcisi,  1879. 

I  Estab.  Tipográfico  de  la  Paz.  ]  Zoco,  5. 

En  4.''— 16  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto. 

Celebróse  con  motivo  de  la  terrible 
inundación  que  consternó  a  Murcia  y  su 
huerta  en  dicho  año;  y  contiene  un  bri- 
llante discurso  de  Don  Pedro  Díaz 
Cassou. 


7.  Acta  I  de  la  Sesión  Pública  celebrada 
I  por  I  la  Real  Sociedad  Económica  |  de 

Amigos  del  País  |  de  Murcia,  |  en  el  día 
19  de  noviembre  de  1863,  |  para  la  solem- 
ne distribución  de  premios  a  la  ]  aplica- 
ción, al  inérito  y  a  las  acciones  |  virtuo- 
sas. I  Publícase  por  acuerdo  de  dicha  Cor- 
poración. I  Murcia.  =  1864.  |  Imprenta  de 
Leandro  y  Vicente  Riera:  |  Príncipe  Al- 
fonso, 55. 

En  4.**— 44  págs.  con  la  portada.— Signa- 
turas (-!-)  2-6.— Portada.— V.  en  b.— Texto. 

Contiene:  Especie  de  preámbulo.— Distri- 
bución de  premios,  y  una  Memoria  de  Don 
José  del  Villar,  Párroco  que  fué  de  Santa 
María  de  Murcia. 

8.  Afectos  de  un  Pecador  |  pidiendo  mi- 
sericordia. I  Respuesta  de  Dios  |  a  el  |  Pe- 
cador arrepentido.  |  A  expensas  de  un  No- 
ble Devoto,  deseoso  |  de  la  salvación  de 
las  Almas:  |  Y  a  solicitud  del  P.  Fr.  Chris- 
toval  Rosel,  |  Religioso  Franciscano  Ob- 
servante, el  que  su  1  plica  al  Pecador  los 
lea  con  la  mayor  re  |  ñexión,  atención,  y 
devoción,  consiguien  (  do  pronta  miseri- 
cordia de  su  Criador,  |  Redentor  y  Con- 
servador. I  Murcia  MDCCXCV.  |  Con  li- 
cencia. En  la  Oficina  de  la  Viuda  ]  de  Te- 
ruel, Calle  de  la  Lencería. 

En  8.^—42  págs.  — Signs.  {^)  A2-A3.— 
Portada.— V.  en  b.— Estampa  grab.  en  mad. 
que  representa  un  Crucifijo  con  la  Magdale- 
na a  sus  pies.— Texto,  que  lo  constituye 
XXXII  décimas  de  versos  octosílabos. 

9.  Afectos  devotos  que  para  mover  a  la 
devoción  del  Santo  Viacrucis  y  Dolores 
de  María  Santísima  compuso  un  Religioso 
Capuchino  de  la  Provincia  de  Valencia. 
—Murcia,  por  Felipe  Teruel.  (Sin  año, 
pero  seguramente  en  el  de  1787)  (1). 

En  16.°. 


(1)  No  pudo  ser  este  año,  aunque  Tejera  lo  diese  por  se- 
guro, puesto  que  la  Viuda  de  Felipe  Teruel  imprimía  ya 
cinco  o  seis  años  antes.  (N.  del  e.) 


—  215  — 


Aunque  el  autor  calló  aquí  su  nombre, 
nos  consta  que  lo  fué  el  P.  Fr.  José  de 
Rafelbuñol. 

10.  Agenda  |  de  Bolsillo  |  o  |  Libro  de 
Memoria  |  diario  para  1862.  |  Con  noti- 
cias I  y  Guía  de  Murcia.  |  Murcia.— 1861. 
I  Imprenta  de  Antonio  Molina.  1  Calle  de 
la  Trapería,  número  32. 

En  12.0-XLVI-112  págs.,  con  varias  al 
principip  y  muchas  otras  en  el  centro  sin  nu- 
merar.—Signs.  a- 2-15.— Contiene:  Portada. 
Reducciones  de  diversas  clases  de  monedas 
a  otras.— Relación  de  los  pueblos  y  lugares 
más  principales  de  la  provincia  de  Murcia. 
—Un  almanaque.— Hojas  en  blanco  para  los 
apuntes  de  memorias.— Historia  compendia- 
da de  Murcia.— Guía  de  Murcia.— índice  de 
todas  las  calles  y  plazas  de  Murcia. 

11.  Aguas  minerales  de  Archena.— Guía 
del  bañista.— Imp.  de  A.  Molina.  (S.  1.  nt 
a.;  pero  consta  que  lo  fué  en  Murcia 
en  1870.) 

Pliego  en  8.°  sin  foliar  ni  signar,  con  2  pá- 
ginas de  portada  y  5  de  texto,  reducido  a  una 
relación  de  noticias  útiles  a  los  bañistas. 

12.  Aguilar  y  Briñez   (Dr.   Don   Ber- 
nardo). 

Tymbres  |  de  la  |  Exemplar  Vida,  |  y 
Lauros  |  de  la  recomendable  muerte  |  de 
el  I  V.  D,  Agustín  |  Fernández  Truxillo  | 
Beneficiado,  y  Cura  Propio  de  la  |  Iglesia 
Parroquial  del  Señor  San  Juan  Bautista 
de  la  I  Ciudad  de  Murcia,  y  Hermano  de 
la  Santa  Es  |  cuela  de  Christo  de  ella,  | 
Proclamados  |  En  las  Sumptuosas  Exe- 
quias, I  que  a  su  loable  memoria  se  cele- 
braron en  dicha  Igle  |  sia  por  el  Cabildo 
de  Reverendos  Curas,  y  Clero  de  |  la  re- 
ferida Santa  Escuela,  |  Por  |  El  Dr.  D. 
Bernardo  Aguilar  y  Briñez,  |  Presbytero, 
Maestro  en  Artes,  Dr.  en  Sagrada  Theo- 
lo  I  gia,  y  Secretario  Capitular  de  la  San- 
ta Iglesia  I  Cathedral  de  Cartagena,  i  De- 
dí canse  I  Al  Exmo.  Señor  Conde  de  Moc- 


tezuma, 1  Marqués  de  Tenebron.  1  Con  li- 
cencia: En  Murcia,  En  casa  de  Felipe 
Díaz.  (S.  A.) 

En  4.'^— 86  págs.,  más  14  hoj.  de  prelims. 
sin  foliar.— Signs.  (^)  A-L2.— Portada.— V. 
en  b.— Dedicatoria  suscrita  por  el  autor.— 
Aprobación  del  Dr.  D.  Bernardo  Gutiérrez 
de  Alique.— Otra  de  Fr.  Juan  de  Casanova. 
—Parecer  de  Fr.  José  Tomás  Blanco.— Ro- 
mance heroico  en  alabanza  del  Sermón  por 
el  Dr.  D,  Nicolás  de  Molina  y  Guión.— Li- 
cencia del  Ordinario,  en  11  de  abril  de  1744. 
—Retrato  de  D.  Agustín  Fernández  Trujillo. 
—Texto. 

13.    Aguilar  García  Romera  (Don  Joa- 
quín). 

Papel  apologético  médico-químico  en 
favor  del  agua  llamada  de  la  Mina  [la  de 
la  Zarzadilla]  y  su  mixtión  con  la  del  Caño 
de  la  plaza  de  la  M.  N.  y  L.  Ciudad  de 
Lorca:  se  defiende  que  de  ningún  modo 
es  nociva  a  la  salud  pública...  Dalo  a  la 
luz  pública  para  desengaño  de  todos  Don 
Joaquín  Aguilar  García  Romera,  médico 
del  Real  Protomedicato,  de  la  Orden  de 
N.  P.  S.  Francisco,  médico  general  y  ve- 
cino de  dicha  Ciudad  de  Lorca,  y  lo  dedi- 
ca al  limo.  Sr.  D.  Diego  de  Rojas  y  Con- 
treras,  Obispo  de  Cartagena.— Impreso  en 
Murcia,  por  Nicolás  José  Villargordo,  año 
1758. 

Un  cpequeño  folleto  de  61  págs.>. 

Así  descrito  por  Cánovas  Cobeño,  en 
su  Historia  de  la  Ciudad  de  Lorca,  pági- 
na 472,  quien  añade: 

*Está  precedido  de  seis  décimas  y  un  so- 
neto, y  como  dice  su  autor,  no  está  escrito 
para  los  vulgares,  sino  para  los  doctos;  en 
efecto,  para  probar  su  tema  pone  multitud 
de  citas  en  latín,  de  la  sagrada  escritura, 
santos  padres,  filósofos  ^  médicos;  cualquie- 
ra creería  que  hubiera  fundado  su  opinión 
en  análisis  químicos,  en  principios  de  higie- 
ne y  médicos,  pero  los  que  alega  son  tan 
simples  y  tan  de  poco  valor  científico,  que 
dudamos  mucho  se  dieran  por  convencidos 
ninguno  de  sus  contrincantes,  que  eran  Don 
Pedro  Martínez  Ulescas,  D.  Fernando  Solen 


216 


D.  Miguel  León  y  D.  Bartolomé  Castillejo, 
médicos.» 

(Artículo  adicionado  por  el  editor.) 

14.  Aguilar  y  Mendivil  (L.  Don  Anto- 
nio de). 

>í<  I  Domvm  Tvam  Decet  Sancti  |  tudo 
Domine  in  longitudinem  dierum.  |  Can- 
tat.  Eccles.  |  (Estampa  de  la  Concepción 
grab.  en  m«rf.^— Manifestación  |  Ivridica 
I  Sobre  |  El  Derecho  de  Immunidad,  y 
Sa  I  grado  de  las  Iglesias  y  Monasterios, 
para  que  no  se  |  haga  extracciones  violetas 
de  los  refugiados  a  ellas  |  por  la  Ivsticia 
secular,  ni  sus  Ministros  de  su  auto  |  ri- 
dad,  co  arrojo,  y  animosidad  no  permiti- 
da; y  pa  I  ra  q.  cessen  los  escrúpulos,  y 
perjuicios  de  cociecia  |  q.  de  semejates 
operaciones  resultan  cotra  los  lue  |  ees, 
que  la  executan,  o  permiten;  y  se  coser- 
ve  cada  I  jurisdicción  en  los  términos  de 
su  esfera,  co  el  am  |  paro  de  los  derechos 
q.  laassisten  en  la  segura,  y  |  recíproca  co- 
rrespondecia  q.  se  requiere  para  |  el  go- 
vierno  de  ambos  estados.  |  Impresso  en 
Murcia,  por  Vicente  Llofriu.  (S.  A.) 

En  fol.— 62  págs.— Signs.  (->-)  BQ.— Porta- 
da.—V.  en  b. — Texto  suscrito  al  final  por  el 
autor,  en  Murcia  a  2  de  noviembre  de  1688. 

Aguirre  (Don  José). 
Véase  Alarcón  (Don  Manuel). 

15.  AiME  Martín  (L.) 

Plan  de  una  biblioteca  universal.  Estu- 
dio de  los  libros  que  pueden  servir  para 
la  historia  filosófica  y  literaria  del  género 
humano,  con  un  catálogo  de  las  obras  se- 
lectas, escritas  en  todos  los  idiomas  y 
composiciones  originales  de  todos  los 
pueblos,  por  L.  Aime  Martín.— Murcia, 
1842-43. 

En  4.0 

Así  en  el  Dice,  general  de  bibliogr.  Es- 
pañola, de  D.  Dionisio  Hidalgo. 


16.  A  la  Provincia  de  Murcia,  |  sobre  la 
cuestión  |  del  Ferro-Carril  al  Mediterrá- 
neo. (Al  final):  Murcia  20  de  julio  de  1852. 
—Imprenta  de  Antonio  Molina,  Calle  de 
la  Trapería,  número  48. 

En  4.°— 11  págs.— Texto  inmediatamente 
después  del  encabezamiento  que  queda  co- 
piado. 

17.  A  la  gloria  |  del  Insigne  Escultor 
Murciano  |  D.  Francisco  Salzillo  |  y  Al- 
caraz.  |  Y  |  en  recuerdo  del  primer  cente- 
nario I  de  su  muerte  |  Dedica  |  el  Ayunta- 
miento de  Murcia  |  este  Libro  |  formado 
con  las  Composiciones  |  leídas  |  en  la  Ve- 
lada literaria  celebrada  |  en  el  Casino  |  la 
noche  del  3  de  Marzo  de  1883.  |  Murcia, 
1883.  I  Imprenta  de  «El  Diario». 

En  4.°— 64  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Proposición  del  Alcalde  Don  Eduardo  Ri- 
quelme  y  Acuerdo  tomado  por  el  Ayunta- 
miento, sobre  la  publicación  de  esta  edición. 
—Texto. 

Contiene  composiciones  en  verso  y  pro- 
sa de  los  señores  D.  Antonio  Arnao,  José 
María  García,  Andrés  Blanco  y  García, 
Virgilio  Guirao,  Carlos  Cano,  J.  A.  Soria- 
no  Hernández,  Rodolfo  Caries,  Tomás  Ga- 
liana, José  Pío  Tejera,  Tomás  Maestre, 
María  de  Yarmonth,  Julián  La  Cierva, 
Miguel  Gázquez  Llopis,  José  Martínez 
Tornel  y  Ricardo  Sánchez  Madrigal. 

18.  Alarcón  (P.  José  de). 

>i<  I  Carta  |  De  el  Padre  Joseph  de  Alar- 
cón, I  Rector  de  el  Colegio  de  Murcia  de 
la  Compañía  de  |  Jesús,  a  los  Padres  Supe- 
riores de  la  Provincia  de  |  Toledo,  sobre 
las  virtudes,  y  muerte  de  el  |  Padre  Luis 
Ignacio  Zevallos  de  la  misma  |  Compañía. 
(Título  que  encabeza  esta  notable  biogra- 
fía del  P.  Zevallos.  Su  fecha  al  final):  En 
Murcia,  Junio  22,  de  1738. 

En  4.^—72  págs.-Signs.  A-Y2. 


217 


19.  Alarcón  (Don  Manuel)  y  Otros. 

Avisos  I  importantes  |  que  sobre  la  adul- 
teración de  los  I  polvos  de  las  Viboreras 
dan  I  a  las  Juntas  Provincial  y  Muni  |  ci- 
pal  de  Sanidad  de  Murcia,  los  Facultativos 
vocales  de  las  mis  |  mas  |  Y  seg^unda  edi- 
ción del  Manifiesto  |  que  circularon  el  cin- 
co de  Agosto  ante  |  rior,  sobre  la  virtud 
anticolérica  de  aque  |  líos;  y  del  método 
de  administrarlos  que  |  se  publicó  en  diez 
y  ocho  del  propio  mes.  f  Murcia:  |  Oficina 
de  D.  Sebastián  Hernández.  (Al  final): 
Murcia,  Oficina  de  D.  S.  Hernández. 

En  4.0—29  págs.— Signs.  (-i-)  2-7.— Portada. 
V.  en  b.— Texto:  Dirigido  al  Excmo.  Sr.  Don 
Francisco  Javier  Ferraz  y  Tomel,  y  suscrito 
al  ñnal  en  5  de  Agosto  de  1834  y  19  del  mis- 
mo, por  Manuel  Alarcón. =Vicente  Cuenca. 
=José  Aguirre=y  Antonio  Folgado. 

20.  Alarcón  Jiménez  de  Cisneros  (Don 
Jerónimo  Miguel). 

Novena  |  de  María  Santísima  |  de  los 
Dolores  |  dispuesta  para  el  uso  |  y  apro- 
vechamiento espiritual  de  sus  feligre  I  ses, 
por  el  Presbítero  Don  Gerónimo  Mi  |  guel 
Alarcón  Ximénez  de  Cisneros,  Cura  |  pro- 
pio de  la  Parroquial  del  Arcángel  |  San 
Miguel  de  esta  Ciudad  |  de  Murcia.  |  Con 
licencia:  |  Imprenta  de  Bellido.  |  año  1828. 

En  8.°— 20  págs.— Portada.— Estampa  de  la 
Virgen  de  los  Dolores  a  la  vuelta.— Texto 
en  prosa  y  verso. 

21.  Alarcón  Martínez  (Lie.  Don  Diego). 

>j«  I  Alegación  |  luridica  |  ostensiva  |  de 
la  justicia  notoria,  |  que  assiste  |  a  D.  An- 
tonio Lucas  I  Celdran,  |  Cavallero  del  abi- 
to de  San-  |  tiago,  y  Alguacil  Mayor  del 
Santo  Oficio  |  de  la  Inquificion  de  este  | 
Reyno;  |  en  el  pleyto  |  contenido  en  los 
autos,  I  que  don  Juan  Carrillo,  y  Albor- 
noz, I  su  Padre,  en  veinte  y  nueve  de  No- 
viembre del  año  pas-  |  sado  mil  setecien- 
tos cinquenta  y  dos,  introduxo  en  el  |  juz- 
gado de  Obras  Pías  de  este  Obispado  de 


Cartagena;  y  |  por  su  muerte  continúa  si- 
guiendo dicho  Don  Antonio  con  |  su  Fis- 
cal general,  y  el  Mayordomo  Fabriquero 
de  la  Igle-  |  sia  Parroquial  del  Señor  San 
Andrés  de  esta  Ciudad  |  de  Murcia,  sobre 
el  assumpto,  que  en  este  |  Manifiesto  se 
expressará. — Con  licencia,  en  Murcia,  por 
Phelipe  Teruel,  |  vive  en  la  Lencería, 
año  de  1766. 

En  foL— 1  h.+  39  págs.:  signs.  A-K. 

Estampa  de  la  «Imagen  de  N.  S.  de  los 
Dolores»,  con  orla  de  estilo  rococó,  grabada 
por  Alagarda  («Alagarda  sculp.  Murtig»),  en 
la  anteport.- Port.— V.  en  bl.— Texto  (divi- 
dido en  «hecho»  y  tres  «partes»).— Reflexión 
sobre  la  pretensión  del  mayordomo  Fabri- 
quero de  la  Iglesia  de  San  Andrés.  (Al  fin): 
«Murcia,  y  Diciembre  24.  de  1765.— Lie.  Don 
Diego  Alarcón,  Martínez.» 

Opúsculo  interesante  para  la  historia  lo- 
cal. Bibl.  de  la  Acad.  de  la  Hist.:  Col.  Je- 
suítas, t.  184,  n.°  19. 

(Articulo  adicionado  por  el  editor.) 

22.  Alarcón  (Don  Jerónimo). 

Sermón  |  que  en  la  Solemne  Función  | 
celebrada  |  en  el  día  diez  y  nueve  de  Ma- 
yo I  de  mil  ochocientos  catorce,  |  En  la 
Iglesia  Parroquial  |  del  Arcángel  |  San 
Miguel,  I  de  la  Ciudad  de  Murcia,  |  a  ex- 
pensas I  del  Sr.  Conde  de  Clavijo,  |  para 
dar  gracias  a  Dios  por  la  feliz  |  colocación 
del  Rey  N.  S.  en  el  Trono  |  de  sus  Mayo- 
res I  Dixo  I  Don  Gerónimo  Alarcón  |  Cu- 
ra Párroco  de  la  expresada  Iglesia,  |  y  ha 
dado  a  luz  un  apasionado  suyo.  |  Con  Li- 
cencia: I  Imprenta  del  Gobierno  Militar 
Político.  I  A  cargo  de  Horcajada. 

En  4.°— 37  págs.— Signs.  {,->-)  2-5.— Portada. 
V.  en  b.— Texto. 

23.  Albalate  (Fr.  Basilio). 

Respuesta  |  al  Manifiesto  lurídico,  |  es- 
crito I  por  el  Licenciado  Don  Antonio  de 


-  218  - 


Aguilar  .Mendivil,  |  Provisor  y  Vicario 
General  del  Obispado  |  de  Cartagena.  1  En 
oposición  I  del  que  escrivió  el  M.  R.  P. 
Fr.  Martín  de  Torrecilla,  Ex-  |  Provincial 
de  la  Provincia  de  Menores  Capuchinos  | 
de  Castilla,  Ex-Difinidor  General,  y  Cali- 
fi  I  cador  de  la  Suprema.  |  Sobre  |  el  aver 
descomulgado  el  Ilustrissimo  Señor  Obis- 
po de  Carta  |  gena  al  Presidente  del  Con- 
vento de  Menores  Capuchinos  de  la  |  Ciu- 
dad de  Murcia,  y  suspendido  las  licencias 
de  I  confessar,  y  predicar  a  todos  los  Reli- 
giosos I  de  dicho  Convento.  (Sin  suscrip- 
ción, pero  seguramente  en  Murcia,  a  los 
primeros  del  siglo  xvm.)  (1). 

En  foL— 107  págs.— Signs.  A-Dd.— Texto 
inmediatamente  después  del  título  que  que- 
da copiado,  y  suscrito  al  final  por  el  autor. 

Es  documento  bastante  curioso. 

24,  Albarado  (Don  Manuel). 

Discurso  I  leído  en  la  Audiencia  territo- 
rial I  de  Albacete,  |  Residente  en  la  Ciu- 
dad de  Murcia  |  El  día  2  de  enero  de  1837. 
I  Por  su  Regente  |  el  Señor  Don  Manuel 
de  Albarado.  (Escudo  de  A.  reales.)  Mur- 
cia y  enero  de  1837.  |  Oficina  de  D.  Sebas- 
tián Hernández. 

En  4.*'— Fáltanle  las  hojas  finales  al  ejem- 
plar que  tenemos  a  la  vista. 

25.  Albarracín  (Dr.  Don  Antonio). 

Sagrado  Triduo,  |  que  en  obsequio  |  de 
la  gloriosissima  Virgen  |  Santa  Gertrudis 
I  la  Magna  |  que  se  venera  |  en  la  Iglesia 
Parroquial  |  de  Santa  Eulalia  |  de  la  Ciu- 


(1)  Hubo  de  Imprimirse,  con  toda  probabilidad,  en  1694, 
pues  aquel  mismo  aflo  falló  el  Nuncio  la  nulidad  de  la  ex- 
comunión y  suspensión  de  licencias  que  el  obispo  de  Car- 
tagena impuso  a  Fray  Leandro  de  Concentaina,  presidente 
del  convento  de  Capuchinos,  de  Murcia.  Fray  Basilio  de 
Albalaie  publicó  además  otro  opúsculo  sobre  el  mismo 
asunto,  del  que  poseo  un  ejemplar  falto  de  las  dos  hojas 
primeras,  en  fol.  y  de  60  págs.;  signs.  A-P.— Véase  en  esta 
Sección  el  artículo  Torrecilla,  Fray  Martin  de. 

(Nota  del  e.) 


dad  de  Murcia,  |  ofrece  a  la  Santa  su  de- 
voto I  el  Doctor  Don  Antonio  Albarracín 
I  Calificador,  e  Inquisidor  Ordinario  en 
el  I  Tribunal  del  Santo  Oficio  de  dicha 
Ciudad,  I  y  Racionero  de  la  Santa  Iglesia 
I  de  Cartagena.  |  Murcia  MDCCXCVI.  1 
En  la  oficina  de  la  Viuda  de  Teruel  |  Se 
hallará  este  Triduo  en  la  Sacristía  de  di- 
cha Parroquia. 

En  8.0—24  págs.  Signs.  A2-B  (o-). -Porta- 
da.—V.  en  b.— Advertencias  y  noticias  de 
autores  que  se  citan.^Texto.— Gozos  en  ver- 
so.—Breve  oración  en  latín. 

26.  Álbum  |  de  las  Funciones  celebradas 
I  en  el  Teatro  Romea  de  Murcia  |  a  favor 
de  los  I  Establecimientos  de  Beneficen- 
cia I  de  la  misma  |  Las  noches  3  y  4  de 
junio  de  1876.  |  Murcia.  |  Tipografía  de 
los  Hijos  de  Nogués.  |  1876. 

En  4.°— 54  págs.,  más  2  hoj.  al  final  sin  nu- 
merar.—Signs.  2-7. —Portada.— V.  en  b.— De- 
dicatoria suscrita  por  el  Gobernador  y  Se- 
ñores de  la  Comisión  a  todas  las  Señoritas  y 
Caballeros  que  han  tomado  parte  en  las  fun- 
ciones.—V.  en  b.— Texto. 

Contiene:  Especie  de  preámbulo  de  la  Co- 
misión. =  Programa  de  las  Funciones.=jQwe- 
rer  es  Poder,  Apropósito  Cómico  en  un  acto 
y  en  verso  por  D.  Ricardo  Sánchez  Madri- 
gal.=Reparto  de  la  Zarzuela  «El  Juramen- 
to. »=Letra  Compuesta  por  D.  Ricardo  Sán- 
chez Madrigal  para  el  Coro  de  introducción 
del  2."  acto  de  la  Zarzuela  «El  Juramento». 
=Composiciones  poéticas  de  D.  Zacarías 
Acosta,  J.  Martínez  Tornel,  Ricardo  Sán- 
chez Madrigal,  Antonio  G.  Alix,  Jerónimo 
Flores,  E.  Serrano,  y  Juan  García  Aldeguer. 
=Revista  publicada  en  el  periódico  «La  Paz» 
de  Murcia. =Cuenta  de  los  productos  y  gas- 
tos.=Resumen  de  la  cuenta.=Indice. 

La  última  de  estas  funciones  dejó  en 
Murcia  bien  tristes  recuerdos,  pues  a  las 
pocas  horas  de  su  celebración  fué  presa 
de  las  llamas  el  magnífico  teatro  de 
Romea. 

27.  Álbum  y  Abanico  i  de  la  |  Excelen- 
tísima Señora  |  Doña  Leonor  Guerra  Al- 


-  219 


baladejo  |  de  Pagan.  |  Murcia, 
fía  de  El  Álbum.  |  1877. 


Tipogra- 


En  4.**— 85  págs.  para  el  Albura,  las  más 
de  ellas  sin  foliar,  y  24  para  el  Abanico  sin 
numerar.— Signs.  1-18.— Portada.— V.  en  b. 
—Retrato  de  Doña  Leonor  Guerra.— Dedi- 
catoria suscrita  por  D.  Pedro  Pagan:  «A  mis 
queridos  amigos  de  la  Reunión  Literaria.» 
—Texto  del  Álbum.— Texto  del  Abanico. 

Contiene  composiciones,  ya  en  verso,  ya 
en  prosa,  de  los  señores  D.  Zacarías  Acos- 
ta.=José  Martínez  Tornel.=Jerónimo  Flo- 
res.=Ezequiel  Diez  y  Sanz.=Pascual  Nava- 
rro.=Agustín  Abril. =Antonio  García  Alix. 
=Pascual  Martínez  Palao.=F.  Serrano  de  la 
Pedrosa.  =  José  Baleriola.  =  Ricardo  Gil.= 
Emilio  Castelar.=José  Marín-Baldo. =:José 
Pío  Tejera. =Ricardo  Sánchez  Madrigal. = 
Manuel  Henao  Muñoz.  =  Jesús  Cencilio.= 
Francisco  Pérez  Echeverría. =Salvador  Da- 
mato. =Víctor  Valaguer.=Adolfo  Terrer.= 
Manuel  del  Palacio. =Lorenzo  Pausa. ^Fer- 
nando Alvarez.=Antonio  del  Val.=Antonio 
Ramírez  Pagan.  =  Juan  García  Al  Deguer. 
^Virgilio  Guirao.=F.  C.=E.  Llofriu.=Juan 
José  Herranz.  =  Hermenegildo  Lumeras.— 
Napoleón  Terrer.=Perico.=Juan  Piqueras. 
=Gonzalo  Baños. =A.  Medina.=Tomás  Ga- 
liana.=A  M.  Cañadas. =01ayo  Díaz;  y  Ga- 
briel Baleriola. 

28.    Alburquerque  y  Teruel  (Don  An- 
tonio José). 

Discurso,  I  y  |  Reflexiones  Críticas,  | 
hechas  por  el  Coronel  Don  Antonio  |  Jo- 
seph  Alburquerque  Teruel,  García  |  de 
Alcaraz,  Quesada  Leones,  y  Bena  |  vides. 
Ex- Regidor  de  esta  Ciudad  de  |  Lorca,  y 
su  Alcalde  Provincial  de  I  la  Hermandad, 
Juez  Privativo  (por  |  su  Magestad)  de  la 
Superinten  |  dencia  de  las  Obras  piíblicas 
de  dicha  |  Ciudad,  y  conservación  de  la 
I  Fuente  del  Oro.  |  Sobre  |  las  Utilidades 
multiplicadas,  |  prometidas  en  la  elevada 
presa,  y  nueva  condu  1  ción  de  las  aguas 
de  la  Fuente  del  Oro,  |  de  la  muy  Noble, 
y  muy  Leal  Ciudad  de  Lorca,  |  a  quien  las 
dedica.  |  En  Murcia:  En  casa  de  Francis- 
co López  Mesnier.  (S.  A.) 


En  4.°-39  págs.— Signs.  A2  Í^.-Portada. 
—V.  en  b.— Dedicatoria  suscrita  por  el  autor 
«A  la  muy  noble  y  muy  leal  Ciudad  de  Lor- 
ca» en  21  de  diciembre  de  1741.— Prólogo  al 
Lector.— Texto. 

29.  Alcahaz  (Dr.  Don  Marcos  Antonio). 

Por  I  Doña  Constanza  Favra  laymes 
de  I  Junteron  muger  Legítima  de  Don 
Francisco  Alcocer  |  Veintiquatro  de  la 
Ciudad  de  Granada,  y  Regidor  |  desta 
Ciudad  de  Murcia  1  En  |  el  pleyto  con  D. 
Thomas  Lvcas  Iba  |  ñez,  Canónigo  en  la 
Santa  Iglesia  de  Cartagena  |  sobre  |  la 
svccesion  del  Mayorazgo  que  fundó  Simón 
laymes  de  lunteron,  tío  de  la  dicha  |  Doña 
Constanza.  (Al  fin):  Impreso  en  Murcia 
por  Miguel  Lorente.  Año  de  1662. 

En  fol.— 30  hojas. -Signs.  (~)  B-Q.-Texto 
suscrito  al  final  por  el  autor. 

Bibl.  pública  del  Palacio  Episcopal  de 
Murcia. 

30.  Alcaraz  y  Carayaca  (Don  Diego). 

Discurso  I  Histórico- Religioso  |  pro- 
nunciado I  en  esta  Santa  Iglesia  Catedral 
I  el  día  de  la  Festividad  I  de  |  San  Patri- 
cio I  Patrón  de  Murcia  |  por  |  D.  Diego 
Alcaraz  y  Caravaca  |  Pbro,  y  Capellán  de 
la  Iglesia  de  la  Purísima  Concepción,  Etc. 
¡  Con  motivo  de  la  función  que  anualmen- 
te tributa  a  tan  glorioso  Santo  |  el  Excmo. 
Ayuntamiento  de  esta  Capital  |  en  acción 
de  gracias  |  por  |  la  ilustre  Victoria  de  los 
Alporchones.  |  Murcia  |  Tipografía  de  los 
Hijos  de  Nogues.  (S,  A.) 

En  4.°— 21  págs.,  comenzando  la  numera- 
ción por  el  6.— Portada.— V.  en  b.— Dedica- 
toria al  Ayuntamiento  de  Murcia.— V,  en  b. 
—Texto. 

31.  Alcober  y  Largo  (Don  Vicente). 

Compendio  de  la  Lengua  ingle.sa,  en 
tres  partes.  1.^  La  gramática  o  sea  un  ex- 


220 


tracto  del  método  lexicológico  y  herme- 
neútico  fundado  en  la  etimología,  analo- 
gía y  omonotopeya.  2.^  Un  vocabulario  de 
pronunciación  figurada.  3.*  Un  programa 

0  cuestionario  para  los  exámenes  de  in- 
glés; por  D.  Vicente  Alcober  y  Largo, 
profesor  de  lenguas,  miembro  de  la  socie- 
dad asiática  de  París,  antiguo  alumno  de 
la  escuela  especial  de  lenguas  orientales 
de  dicha  Capital,  autor  de  varias  obras  fi- 
lológicas, etc.,  etc.— Murcia,  1860.  Imp. 
de  A.  Arques.— Madrid,  lib.  de  Bailly-Bail- 
liére. 

En  4.°— 186  págs. 

32.  Alcober  y  Largo  (Don  Vicente). 

Traducción  gradual  |  del  Italiano,  I  en 
cinco  partes.  |  1.*  Traducción  literal  inter- 
lineal. I  2.^  Traducción  gramatical  y  libre 
a  la  vista.  |  3.^  Trozos  en  prosa.  |  4.^  Diá- 
logos familiares.  |  5.*  Trozos  en  verso.  | 
Con  Notas.  |  Por  |  Don  Vicente  Alcober 
y  Largo,  |  Profesor  de  Lenguas,  Miembro 
de  la  sociedad  asiática  de  París,  anti  |  guo 
alumno  de  la  escuela  especial  de  Lenguas 
Orientales  de  dicha  |  Capital,  autor  de  va- 
rias obras  filológicas,  etc.,  etc.  |  Murcia. 
—  1861.  I  Imprenta  de  Anselmo  Arques.  | 
Trapería,  40. 

En  4.°-398  págs.— Sings.  {^)  2-50.-Porta- 
da.— V.  en  b.— Dedicatoria  al  Excmo.  Sr.  D. 
Modesto  Lafuente.  -Texto.— índice. 

Al-Deguer  (Donjuán  G.). 
Véase  Fernández  Iturralde. 

33.  Alecio  (P.  Fr.  Adriano  de). 

El  I  Angélico.  I  Escrivelo  con  |  estilo 
de  poeta  |  lírico  |  el  Padre  Fray  Adriano 

1  de  Alecio.  |  del  Orden  de  Predicadores  | 
natural  de  Lima.  |  Ofrécelo  |  con  afecto 
de  obediente,  a  nuestro  Reuerendissimo 
Padre  Maestro  |  Fray  Tomas  Tvrco,  |  Ge- 


neral del  Orden  de  nuestro  Padre  Santo  j 
Domingo.  |  Con  licencia,  |  Impresso  en 
Murcia  por  Esteuan  Liberós.  |  Año 
de  1645. 

En  4.°— 178  hojas.— Sing.  AA-7.— Portada. 
—Licencia  al  autor  para  imprimir  el  libro  y 
juntamente  un  tratadito  que  tiene  hecho  de 
las  virtudes  del  hermano  Martín  de  Porras, 
en  Lima  a  9  de  julio  de  1642.— Aprobación 
del  P.  M.  Fr.  Juan  de  Ortega.— Otra  de  Fr. 
Fernando  de  Figueroa.— Dedicatoria  suscri- 
ta por  el  autor.— Vice  prólogo— Satisfacción. 
—Cuidado  del  M.  R.  P.  M.  Fr.  Bernardo  de 
Torres...  al  crédito  del  Poema  Angélico.— 
Décimas  laudatorias  del  mismo  al  autor.— 
Texto. 

Bibl.  del  Sr.  Gayangos. 

34.  Alix  (Don  Antonio). 

Discurso  Inaugural  |  pronunciado  |  el 
día  primero  de  octubre  de  1849  |  en  la  so- 
lemne apertura  |  del  Instituto  de  Segunda 
Enseñanza  |  de  Murcia  |  Por  |  D.  Antonio 
Alix.  I  Catedrático  de  Historia  |  (Viñeta.) 
Murcia:  1849.  |  Imprenta  de  Pablo  No- 
gues.  Calle  de  la  Trapería. 

En  4.°— 17  págs.,  con  la  portada.— Portada, 
—V.  en  b.— Texto. 

35.  Alix  (Don  Antonio). 

Programa  |  y  |  Breve  Resumen  |  de  los 
I  Elementos  de  Historia,  mandados  ense- 
ñar en  los  I  Institutos  del  Reino,  con  arre- 
glo al  publicado  |  por  el  Gobierno  en  1850. 
I  Por  I  Don  Antonio  Alix,  |  Catedrático 
de  esta  Asignatura  y  Director  |  del  Insti- 
tuto de  Murcia.  |  Murcia  |  Imp.  de  José 
Caries  Palacios.  |  1853. 

En  8.°-224  págs.,  con  la  portada,  más  2 
hojas  al  final  sin  numerar.— Signs.  (^i-)  2-14. 
—Portada.— V.  en  b.— Texto.— índice.— 
Erratas . —Advertencia. 

Es  un  breve  compendio  de  Historia  Uni- 
versal, dispuesto  con  mucho  método,  y 
escrito  con  bastante  acierto. 


—  221 


36.  Alix  (Don  Juan). 

Discurso  inaugural  |  del  curso  académi- 
co de  1850  a  51  I  en  el  Instituto  de  2.*  En- 
señanza I  de  la  ciudad  de  Murcia.  |  Leído 
I  en  el  acto  público  celebrado  el  1.°  de  oc- 
tubre de  1850,  1  por  Don  Juan  Alix,  |  Ex- 
Catedrático  de  Geografía  |  del  mismo  es- 
tablecimiento. I  (Viñetita.)  \  Murcia.  |  Ti- 
pografía de  D.  José  Caries  Palacios, 
cuatro  esquinas  de  S.  Cristoval.  |  1850. 

En  4.°— 22  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto. 

37.  Alix  (Don  Juan). 

Discurso.  I  La  Medicina  Vindicada  |  de 
las  injustas  e  infundadas  |  invectivas  de 
algunos  I  escritores  |  que  en  la  primera 
sesión  literaria  pú  |  blica,  celebrada  por 
la  Real  Academia  |  Médica  de  Murcia 
en  31  de  mayo  de  |  1816  con  motivo  del 
plausible  día  de  |  nuestro  augusto  Sobera- 
no el  Señor  D.  |  Fernando  7.°  en  que  no 
le  fué  I  posible  verificarla  |  Leyó  |  Don 
Juan  Alix,  Individuo  |  de  Mérito  Literario 
de  la  Real  |  Sociedad  Económica  de  los 
Ami  I  gos  del  País  de  la  misma  Ciudad,  | 
de  N.°  y  Censor  de  dicha  Real  |  Acade- 
mia. I  Con  Licencia:  |  Murcia  |  Imprenta 
de  Mariano  Bellido. 

En  8.0— 71  págs.— Signs.  a-e.  —  Portada.— 
Cita  de  Hipócrates  a  la  vuelta.— Texto. — 
Erratas.— pág.  en  b. 

38.  Alix  (Don  Juan). 

Memoria  |  sobre  las  Aguas  Medicinales 
I  de  Archena.  |  Por  |  Don  Juan  Alix,  In- 
dividuo I  de  las  Reales  Sociedades  Econó- 
micas de  Amigos  del  País  |  y  Academias 
de  Medicina  de  Madrid  y  Murcia,  Médi- 
co I  Director  por  S.  M.  de  las  mismas 
aguas  con  hono  |  res  de  la  Casa  Real,  &c. 
&c.  I  Con  Licencia.  |  En  Murcia:  Impren- 
ta de  Bellido.  I  Año  de  1818. 


En  4.°— 71  págs.,  comenzando  la  numera- 
ción por  el  5.— Signs.  (-^)  2-9.— Portada.— V. 
en  b.— Dedicatoria  al  Iltmo.  Sr.  Don  José 
Ximénez,  Obispo  de  Cartagena.— V.  en  b.— 
Advertencias.— Texto.— Tabla  analítica  de 
las  enfermedades  sujetas  a  la  acción  de  estas 
aguas. 

39.  Almazán  y  Martín  (Rafael). 

Cuadro  Sinóptico  de  lo  más  importante 
de  la  historia  de  la  Imprenta,  por  el  Cajis- 
ta Rafael  Almazán  y  Martín.— Murcia.— 
Imp.  y  Redacción  de  «El  Telégrafo». 

Don  Dionisio  Hidalgo:  Dice.  gen.  de  bi- 
bliogr.  Española. 

40.  Al  mérito  artístico  I  de  la  Señorita  | 
Doña  Elisa  Boldun,  |  y  con  motivo  de  su 
Beneficio.  (Viñeta.)  Murcia  |  26  de  junio 
de  1875. 


En  4.°  —  8  págs.  —  Portada. 
Texto. 


V.  en  b.— 


Contiene  cuatro  composiciones  poéticas 
dedicadas  a  esta  actriz,  y  suscritas  por  las 
redacciones  de  los  periódicos  murcianos 
«La  Paz»,  «El  Noticiero»  y  «Las  Noti- 
cias.» 

41.    Alvarez  (Dr.  Don  Leandro). 

Oración  Fúnebre,  |  Que  |  en  las  Solem- 
nes Exequias  |  Celebradas  |  por  la  Real 
Sociedad  Económica  |  de  Amigos  del  País 
de  Murcia,  |  en  la  Iglesia  Parroquial  de 
San  Miguel,  |  de  esta  Ciudad,  el  día  1.°  de 
diciembre  de  1831,  |  en  Sufragio  del  alma  | 
del  limo.  Sr.  D.  Manuel  Rubín  de  |  Celis, 
Obispo  que  fué  de  esta  Diócesis,  |  Dixo  | 
el  Dr.  D.  Leandro  Alvarez,  |  Arcediano 
de  Villena,  Dignidad  de  |  esta  Santa  Igle- 
sia, y  Vice-Director  |  de  dicha  Real  Socie- 
dad. I  Con  Licencia:  |  En  Murcia:  Im- 
prenta de  los  herederos  de  |  Muñiz,  ene- 
ro 26. 

En  4.°--22  págs.-Portada.-V.  en  b.— 
Texto. 


222 


42.  Amoraga  y  Torres  (Don  Manuel). 

Azares  |  de  la  Peluca.  |  Comedia  en  tres 
actos  y  en  verso  |  orig^inal  de  |  D.  Manuel 
Amorag-a  y  Torres.  |  Murcia;  1884.  |  Im- 
prenta de  «El  Diario.» 

En  4,°— 58  págs.— Portada.  — Reparto  de 
personajes  a  la  vuelta.— Texto. 

43.  Añorada  (Alphonsus  de). 

Sermonem  de  Sancto  Raymundo  Non- 
nato,  Confessore,  et  Cardinal!  Ordinis 
Beatae  Mariae  de  Mercede  Redemptionis 
Captivorum.— Murtiae:  1628. 

En  4.0 

Así  en  la  Bibl.  Scriptorum  Societatis 
Jesu,  del  P.  Rivadeneyra. 

44.  Angelate  (P.  M.  Cristóbal). 

Carta  de  edificación  escrita  por  el  M.  R. 
P.  M.  Cristo  val  Angelate,  Rector  del  Co- 
legio de  la  Compañía  de  Jesús  de  esta 
Ciudad  de  Murcia,  De  la  Vida  y  muerte 
del  M.  R.  P.  M.  Manuel  Casnero,  Prefecto 
de  la  Congregación  de  N.  Señora  de  la 
Assunción  que  está  en  dicho  Colegio. 
—En  Murcia,  por  Jaime  Mesnier,  impres- 
sor  y  librero  del  S.  Cardenal  Belluga. 
—Calle  de  la  Platería.— Año  1728. 

En  4.°— 31  páginas. 

45.  ^  I  Anual  Novena  |  de  la  Sacratissi- 
ma  I  y  Serenissima  Reyna  de  los  Cielos  j 
María  Santissima  del  Populo,  ]  sita  en  la 
Iglesia  Parroquial  de  Se  |  ñora  Santa  Ca- 
thalina  Virgen,  |  y  Martyr  de  la  Ciudad. | 
de  Murcia,  |  siendo  Cura  actual  de  |  ella 
el  Doct.  Don  Juan  Tho  |  mas  Roxo.  |  A 
expensas  de  Don  Juan  |  Thoribio,  y  Don 
Juan  Assensio,  Mayor  |  domos  de  esta 
Santa  Imagen.  |  Impressa  en  Murcia,  con 
con  las  licencias  neces  |  sarias  por  Phelipe 
Teruel,  vive  en  la  |  Lencería,  año  de  1763. 


En  8.°— 31  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Modo  de  hacer  esta  novena.— Texto. 

46.  Aparicio  (Fr.  Juan  José). 

El  mejor  triunfo  |  de  España.  |  Drama 
en  dos  actos,  |  escrito  |  por  el  R.  P.  M. 
Fr.  Juan  Jo  |  sef  Aparicio,  Lector  de  Teo- 
logía en  I  el  Convento  del  Real  y  Militar 
Or  I  den  de  Nuestra  Señora  de  la  1  Mer- 
ced, de  la  Ciudad  |  de  Murcia.  |  Dado  a 
luz  I  un  afecto  al  autor  |  y  a  sus  obras.  | 
Con  licencia.  En  Murcia:  Por  Francisco 
Toran.  (S.  A.) 

En  8.'^— 62  págs.  con  la  portada.— Signs. 
A2-D2.— Portada.— A  la  vuelta  tres  versos 
latinos  del  acto  4.*'  de  la  tragedia  de  Séneca 
úXyxXdiáa. Hércules furetts.—\n\.er\oc\xtoTQ&:  El 
General  en  Xefe  Mons.  Dupont.=El  Gene- 
ral en  Xefe  Don  Francisco  Xavier  Casta- 
ños.=El  Teniente  General  Mons.  Bedel. =E1 
Teniente  General  Don  Teodoro  Riding.= 
Mons.  Bremond,  Edecán  de  Dupont.  =  El 
Conde  de  Tilli,  amigo  del  General  Casta- 
ños. =  Comparsa  de  Soldados  franceses. = 
Comparsa  de  Soldados  españoles.  — La  esce- 
na se  actúa  en  los  campos  de  Bailen,  y  en 
las  tiendas  de  Campaña.— Texto. 

Tiene  por  objeto  la  victoria  conseguida 
en  estos  campos  por  las  armas  españolas 
contra  las  francesas,  y  ofrece  algún  interés 
y  curiosidad  por  virtud  de  dicho  asunto. 

47.  Aparicio  (Fr.  Juan  José) . 

Fernando  VIL  Preso:  |  o  Segunda  Par* 
te  I  del  Rey  de  España  |  en  Bayona.  |  Es- 
cena en  un  acto  |  por  el  mismo  autor  de 
la  Primera  Parte:  |  El  P.  Fr.  Juan  José 
Aparicio,  Lector  de  Teología  |  en  el  Con- 
vento del  Real  y  Militar  Orden  de  Nues- 
tra Señora  de  la  |  Merced  de  esta  Ciudad 
de  Murcia.  |  (Dos  bustitos.)  Con  las  licen- 
cias necesarias:  |  En  Murcia:  Por  Juan  Vi- 
cente Teruel.  |  Se  hallará  en  casa  de  Don 
Josef  Arfonis,  junto  al  Hospicio  de  S.  Je- 
rónimo, I  y  en  la  Librería  de  Benedito, 
calle  de  la  Trapería. 


-  223  - 


En  4.°— XXX  págs.  con  la  portada  y  prin- 
cipios.—Portada.— V.  en  b.— Nota  del  edi- 
tor.—Personajes.— Texto. 

La  Nota  dice: 

«La  Historia  de  Fernando  VII,  el  más  des- 
graciado, pero  el  más  amado  de  todos  los 
Reyes,  aun  no  ha  ofrecido  su  término.  Este 
es  solamente  el  que  puede  clasificarla,  e  im- 
primirla el  carácter  de  trágica  o  cómica.  Si 
la  Historia  de  grandes  sucesos  puede  ser  al- 
guna vez  materia  digna  de  personalizarse  so- 
bre el  Teatro,  creo  que  nunca  mejor  que  en 
el  día,  en  el  que  es  justo  sensibilizar  todas 
las  imágenes  que  inspiran  entusiasmo  pa- 
triótico. Así  es  que  he  propuesto  al  Autor  el 
plan  de  dividir  esta  Historia  en  tres  actos; 
de  los  quales  éste  es  el  segundo,  reservando 
el  tercero  para  quando  la  Nación  Española 
logre  el  fastoso  y  plausible  día  del  regreso 
de  su  amado  Fernando.  La  primera  escena, 
no  menos  que  ésta,  fué  verdaderamente  trá- 
gica, y  aún  no  podemos  saber  cómo  será  al- 
gún día  la  tercera.  ¿Será  posible  que  el  cielo 
frustre  nuestras  esperanzas?  No  lo  podemos 
creer.  Confiemos  cada  día  más,  que  luego 
que  se  forme  la  tercera  parte,  todo  el  conjun- 
to vendrá  a  formar  una  perfecta  Tragicome- 
dia. Bien  hubiera  podido  reducirse  a  dos  ac- 
tos el  total  de  la  Historia;  pero  sería  necesa- 
rio azinar  sucesos  en  la  segunda,  y  aun  así, 
acaso  sería  forzoso  omitir  algunos  para  con- 
servar las  unidades  del  Drama  y  las  reglas 
invariables  del  Arte.  Por  otra  parte,  en  las 
circunstancias  del  día  parece  conveniente 
representar  a  nuestro  caro  Rey,  aunque 
magnánimo  y  fuerte,  en  medio  de  los  horro- 
res de  la  esclavitud,  en  que  le  hace  gemir  el 
tirano  de  la  Francia,  para  inflamar  más  y 
más  los  corazones  ya  entusiasmados  de  sus 
vasallos,  e  inclinarlos  con  mayor  vehemen- 
cia a  volar  rápidamente  al  campo  de  Marte, 
hasta  librar  del  cautiverio  la  augusta  perso- 
na del  joven  Monarca.  Este  es  mi  fin  princi- 
pal en  dar  al  público  esta  segunda  Escena, 
que  desearé  tenga  tan  buena  acogida  como 
la  primera. > 

Los  personajes  qué  figuran  en  el  acto,  son: 
El  Rey  Don  Fernando  VII.=E1  Infante  don 
Carlos,  su  hermano. =E1  Infante  D.  Antonio 
Pascual,  su  tío.=El  Príncipe  de  Benevento, 
Talleyrand.  =  Samuel,  Capitán  Judío. = Un 
español  disfrazado  de  mendigo. =Madama 
María  Leticia,  madre  del  Emperador  de  los 


Franceses. =Madama  Paulina  Fremont,  fa- 
miliar de  Talleyrand.=Damas  de  acompaña- 
miento del  servicio  de  la  Madre  del  Empera- 
dor. =  Varios  centinelas  de  la  Guardia  Im- 
perial, 

Es,  como  el  dramita  anterior,  bastante 
curioso  e  interesante,  por  el  crítico  período 
histórico  a  que  se  refiere.  Véase  nuestro 
Catálogo  de  Autores  Murcianos  (artículo 
Aparicio),  donde  copiamos  algunos  de  sus 
párrafos;  sintiendo  no  poder  hacer  lo  mis- 
mo con  respecto  a  la  referida  primera  par- 
te, por  no  haber  logrado  hasta  ahora  el 
consultarla,  no  obstante  nuestras  muchas 
pesquisas  hechas  a  este  fin. 

48.  (Viñeta  alegórica.)  Apartamiento  del 
alma  del  cuerpo.  |  Relación  para  contem- 
plar sobre  la  hora  de  la  muerte,  y  el  gran 
I  dolor  que  siente  el  alma  cuando  se  des- 
pide del  cuerpo.  (Al  final):  Reimpreso  en 
Murcia  1884:  Imp.  de  Pedro  Belda,  Len- 
cería, 20. 

En  4.°— 2  hojas  sin  numerar. — Texto  inme- 
diatamente después  del  título  que  queda  co- 
piado. 

Romance  que  empieza: 

«Oigan  el  clarín  sonoro 
que  con  ecos  compasivos... 

Y  concluye: 

Y  para  que  a  los  mortales 
esto  les  sirva  de  aviso, 
el  autor  muy  fervoroso 
este  ejemplo  les  ha  escrito.» 

49.  Apostólica  y  Real  |  Archicofradía  de 
la  Santísima  Trinidad,  |  erigida  canónica- 
mente en  la  Iglesia  Parroquial  |  de  S.  Juan 
Bautista  de  la  Ciudad  de  Murcia,  |  y  ele- 
bada  a  esta  clase  por  su  Santidad,  |  en  6  de 
mayo  de  1851.  |  Triduo  |  al  inefable  Miste- 
rio de  la  I  Santísima  Trinidad.  |  Año  de 
1852.  I  (Estampita  de  la  Trinidad.)  \  Mur- 
cia.—1859.  I  Imprenta  de  Rafael  Vivanco, 
Trapería,  26. 


-  224 


En  8.<>-15  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto.— Gozos  a  la  Santísima  Trinidad,  en 
versos  castellanos.— Breve  oración  en  latín. 


50.  Apuntes  |  Sobre  el  Canal  de  Hues- 
ear. I  Publicados  |  por  Acuerdo  de  la  So- 
ciedad Econó  I  mica  de  Murcia.  |  Y  |  Ex- 
tendidos I  por  una  Comisión  de  su  seno.  | 
Murcia  |  Imprenta  de   Pablo   Nogués. 

I  1839. 

En  4.0—22  págs.— Signs.  1-3.— Portada.— V. 
en  b.— Texto. 

51.  Arbiol  (Fr.  Antonio). 

Mystica  Fundamental  |  de  Christo  Se- 
ñor I  Nuestro,  |  Explicada  por  el  Glorioso 
y  Beato  Padre  |  San  Juan  de  la  Cruz,  | 
Doctor  Mystico,  Primer  Descalzo,  y  Com- 
pañero I  de  la  Grande,  y  Santa  Madre  Te- 
resa de  Jesús  en  la  |  Fundación  de  la  Re- 
forma. I  Y  el  Religioso  Perfecto,  |  Con- 
forme a  los  Cien  Avisos  y  Sentencias  | 
espirituales,  que  el  mismo  Beato  Padre 
dexó  escritas  para  |  Religiosos  y  Religio- 
sas. I  Se  hacen  oportunas  advertencias  en 
sus  proprios  lugares,  para  que  las  |  Almas 
se  libren  de  los  muchos  errores  Mysticos, 
que  en  estos  últimos  |  tiempos  se  han  des- 
cubierto, y  la  Santa  Iglesia  |  los  ha  conde- 
nado. I  Aunque  no  se  lean  las  Autoridades 
Latinas,  queda  |  corriente  la  lección  de 
este  libro,  que  ofrece  para  el  mayor  bien 
de  las  Almas  |  no  solo  de  Religiosos  y  Re- 
ligiosas, sino  también  de  los  Seglares  | 
Fr.  Antonio  Arbiol,  de  la  Regular  Obser- 
vancia I  de  Nuestro  Seráfico  Padre  San 
Francisco,  Lector  dos  veces  Jubilado,  Vi- 
sitador Apostóli  I  co  (que  fué)  de  Religio- 
sos y  Religiosas,  en  la  Sta.  Provincia  de 
Canarias,  Calificador  del  |  Santo  Oficio, 
Examinador  Synodal  del  Arzobispado  de 
Zaragoza,  Padre  de  |  las  Provincias  de 
Canarias,  Valencia  y  Burgos,  y  Ex-Pro- 
vincial  (aunque  indigno,  de  la  Santa  Pro- 
vincia de  Aragón)— Reimpresa  por  un  De- 


voto y  Esclavo  del  Inmaculado  |  Mariano 
Punto,  en  nombre  del  Colegio  de  la  Inma- 
culada Concepción  de  |  María,  Hijos  del 
Llagado  Serafín,  en  Murcia.  |  Véanse  las 
Advertencias  Importantes,  que  se  hacen  | 
después  del  Prólogo.  |  Con  licencia:  En 
Murcia:  Por  Felipe  Díaz  Cayuelas,  Im- 
pressor.  Año  1743. 

En  4.°— 556  págs.,  más  23  hojas  de  prelims., 
y  8  al  final  de  índice,  sin  numerar.— Signs. 
a2-c4:  A-Ss4.— Portada— V.  en  b.— Dedicato- 
ria a  Nro.  Sr.  Jesucristo.— Censura  de  Fr. 
Antonio  de  San  Jorge.— Licencia  del  Ordi- 
nario—Aprobación de  los  PP.  Fr.  José  Die- 
go de  Lucia,  y  Fr.  Antonio  Tomás.— Licen- 
cia de  la  Religión.— Censura  de  Fr.  Salvador 
Gilaberte.— Erratas.  —  Prólogo .  —Protesta- 
ción del  autor.— índice  de  todos  los  capítulos 
de  este  libro.— índice  de  los  Cien  Avisos  y 
Sentencias  espirituales.— Libros  impresos 
del  mismo  autor.— Texto.— índice  de  las  co- 
sas más  notables. 

Todas  las  aprobaciones  y  licencias  refe- 
ridas, están  dadas  en  Zaragoza,  en  1722 
y  1723. 


52.    Arcaina  y  Rojas  (L.  Don  Diego). 

(Estampa  de  Jesús  con  la  crus  acues- 
tas). Por  I  la  Hermandad  y  Cofradía  de  | 
Nuestro  Padre  lesvs  Nazareno,  sita  al  pre- 
sente I  en  el  Convento  de  Santo  Domingo 
de  la  I  Ciudad  de  Cartagena.  |  En  |  El 
Pleyto  con  la  Hermandad  de  |  Terceros 
de  S.  Francisco,  sita  en  el  Convento  |  de 
la  Observancia  de  dicho  Santo  en  la  |  mis- 
ma Ciudad.  I  Sobre  |  la  preferencia  de 
pvesto  en  los  |  entierros  de  Hermanos  de 
ambas  Hermán  |  dades,  y  sus  mugeres,  e 
hijos,  y  Pro  |  cessiones  dellos.  |  Impresso 
en  Murcia  por  Miguel  Lorete,  año  de  1684. 

En  fol.— 26  págs.— Signs.  í-^)  B-G.— Porta- 
da.—V.  en  b.— Texto.— Suscrito  al  final  por 
el  autor. 


i 


-  225 


53.    Arce  (Fr.  Diego  de). 

I.  cMiscellanea  primera  de  Oraciones 
Ecclesiasticas  desde  el  Domingo  XXIV, 
después  de  Pentecostés  hasta  la  Vigilia  de 
Navidad>.— Murcia.— Diego  de  la  To- 
rre.-1606. 

En  4.0 

II.  «De  la  Concepción  inmaculada  de 
Nuestra  Señora.  IV.  Oraciones  o  Trata- 
dos».—Murcia. —Diego  de  la  Torre.— 
1606. 

En  4.° 

III.  «De  la  Expectación  del  parto  de 
Nuestra  Señora».— Murcia.— Diego  de  la 
Torre.— 1606. 

En  4.0 

De  estas  dos  obras,  o  por  mejor  decir, 
de  estas  últimas  cinco  Oraciones,  opina 
el  P.  Ortega,  siguiendo  a  Nicolás  Antonio, 
y  apoyados  ambos  en  el  silencio  guardado 
sobre  ellas  por  el  venerable  Wadingo,  que 
han  de  ser  las  mismas  que  van  incluidas 
en  la  Miscellanea  ya  citada;  pero  sin  duda, 
y  aunque  afirmarlo  no  podamos,  por  no 
habernos  sido  posible  averiguarlo  cumpli- 
damente, hubieron  de  imprimirse  en  edi- 
ciones distintas,  según  nos  lo  dan  a  enten- 
der todas  las  Bibliografías  que  para  ello 
hemos  consultado. 

IV.  «Sermones  de  Adviento»  .—Mur- 
cia (Diego  de  la  Torre?)  1606. 

V.  «Sermones  de  Santos».— Murcia 
(Diego  de  la  Torre?)  1606.  Poseo  estos  dos 
libros  encuadernados  en  un  tomo,  pero 
con  tan  singular  desdicha  que  a  ambos  les ' 
falta  la  portada,  y  varias  hojas  al  final  y 
en  el  centro.  El  tomo  sólo  contiene  cinco 
sermones. 

VI.  De  la  Cruz  |  y  el  Ladrón.  |  Ser- 
món por  Fr.  Diego  |  de  Arce  Religioso  de 
la  I  Orden  de  N.  P.  S.  Franciscano,  de  la 
regular  |  observancia,  hijo  de  la  prouin- 
cia  .|  de  Carthagena.  |  Hecho  en  ocasión 
de  la  elec  |  ción  del  illustrissimo  don  Fray 


Francisco  de  Sosa,  |  en  Obispo  de  la  San- 
ta Iglesia  I  de  Canaria.  |  Dedicado  al  Re- 
verendissi  |  mo  padre  Fr.  Pedro  González 
de  Mendo9a,  Comis  ]  sario  general  de  la 
misma  Orden.  |  Impresso  en  el  Conuento 
de  San  Francisco,  |  de  Murcia,  por  Agus- 
tín Martínez.  |  Año  1607. 

En  4.0-69  hojas,  con  dos  más  al  principio 
y  una  al  ñnal  sin  numerar.— Signs.  A2-S2. — 
Portada.— A  la  vuelta:  Dedicatoria  al  R.  P. 
Fr.  Pedro  González  de  Mendoza.— Texto.— 
Al  Lector. 

Más  que  Sermón,  podríamos  llamarle 
tratado  completo  sobre  el  asunto.  Su  ex- 
tensión es  excesiva,  y  creemos  que,  o  no 
se  compuso  para  predicarlo,  o  si  se  predi- 
có, debió  adicionarse  después  de  predica- 
do. Contiene,  tal  y  como  lo  poseemos,  22 
párrafos,  cada  uno  de  los  cuales  viene  a 
llenar  de  cinco  a  seis  páginas  próxima- 
mente. 

54.  Arellano  Marino  (L.  Donjuán  de). 

(Estampa  de  Santa  Teresa  grab.  en 
mad.)—Bonitatem,  et  Desciplinam,  et\ 
scientiam  doce  me,  quia  mandatis  tuís 
credidi.  Psal.  118.  |  — Discvrso  Legal  y 
Ivridico,  I  Sobre  si  el  |  Abogado  de  Pre  | 
sos  de  este  Santo  |  Officio,  de  ve  gozar  de 
los  privi  I  legios,  immunidades,  y  esemp- 
ciones  del  fuero,  con  |  cedidas  a  los 
Officiales,  y  Ministros  del  Santo  |  Officio, 
en  lo  civil,  y  criminal.  |  Impresso  en  Mur- 
cia por  Miguel  Lorente.  Año  1679. 

En  fol.— 71  hoj.— Signs.  (-i-)  B-Mm.— Por- 
tada.—Texto  suscrito  al  ñnal  por  el  autor. 

Es  documento  curioso. 

55.  Arellano  Marino  (Licdo.  Don  Juan 
de). 

Tratado  |  político,  y  |  moral  de  la  |  Ver- 
dadera Amistad  |  Christiana.  |  Dedicado 
a  la  I  Emperatriz  |  y  Reyna  de  los  Ange- 
les I  siempre  Virgen  María  Santissima  | 

15 


-  226  - 


Hija  de  Dios  Padre'  Madre  de  Dios 
Hijo  I  Esposa  del  Espíritu  Santo,  Tem- 
plo I  y  Sagrario  de  la  Santissima  |  Trini- 
dad. I  Sv  Avthor,  I  El  Licenciado  Don 
Ivan  de  Arellano  |  Marino,  Inquisidor  | 
Apostólico  de  la  Inquisición  de  Murcia.  | 
Con  privilegio.  |  Impresso  en  Mvrcia  Por 
Miguel  I  Lorente,  Año  de  1684. 

En  4.0—22  hs.  +542  págs.— Signs.  A-Yyy.— 
Port.— V.  en  bl.— [Dedicatoria]:  «A  la  Sobe- 
rana Emperatriz  y  Reyna  de  los  Angeles 
María  Santissima...»— Aprobación  del  M.  R. 
P.  M.  Fr,  loseph  Corualan,  en  este  Real  Con- 
vento de  N.  P.  San  Francisco  de  Murcia,  en 
23  de  Octubre  de  1683.— Licencia  del  Doctor 
Don  Martin  Alfonso  Torrico  de  Pedrajas,  en 
la  Ciudad  de  Murcia,  en  29  días  del  mes  de 
Octubre  de  1683.— Aprobación  del  Reveren- 
dissimo  Padre  Gaspar  de  Payneta,  en  el  Co- 
legio de  la  Compañía  de  lesvs  de  Murcia,  a 
seis  de  Diziembre  de  seiscientos  y  ochenta 
y  tres.— Aprobación  del  M.  R.  P.  Presentado 
Fray  luán  de  Hamo,  en  este  Convento  de 
Santo  Thomas  desta  Corle  en  veinte  y  tres 
de  lulio  de  1684 —Suma  del  Privilegio  por 
diez  años,  de  Antonio  Zupide  y  Aponte,  en 
Madrid  a  7  de  agosto  de  1684.— Suma  de  la 
Tasa  del  Escribano  Domingo  Leal  de  Saave- 
dra,  a  6  maravedís  cada  pliego,  en  Madrid  a 
20  de  Octubre  de  1684.— Fee  de  Erratas,  del 
Lie. 'Murcia  de  la  Llana.  En  Madrid,  a  17  de 
Octubre  de  1684.— Prólogo.— índice  de  los 
Capítulos  deste  Tratado.  — Introducción.— 
Texto. 

2 
Biblioteca  Nacional:  sign.  orqoi 

(Articulo  adicionado  por  el  editor.) 


56.    Arias  Miravete  (Fr.  José). 

Náutica  disciplina.  Plantea  la  navega- 
ción del  Océano  por  su  ancho  golfo  en  seis 
lecciones,  que  dedica  a  los  que  la  enseñan 
Fr.  Josef  Arias  Miravete...— Con  licencia 
del  Ordinario.  Impreso  en  Murcia  por  Fe- 
lipe Díaz  Cayuelas,  año  de  1748. 

En  8.0 

Biblioteca  Marítima  Española,  de  Don 
Martin  Fernández  de  Navarrete. 


Arnáez  (Don  Francisco  de  Sales). 
Véase  Juan  y  Vidal  (Don  Antonio). 

57.  Arratta  (Mr.  Tomás). 

Recreaciones  Químicas  |  y  |  Colección 
de  Recetas  |  aplicables  a  la  Economía  Do- 
méstica y  Artes,  i  Por  el  Caballero  |  Mr. 
Tomás  Arratta,  |  Doctor  en  Medicina  y 
Profesor  de  Química,  |  Alumno  de  Mont- 
peller.  (Viñeta.)  \  Botanique.  |  Murcia:  | 
Tipografía  de  José  Santamaría.  |  1846. 

En  4.°-32  págs.— Signs.  (o-)  2-4.— Porta- 
da.—V.  en  b.— Texto. 

58.  Arróniz  (Don  Miguel  R.). 

Crónica  Oficial  |  de  los  Festejos  cele- 
brados I  en  la  I  Ciudad  de  Murcia,  |  en  los 
días  I  24,  25,  26  y  27  de  Octubre  de  1862,  | 
Con  motivo  de  la  Visita  de  |  SS.  MM.  y 
AA.  I  a  dicha  población.  |  Redactada  | 
por  I  D.  Miguel  R.  Arroniz  |  (de  orden  y 
a  espensas  de  la  Junta  Central  de  Feste- 
jos.) Murcia.  |  Imprenta  de  Anselmo  Ar- 
ques. I  Príncipe  Alfonso,  40  |  1862. 

En  4.°— 101  págs.  con  la  portada  y  princi- 
pios.—Signs.  2-13.— Anteportada.— V.enb. — 
Portada.— V.  en  b.— Dedicatoria  suscrita  por 
el  autor  a  S.  M.  la  Reyna  Doña  Isabel  2.^— 
Texto. 

Contiene  poesías  de  los  señores  Don 
Lope  Gisbert;  Adolfo  Terrer  y  Perier; 
Antonio  Arnao;  Pedro  Díaz  Cassou;  Al- 
fonso García  Clemencín;  A.  Blanc;  Juan 
Saiz  de  Arroya!;  y  Jacinto  García. 

El  Sr.  D.  Miguel  Rubio  Arróniz,  literato 
murciano  de  mucho  mérito,  se  encuentra 
ya  hace  tiempo  separado  de  su  patria  y 
dedicado  a  la  carrera  consular. 

Véase  Rubio  Arróniz  (Miguel). 

59.  Arróniz  de  Alarcón  (Don  José). 

Vara = Palo  |  Joco = Serio  |  a  los  Culi= 
Parlantes  |  del  |  Cólera-Morbo.  |  Al  que 
acompañan  varias  observaciones,  que  po- 


^  227  - 


drían  I  derramar  alguna  luz  sobre  el  tene- 
brosísimo caos  que  |  nos  ofrece  tan  terri- 
ble enfermedad;  como  asimismo  |  los  Re- 
medios más  apropiados  para  prevenirla  y 
curar  |  las  que  de  ella  fluyen  naturalmen- 
te: dándose  fin  |  a  este  Opúsculo  con  una 
Amonestación  Religiosa  a  los  |  Hombres 
de  Pro,  dirigida  a  que  piensen  y  escriban 
con  I  juicio  sobre  tan  interesante  mate- 
ria. I  Por  1  D.  José  Arroniz  de  Alarcón,  | 
ex-Catedrático,  o  sea  más  bien  Catedráti- 
co suspenso  de  |  filosofía  del  Seminario 
conciliar  de  S.  Fulgencio  |  de  esta  Ciu- 
dad, al  parecer  |  por  pecado  ¡  político  cua- 
jado en  el  año  23.  |  Murcia:  año  de  1835.  | 
Oficina  de  D.  Sebastián  Hernández. 

En  4.°— 72  págs.— Signs.  2-18.— Portada  — 
A  la  vuelta  citas  latinas,  y  «Este  folleto  es 
propiedad  del  autor...,  etc.  — Advertencia 
del  autor.— Texto.— índice.— Fe  de  erratas, 
de  errores  y  aun  de  terquedades. 

60.  Ars  I  veré  philosophandi,  |  Si  ve  |  Lo- 
gice rationalis,  |  verbalis,  |  &  experi  | 
mentalis.  |  Accedunt  Excerpta  Critices.  | 
(Adornito  con  una  cita  de  San  Agtistín.) 
Superiorum  permissu.  |  Murciae:  Apud 
Philippum  Teruel.  (S.  A.) 

En  8.°— 144  págs.,  más  3  hojas  de  prelims. 
sin  numerar.— Signaturas:  (-í-')  B-K2.— Por* 
tada.— V.  en  b.— Prólogo  del  editor.— Prefa- 
cio del  Autor  (no  dice  quién  sea).— Texto.— 
índices. 

61.  Artículos  Remitidos  |  a  los  Editores 
del  Chismoso,  1  y  por  estar  unos  presos,  y 
otros  ausen  |  tes,  los  publica  su  apasiona- 
do por  I  separado.  (Desde  el  número  4  en 
adelante):  «El  Redactor».  |  antes  Artícu- 
los Remitidos.  (Al  final):  Murcia:  Impren- 
ta de  la  viuda  de  Anto  |  nio  Santamaría  e 
hijo,  año  1822. 

En  8.^—111  págs.  foliadas  que  constituyen 
los  números  1  al  7  de  este  periódico  de  ideas 
exaltadas. 

Ignoramos  si  se  publicaron  más  núme- 
ros; y  con  respecto  a  sus  redactores,  sólo 


sabemos,  por  testimonio  del  referido  ChiS' 
moso^  su  colega  local,  fué  uno  de  ellos  un 
tal  Mellado,  natural  de  Lorca  y  residente 
en  Murcia  por  entonces.— En  el  primer 
artículo  del  número  2,  dice 

El  Redactor: 

«Enterado  de  los  verdaderos  motivos  que 
ha  tenido  el  editor  del  Chismoso  para  poner 
el  artículo  que  titula  artículos  en  su  núme- 
ro 11,  lejos  de  darme  por  sentido,  me  apre- 
suro también  a  inculcar  en  la  misma  idea  que 
se  propone.  Yo  creí  que  intitulando  mi  nú- 
mero con  el  epígrafe  de  Artículos  remitidos 
a  los  editores  del  Chismoso,  que  por  estar 
unos  presos  y  otros  ausentes,  los  publica  su 
apasionado  por  separado,  y  principiando  su 
foliatura,  había  dicho  lo  bastante  para  que  el 
público  creyese  sin  titubear,  que  no  era  obra 
de  ellos,  pero  no  lo  fué  en  su  concepto.  Así 
que,  repito  ahora  que  son  como  dije,  artícu- 
los remitidos,  y  por  consiguiente  que  no  tie- 
nen parte  dichos  SS;  y  que  los  contenidos 
en  aquel  número,  en  éste,  y  en  los  que  sal- 
gan con  el  mismo  nombre,  son,  y  serán  re- 
dactados por  un  escritor  naval  (novel)  que 
aunque  apasionado  de  los  editores  del  Chis- 
moso, en  quienes  aprecia  y  admira  el  chiste, 
la  gracia  y  el  patriotismo,  no  tiene  el  honor 
de  tratarlos.  Mi  intento  es  dar  a  los  patriotas 
de  la  provincia  que  no  tienen  en  sus  pueblos 
imprenta,  el  gusto  y  el  consuelo  de  que  pu- 
bliquen los  males  que  sufren,  y  los  excesos 
de  las  autoridades  que  los  oprimen;  gusto  y 
consuelo  que  les  es  muy  debido,  y  que  no 
debe  ser  exclusivo  a  los  que  residen  en  las 
capitales  donde  hay  prensas  y  periodistas 
ilustrados  e  impertérritos  que  tomen  a  su 
cargo  esta  importante  obra,  como  lo  hacen 
en  Murcia  con  tanta  maestría  como  utilidad 
el  Correo  y  sus  dignos  hijos. 

»Yo  nada  pongo  mío,  porque  no  tengo  cau- 
dal; pero  cuantos  comunicados  lleguen  a  mis 
manos,  francos  de  portes,  tantos  redactaré 
para  que  los  pueblos  de  la  Provincia  disfru- 
ten el  incomparable  beneficio  de  la  libertad 
de  la  imprenta.  Mientras  lleguen  aquellos 
habrá  papel  sin  período  fijo,  en  faltando: 
Laus  Deo. 

»Como  todo  es  ageno,  y  como  carezco  de 
los  dones  necesarios,  no  alcanzo  mis  preten- 
siones a  otra  cosa  que  a  rogar  al  Correo 
Murciano  y  a  toda  su  ilustre  descendencia, 


228  - 


se  penetren  de  que  me  anima  un  buen  deseo 
como  buen  liberal.» 

El  periódico  abunda  en  interesantes  no- 
ticias sobre  las  enemistades,  disturbios  y 
mil  suertes  de  tropelías  tenidas  entre  los 
partidos  y  hombres  políticos  de  la  provin- 
cia de  Murcia  en  aquella  época  calami- 
tosa. 

62.  Ascensión  (M.  María  Rosa  de  la). 

Carta,  |  que  escribe  |  la  Madre  Priora,  | 
de  el  Convento  |  de  Agustinas  |  descal- 
zas I  de  la  Ciudad  de  Murcia,  |  a  las  Ma- 
dres I  Prioras  de  los  Conventos  de  |  Her- 
mandad, I  dando  noticias  de  la  Re  |  ligio- 
sissima  Vida,  y  singulares  exemplos  |  de 
virtudes  de  la  Venerable  Madre  An  I  tonia 
de  la  Purificación,  y  pidiendo  se  |  hagan 
los  sufragios  por  su  alma.  |  En  Murcia:  En 
casa  de  Francisco  Joseph  López  Mes  | 
nier,  Impressor  de  la  Ciudad  de  Murcia, 
junto  I  a  Santa  Quiteria. 

En  4.0-31  págs— Signs.  A-D2.— Portada 
con  orla.— Texto. 

Es  una  extensa  biografía  de  la  referida 
M.  Antonia  de  la  Purificación,  natural  de 
Murcia,  y  llamada  en  el  siglo  Doña  Anto- 
nia Carcelén  y  Barrionuevo;  biografía  sus- 
crita al  final  por  nuestra  María  Rosa  de  la 
Ascensión. 

63.  AsENSio  y  Pobes  (Don  Pedro  Lucas). 

Dulces  I  Entretenimientos  |  con  Jesús 
Sacramentado,  |  en  forma  de  Triduo.  | 
Dispuestos  I  Por  D.  Pedro  Lucas  Asensio 
y  Pobes,  |  Cura  propio  de  San  Lorenzo  de 
esta  Ciudad,  |  para  inñamar  en  el  Divino 
Amor  los  corazones  |  de  los  fieles  espe- 
cialmente sus  feligreses.  |  Se  practica  en 
la  referida  Iglesia  todos  los  |  años  en  los 
días  de  Carnestolendas.  |  Con  Licencia. 
En  Murcia:  |  Por  los  Herederos  de  Teruel, 
I  Año  1847. 


En8.°— Mpágs.- 
la  vuelta.— Texto. 


-Portada.— Advertencia  a 


El  dicho  señor  Asensio  y  Pobes  murió 
siendo  Obispo  de  Jaca. 

64.  Asensio  y  Pobes  (Don  Pedro  Lucas). 

Themata  Theologica  |  quae  |  publicae 
Offert  Disceptationi  |  D.  Petrus  Lucas 
Asensio  et  Pobes,  |  in  ímmaculatae  Con- 
ceptionis  Civitatis  |  Murciensis  Collegio 
Sacrae  Theo  |  logiae  Alumnus.  ,  Ei  auxi- 
lium  praestabit  |  Fr.  Joannes  Thomas 
Arroyo,  |  in  eodem  Collegio  publicus  Ca- 
nonum  |  Moderator.  |  In  praedicti  CoUegii 
Lycaeo  locus  |  Certamini  parabitur.  |  Die- 
bus...  13.  et...  15.  (En  cifras  manuscritas.) 
Mensis  Februarii  Anni  Dom.  1828,  (Ador- 
nito.)  Murciae:  |  Apud  Haeredes  de  Te- 
ruel. I  Via  Lintearia. 

En  4.0  —  13  págs.  — Portada.— V.  en  b.— 
Texto. 

65.  Atíenza  y  Palacios  (Don  Federico). 

Episodio  I  Histórico  |  de  Murcia.  |  Por 
Don  Federico  Atienza  y  Palacios.  |  Dedi- 
cado I  a  la  Real  Academia  de  la  Historia.  | 
Murcia.  |  Imprenta  de  José  Caries.  |  1862. 

En  4.0 — 15  págs.— Portada  orlada  y  en  pa- 
pel de  color.— V.  en  b.— Hoja  con  el  rótulo: 
«Episodio  histórico  de  Murcia>.— Texto. 

Se  refiere  a  las  turbulencias  y  disturbios 
acaecidos  en  Murcia  en  los  tiempos  de  En- 
rique III,  con  motivo  de  las  banderías  y 
enemistades  habidas  entre  los  Manueles  y 
Fajardos  de  dicha  ciudad,  y  al  desastroso 
fin  del  Jefe  de  aquéllos  Andrés  García  de 
Laza,  decapitado  dentro  del  Palacio  epis- 
copal, por  orden  del  Legado  del  Rey  Rui 
López  Dávalos. 

66.  Atienza  y  Palacios  (Don  Federico). 

Guía  I  del  |  Forastero  en  Murcia  |  por  | 
Don  Federico  Atienza  y  Palacios.  I  Mur- 
cia.—1872.  I  Imprenta  de  Francisco  Ber- 
nabeu.  |  Platería,  44. 


229 


En  8.°— 166  págs.,  comenzando  la  numera- 
ción por  el  8,  y  una  al  final  de  erratas  sin  nu- 
merar.—Signs.  (->-)  2  11.— Portada.— Prólogo 
del  autor.— Texto.— Romance  a  Murcia  de 
Don  José  Martínez  Tornel,— Conclusión. — 
Erratas. 

67.  >í<  Aureola  |  de  la  |  Divina  Madre  |  o 
sea  I  Cánticos  a  la  Divina  Pastora.  (Ador- 
nito.)  i  Murcia.— 1885.  |  Imprenta  y  Libre- 
ría de  Pedro  Belda.  |  Lencería,  20. 

En  16.**  de  32  págs.,  comenzando  la  nume- 
ración por  el  4.— Portada.— Estampa,  a  la 
vuelta,  de  la  Divina  Pastora.— Texto. 

No  son  más  que  una  especie  de  villanci- 
cos para  cantarlos  en  música  a  voces  suel- 
tas y  en  coro. 

68.  AUTHENAC  (S.  P.) 

Manual  |  Médico-Quirúrgico  |  o  |  Ele- 
mentos de  Medicina  y  de  Cirug'ía  Prácti- 
ca, I  Para  el  uso  de  los  Alumnos  de  Medi- 
cina y  Cirug'ía;  de  aquellos  |  Facultativos 
que  dedicados  enteramente  a  la  práctica 
de  su  I  profesión  no  pueden  ocuparse  en 
consultar  muchos  escritos,  |  y  general- 
mente de  todas  las  personas  amantes  de 
la  ilustra  |  ción ,  que  desean  conocer  la 
historia  del  desorden  de  |  las  funciones  de 
la  vida  |  Por  S.  P.  Authenac  |  Doctor  de 
la  Facultad  de  Medicina  de  París,  Ex-Pro- 
fesor  de  las  |  Escuelas  Centrales  de  los 
altos  Pirineos.  Ex-Miembro  del  Jury  |  mé- 
dico del  Departamento  de  Eure  y  Loir, 
Médico  de  Epi  |  demias,  Individuo  de  las 
Sociedades  de  Medicina  de  París,  |  Mom- 
peller,  Orleans,  Evreux,  Lieja,  y  Valen- 
cienes  &c.  I  Traducido  del  Francés  |  Por 
el  Doctor  |  Don  Francisco  Ramos  y  Luen- 
go, I  Cirujano-Médico,  segundo  Ayudante 
del  Cuerpo  de  Cirugía  Militar  |  con  desti- 
no al  Regimiento  Provincial  de  esta  Capi- 
tal, Subdele  |  gado  por  el  Tribunal  del 
Proto-Medicato  Supremo  de  |  Salud  públi- 
ca de  la  misma  y  su  partido,  Socio  super  | 
numerario  de  la  Academia  Médica,  y  de 


la  I  Comandancia  general  de  esta  Provin- 
cia &c.  &c.  I  Murcia:  Oficina  de  José  San- 
tamaría, Año  1820  (y  1821). 

2  tomos  en  4.°— El  1.°  de  392  págs.,  signa- 
turas {^)  3-50;  y  el  2.°  de  págs.  397  a  530: 
signs.  52  68.— Portada.— V.  en  b.— Dedicato- 
ria suscrita  por  el  traductor,  al  Señor  Don 
José  María  Turlán,  Segundo  Cirujano  de  Cá- 
mara de  S.  M.  con  Exercicio  &c.  &c.  &c.  «El 
»amor  y  el  reconocimiento  me  han  sugerido 
»la  idea  de  colocar  al  frente  de  esta  produc- 
>ción  literaria  el  nombre  de  VS.  a  cuyas  or- 
ines estube  empleado  como  Cirujano  de  la 
>  División  Mallorquína  en  la  Campaña  pasa- 
»da,  en  cuya  época  le  fui  deudor  del  más 
«honroso  aprecio  y  distinguida  estimación. 
»Este  ensayo  adquirirá  un  valor  que  mi  dé- 
>bil  ingenio  no  ha  podido  darle  al  presentar 
»en  nuestro  idioma  una  obra  que  desde  su 
» publicación  ha  gozado  y  goza  del  mayor 
«concepto  en  toda  la  Francia,  y  el  autor  se 
>lisongeará  de  ver  asociado  al  suyo  un  nom- 
»bre  ya  célebre,  si  V.  S.  gusta  de  admitir 
«éste  útil  testimonio  de  mi  acendrada  grati- 
>tud.  Cuanto  añadiese  a  esto  no  podría  ex- 
» presar  mejor  la  sinceridad  del  afecto  con 
»que  soy  su  más  apasionado  y  atento  servi- 
»dor  Q.  B.  S.  M.»— Prólogo  del  Traductor.— 
Notas  al  mismo.— Prólogo  del  autor.— Texto, 
con  una  misma  foliación  para  ambos  tomos. 

69.  f  Ave  María.  |  Forma  para  rezar  el 
Rosario  |  en  la  Congregación  de  esclavos 
del  I  Dulce  nombre  de  María  |  Santísima 
Señora  nuestra.  |  Murcia  y  octubre  1.° 
MDCCCLX.  I  Murcia.— 1860.  |  Imprenta 
de  Francisco  Bernabeu.  |  Trapería,  16. 

En  8.0-8  págs.— Portada.— Texto. 

70.  Ave  María.  |  Novena  |  a  la  más  fra- 
gante rosa  I  del  Paraíso  de  Dios  |  María 
Santísima  |  del  Rosario  |  Que  saca  ajluz  el 
Real  I  Convento  de  N.  P.  Santo  Domingo 
de  I  la  Ciudad  de  Murcia,  para  aumen- 
to I  de  su  devoción.  |  En  Murcia:  Imprenta 
de  los  Herederos  |  de  Teruel.  (S.  A.) 

En  8.°— 21  págs.— Portada.— Estampita  de 
la  Virgen  del  Rosario  grab.  en  mad.  a  la 
vuelta.— Advertencia  preliminar.— Texto. — 
Gozos  en  octavillas  castellanas. 


—  230 


71.  Ave  María.  |  Novena  del  Glorioso  | 
S.*»  Blas,  I  Obispo  de  Sebaste,  |  Abogado 
poderoso  contra  accidentes  |  de  gargan- 
ta. I  Se  venera  en  la  iglesia  parroquial  de 
Santa  |  Eulalia  de  esta  Ciudad.  |  (Viñeta.) 
Murcia:  Imp.  de  Fermín  Guirao,  calle  de 
la  Pía  I  tería  núm.  19.— Año  1855.  |  En  la 
misma  se  encuentra  esta  y  todas  cuan  |  tas 
se  busquen. 

En  8.°— 24  págs.— Portada.— Estampa  del 
Santo  a  la  vuelta.— Práctica  de  esta  novena. 
—Texto.— Gozos  al  Santo.— Antífona  y  ora- 
ción en  latín. 

72.  Ave  María  Purísima.  |  Novena  |  a 
María  Santísima,  |  bajo  el  glorioso  título  | 
de  los  I  Remedios,  |  cuya  milagrosa  ima- 
gen se  venera  en  la  |  Iglesia  de  la  Merced 
de  esta  Ciudad  |  de  Murcia.  |  Dispuesta 
por  un  devoto  de  esta  divina  Señora.  | 
Murcia,  1875.  |  Imprenta  y  Librería  de 
Pedro  Belda,  Lencería,  20. 

En  8.°— 16  págs.— Portada.— Estampa  de 
dicha  Virgen  a  la  vuelta.— Prólogo.— Texto. 

^  73.  Ave  María  Purísima.  |  Novena  |  de  | 
María  Santísima  |  de  los  Dolores  |  según 
se  practica  por  sus  cordiales  |  devo- 
tos. I  (Adornito.)  Murcia,  1890.  |  Imprenta 
y  Librería  de  Pedro  Belda. 

En  8.°— 16  págs.— Portada.— Estampa  de  la 
Dolorosa  a  la  vuelta.— Texto  en  prosa  y 
verso. 

74.  ^  Ave  María  Purísima.  |  Nove- 
na I  del  Glorioso  Mártir  |  Redentor  de 
Cautivos  Cristianos  |  San  Ramón  Nona- 
to. ¡  Protector  especial  de  las  mujeres  | 
preñadas,  Abogado  de  los  Labra  |  dores 
y  contra  la  peste.  (Adornito.)  \  Con  las 
licencias  necesarias.  |  Murcia:  1886.  |  Imp. 
y  Librería  de  Pedro  Belda,  Lencería,  20. 

En  8,°— 16  págs.— Portada.— Estampa,  a  la 
vuelta,  del  Santo,— Texto. 


75.  AvELLÁN  (Fr.  Pedro). 

I.  «Manual  del  Christiano».— Murcia, 
por  Vicente  Llofriu.  —  169L 

En  16.° 

II.  «Tratado  de  la  perfección  christia- 
na».— Murcia,  por  Vicente  Llofriu.  — 1692. 

Así  en  la  Bibl.  Universa  Franciscana 
de  Fr.  Juan  de  San  Antonio. 

76.  Aviso  para  todas  las  mugeres  de  Es- 
paña. (Estampa  que  representa  tres  da- 
mas y  un  galán.)  Relación  jocosa  y  ver- 
dadera, I  de  los  trájicos  bazares  que  oca- 
sionan las  mugeres  |  amigas  de  bromas  y 
licores  a  sus  pobres  maridos,  |  sin  atender 
al  corto  jornal  que  ganan,  con  lo  demás  | 
que  verá  el  curioso  lector.  |  Primera  Par- 
te. (A  la  segunda  hoja  y  bajo  otra  estam- 
pa): Segunda  Parte  |  de  las  bromas  de  las 
mugeres.  (Al  final):  Murcia.— 1881.  |  Im- 
prenta y  Librería  de  Pedro  Belda,  |  Des- 
pacho Lencería,  20. 

En  4.°— 2  hojas  sin  numerar. 
Texto,  que  empieza: 

Hoy  pretende  mi  rudeza. 
a  mi  auditorio  explicar 
lo  que  hacen  las  mujeres 
cuando  salen  a  comprar,., 

Y  concluye: 

Ojo  alerta,  caballeros, 
tomar  en  este  dechado 
mientras  merece  el  perdón 
el  Autor,  Pablo  Cruzado. 

77.  AzPEYTiA  Sáenz    de    Santa    María 
(limo.  Señor  Don  José). 

Carta  Pastoral  |  del  limo.  Señor  |  Don 
José  Antonio  Azpeytia  |  Saenz  de  Santa 
María,  |  Obispo  de  Cartagena,  |  Comuni- 
cando a  sus  Diocesanos  |  El  Jubileo  |  con- 
cedido I  PorN.SS. P.Gregorio XVI.  |  que 
felizmente  gobierna  la  Iglesia.  |  Mur- 
cia: I  Imprenta  de  los  Herederos  de  Mu- 
ñiz,  I  Año  de  1833. 

En  4.°  — 12  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto. 


I 


B 


78.    Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Avisos  y  Bien- Venida  |  Al  Excmo.  Se- 
ñor |  D.  Francisco  Xavier  Abadía,  |  Te- 
niente General,  |  Como  Gefe  Político  de 
esta  Capital.  (Al  final):  Murcia:  |  Oficina 
de  Mariano  Bellido,  |  Año  1822. 

En  8.°-12  págs. 

Aunque  anónimo  este  romance,  nos 
consta  hallarse  escrito  por  el  señor  Bado, 
por  decírnoslo  así  un  artículo  de  las  Va- 
riedades del  número  13  de  El  Chismoso, 
periódico  publicado  en  Murcia  por  esta 
época.  He  aquí  su  contexto,  que  copiamos 
íntegro  por  describirse  en  él  el  estado  so- 
cial y  político  de  esta  ciudad  durante  aquel 
tristísimo  período: 

Las  voces  de  la  inocencia 
Tu  bien-venida  proclaman. 
Haz,  pues,  porque  no  se  sienta 

Y  así  será  más  sonada. 
Goza  salud  y  buen  nombre; 

Que  bien  podrás,  si  te  guardas 
De  cierta  clase  de  ayudas. 
Que  obran  mal,  entren  o  salgan. 

Por  lo  que  mira  a  este  clima 
Es  feraz,  goza  abundancia. 
Produce  buenos  melones 

Y  no  malas  calabazas. 

Si  atiendes  a  lo  abundante. 
Esta  es  la  feliz  Arabia; 
Mas  tiene  mucho  de  Egipto 
Reflexionadas  sus  playas. 

Es  la  huerta  un  paraíso; 
Verdad  que  no  admite  trampa. 
Puesto  que  un  Adán  se  encuentra 
Entrando  en  cualquier  barraca. 


Pero  más  propio  sería 
Un  purgatorio  llamarla. 
Donde  purgan  los  cuitados 
Las  culpas  que  otros  desvastan. 

Hay  muchas  frutas  y  flores 
Muy  bellas  y  delicadas, 
Pero  hay  flores  que  es  veneno 
Cuanto  sus  poros  exhalan. 

La  población  no  es  pequeña, 
Plazas  y  calles  no  malas. 
Salvo  el  piso,  pues  con  él, 
son  aún  más  que  condenadas. 

Tampoco  están  muy  derechas 
Porque  son  de  mala  planta: 

Y  si  ellas  son,  y  torcidas 
¿Quién  bastará  a  enderezarlas? 

Tienen  baldosa  atraente, 
De  fuerza  tan  extremada 
Que  el  que  no  va  con  cuidado 
Va  de  cabeza  a  besarla. 

Edificios  razonables. 
Templos  y  torres  bien  altas, 

Y  aunque  este  pueblo  está  hondo, 
Viento  y  veletas  no  faltan. 

Hay  fábricas  y  no  pocas, 
Tratantes  de  pelo  y  tramas. 
Tejedores  que  urden  telas, 

Y  otros  que  cardan  marañas. 
Otros  muchos  hay  también. 

Que  hacen  a  pelo  y  a  lana, 
Principal  y  corretaje. 
Todo  se  queda  en  la  casa. 

Mas  el  trato  y  granjeria 
Que  a  Murcia  le  da  más  fama 
Sobre  todo,  es  la  de  pieles 
De  todas  clases  y  razas. 

Este  ejercicio  era  corto. 
Antiguamente  en  mi  patria, 

Y  aunque  había  menos  pieles, 
Eran  de  mejor  calaña. 


232  - 


Pero  ahora  está  perdido, 
Pues  la  que  no  está  pasada, 
Ya  por  un  lado  o  por  otro, 
Le  sobran  las  cuchilladas. 

Este  defecto  les  viene 
De  estar  muy  mal  encaladas, 
Muy  pasadas  de  zumaque, 

Y  con  exceso  zurradas. 
Al  estilo  del  país 

Todos  antes  trabajaban, 
Pero  vino  un  mal  francés 

Y  todo  lo  dio  a  la  trampa. 
Por  lo  demás  mis  paisanos 

Son  de  bellísima  pasta; 
Ellos  de  los  más  sufridos, 

Y  ellas  las  más  recatadas. 
Hay  sin  embargo  mujeres 

Que  de  serlo  no  se  jactan, 

Y  que  si  toman  estado 
Es  según  antigua  usanza. 

Pero  el  rigor  de  la  moda 
Entre  la  gente  ilustrada, 
Según  la  moral  del  día 
El  fuerte  es  la  poligamia. 

Pues  por  el  plan  adoptado, 
Con  un  matrimonio  basta 
Para  acoplarse  cincuenta, 
Supongamos  verbigracia. 

Casa  el  Cura  una,  con  uno. 
El  uno,  con  otra  casa, 
Casan  otros  con  la  una 

Y  ármase  la  contradanza. 
Así  a  la  vez  bailan  todos 

Sobre  partes  figuradas. 
Unos  hacen  el  cedazo. 
Otros  balsan,  y  se  embalsan. 

Mas  sobre  todo  hay  en  Murcia 
Algunas  madres  que  encantan. 
Con  una,  dos,  o  tres  hijas, 

Y  todas  ¡qué  buenas  almas! 

Por  la  mañana,  aunque  el  cielo 
Con  la  tierra  se  juntara, 
No  perdieran  estas  madres 
La  misa,  si  las  mataran. 

En  el  ínterin  las  niñas 
A  cual  más  puede  trabajan, 
¡Con  tal  afán  y  codicia 
Que  edifican  las  muchachas! 

¡Qué  virtud!  ¡qué  aplicación! 
¡Qué  humildad  tan  acendrada! 
Su  misma  voluntad  propia 
Es  la  voluntad  estraña.  ♦ 

De  esta  manera  socorren 
Sus  urgencias  necesarias; 


La  madre  a  su  iglesia,  y  ellas 
Al  trabajo  atareadas. 

Estas  y  otras  muchas  cosas 
Directamente  dimanan 
De  una  educación  brillante. 
Asaz  feliz  e  ilustrada. 

A  ésta  se  le  debe  hoy  día 
La  sal,  desenfado  y  gracia. 
Disposición  y  manejo 
De  una  cualquiera  rapaza. 

A  ésta,  que  mire  con  risa. 
Desprecio,  mofa  y  chulada; 
A  que  a  los  diez  no  ignore 
Lo  que  sabe  una  casada. 

A  ésta  se  debe  no  tengan 
Almas  viles  y  apocadas, 

Y  que  vivan  francamente 
Sobre  su  santa  palabra. 

A  ésta,  pues,  en  fin  se  deben 
Innumerables  ventajas 
Que  nunca  entender  pudieran 
Las  personas  preocupadas. 

Por  ejemplo,  que  el  infierno 
Es  un  sueño,  es  un  fantasma 
Inventado  por  los  frailes 

Y  toda  la  clerigalla. 

Que  la  gloria  es  sólo  aquella 
Que  acá  cada  cual  se  fragua 
En  satisfacer  sus  gustos. 
Sin  pararse  en  morondangas. 

Porque  si  hay  Dios,  como  dicen. 
Siendo  su  grandeza  tanta 
Cual  se  supone,  no  cuida 
De  lo  que  aquí  bajo  pasa. 

Que  los  Misterios  son  cuentos; 
Que  de  la  Trinidad  Santa 
La  mitología  descubre 
Ser  todo  una  gran  patraña. 

Que  por  ella  se  demuestra 
Que  en  realidad  no  hubo  nada 
De  Encarnación,  ni  de  Cristo, 
Ni  de  Virgen  madre  intacta. 

Así  pues  la  juventud 
Van  procurando  ilustrarla 
Los  filósofos  del  día 
Que  hoy  inundan  nuestra  patria. 

De  estas  sabias  instrucciones 
Nace,  que  ciertas  madamas 
Logren,  perdido  el  pudor. 
Llamarse  afilosofadas. 

Cuando  salgáis  a  dar  vueltas 
Por  esas  calles  y  plazas 
Como  Juez  de  policía. 
Veréis  cosas  extremadas. 


-  233  - 


Veréis  varias  perimetras 
Vendiendo  con  petulancia 
Carne  de  pierna  por  reja, 

Y  de  pecho  a  tabla  franca. 
Veréis  sastres  a  montones 

De  noche,  tarde  y  mañana, 
Ocupados  con  gran  prisa, 
Tan  sólo  en  volver  casacas. 

Veréis  varios  boticarios 
Que  ha  mucho  no  se  afanaban 
Sino  en  formar  corrosivos 
Éter,  álkali,  cantáridas; 

Que  ya  no  se  ocupan  hoy 
Sino  en  hacer  cataplasmas, 
Jaboncillos,  anodinos, 

Y  nitrate  de  potasa. 

Veréis  también  de  Esculapio 
Discípulo,  que  si  espanta 
Con  su  pluma,  causa  risa 
De  verlo  empuñar  la  espada  (1). 

Veréis  también,  porque  a  Murcia 
Nada  llegue  a  hacerle  falta. 
La  raza  de  atabaleros 
Felizmente  propagada. 

Veréis  el  Bonnet  rouge 
Del  jacobino  de  Francia, 
Honrar  hoy  muchas  cabezas 
Que  huelen  poco  a  cristianas. 

Estas  y  demás  verdades, 
Gefe  mío  de  mi  alma, 
Iréis  poco  a  poco  viendo 
Que  salen  justificadas. 

Basta  ya  de  bien-venida, 
De  noticias  y  charlada. 
Mas  v^yan  dos  palabritas 
Que  en  el  tintero  quedaban: 

Si  en  conociendo  las  cosas 
Ponéis  en  orden  las  causas. 
La  vara  de  las  virtudes 
Será  el  bastón  con  que  mandas. 

Quedad  con  Dios,  Gefe  mío, 
Y  Dios  os  dé  acierto  y  gracia 
Para  que  acabéis  con  todos 
Los  que  infestan  nuestra  patria. 

79.    Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Carta  Familiar,  |  escrita  |  a  Don  Julián 
de  Antón  y  Espeja,  !  sobre  el  Discurso 


Apologético  que  por  los  |  Teatros  de  Es- 
paña, peroró  en  una  Junta  |  de  Literatos 
de  la  Corte,  |  Por  |  D.  L.  S.  6.  R.  |  Quien 
se  la  envía  desde  la  Ciudad  |  de  Murcia.  | 
Con  Licencia:  |  En  Murcia,  en  la  Impren- 
ta de  la  Viuda  de  Felipe  Te  |  ruel,  Calle 

31 


de  la  Lencería.  (Su  fecha):  Murcia  g. 
julio. 


de 


(1)  Alusión  sin  duda  al  famoso  murciano  Palarea,  que 
fué  médico  y  general  de  nacionales.  Su  valor  y  pericia  mi- 
litar fueron  grandes:  luchó  como  guerrillero  contra  los  fran. 
ceses  y  venció  luego,  repetidas  veces,  al  cabecilla  carlista 
Ramón  Cabrera.  (N.  del  e.) 


En  4.«— 58  págs.— Signs.  A2-G2.— Portada. 
—Citas  latinas  de  Virgilio  y  Lucillo  a  la 
vuelta.— Texto. 

«Muy  señor  mío:  aunque  yo,  por  la  Miseri 
cordia  de  Dios,  no  hago  número  entre  la 
multitud  de  zánganos  inútiles,  y  perjudicia- 
les de  que  tanto  abunda  nuestra  común  so- 
ciedad, no  dejo  de  dar  a  mi  persona  ciertos 
pespuntes  de  holgazán,  sacrificando  algunos 
ratos  al  ocio;  y  como  cada  qual  tiene  en  este 
mundo  su  gusto,  su  aprehensión  y  su  manía, 
yo  tengo,  muchos  tiempos  hace,  la  de  irme 
un  rato  los  más  días  casa  de  uno  u  otro  mer- 
cader de  libros  (cuya  amistad  cultivo),  don- 
de en  compañía  de  quatro  amigos,  se  pasa 
el  tiempo  alegremente  en  ventilar  aquellos 
asuntos  particulares  del  día,  y  examinar  las 
noticias,  con  que  cada  qual  obsequia  nuestra 
asamblea;  yo,  que  por  naturaleza  tengo  el 
genio  algo  vivillo,  y  muy  poca  paciencia 
para  estar  sentado  mucho  tiempo,  me  levan- 
to, ando,  vuelvo,  entro,  salgo,  tomo  un  libro, 
dexo  otro,  hasta  que  llega  el  caso  de  desalo- 
jar el  puesto. 

»Un  día,  pues,  amigo  mío,  que  por  adular 
mi  genio,  y  desvanecer  algún  tanto  cierta 
humareda  que  incomodaba  mi  espíritu,  tomé 
por  suerte  de  sobre  el  mostrador  uno  de  va- 
rios libretes;  me  hallé  en  las  manos  un  im- 
preso cuyo  título  a  la  letra  es  como  sigue: 
Discurso  apologético  que  por  los  Teatros  de 
España  en  una  Junta  de  Literatos  de  esta 
Corte  peroró  D.  Julián  de  Antón  y  Espeja, 
en  el  que  se  hace  ver  qual  fué  la  primitiva 
gentílica  institución  de  las  antiguas  Come- 
dias, razones  que  los  Santos  Padres  de  la 
Iglesia  tuvieron  para  declamar  contra  ellas: 
quan  diferente  es  el  uso  de  las  nuestras;  y 
que  las  bien  escritas,  y  executadas,  en  lo 
moral  son  indiferentes,  y  en  lo  político  úti- 
les y  necesarias.  En  Madrid,  por  Blas  Ro- 
mán, año  de  1790. 

»Como  el  necesitado  a  quien  la  Providen- 
cia le  pone,  sin  pensar,  en  la  mano  un  gran 


-  234  - 


tesoro,  y  sin  pararse  a  reconocerle  por  me- 
nor, procura  ocultarlo  precipitadamente, 
hasta  que  seguro  de  la  codicia  agena,  le  exa- 
mina, se  complace,  y  tributa  las  debidas 
gracias  por  el  consuelo  recibido,  así  yo,  ni 
más  ni  menos,  sin  aguardar  más  razones, 
entregué  a  la  clausura  de  una  de  mis  faltri- 
queras (quebrantada  la  de  mi  bolsillo)  el  re- 
ferido líbrete,  cuya  evolución  me  habilitó 
para  marchar  luego,  a  ponerme  en  salvo  de 
la  zozobra  en  que  me  había  constituido,  el 
corto  número  de  ellos,  que  (según  dixo  mi 
amigo)  le  habían  traído  de  esa  Corte,  y  ser 
el  único  que  le  quedaba,  el  que  yo  acababa 
de  tomar. 

>La  alta  idea  que  me  hizo  formar  el  tí.tulo 
de  la  obra,  las  circunstancias  del  tiempo  en 
que  se  ha  escrito,  el  interesante  objeto  a  que 
conspira,  la  Junta  de  literatos  en  que  Vm. 
la  pronunció,  y  su  prontísimo  despacho  en 
esta  Capital,  acabaron  de  asegurarme  en 
todos  los  motivos  de  placer  que  retozaban 
mi  espíritu,  y  me  hicieron  aligerar  el  paso, 
para  llegar  a  mi  casa,  ansioso  de  disfrutar  el 
gusto  y  consuelo  que  tan  seguro  me  pro- 
ponía. 

•  ¡Bendito  Dios  (iba  diciendo  entre  mí)  que 
ya  ha  llegado  el  día  de  poner  silencio  a  la 
reñida  contienda  del  Teatro!,  gracias  a  la 
ilustración  de  estos  tiempos,  que  después  de 
tantos,  en  que  se  ha  controvertido  la  impor- 
tante qüestión  de  si  es  o  no  lícita  la  asisten- 
cia a  nuestros  espectáculos  teatrales,  ha  lle- 
gado la  dichosa  hora  en  que  una  docta  pluma 
nos  saque  a  paz  y  a  salvo  de  tan  peligrosas 
zozobras,  ¡qué  elogios  bastarán,  o  Antón,  a 
dar  el  justo  mérito  de  que  eres  digno!,  tú  se- 
rás en  mi  conciencia,  como  un  piadoso  bien- 
hechor, que  viéndome  incierto  entre  dos 
caminos,  has  extendido  tu  benéfica  mano  a 
conducirme  sin  error.  Ya  hemos  salido  de 
disputas,  opiniones  y  cuidados,  y  ya  podre- 
mos sin  la  menor  inquietud  ir  a  divertirnos 
al  Teatro,  sin  que  nos  quiebren  la  cabeza 
tanto  escrupuloso  rigorista. 

»Así  llegué  yo  a  mi  casa,  bendiciendo  a 
Dios,  al  siglo,  a  Vm.  y  a  la  madre  que  lo 
parió;  y  aun  no  me  había  metido  en  mi  quar- 
to,  quando  desalforjando  la  ropa,  me  puse  a 
dar  a  mi  conciencia  el  tapaboca  que  esperaba. 

>¿No  ha  visto  Vm. ,  Señor  Antón  de  mi  alma, 
quando  un  enfermo  pone  en  su  débil  labio  el 
vaso  de  pócima,  que  aunque  su  paladar  lo 
resista,  no  lo  aparta  hasta  acabarlo,  por  no 
defraudar  a  su  salud  el  alivio  que  quizás  no 


recibiría,  si  dexase  de  agotarlo?,  pues  así  yo 
me  engullí  de  una  sentada  el  prodigioso  Dis- 
curso con  que  Vm.  admiró  la  Junta  de  lite- 
ratos de  esa  Corte,  en  honra  y  gloria  del 
Teatro,  y  provecho  de  nuestras  almas. 

»Pero,  amigo,  vamos  claros:  si  he  de  decir 
la  verdad  (porque  a  ésta  jamás  renuncio),  yo 
no  sólo  no  me  he  curado  del  escrupulote  que 
días  hace  me  atormenta,  sino  que,  a  pesar 
de  haberme  engullido  todo  el  brevaje  de  su 
mezcolanza  medicinal,  se  me  ha  quedado  el 
estómago,  con  unas  náuseas  y  eructos  tan 
desapacibles  e  indigestos,  que  me  tienen  sin 
sosiego,  y  en  continuo  disgusto;  y  aunque 
yo  creo  que  esto  será  en  parte,  más  bien 
efecto  de  la  mala  disposición  del  humor  gás- 
trico que  actúa  mi  digestión,  que  no  defecto 
de  los  simples  que  componen  el  específico 
resolutivo  Discurso;  no  puede  menos  mi  na- 
turalidad de  manifestar  a  Vm.,  con  la  since- 
ridad que  le  es  propia,  así  aquellas  cosas 
que,  por  ser  superiores  a  la  pequenez  de  mi 
talento,  confieso  no  las  alcanzo,  como  las  que 
por  parecerme  inconexas,  y  nada  bien  indi- 
cadas me  repugnan;  bien  que  tampoco  sacri- 
ficaré al  silencio,  aquellas  que  me  han  servi- 
do de  la  mayor  complacencia. 

»De  aquí  podrá  resultar,  que  despreciando 
unos  simples,  alterando  y  modificando  otros, 
quede  tal  vez,  un  compuesto  que  contenga 
en  sí  alguna  utilidad;  así,  pues,  manos  a  la 
obra,  y  vamos  en  nombre  de  Dios,  tendien- 
do velas  al  viento,  empezando  a  navegar  por 
el  párrafo  primero...  etc.» 

Toda  ella  está  escrita  con  muy  gracioso 
y  chispeante  estilo. 


80.    Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Demostración  |  fiel  |  del  futuro  |  Eclip- 
se de  Sol,  I  que  ha  de  suceder  el  día  4  de 
Junio  I  de  este  año  de  1788,  |  Con  una  pun- 
tual noticia  de  la  formación  |  de  los  Eclip- 
ses de  ambos  luminares,  sus  |  causas  y 
diferencias.  |  Formada  |por  Don  Luis 
Santiago  Bado,  |  Socio  de  Mérito  de  la 
Real  Sociedad  Eco-  |  nomica  de  Amigos 
del  País  de  esta  Ciu-  |  dad  de  Murcia,  Di- 
rector de  Matemáticas  |  en  las  Reales  Es- 
cuelas establecidas  por  la  |  misma,  y  Vi- 
sitador de  Rentas  Reales  en  I  el  casco  de 


—  235 


la  referida  Ciudad.— En  Murcia,  en  la  Im- 
prenta de  la  Viuda  |  de  Felipe  Teruel. 

En  8.°— 3  hs.  sin  fol.  +  31  págs.— Signs. 
A-C— Port.— Al  V.  una  cita  de  Ezequiel, 
cap.  32,  V.  8,  y  otra  de  Santo  Tomás.— Prólo- 
go.—Texto  (dividido  en  IV  puntos). 

En  una  nota  manuscrita,  de  letra  de  la 
época  (y  tal  vez  del  autor),  puesta  al  pie 
de  la  pág.  31  del  ejemplar  que  tenemos  a 
la  vista,  dice  así:  «Fué  general  la  conste- 
lación I  de  catarros  perniciosos  q.e  pade- 
ció I  la  juventud  en  toda  España  |  desde 
últimos  de  Diciembre  has-  \  ta  Marzo 
de  89.» 

(Artículo  adicionado  por  el  editor.) 

81.    Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Égloga  I  escrita  con  motivo  de  estarse 
cons  I  truyendo  en  esta  Ciudad  de  Murcia, 
un  I  Hospicio,  o  Casa  de  Misericordia, 
para  re  |  colección,  asilo  y  enseñanza  |  de 
los  pobres;  |  A  expensas  |  delIl.™°S.'' Don 
Josef  Ximénez,  |  Obispo  de  esta  Dióce- 
sis. I  En  ella  se  describen,  baxo  diversas 
alegorías  |  con  estilo  pastoril,  los  trabajos 
que  hemos  su  |  frido  en  la  guerra  pasada, 
y  los  designios  de  |  Dios,  en  habernos  res- 
tituido a  nuestro  Rey,  el  |  Señor  Don  Fer- 
nando VII,  proveyéndonos  de  re  |  medio, 
a  tantos  males,  por  medios  tan  deseo  |  no- 
cidos, pero  suficientes  para  confundir  |  a 
los  impíos  de  nuestros  días.  |  Por  |  un  Sa- 
cerdote secular,  amante  de  la  Patria,  |  de 
la  razón,  y  de  la  justicia.  |  Año  de  1817.  | 
Con  licencia.  |  Murcia:  Imprenta  de  Te- 
ruel. 

En  4.°-28  págs.-Signs.  A-D.— Portada.— 
Versos  de  Virgilio  a  la  vuelta.— Texto. 

Los  interlocutores  de  esta  curiosa  pro- 
ducción poética  son:  Poeta,  Dameto,  y 
Anfriso;  y  aunque  anónima,  consta  ser 
debida  a  la  pluma  de  nuestro  autor. 


82.  Bado  (Don  Luis  Santiago). 

El  Libro  a  gusto  de  todos.  |  O  sea  |  Co- 
lección I  de  Cartas  Apologéticas  |  de  los 
usos,  costumbres  y  modas  |  del  día.  |  Re- 
copiladas I  Por  D.  L.  S.  B.  I  Ridiculum 
movet.  acrius.  \  En  Murcia:  |  Por  Juan  Vi- 
cente Teruel.  (S.  A.) 

En  8.°— XCII  págs.,  más  3  hoj.  de  prelims. 
— Signs.  (-v)  a-f2.— Portada.— Cita  de  Hora- 
cio a  la  vuelta.— Advertencia  que  puede  ser- 
vir de  prólogo.— Texto. 

83.  Bado  (Don  Luis  Santiago). 

.    [«Elementos  de  Aritmética...»] 

Encabezamiento  que  se  halla  a  la  pági- 
na 1.^— Por  desgracia  carece  de  portada  el 
ejemplar  que  tenemos  a  la  vista,  único  que 
hemos  podido  consultar  de  esta  excelente 
obra;  pero  seguramente  se  halla  impresa 
en  Murcia,  y  creo  que  por  Bellido,  a  últi- 
mos del  pasado  siglo  o  a  principios  del 
presente  (1). 

En  4.°,  de  146  págs.,  más  5  hojas  de  prelims. 
sin  numerar.— Sigs.  (^)  B-T.— ...  Dedicato- 
ria «A  la  Real  Sociedad  de  Amigos  del  País 
de  la  Ciudad  de  Murcia»  suscrita,  sin  fecha 
alguna,  por  el  autor.— Introducción.— Tex- 
to.- índice. 

84.  Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Informe  |  que  sobre  el  pretendido  canal 
de  la  Villa  |  de  Cieza,  |  y  observaciones 
practicadas,  preventivamente  |  sobre  las 


(1)  Tejera  estuvo  poco  atinado  en  estas  conjeturas.  La 
portada  de  la  Aritmética  de  Bado,  transcrita  puntualmen- 
te, dice  así: 

Compendio  Matemático  ¡para  el  uso  ¡  de  las  Reales  Es- 
cuelas gratuitas,  /  establecidas  /  por  la  Real  Sociedad  Eco- 
nómica I  de  Amigos  del  País  j  de  la  I  Ciudad  de  Murcia  I 
Por  I  Don  Luis  Santiago  Bado,  ¡  de  la  misma  Sociedad,  y 
Director  principal  de  Ma- I  temáticas  en  las  referidas  Es- 
cuelas. I  Tomo  primero.  /  (Adornito  de  flores  y  frutas)/ 
Murcia:  /  En  la  Imprenta  de  la  Viuda  de  Felipe  Teruel:  I 
Año  MDCCXCIII. 

Al  V.  de  la  port.  una  cita  latina  de  Plat.  in  leg.  ap. 

Port.  -)-  5  hs.  -f  146  págs.  -f-  una,  sin  numerar,  de  Erratas, 

No  podía  ser  Bellido  el  impresor,  pues  éste  no  empezó  a 
imprimir  en|Murcia  hasta  el  año  1816,  o  poco  antes. 

(Nota  del  e.) 


236 


márg-enes  del  Segura,  |  por  acuerdo  |  de 
la  Comisión  del  Heredamiento  General  | 
de  esta  Capital,  |  y  |  con  el  fin  de  facilitar 
todos  los  conocimientos  ne  |  cesarlos,  para 
desempeñar  debidamente  el  examen  y  | 
reconocimiento  que  en  virtud  de  Real  Or- 
den I  de  S.  M.  I  de  22  de  Agosto  de  1815  | 
Debe  practicarse,  sobre  la  posibilidad,  o 
imposibilidad  |  de  su  execución  |  y  |  en 
virtud  de  Comisión  especial  |  presentó  a 
la  misma  |  D.  Luis  Santiago  Vado,  Pres- 
bítero Beneficiado,  Catedrático  |  de  Mate- 
máticas puras  por  S.  M.  en  ella,  Secretario 
Super  I  numerario  con  exercicio,  del  San- 
to Oficio  de  la  Inquisi  |  cion  e  Individuo  de 
varios  Cuerpos  Científicos  |  Año  de  1816.  | 
Con  licencia.  |  Murcia:  En  la  Oficina  de 
Teruel, 

En  4.«-35  págs.-Sins.  i^)  2-4.-Portada.- 
Verso  latino  a  la  vuella.— Texto. 

Contiene,  entre  otras  cosas  curiosas, 
una  breve  reseña  histórica  de  la  huerta  de 
Murcia,  donde  dice  que  desde  el  tiempo 
del  historiador  murciano  Francisco  Cas- 
cales,  en  que  constaba  dicha  vega  de  se- 
tenta y  tres  mil  ochocientas  noventa  y  sie- 
te tahullaSy  hasta  el  suyo,  había  tenido  la 
huerta  un  aumento  de  cuarenta  y  ocho  mil 
ciento  y  tres  tahullas,  por  causa  de  la  ex- 
tensión de  los  riegos. 

85.  Bado  (Don  Luis  Santiago). 

La  Hora  |  bien,  y  santamente  ocupada  | 
en  presencia  |  del  Santísimo  Sacramen- 
to. I  Dispuesta  !  para  beneficio  de  los  Fie- 
les I  Por  I  D.  Luis  Santiago  Vado  I  Pres- 
bítero. I  Murcia:  |  Imprenta  de  Bellido.  | 
Año  de  1819. 

En  12.° -83  págs.-Signs.  a2d3.  — Porta- 
da.—V.  en  b.— Introducción.— Bula  del  Papa 
Benedicto  XIV. -Texto. 

86.  Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Las  Letanías  mayores.  Oraciones,  y 
Psalmos  con  que  la  Iglesia  nuestra  Madre, 


implora  el  auxilio  del  Todo  Poderoso  en 
el  tiempo  angustioso  de  la  Guerra.  Tradu- 
cidas del  latín  al  castellano,  en  prosa  y  en 
verso,  para  utilidad  de  los  que  ignoran 
aquel  idioma  precedidas  de  un  Prefacio, 
en  que  con  la  autenticidad  de  las  Santas 
Escrituras  se  hace  ver  quan  necesaria  sea 
la  Oración  para  alcanzar  la  victoria:  Por 
Don  Luis  Santiago  Bado,  de  la  Sociedad 
de  Murcia;  quien  la  dedica  a  los  Señores 
Curas.— Se  hallará  en  esta  Ciudad  en  las 
librerías  de  Gómez  y  Polo. 

Citada  así  en  el  número  156  del  Correo 
Literario  de  Murcia,  donde  seguramente 
fué  impresa,  año  de  1794. 

87.  Bado  (Don  Luis  Santiago). 

Único  Remedio  |  de  nuestros  males  | 
públicos  y  privados  |  Conque  el  Señor  nos 
castiga  I  en  estos  desgraciados  |  tiempos. 
I  Por  un  Sacerdote  Secular.  |  Desolata  est 
omnis  térra,  quia  nullus  est  qui  \  recogii 
etcorde.  Jerem,  c.  12.  v.  11.  |  Con  Licen- 
cia. I  En  Murcia:  Imprenta  de  los  Herede- 
ros de  Muñiz.  |  Año  de  1827. 

En  8.°— 56  págs.— Portada.— Nota  super- 
puesta a  la  vuelta.— Advertencia.— Texto. 

Aunque  en  él  calló  el  autor  su  nombre, 
nos  consta  hallarse  escrito  este  apreciabi- 
lísimo  opúsculo,  por  el  mismo  Don  Luis 
Santiago  Bado. 

88.  Baleriola  (Don  Gabriel). 

Estudio  1  sobre  1  Sericultura  |  por  |  Ga- 
briel Baleriola.  |  Murcia.— 1894.  |  Tip.  de 
Las  Provincias  de  Levante. 

En  4.°— 213  págs.,  más  una  al  principio  y 
otra  al  final  de  índice  sin  numerar.— Porta- 
da.—Dedicatoria  al  Excmo.  Sr.  D.  Antonio 
Cánovas  del  Castillo.— Texto  —índice. 

Contiene,  entre  otras  cosas  de  bastante 
mérito  y  utilidad,  una  curiosa  «Bibliogra- 
fía Sericícola.» 


-  237 


89.  [Bando]. 

>í<  I  Don  Juan  Antonio  Guemes,  |  Zeba- 
llos,  El  Cavallero,  y  Extrada,  Corregidor, 
y  Justicia  Mayor  de  esta  Ciudad  |  de 
Murcia,  y  su  Partido  por  su  Magestad,  &c. 

[Empieza:]  «Hago  saber,  como  para 
efecto  de  poner  |  en  execución  la  Real 
Determinación  de  |  su  Magestad  (que 
Dios  guarde)  en  el  i  establecimiento  de  la 
Única  Contribu-  |  ción...» 

[Acaba:]  c...Y  para  |  que  llegue  a  noti- 
cia de  todos,  y  ninguno  alegue  de  igno- 
rancia, se  I  manda  publicar  este  Vando  en 
esta  Ciudad,  y  fixan  Edictos  en  los  |  sitios 
acostumbrados,  y  comunican  a  las  Dipu- 
taciones, y  Partidos  |  de  la  Huerta,  y 
Campo  de  ella,  para  que  en  sus  respecti- 
vas Her-  I  mitas  se  fixen  también,  para 
que  a  todos  sea  notorio,  y  ninguno  |  ale- 
gue ignorancia.  Fecho  en  Murcia  a  nue- 
ve de  enero  de  mil  |  setecientos  setenta  y 
uno.  I  Por  mandado  de  su  Señoría,  |  Die- 
go Antonio  \  Callejas.* 

Sin  pie  de  imprenta. 

Una  hoja  doble  folio,  apaisada,  de  41  X  30 
centímetros. 

Bibl.  de  la  Acad.  de  la  Hist.:  col.  Jesuí- 
tas, t.  184,  n.°  11. 

(Adición  del  editor.) 

90.  Baños  de  Archena  I  descripción  Se- 
rio-Humorística  |  por  |  Homoquidan  | 
Murcia,  1867.  |  Imp,  y  Admon.  de  «La 
Paz».  I  Zoco,  5. 

En  4.0,  de  IV- 127  págs.-Signs.  l-6.-Porta- 
da.— V.  en  b.— Distribución  de  materias.— 
Texto. 

91.  Baquero  Almansa  (Don  Andrés). 

Cartagena  |  Cehegín,  Muía  y  Mur- 
cia. I  Manuscritos  referentes  a  estas  po- 
blaciones I  y  a  la  primera  reconquista  del 
reino  de  Murcia,  |  Ahora  publicados  por 
I  A.  Baquero  Almansa,  |  oficial  del  Cuer- 


po Facultativo  |  de  Archiveros,  Bibliote- 
carios y  Anticuarios.  |  Segunda  Impre- 
sión. I  Madrid:  |  Librería  de  Murillo. 
Alcalá,  7.  I  (A  la  vuelta):  Murcia:— Tipo- 
grafía de  La  Paz,  Calle  de  Zoco,  núm.  5. 
-1881. 

En  4.°— 97  págs.,  y  una  de  índice  al  final 
sin  numerar.— Signs.  (-;-)  2-11.— Portada.— 
Dedicatoria  del  autor  al  Sr.  D.  Manuel  Gon- 
zález. —Texto  . —índice. 

92.  Baquero  Almansa  (Don  Andrés). 

Programa  |  de  |  Retórica  y  Poética.  | 
Para  los  Alumnos  de  esta  Asignatura  |  en 
el  I  Instituto  de  Murcia.  |  Murcia:]  Im- 
prenta de  «El  Diario».  |  1884. 

En  4.°— 18  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto  suscrito  al  fin  por  el  autor. 

93.  Barrio  (Don  Andrés). 

Discurso  I  leído  |  en  la  solemne  inaugu- 
ración del  curso  académico  i  de  1869  a 
1870,  I  en  la  Universidad  Libre  |  de  la 
Ciudad  de  Murcia,  |  por  el  Doctor  en  las 
Facultades  de  Teología  y  Cánones  |  Don 
Andrés  Barrio.  |  Profesor  de  la  facultad 
de  Jurisprudencia.  |  Murcia.— 1869.  |  Im- 
prenta de  Antonio  Molina.  |  Trapería,  32. 

En  4.°  mea.  may.— 29  págs.,  comenzando  la 
numeración  por  el  6.— Signs.  (-«-)  2-4.— Ante- 
portada.—V.  en  b.  — Portada.— V.  en  b.— 
Texto. 

Este  señor  Barrio,  natural,  como  su 
ilustre  tío,  el  Arzobispo  de  Valencia  Don 
Mariano  Barrio,  murió  siendo  Deán  de  la 
Catedral  de  Murcia. 

94.  Barrio  Fernández  (limo.  Sr.  Don 
Mariano). 

Carta  |  Pastoral  |  del  Ilustrísimo  Señor 
D.  Mariano  Barrio  Fernández,  |  Obispo  de 
Cartagena.  |  al  Clero  y  Pueblo  de  su  Dió- 
cesis. I  Murcia  |  Imprenta  de  Pablo  No- 
gués.  I  1854. 


238- 


En  4.0—13  págs.  -Portada.  — V.  en  b.— 
Texto. 

Fué,  como  indicado  queda,  elevado  al 
Arzobispado  de  Valencia,  y  allí  murió,  ya 
Cardenal,  lleno  de  merecimientos  y  muy 
amado  de  sus  diocesanos. 

95.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Carta  |  Pastoral  |  del  Excmo.  e  limo. 
Sr.  Dr.  I  D.  Mariano  Barrio  Fernández,  | 
Obispo  de  Cartagena  y  Murcia  |  Dirigi- 
da I  Al  Clero  de  su  Diócesis,  |  Con  motivo 
de  la  proximidad  de  la  |  Santa  Cuares- 
ma. I  (Adornito.)  Murcia:  Año  1857.  |  Im- 
prenta de  Pablo  Nogués. 

En  4.°— 12  págs.  — Portada.  — V.  en  b.— 
Texto. 

96.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Carta  1  Pastoral,  |  Que  con  ocasión  de 
la  Santa  Cuaresma  y  por  |  los  motivos  en 
la  misma  expresados,  |  Dirige  |  al  Clero 
y  fieles  de  la  Diócesis  |  El  Excmo.  e  limo. 
Sr.  Dr.  I  D.  Mariano  Barrio  Fernández,  | 
Obispo  de  Cartagena  y  Murcia.  |  Murcia: 
1860  I  Imprenta  de  Pablo  Nogués. 

En  4.^—23  págs.  — Portada.  — V.  en  b.— 
Texto. 

97.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Carta  Pastoral  |  Que  dirige  |  al  Clero  y 
Pueblo  del  Obispado  de  Cartagena,  ]  El 
Excmo.  e  Illmo.  Sr.  Dr.  D.  Mariano  Ba- 
rrio Fernández,  |  Con  motivo  |  de  su  tras- 
lación al  Arzobispado  |  de  Valencia.  | 
1861. 1  (Anagrama  de  Jesús.)  Murcia.  |  Im- 
prenta de  Francisco  Bernabeu,  I  Trapería, 
número  16. 

En  4.°  — 16  págs.  — Portada.  — V.  en  b.— 
Texto. 

98.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Carta  Pastoral  |  que  |  el  Excmo.  e  limo. 
Sr.  Obispo  de  Cartagena  |  Dirige  al  Cle- 


ro I  y  Fieles  de  su  Diócesis,  |  con  motivo 
de  la  I  Encíclica  de  Su  Santidad  |  para 
que  se  hagan  Rogativas  por  la  Paz.  |  Mur- 
cia: Año  1859.  I  Imprenta  de  Pablo  No- 
gués. 

En  4.°— 10  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto. 

99.    BARíao  Fernández  (Don  Mariano). 

Carta  Pastoral  |  Que  |  el  Excmo.  e  limo. 
Señor  |  Obispo  de  Cartagena  |  Dirige  |  Al 
Clero  y  ñeles  de  su  Diócesis  |  Para  que  se 
hagan  Rogativas  y  Oraciones,  |  con  el  do- 
ble motivo  de  implorar  la  Pro  |  tección 
Divina  a  favor  de  nuestro  Ejército  |  en  la 
guerra  de  África,  y  a  favor  del  Soberano 
Pontífice  Pío  IX,  justamente  |  añigido  por 
el  estado  alarmante  en  que  |  se  halla  la 
Romanía,  i  Murcia:  Año  1859.  |  Imprenta 
de  Pablo  Nogués. 


En  4.°  — 10  págs.— Portada. 
Texto. 


V.  en  b.- 


100.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Carta  Pastoral  |  que  el  Iltmo.  Señor  | 
Don  Mariano  Barrio  Fernández,  |  Obispo 
de  Cartagena,  dirige  a  sus  Diocesanos 
anuncia  |  ndo  el  Jubileo  concedido  a  toda 
la  Cristiandad  por  |  nuestro  Stmo.  Padre 
Pío  IX.  I  (Adornito.)  Murcia.— 1851.  |  Im- 
prenta de  Antonio  Molina.  |  Calle  de  la 
Trapería,  número  48. 

En  4.°  — 12  págs.  — Portada.  — V.  en  b.— 
Texto.  (Al  final):  Una  lista  de  las  Iglesias 
que  en  cada  pueblo  se  han  de  recorrer. 

101.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Exposición  I  dirigida  a  las  Cortes  Cons- 
tituyentes, i  por  el  Exmo.  e  limo.  Sr. 
Dr.  I  Don  Mariano  Barrio  Fernández,  I 
Obispo  de  Cartagena  y  Murcia.  |  Sobre  |  el 
proyecto  de  ley  de  desamortización  de  los 
bienes  1  de  la  Iglesia,  Beneficencia,  Ins- 


239  - 


trucción  Pública  |  etc.,  etc.  |  Mureia  |  Im- 
prenta de  Pablo  Noques.  |  1855. 

En  4."— 10  págs.  — Portada.  — V.  en  b.— 
Texto. 

Es  una  representación  bastante  enérgica 
y  bien  escrita. 

102.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Primer  Sermón  |  Predicado  |  por  el 
limo.  Señor  i  Don  Mariano  Barrio  Fer- 
nández. I  Dignísimo  Obispo  de  esta  Dió- 
cesis, I  En  su  Santa  Iglesia  el  día  7  de 
Mayo  de  1848.  1  (Adornito.)  Murcia.  |  Im- 
prenta de  Pablo  Nogués.  |  1848. 

En  4.°— 16  págs.— Portada.— V.  en  b.— 
Texto, 

Es  como  una  pastoral,  que  tiene  por 
principal  objeto  presentarse  a  sus  dioce- 
sanos como  su  Obispo. 

103.  Barrio  Fernández  (Don  Mariano). 

Sermón  |  Predicado  |  por  el  Ilustrísimo 
Sr.  Don  Mariano  |  Barrio  Fernández,  | 
Dignísimo  Obispo  de  esta  Diócesis  |  en  su 
Santa  Iglesia  |  el  día  10  de  Setiembre  de 
1848,  en  la  solemnísima  función  que  se 
consagra  anualmente  en  la  misma  !  a  su 
Patrona  |  María  SSMA.  de  la  Fuen-San- 
ta I  (Adornito.)  Murcia.  |  Imprenta  de  Pa- 
blo Nogués,  C.  de  la  Trapería.  |  1848. 

En  4.°-19  págs.- Portada.- V.  en  b.- 
Texto. 

104.  Bautista  (Fr.  Anselmo). 

Relación  de  las  Vidas  y  Triunfos  de  los 
gloriosos  Mártires  S.  Sixto  Papa  II  deste 
nombre,  S.  Inocencio,  Santa  Flora  Virgen, 
y  S.  Dionysio,  cuios  benditos  cuerpos,  y 
reliquias  se  reverencian  en  el  altar  maior 
de  Santa  María  de  las  Huertas.— Murcia. 
—1624. 

En  4.0 

Así  en  Don  Nicolás  Antonio. 


105.  Belando  y  Meléndez  (Don  Juan). 

El  Rio  Segura  i  y  la  Huerta  de  Mur- 
cia. I  Estudio  I  sobre  las  causas  de  la  es- 
casez de  aguas:  medios  de  |  remediarlas, 
y  reforma  de  riegos  y  ordenanzas,  |  Por  | 
Don  Juan  Belando  y  Meléndez,  |  Agri- 
mensor y  Perito  Tasador  de  Tierras.  | 
Murcia:  1878.  |  Tipografía  de  El  Ál- 
bum, I  Santo  Domingo,  5. 

En  4.°— 76  págs.,  comenzando  la  numera- 
ción por  el  10,  y  un  croquis  del  río  Segura  al 
final.  -Signs.  (~')2-10.— Portada.— V.  enb.— 
Dedicatoria  al  Excmo.  Sr.  Don  Pedro  Pagan. 
—Al  Lector.— Introducción.— Texto. 

106.  Belda  y  Borras  (Don  Pedro). 

Ave  María  Purísima,  i  Novena  |  de  la 
Gloriosa  |  Santa  Bárbara  |  Virgen  y  Már- 
tir. I  Compuesta  |  por  D.  Pedro  Belda  y 
Borras.  |  (Adornito.)  Murcia,  1892  |  Im- 
prenta y  Librería  de  Pedro  Belda.  |  Len- 
cería, 20. 

En  8.°— 15  págs.— Portada.— Estampa  de  la 
Santa  a  la  vuelta.— Texto.— Jaculatoria  en 
verso  a  la  Purísima  Concepción. 

107.  Belda  y  Borras  (Don  Pedro). 

'  Ave  María  Purísima.  |  Novena  |  de  la 
Gloriosa  |  Santa  Úrsula  |  Virgen  y  Már- 
tir. I  Compuesta  |  Por  D.  Pedro  Belda  y 
Borras.  (Adornito.)  \  Murcia.— 1892.  |  Im- 
prenta y  Librería  de  Pedro  Belda.— Len- 
cería, 20. 

En  8.°.— 15  págs.— Portada.— Estampa  de 
la  Santa  a  la  vuelta.— Texto.— Jaculatoria  en 
verso  a  la  Purísima  Concepción. 

108.  Belda  y  Borras  (Don  Pedro). 

Ave  María  Purísima.  |  Novena  |  de  la 
Soberana  Reina  de  los  cielos  |  María  San- 
tísima I  de  los  Desamparados,  ]  para  im- 
plorar su  protección  en  todas  las  ne  |  cesi- 
dades  y  aflicciones  de  esta  vida.  |  Com- 
puesta I  por  D.   Pedro  Belda  y  Borras. 


—  240  — 


(Adornito.)  \  Murcia:— 1872. 
de  Pedro  Belda,  Lencería,  20. 


Imprenta 


En  8.°— 16  págs.— Portada.— Estampita,  a 
la  vuelta,  de  la  Virgen  de  los  Desampara- 
dos.—Modo  de  hacer  esta  novena.— Texto. 


109.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

A  los  Padres  |  Confessores,  assi  Secv  | 
lares,  como  Regvlares  de  esta  |  nuestra 
Diócesi:  Salud  en  Nuestro  Señor  |  Jesv- 
Christo.  (Al  final):  Murcia  10  de  Diciem- 
bre de  1712.=Luis,  Obispo  de  Cartagena. 

En  4.°.— 40  págs.,  a  dos  col.— Signs.  A-E.— 
Texto  inmediatamente  después  del  encabe- 
zamiento que  queda  copiado. 

Tiene  por  objeto  exhortar  a  los  Confe- 
sores a  que  adviertan  a  los  penitentes  la 
obligación  en  que  están  de  delatar  los  de- 
litos que  tocan  al  Santo  Oficio. 

110.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Breve  Confirmatorio  |  de  la  Santidad  i 
de  Nuestro  Señor  |  Benedicto  XIV.  |  de 
las  Pías  Fundaciones  |  y  Memorias  insti- 
tuidas I  por  el  Eminentissimo  Señor  | 
Cardenal  Belluga,  |  para  beneficio  de  la 
Diócesi  I  de  Cartagena,  que  obtuvo.  | 
Reimpresso  en  Murcia,  por  Nicolás  Vi- 
llar I  gordo  y  Alcaraz.  Año  de  |  M.DCC 
Lili. 

En  fol.— 74  págs.,  más  una  hoja  al  princi- 
pio sin  numerar. —Signs.  A-T.— Portada.— 
V.  en  b.— Texto. 

Forman  las  71  págs.  primeras  la  con- 
firmación de  la  Escritura  de  las  Pías  Fun- 
daciones, otorgada  por  el  Cardenal  en 
Roma  a  18  de  septiembre  de  1741,  ante  el 
Notario  Don  José  Ignacio  Romano. 


111.    Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Breve  |  Confirmatorio  |  de  la  Santidad 
de  Nuestro  Señor  |  Benedicto  XIV.  1  de 
las  Pías  Fundaciones  1  y  Memorias  insti- 
tuidas I  por  el  Eminentísimo  |  Señor  Car- 
denal Belluga,  I  para  beneficio  de  la  Dió- 
cesi de  Carta  |  gena,  que  obtuvo.  (Viñeta 
con  los  atributos  del  pontificado.)  Reim- 
preso en  Murcia,  por  Felipe  Teruel  [  Año 
de  1777. 

En  fol.— 75  págs.,  más  una  hoja  al  princi- 
pio y  tres  al  final  de  índice  sin  numerar.— 
Signs.  A-T.— Portada.— V.  en  b.— Texto.— 
índice. 

Forman  las  73  págs.  primeras  la  Confir- 
mación de  la  Escritura  de  dichas  funda- 
ciones hecha  por  su  Eminencia  en  Roma 
en  el  referido  año  de  1741. 


112.    Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Carta  |  Pastoral  |  Que  el  Em'n»  y  R»»" 
S*"^  I  Cardenal  Belluga,  |  Obispo  de  Car- 
tagena, del  I  Consejo  de  su  Magestad,  es- 
crive  desde  la  Cor  |  te  de  Roma  para  el 
Cabildo  de  su  Santa  |  Iglesia  Cathedral,  y 
los  demás  Cabildos,  |  y  Comunidades 
Eclesiásticas,  y  Seculares,  |  y  para  todos 
los  Fieles  de  su  Diócesi,  con  |  mativo  de 
estar  próxima  a  admitirse  por  |  su  Santi- 
dad, la  Renuncia  que  tiene  |  hecha  de  su 
Obispado.  I  En  Murcia,  por  Jayme  Mes- 
nier,  Impressor  |  y  Librero  de  su  Eminen- 
cia, en  la  calle  |  de  la  Platería.  Año  de 
1724. 


En  4.^—28  págs.-Signs.  (-5-)  B-D. 
con  orla.— V.  en  b.— Texto. 


-Portada 


Contiene  una  tierna  despedida  a  los 
murcianos  con  la  exposición  de  los  moti- 
vos que  le  obligan  a  renunciar  el  Obispa- 
do de  Cartagena;  una  postrera  exhorta- 
ción, recomendando  la  observancia  de  to- 


-  241  - 


dos  sus  edictos;  y  bastantes  curiosas  noti- 
cias sobre  sus  hechos  y  vicisitudes  expe- 
rimentadas durante  el  largo  tiempo  de  su 
episcopado. 

113.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Carta  |  Pastoral,  qve  |  el  Ilvst.  Señor 
Doctor  Don  Luis  |  Belluga,  \  por  la  Gra- 
cia de  Dios,  I  y  de  la  Santa  Sede  |  Apos- 
tólica, I  Obispo  de  Cartagena,  |  del  Con- 
sejo de  sv  Magestad,  ha  |  dispuesto,  y 
mandado  imprimir,  |  para  sv  Diócesi.  | 
Murcia:  Por  Vicente  Llofriv.  |  Año  1705. 

En  4.0— 140  págs.— Signs.  A2-S.— Portada 
orlada.— V,  en  b.— Texto. 

Es  una  especie  de  compendio  de  disci- 
plina eclesiástica  en  la  parte  que  se  refiere 
a  las  obligaciones  del  estado  sacerdotal. 

En  el  ejemplar  que  tenemos  a  la  vista 
va  encuadernada  con  otras  tres  que  care- 
cen de  portada,  firmadas  en  10  de  diciem- 
bre de  1712,  la  primera;  en  2  de  junio  de 
1715,  la  segunda;  y  sin  fecha  la  tercera. — 
Véanse  los  títulos:  A  ¿os  Padres  Confeso- 
res...; Don  Luis  Belluga;  y  Viva  Jesús...; 
etc. 

114.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Compendio  |  de  la  Carta  Pas  |  toral, 
qve  el  Obispo  de  Cartagena  ha  escrito  |  a 
los  Fieles  de  su  Diócesis  sobre  la  modera- 
ción de  los  trages  y  ador  |  nos,  y  otros 
abusos,  que  en  ella  se  tocan,  reducido  a 
21.  §§.  que  la  |  Carta  contiene,  sacada  de 
la  substancia  de  cada  vno  de  ellos,  para 
que  I  fácilmente  pueda  llegar  a  manos  de 
todos,  y  como  más  breve,  |  ninguno  se  es- 
cuse de  leerla.  |  Y  se  previene  que  en  al- 
gunos §§.  no  sólo  se  compendia,  lo  que 
es  I  tos  contienen,  sino  se  reducen  tam- 
bién a  ellos  algunas  doctrinas,  y  |  autori- 
dades, que  se  tocan  en  otros,  señalando 
los  números  a  fin  de  |  juntar  en  cada  §. 


todo  lo  que  conduce  a  su  doctrina,  y  mate- 
ria. I  Omítense  todas  las  citas  por  conte- 
nerse en  la  Carta,  y  no  ser  ne  |  cessarias 
en  este  Compendio:  Y  de  las  autoridades 
de  los  Santos  Pa  |  dres,  sólo  se  toman  por 
la  mayor  brevedad  algunas  sentencias,  o  | 
cláusulas.  (Al  final):  Impresso  en  Murcia, 
por  Jayme  Mesnier,  Impressor,  y  Libre- 
ro, I  en  la  Calle  de  la  Platería.  Año  de 
1711. 

En  4.°-60  págs.— Signs.  A-H.— Título.— 
Texto. 

115.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

y^  I  Constituciones  |  Hechas  para  el  Go- 
vierno  1  de  todas  las  Dezmerias  de  la  Dió- 
cesis, por  I  el  Excelentissimo  Señor  D. 
Luis  Belluga,  |  Obispo  de  este  Obispado 
de  Cartagena,  y  |  Señores  Deán,  y  Cabil- 
do, como  Admi  |  nistradores  generales, 
que  son  dicho  Ex  |  celentissimo  Señor 
Obispo,  y  Cabildo  de  |  las  rentas  Dezima- 
les  de  este  Obispado.  (Al  final):  Murcia, 
a...  del  mes  de...  de  mil  setecientos... 
(Como  para  llenar  los  claros  con  letra 
manuscrita). 

En  fol.— 11  págs.— Texto  inmediatamente 
después  del  encabezamiento  que  queda  co- 
piado. 

116.  Belluga  Y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Contra  los  Trages,  |  y  Adornos  Profa- 
nos, I  En  que  de  Doctrina  |  de  la  Sagrada 
Escritura,  |  Padres  de  la  Iglesia,  y  todo 
género  |  de  Escritores,  y  razones  Theolo- 
gicas  se  con  |  vence  su  grave  malicia.  | 
Donde  se  dan  Doctri  |  ñas  importantissi- 
mas,  i  y  Trascendentales  contra  todo  gé  | 
ñero  de  vicios  muy  útiles  para  Predica- 
dores, y  Con  I  fessores,  y  para  todos  los 
Fieles.  I  Lo  manda  dar  a  Luz  |  El  Emi- 
nentissimo  y  Revé  |  rendissimo  Señor 
Cardenal  |  Belluga,  Presbytero  Cardenal 

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del  Tí  I  tulo  de  Santa  María  Transpontina, 
Obispo  de  I  Cartag-ena  su  Autor.  |  Consá- 
grale a  la  Sacratissima  Reyna  |  de  los  An- 
geles María  Santissima  de  los  Dolores  | 
baxo  cuya  protección  lo  pone.  |  Con  Li- 
cencia I  Impresso  en  Murcia,  por  Jayme 
Mesnier,  Impressor,  y  Li  |  brero  de  su 
Eminencia.  Año  de  M.DCC.XXIl. 

En  fol.— 855  págs.,  más  12  hoj.  de  prel.  y 
36  págs.  al  final  sin  foliar.— Signs.  (-5-)  A- 
QIO.— Portada  orlada.— V.  en  b.— Dedicato- 
ria.—Aprobación  del  limo.  Sr.  D.  Fr.  Juan 
de  Montalván,  Obispo  de  Guadix.— Privile- 
gio del  Rey  al  autor,  por  diez  años.  — Licen- 
cia y  Privilegio.— Parecer  del  P.  Dr.  Manuel 
Ignacio  de  la  Reguera.— Licencia  del  Ordi- 
nario al  Impresor  Jaime  Mesnier.— Fee  de 
Erratas.— índice  de  los  capítulos  de  este  li- 
bro (dividido  en  tres  partes).— Al  Pío  Lec- 
tor.—Texto.— Pragmática  I  Sanción  |  qve  sv 
Magestad  manda  |  observar  sobre  trages,  y 
otras  cosas...— Tasa  de  la  Pragmática.— In- 
dex Sacrae  Scriptvrae.— índice  de  las  cosas 
que  se  contienen  en  este  libro  por  el  orden 
de  los  números  marginales. 

117.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

qi  I  Copia  I  de  vn  Capítulo  de  |  Carta 
escrita  por  el  |  Eminentissimo,  y  Reve- 
rendissimo  Señor  |  Cardenal  Belluga,  des- 
de Roma,  en  fecha  |  de  3  de  junio  de  este 
año  de  1724.  |  a  su  Provisor  Vicario  Gene- 
ral del  I  Obispado  de  Cartagena.  (Al  fi- 
nal): Con  licencia:  |  En  Murcia,  por  Jay- 
me Mesnier,  Impressor,  y  Librero  |  de  su 
Eminencia,  en  la  Calle  de  la  Platería. 

En  4.°— 2  hoj.  sin  foliar. 

Tiene  por  objeto  dar  cuenta  al  Cabildo 
de  la  Iglesia  de  Cartagena  de  la  elevación 
al  Solio  Pontificio  del  Cardenal  Orsini, 
llamado  en  adelante  Benedicto  XIII. 

118.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Don  Luis  Belluga,  |  Por  la  Divina  Mi- 
sericor  |  dia  de  la  Santa  Romana  Iglesia 


Pres  I  bytero  Cardenal,  Obispo  de  Carta- 
gena, del  I  Consejo  de  su  Magestad,  &c. 

«Por  quanto  en  las  Visitas  que  hemos 
hecho  en  los  años  de  mil  setecientos  y  ocho, 
y  diez  y  nueve,  de  nuestra  Insigne  Colegial 
de  San  Patricio  de  la  Ciudad  de  Lorca, 
hemos  reconocido  la  suma  confusión  que 
tienen  las  Constituciones,  y  Estatutos  de 
aquella  Iglesia;  pues  aunque  el  Señor  Obis- 
po D.  Gómez  Zapata,  a  los  siete  de  julio  del 
año  de  mil  quinientos  y  ochenta  y  vno,  le 
dio  190.  Constituciones,  assi  para  lo  ceremo- 
nial, como  para  el  govierno  de  dicho  Cabil- 
do; estas  sobre  aver  sido  muy  diminutas, 
fueron  sacadas  a  la  letra,  de  las  que  se  ob- 
servavan  en  nuestra  Iglesia  Cathedral:  Con 
lo  que  no  siendo  adaptables  todas  a  la  Cole- 
gial, y  estar  las  más  muy  confusas,  ha  sido 
necesario  que  los  Señores  Obispos  que  le 
sucedieron,  y  nos  han  precedido  ayan  au- 
mentado vnas  y  declarado  otras.  Como  el 
Señor  Obispo  D.  Sancho  de  Avila,  lo  hizo 
en  seis  de  febrero  del  año  de  mil  quinientos 
y  noventa  y  cinco;  y  el  Señor  Obispo  D. 
Juan  de  Zúñiga,  en  veinte  y  quatro  de  julio 
de  mil  seiscientos  y  vno;  y  el  Señor  Obispo 
D.  Alonso  Coloma,  en  veinte  y  siete  de  sep- 
tiembre de  mil  seiscientos  y  quatro;  y  el 
Señor  Obispo  D.  Francisco  Martínez,  en 
nueve  de  diziembre  de  mil  seiscientos  y 
ocho;  y  Nos,  en  nuestra  visita  que  hizimos, 
en  nueve  de  mayo  de  dicho  año  de  mil  sete- 
cientos y  ocho.  Y  naciendo  de  esta  confusión 
y  variedad  de  modificaciones  y  ampliacio- 
nes de  dichas  Constituciones,  el  que  siendo 
mas  de  70  las  añadidas  apenas  se  sabe  lo  que 
se  ha  de  observar,  y  mas  aviendo  sido  esta 
misma  confusión  ocasionada  de  que  no  se 
ayan  puesto  en  limpio  dichas  Constitucio- 
nes, y  dádose  a  la  Estampa,  para  que  todos 
los  Canónigos  y  demás  Ministros  las  tengan, 
y  sepan  lo  que  juran...  Declaramos,  estatui- 
mos y  ordenamos,  que  las  Constituciones, 
que  perpetuamente  se  deben  guardar  en  la 
Insigne  Colegial  de  la  Ciudad  de  Lorca,  assi 
en  lo  ceremonial,  como  en  el  Choro,  Cabil- 
dos, y  todo  lo  perteneciente  al  Abad,  Canó- 
nigos, y  demás  Ministros  de  aquella  Iglesia, 
son  las  siguientes...  etc»  (Y siguen  las  Cons- 
tituciones). 

En  fol.— 72  págs.— Signs.  A-S.— Texto.  (Al 
final):  Dado  en  Murcia,  a  once  de  octubre 
de  mil  setecientos  y  veinte  años. 


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119.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Don  Luis  Belluga,  |  Por  la  Divina  Mise- 
ricordia I  de  la  Santa  Romana  Iglesia 
Presbytero  |  Cardenal,  Obispo  de  Carta- 
gena, del  Consejo  |  de  su  Magestad,  &c... 
(Al  final):  Murcia  11  Octubre  1720. 

En  fol.— 10  págs.— Texto  inmediatamente 
después  del  encabezamiento  que  queda  co- 
piado, y  se  reduce  a  un  apéndice  aclaratorio 
de  las  anteriores  Constituciones. 

120.  Belluga  y  Moncada  (Cardenal  Don 
Luis). 

Don  Luis  Belluga,  |  Por  la  Gracia  de 
Dios,  y  I  de  la  Santa  Sede  Apostólica, 
Obispo  I  de  Cartagena,  del  Consejo  de  sv 
Magestad,  &c.  |  Por  quanto  desde  nuestro 
ingreso  a  esta  nuestra  Diócesi...  etc. 

En  4.°-15  págs.-Signs.  A-A3. 

Carece  de  portada,  e  inmediatamente 
después  del  título  que  queda  copiado,  vie- 
ne el  texto  fechado  en  2  de  junio  de  1715. 
Es  una  especie  de  epílogo  o  resumen  de 
lo  ordenado  por  el  Obispo  en  pastorales 
anteriores,  por  lo  que  resulta  este  edicto 
de  bastante  interés  y  curiosidad.  He  aquí 
algunos  de  sus  artículos. 

1.  «Primeramente  ordenamos  y  manda- 
mos se  guarde  lo  mandado  en  todos  nuestros 
edictos,  que  hemos  sacado  desde  nuestro 
ingreso  a  esta  Diócesi,  y  los  mandados  todos 
de  nuestras  visitas,  assi  los  generales  im- 
pressos,  como  los  particulares  de  cada  Pa- 
rroquia manuscritos. 

2.  »Item,  se  guarde  el  Edicto,  en  que  baxo 
precepto  formal  de  obediencia  tenemos  pro- 
hibido todos  los  excessos  en  los  trages,  y 
adornos;  conviene  a  saber  los  escotados  en 
las  mugeres,  y  que  todas  se  cubran  sus  pe- 
chos, y  pecheras  hasta  el  cuello:  Las  man- 
gas de  ángel,  en  que  descubren  sus  bragos 
y  que  estos  los  cubran  hasta  el  puño:  Las 
vasquiñas  cortas  por  delante,  y  que  les  cu- 
bran todos  los  baxos:  Las  colas,  y  que  estas 
no  excedan  de  dos  o  quatro  dedos:  Los  peli- 


llos, y  todo  género  de  nimios  afeytes,  y  pro- 
fanas composiciones  en  los  tocados,  trages  y 
adornos,  assi  en  hombres,  como  en  mugeres. 

3.  »Item,  se  guarde  el  Edicto,  que  baxo  el 
mismo  precepto  tenemos  sacado,  prohibien- 
do los  bayles,  que  llaman  minués,  y  otros  se- 
mejantes, y  los  bayles  generales,  que  se  vsan 
en  algunos  lugares;  ya  en  lugares  Sagrados, 
ya  en  sus  cercanías,  ya  en  las  plazas,  calles 
o  campos;  y  también  los  bayles  en  las  casas 
particulares  a  puerta  abierta,  en  que  concu- 
rren gentes  estrañas,  hombres  y  mugeres:  y 
de  la  misma  forma  los  bayles  en  las  muertes 
de  los  niños,  o  recibimiento  de  la  Santa 
Bula,  que  llaman  velar. 

4.  »Item,  se  guarde  lo  que  también  tene- 
mos prohibido,  baxo  el  mismo  precepto  for- 
mal de  obediencia,  el  que  hombres  y  muge- 
res,  no  siendo  tan  propias,  como  muger,  her- 
manas o  hijas,  o  mugeres  ancianas,  no  jue- 
guen juntos  a  los  naypes,  ni  a  otro  ningún 
juego,  por  los  graves  inconvenientes,  y  ofen- 
sas de  Dios,  que  estamos  informados,  que. 
de  ellos  resultan,  de  jugar  en  una  misma 
mesa  gente  moga,  hombres  y  mugeres  jun- 
toá,'  y  lo  que  es  más  horroroso,  aun  Eclesiás- 
ticos. Y  encargamos  a  los  Padres  de  familia 
zelen  esto  mucho,  como  también  las  frecuen- 
tes visitas,  en  que  concurren  hombres  y  mu- 
geres, sin  mucha  necesidad,  ocasión  de  mu- 
chos males,  sin  omitir  el  cercenar  los  vanis- 
simos  gastos  que  se  han  introducido  en  las 
visitas,  que  destruyen  las  familias  y  traen 
muchas  ofensas  de  Dios:  cuydando  también 
mucho  y  zelando  en  estas  visitas  las  juntas 
de  criados  y  criadas,  de  que  resultan  mu- 
chos males. 

5.  »Item,  se  guarde  lo  que  también  varias 
vezes  tenemos  mandado,  baxo  el  mismo  pre- 
cepto formal  de  obediencia,  y  de  vn  ducado, 
aplicado  por  tercias  partes,  vna  para  la  Fá- 
brica, de  donde  fuere  el  reo,  otra  para  el  de- 
lator, y  otra  a  los  Ministros  que  la  executa- 
ren,  el  que  los  Zapateros  no  calcen  a  las  mu- 
geres, de  qualquier  estado  o  condición  que 
sean,  y  baxo  el  mismo  precepto  ninguna  mu' 
ger  permita  ser  calcada  de  ellos.  Y  de  la  mis- 
ma forma,  el  que  ningún  barbero  las  afeyte, 
ni  éste  lo  pueda  hazer.  Añadiendo  ahora, 
baxo  el  mismo  precepto,  que  ningún  sastre 
les  pruebe  la  ropa,  principalmente  justillos, 
casacas,  &c.,  ni  a  ninguna  muger  le  sea  lícito 
permitirlo,  sino  que  quando  mas  en  presen- 
cia del  Sastre  que  lo  haga  o